Nota del autor:
Lo siento por los lectores de habla inglesa que tiren de traductor automático. La palabra "c-i-p-o-t-e" lamentablemente es muchas veces traducida como "dick" por traductores automáticos.
Cuando lean esta palabra, por favor, entiendan por ella "club" (cachiporra) en vez de "dick".
El grupo aún continuaba con su cena con tranquilidad.
- Vaya, vaya, vaya... ¿A quien tenemos aquí? ¿Little Rookie? ¿Rabbit Foot?... Little Rabbit... ¡Pequeño conejo! Seguro que muchos te llaman así...
- ¿Mord?
Era un rudo aventurero con el que había tenido ya varios encontronazos en el pasado. Lo insultó en un bar, raptó a su diosa, peleó con él, luego de haberle pateado el trasero se volvió extrañamente cordial, lo invitó a un casino, luego se enfadó con él... un tipo con humor demasiado voluble y reputación cuestionable.
- Eso es... Tu viejo amigo Mord. ¿Es que ya te has olvidado de mí?
A la vista del problemático visitante y que el propio Bell se sentía incómodo, el resto del grupo miró al tipo con cara de malos amigos. Aún así, el tipo siguió interactuando con Bell ignorando al resto.
- ¿Este quien es? - preguntó Lefiya en bajo a Lili
- Un tipo de baja estofa... Trata a Bell como su amienemigo o algo así. - comentó Lili
- Tú y yo, conejo, tenemos negocios pendientes. - dijo Mord más serio mientras pasó su brazo por encima de Bell con demasiada confianza
- ¿Los tenemos? - respondió él sin comprender
Mord tiró de él y básicamente le obligó a levantarse. Cuando eso pasó, el resto del grupo se puso en guardia.
- Tranquilos chicos... No pasa nada. - dijo Bell para calmar los ánimos
- Me debes una, conejo. ¿O acaso te has olvidado del casino?
- Quieres decir... ¿cuando me lanzaste como una bolsa de basura y me llamaste peste? - dijo Bell pensativo sin rencor
- Eeeeeh. Sí... esa vez. ¡Recuerda que lo hice porque me lo pediste!
- Bueno... yo te pedí crear una distracción, no exactamente eso.
- ¡Por aquello nos echaron del casino de por vida!
Bell suspiró
- ¿Qué es lo que quieres?
- Necesito... - dijo el cuestionable aventurero con cierta incomodidad mientras miró a otra parte y se rascaba la cabeza - ... que apuestes por mí. Tengo un pequeño lío de deudas.
- ¿Eh? No, no... Lo siento... pero prefiero no involucrarme en esos temas.
Mord lo cogió de la pechera y lo levantó malhumorado unos centímetros del suelo, obligando básicamente a Bell a ponerse de puntillas.
- ¡Maldita sea! ¡Me lo debes!
Lili, perdiendo la paciencia, se levantó haciendo ruido cuando movió arrastrando su silla y caminó hacia el aventurero. Welf la sujetó con su mano.
- Bell puede patearle el culo cuando quiera. - dijo Welf - No es rival para él.
Lili suspiró
- Master Bell. ¡No se deje manipular por este mentecato!
- ¡A quien llamas mentecato, mocosa! - gritó Mord
- No insultes a mi compañera - dijo Bell
Al ver la mirada muy seria de Bell cuando reaccionó así, soltó de inmediato a Bell con cara de terror.
- Supongo que no me queda más remedio que usar mi técnica definitiva... - respondió Mord
El aventurero se arrodilló y se puso a llorar.
- ¡Por favor! ¡Necesito tu ayuda! ¡Se que tú ayudas a la gente! ¡Por favor, no me dejes así!
- ¡Patético! - comentó Lili regresando a su asiento.
- Oye, mira - dijo Bell recuperando su tranquilidad -. No es por no ayudarte pero... no quiero jugar a juegos a azar.
- ¿Qué? ¡Pero si te he visto ganar una fortuna a la ruleta desde unas pocas fichas! ¡No fallaste ni una vez!
- Digamos que... tengo mucha suerte. - comentó el conejo
- Es una habilidad, ¿verdad? - comentó Mord - ¡Es perfecto! ¡Por favor!
Lefiya no había perdido ni una palabra de la conversación
*- Una habilidad que da suerte. Parece que Bell se esconde incluso más ases bajo la manga. No me extraña que le vaya tan bien. - pensó Lefiya
- Pero en juegos de azar es como hacer trampa. No me parece bien. No es honrado. - replicó el conejo
- ¡Pero el tipo al que debo dinero es un tramposo! ¡Despluma a la gente! Ganar a ese tipo es como hacer una buena obra. Además, no te pido que ganes una fortuna, sólo que recuperes mi deuda, ¿ok? Sólo eso. Y con unas pocas apuestas será suficiente.
- ¿Qué tipo de juego? - preguntó Lili
- Dados. - comentó Mord
- ¿Y gana a un supuesto juego sólo de azar? Entonces son dados trucados, probablemente. Deberían dejármelo a mí. - dijo Lili
- Lo siento, pero donde vamos a ir, no dejan entrar a las mujeres. - replicó Mord
- ¿ ¡ Eh ! ? ¿Qué estúpida regla es esa? - protestó Lili mientras las otras chicas miraron también al aventurero con cara de repugnancia.
- Oye... Yo no pongo las reglas de ese sitio.
- Ya... ¡Seguro que allí se hace más que jugar! ¡No vaya, master Bell!
Welf se levantó de su silla.
- No te preocupes, Lili... Yo les acompañaré.
- ¡Tú lo que quieres es apuntarte a la fiesta, pervertido! - le acusó señalándolo
- ¡Eh! ¡Eh! No te hagas ideas raras. Allí no hay nada sórdido... - comentó Mord - ... al menos de naturaleza sexual. Sólo juegos y apuestas de todo tipo.
- ¡No me fío!... ¡Esperad ahí!
Lili se fue un momento a la habitación y regresó después. Tenía una apariencia diferente, y sobre todo, parecía un chico mediano en lugar de una chica, aunque conservaba buena parte de sus facciones.
