El Shibari es un estilo japonés de bondage que implica atar siguiendo ciertos principios técnicos y estéticos, y empleando cuerdas generalmente de fibras naturales. No implica forzosamente la inmovilización y está centrado en la calidad estética del conjunto cuerda-atamiento-sumiso/a.
Harry había recibido la semana pasada una invitación sin remitente a una exposición de Shibari escrita en estilizada y pulcra caligrafía, acompañada por una fotografía del cuello a la cintura de quien aparentemente sería la estrella principal del evento, un joven de piel blanca cuyas manos estaban sujetas por detrás de su espalda con una cuerda verde esmeralda que rodeaba también su pecho en un llamativo y complicado patrón. Cautivado por la imagen no se detuvo a pensar cómo algún extraño se había enterado de su secreta afición, pidió un traslador para el día del evento e informó en el trabajo que se tomaría por fin un día libre.
Llevaba poco más de media hora recorriendo aquellos pasillos oscuros, apenas iluminados gracias a las series de luz tenue que rodeaban cada cuadro expuesto en la pared creando una atmósfera demasiado íntima para un museo común y aún así perfecta para las obras expuestas. Se había indicado que era un evento formal por lo que vistió un traje muggle y se echó un encantamiento para poder dejar las gafas en su bolsillo, una buena decisión ya que además podía apreciar cada detalle en las fotografías con una nitidez inigualable.
Debía admitirlo, las fotografías eran increíbles, ya fuera en blanco y negro, sepia o a todo color el joven de la invitación atraía las miradas de los espectadores que en su mayoría apenas y echaban un vistazo a sus acompañantes en algunas tomas. En principio solo había podido apreciar su torso pero conforme avanzaba se fueron revelando más y más detalles como su increíble cabello rubio de modo que al llegar al último tramo de la exposición la única incógnita que quedaba eran las facciones de su rostro.
Al centro de la última habitación podía verse una especie de aparador de cristal, semejante a una gran vitrina horizontal de exposición para muñecas. Uno a uno los invitados fueron congregándose a su alrededor, los que iban en pareja hablaban en susurros con su acompañante y el resto difícilmente interactuaban entre sí, al parecer una exposición en vivo sería el cierre del evento.
Miró al hombre de piel morena que rodeaba al rubio, mismo que de rodillas sobre un cojín de terciopelo les daba la espalda, atándolo con maestría. Qué no daría Harry por estar en el lugar de aquel maestro, nunca había visto algo igual, el tono de aquella piel causaba un contraste perfecto con la cuerda y hacía empalidecer cualquier otra escena que el Gryffindor hubiera visto antes o en la que fuera partícipe. Ahora podía entender el punto del misterio en fotos que dejaban tan poco a la imaginación, era obvio que el chico se sabía hermoso y orgulloso lo mostraba, amando la atención pero interponiendo una barrera que les gritaba a los demás que era inalcanzable; Harry mentiría al decir que no estaba excitado por la idea de hacerse con él.
Cuando todo terminó y la sala comenzó a vaciarse Harry se acomodó frente a la vitrina, mirando con pesar cómo el moreno deshacía los nudos y liberaba al rubio. Éste rápidamente se puso de pie y estiró sus músculos, sin duda entumecidos por haber mantenido aquella posición imperturbable por tanto tiempo. Vio como hablaban entre ellos y el de piel oscura lo señalaba con la cabeza discretamente antes de asentir soltando una carcajada que el de ojos verdes no pudo escuchar.
—Disfrútalo, Potter.— le dijo con una sonrisa mientras caminaba directo a la puerta y agitaba su mano un par de veces en señal de despedida —Que tengan buena noche.
Harry lo vio cerrar la puerta al salir y frunció el ceño seguro de que algo se le escapaba.
—Ese, es Blaise Zabini, Slytherin de nuestro año. No me extraña que no lo recuerdes.— explicó una voz que no había escuchado en años. Se volteó tan rápido que lo sorprendente fue no haberse lastimado y alcanzó a ver al mismísimo Draco Malfoy cubierto por una ligera bata de estilo japonés, enredando cuidadosamente la cuerda que hasta hace poco estaba sobre él —¿Disfrutaste la exposición?
—Mal… ¡¿Malfoy?!— preguntó estúpidamente.
—Sí, Potter, el mismo.— respondió rodando los ojos en una expresión que hubiera sido familiar de no ser por la sonrisa divertida que tiraba de sus labios —Ahora no seas maleducado y responde, ¿qué tal la exposición?
—Alucinante.— afirmó complacido al notar que el otro se alegraba con su respuesta y decidió aprovechar la oportunidad —En realidad, sigo aquí porque… me preguntaba sí…
—¿Si podrías tomar el lugar de Blaise?— interrumpió Draco —Bueno… veamos que puedes hacer primero, Potter.
Gracias a sus rápidos reflejos el Gryffindor pudo atrapar la cuerda enredada que el otro le lanzó, era roja, justo del color con el que había fantaseado poder poner sobre su piel los últimos días. Esa oportunidad era todo lo que necesitaba.
Draco Malfoy aceptaría ser suyo para la mañana siguiente.
