[Drabble]

Valentino

—Profesor Utonio & Miss Keane—

Miss Keane estaba preocupadísima, su querido Valentino estaba desaparecido.

Advertencias: Un poco de OOC. | WHAT IF.

Disclaimer:

PowerPuff Girls © Craig McCracken.

Valentino © Adilay Fanficker.

Aclaración: Este fic participa en el FLUFFTOBER 2021 realizado por el grupo en Facebook "Es de fanfics".

Día 3: Under the rain.

Notas:

Es la primera vez que escribo sobre esta pareja; no sé qué tan bien pueda hacerlo, pero haré mi mejor esfuerzo.

Saludos y ojalá disfruten este pequeño escrito.


NO PLAGIEN, NO RESUBAN Y TAMPOCO TRADUZCAN SI YO NO LO HE AUTORIZADO. —Gracias.



Acostada en su sillón, permaneciendo en total silencio, Miss Keane se hallaba muy triste; hace no menos de media hora había estado llorando. El teléfono estaba a pocos centímetros de ella y no podía dejar de mirarlo de reojo pensando en cuándo iba a sonar.

Su pequeño Valentino, el cual, ya tenía cierta edad avanzada, estaba afuera, en la calle. Justo ahora que estaba lloviendo.

La tarde de antier, ella había vuelto del trabajo cuando se percató de que había dejado una ventana abierta. No pensó en que un ladrón pudiese haberse metido a su hogar y robar sus ahorros, no, lo primero en lo que pensó fue: "¡ay no, Valentino!", así que lo llamó, lo buscó, incluso salió de su hogar en pleno anochecer y dio algunas vueltas por la calle mientras gritaba su nombre.

Ya hace tres días que no veía su carita.

Ayer después del trabajo pasó a una papelería donde imprimió la cara de su mascota con la petición de ser llamada si alguien lo encontraba. Incluso llamó a las chicas para que pudiesen ayudarla, claro, si es que sus apretadas agendas se lo permitían.

Cada vez que salía a la calle, Miss Keane miraba a los pocos perros de los alrededores con recelo.

¿Y si alguno de ellos…?

No, no quería pensar de forma tan negativa. Valentino estaba vivo, era un gato inteligente y sabría eludir a los canes.

¿Y si alguna persona lo había encontrado y adoptado?

Sería algo muy vil, su mascota tenía un collar con su placa declarándolo oficialmente parte de una familia, la de ella.

Limpiándose la nariz con un pañuelo nuevo que había sacado de su empaque, Miss Keane no reaccionó ante el sonido de su timbre.

No quiso abrir, seguro sería algún vendedor o predicador. No estaba de ánimos para atender a nadie más.

El timbre volvió a sonar. Y volvió a sonar.

Levantándose, harta de ese timbre, Miss Keane se dirigió a la puerta preguntándose quién sería tan insistente en verla ahora que estaba lloviendo con fuerza.

Al posar su ojo cerca de la mirilla, la profesora frunció el ceño y abrió la puerta.

—¿Profesor? —dijo extrañada, encontrándose con el hombre usando un impermeable negro.

—Hola —saludó un poco nervioso—. No sabía si venir ahora o mañana… creo que debí llamar primero.

—No se quede ahí, pase —ofreció.

—Eh, sí, pero, primero quisiera preguntarle algo —mientras decía eso, fue buscando algo en el bolsillo derecho de su pantalón; cuando Miss Keane vio lo que él sacó, su alma casi se le fue del cuerpo—. ¿Esto… es de su gato?

Un collar rojo… con su plaquita…

—Ay no…Valentino —masculló tomándolo para leer lo que efectivamente sabía que decía. Pensando lo peor, se llevó el objeto a su pecho y comenzó a sollozar.

—Miss Keane… espere, por favor no llore —se alteró el profesor—, escuche, su gato está bien.

—¿Qué? —ella lo miró sorprendida, así como muy aliviada—. ¿Dónde? ¿Dónde está?

—Está en mi casa, con Bubbles… dándose una ducha —le dijo sonriendo—. Verá, mi hija lo buscó por todos lados desde que supo que estaba desaparecido y apenas ayer por la noche lo encontró, lo llevamos esta tarde a un veterinario y nos dijo que no había nada malo en él, sólo está asustado. ¿Quiere… ir por él? —le señaló su auto con su dedo índice.

—¡Sí, necesito verlo! —gritó volviendo a su casa en busca de las llaves, tomó un suéter viejo que le quedaba de paso y vistiendo su piyama, salió con el profesor siguiéndola.

—¡Espere, ¿no quiere un paragu…?!

Las palabras murieron en la boca del hombre cuando ella se giró, abrazándolo fuerte.

—Gracias —le dijo en voz alta por el ruido de la lluvia—, sé que no le gustan los gatos… pero gracias por salvar a mi bebé.

Aunque al principio estaba sorprendido por aquella acción, Utonio correspondió al abrazo.

—Estoy seguro que él también se alegrará de verte.

—FIN—


Lo cierto es que, perder a una mascota, es un dolor que no le deseo a nadie. :(

¡Espero que les haya gustado y gracias por leer!


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