Estaba anocheciendo, el viento soplaba fuerte y traía consigo el embriagador olor de la tierra mojada. El monte hokage se miraba algo aterrador desde su posición, era como si esas cabeza talladas en la piedra te juzgarán por un pequeño error que cometieras.
—Naruto, mañana vendrá el kazekage—avisó Shikamaru, quien iba entrando a la habitación. Fijó su vista en el mencionado, este se encontraba viendo la aldea por la ventana.
—Entendido, gracias por avisarme—respondió con una leve sonrisa el rubio. Caminó hasta su escritorio y se sentó en su silla.
—Te he notado algo extraño desde ayer, ¿te encuentras bien?—preguntó, en su voz denotaba preocupación. Naruto suspiró y luego vio el techo.
—Sí, sólo estoy confundido—respondió con desánimo el ojiazul. El Nara lo vio con una ceja alzada.
—¿Confundido? ¿Por qué?—interrogó curioso mientras se sentaba en el sillón que se encontraba a un lado del escritorio. Naruto no sabía si contarle o no, sabía que Shikamaru era bueno escuchando y por muy perezoso que fuera siempre tenía un buen consejo para dar.
Al ver que el rubio no había dicho nada decidió que lo mejor era no seguir preguntando, tal vez tenía una razón para no hablar. Comenzó a firmar papeles para ayudarle un poco a su amigo antes de irse a su casa. Temari le había pedido de favor que no tardara mucho en llegar, y por muy problemática que fuera era su esposa y le debía hacer caso-además no veía en su futuro morir aún-.
—Dime, Shikamaru—habló después de un largo rato. El pelinegro centró su vista en él.—Si tú...si tú tuvieras la oportunidad de viajar al pasado, ¿irías? ¿Irías a pesar de que podrías cometer un error y dañar el futuro?—cuestionó con inseguridad el hokage. Su consejero lo vio con duda ¿a qué venía esa pregunta?, Sin más respondió.
—Pues, no lo sé. Cometí muchos errores en el pasado, de algunos me arrepiento, pero siento que gracias a ellos me encuentro aquí ahora. Sin embargo, pensar en que tal vez el destino de mi padre e incluso de Asuma serían diferentes, creo que me haría dudar...muchas personas desearían regresar al pasado y corregir todo aquello—dijo pensativo.—Sinceramente, si tuviera la oportunidad de viajar, iría e intentaría con todas mis fuerzas lograr mis objetivos—terminó de decir y observó a su amigo, este parecía tan inmerso en sus pensamientos que decidió no preguntar la razón de aquella extraña plática.
Luego de que Shikamaru se retirara, el rubio decidió hacer lo mismo-aunque no le gustaba dormir allí, normalmente sólo iba a bañarse, pero no podía permanecer por mucho tiempo-. En el camino a su casa pensaba en todo lo dicho anteriormente por su amigo, él sabía que era una gran oportunidad, era de esas que sólo se presentaban una vez en la vida o a veces ni lo hacía.
Vio el cielo estrellado y respiró todo lo que pudo, dejando salir una gran bocanada de aire. Llegó a ese lugar en donde compartió tiempo con su familia y con algo de duda entró. Se sacó los zapatos y los acomodó en su lugar, a pesar de que nunca fue ordenado, pensar en los sermones de su esposa diciéndole que tenía que dar ejemplo a los menores era lo que le recordaba hacerlo.
Subió las escaleras y al llegar al segundo piso pasó por los cuartos de sus hijos y un nudo se le formó en la garganta. Se dirigió a su recámara, aquella que alguna vez compartió con su Hinata.
Se recostó en su cama dándole la espalda a la puerta, miró el lado vacío, ese en donde se suponía debía estar ella; una lágrima se deslizó desde su nariz hasta caer sobre las sábanas, más lágrimas le siguieron y los pequeños sollozos no se hicieron esperar. Aquella noche el hokage volvió a llorar y lastimosamente no tenía un hombro en el cual apoyarse...
Definitivamente odiaba la hora de dormir.
Era hoy, era el día en el que su mejor amigo había perdido todo lo que amaba. Se levantó temprano para preparar el desayuno para su familia. Llegó a la cocina y se puso manos a la obra.
–Buenos días—saludó su esposo.
—Buenos días, Sasuke-kun—respondió el saludo. El uchiha tomó asiento en la mesa y vio por la ventana el cielo, el cual estaba nublado.—Estás preocupado, ¿no es así?—preguntó con calma la pelirrosa. Escuchó cómo el hombre soltó el aire.
—Sí—soltó sin más el pelinegro.—Tal vez si hubiera llegado a tiempo, ellos...—fue interrumpido por su esposa.
—Ya hablamos sobre esto, no fue culpa de ninguno de ustedes. Nadie sabía que ellos llegarían y mucho menos que Hinata y los niños se interpondrian ante el ataque...debemos ser fuertes, por Naruto, él es nuestro amigo—terminó de decir con tristeza en cada palabra. En ese momento vio como su hija entraba a la cocina y se sentaba junto a su padre.
Sarada no miró a nadie, no se sentía bien como para hablar. Hace un año ya que había perdido a una de las personas más importantes en su vida.
—Sarada, mi amor, ¿estás bien?—preguntó preocupada la matriarca del hogar. Sabía que era una pregunta absurda, era obvio que no se encontraba bien, pero no podía evitar querer hablar con ella, se había vuelto muy callada.
