Lefiya se había levantado.
Tal y como Lili había predicho, los efectos de la resaca eran menores de los que correspondería a una borrachera tan grande, sino ajustado a lo ingerido. Incluso menos para ella, gracias su habilidad "Resistencia Anormal" que también se dejaba reflejar en la ingestión de alcohol, aunque no tanto como pudiera suponerse.
Eso era porque agregaban algo al alcohol. Tenía sentido. Casi todos los consumidores eran aventureros experimentados, muchos de los cuales tenían la misma habilidad, por lo que se aseguraban de tener bebidas que produjeran efectos incluso a ellos.
Había pasado un descanso parcial. Lefiya le había estado dando muchas vueltas a lo descubierto en su cabeza.
El gran secreto del conejo, al final resultaba ser algo tan sencillo como una habilidad especial. Algo que muchos habían teorizado. Era una respuesta sencilla a un hecho fuera de lo común.
Y Lefiya no sabía como tomarse la noticia. Por un lado, Bell no tenía culpa de nada. Ni siquiera sabía que tenía la habilidad. Lefiya lo había llamado tramposo, pero, ¿acaso no tiene cada aventurero sus habilidades y hace uso de ellas?. ¿Qué habilidades son trampa?
Ella sentía que era "trampa" porque era algo que no podía copiar ni alcanzar. Y esa era la parte más complicada del tema. ¿Debía sentirse aliviada porque no era debido a que él se esforzase más que ella o debía deprimirse porque hiciera lo que hiciera, Bell sería inalcanzable?
*- "Yo no soy mala... él es rarito" - se decía a si misma como consuelo.
Que la superaría con creces era ahora casi una profecía inevitable. No pasaría mucho tiempo hasta que Bell alcanzase el Nivel 5. Y en algo más de tiempo, el 6. Unos pocos meses probablemente. Estaría al nivel de Ais.
Esa era la otra revelación que había agitado su sueño. No había más incógnitas. Lo había escuchado de su propia boca. Bell estaba enamorado de Ais. Tampoco es que lo hubiera ocultado muy bien, pero a falta de confirmación, Lefiya podía conservar una pequeña esperanza de que el interés de Bell por ella fuera algo más como admiración o un intento de usarla para su propia mejora.
Pero esa duda se había disipado ya. Sólo era un chico enamorado. Parecía que al final no era más que un joven normal con una habilidad rara y extraordinaria.
¿Cómo podía culpar a Bell por enamorarse de Ais cuando a ella le pasaba lo mismo?
En realidad Bell y ella eran parecidos. Ambos querían la admiración de la chica de ojos dorados. Ambos intentaban progresar tanto como pudieran. La única diferencia realmente notable es que el universo le negaba a Lefiya lo que a Bell le concedía.
¿Era a caso Bell "culpable" de tener suerte?
- ¡Buenos días, Welf!
- Ah... ¡Buenos días, Lefiya!
- ¿Tan temprano trabajando?
- Sí... - dijo el pelirrojo alargando el monosílabo - Supongo que ayer metí la pata a lo grande, ¿eh?... Es... mi forma de pedir perdón al grupo y autoflagelarme. Llevo ya tres horas por aquí... No podía dormir mucho.
- Ya. Ayer todos nos excedimos un poco.
- Por cierto... ¿Qué recuerdas de ayer? - preguntó el pelirrojo para asegurarse.
- Suficiente... Incluyendo dos palabras que Lili no quería que dijeras.
- Ah... Mala suerte para mí. Ahí se va mi última esperanza de que la borrachera hubiera tapado mi error.
- No eres el único que reveló cosas que no quería decir. - dijo la elfa recordando su confesión.
- Bueno... al menos estás en igualdad con todos.
- No estoy tan segura... Vosotros conocíais ya vuestros secretos, ¿verdad? - preguntó la elfa
- Sí. Salvo Bell... supongo que sí. Es difícil mantener ese tipo de secretos en nuestra familia.
- Pues Ais no tiene ni idea. - confesó la elfa.
- No te preocupes. Nosotros no diremos nada.
- Puede que sea vuestra intención. Pero a veces se habla sin querer. - dijo la elfa en una clara referencia al día anterior.
- Eso no te lo puedo negar... Quizás por eso... ¿Quieres un consejo?... Deberías confesarle lo que sientes.
- ¿Eh? ¿A Ais? ¡No! - dijo teniendo un momento de pánico - No... no estoy preparada. - agregó muy turbada
- Nunca se está. - confesó el pelirrojo.
- ¿Y por qué tu no haces lo mismo? Con tu "chica"...- preguntó la elfa
- Ya lo he hecho.
- ¿Eh?
- Sí. No mucho después de entrar a la familia Hestia...
- ¿Y cómo te fue? - preguntó la elfa con curiosidad
- Se convirtió en una especie de apuesta. Le dije que si lograba un hito de herrería que realmente la sorprendiera quería que fuera mía.
- ¡Qué atrevido, señor Welf!
- Sí. Aquel día estaba inspirado. Además, ella quiso rechazarlo con un "no soy una mujer completa", con la excusa, ya sabes... - Welf se apuntó al ojo haciendo referencia al parche de la diosa
- Pero le dije algo como "Na. Esa tontería no logra apagar el fuego que haces arder en mi corazón", o algo así.
Lefiya se sonrojó.
- Creo que yo también me habría doblegado ante esa declaración. - admitió la elfa imaginando por un momento que Ais le dijera algo parecido. Un sueño imposible y casi absurdo conociendo a Ais.
- Si, bueno. Pareció satisfecha con eso, así que la apuesta sigue abierta. Por eso te digo... siempre será mejor que lo oiga de ti a que se entere por terceros. Y en esto estoy seguro que te puedes adelantar a Bell. Él no tiene intención de proponerse a Ais hasta tener su mismo nivel. Y aún así, no estoy muy seguro si lo hará.
- ¿Por qué me animas a mí? - preguntó Lefiya extrañada - ¿No se supone que deberías hacer eso con Bell que es de tu familia?
- ¿Crees que no lo he hecho? Y... quizás sea un romántico empedernido, pero creo en el amor y el destino. Si tú te propones a Ais y ella te acepta, entonces eso significará que Bell no estaba destinado a estar con Ais. Y viceversa. Así que al final no importará quien le pida primero...
- ¿No tuviste miedo cuando se lo propusiste?
- En realidad... las dudas las tuve al empezar. Una vez le dije que quería que fuera mía... todo el miedo desapareció. Tenía más miedo a decirlo que a las consecuencias, supongo. Claro que a mí no me salió mal. Si me hubiera rechazado de forma rotunda supongo que habría estado lamentándome una buena temporada. Pero incluso así, supongo que es mejor. Si nos van a rechazar, cuanto antes es mejor, ¿no crees? Eso significa que nuestro amor está en otra parte.
