Capítulo 10
Crímenes cometidos, promesas cumplidas
Aoi estaba en el hospital porque fue ella quien llamó a emergencias; fue ella quien decidió subir a la ambulancia donde se llevaban a un Yusaku desangrado. La misma chica que estaba casi paralizada por encontrarse con esa escena, se preguntaba constantemente qué hubiera pensado si sólo hubiera encontrado a Yusaku apuñalado y no a Ai tirando un cuchillo bañado en su sangre. ¿Sentiría la misma rabia e impotencia que sentía ahora? Quería justificar las acciones de Ai, por el bien de Yusaku, porque no sabría cómo abordar el tema cuando despertara, ni siquiera estaba segura de si sería capaz de estar a su lado aun estando inconsciente. La culpa arrasaba con su sentido común, por no haber podido protegerlo, por mentirle y por odiar a su Ignis.
La policía le hizo preguntas sobre lo ocurrido ya que ella era la única que estaba en la escena cuando los médicos llegaron, el cuchillo no tenía huellas dactilares. Por un instante Aoi quiso que la culparan por el crimen que no cometió, pero la policía no tenía pruebas al respecto y poco a poco las sospechas se disuadieron, comenzando con la teoría de que pudo haber sido un asaltante, teniendo en cuenta que la tasa de crímenes de este tipo había subido considerablemente desde el vaciamiento de las cuentas bancarias.
Aoi no podía siquiera pensar en voz alta la posibilidad de que hubiera sido un SOLtiS, acusando indirectamente a Ai al respecto. No sólo no ganaría nada haciéndolo, sino que perdería más de lo que ya llevaba perdiendo. Ai había manipulado todo a su antojo para salir impune de cualquier crimen; era un crimen casi tan perfecto como el que había cometido…
...Lightning.
De pronto, Aoi sintió un fuerte estremecimiento, pensando en los Armatos Legio delante de ella, enfrentándola y Lightning Dragon. Todos esos recuerdos se repitieron en un bucle infinito, a una alta velocidad, hasta que alguien detuvo sus pensamientos bruscamente. Una mano suave pero pesada se apoyaba sobre su hombro y no pudo evitar sobresaltarse.
—Hermano…—pronunció esto casi con congoja, estaba aliviada de ver a Akira sano y salvo y tan crédulo en todo este asunto. Nadie más que ella sabía de la verdad.
Akira le sonreía con compasión, acariciando su espalda. Siempre tratando de levantarle el ánimo.
—Pronto vendrá el médico a traernos noticias, deberías descansar un poco. Yo te mantendré al tanto.
Aoi quería llorar, quería lanzarse a los brazos de su hermano mayor, cerrar los ojos con fuerza y olvidarse que todo esto había ocurrido. Quería por unos instantes regresar a ser esa niña pequeña que se escondía de la crueldad del mundo en el pecho firme de su hermano.
La muchacha agachó la cabeza y se tragó las lágrimas. Ya no era esa niña, y si seguía con ese pensamiento seguiría siendo derrotada con sencillez; la mirada despectiva de Ai se lo recordaba constantemente.
Arañó sus piernas y asintió, levantándose de su asiento para alejarse lo más que pudo del pasillo que daba con la habitación en la que retenían a Yusaku. Caminó hasta quedar en un pasillo blanquecino, con una luz que apenas lo iluminaba, al fondo había una doble puerta con un cartel apagado de salida. Los ojos de Aoi se plantaron no en esa salida, sino en la máquina dispensadora.
No podía irse ahora. Tenía el presentimiento de que Ai podría reaparecer ni bien se descuidara.
Metió una moneda en la ranura de la máquina y tocó un botón al azar. La máquina sólo le ofrecía bebidas en lata, no le importaba realmente si bebía jugo, té o café, ni siquiera sabía si iba a beberlo.
Miró a la izquierda, luego a la derecha. Su corazón latía aceleradamente, estiraba sus dedos para calmar sus nervios.
