Nombre: Kacchako y Flufftober

Autor: Dream Weaver Dili

Rated: Por el momento T

Género: Romance (pero puede contener comedia... creo)

Reto: Esta serie de One-shots y Drabbles del ship Kacchako (Katsuki Bakugo y Ochako Uraraka) están inspirados en el reto "Flufftober 2021" de la página de Facebook "Es de Fanfics". De manera idónea, publicaré uno por día (ya tengo varios escritos)... en verdad espero cumplir con todos, jajaja.

Advertencia: Ninguno de los personajes me pertenece, todos son obra de Horikoshi Kohei; yo solo me adjudico la escritura de estas pequeñas historias. Los capítulos no tienen una secuencia lógica o cronológica, solo responden a la idea planteada por cada uno de los días del reto.

Sin más por el momento, ¡disfruten!...


Día 1: Eye contact

Era semana de exámenes y, como siempre, los amigos se habían reunido en la biblioteca a petición de Iida para ponerse a estudiar juntos. Aunque estaba segura que ni Todoroki ni Iida lo necesitaban, pues ambos eran muy buenos en los estudios, podía casi jurar que aquellas sesiones de estudio las organizaban para echarles la mano a Deku y a ella.

Tal vez no era la persona más brillante del salón, pero siempre daba todo su esfuerzo para salir bien en la escuela y retribuir todo el esfuerzo que hacían sus papás al mandarla a Tokyo a estudiar a la mejor escuela para súper héroes: la UA.

Bajó la cabeza y la fijó en las hojas que tenía delante de ella, centrándose en el formulario de matemáticas que estaba tratando de memorizar; no sería nada fácil, pero una vez que lo comprendiera, seguramente que podría aplicar aquellas complejas fórmulas a los problemas que aparecerían en el examen. O al menos eso es lo que estaba esperando.

Justo cuando estaba dando la tercera leída a la fórmula del binomio cuadrado perfecto que habían visto hacía un par de semanas, un estruendoso grito, seguido por un par de golpes, le arrebató su concentración.

̶ ¡Ya te dije que no es así, pelos horrendos! ¡Fíjate en la maldita fórmula, con un demonio! ¡Estás despejando "x", no encontrando la maldita fórmula de la relatividad!

Uraraka levantó la vista de su mesa y por primera vez en aquella hora que llevaban ahí, se percató de que a unos cuantos metros desde donde se encontraban, otra mesa de estudio estaba ocupada con varios de los miembros del autodenominado "Bakusquad" (aunque al rubio no le gustara ni un pelín aquel nombre).

En aquella mesa se encontraban sentados sus compañeros Denki, Sero, Mina, Kirishima y Bakugo, todos rodeados de libros, hojas y libretas. Tal y como se encontraban ella y sus amigos en aquellos momentos.

Estaba segura que, así como sus amigos Todoroki e Iida, Katsuki Bakugo no necesitaba estar en aquella mesa gastando preciosas horas de su fin de semana memorizando lo que ya había comprendido perfectamente. No por nada era el número uno en el salón.

Uraraka recargó el codo sobre la mesa y apoyó su mejilla en la mano para darse soporte mientras miraba despreocupadamente la escena que tenía frente a sí, mirando con más detenimiento del que debía (o quería) a su compañero.

Observó con calma y detenimiento el flequillo color rubio ceniza que colgaba sobre su frente, ocultando parcialmente sus cejas fruncidas, y los cabellos puntiagudos que rodeaban su cabeza, dándole a su rostro una figura afilada y muy masculina.

Hasta ese momento no había notado lo musculoso, pero a la vez delgado, que se veía el cuerpo de su compañero bajo la camisa blanca del uniforme, pues casi siempre llevaba el saco (varias tallas más grande que él) puesto. Como llevaba las mangas de la camisa remangadas, pudo observar lo bien contorneado y fuerte que se veía su antebrazo, y por un segundo se preguntó qué se sentiría tocarlo. Seguramente su piel sería suave bajo el tacto.

̶ Uraraka, estoy segura que no por ver todo el día a Bakugo se te van a pegar las respuestas del examen.

La voz de Todoroki la sacó de su ensoñación justo para darse cuenta que Bakugo la miraba fijamente con el ceño ligeramente fruncido y con cara de interrogación, pues había sentido la mirada de la castaña fija en él desde hacía varios minutos ya.

