Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.
VENTURE
Capítulo uno – Aventurarse
Rosalie me dio otro pequeño empujón.
―Vete ya. ¡Estarás bien!
Intenté ignorar la forma en que su voz tembló al final, temiendo que si lo reconocía, yo también acabaría llorando.
―Ya me voy, ya me voy...
―Solo... llama cuando paréis.
―Llamaré antes...
―Son casi las once ―dijo, riendo―. Los otros pasajeros estarán intentando dormir, seguro.
Finalmente la miré. Su pelo rubio estaba recogido en un moño suelto, con pequeños mechones dorados escapando y enmarcando su cara sonrojada. Solo Rosalie podría estar preciosa en una estación de autobús, suave y dulce entre el caos.
―Entonces te mandaré un mensaje ―dije, tragando.
Su cara se retorció en algo a medio camino entre una mueca y una sonrisa, y me rodeó con los brazos.
―Vale ―susurró. Su dulce aroma me envolvió y cerré los ojos, respirando profundamente para grabármelo en la memoria. Tras mis párpados vi el verano: el interior color arena de su jeep, el aire acondicionado roto que nos obligaba a llevar las ventanillas bajadas y el aire de la playa. Crema aplicada en la piel quemada, batidos caseros, su delicada pipa de agua rosa...
―Ve ―susurró esa vez.
―Te quiero. ―Sonreí, recogiendo mis bolsas mientras me apartaba.
Pude sentirla mirándome mientras hacía cola para subir al bus, así que me giré para despedirme con un gesto de la mano. Ella me sacó una foto con su teléfono, sacándome la lengua mientras yo rodaba los ojos y sonreía ampliamente. Esperé hasta encontrar un sitio junto a la ventana, a un poco más de la mitad hacia atrás, y entonces le saqué yo una a ella. Solo que su solemne cara mirándome, con las manos unidas bajo su barbilla como si la estuviera abandonando, me dio más ganas de llorar que de reír.
Y eso estaba haciendo. Pero, al menos, ella tenía a Emmett. Un trabajo, un gato tricolor llamado Fiasco y un apartamento. Hermanos a dos horas de distancia al norte y padres a media hora al este.
Yo tenía cuarenta dólares y una mochila. Un teléfono, un diario.
Y un billete de bus a Seattle, Washington.
Por mucho que me había gustado Florida, siempre había sido algo intermedio.
Tras un año de universidad en Nueva York, me quedé sin ayuda financiera para seguir y ninguno de mis padres tenía los medios para mantenerme allí. Probablemente podría haber aguantado un poco más, malviviendo, pero no habría servido de mucho. Eso me habría mantenido en Nueva York, claro, pero no en la universidad. Era demasiado y yo tenía muy poco.
Rose y yo habíamos crecido juntas en Forks, un pequeño pueblo de Washington. En el penúltimo año de instituto, su padre consiguió trabajo cerca de West Palm Beach y se mudaron, rompiéndonos el corazón en el proceso. Sin embargo, habíamos mantenido el contacto durante los años y habíamos conseguido visitarnos durante vacaciones de verano y primavera. Cuando mis planes universitarios se fueron a la mierda después de ese primer año, ella me había invitado a ir y quedarme con ella. Durante el año, Rose iba a un centro de Formación Profesional, pero estábamos en verano y, en ese momento, simplemente vivía la vida.
Así que fui. Mis puntos de vuelo me permitían coger un billete de avión y lo usé para ir con ella. Pasamos días soleados y noches de brisa en la playa, trabajando en una pequeña boutique justo al otro lado del agua. Era increíble, pero no podía hacerlo eternamente. Demasiado de una cosa buena podía convertirse fácilmente en algo malo, como había visto en varios playeros que se pasaban el día en la arena, fumetas y fiesteros que nunca maduraban más allá de la época de instituto. Y, de todas formas, Rose volvería a clase al final de agosto. Tenía que descubrir cómo iba a hacer yo lo mismo.
No era capaz de volver a Forks. Me encantaba y siempre sería mi hogar, pero todo el mundo se había ido a la universidad o, en algunos casos, a la Marina o a recorrer el mundo. Volver después de solo un año sería deprimente, como si hubiera fracasado. Así que, cuando Alice, la mejor amiga que no se había marchado más allá de Seattle, llamó para decir que su compañera de piso se había largado, lo tomé como una señal. Estaría cerca de casa, pero no demasiado cerca, y podría optar a una ayuda de residencia, lo que me permitiría volver a clase.
Mi teléfono vibró. Bajé la mirada sobresaltada, dándome cuenta de que me había dormido. Era Rose.
Espero que todo vaya bien. No hay viejos malolientes, ¿verdad?
Con una silenciosa risita, miré a mi alrededor en el oscuro autobús. Estaba apenas medio lleno, así que el asiento a mi lado estaba vacío. Por el momento, al menos.
Nop. No hay mucha gente. Todo bien.
Vale. Me voy a dormir ya. Te echo de menos.
Yo también te echo de menos. Xoxo
xoxo
Pestañeando para deshacerme de las lágrimas, guardé mi teléfono y miré por la ventana a la oscuridad infinita. Era difícil ponerse cómoda, pero al menos tenía que intentarlo. Mi viaje duraría más de tres días casi sin parar, haciéndolo solo para estirarnos, comer o cambiar de bus y conductor.
Bostezando, cerré los ojos e intenté descansar.
Me desperté de golpe, mirando a mi alrededor. Fuera, empezaba a amanecer, pintando el horizonte de suaves colores naranjas y azules. Miré el vacío, tranquilizada un poco por su calma. No había nada alrededor, nada excepto hierba, carretera y nosotros. Ni siquiera sabía si todavía estábamos en Florida o qué hora era. Suponía que sobre las seis, si el sol iba a salir.
Pues, después de todo, había podido dormir. No podía decir que estuviera descansada, pero me sentía bien. Había dado cabezadas las primeras horas antes de sucumbir finalmente, pero eso era mejor que nada.
El conductor anunció que acabábamos de entrar en Alabama, dónde haríamos una breve parada. Me removí en mi asiento, ansiosa por la idea de bajarme en un pueblo desconocido. Pero estirar las piernas y usar un baño que no fuera de autobús sonaba genial, así que tendría que aguantarme.
El día se fue haciendo lentamente más brillante, iluminando el bus y calentándolo un poco. Le envié un mensaje a Rose cuando paramos y me aventuré fuera, asegurándome de sacar un par de fotos cursis, tanto para ella como para mí. Serían unas adiciones geniales para mi diario.
¿Algún chico guapo?
Resoplando, tecleé la respuesta. Prueba mejor con casado, viejo y un cowboy con sombrero. Un chico está leyendo una novela de Harlequin.
Lol. Bueno es solo el primer día.
Sonriendo, sacudí la cabeza. La oportunidad de que encontrara a alguien entre ese lugar y Seattle era tan pequeña que era prácticamente invisible.
¡Hola!
Sé que tenía que haber empezado a publicar el fin de semana pasado, pero como no sé en que día vivo... se me olvidó.
En fin. Aquí la última parte de Brighter y Appease. Como veis, ninguna de las tres historias tiene nada que ver con la anterior.
Estoy deseando saber vuestras opiniones de este capítulo. Mañana subiré el segundo.
Gracias por estar ahí.
-Bells :)