- ¡Diablos! ¡Qué maquillaje tan bueno! - dijo Mord
- Maquillaje... - farfulló la mediana - No me extraña que le desplumen.
- No nos esperéis, chicas. - comentó Welf a Mikoto y Lefiya
A cierta distancia, unas sombras hablaban.
- Han ido los dos... El plan va bien... Ya sabes lo que tienes que hacer.
La otra sombra asintió.
- La digestión me está dando sueño. - comentó la elfa
- Sí... Creo que deberíamos retirarnos.
Juntas entraron en su habitación. Para su sorpresa, no estaba vacía.
- ¿Andrómeda?
- Siento la intromisión.
- No, no... Tú nos has brindado tu ayuda varias veces. ¿Qué es lo que ocurre?
- Tengo que pediros un favor
El grupo de cuatro aventureros entraron en una de las casas de madera más grandes de Rivira.
Había una pequeña habitación de entrada y allí los hicieron detener. Un tipo parecía que iba a lanzar un hechizo
- ¿Eh?
El mediano cambiaba de apariencia y Lili reapareció.
- ¿Pero qué? - dijo Mord
- ¡Mierda! ¡Una maldición antimagia! - comentó la mediana
Otro tipo chasqueó los dedos y varios guardias fuero a por ella
- ¡Ok! ¡Ok!... ¡Me voy! - se alejó Lili refunfuñando antes de que la cosa escalara
- ¡Menos mal! ¡Pensé que la pequeñaja nos chafaría la diversión! - comentó Welf
Los tres aventureros restantes entraron
- ¿Y las chicas? - preguntó el herrero
- ¿Qué chicas? - contestó Mord
- Espera... ¿Me dices en serio que no dejan entrar mujeres y no hay mujeres ligeras de ropa aquí? ¡Me siento estafado!
- Nadie te obligó a venir.
El grupo se acercó a un elfo bien vestido que tenía pinta de noble.
- Bell Cranel, supongo. - dijo el elfo - Te estás haciendo con una gran reputación muy rápido.
Bell rió incómodamente
- Mi nombre es Aldian. Es un honor conocerte. - dijo ofreciéndole la mano
Bell se la estrechó. Realmente este hombre no parecía un trilero tal y como había dicho el otro aventurero.
- Corta el rollo, Al. Aquí el conejo va a jugar por mi, - comentó Mord - así que prepárate para liquidar mi cuenta.
- ¿Es así?... Veremos.
Welf suspiró.
El juego de dados se estaba haciendo más largo de lo esperado y ya era tarde. El juego consistía en un sistema de combinaciones de números que creaban puntuaciones y el jugador podía optar por continuar lanzando y tener una tirada nula y perder la puntuación del turno o continuar y seguir sumando hasta parar su apuesta.
A un baremo de puntos., si el segundo jugador por orden de comienzo la alcanzaba primero, ganaba.
Si era el primer jugador, el segundo jugador tenía una última oportunidad de seguir sumando puntos e intentar rebasar la puntuación de su contrincante.
Bell sacaba muy buenas puntuaciones y acababa ganando, pero el dinero por partida era fijo, y la deuda de Mord demasiado grande.
- Vuelves a ganar, Bell Cranel. - dijo el elfo
Era extraño. El elfo no parecía preocupado ni irritado por las constantes derrotas en el juego.
- Es como decías. - dijo el elfo
Los demás se extrañaron ante esa sentencia, pues no quedaba claro a quien dirigía esas palabras.
- ¿Ves como tenía razón? - dijo una voz que sonaba conocida pero no podían localizar
- A pesar de tener una maldición anti-magia encima... este chico sigue ganando. Realmente es algo especial. - dijo el elfo
- Lo se... y aún así, nunca me canso de verlo con mis propios ojos.
- Esa voz... - comentó Welf
- ¿Hermes-sama? - dijo Bell girando hacia un lugar donde no se veía a nadie
- Gran instinto. - dijo el dios quitándose la capucha y haciéndose visible. Llevaba una capa de invisibilidad.
- ¡Hermes-sama! ¡No debería estar en la mazmorra! ¡La última vez ocurrió una calamidad!
- Para ser exactos, lo hizo Hestia no yo... pero me tocó pagar la factura igualmente... así que me acuerdo muy bien, créeme.
- ¿Qué hace aquí? - preguntó Welf
- Probando lo último de Asfi... Esta capa no sólo puede ocultar mi forma. También puede ocultar la falfa de cualquiera e incluso mi presencia divina a la mazmorra. No debería poder causar una calamidad llevándola así que no hay de qué preocuparse.
- ¿Ha venido aquí sólo para ponerlo a prueba? ¡Eso es muy arriesgado!
- Tranquilo, Bell. Y no... no es la razón principal, pero no está de más estar preparado. Nunca se sabe cuando uno tiene que desaparecer. Y si hay algún lugar donde nunca buscarían a un dios es aquí.
- En eso tiene razón. - comentó Welf
- Bueno... Sólo estoy de paso. Tengo otros asuntos. Bell, Welf, Aldian...
- ¡Hey! ¿Y yo qué? - dijo Mord
- Sólo saludo a los caballeros.
- ¿Qué insinúas? - dijo Mord pegándole un empujón
Mord le pegó un empujón. Hermes chocó contra otro aventurero que estaba de espaldas, derramando la bebida que tenía sobre otra persona con la que hablaba.
- ¡Hey! ¡Idiota! - protestó él
- Culpa suya - dijo Hermes señalando a Mord, antes de desaparecer poniéndose la capucha.
El otro tipo golpeó a Mord que a su vez empujó a otro...
Y antes de que pudieran darse cuenta, una pelea de bar estalló en todo el sitio.
- ¡Maldita sea! ¿Qué es este pestazo? - se quejó Welf
- Creo que uno de los tipos tenía una de esas bolsas repelentes de monstruos y nos la ha tirado encima. - dijo Bell
Y era cierto. El olor era el mismo que las bolsas que llevaba Lili. Mezcla que afortunadamente hay que agitar para activar, o tendrían que estar soportando ese olor en el equipaje, pero que alguien debió pensar que era una buena broma en el bar. Ni siquiera lograron ver quien la había lanzado.