Si Ai aparece, estaré muerta.
Ese pensamiento pasó tan rápido por su consciencia como una estrella fugaz.
Aturdida por esto, volvió a presionar el botón de antes, aún sin saber que estaba pidiéndole a la máquina. Se suponía que la lata tenía que caer.
La máquina no respondía. Aoi tocó el botón repetidas veces, de manera frenética hasta derrumbarse en la impaciencia, frustración y rabia estallando en contra de la máquina y pegándole una fuerte patada que la hizo temblar. Finalmente, una lata que sólo contenía agua mineral se soltó.
La lata aterrizó en una mano que no era la suya.
Con temor a identificar al sujeto desconocido que se le había acercado, Aoi alzó la vista.
—Hubiera sido más fácil beber agua del fregadero, ¿no crees?
Un hombre albino de ojos celestes y relucientes la miraban fijamente, una sonrisa que parecía saberlo todo estaba decorando su semblante. Era un muchacho joven, pero definitivamente no era de su edad.
El chico le extendió la lata. Aoi sólo respondió frunciendo el ceño.
—¿Te conozco?
—Oh, mis modales. Soy Kogami Ryoken, pero creo que ya nos conocemos, ¿verdad?
Ryoken se inclinó al oído de la muchacha, susurrando: —Blue Maiden.
Aoi retrocedió lo suficiente para volver a mirarle la cara a este sujeto. No lo reconocía ni aunque se quedara una hora entera analizándolo, pero esos ojos se le hacían conocidos en otra tonalidad y su voz suave se asimilaba a la de…
—Revolver.
Ryoken Kogami, hijo del Dr. Kogami, ya había revelado su identidad cuando se aliaron a él para derrotar a Lightning. ¿Qué hacía de nuevo aquí y por qué ella tenía que toparse con todos los desquiciados que buscaban acabar con su hermano mayor?
El muchacho actuaba con calma, pidiendo algo de la máquina dispensadora con mucha más paciencia de la que ella tuvo. Su mano libre ahora sostenía otra lata que esta vez contenía café.
—¿Por qué no nos sentamos y hablamos con calma? Ambos sabemos del secreto.—insistió Ryoken, pacientemente extendiendo la lata de agua hacia Aoi.
Aoi tragó pesado, fue difícil aliarse con él una vez, pensar en sentarse en un banquillo, bebiendo algo y charlando como si nada con un terrorista podría haber sido lo peor, sin embargo, estaba tan desesperada por sacarse este asunto del pecho y salvar la situación de alguna manera que Ryoken terminó siendo su única esperanza.
Se sentaron a hablar, resultaba que Ryoken, siendo líder de los Caballeros de Hanoi y con un Ignis vivo rondando por este mundo, continuaba en sus andadas, llevándolo a la investigación del comportamiento errático del clima y los sucesos extraños que la ciudad estuvo ignorando; eso incluye, el ataque a Yusaku. El mundo estaba siendo respondiendo por lo que sea que el Ignis de Oscuridad estuviera haciendo en la red, Ryoken insistía en profundizar su investigación, aunque su solución sencilla era eliminar al último Ignis que quedaba, después de todo, ya había dañado a un humano, quien sabe a cuántos más.
—Fue el Ignis de Oscuridad, ¿verdad?
—Creo que sí, no lo he visto apuñalarlo con mis propios ojos—respondió Aoi, desviando la mirada.
—Tus ojos me dicen más de lo que han visto—suspiró, levantándose de su asiento y tirando la lata de café en la basura—Playmaker no despertará, así que…
Aoi sintió como si le atravesara un filoso hielo por la espina. ¿Yusaku no…? Se levantó bruscamente y enfrentó a Ryoken antes de que le diera la espalda.
—¿¡Qué quieres decir que no despertará!? ¿Acaso él…?
Ryoken se mostraba impasible, aun cuando Aoi estaba con lágrimas acumuladas en sus ojos, pensando lo peor.