- ¿No crees que importa cuando y como se haga? ¿Que la situación cambia las oportunidades?
- ¿Inmediatas? Seguro. ¿A largo plazo? No lo creo... pero es una opinión personal... . Pero... ¿realmente crees que a Ais le importan los niveles de un aventurero cuando se trata de romanticismo?
Era una pregunta que Lefiya había estando esquivando en su cabeza. ¿A qué esperaba para confesar sus sentimientos por Ais? En realidad, no era otra cosa que miedo al rechazo. Quería esperar al momento perfecto. ¿Sería cuando pudiera protegerla? ¿O eso era sólo una excusa para no tener que atreverse?
- No lo se... Eso es lo malo. - reconoció Lefiya - He pasado mucho tiempo con ella, pero no veo que Ais tenga interés romántico por nada. La única persona que he visto por la que ha mostrado algo de interés adicional ha sido Bell.
- Si realmente Bell y Ais están destinados a estar juntos... entonces seguir obsesionándote con Ais sólo te hará sufrir.
- Espera... No estarás sugiriendo que me rinda ¿verdad? Porque... - dijo Lefiya algo indignada
- No. Lo que te sugiero es que lo intentes y aceptes el resultado, sea el que sea. Pero bueno... No soy quien para dar lecciones, supongo. En fin... ya vale de hablar de temas incómodos... ¡Tengo una sorpresa para ti!
- ¿Para mí? - dijo extrañada Lefiya
- ¡Préstame tu vara! - dijo Welf
Algo extrañada le prestó la varita al herrero. Este cogió una pieza de metal, que como una pinza gigante se cerró sobre su vara. Era una pieza diseñada para la sujeción, pues tenía una forma ondulada justo para colocar los dedos y mejorar el agarre.
- ¿Un mango?
- ¿Qué te parece?
- Eh. ¡Gracias!... supongo.
- ¿No te gusta? Se puede quitar y poner fácilmente así que...
- Es que... verás... Para un novato puede ayudar a cogerla mejor, pero hay hechizos que...
La elfa le enseñó. Cogió la vara y la hizo girar como un eje. Ella, ya con la maestría de varios años, hacía girar la vara sin problemas dando vueltas con la mano. Pero claro, ahí un mango entorpecía ese movimiento.
- Oh... Ya veo. Perdona... es mi ignorancia sobre magia. Como ves, trabajo el metal. Las varas de madera quedan fuera de mi área de conocimiento.
- Te agradezco el detalle.
- En fin... Entonces tendrás que usar mi siguiente pieza con más cuidado. - insistió Welf
- ¿Otra?
Welf mostró a Lefiya algo que parecía el arma de un asesino. Una media luna, con varias puntas, como si fueran puñales acoplados a una pieza semicircular.
Pero en lugar de estar cerrada y tener un mango, tenía dos piezas de agarre similar a la otra pieza de antes.
Welf acompló esa media luna, dejando clara su función.
- ¡Oh! Protección de corto alcance.
- ¡Claro! Es como agarrar dos armas en una. Si apuntas la usas como vara mágica, pero con el añadido central, puedes usarla como arma de ataque en horizontal - dijo el pelirrojo gesticulando con la vara de Lefiya con su nuevo añadido. - La parte mala es que debes cogerla bien o podrías dañarte a ti misma por error. Por eso pensé en el mango.
El concepto, por supuesto, no era nuevo. No era raro que los magos de combate, versátiles hechiceros que podían actuar en la vanguardia tanto con armas convencionales como con hechizos, usaran varas que tenían una posición concreta de sujeción, pues incluían elementos laterales punzantes. Pero no era usual verlo como un sistema acoplable.
La idea no le desagradó a Lefiya. Su arma tenía una especial conexión con ella, de ahí que no pudiera simplemente dejarla aparte por una vara genérica. Pero el añadido sin embargo, era una idea con la que había empezado a coquetear tras las luchas en Knossos, donde se había visto obligada a hacer uso de sus capacidades de combate con espada que distaban mucho de estar pulidas.
- Y el último añadido. - agregó Welf
Esta vez, la pieza de agarre era una especie de cilindro al final de la vara. Pero Welf la giró, y apareció una punta de lanza.
- Usando la parte de atrás, es una lanza. ¡Tres en uno!
- ¡Vaya! ¡Creo que este último le encantará a Finn!
- Bueno... Considéralo pruebas de concepto. Con el tiempo y materiales que he tenido, las piezas son feas y poco resistentes. Pero si la idea te convence, estaré encantando de hacer unas nuevas mucho mejor acabadas una vez regresemos.
- ¡Vaya! ¡Gracias!... pero... esto... ¿ha cambio de qué? - preguntó Lefiya confusa
- ¿Eh? ¡A cambio de nada! Aunque seas un miembro temporal, eres parte de nuestro grupo ahora. ¡Y yo me ocupo de las armas! Es para mí un honor ocuparme de ellas... ¡Me sentiría ofendido si no me dejaras!
- ¡Muchas gracias! - repitió ella con una reverencia
- Vamos, vamos... No hay necesidad de ser tan formal. Somos compañeros.
Para Lefiya esta era una experiencia extraña. Había entrado a este grupo de los peores modos, agrediendo a uno de ellos. Y sin embargo, la habían acogido con los brazos abiertos y la trataban como a una más en todos los aspectos, incluyendo los malos como los chismorreos.
Lefiya había trabajado más veces con otras familias y el sentimiento era diferente, como el de un comprador y un vendedor o un invitado y un anfitrión. Cordialidad, buen trato... pero una distancia de ausencia de confianza.
Quizás es que esta era la familia Hestia. ¿Acaso no era Hestia la diosa del hogar? Quizás era un rasgo de esa familia, característico de su propia diosa, que intentaba siempre crear un hogar dentro de los que entraban a su círculo. Incluso si era una extraña como ella.
Lefiya y Welf vieron como dos individuos se acercaban a su puesto. Un aventurero con claras carencias de protección, pues su traje tenía protección mínima, y una maga joven y bajita, quizás era una mediana, pero que llevaba una vestimenta más llamativa de lo habitual, con un gorro de maga que recordaba más a los gorros de los Hobbit pero a tamaño normal.
- ¡No puedo creer que vayas a hacerlo! - protestó la maga a su compañero, que la ignoró por completo
Welf, al ver que el joven iba a dirigirse a él, señaló un cartel que había colocado ahí.
SERVICIOS DE HERRERÍA. SÓLO SERVICIOS CONVENCIONALES DE REPARACIÓN Y COMPRAVENTA. NO PREGUNTE POR ESPADAS MÁGICAS.