- ¡Dios! ¡Si no me quito este olor de encima voy a vomitar!
- Perdón, chicos. - dijo Hermes apareciendo de nuevo - Creo que esto es culpa mía.
- ¡Claro que es culpa tuya! - dijo Welf malhumorado
- Welf. Ha sido un accidente. Hermes-sama lo ha hecho sin querer. - comentó Bell para calmarlo
- Lo dudo mucho. Hermes es un experto en planes retorcidos. ¿O es que no recuerdas lo que le hizo a los Xenos?
Ese era un tema incómodo.
- Ok, ok... Tranquilos. No removamos el pasado. Os ayudaré. - dijo el Dios - Conozco el lugar ideal para quitaros ese olor de encima.
- ¿Cuanto más tenemos que esperar? - dijo Lili - Si no se da prisa, creo que voy a cambiarme y ponerme a dormir.
Asfi suspiró.
- Hace rato que debería estar aquí. Espero que no haya pasado nada importante. - comentó ella
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Una llamada en una combinación especial de tiempos anunciaba su presencia.
- Por fin. - comentó la mujer del pelo azul
- ¡Hola, chicas! - dijo Hermes entrando en su habitación
- ¿A qué viene tanto misterio? ¿Y qué hace usted aquí? - preguntó Lili
- Es una misión muy, muy especial. Espero que podáis ayudarme. Necesito que capturéis una criatura por mí.
- ¿Eh? Eso es ilegal, ¿verdad? - preguntó Mikoto - ¿No es lo mismo que lo que hacía la familia Ikelos?
- No exactamente... Esto es más bien... alegal. Dejadme que os explique. Estamos hablando de una entidad muy especial. La información que voy a revelaros es para vuestro exclusivo conocimiento.
- ¿Ok? - dijo Mikoto insegura
- No es algo catalogado por el gremio, porque es algo único... Podríamos decir que es... un irregular. Lo llaman... el cipote.
- Cipote - repitió Lili con voz escéptica
- ¿Ajá?
- ¿Quien le puso ese nombre tan estúpido? Suena como algo...
- Sórdido - completó Mikoto
- No era la palabra que estaba pensando... - continuó Lili - pero también.
- Es entendible. - dijo Hermes - Pero es debido a la forma serpenteante de la criatura, con cabeza grande. Recuerda a una cachiporra.
- ¿Y quizás a otra cosa? - comentó Lili
- ¿Qué significa cipote? - susurró Lefiya a Mikoto
- Luego te lo cuento.
- No nos perdamos en el detalle. Lo importante, es que esa criatura es muy probable que esté en un sitio que yo conozco. En una de las lagunas de este nivel. Normalmente esta criatura no ataca a nadie, pero se mantiene oculto, sumergido, esperando a su víctima. Pero podríais hacerle salir a la superficie creando frío... Y tenéis aquí a alguien capaz de eso. ¿No es así, señorita?- dijo Hermes mirando a Lefiya
- ¿Yo? A ver... sí... puedo hacer un hechizo de hielo pero... ¿ha venido a buscarme, Hermes-sama? ¿Cómo podía saber que estaba aquí? ¡Ha sido prácticamente casualidad!
- Digamos que he aprovechado la oportunidad... ¿Y bien? ¿Qué me decís? ¿Aceptáis? ¡Os pagaré cien mil valis por esto!
- Nadie regala el dinero - dijo Lili - ¿Donde está la trampa? ¿Es una criatura especialmente peligrosa?
- ¡Para nada! Todo lo que tenéis que hacer es sacarlo del agua. Asfi y yo nos encargaremos del resto.
Asfi miró inquisitivamente a su dios levantando una ceja.
- ¿Por qué nos pagaría esa cantidad por una labor tan fácil?
- Porque hay algo mucho más valioso en juego. Esa cantidad no es nada en comparación. - dijo el dios - Y no hay tantas mujeres que puedan helar la pequeña laguna a la que vamos. Y tengo confianza con vosotras. Sois realmente las ideales para esta misión.
- ¿Mujeres? - replicó Lili
- Oh, sí... Me he olvidado de ese detalle. Esta criatura tiene, en cierta manera, el poder de afectar las mentes. Y su efecto es diferente por sexos. Puede turbar a las mujeres...
- ¿Turbar? ¿Estamos hablando de algo sexual? - preguntó la mediana sin rodeos - ¿Algún tipo de efecto afrodisíaco?
- Sí... bueno... En las mujeres sí, pero en los hombres... las emociones son más negativas. Algunos podrían volverse locos.
- ¡Eso suena peligroso! - comentó Lefiya
- Podría... pero a vosotras, con el corto tiempo de exposición necesario, será anecdótico. ¡No hay nada de lo que preocuparse!
- Necesitamos más información - comentó Lili
- Lo siento, pero no puedo contaros mucho más... El cliente quiere que facilite los mínimos datos. ¡Pero es muy sencillo! Congelar la laguna, esperar a que la criatura se haga visible y ¡ya! ¡Podréis iros! ¡No podría haber dinero más sencillo que ese!
- Suena turbio - comentó Mikoto a Lili y Lefiya. Ambas afirmaron.
- Oh, vamos... - insistió Hermes - ¡No estaréis haciendo nada malo! Es sólo que el cliente quiere mantenerlo en privado.
Las chicas se apartaron y comenzaron a hablar bajito, casi en privado.
- Creo que se trata de la recolección de algún tipo de afrodisíaco. Por eso el gremio no habrá dicho nada. Si no, probablemente muchos aventureros se lanzarían por su captura. - comentó Lili
- Entonces... ¿nos negamos? - dijo Lefiya
- No se... Por otro lado, si nos topáramos con una criatura así por nuestra cuenta, probablemente la mataríamos igual. Si están dispuestos a pagar bien... supongo que tampoco pasa nada. Además, es cierto que debemos algún favor a Hermes-sama... aunque después de lo de los Xenos... podría decirse que estamos a cero.
- A mí me da igual. - comentó la elfa
- Lo que tú digas, Lili. - comentó Mikoto
- Solo para que no haya sorpresas - volvió a hablar Lili con Hermes - Esa criatura NO es un Xenos... ¿verdad?
