¡Hola!

Bueno, esta es la primera vez que hablo con ustedes...quería darles las gracias por leer mi fic, leí sus comentarios y estoy muy feliz de que les guste.

Espero y sigan leyendo hasta el final 3

ありがとうございます!。


Definitivamente sus amigos tenían razón. Era un tonto. ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Enviarle un correo a su computadora?-bufó ante la gran incoherencia que acababa de pasar por su mente-.

Al fin había decidido qué hacer, después de todo ese día, además de ser un día que--ahora--odiaba, era la fecha límite para aceptar o no la gran oportunidad que el viejo le había ofrecido. Sin embargo, hasta ahora se ponía a pensar el hecho de que no sabía cómo comunicarse con él.

Se sentó en su cama y miró hacia la puerta; aún analizando el porqué era tan inútil.

Eres un idiota sin remedio—resonó una voz grave en su cabeza. Ingresó a su espacio mental, viendo a su gran amigo. Se cruzó de brazos, con el ceño levemente fruncido.

—¿A qué te refieres, Kurama?—preguntó algo ofendido. El bijuu rodó los ojos con exasperación. ¿Por qué su Jinchuriki no podía ser inteligente?.

El viejo dijo que él vendría a buscarte, no tú a él. Además, la última vez, tú te encontrabas dormido—Los ojos del rubio se abrieron de golpe, esto sacó un bufido a el kyubi.—Que patético—

—Ya entendí, no necesitabas insultarme—se dio la vuelta y salió de su espacio mental, volviendo así a su silenciosa habitación.

Apagó la lámpara que se encontraba a su lado y luego se recostó sobre su cama, cayendo así en los brazos de morfeo.


—¡Hinata!—gritó y comenzó a correr hacia ella. Vio como la sangre salía del pecho de su esposa.

Llegó hasta donde se encontraba ella. La tomó antes de que cayera al suelo; las lágrimas empezaron a salir de sus ojos perlados.

—Naru...to—soltó en un leve susurro. Tosió y escupió algo de sangre.

—No hables, en un momento vendrá Sakura-chan y te sanará—dijo con la voz algo quebrada. Un nudo se le comenzó a formar en la garganta.

—No, ya no...me queda—poco a poco el calor de su cuerpo comenzó a disminuir y la hemorragia no se detenía.—Cuida de nuestros hijos...nunca olvides...cuánto te amo—sus ojos comenzaron a cerrarse poco a poco.

—Hinata, no...por favor, no me dejes—acarició si rostro, el cual se encontraba cada vez más pálido y frío.—¡Hinata!—gritó desesperado.

Escuchó a alguien llamándolo a lo lejos, parecía advertirle de algo, pero no le tomó importancia pues su esposa estaba en sus brazos, muriendo.

—¡Papá!—gritaron Himawari y Boruto. Volteó sólo para ver a el otsutsuki yendo nuevamente hacia él con chraka renovado.

—¡Te veo en el infierno, zorro!—y sin piedad alguna incrustó la barra directamente en su pecho, justo en el corazón. Abrió los ojos sorprendido, al igual que Naruto. En medio de ambos estaban los niños, ambos atravesados cruelmente por dicho objeto.

—¡No!—

¡Naruto!—gritó kurama. Vio como su Jinchuriki abría los ojos abruptamente; de estos salían lágrimas. Comenzó a temblar, mientras colocaba una mano en su pecho.

Otra vez había tenido esa pesadilla.

¿Te encuentras bien?—preguntó con cuidado el bijuu. El rubio simplemente asintió; secó las lágrimas con su antebrazo.

—Parece que esta es la única manera en la nos podemos encontrar. Por lo visto tu presencia se vuelve más fuerte cuando tu mente genera una pesadilla—dijo esa voz que el ojiazul había esperado oír otra vez.—He venido a saber cuál es tu decisión, Naruto—habló seriamente el anciano.

—Iré—dijo firmemente el hokage.


Miró detenidamente a la mujer frente a él. Esos ojos demostraban una gran determinación, y eso

por algún motivo le enorgullecía.

—Entonces está decidido, sálvalos a todos—soltó el mayor con una tenue sonrisa.


—Me alegra que decidieras ir—comentó con una pequeña sonrisa el otsutsuki.—Debo decirte que no sé con exactitud en cuál época iras a barar—dijo Hagoromo. Eso instintivamente atrajo la mirada tanto de Naruto, como de kurama.

—¿Cómo es eso que no sabe dónde iremos?—preguntó contestarnado.

De hecho, sería a cuándo—mumuró el gran zorro, ganándose una mala mirada por parte del rubio.

