El paso de Lefiya se había vuelto fuerte y ruidoso. Con zancadas, la elfa intencionalmente pisaba con fuerza descargando sus frustraciones contra el suelo.
A pesar de su mayor velocidad de paseo, seguía escuchando al gentío.
- ¿Bell Cranel y Ais Wallenstein?
- Sí, sí... Dicen que los han visto entrenar juntos...
Los bufidos de la elfa había dejado paso a un gruñido continuo, mientras esporádicamente pronunciaba en bajito el nombre que la irritaba..
- Bell Cranel... Bell Cranel... ¿Por qué todo el mundo habla de él? ¡Además! ¡Él y Ais ya no entrenan juntos!
Bueno... Ella no estaba segura de eso. Simplemente se lo había dicho a si misma como una especie de deseo.
Sabía que desde el comienzo del incidente de los Xenos, la relación entre ambos se había enrarecido. Sabía que ella y Bell habían peleado, lo que la satisfacía aunque con un regusto de culpabilidad porque sabía que Ais sufría por ello.
Y desde entonces, la familia Loki había estado demasiado ocupada.
Claro que eso era antes. Ahora que ya había terminado lo de Knossos... ¿que haría Ais?
Lefiya entonces pensó en ello. Lo cierto es que ella misma había estado demasiado perdida en sus pensamientos por lo ocurrido con Filvis. Sólo ahora que ya estaba preparada para ir regresando a su vida normal aunque fuera paso a paso, comenzó a pensar de nuevo en ello.
¿Donde se había metido Ais desde la batalla?
La había visto en la Mansión, claro, pero no se había fijado especialmente en ella. En parte porque mientras para el resto estar callado era signo de que algo raro pasaba, preocupación, depresión, lo que fuera... para Ais era lo normal, y había que observar los pequeños detalles para intentar siquiera atisbar algo de lo que pasaba por su cabeza.
Dicho de otra manera... su silencio se podía interpretar igual como depresión que como cualquier otra cosa. Era fácil no prestarla atención.
* ¿Donde estará? - volvió a preguntarse mentalmente la elfo
Si no estaba especialmente deprimida, podría haber salido a comer algo. Podría estar en "la anfitriona de la fertilidad", o quizás había ido a por unas bolas de patatas que, por alguna extraña razón, a Ais le gustaban especialmente.
Lefiya fue recorriendo los lugares conocidos sin éxito.
* Probemos con el gremio - pensó
- Oh. Hola, Eina-san... ¿Donde están los demás? - preguntó la elfa confundida al ver que había muy poca gente en los mostradores
- Mmmm... Parte del personal aún tiene secuelas por lo ocurrido.
- Entiendo.
- Están todos bien, no te preocupes. Nadie tiene heridas irreversibles. Y por trabajo, tampoco es que importe mucho... Los ingresos a la mazmorra hoy están bajo mínimos.
- Ya veo... Perdona, pero... ¿has visto a Ais entrar? La estoy buscando, pero no la encuentro...
- No, lo siento. Desde que estoy aquí, no la he visto entrar. Salvo que haya entrado corriendo, o antes del amanecer, no está en la mazmorra.
- Oh... Ya veo... Gracias
Lefiya se alejó triste. Cuanto más buscaba a Ais, más quería encontrarla. Sin embargo, al agotar los lugares habituales tampoco podía hacer gran cosa. Buscarla por Orario entero sería una locura.
En ese momento...
* - Sí, sí... Dicen que los han visto entrenar juntos... - rememoró Lefiya sobre lo que había oído a algún ciudadano.
* NO PUEDE SER. ¡HOY NO!
Retomando su paso acelerado y fuerte, se dirigió al lugar donde había visto otras veces a Bell y Ais entrenando. Y tras doblar la esquina que daba al discreto lugar...
- NOOOOOOOOO... - gritó la elfa
En efecto... Allí estaban. Espada y daga se encontraban chocando, saltando chispas. Los dos guerreros de familias diferentes se miraban con fiereza y no paraban de interpretar lo que parecía una danza de muerte, aunque ninguno de los dos acabara tocando la piel del otro.
Para los demás, el conejo era un chico inocente que podía transmutarse en una especie de héroe legendario. Pero para Lefiya, Bell Cranel era como su peor enemigo, y su mera presencia hacía que la adrenalina se disparara en su cuerpo, su mente se agudizara y su cuerpo recuperara su estamina de golpe, como si se fuera a enfrentar a muerte con él al segundo siguiente.
Y con esa vitalidad, Lefiya dio un salto tremendo y pasó de la calle al discreto adarve donde ellos solían entrenar.
- ¡ALTO! - interrumpió instintivamente sin pensar siquiera que decir después.
- ¡Lefiya-san! - dijo el conejo sorprendido... para un instante después recibir un golpe de Ais que lo derrumbaría en el suelo.
- ¡OUCH!
Lefiya sonrió maléficamente ante el sufrimiento del peliblanco.
- No bajes nunca tu guardia, Bell. - dijo Ais como diría una maestra severa a un alumno - ¿Qué ocurre, Lefiya?
- ¿ ¡ QUE QUÉ OCURRE ! ? - dijo gritando con tono de reproche
Pero la mente de Lefiya se quedó en blanco.