—Aún respira, pero debido al trauma se encuentra en estado vegetativo. Es trabajo de los médicos explicarte eso, aunque Playmaker despierte, estoy seguro de que negara rotundamente lo sucedido.
Aoi apretó los puños—¿Y creíste que yo cooperaría? No podemos presionar a Yusaku, lo que acaba de ocurrir fue chocante para nosotros, pero para Yusaku debió romperle el corazón.
Ryoken rio, apartando a la chica de su camino para finalmente caminar hasta la salida—No creo que los discursos emotivos conmuevan al Ignis, después de todo, no tienen corazón. Para ustedes fue un incidente chocante, pero para mí, fue más que oportuno—detuvo sus pasos sólo para mirar a Aoi de reojo—Y para ti también.
Lo único que pudo procesar de todo lo que Ryoken le dijo era que fue completamente inútil hablar con él, no le quitó ningún peso de encima, sólo le sumó otro. Estaba más que claro que Ryoken no necesitaba una excusa para eliminar a Ai, pero ahora no sólo tenía excusas sino que Yusaku no estaba consciente como para detenerlo. Aoi tenía que buscar la fuerza para hacerlo, sin embargo, ¿qué era lo más conveniente para todos?
Si Ai desaparecía…
No podía pensar en ello ahora, así que fue a revisar si lo que dijo Ryoken era verdad. En definitiva, lo era, no había ningún plan para despistar. Yusaku se encontraba en estado vegetativo, no tenía lesiones en la cabeza y la pérdida de sangre pudo resolverse con una transfusión, pero confirman que el suceso que padeció fue tan traumático que decidió dormirse por días, semanas, incluso meses.
Aoi trató de mantener la esperanza de que existiría un final esperanzador para esto, se mordía la lengua para tragarse el secreto hasta que Yusaku abriera los ojos. Aun así, con el pasar del tiempo, no hizo más que caer en la soledad y la incertidumbre.
Si Yusaku no despertaba nunca, no había motivo para proteger a Ai, quien se había vuelto un ser despiadado. De hecho, ni siquiera estaba segura de si se trataba de Ai, bien podría haber sido Lightning quien infectó a Ai de alguna manera y estaba completamente fuera de sí.
Si Aoi decidía ser partidaria de eliminar al último Ignis que quedaba, entonces…
...no merecía estar al lado de Yusaku.
—Lo siento mucho, Yusaku—susurró en la soledad de la habitación, con el ruido de las máquinas que se ocupaban de mantener vivo y alimentado a Yusaku.
La chica acarició la mano quieta del otro y se inclinó a besar su frente.
Sonrió con cierto dolor.
Sólo en un momento de desesperación se habría atrevido a besarlo así.
Había dejado de nevar un poco, las estaciones de tren comenzaron a funcionar con normalidad y la ciudad retomó su actividad. Shoichi era la única persona que visitaba a Yusaku en el hospital, se quedaba unas horas y luego regresaba con su hermano, Jin.
Naoki Shima lo había visitado unas dos veces pero luego no se atrevió a más, especialmente porque Aoi dejó sus visitas frecuentes. Shima no dejaba de reclamarle a Aoi por eso, sobre todo porque el tal Daisuke ya no asistía a la escuela, tampoco lo habían visto de nuevo en la ciudad. El encargado del edificio donde Daisuke solía vivir negaba que alguna vez estuvo viviendo un chico llamado así.
Aoi no le informó de esto a Shoichi, de hecho, no se acercó a él en los últimos dos meses.
Tres meses pasaron desde el incidente y Yusaku insistía en mantener los ojos cerrados mientras la ciudad se tornaba un caos silencioso.
—Quién diría que iba a llegar el día en que me sentaría a tu lado, contigo en una cama de hospital—suspiró Shoichi—Te ocupaste de que no tuviera que vivir de esta manera con Jin, ahora tú tienes que salvarte, Yusaku. No sé qué fue lo que sucedió, pero...—sonrió con tristeza—Despierta, amigo.