- El herrero, supongo. - preguntó el aventurero
- ¿Qué se le ofrece?
El aventurero mostró su espada. Era una especia de katana de reducido tamaño.
- ¿Podría cambiarle el nombre? - dijo señalando al mango de su espada.
- Que petición más inusual... - comentó Welf - Chunchunmaru... - leyó en el mango - Es original. - dijo el pelirrojo con tono sincero
- ¿Verdad que sí? - dijo la maga - ¡No tiene nada de malo!
- ¿Y a qué quieres cambiarlo? - preguntó Welf
- Cualquier cosa valdrá. - respondió el aventurero. Y luego murmuró en voz baja - No puede ser peor que eso.
- Será un momento. - dijo Welf
El aventurero y la maga comenzaron a insultarse.
- ¡No puedo creer que lo estés haciendo de verdad! ¡Lolimancer! ¡Robabragas! ¡Mal amigo!
- ¡Cállate, loca de las explosiones! ¡Esto es culpa tuya!
- ¡Ok! ¡Ya está! - respondió Welf.
- Ushiwakamaru II - leyó el aventurero
- Oh... ¡Me gusta! - dijo la maga
Welf guiñó un ojo y levantó el pulgar. La maga respondió alegre sonriendo y levantando el suyo.
- Ushiwakamaru ya estaba usado y nunca repito nombres, lo siento. Pero dado que me has dejado nombrarla, ¡el servicio es gratis!
El aventurero miró a Welf con mirada asesina.
- Jizz... Es casi tan malo como el de antes... pero más largo. - susurró malhumorado mientras se iba.
- ¡Buenos días! - dijo Mikoto acompañada de Lili
Welf miró de reojo a Lili, y al ver su mirada de furia volvió a mirar sus herramientas y seguir como si nada.
- ¿Llevas mucho tiempo trabajando ya, Welf? - preguntó la mediana
- Algo más de dos horas.
Lili aspiró y respiró fuerte un par de veces y estiró sus brazos y espalda.
- En fin... Nuevo día... nuevo espíritu. ¡A hacer caja!
- ¡Hola! - apareció un aventurero - ¿Tienes ya mi arma?
- Sí. Aquí está.
El aventurero comprobó el arma
- ¡Está genial! ¡Gracias! - dijo dando unas monedas
Lili comprobó el pago
- ¿Mil valis? ¡Mil valis! - dijo Lili en voz alta
- ¿Me he pasado cobrando? - dijo Welf
- ¡ES POQUÍSIMO! ¡Esto es Rivira, Welf, no Orario!
- ¿Ya gritándome, Lili? ¡No has tardado ni un minuto! ¡Es un simple afilado! ¡Incluso he duplicado el precio!
- ¡Aquí se agrega un cero a las cifras! ¡Déjame las ventas a mí!
El pelirrojo suspiró y se retiró a la fragua
- ¿Ya discutiendo, chicos?
- ¡Bell! ¡Buenos días! ¿Qué tal anoche?
- Horrible... ¡Creo que no voy a volver a tomar vino soma en mi vida! Llegué a alucinar... Soñé con un queso que me daba la habilidad de crecer o algo así y vosotros lo escondíais... ¡Es la pesadilla más rara que he tenido jamás!
El grupo intercambió miradas incómodas
- Esas cosas pasan cuando uno se excede con el alcohol, master Bell.
- Ya... Creo que me fié demasiado de mi habilidad. ¿No se suponía que con mi resistencia anormal y mi nivel debería aguantar mejor?
- ¡Culpa mía! - dijo Welf levantando la mano - ¿Recuerdas el vaso de vino que Lili no quería tomar? Acabó en tu primera cerveza. Tomaste ración doble. ¡Ahórrate el bufido, Lili!
Lili bufó a pesar de todo. Pero por otra parte, esto había sido una oportunidad porque Bell no recordaba la revelación de Welf. Pero quedaba un cabo suelto.
- Lefiya... ¿Podemos hablar un segundo? - dijo la mediana
- ¿Ok?
Lili se llevó a Lefiya un poco lejos
- ¿Qué recuerdas de anoche?
- Liaris Freese - dijo la elfa sin rodeos
- Ok... Mira... Hemos tenido suerte que Bell no se ha enterado... pero eso se irá al traste si te vas de la lengua. ¿Puedo confiar en que no dirás nada?
- Ah... Bueno...
- No me querrás como enemiga... ¿verdad? - dijo con una mirada amenazante
La verdad es que la mediana podía ser intimidante cuando quería.
- ¡No! No... Soy vuestra invitada... y... ¡por supuesto que lo intentaré! Ese no es el problema... Lo cierto es que... no soy buena guardando secretos.
- ¡Maldición! Otro Bell...
- ¿Otro Bell?
- ¿Por qué crees que no se lo decimos a Bell? ¡No sabe guardar secretos!
- Bueno. No creo que nadie me pregunte por eso. El problema es Loki... Tiene una facultad extraordinaria para sacar a la luz los secretos de los demás... especialmente de mí.
- ¡Mierda!... Piensa, Lili, piensa - se dijo la mediana a sí misma - ¿Loki sabe guardar sus propios secretos?
- Casi tan bien como conocer los de los demás.
- Entonces tendrás que ir al ataque. Dile que quieres contarle un secreto, pero que necesitas que ella lo mantenga en secreto también. Así hay más posibilidades de que acepte que pedírselo una vez que te haya soltado la lengua.
- ¿Ok?
- Esperemos que esto no se nos vaya de las manos... ¡HEY!
Lili saltó en cuanto vio a un cliente que iba a negociar con Welf.
Una negociación más tarde...
- ¿Lo veis? Siempre se puede alcanzar un acuerdo entre ambas partes sin tener que regalarle nada.
- ¡Le has cambiado una protección de oricalco por otra de acero! - dijo Welf que aún no se creía que el aventurero hubiera aceptado un acuerdo tan malo
- Es un buen trato. Él no se queda sin protección, y nosotros le hacemos un descuento en la reparación de la espada.
- ¿Llamas cinco mil valis a un descuento?
- Si no le hubiera interesado, podría haberse ido a la competencia. - dijo con una sonrisa codiciosa - Y su protección está rota, así que ya sabes lo que te toca... Tiene que estar en perfecto estado para revenderlo.
Welf suspiró
- Habrás dejado de robar... pero sigues teniendo una capacidad extraordinaria para desplumar a los aventureros.
- La venganza se sirve en plato frío... - respondió Lili con sonrisa maligna
- Ok... - dijo Bell algo incómodo - ¿Qué hacemos Mikoto y yo? ¿Necesitáis madera para la fragua o algo...?