- No. No tenéis que preocuparos por eso.
- Ok... Aceptamos. Pero si nos enteramos de que hay algo raro, de que era ilegal o algo así, le contaremos todo al gremio, ¿ok?
- Perfecto - aceptó el dios sonriente
- ¿No deberíamos avisar a Bell-san? - preguntó Mikoto
- Mejor no... Si como dijo Hermes-sama, esa criatura puede afectar negativamente a las mentes de los hombres... mejor dejarlos fuera. Además, no se si seguirán jugando. Podemos ocuparnos de esto nosotras. Además... el único trabajo real lo va a hacer Lefiya.- comentó Lili
- Ok. ¡Ya casi estamos! - dijo el dios - La zona de aguas termales queda allí.
El lugar era una especie de recoveco al lado de la pared de piedra, en una zona sin cristales y rodeada de vegetación. Por tanto, muy oscura.
- No se ve nada. - dijo Lili
- Mejor así. - comentó Hermes. - No queremos que la criatura se percate de nuestra presencia y huya. Si atacas desde esa posición, Lefiya, debería huir del frío y venir justo hacia nosotros. ¿Todos preparados?
Como si fuera una formación de batalla, Mikoto se puso delante, Lefiya en el medio para preparar su ataque y Lili algo detrás con su ballesta por si tenía que atacar a la criatura prematuramente.
La elfa comenzó a recitar el hechizo.
- ¡Wynn Fimbulvetr!
Una ola de frío extremo se dirigió a la laguna.
- ¡AYEEEEEEEEEEEH!
Un grito extraño, como doble, sonó en la laguna, y algo muy rápido se dirigió hacia ellos.
- ¡En guardia! - gritó Mikoto
Pero en contra de lo que esperaron, aparecieron dos figuras humanoides, una de las cuales corrió en su dirección hasta que llegó a la zona iluminada.
- ¿Master Bell?
El peliblanco que corría tan rápido que había sido como una sombra de color blanco, se había quedado ahora catatónico al toparse con las tres compañeras, junto a Asfi y Hermes.
Hermes se puso a su lado y comenzó a hablar en voz alta, como un comediante presentando una obra de teatro.
- ¡Atención, señoras! Las felicito por su éxito. ¡Ante ustedes, tienen la criatura legendaria! ¡Turbador de mujeres! ¡Locura de envida en hombres menos afortunados! ¡El reptador de las cuevas ocultas más húmedas y calientes de Orario! ¡EL LEGENDARIO CIPOTE! - dijo Hermes señalando el miembro de Bell que estaba a plena luz
Bell aún seguía azul, sin respirar, con la boca abierta.
Las tres chicas enrojecieron.
Mikoto giró su cabeza en otra dirección.
- El agua fría no le sienta bien, Master Bell - comentó Lili mientras apareció una sonrisa en su cara
- Pues yo creo que no está mal. - dijo Mikoto no pudiendo evitar que sus ojos se desviaran a los atributos de su compañero.
- ¡QUIEN DEMONIOS SE HA LLEVADO NUESTRA ROPA! - apareció Welf igualmente desnudo, pero él si estaba tapándose con sus dos manos, hasta quedar en paralelo con Hermes y Bell
- Eh. ¿Qué hacéis aquí? - comentó el herrero - ¿Nos habéis quitado la ropa vosotras? ¡Ey! Bell... Deberías taparte. ¡Ey!
Bell no reaccionaba.
- Está casi igual a cuando se enteró del precio de su daga. - comentó Mikoto
- Tiene sentido. Aquella vez quedó el precio de su daga al descubierto. Esta vez ha quedado al descubierto su espada. - comentó Lili con una risilla y mirada lasciva mientras no quitaba su mirada de Bell sin intención de ocultarlo.
Lefiya mientras tanto estaba igual de parada, mientras su enrojecimiento crecía hasta alcanzar un granate tan intenso que parecía que iba a sangrar por la nariz en cualquier momento. Su cara hizo varias expresiones raras y finalmente miró a Bell y su cara comenzó a expresar enojo.
- ¡TÚ! - gritó mirando fijamente a los ojos de Bell haciéndolo salir de su estado. - ¡PERVERTIDO!
- ¿EH?
Lefiya levantó su vara como otras veces. Eso activó las alarmas instintivas del conejo.
- ¿POR QUÉ ES MI CULPA OTRA VEZ? - protestó él
Pero eso no detuvo a la elfa que dirigió su arma a la cabeza de Bell. Él, por fin, se tapó, esquivó la vara, y comenzó una huida. La elfa salió corriendo detrás.
- ¡Eh, tú! - gritó Welf a un aventurero que pasaba por allí, cargando un montón de ropa
- ¿Mord? - dijo Lili al reconocerlo
- No es nada personal. Me han pagado para hacerlo.
- ¡DEVUÉLVEME MI ROPA! - gritó Welf
Lili y Welf salieron corriendo tras él
- ¿Pagado por... ? - susurró Asfi como dejando salir sus pensamientos por su boca. - ¡Hermes! Dime que esto SÓLO es una broma pesada de las tuyas. Que ESTO NO ES LA MISIÓN. ¡Dijiste que de esto dependía el destino del mundo! ¡Dime que no nos hemos arriesgado a una multa del gremio que puede hundir a nuestra familia y gastado miles de valis SÓLO para gastar una broma pesada y pervertida a Bell!
- Tranquila... Respira... Asfi... No es lo que crees...
- ¿QUIEN ES EL CLIENTE?
- Bueno... espera... Ok... Veo que no me crees...
- ¡CUAL ES LA MISIÓN!
Hermes se puso la capucha y se hizo invisible.
- ¡DIOS IDIOTAAAAA! ¡Si crees que te vas a librar de mí, lo llevas claro!
- Tranquila Asfi - dijo desde las sombras - Cuando te hayas calmado, te lo contaré.
- ¡SIGUE HABLANDO! - dijo la aventurera - ¡TE ENCONTRARÉ!
Bell era demasiado rápido para la elfa. Incluso teniendo las manos ocupadas ocultando su intimidad, su enorme agilidad acumulada nivel a nivel más su habilidad de huida, hacía que la brecha entre ambos fuera demasiado grande. Pero tan pronto Bell se paraba, creyendo que había dejado a la elfa atrás, esta volvía a reaparecer.
