Un año después, cementerio de Konoha.

Suspiró por quinta vez en el día, definitivamente no importaba cuánto tiempo pasará, aún sentía como si fuera la primera vez y eso, hacía que la presión en su pecho aumentara.

Miró las rejas frente a él y suspiro-por sexta vez-comenzó a caminar a paso lento, cuanto más avanzaba el nudo en su garganta se agrandaba.-en sus manos llevaba tres pequeños ramos de flores, uno tenía lirios; estos eran los favoritos de su esposa. El otro era de rosas blancas; por alguna razón, al verlas pensó en su hijo y la última era de girasoles, justo como su pequeña princesa. "aquí vamos" pensó con tristeza. Y ahí estaban, al frente suyo...su familia.

—Hola—saludó con una pequeña sonrisa en sus labios. Colocó el ramo de flores en la tumba de su esposa y dejó los otros en el lugar donde descansaban sus pequeños hijos.

Inevitable las lágrimas comenzaron a deslizarse por su rostro.

—¿E-están bi-bien? ¿Es bonito en dónde descansan?—preguntó mirando al cielo.—Yo no me siento muy bien, descuiden, no estoy enfermo...pero me siento muy triste—contó mientras se limpiaba las lágrimas. Miró hacía la lápida de Hinata.

—Cariño, sé que ha pasado un tiempo y que tal vez ya no tenga mucho sentido que lo diga, pero...perdóname—dijo arrepentido. Volteó a ver las tumbas de sus hijos.—Boruto, Himawari...perdónenme ustedes también. Fui un mal padre y no estuve presente en los días más importantes para ustedes; dejé que su madre se encargara sola...y no saben cuánto me arrepiento—nuevamente se encontraba llorando. Comenzó a temblar. Puso su frente en la tumba de su esposa; las lágrimas caían en la piedra.

En el lugar se empezaron a escuchar los sollozos del rubio, estos se combinaban con el sonido de las hojas de los árboles que se movían a causa del gran viento. En el cielo se encendió una luz, seguida de un trueno que se escuchó en toda la aldea.

Más gotas caían en la piedra, sin embargo estas no eran lágrimas; había comenzado a llover.

—Boruto, Hima...los extraño—soltó en un pequeño grito.—Te extraño mi amor—soltó en un hilo de voz.

No importa cuánto pasara, ni cuántas veces vaya a ese lugar. Siempre terminaba llorando y culpandose.

Y aunque sabía que era imposible, siempre rogaba por que todo aquello fuese una pesadilla y que al despertar su familia siguiera con él.


—Pase—contestó al llamado de la puerta. Una pelirrosa entró, en sus manos traía unos papeles, los cuales estaba viendo.

—Naruto, traje el...—se calló al ver quién estaba en la oficina.—¿Kakashi-sensei?—la oji-jade se extrañó al verlo ahí.

—Hola, Sakura—saludó el peliplata mientras sonreía tras su máscara y cerraba sus ojos.

—¿Qué hace usted aquí? ¿Y Naruto?—preguntó aún confundida.

—Él está ocupado—contestó una tercera voz en la habitación. Ambos voltearon a ver en dirección a la puerta. Shikamaru cerró y se dirigió hacia kakashi y le entregó un papel.

—¿Ocupado? ¿En qué?—interrogó sakura. El pelinegro suspiró.

—Dentro de dos días se cumple un año, por lo tanto, decidí hacer el trabajo de hokage y permitir que Naruto fuera a visitarlos. Cuando llegue el día el se hará cargo otra vez—contó con algo de aburrimiento el sexto hokage. Sakura lo vio con incredulidad.

—Espere, ¿no sería mejor si usted trabajara el día exacto y él pudiera ir con ellos?—preguntó con el ceño levemente fruncido la Uchiha.