- Coge este escudo, Bell.
- ¿Eh?
- Necesitamos algo de espectáculo, para atraer público. Que Mikoto ataque y tú te defiendes con el escudo. El ruido de las armas siempre atrae a las masas.
- ¿No deberían huir? - preguntó Mikoto
- No si son aventureros.
Mikoto y Bell no se lo estaban tomando en serio. Tenía sentido, ya que sólo lo hacían para atraer a gente a ver que pasaba.
- ¡Armas! ¡Pociones! ¡Servicios de reparación! ¡Observen la calidad de nuestras armas en vivo! - gritaba Lili cada cierto rato
Lefiya los observaba. Obviamente no se esforzaban. Luego miró su nueva vara con elementos de ataque. ¿Qué tal serían en ese tipo de lucha uno contra otro?
Seguro que Bell sería mucho mejor... ¿pero cuanto más? ¿Tanto que no lograría ni un sólo impacto?
- Mi katana empieza a mellarse - se quejó Mikoto
- ¿Podría sustituirte? - preguntó Lefiya - Aún no he probado los añadidos de Welf.
- Claro... Así Welf me afila la katana.
Lefiya y Mikoto intercambiaron posiciones
- ¿Preparado, Bell?
*CLANK*CLANK*CLANK*CLANK*
- Uo, uo... - apenas pudo decir la mediana - Chicos... ¡Chicos! Ya sabemos que sois nivel cuatro, pero... ¿es necesario tomárselo tan en serio?
- No pasa nada, Lili... Voy bien. - comentó Bell
*- ¿Vas bien? ¡Ahora verás! - pensó Lefiya y aceleró pero sin repercusiones para Bell
- ¿Qué está pasando ahí? - dijeron algunos aventureros que estaban extrañados por la seriedad de los golpes de armas. Y la gente comenzó a acudir.
- Olvidad lo que he dicho. - comentó Lili encantada de sus potenciales nuevos clientes
- Lefiya... Un momento. - pidió Bell. La elfa se paró
- Tus golpes son rápidos, pero no son adecuados para ese arma. - dijo Bell con la mejor intención, aunque Lefiya se sintió algo molesta que él adoptara naturalmente el papel de maestro. ¡Él no era Ais!
- Intenta golpear en finta a esta altura. Cuenta con la distancia corta del arma. Así - dijo gesticulando con su daga
- ¿Así? - preguntó ella imitando
- Sí.
*CLANK*CLANK*CLANK*CLANK*
La elfa no esperó ni un segundo, pero el conejo reaccionó de inmediato y ni se quejó. ¿Tan grande era su diferencia?
- Son buenos. - dijo alguien del público
- Nivel cuatro o cinco, probablemente. - contestó su acompañante
Que la consideraran cercana al nivel cinco era algo que la alegraba. Significaba que a pesar de su reducida práctica con armas físicas de corto alcance, era buena para su nivel. ¿Pero qué demonios era entonces Bell? ¿Ya estaba bordeando el nivel 5? ¡Ni siquiera lograba rozarle!
Tenía la sensación de que él ya la había superado, igual que cuando intentaba atacarlo con magia en el entrenamiento con Aiz... pero algo dentro de ella no se rendía.
¿Por qué? No lo sabía. ¿Qué sentido tenía? Incluso si eso no había ocurrido, ocurriría más pronto que tarde. Con esa habilidad excepcional era inevitable que pasara.
Eventualmente el chico la dejaría atrás. Muy atrás. ¡Pero hoy no! Mientras fuera capaz, ¡lucharía contra el conejo hasta su último aliento y se mantendría como su rival! Aunque fuera sólo hasta que él subiera de nivel. ¡Sólo intentaba lograr atacarlo con éxito una vez! Como cuando iniciaron el entrenamiento con Aiz. Un simple corte sería suficiente. Le diría que aún la brecha era pequeña. No quería nada más.
¿Orgullo? ¿Desesperación? ¿Incapacidad de aceptar la realidad? Fuera lo que fuera, algo dentro de ella crecía.
*- No me quedaré atrás. ¡No me quedaré atrás! - se repetía desde su mente hasta lo más profundo de su alma.
Lefiya se cansó de no poder tocar a Bell y decidió cambiar de la media luna a la lanza.
De nuevo, Bell no se quejó, pero debido a los diferentes movimientos, dejó de bloquear con el escudo y comenzó a esquivar la lanza.
Lefiya intentó reproducir lo que Finn enseñaba a todas las tropas sobre este tipo de arma. A perspectiva del mediano sería un entrenamiento básico, lo mínimo para la supervivencia, que todos, incluso los magos debían conocer. Pero a ojos de otros aventureros fuera de la familia Loki era algo más que decente.
Aún así, no servía de nada. Lefiya hacía golpes que serían mortales contra aventureros de nivel 3 y pondría aprietos a otros de su mismo nivel. Pero con Bell, ella sólo lograba cortar el aire.
- ¡Hey! ¡Parad vosotros dos! - dijo Lili - Sin ruidos no hay clientes.
- Ya, Lili... Es que protegerse contra una lanza con este escudo - dijo mostrando la pequeña rodela - no es lo más práctico. Podría deslizarse y golpearme.
- Ok... Prueba con este que me acaban de dejar.
El escudo era grande y pesado, propio de los tanques, como hombres fornidos o enanos que solían proteger las vanguardias de los equipos grandes.
- Es muy pesado. - se quejó Bell
- Precísamente. Eso dará una ventaja a Lefiya para atacarte.
La elfa sonrió.
Ambos jóvenes jadeaban de cansancio. Para el peliblanco, el escudo era una carga muy pesada de levantar. La elfa sin embargo se había agotado a base de golpear el escudo intentando encontrar un hueco para rozar a Bell.
El público había comenzado a perder el interés.
- Con ese escudo no puede tocarlo. - comentaban alrededor
Lili miraba con preocupación como el público iba desapareciendo, pero su cara cambió de repente.
- Esperad un momento.
Lili retiró un adorno que tenía el escudo en la zona central y colocó allí un cristal de los que tanto abundaban en la planta dieciocho.
- ¿Qué haces, Lili? - preguntó Bell
- Proponeros un juego para hacerlo más interesante. ¿Que tal una apuesta? Esta noche invito yo a un plato especial al ganador. Si Lefiya logra romper el cristal en el centro del escudo, gana. Si usted, Master Bell, logra evitar que lo haga moviéndolo durante cinco minutos, gana usted.
- ¿Ok? - dijo extrañado Bell. *- ¿Lili invitando? ¿Qué está pasando?