Unas pisadas apuradas llamaron la atención del mayor, al girarse en la silla, vio a un Takeru agitado y cansado, apoyándose en el marco de la puerta. Ninguno de los dos dijo nada, Takeru fue informado de lo poco que se sabía de la situación y ni bien las estaciones de tren comenzaron a funcionar, tomó el primero a la ciudad.
Los ojos de Takeru estaban clavados en el cuerpo dormido de Yusaku, su rostro se torció de manera tal que si no lo conociera parecía que estaba a punto de romper en llanto, pero en su lugar, mostró rabia; mucho odio mezclado con impotencia.
Se apresuró a sentarse al lado de Yusaku y tomar su mano—Prometo que encontraré al maldito que te hizo esto.
Llevó la mano ajena a su rostro y cerró con fuerza sus ojos, apretaba sus dientes para sostener las lágrimas pero no pudo evitar soltar algunas.
—Debí haber ido a ese festival—masculló Takeru.
—Eso dije yo—suspiró Shoichi, desganado—Pero no hubo forma de evitarlo, lo importante es que Yusaku estará bien. Él es fuerte, despertará en cuanto esté listo.
Takeru no soltó la mano de Yusaku ni un segundo, abrió sus ojos sólo para fijarse en el dormido rostro de su amigo. Siempre lo veía dormir en clase, a veces tenía un aspecto pacífico cuando permanecía a su lado, hubo momentos en los que dedujo que Yusaku se sentía más cómodo durmiendo acompañado y no lo culpaba de sentirse así. Sin Flame, las noches a veces se volvían una tortura.
Le debía mucho a Yusaku, él era su héroe, su compañero y su mejor amigo, pensar que alguien pudo haberle hecho daño a sangre fría después de todo el sufrimiento por el que tuvo que pasar de pequeño, hacía que su interior hierva en ira. Al mismo tiempo, se sentía culpable, Yusaku no se estuvo viendo bien en algunas charlas que tuvieron; realmente deseó haber podido estar en el festival para animarlo y saber qué era lo que lo estaba atormentando tanto. Ahora mismo, al dormir parecía estar en paz y al mismo tiempo, viviendo dentro de una tormenta.
Cuando Yusaku despierte, entonces, le preguntaría. No tenía por qué preguntarle a Shoichi, no sólo porque seguro tampoco notó nada anormal, sino porque necesitaba aferrarse a la esperanza de que volvería a ver esos ojos esmeraldas brillar.
—No me separaré de su lado hasta que eso suceda—murmuró, como una promesa que estaba haciendo con su propia sangre.
Por más que Takeru odiaba los hospitales, se quedó día y noche, durmiendo chueco en una silla incómoda del hospital, bebiendo café de máquina hasta que Shoichi llegara en la mañana para traerle el desayuno. No le daba mucho por comer, pero tenía que hacerlo si quería mantenerse fuerte y con buena cara para Yusaku.
Aún así, el silencio y el ruido de las máquinas sobre Yusaku no dejaban de inquietarlo—Me vendría bien un poco de tu compañía, Flame.
En estos tres meses, la oscuridad lo había abrazado con fuerza, acostumbrándose a la frialdad de las máquinas. El olor a metal, cables quemados, todo comenzaba a volverse familiar, casi hogareño. No se movía de esa habitación hasta que abrieran los ojos, ver una luz que le resultara esperanzadora.
—No me alcanzó…
Su largo y huesudo dedo acariciaba la piel artificial de los cuerpos que lo rodeaban.
—Mentir, robar, lastimar… Todo lo hice por ustedes. Así que…
Caminaba, contando uno por uno, revisando cable por cable, sintiendo su propia energía siendo drenada, su conciencia a punto de desgastarse lo necesario para que otras vidas pudieran despertar como si nada les hubiera ocurrido.