—Será mejor que terminemos rápido, no podemos llegar tarde al evento—intervinó Sasuke, al ver que su hija no respondería. Sakura simplemente asintió y terminó de preparar todo.
—Esto es lo último—dijo el pelinegro mientras se estiraba. Colocó los papeles sobre el escritorio.—Ya me voy, ¿estás seguro de que no deseas ir?—preguntó con lástima.
Naruto no dijo nada, sólo negó suavemente con su cabeza. Shikamaru lo vio con tristeza; hoy se cumplía un año desde la muerte de su compañera, Hinata y sus hijos. Ese sería el primer año en el cual el rubio estaría sólo, para muchos él superaría todo y tal vez en algún momento se volvería a enamorar e iniciar su vida de nuevo. -rió internamente-Sabía que Naruto no se volvería a casar, no porque no pudiera, sino porque él amaba a su esposa y por lo que fuera que pasase su amigo no se fijaría en nadie más.
—Bien, llámame si necesitas algo y vendré enseguida—habló luego de guardar sus cosas.—Y recuerda, por muy problemático que sea todo esto, no estás solo...somos familia—sonrió levemente. No esperó una respuesta-pues sabía que no llegaría-y se retiró.
"Que día más problemático" pensó al salir de la torre hokage.
Aldeanos, shinobis e incluso kages, asistieron a el evento conmemorativo. Todos se encontraban muy tristes por la pérdida del Hokage, la mayoría no frecuentó mucho a los caídos, sin embargo, aquellos que los conocieron y compartieron varias cosas con ellos, sentían como una parte de su alma se iba con ellos.
Los 10 de Konoha y sus respectivos maestros se encontraban devastados, pues acababan de perder a uno más.
Hiashi y Hanabi-quienes venían acompañados de los miembros del clan-estaban al frente, la castaña no pudo evitar llorar al ver las de fotografías de su hermana y sus pequeños sobrinos, los tres con una gran sonrisa.
—Hola Shikamaru, Temari—saludó Ino, quien venía con Sai e Inojin-este estaba callado-.El Nara respondió el saludo con un gesto y su esposa sonrió levemente.
Shikadai no miró a nadie.
—¿Qué pasó con Naruto?—preguntó preocupado Sai.
—No quiso venir, pero no podemos hacer nada, lo mejor será dejarlo solo—respondió mientras se rascaba la nuca y miraba hacia el frente, ahí se encontraba Tsunade-quien sería la que de comienzo a dicho evento-.
—Buenas Días, Konoha. Quiero agradecerles por estar aquí a todos, en especial a los Kages que se tomaron su tiempo en venir; realmente apreciamos su presencia aquí—vio el cielo. El viento comenzó a soplar y llevando consigo las hojas que se desprendían de los árboles. Miró a la multitud otra vez.—Hace un año, Konoha perdió a tres personas muy queridas. Perdimos a una kuniochi valiente, amable y no sólo eso, también perdimos a una gran amiga—
Algunas personas ya se encontraban derramando lágrimas, otras trataban de contenerlas. Muchos se preguntaban ¿en dónde estaba el Hokage? Pues este se encontraba en el lugar donde ahora se encontraba esculpido su rostro. El rubio estaba sentado sobre la cabeza del Yondaime, su padre.
—Perdimos a un shinobi, uno que definitivamente tenía un gran futuro por delante; era alguien muy hiperactivo como su padre y siempre le sacaba una cana a más del alguno—muchos rieron levemente estando de acuerdo con lo dicho.—Incluso perdimos a una niña que sin duda tenía el corazón más puro y bondadoso de todo el mundo, esa niña que nos sacaba una sonrisa sólo con verla feliz. En Konoha, todos crecemos como una familia, nos protegemos los unos a los otros y nos tenemos mucho aprecio; por eso mismo, cuando Hinata, Boruto y la pequeña Himawari partieron, una parte de esta aldea se fue con ellos—no se contuvo, las lágrimas bajaban con toda libertad.—Estamos aquí, para recordar a esas personas importantes, para agradecerles por sus sacrificios por todos nosotros. Ellos dieron su vida por la nuestra, son nuestros héroes—terminó de decir.
Todos pasaron a dejar una rosa blanca frente a las tumbas de sus héroes, rezando porque se encontrarán en un mejor lugar.
Al escuchar el discurso dado por la rubia, Naruto no pudo evitar llorar, sentía un dolor inexplicable en su pecho, sentía como si algo lo desgarrara. Hundió su cabeza en sus piernas; se preguntaba por qué no había podido impedir que murieran.
¿Qué tenía que hacer para que dejara de dolor? ¿Por qué a él?. La frustración se unió a la fiesta que sus emociones habían creado en su mente y corazón.
—¿Por qué se fueron?—preguntó con la voz quebrada. Odiaba esto, lo odiaba todo.
Y como si de una señal se tratara, a su mente llegó un recuerdo.
—Te daré la oportunidad de viajar al pasado. No tienes que aceptar si no lo deseas, esto te lo doy porque lo mereces—
Tal vez, sólo tal vez, no todo estaba perdido. Shikamaru tenía razón, cualquiera quisiera esto, pero aún corría el riesgo de arruinar todo. No sería la primera vez que sigue a su corazón y no a su mente; estaba dispuesto a empezar todo otra vez, dispuesto a salvar a Hinata y a sus hijos y no tenía pensado dejar de lado a los demás.