Lefiya se lo tomó diferente. Ganar a Bell... Sentir que aún no la había dejado atrás... Una sonrisa se formó en su cara.
- ¡HAGAN SUS APUESTAS! ¿Podrá la elfa romper el cristal? ¿El conejo será demasiado rápido? ¡Apuesten ahora y ganen! La banca se quedará sólo con el 10%.
- ¡Lili! - protestó Bell
Lefiya había perdido... otra vez.
Aún así... la llama dentro de ella le decía que volviera a intentarlo. No podría quedarse atrás... ¡NO!
- El chico es demasiado rápido. - decía alguien del público
Las apuestas se estaban volviendo demasiado desbalanceadas a favor de Bell.
- Nueva regla, Master Bell. Usted cargará también con la mochila de Lili. Cada vez que gane, le cargaré un par de piedras pesadas en ella.
- ¡ ¿ Eh ? ! ¡Y eso por qué!
- Vamos, Master Bell. Si usted gana significa que es más rápido que Lefiya, ¿no es cierto? ¿Qué MERITO tiene esta competición entonces? Aumentando la dificultad el juego se hace interesante... ¡y las apuestas tendrán más sentido! Pero no se preocupe. Si pierde, haremos lo contrario.
- ¿Realmente tenemos que ganar dinero así? - protestó Bell lastimeramente
- ¿Por qué no? La tienda y las apuestas se complementan entre sí... ¡Vamos, vamos! Cada uno tenemos nuestro papel. ¡Mikoto! ¡Ayúdale a cargar la mochila!
Con un gemido de agotamiento, Bell cargó la mochila de piedras
Lili había tenido un gran acierto visto desde el punto de vista de equilibrar los resultados del juego. Gracias a la sobrecarga de Bell el juego entre la elfa y él se mantenía equilibrado para regocijo de Lefiya.
En el fondo, la elfa sabía que era una tontería. Esto era sólo un juego. En las batallas reales Bell no cargaría con ningún estúpido lastre ni un escudo inservible para él.
Era tan absurdo como ganar a una carrera a Ottar, obligando al Rey a tirar de cincuenta carros a la vez. Claro... así todo el mundo puede competir contra otro y tener la posibilidad de ganar. ¿Qué significaba eso? Nada.
¿Por qué la regocijaba entonces ganar a Bell?
Quizás se había repetido tanto a sí misma que el conejo era su archienemigo que su subconsciente había llegado a creérselo, y ahora ya daba igual cuan estúpida fuera la competición. Ganar a Bell la hacía sentir bien.
Por el lado bueno al menos no había duda de que aquel juego les obligaba a esforzarse. Sería un buen entrenamiento. ¿Volvería a tener una subida anormal de puntos o esta vez sería más convencional? Lefiya tendría que esperar para saberlo.
- Ok... chicos... Se está haciendo tarde. Tenemos que comer en un rato. Esta tarde tenemos trabajo. ¿Que tal un baño y cambio de ropa? - dijo la mediana que no tenía problemas en decir lo que pensaba.
Y es que el esfuerzo físico de los jóvenes había creado un aura de olores a su alrededor.
- ¡Claro!
- Esto... - la elfa acababa de darse cuenta. Estaba en el laberinto sin nada de preparación - Mikoto... ¿podrías prestarme algo?
- Oh... Lo siento pero sólo he traído una muda y ya me he cambiado. La otra está húmeda.
Lefiya suspiró. No era tan raro que los aventureros tuvieran que dejar su higiene para mejores momentos en el fragor de la batalla, pero era algo que pasaba para todos. Era vergonzoso ser la única persona en esa situación.
- Puedes usar una de las mías - dijo Bell - Siempre traigo varias.
- Master Bell suda demasiado - expuso Lili para vergüenza del conejo.
- ¡Eso es porque me esfuerzo! - replicó él avergonzado
Un baño después...
Lefiya se ponía su ropa otra vez, salvo la camiseta. Era sin duda la parte más sudada. La camiseta de Bell le quedaba grande pero no tanto como para ser incómodo y al ponerse su chaqueta encima quedaba aceptable.
Entonces algo le llamó la atención.
* Snif * Snif *
La elfa inspiró varias veces con fuerza. ¿Qué era ese olor tan... especial? Era... ¡Era el olor de Ais! Entremezclado con otro, claro. Obviamente esta era la camiseta de Bell... ¡Pero había un toque especial! ¡Tenía que ser Ais!
* SNIIIIIIIIIF *
¿Por qué estaba el olor de Ais en esa camiseta? ¡Ese olor hacía que el corazón se le acelerara!
La elfa comenzó a imaginar... ¿Y si Bell se la había prestado antes en una situación parecida? Ellos habían entrenado juntos. Podía ser.
En su mente comenzó la recreación de una escena donde Ais llevaba la camiseta que ahora llevaba ella. ¡Era un intercambio de ropa indirecta con Ais!
- ¿Lista? - preguntó Lili
- Sí... Vamos a comer... Oye, Bell... ¿Es posible que le hayas prestado esta camiseta a Ais antes?
- No... ¿Por qué?
- ¿Estás... totalmente seguro?
- Creo que sí. Jamás le he prestado ropa que recuerde.
Lefiya volvió a pensarlo mejor. Es cierto que no tenía mucho sentido. Bell aún no estaba en situación de hacer sudar a Ais. ¿Entonces como podría haber acabado el olor de la princesa allí?
Otra escena apareció en su imaginación. En esta, Bell estaba descansando en el regazo de Ais tras un fuerte golpe.
Ahí estaría el contacto entre Ais y Bell. Parecía más probable y sintió algo de enojo.
*- ¡Suertudo conejo!
Pero... ¿Y si no era así? ¿Y si...?
Disimuladamente, Lefiya se acercó a Bell por detrás. Por suerte, el conejo iba atrás en el grupo, sólo por delante de la elfa.
* Snif *
*- Demasiado lejos. No le huelo. - pensó
Se acercó un poco más
* Sniiif *
*- Maldición... No llego... Un poco más cerca.
* SNIIIIF * SNIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIF *
*- ¡No puede ser! ¿ ¡ ESTE ES SU OLOR ! ?
* SNIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIF *
- ¡Lefiya-san! ¡¿ Qué estás haciendo ?! - dijo Bell alarmado
El resto del grupo se dio la vuelta.
Lefiya estaba tan cerca de Bell que parecía un vampiro que quería morder en el cuello a Bell.
- ¡LO SABÍA! ¡Suelta a Master Bell, Tsundere! - gritó Lili
- ¿Eh? ¡No! ¡NO! No es lo que parece. ¡Sólo quería oler a Bell! - respondió roja como un tomate
- ¡ ¿ Eh ? !