Una luz se encendió, luego otra, y otra…
—¡Vamos, amigos míos! ¡Utilicen los datos restantes que les presté! ¡Y despierten! ¡Revivan tal cual les prometí!
Alzó sus brazos y comenzó a carcajearse desenfrenadamente.
Uno de los androides se movió, llevando su mano a su cabeza, poco a poco fueron tomando una forma humana, sin un diseño en particular, porque ellos luego tendrían el libre albedrío para hacerlo, así como él lo tuvo. El androide emitió un quejido.
—¿Acaso no te callas nunca, Ai?
Esa voz…
¡Sonaba perfectamente como la de Flame!
Ai saltó a los brazos del androide—de Flame—y entre lágrimas gritó repetidas veces su nombres. Flame gruñó por un instante pero su mano cayó pesadamente sobre la espalda de Ai, tratando de reconfortarlo.
Ai no disfrutó por mucho tiempo las caricias de Flame, quería ver a los otros, ¡quería ver su éxito! ¡Todos se movían y hablaban!
Excepto por…
—¿Lightning? No es momento de tomar una siesta.
Se posicionó delante del androide que no abría sus ojos. Podía escuchar y sentir su cuerpo funcionar pero el Ignis no despertaba.
El Ignis de Oscuridad se clavó las uñas en sus palmas, apretando dolorosamente sus puños. No podía fallar, no con Lightning.
Darkfluid no fue suficiente, la sangre que le permitió utilizar los datos que el Link Sense del humano reciclaba, entonces, tuvo que realizar una copia de su propia conciencia para cada Ignis, reconstruyéndose a partir de su memoria. No hizo nada diferente con Lightning así que…
—¡Despierta!
Unos ojos verdes parpadearon lentamente para luego abrirse y mostrar una reluciente mirada que le sonrió—Sabía que cumplirías tu promesa, Ai.
Ai sintió que dejaba caer una piedra gigante de sus hombros y se dejó caer en el suelo. Los Ignis lo rodearon y lo abrazaron en grupo mientras el Ignis de Oscuridad intentaba fallidamente contener sus lágrimas.
Lo logró.
Todo había terminado.
Todo terminó.
Su estómago comenzó a gruñir como un perro furioso, Takeru ya estaba a punto de levantarse a buscar algo de comer pero fue como si hubiera invocado a Shoichi porque justo este había llegado con comida y café.
—¡Eres mi salvador!—exclamó Takeru, contento y abalanzándose a la bolsa de comida.
Shoichi soltó una risilla—Te veo de mejor humor a pesar de estar mal dormido. ¿Seguro no quieres pasar por mi casa y descansar?
—Me niego—respondió ya con la boca llena de hotdog—Además, es un día soleado después de muchos meses de oscuridad. ¿No te parece una buena señal?
—Pues…
Shoichi se silenció a sí mismo ni bien vio que la mano de Yusaku se movió. Los ojos del mayor se abrieron como platos.
Takeru ladeó la cabeza, confundido y se volteó a mirar a Yusaku—¿Qué sucede?
Antes de que el mayor pudiera responder, Yusaku volvió a mover sus manos, es más, estaba frunciendo el ceño.
Estaba despertando lentamente.
Shoichi corrió a llamar a una enfermera. Takeru dejó caer todo y se apoyó sobre la cama, tomando la mano de Yusaku con firmeza y emoción—¡Yusaku! ¿Puedes oírme?
Poco a poco, Yusaku movió apenas su cabeza, sus ojos se abrieron como cortinas de teatro que develaban un brillo y color anhelado por ser visto. Yusaku miró al techo, a Takeru y luego, a la ventana.
Su mano que no estaba siendo sostenida por Takeru se dirigió con rigidez a su cuello vendado. Respiró con dificultad, y apretó la mano que lo sostenía, mirando con melancolía la luz del sol.
Yusaku estaba mudo. Literalmente.