Aterrorizada, Ochako alzó sus ojos y se encontró directamente con los ojos rojos del chico explosivo mirándola de regreso, lo que provocó que una oleada de pánico comenzara a subir desde sus piernas, hasta su pecho y su rostro, generando que sus mejillas y el resto de su rostro adquiriera un profundo color rojo antes de que sus piernas se impulsaran contra el piso en un acto reflejo para salir corriendo, sin tener en cuenta que la silla cedería, llevándola de espaldas contra el piso.

̶ ¡Uraraka!, ¿te encuentras bien?, ̶ preguntó preocupado Midoriya, estirando su mano hacia su compañera quien se encontraba tendida en el piso de la biblioteca.

̶ ¡S-S-SÍ!, ̶ gritó la chica, poniéndose de pie apresuradamente y comenzando a juntar sus cosas, lanzándolas desordenadamente al interior de su mochila. ̶ ¡Lo siento, recordé que tengo algo que hacer! ¡Nos vemos luego!

Y sin dar siquiera tiempo a que sus amigos reaccionaran, la chica había desaparecido por la puerta de la biblioteca, dejando a todos pasmados en su lugar.

̶ ¿Alguien entiende qué es lo que acaba de ocurrir?, ̶ preguntó Deku mirando hacia la puerta con la confusión reflejada completamente en su rostro. Ya había visto a su amiga ponerse nerviosa con anterioridad, pero nunca de aquella manera y sin una razón aparente. O no al menos una que comprendiera.

̶ Las chicas son un completo misterio… ̶ exclamó Todoroki antes de bajar la vista nuevamente hacia sus apuntes, decidido a continuar repasando el problemario que tenía frente a él.

̶ Seguramente recordó que había dejado alguna luz encendida o algo. No sería la primera vez, ̶ comentó Iida encogiendo los hombros antes de tomar uno de sus apuntes y pasárselo a Izuku. ̶ Bien Midoriya, revisemos el problema número dos de la página 50: "¿Si un villano tiene 7 brazos y puede controlar a 18 rehenes, ¿cuántos brazos necesitará para controlar a 30?"…

Mientras tanto, a varios metros de distancia, oculta tras un extintor ubicado en uno de los pasillos aledaños a la biblioteca, Ochako se abrazaba fuertemente a su mochila mientras trataba de controlar el sonrojo que le quemaba las mejillas y su acelerada respiración.

¿En qué demonios había estado pensando al quedarse viendo a Bakugo de esa manera? ¿Acaso quería morir?

Seguro que el rubio lo malinterpretaría todo y creería que lo odiaba en secreto… o peor, ¡que le gustaba!

Sacudió fuertemente su cabeza y trató de alejar aquellos pensamientos disparatados de su cabeza.

Ciertamente hasta antes del festival deportivo no se había fijado nunca en su compañero con el quirk explosivo, pues solo había tenido ojos para Deku y su maravillosa sonrisa llena de amabilidad; pero tras el encuentro con el rubio en aquella batalla en la que no la había subestimado y la había tratado como un rival digno, algo en ella había cambiado. O mejor dicho: algo en su percepción sobre Kacchan, como lo llamaba Deku, había cambiado.

Ahora veía que no era tan malo como había creído en un principio… es más, cada vez podía apreciar más sus virtudes y aquel carácter explosivo y egoísta (en el buen sentido de la palabra). Admiraba aquella determinación y autoestima que mostraba el chico de ojos rojos en cada una de sus palabras y acciones. Esperaba ser como él algún día.

̶ La próxima vez, toma una foto. Te durará más el gusto… ̶ exclamó una voz grave y algo ronca al pasar junto a su escondite.

Al alzar la vista del piso, se encontró a nada más y nada menos que al susodicho: Katsuki Bakugou le sostenía la mirada con altanería y una pizca de burla en sus ojos. Ochako sintió el calor volver a ascender bruscamente por cada uno de los poros de su piel.

Sin decir nada más, el rubio apartó la mirada y continuó su camino hacia los dormitorios, caminando erguido y confiado, con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón y una sonrisa altanera en su rostro.

Por su parte, Ochako no pudo seguir sosteniendo el peso de su cuerpo con sus piernas temblorosas mientras su compañero desaparecía por el pasillo, por lo que se dejó caer al piso, resbalándose por la pared como un helado derretido al sol, haciéndose un pequeño ovillo en su lugar en un intento desesperado por desaparecer por completo de aquel lugar.

Ya lo había pensado mejor: ¡definitivamente odiaba al maldito Katsuki!