- ¡No! ¡Eso suena mal! ¡Quiero decir! ¡Hay un olor raro en la camiseta! ¡Sólo quería saber...! - dijo avergonzada... - ¡ES CULPA TUYA! - trató de encubrir su situación culpando al peliblanco.
- ¡ ¿ YOOOOOOO ? ! ¡No he hecho nada!
- ¿Por qué tienes este olor, maldito conejo? ¡Confiesa! - dijo Lefiya levantando la vara por el lado mágico, amenazando con un golpe seco a la cabeza
- ¡UAAAAAA! - gritó Bell... y salió huyendo por puro instinto, con la elfa detrás.
- Empiezo a pensar que Lili tenía razón - comentó el herrero
Unos minutos más tarde, la elfa había sacado a la luz la "confesión" del conejo. En efecto, la princesa de la espada le había dado alguna que otra caricia en su regazo como compensación por dejarlo fuera de combate.
La elfa aceptó esto oficialmente y la paz regresó al grupo, pero en el fondo ella sabía que no era por eso que su camiseta oliera así.
Había olido su cuello y ese olor estaba ahí. ¡Era el olor de Bell! ¿Por qué el olor de Bell y Ais tenían que ser tan parecidos?
¿Por qué su enemigo tenía que tener un olor tan atractivo? ¡Tenía ganas de recostarse en su cuello y dormirse respirando ese olor! ¡Era una imagen horripilante!
- Lefiya-san. ¿Qué opinas de los Xenos? - preguntó Welf sacando a la elfa de sus pensamientos
- Eh. Oh... No sabría que decirte.
- Si te toparas con uno... ¿Qué harías?
- Ponerme en guardia por si acaso... supongo.
- ¿Y si no hubiera ningún peligro?
- Eh... No se... ¿Hablar con él? Tuvimos una sirena Xenos en la Mansión cuando lo de Knossos se complicó. Fue ¿interesante?
- Me alegro que lo veas así - dijo Lili - Porque esta tarde vamos a tener un pequeño encuentro con ellos. Espero que eso no te suponga un problema.
La elfa negó con la cabeza.
Esta mini-expedición se estaba convirtiendo en toda una experiencia para la chica de la familia Loki.
- Apenas se ve nada - se quejó la elfa
El grupo había descendido ya un par de niveles, se habían desviado de la ruta a un túnel de roca que tuvieron que abrir ellos mismos por fuerza bruta.
El camino de roca no tenía nada luminiscente como solía ser en el resto de la mazmorra por lo que ahora les rodeaba la oscuridad.
- ¿No tienes una antorcha, Lili?
- Aún se ve suficiente.
- Pues seréis vosotros, porque yo...
- ROOOOOOOOOOAAAAAAAR
El gruñido aterrador de un hombre lagarto cortaron las palabras de Lefiya.
- ¡Ah!
Por puro reflejo entrenado, la elfa se protegió con su arma.
Unos amenazantes ojos rojos estaban delante de ella, a un par de palmos, pero no atacaba.
Y se hizo la luz. Un buen número de antorchas se encendieron casi a la vez. ¡Estaban rodeados de monstruos!
La punta de lanza de la vara estaba apenas de un par de centímetros del ojo del lagarto.
- Eso estuvo cerca. - dijo el lagarto. Y con un dedo de la garra, muy lentamente, fue apartando la punta hacia un lado.
- ¿Eh? - salió de la boca de la elfa
- ¡Estas bromas te van a dar un disgusto algún día, Lyd! - dijo un goblin
- ¡Es la novatada! Es una tradición. ¡Bienvenida a nuestra humilde morada! - dijo el monstruo dirigiéndose a la elfa - ¡Mi nombre es Lyd!
El hombre lagarto le ofreció su mano... O garra más bien. La pobre elfa no sabía que hacer. No era como la sirena que había estado en la casa de la familia Loki, que a pesar de su cuerpo de monstruo, tenía unos rasgos sorprendentemente humanos y femeninos.
Este hombre lagarto, sin coraza y si no hablara, no podría diferenciarlo de cualquier otro. Sus garras y dientes eran aterradores. Y aún así, su actitud no podía ser más familiar.
Conteniendo su miedo instintivo, disimuló con una sonrisa forzada y le dio la mano.
- Lefiya Viridis. Encan... ¿tada?
El resto de Xenos estalló en júbilo ante la declaración de la elfa.
- Así que un nuevo miembro, ¿eh Bell-chi? - bromeó el lagarto
- ¿Bell ... - chi? - sonaba tan raro una forma de nombrar tan familiar
- Bell-chi y yo somos grandes amigos... pero no te pongas celosa, Lefiya-tan. ¡Estoy seguro que también nos llevaremos genial!
- ¿Lefiya... tan? - dijo sorprendida por su propia referencia
- No le hagas mucho caso, Lefiya-san.
- ¡Ray! - gritó la elfa alegre al ver al menos una cara conocida entre toda una muchedumbre
- Es un honor devolverte la hospitalidad de tu familia.
- ¡Ahora contamos también con el apoyo de la familia Loki! - gritó Lyd con convicción a todos los monstruos que los rodeaban
- Eeeeeeeh - un grito de triunfo retornó en la caverna
*- No soy una embajadora, sino más bien un polizón. - pensó la elfa. Pero no quería decirlo en voz alta, por si acaso.
- ¡BEEEEEEEELL! - gritó una voz aguda. Una voivre de aspecto infantil salió corriendo de una tienda de campaña y se dirigió a Bell como una niña pequeña a los brazos de su padre.
- ¡Wiene!
La familia Hestia se encontraba como en casa.
Welf había sido sorprendido con OTRA forja, para celebración del herrero y desesperación de Lili. Por lo visto los Xenos querían aprender lo más que pudieran de herrería en vez de vivir de rebuscar en los restos que dejaban los aventureros por ahí o robar material, que obviamente no iba a dejar una buena impresión.
Lili sin embargo, estaba centrada en venderles productos. Sí. También a los Xenos. Por lo visto, quería volverse su comerciante ambulante particular. Uno exclusivo por lo visto.
Y los Xenos aceptaban encantados. Además, preparaban comida y cantaban. Era extraño para Lefiya encontrar el ambiente de un mesón de Orario en medio del calabozo, donde los protagonistas eran monstruos.
Mikoto se estaba relajando hablando con algunos de ellos. Era fácil observar que esto no era nuevo para ella y se veía relajada.
Bell mostraba incluso una cara más tierna, pues actuaba con la voivre como un hermano mayor.
- Tenéis que traer a Haruhime - pidió la "niña" azul haciendo pucheros
- La próxima vez. - contestó Bell con tono tierno
- ¿Y Hestia?