No es que no supiera que ocurría... Es que no podía exponer la verdad en palabras.
* - Ocurre que estoy celosa de que estés con Bell Cranel y no conmigo. - sonó en su mente.
Obviamente eso no iba a salir por su boca.
- ¿Por qué sigues entrenando con él? - dijo la elfa cambiando su tono por completo por una interrogación normal.
Ais se detuvo y miró al cielo como concentrándose... Iba a responder en serio.
- ¿Porque me resulta entretenido? - respondió Ais
- ¿Eh? - dijo Lefiya sorprendida por la sinceridad infantil de su ídolo
- Además... él me lo ha pedido por favor.
- ¡ ¿ EEeeh ? ! - repitió la elfa con un tono más indignado que el anterior.
- ¡ Ais ! ¡Por favor! ¡Se un poco más responsable! ¡Bell está herido! - dijo Lefiya como si por algún momento le hubiera importado eso.
- ¿Eh? - se dio por aludido el peliblanco. - Ah... El brazo... Bueno... Hestia Y Lili me han obligado a ponerme esto.
Solo entonces Lefiya se dio cuenta que el brazo izquierdo de Bell llevaba un cabestrillo. ¿Cabestrillo? No... Era más como una especie de camisa de fuerza para un solo brazo donde la manga continuaba más allá de la mano y se enroscaba luego con su torso inmovilizando el brazo por completo.
- ¿Eso es piel de salamandra tejida? - preguntó Lefiya confundida al ver la extraña prenda...
- Eeeeh... Jejeje - rió con risa tonta - Se aseguraron bien de no dejarme margen de movimiento. ¡Pero mi brazo derecho está tan sano como siempre! - dijo enseñando su brazo libre empujando su extraña y veterana daga.
- ¡Hestia! ¡Loki! ... - gritó Lefiya de repente - ¿Te das cuenta la que montarán si se enteran?
- Hestia ya lo sabe. - dijo Ais
- ¿Eh?
La cara de Lefiya se retorció de sorpresa.
¿Cómo era posible que la Loli-diosa se hubiera enterado de eso y no los hubiera obligado a parar?
- Siiii... - dijo Bell con tono incómodo - No estaba contenta, pero al final entendió que el entrenamiento con Ais me ayudaba a mejorar y lo permitió.
- ¡Esto está mal! ¡Para la familia Hestia puede que sí pero a nosotros no nos conviene! - dijo Lefiya buscando las excusas que le quedaban
- Nuestras familias no son enemigas. - dijo Ais sin emoción
- ¡Pero podrían serlo en el futuro! ¡Loki y Hestia se llevan fatal!. Si llegara el día en que tengáis que pelear... no querrás enfrentarte a un Bell más fuerte que tú entonces, ¿verdad?
Lefiya dijo estas palabras sin meditarlas mucho, pero al segundo de su frase y al ver la reacción de Ais, entendió que, sin planearlo, había hecho referencia a su anterior encuentro contra Bell a causa de los Xenos.
Ais se quedó callada una vez más, reflexionando su respuesta.
- Si es Bell quien tiene razón, quizás eso sea lo mejor. - contestó Ais con la misma sinceridad de siempre
- ¿¡ EEEEEEEeeeeh !?... pero... pero...
De alguna manera, la respuesta sencilla y sincera de su compañera la había dejado desarmada... ¿QUE BELL LA GANE ES LA MEJOR OPCIÓN? ¡ABSURDO!
- ... ¡deberías tener en más alta estima a tu propia familia! ¿Por qué no estás entrenando con Raul, por ejemplo? - insistió la elfa
- No me lo ha pedido. - respondió rápido la princesa
- ... ¡Yo sí! ¿Por qué no yo? - reaccionó tarde la elfa buscando como ganar la discusión
- ¿No habías decidido entrenar con Riveria al final?
- Riveria es... demasiado rígida... Al final fue Filvis. - dijo apagando su voz a medida que terminaba la frase y decía el nombre que no quería mencionar
- Oh... Entiendo... - respondió Ais mirando al suelo con tristeza mientras las dos dejaron unos segundos de silencio.
- ¡Así que quiero que me entrenes otra vez! ¡Entréname a mí! ¡No tienes tiempo para este conejo!
- ¿Estás segura? La última vez no sirvió de mucho. - insistió Ais
- ¡He mejorado bastante desde entonces! Ya soy nivel 4 y tengo bastante fluidez con el encantamiento concurrente... pero todo el entrenamiento que pueda tener me ayudará.
- Ya veo. Si quieres volvemos a probar, pero creo que nuestro entrenamiento no funcionaba.
- ¡Por favooooor! - insistió la elfa con tono lastimero
* - Prefiero que me des una paliza a que sigas pasando tiempo con este conejo. - pensó la elfa para sí
- Mmmm... ¡Tengo una idea! ¡Podríamos entrenar de otra manera que creo que dará mucho mejor resultado! - dijo Ais con algo más de ánimo
- ¡Sísísísí! - dijo Lafiya con gran alegría - ¡Ya puedes irte, Bell! Ahora va a entrenar la familia Loki.
- No. - interrumpió Ais
- ¿Eh?
- De hecho... necesitamos a Bell para esto.
- ¿Eeeeeeeeeh?