- ¡Te encontré! - dijo Lefiya una vez más, dando un golpe con su vara en la cabeza del peliblanco. Este por instinto, incluso sin verlo, saltó y lo esquivó, pero aquello hizo empezar otra racha de huida.
Los hechos comenzaron a repetirse, pero finalmente Lefiya comenzó a recortar distancias.
*- ¿Por fin se está cansando? - pensó la elfa.
Pero no era así. Era Bell quien comenzaba a aflojar el ritmo, hasta que comenzó a caminar y finalmente parar.
La elfa paró a algunos metros detrás de él, pudiendo ahora ver su figura total desde la aparte de atrás, incluyendo las hermosas nalgas, bajo el punto de vista de Lefiya, del conejo.
- ¿Por qué te paras? - preguntó volviéndose a sentir incómoda por lo explícito de la imagen frente a ella.
- No lo entiendo. - dijo Bell
- ¿Eh?
- La otra vez vi a las chicas. Fue un accidente, pero estuvo mal.
- ¡Claro que estuvo mal!
- Pero esta vez YO soy quien está desnudo. ¿Por qué vuelve a ser mi culpa?
- Porque... porque... ¡eres un exhibicionista! - dijo la elfa buscando su mejor excusa
- ¡No lo he hecho a posta! No se que pasó, ¡pero el agua pasó de estar muy caliente a helarse de golpe!
Lefiya lo sabía... Era su culpa después de todo. Bueno... no. Era culpa de Hermes, pero ella había sido cómplice involuntaria.
- Lo se. - reconoció la elfa
- ¿Eh? - Bell recapacitó un segundo...
Los efectos de aquel cambio de temperatura no fueron normales. ¿Acaso podría ser...?
- Espera... ¿Lo hiciste tú? - preguntó el conejo
Lefiya no dijo nada. Bell suspiró.
- ¿Por qué me odias tanto? - dijo Bell
Era una pregunta que le había hecho demasiadas veces estos días.
- Porque eres mi rival.
- ¿Por qué insistes en eso?
- ¿Es que no lo entiendes? - la voz de Lefiya fue agrietándose - ¡Tú me estás quitando a Ais!
- ¿Eh?
Bell, por fin, comenzaba a comprender. La borrachera de la noche anterior estaba demasiado borrosa, pero ahora con aquellas palabras nítidas, las piezas encajaban. Era como había comentado Mikoto.
- ¿Sabes lo mucho que me he esforzado para estar a su lado? ¡Hace años que es mi ídolo! ¡Mi amor inalcanzable! Por ella he dado lo mejor de mí... y he llegado donde estoy. ¡Y tú, sales de la nada, y en dos meses pasas de ser un don nadie sin experiencia a mi mismo nivel! ¡Logras que ella te entrene! ¡Que te de su atención!
- Lefiya-san
- ¿Qué debo hacer entonces? ¿Debo rendirme? ¡PUES NO PIENSO HACERLO! - dijo la elfa ya con voz llorosa - ¡Aunque sea lo último que haga, voy a correr detrás de ti! ¡No pienso quedarme atrás!, ¿me entiendes? ¡Voy a correr hasta que me rompa! Y si lo único que logra estimularme para perseguirte así es odiarte, ¡te odiaré con toda mi alma!
- ¡Ejem!. ¿Interrumpo? - dijo Lili que acababa de llegar
- No. - dijo Lefiya respirando fuerte para limpiar sus fosas nasales y secó las pocas lágrimas que habían caído por sus mejillas
- Qué... ¿Admirando el trasero de Master Bell?
- ¡Claro que no! - dijo la elfa poniéndose roja, aunque lo cierto era que cuando Lili hizo su comentario, los ojos de la elfa habían estado fijados en el cuerpo del conejo
- Tsundere - susurró - ¡Aquí tiene su ropa Master Bell! - dijo arrojándosela un poco más adelante
- ¡Gracias, Lili!
En un par de segundos, los pantalones del conejo estaban en su sitio. Al darse la vuelta, ambas chicas estaban ya caminando en dirección opuesta a ver que había sido de Hermes, Asfi y Mikoto
- ¡Lefiya!
- ¿Sí? - dijo la elfa dándose la vuelta, pero mirando abajo avergonzada. Sin embargo, cuando miró el rostro de Bell se sorprendió. Esperaba ver enojo, decepción u otra emoción negativa. O como mucho, una mirada de lástima. En su lugar había una sonrisa radiante.
- ¡Gracias por decirme la verdad, Lefiya-san! Ahora la entiendo...
- ¿Eh? No... ¿estás enfadado conmigo?
El conejo pasó su dedo índice quitando con delicadeza otra lágrima que había brotado unos segundos antes. El corazón de Lefiya se aceleró
- No pasa nada. Te entiendo y te perdono.
En aquel instante, sin entenderlo muy bien, Lefiya sintió que se había quitado un enorme peso de encima y el mundo se hizo un poco más brillante y lleno de color. Sus ojos se volvieron vidriosos y miraron abobada al conejo.
- Archienemigos... Ya... - dijo Lili con tono irónico - ¿Nos vamos, tortolitos?
- ¡No malinterpretes, Lili! - gritó Bell
- ¡No me estoy enamorando para nada! - gritó Lefiya colorada
Lili miró con enojo a la elfa, apuntó sus dedos índice y corazón a sus ojos y luego los movió hacia Lefiya en símbolo de advertencia... "¡Te estoy observando!"
Cuando regresaron, Hermes estaba colgado con unas cuerdas de un árbol como si fuera un animal listo para ser sacrificado con varios moratones, incluyendo un ojo hinchado.
- Ok... Ya estáis aquí. ¿Hermes? - dijo Asfi con voz severa y autoritaria, como una madre regañando a un hijo que ha hecho una trastada de las gordas.
- Hola otra vez... chicos - dijo el dios torturado
Mikoto saludó
- ¡Disculpa! ¡AHORA! - gritó Asfi
- Ok... Ok... Siento que hayáis tenido que pasar por esto... Especialmente tú, Bell... por la parte que te toca.