- Ya sabes que los dioses no pueden entrar al laberinto.
- No me gusta esa regla.- dijo expresando su frustración - ¿Cuando podré volver a verla?
- No lo sé... Cuando podáis subir, supongo.
- Esperemos que pueda ser la próxima Monsterphilia. - dijo Fels
Fels era un tipo encapuchado, así que Lefiya no sabría decir cual era su naturaleza.
- ¿Habéis valorado mi plan B? - comentó Lili
- Sí. Ouranos está considerándolo.
- ¿De qué están hablando? - preguntó Lefiya a Bell
- Oh... Los Xenos quieren ascender a la superficie.
- ¿Eh?
- Es nuestro sueño. Ver el sol. - dijo el hombre lagarto
- Surcar libre un cielo infinito - dijo la sirena
- ¡Tumbarme al sol otra vez! - dijo la chiquilla azul - ¡La próxima vez, desnuda!
- ¡Jejeje!... Al menos tendrás que ponerte traje de baño. - comentó Bell acariciando su cabeza
- Ouranos está negociando bilateralmente con las familias más fuertes intentando conseguir su aprobación. Teniendo en cuenta que los Xenos han salvado Orario, hay esperanzas de que escuchen. - Comentó el encapuchado. - Cuando suficientes familias acepten, hará pública su existencia y su solicitud para poder vivir en la superficie.
- Creo que es demasiado optimista pensar que las familias de Orario admitirán eso... Por eso les he sugerido una alternativa. - dijo Lili
- La planta dieciocho. - comentó Bell
- ¿El resort subterráneo? Les verán seguro. - respondió Lefiya
- Precisamente. - dijo Lili - Una vez reconocida su existencia, no ganan nada escondiéndose. Pero la planta es suficientemente grande para poder compartirla incluso sin necesidad de interactuar. Los aventureros verán a los Xenos a plena vista y así no los temerán tanto. Se acostumbrarán a su presencia y quizás haya más suerte para la próxima solicitud.
- Y tú harás negocios con ellos más fácilmente. ¿Verdad que tienes eso en mente? - comentó Welf
- ¿Qué hay de malo? - dijo la mediana sin negarlo - El comercio proporciona ganancias para todas las partes. ¡Jejeje!
Lili miraba con ojos codiciosos la enorme caja llena de garras cortadas, plumas, mudas de piel y otros restos biológicos de Xenos que naturalmente iban perdiendo y acumulaban para comerciar. ¡Items a bajo precio!
- ¡Ciudad Xenos! - comentó Lyd - Me gusta la idea. Será agradable asentarse por un tiempo en lugar de estar moviéndonos por el laberinto.
- Preferiría volar por el cielo - comentó Ray
- Y yo ver el sol. - replicó el lagarto - Pero sigue siendo una mejora.
- Os encantará esa planta. Es muy luminosa y bonita. - comentó Lefiya
- Lo sabemos. - comentó la sirena - Todos hemos dado algún paseo por allí. Pero tenemos que estar ocultándonos.
- Va a ser todo lo contrario. - comentó el goblin -. ¡Mira esto, Lili!
El goblin se subió a unas cajas y estiró un traje hasta el suelo. Era algo intermedio entre un manto y una coraza. Era de un color violeta chillón con unas X dibujadas en el centro.
- ¿Te referías a algo como esto? - preguntó el monstruo
- ¡Sí! ¡Exactamente así!
- ¿Qué es? - preguntó la elfa
- ¡Un traje Xenos! Puedes considerarlo algo parecido a un uniforme de familia. - explicó Lili
- La idea es que cuando nos vean, sepan a simple vista que somos Xenos. - comentó el goblin
- Distinguir entre monstruos regulares y Xenos es clave para evitar conflictos futuros. - agregó otro de los monstruos. - Especialmente con nuestros hermanos que no pueden hablar. - dijo mientras posó su mano sobre un HellHound de su grupo
La pequeña niña azul fue a coger uno y volvió con él puesto.
- ¿Que tal me queda, Bell? ¿Te gusta?
- Estás muy guapa con él, Wiene.
La niña rió feliz.
Al ver su cara, era fácil olvidar que era un monstruo. Lefiya sonrió.
- Así que tú eres la voivre de la que tanto he oído hablar. - le dijo lefiya
Ella sonrió, pero a los pocos segundos abrió los ojos de par en par.
- ¡Bell! ¡Bell! ¡Tengo una nueva amiga! ¡Ella es como yo! - gritó la chiquilla
- ¿Eh? ¿Otra voivre?
- Fils... - dijo Lyd - No queríamos deciros nada con este jaleo. Apareció hace dos días. Aún tiene miedo y fuertes pesadillas. - dijo señalando a una tienda de campaña -. Sería mejor no molestarla, Wiene.
- ¡Pero tiene que conocer a Bell! ¡Vamos! ¡Vamos! - dijo tirando del peliblanco
- ¿Seguro que estará bien? - preguntó Bell
- Supongo que ahora ya no podemos evitarlo... - comentó Lyd - Pero poco a poco, ¿eh Wiene?. No queremos que se asuste.
La chica azul arrastró a Bell hasta quedar a unas pocas zancadas de la tienda. El resto se acercaron a Bell expectantes.
Wiene entró en la tienda y se oyeron voces.
- ¡Fils! ¡Fils! ¡Bell está aquí! ¡Ven a verlo!
- No quiero - se oyó una voz infantil, pero diferente a la primera
- ¡Vamos! ¡Te caerá muy bien!
- ¡No!
- ¡Vaaaamos!
- ¡Deja de empujarme!
La nueva chica apareció con Wiene a su espalda, empujándola con toda su fuerza.
A primera vista, cualquiera podría pensar que se trataban de dos hermanas de una especie humanoide.
El rostro de la nueva niña no era una copia. Tenía personalidad propia.
La expresión inicial de la chica era de incomodidad, desviando la mirada, pero cuando vio las personas que esperaban, sus ojos se hicieron grandes como platos y quedaron fijos en una sola persona. Lefiya.
Lefiya le devolvió la misma mirada de sorpresa.
- ¡Tú! ¡Tú salías en mi sueño! - dijo la nueva chica azul
- ¡FILVIS-SAN!
La elfa no dejaba de abrazar a la pequeña emocionada y darle besos en el pelo como si fuera una madre que acababa de encontrar a su niña perdida.
La niña monstruo a su vez, se abrazaba a la elfa como si fuera su madre.
Lefiya levantó su rostro.
- ¡No puedo creerlo! ¡Eres tú! ¡De verdad eres tú! Estás... tan hermosa como siempre.. ¡pero además ahora eres adorable con esa cara infantil! - dijo mientras acarició y aplastó con delicadeza los mofletes de la pequeña para hacerlos incluso más redondeados.