—Como sea—soltó con algo de molestia. Regresó su vista hacia el señor frente a él.—¿Cómo puedo saber a cuándo iré?—preguntó nuevamente.

—Bueno, es la primera vez que hago este tipo de cosas. Sin embargo, estoy seguro de que irás a una época cercana a donde comenzaron los problemas—habló calmadamente el anciano, esto sacó una gota de sudor en la nuca a los presentes.

Hagoromo comenzó a hacer los sellos manuales-sus manos se movían a una gran velocidad-. Indicó a él rubio acercarse, este así lo hizo. Extendió su mano hasta la de él, el chakra de ambos comenzó a unirse; Yin y Yang giraron, hasta que en el suelo se abrió un portal-los colores que resaltaban eran negro y blanco. Dentro de este todo era un pozo sin fin,completamente oscuro-.

—Bien, ya está abierto, debes ir. No durará mucho tiempo, así que apresurate—explicó el anciano. Naruto miró al hombre frente a él, estaba tan agradecido.

—Muchas gracias por esta oportunidad, de verdad, se lo agradezco—dijo con una sonrisa genuina en sus labios. Esta fue correspondida por el otsutsuki.

El sabio hizo otros sellos y kurama desapareció completamente dentro del cuerpo del ojiazul.

—Ya está, ahora ve y salvalos una vez más, hijo—pronunció el potardor del rinnegan. Naruto asintió y entró en el portal.

Antes de que este se cerrara una energía cruzó en él rápidamente-cerrándose al instante-. Hagoromo vio esto y abrió extremadamente sus ojos. Conocía ese chakra, y sabía que estaba conectado a otra presencia.

—¿Acaso...?—


—Que problemático, tendré que ir a buscar a Naruto—murmuró fastidiado el pelinegro. Se había quedado hasta tarde en la torre hokage, firmando un pila de papeles-Todo por ayudar al rubio-. "que decisión más tonta" pensó.

Se detuvo abruptamente y observó con asombro como su cuerpo y todo a su al rededor comenzaba a desaparecer.

—¿¡Qué sucede!?—preguntó alarmado, a nadie en particular.

En todas las aldeas pasaba exactamente lo mismo. Cada parte del mundo miraba con terror como desaparecían. Todo se puso negro, no había nada, ni nadie...el futuro ya no existía ahora.


—¡Sakura!—exclamó alterada la azabache. Su rostro reflejaba preocupación.

—Y-Yo...—su voz se rompió y las lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas.—No pude salvarla...—un sollozo se escapó de sus labios.

¿Cómo se supone que le iba a decir a su mejor amigo, que su esposa había fallecido? No quería ni pensar en el dolor que sentiría al saber la verdad. Se sentía tan inútil, no pudo estar allí presente para impedir que salieran heridos...lo peor es que ni Boruto ni Himawari habían sobrevivido-el ataque fue directamente a sus corazones, matandolos en el acto-.

—Está esperando afuera, lo mejor será darle la noticia—dijo suavemente, Shizune quien también poseía lágrimas en sus ojos. La pelirrosa asintió, limpió sus lágrimas y soltó el aire lentamente.

Salió de la habitación y caminó por los pasillos del hospital, era mentira si dijera que estaba preparada para hablar; desde el comienzo los jóvenes son entrenados para dar este tipo de noticias-sin mencionar que son ninjas y la muerte es algo a lo que deberían estar acostumbrados-. Sin embargo, nadie nunca está listo para afrontar un mundo en donde tú familia ya no está contigo.

A lo lejos lo vio, la persona a quien tendría que decirle que su esposa estaba muerta, su mejor amigo...Uzumaki Naruto.

—Naruto—pronunció con un gran pesar en su voz. Este levantó la cabeza al oírla. Su corazón se estrujó al ver sus ojos azules con pequeñas estelas de esperanza y lágrimas.

No esperó ni un segundo y lo abrazó.

—Lo siento...ella...Hinata—su voz se ahogó en un sollozo.—No pude salvarla—.

El mundo se le vino a abajo. Todo a su alrededor estaba en pausa, su esposa, su amada Hinata ¿murió?. Su pecho comenzó a dolor y su respiración se volvió lenta y pesada.

—Naruto—lo llamaba su amiga, pero no prestó ni la más mínima atención.

—¡Naruto!—

Abrió los ojos con lentitud, le dolía todo el cuerpo-sin mencionar el ardor que sentía en su pecho-.

—Está despertando—dijo una voz que se le hacia bastante familiar al rubio.

—Naruto, ¿estás bien?—preguntó una fémina. El susodicho la reconoció de inmediato. Abrió completamente los ojos, allí frente a él, se encontraba su mejor amiga de 16 años de edad.

—Sakura-chan...—.