- ¡Promesa! - gritó la peliazul de nuevo
- Eeeeh. Asfi quiere que os prometa que no lo volveré a hacer... pero me gustaría daros una explicación... Se que resulta difícil de comprender, pero lo que acaba de pasar ha ayudado a restablecer el karma del universo y... ¡AY! ¡AY! ¡AY! ¡AY!
Asfi estaba tirando de la oreja de Hermes hasta el punto de cargar el peso entero de su cuerpo.
- ¡Hermes!
- ¡No! ¡En serio! ¡Bell había visto a las chicas desnudas! ¡Lo que ha ocurrido hoy reestablece el orden...! ¡AAAAAYYYY!
- Pffffff... Jajajajaja ¡JAJAJAJAJAJAJA!
Para sorpresa de todos, Lefiya había comenzado a reírse, e iba a más.
Quizás era el hecho de que había cargado con la culpabilidad de odiar a Bell sin merecerlo todo el tiempo y él la hubiera perdonado. Incluso si no era cierto y había entendido mal sus palabras, lo sentía así. También era lo absurdo de la situación. Y que de alguna manera lo que decía Hermes tenía una pequeña gota de sinceridad. ¡Era todo un sinsentido!
La mezcla de las dos cosas era como una alquimia inesperada que hacía verlo todo como una gran broma.
- Creo que me he perdido el chiste - dijo Bell
- Es su trasero, Master Bell - dijo Lili
- Pffrrrr... ¡Jajajajaja!
Esta vez fue Mikoto la que no pudo evitar reírse ante el comentario de la mediana.
- Bueno... siempre es mejor que sea eso - comentó Bell incómodo - a que os riais de mi...
- Jajajaja... ¡Cipote!... jajajaja... - rió Mikoto
- Prfffrfff.. Jajajajaja - rió Lili
- ¡Oye! ¡Lo del agua fría le pasa a todos los hombres! ¡Está mal reírse de la virilidad de un hombre! - se quejó Bell
- JAJAJAJAJAJA - rió Lili a carcajada limpia
- Bueno... Me alegro de no ser yo el chiste... Jejeje - comentó Welf - ¡No! ¡Espera! ¡Yo no logré espiar a las chicas! ¡Y me habéis visto desnudo! ¿Donde está la justicia aquí?
- No te preocupes, Welf. Otro día... ¡OUCH! - Hermes no pudo completar su oferta porque el puño de Asfi aterrizó en su cabeza.
Viendo a las chicas riéndose, simplemente suspiró.
- Supongo que habría podido ser peor. - comentó la peliazul, y cargó al dios maniatado e inconsciente como un cazador carga con una pieza de caza grande.
- Jajaja... ¡Eh! ¡Oye! ¡Asfi! Pero nos vais a pagar, ¿verdad? - dijo Lili que por dinero acabó su risa de golpe
- Me aseguraré que Hermes-sama te pague personalmente DE SU BOLSILLO.
El grupo se había deshecho. Mikoto, Lili y Welf habían regresado al mesón.
Lefiya había regresado al lugar donde había estado Bell antes, observando de cerca la zona donde se había bañado antes.
- ¿Lefiya-san?
- ¿Bell? ¿Qué haces aquí?
- Quería hablar contigo y te vi regresando. ¿Qué haces tú aquí?
- Comprobando los efectos de mi hechizo... ¿Me das un minuto? - dijo inspeccionando el hielo
- Claro.
La elfa comenzó a conjurar. Puso su mano en el hielo y apuntó hacia las profundidades de la laguna.
- Fusillade Fallarica.
Varias llamaradas aparecieron por debajo del hielo. La elfa dio varios pasos atrás, y luego el hielo rompió en varios géiseres, convirtiéndose en un agua burbujeante.
- ¡Arreglado!
- ¡Oh! Creo que está más caliente que antes. - dijo Bell
- Se enfriará naturalmente. Tiene pinta de un lugar agradable, ¿verdad?
- ¡Lo es! Deberíamos bañarnos algún día que volvamos. - comentó Bell
- Sí. - dijo la elfa reflejando la sonrisa alegre del conejo
Luego los dos se miraron fijamente con los ojos abiertos, y los dos se pusieron colorados dándose cuenta de lo que acababan de decir.
- ¡Con traje de baño!. - dijo la elfa
- ¡O por turnos! - dijo el conejo
Los dos hicieron una risa tonta.
- Ok... ¿Decías que me buscabas? - preguntó Lefiya
- Sí... ¿Vamos allí que hay más luz? - apuntó a una zona más alejada donde la luz tenue nocturna de los cristales iluminaba tanto como una noche de luna llena.
Bell se adelantó, se sentó en una gran piedra, y palmeó a su lado para que la elfa se sentara a su lado.
- Verás... Quería hablar de lo que me dijiste. - comentó Bell
- Oh
Lefiya guardó silencio esperando que Bell rompiera la ilusión de haber entendido el perdón de Bell de otra manera.
- Soy un cobarde - espetó Bell
- ¿Eh?
- Sí... Esa es mi naturaleza. Ais vio a través de mí desde el primer momento. Ese soy yo... un cobarde...
- No... te entiendo. ¿De qué estás hablando?
- Mucha gente se cree que soy alguien muy valiente, pero no es verdad. ¿Sabes como conocí a Ais? Cuando aún era un novato que llevaba apenas algunos días yendo al calabozo, me topé con un minotauro en una planta donde no debía estar, y Ais me salvó. Destrozó al minotauro delante mío.
- Sí... Me acuerdo de esa historia... El "chico tomate" del que tanto hablaba Bete hasta que subiste de nivel.
- Huí del minotauro porque tenía un miedo aterrador a morir y huí de Ais porque me daba vergüenza que una chica hermosa como ella me viera tan patético en ese momento. Pero... ¿sabes cuando comencé a mejorar de verdad? Coincidimos en el Hogar de la Fertilidad, y Bete se estaba burlando de mí... Entonces me dí cuenta que me daba más miedo verme débil ante Ais que morir en la mazmorra, así que comencé a luchar contra los monstruos de forma suicida.