La chiquilla no parecía molestarse por eso. Sin embargo, aún no tenía una sonrisa plena. Volvió a enterrar su cabeza en el pecho de la elfa.
- Soñé que eras mi amiga... y te hacía daño. ¡No quiero volver a soñar eso! ¡Odio ese sueño! - dijo mientras la abrazaba.
Lefiya entendía un poco. Una elfa renacida como Xenos. ¡Era imposible!. Pero era así, y sabía que lo que la niña mencionaba eran retazos de recuerdos que para Lefiya eran muy recientes. Pocos días en realidad.
- ¡Hey! No te preocupes. Estamos aquí... a salvo las dos. Somos amigas, ¿verdad?
- ¿Amigas? Mmmmm... Tú eres grande y yo pequeña... ¿no puedes ser mi mamá?
Lefiya se quedó helada en ese pensamiento.
Si la hubieran preguntado unos días antes de lo ocurrido en Knossos ella habría dicho que su relación con Filvis era de amistad. Aunque si era sincera, eso se quedaba corto. Tenía una conexión muy profunda con la otra elfa. ¿Cuan profundo? ¿El comienzo de un romance que nunca llegó a florecer, quizás?
No era fácil definirlo. En todo caso, si se restringía a lo más material, diría que había sido Filvis la que había hecho el papel de mentora y protectora de Lefiya y no al revés. Llamar a eso "madre" era pasarse, pero sin duda era Filvis quien protegía a Lefiya antes.
Ver ahora a Filvis convertida en una niña monstruo rompía todos sus esquemas mentales. ¡Y ella ahora la veía como su potencial madre!
Era demasiado para tan poco tiempo.
- Jejejejeee - rió tontamente la elfa poniéndose colorada sin saber que decir.
- Bell podría ser papá, Lefiya mamá, y nosotras hermanas - dijo Wiene pasando su brazo sobre los hombros de la otra chica- ¿Qué dices, hermana menor?
- Sí. Eso me gustaría.
- ¡ ¿ Eh ? ! - dijeron Bell y Lefiya a la vez mientras ambos se ponían colorados
- ¡Soy muy joven para ser padre! - se quejó Bell
- Te está tomando el pelo. - dijo Lyd
- ¿Eh?
Wiene ladeó su sonrisa. Por primera vez, Bell veía una sonrisa pícara en lugar de inocente en su rostro.
- Que te pensabas... ¿que iba a ser una niña inocente toda la vida? - comentó el lagarto
- ¡Jejejeje! - rió Wiene con un tono diferente
Bell se sorprendió primero, y luego se relajó otra vez sonriendo. Quizás Wiene seguiría perdiendo su inocencia poco a poco, pero estaba convencido de que se convertiría en una gran persona. ¡Y aún faltaba mucho para eso!
- ¡Hermano mayor! - declaró Wiene de segundas
- Supongo que eso valdrá. - dijo Bell volviendo a peinarla
- Fils, ¿eh? ¿No te gusta más Filvis? - preguntó Lefiya a la otra niña azul
La chiquilla miró un momento hacia arriba, como pensando con fuerza.
- Me gusta Fils.
- Fils entonces. - aceptó Lefiya... y se puso a acariciarla el pelo, cosa que parecía gustarle a la pequeña
- Os veis igual... papás. - dijo Ray y luego soltó una risilla.
Le gustara o no a la elfa, Bell y ella lucían como una pareja acariciando el pelo de las respectivas chicas monstruo mientras ellas se cogían de la mano felices.
Estaban de vuelta en el mesón en Rivira.
Lefiya no tenía apetito. No después de la amarga despedida, con Fils llorando desconsoladamente por la partida de Lefiya.
- Se hacen querer, ¿eh? - comentó Welf
La elfa asintió con la cabeza mientras miraba con desgana la comida.
- Wiene vivió una temporada en nuestra mansión. Fue muy duro traerla y dejarla aquí. Incluso aunque fuera lo mejor para ella. - confesó el herrero
Por primera vez en la vida, estaba realmente molesta con Ais. ¿Cómo había podido amenazar a semejante criatura?
Ahora podía entender un poco a Bell. ¿Cómo no iba a protegerla? Si se cambiaran las tornas y fuera ella en lugar de Bell quien estuviera entre Ais y Fils, ella también la habría protegido.
Probablemente no se habría atrevido a pelear, pero habría abrazado a Ais y puesto a llorar como una niña y rogar de rodillas con tal de que Ais la escuchara.
Con razón Tiona tampoco le hizo nada. ¡Son niñas! Se veía a simple vista. Por muy monstruosos que sean sus cuerpos, su esencia, su forma de actuar, de sentir... son niñas. No hay otra forma de catalogarlo.
Al menos le quedaba el consuelo de que Ais parecía estar arrepentida de aquel suceso.
Y aunque le fastidiara reconocerlo... sentía un aprecio renovado por Bell. Tener las agallas de ponerse en contra de Orario, e incluso de la mujer que amaba, si era necesario para protegerla... Eso es algo que muy pocos harían.
La familia Loki a duras penas simplemente se negó a atacar a los Xenos en el último momento... y por un motivo egoísta... una alianza para una batalla posterior.
Bell los protegió sin esperar recompensa y dándolo todo, porque era justo, porque debía hacerse. Eso es ser un héroe. No había otra forma de llamarlo.
Mucho más que derrotar al enemigo más poderoso. Aquello por lo que nadie lo reconocía era lo que más mérito tenía.
*- Héroe - volvía a repetir en su mente - Bell es un héroe de verdad.
En la mente de Lefiya, le vino la imagen de una obra de teatro callejero sobre la famosa historia del "argonauta" que Tiona prácticamente la obligó a ver.
El actor que lo interpretaba, llevaba al final de la obra un traje muy llamativo, una capa y una gran espada de aspecto letal a simple vista, aunque para sus ojos expertos era muy claro que era atrezo del barato.
En su mente se reprodujo la imagen cambiando el actor por Bell, y quitando los defectos para hacer una imagen perfecta.
*- Héroe. - volvió a pensar mientras se sonrojaba sin darse cuenta.
Nota del autor.
Espero disculpen la broma/Easter Egg. Sí. El aventurero y la maga son Kazuma y Megumin, de la serie Konosuba. O unas versiones alternativas del mundo de Danmachi, ya que son mundos incompatibles.
Quise hacer la broma de comparar el mal gusto para nombres de Welf y Megumín.
Espero no haberme enrollado demasiado en diálogos intrascendentes. Si así les parece, no duden en quejarse en el review.