—No, sé muy bien el dolor que se siente visitar las tumbas de tus familiares el día en que los perdiste, y más cuando no ha pasado mucho tiempo. Es mejor que se distraiga, puede que él sea una persona que rebosa alegría y tranquilidad, pero hasta la persona más pura puede caer en la oscuridad. No podemos permitir que por un acto de culpabilidad y desesperación, Naruto cometa una locura—dijo con un deje de preocupación. La pelirrosa asintió en entendimiento.

—Pero...estará bien dejar que esté solo allí—dijo dudosa la mujer.

—Créeme es mejor así, a veces es necesario estar solo, piensas más y puedes dejar que todos tus sentimientos fluyan libremente—dijo Shikamaru. Él sabía de eso, al principio no le gustaba que lo acompañarán a ver a su padre o a su maestro, pues no podía desahogar sus penas con personas mirándolo.

Sakura dejó el informe que traía, en las manos de Kakashi. Se despidió y se fue a su casa. Ella no sólo se encontraba triste por la pérdida de su amigo, también lo estaba por su pequeña hija. Sarada estaba completamente deprimida, perder a su mejor amigo era muy difícil para ella; sus demás compañeros estaban igual, perder a Boruto su amigo y perder a himawari con la cual todos llegaron a encariñarse, definitivamente había sido un golpe duro.

Mitsuki y Konohamaru sufrían mucho. El albino había perdido a quién creía su sol, su mejor amigo. En cambio el Sarutobi se sentía muy mal por el rubio, el lo miraba como su hermano mayor y sufría al saber todo lo que él debía estar pasando, además extrañaba a su estudiante.

Iruka y Hiashi aún lloraban al recordar la muerte de esas tres personas muy importantes en sus vidas. Hanabi se había deprimido, perder a sus sobrinos y a su amada hermana era algo que sabía que no superaría nunca.

Toda Konoha estaba triste por la pérdida del Hokage, de esa persona que tanto admiraban y le habían agarrado cariño.


Naruto, es tiempo, te resfriaras si te quedas aquí—habló una voz en su cabeza.

—Dime, kurama ¿por qué se tuvieron que ir y dejarme solo?—preguntó casi en un susurro el rubio. El kyubi simplemente bajó su mirada y negó con la cabeza.

No lo sé, cachorro—dijo con pesar el bijuu. Se sentía tan triste por no poder hacer nada por quién lo ayudó hace tiempo.-Yo aún estoy contigo, siempre estaré contigo_una lágrima se escapó del rubio y sonrió tenuemente.

—Gracias, amigo—


—¡Verás cómo destruyó todo lo que amas, zorro!—exclamó con una sonrisa siniestra el ototsuki. Un barra comenzó a salir de su mano, mientras que con la otra dispersaba el rasenshuriken enviado por el rubio antes.

—No dejaré que dañes a la gente de esta aldea—dijo con un hilo de sangre bajando por su frente. Momoshiki rió abiertamente y luego dirigió la barra antes mencionada directamente al estómago del hokage.

Todo pasó en segundos, sólo alcanzó a ver un cabello azabache delante de él.

—¡Hinata!—gritó y comenzó a correr hacia ella. Vio como la sangre salía del pecho de su esposa y de la nada todo a su al rededor se volvió completamente negro.

Abrió los ojos, su respiración era entrecortada, el corazón le latía muy rápido. Parpadeó confundido ¿en dónde se encontraba?

Naruto ¿estás bien?—preguntó algo preocupado el zorro que se encontraba detrás de él.

—¿Kurama?—preguntó extrañado, sin embargo negó con la cabeza y se puso de pie.—Estoy bien, sólo...fue una pesadilla—respondió con desánimo el rubio.

—Tiempo sin vernos, Naruto, Kurama—ambos mencionados voltearon hacia dicha voz. Ahí frente a ellos se encontraba una de las leyendas más antiguas del mundo.

—Viejo Rikkudou—dijo sorprendido naruto. El mencionado sonrió un poco, al final sí pudo contactar con él.