- Oh.
- Lo que quiero decirte es que la gente cree que lucho contra los monstruos porque soy valiente o un temerario... pero la realidad es que lo hago porque soy un cobarde que teme verse débil ante los demás. Especialmente ante Ais.
- ¿Ajá? - dijo la elfa confundida que no entendía la confesión del conejo.
- Lo que quiero decirte es que entiendo muy bien como es sentirse frustrado por no alcanzar lo que quieres y la necesidad de usar tus emociones negativas para encontrar la fuerza para mejorar. Tú y yo, Lefiya-san, somos muy parecidos.
Lefiya suspiró
- Supongo que he buscado excusas todo el tiempo... - dijo la elfa - Y que lo que pasó aquella vez... fue culpa de Hermes-sama, ¿verdad?
- Las dos veces.
Lefiya sonrió melancólicamente
- Sí... las dos... En fin... Supongo que lo de ser tu enemiga no funciona... Era una tontería de todas maneras. Nunca he podido alcanzar tu ritmo. - dijo la elfa triste
- ¡No! ¡No te rindas! Además... ahora que sé por que me odias... ¡no me importa en absoluto! - dijo Bell con ánimo sincero - ¡Quiero ayudarte como pueda! Y si necesitas odiarme, ¡ódiame! - dijo Bell cogiéndola de las manos para animarla
La chica se sonrojó del contacto... y como otras veces, intentó ocultarlo con enojo
Así que arrugando su cara, agarró a Bell por los carrillos.
- Maldito conejo... ¿Sabes que eres muy irritante? ¡Me haces tan difícil odiar a un enemigo tan adorable y bonachón! - dijo haciendo una cara de enojo bastante fingida
- Espera... ¿Me odias porque no puedes odiarme? ¡Eso no tiene ningún sentido!
- ¡Sí lo tiene!
- ¿Es necesario esto? Una cosa es odiarme... ¡Pero esto duele! - dijo Bell mientras sus labios se estiraban más y más.
- ¡Es necesario!
- ¡Pero te estás riendo!
Y es que la cara de enojo era demasiado fingida y sus labios se retorcían intentando evitar sin éxito mostrar la verdadera situación anímica de la elfa
- ¡Es que es divertido torturarte! - reconoció la elfa ya sonriendo aún con la cara roja
- ¡PARA NADA!
Los ojos del dios comenzaron a abrirse. O más bien su ojo izquierdo, ya que el párpado derecho estaba tan hinchado que no podía abrirse.
- ¡Oh! ¡Asfi! ¡Sabía que no me abandonarías! - dijo Hermes con voz lastimera
- Que demonios voy a hacer contigo. ¡Eres como un crío! ¡No se porqué aún sigo haciendo esto!
- Porque me quieres - dijo Hermes de forma rotunda
- ¡Cállate!
- No puedes mentir a un dios... ya sabes
- Lo organizaste todo, ¿verdad? Que hiciste... ¿sobornar a ese tipo... Mord para llevar a Bell a ese sitio? ¿Todo ese dinero gastado en una broma absurda?
- Pillado... Además, he gastado el favor de Aldian.
- ¡De verdad! ¡No lo entiendo! ¡No puedo entender cómo has hecho algo tan increíblemente estúpido e infantil! - protestó Asfi
- Ya te lo he dicho... No era ninguna exageración de que esto puede alterar el destino del mundo... si me dejas explicarme...
Asfi suspiró.
- A ver que estúpida excusa te inventas ahora. - dijo la mujer
- ¿Conoces al Oráculo?
- ¿Oráculo?
- Cassandra... la chica de la familia Miach... - comentó Hermes
- ¿Por qué la llamas así?
- ¡Porque ve el futuro! ¡En serio! Tiene sueños proféticos... y se cumplen... Fue ella la que me pidió que hiciera esto.
- Espera... ¿Cassandra te pidió que le gastaras una broma pesada a Bell?
- Déjame explicártelo todo. Ella tuvo un sueño. Era algo así como...
En el sueño había un héroe. Era el argonauta y caminaba por un campo. El argonauta vio una hermosa y poderosa espada dorada con viento a su alrededor. La espada estaba dentro de un rosal élfico con una rosa que lloraba.
El argonauta cuando intentó coger la espada, el rosal, celoso de la espada, se enredó en el aventurero y lo hizo sangrar. Le hizo algo de daño, e irritado, el argonauta arrancó el rosal. Luego agarró la espada, pero el viento a su alrededor se transformó en un humo ardiente que le quemaba... así que tuvo que soltarla.
Más adelante, el héroe se encontraba con una bestia. Un enorme dragón de tres cabezas de aliento letal. En frente del dragón, la espada reapareció.
El argonauta sabía que sólo podía vencer a la bestia con la espada, pero la espada estaba clavada en el suelo. Mientras el héroe intentó sacarla, el aliento del dragón lo quemó y murió.
El sueño se repetía de nuevo.
El argonauta reapareció en el campo, junto a la espada y el rosal. Y nuevamente se enredó. Pero esta vez, el aventurero miró las lágrimas de la rosa y se apiadó, y la rosa sintió el dolor del aventurero... y hubo una conexión entre ambos.
El aventurero seguía queriendo la espada, pero con cuidado, retiró el rosal como pudo, haciéndose daño. La rosa se enredó en su mano... pero el argonauta creyó que si la soltaba la rosa moriría y era demasiado hermosa y la dejó estar allí.
Cuando intentó coger la espada, esta reaccionó igual. Pero la siguiente vez, cuando reapareció el dragón, la rosa soltó unas semillas que crearon una barrera de un matorral impenetrable. El argonauta, portando la flor, pudo sacar la espada, y juntos, derrotaron al dragón.
- Es la excusa más confusa que jamás me has contado.
- ¡No es una excusa! ¡Habla con la chica! Te confirmará la historia.
- Digamos que te creo en eso... ¿Qué tiene que ver ese sueño con desnudar a Bell en la mazmorra?
- ¡Todo! ¿No entiendes el sueño? ¡El argonauta es claramente Bell! La espada dorada ¿quien puede ser más que la princesa de la espada de ojos dorados? Y la rosa élfica, ¡tiene que ser esta chica!... Lefiya. ¿No te has dado cuenta que su vara es una lágrima? ¡El sueño nos dice que Lefiya debe ayudar a Bell cuando Ais y Bell tengan que luchar contra un gran mal por venir!
- Seguro. - comentó Asfi con tono escéptico
- ¡Pregunta a la chica Miach!
- Y el desnudo es porque...
- ¿No es obvio? Lefiya estaba enfadada porque Bell la había visto desnuda o tocado un pecho... no lo tengo claro, pero algo así... ¡Pero está claro que tras esta experiencia están a la par! Seguro que ahora se comprenden mutuamente.
- ¿Y esto te lo dijo esa chica Miach?
- No... Eso es de mi cosecha. ¡Pero Cassandra confió en mí para arreglar las cosas entre Bell y Lefiya! ¡No puede ser casualidad!
Asfi suspiró
- ¡Es pura ley del Karma! ¡Él la vio desnuda y ahora ella lo ha visto a él! ¡El universo está en paz ahora! - dijo Hermes con ánimo renovado viendo como Asfi empezaba a aflojar
- ¿Y que hay de ti? ¿Acaso no espiaste a las chicas tú también?
- Eeeeeh. ¡Soy un dios! La ley del Karma no se aplica conmigo.
- ¿Y eso quien lo dice? - contestó Asfi mientras una sonrisa maligna apareció en su rostro
- Espera... Asfi... Conozco esa expresión tuya... ¡Cálmate un momento!
- Estoy muy calmada.
- ¡No hagas algo de lo que te arrepientas!
- Oh... De esto NO me voy a arrepentir - dijo mientras comenzó a desvestir sus pantalones
- ¡Podrías causar una calamidad! - dijo Hermes
- Merecería la pena
- ¡Soy tu dios! ¡Me debes algo de respeto!
- Hace mucho que te perdí el respeto - dijo mientras le quitaba los canzoncillos y le arrancaba la camisa
- ¡ASFI!
Lefiya seguía estirando los carrillos de Bell para su regocijo.
- ¡AAYYEEEEEEeeee!
- ¿Eh?
Los chicos habían visto pasar a un hombre desnudo gritando con la piel untada con un pringue, probablemente miel, corriendo en dirección al agua. Detrás suyo un enjambre de abejas enfurecidas.
- ¿Ese era Hermes-sama? - preguntó Lefiya
- Creo que Asfi ya ha encontrado un castigo para él. - comentó el conejo
Los dos se imaginaron al dios desnudo, corriendo desde Rivira hasta aquí, y los dos rieron un poco.
- ¡Ok! Creo que es suficiente - dijo la elfa parando de reír y soltando las mejillas de Bell - Ahora pareces más un hamster que un conejo. ¡Jijiji!
- Au - se quejó masajeando su piel
Los chicos quedaron un minuto en silencio
- Gracias... Bell, por ser tan bueno conmigo. - dijo la elfa
- ¡No hay problema!
- No... en serio... Creo que no voy a poder odiarte ya más. Creo que ya no puedo engañarme a mí misma.
- ¡En serio! No me importa. ¡Te entiendo perfectamente! Si puedo ayudarte en algo, ¡dímelo!
- No lo entiendo... - dijo Lefiya - ¿Tú no me consideras tu rival?
- ¿Por qué?
- ¿Porque también amo a Ais? - dijo la elfa quien ya había asumido el hablar con él en voz alta de esto, después de haberlo reconocido la noche anterior.
- Ah... Ya... Bueno... - dijo Bell confuso - Pero eso tiene su lado bueno, ¿no?
- ¿Lado bueno? - preguntó la elfa sin comprender
- Sí... Vale... Los dos queremos que Ais esté con nosotros, pero... si no lo está, ¿no es bueno que pueda tener al otro?
- ¿Eh?
- Quiero decir... ¿No te da la impresión de que Ais está siempre melancólica? ¿Como si esperara que alguien pudiera salvarla?
- ¡Eso es justo lo que deseo! - dijo la elfa
- ¡Y yo! - dijo Bell - Pero es difícil salvarla siendo tan fuerte, ¿verdad?. Y si no puedo salvarla yo... ¡aún así me gustaría que fuera feliz! Aunque me gustaría ser esa persona que la hiciera feliz, sigue siendo mejor que encuentre la felicidad en otra persona a que se quede sola, ¿no crees?
- Quieres decir... Si los dos lo intentamos... ¿duplicamos las posibilidades de que Ais sea feliz? - dijo Lefiya
- ¡Eso es! - contestó Bell
Lefiya por fin entendió el pensamiento del conejo. ¡Estaba pensando en el bienestar de Ais! En ese momento, ella misma se sintió avergonzada. ¿Acaso cuando se interponía entre Bell y Ais estaba negando a Ais la posibilidad de ser feliz? ¿Que importaba más? ¿Su propia felicidad o la felicidad de la princesa de la espada?
¡Era tan evidente que había sido incapaz de verlo!
Lefiya realmente se sintió conmovida. Después de tantos insultos como había dirigido a Bell, al final resultaba una de las personas más inocentes y buenas que había conocido.
- Me va a costar odiarte - confesó la elfa
- Lo que necesites para mejorar.
- Supongo que eso de llamarte mi archienemigo comienza a quedarse un poco grande... Pero si te mantienes como mi rival... Más que un enemigo... enemigo... ¿Podrías ser como un rival amistoso o algo así? Quizás eso valga.
- Quieres decir... es como llamó Lili a Mord antes... ¿Amienemigo?
- Mi archiamienemigo, entonces. - bromeó la elfa
- Creo que acabamos de inventar una palabra.
Y los dos jóvenes rieron
- Ok... Hora de regresar. - comentó Bell
- Está bien... ¡Pero prepárate! - dijo la elfa apuntando a él con la vara teatralmente - Porque pienso seguir compitiendo contigo. ¡No pienso quedarme atrás!
- Me parece bien. El entrenamiento nos ayudará a los dos.
- Oh. Haremos más que entrenar, ya verás - agregó guiñando un ojo con mirada seductora
Y la cara de Bell enrojeció.
