* TOC * TOC *
- ¿Se puede?
Era la voz de Hestia quien respondía.
- Un momento.
- Hola... Soy Lefiya... ¿Puedo pasar? - dijo entreabriendo la puerta
- ¡Adelante, Lefiya! ¡Pasa! - gritó Bell con voz ronca.
La elfa entró. Bell se encontraba metido en una cama grande, pensada para parejas. Esta era una de las pocas habitaciones de una de las otras alas de la mansión que la familia Hestia había cerrado. Era una habitación bastante lujosa.
Para sorpresa de Lefiya, ambos, Bell y Hestia, estaban dentro de la cama.
- ¿Interrumpo algo? - preguntó la elfa
- Quizás. - dijo Hestia con tono sugerente, mostrándose completamente tapada salvo la cabeza
- ¿Eh?
- Está vestida. - dijo Bell - No pienses cosas raras.
Ante la confesión del conejo, Hestia se destapó.
- Sabía que las ideas de Lili no tenían ni pies ni cabeza. No te has puesto celosa ni un poquito. - dijo Hestia
- ¿Celosa? - dijo Lefiya confundida.
- No importa. Olvida lo que he dicho. Estaba aquí, dando calorcito a mi querido Bell-kun. - dijo Hestia para taparse de nuevo y abrazar al conejo.
Lo cierto es que la elfa sabía con claridad la posición del conejo con la diosa. En todo caso, habría considerado que Hestia estaba intentando propasarse un poco como lo hacía Loki, pero nada realmente serio.
- ¡Hest...! ¡ATCHÚS! - estornudó Bell ruidósamente. Bell no tenía fuerzas ni para protestar.
Hestia le tocó la frente con su mano.
- Aún no te ha bajado la fiebre. - dijo la diosa
- No me puedo creer que puedan reconstruir un brazo casi perdido *SNIF* y no puedan curar un simple resfriado. - dijo Bell con voz gangosa por tener la nariz tapada
- Bueno... Técnicamente no es un resfriado común. - dijo Lefiya recordando
Un día antes...
* CLANK * CLANK * CLANK * CLANK * CLANK * CLANK * CLANK * CLANK *
Lefiya y Bell estaban entrenando en el patio trasero de la familia.
- ¡Ouch!
Bell había golpeado el hombro de la elfa con fuerza, y ella había caído al suelo.
Por suerte, era un entrenamiento. Ambos portaban ahora armas de madera, y Lefiya vestía su nueva armadura, por lo que el golpe había sido amortiguado en gran medida. Sólo había sufrido un impacto sin consecuencias. Probablemente ni le saldría un moratón.
Lefiya suspiró. Su diferencia seguía siendo enorme, especialmente si se trataba de combate cuerpo a cuerpo.
- ¡Has mejorado mucho! - dijo Bell con entusiasmo
- ¿Eh? Pero si me has derribado con facilidad.
Bell negó con la cabeza.
- Todo este tiempo he estado esperando una abertura. Has estado un buen rato bien cubierta.
- Pero podrías haberme atacado en cualquier momento, ¿verdad?
Bell afirmó.
- Sí, pero antes cometías muchos fallos. Ahora sólo tienes que ganar velocidad, y tendrás un nivel de combate cuerpo a cuerpo del mismo nivel que el mío.
- Se dice muy fácil... - dijo Lefiya
- No, en serio. Estás reduciendo distancia... ¡cómo se esperaba de mi rival! - dijo el conejo guiñando un ojo
Este tipo de bromas habían crecido a lo largo del tiempo. Ya habían pasado quince días desde que la familia Loki se había ido de viaje.
En ese tiempo, habían pasado y compartido muchas cosas. La familiaridad entre ambos no había parado de crecer, y ahora no era raro que bromearan citando al otro, justo como ahora.
Bell no había hecho el comentario al azar. Sabía que esas palabras alegrarían a su compañera temporal.
*- ¡No me estoy quedando atrás! - resonó en la mente y corazón de la elfa
Lefiya contestó a Bell compartiendo miradas y sonrisas.
Días atrás, ese tipo de comportamiento habrían vuelto loca de celos a Lili. Pero la mediana también estaba cambiando.
No podía decir que había olvidado ya al conejo. ¿Cómo se puede olvidar un amor en unos pocos días, y aún más si vives con él? Probablemente tendría una recaída pronto. Dentro de ella estaba planteándose hacer un último intento cuando llegaran las festividades de la cosecha.
Pero mientras tanto, estaba haciendo su mejor esfuerzo para evitar quedarse anclada en ese momento, y ahora focalizaba sus energías en mejorar.
La mediana entrenaba cerca, en un circuito lanzando flechas a diversos objetivos estáticos. Y con ayuda de Mikoto, a pequeños troncos de leña que lanzaba en diversas direcciones.
Como era de esperar en un entrenamiento, Lili usaba saetas normales. De hecho, calibraba sus "ballestas Welf" para usar menos fuerza. De esa manera, muchas saetas eran recuperables.
De todas maneras tenía puntas de saeta convencionales de sobra en la herrería.
- Quince segundos. Y has fallado dos troncos. - dijo la oriental
Con un movimiento rápido, en menos de dos segundos, cruzó sus brazos y como si fuera un pistolero del oeste, movía unos cargadores desde unos bolsillos en sus piernas y cargaba las dos ballestas.
- ¡Otra vez!
Conejo y elfa observaron un momento a la mediana.
- Veo que no soy la única que está avanzando. - comentó Lefiya
- No. Lo que sea que la estuviera frenando, lo ha dejado atrás. - respondió Bell con una sonrisa tranquila, pero feliz.
- Y no sólo Lili. - dijo Lefiya señalando a la herrería que no sólo humeaba con fuerza, sino que de vez en cuando las llamas aparecían por arriba, señal de que el fuego era extremadamente fuerte. - ¿En qué está trabajando?
- Prefiero no preguntar... pero a lo mejor se ha tomado en serio la propuesta de Mikoto. - dijo Bell
- ¿Que propuesta?
- Shurikens mágicos. - dijo Bell con sonrisa incómoda
- Tienes razón. Mejor no preguntar.
- Sí... Parece que Welf sigue sin querer hacer espadas mágicas... pero tras su éxito con las flechas, parece que en parte se ha reconciliado con las armas mág...
- ¡MIKOTO! - gritó el herrero
- ¡Hey! ¡No me dejes colgada! - gritó Lili cuando la oriental dejó de lanzar troncos y salió a la carrera hacia la herrería.
- ¡Dime que lo tienes! - dijo Mikoto tan entusiasmada como el día que estrenaron los baños.
Bell, Lefiya y Lili se habían acercado a observar.
Welf sonrió y mostró una shuriken en su mano.
- ¿Es esta? - dijo Mikoto primero ilusionada mientras Welf ponía el arma en su mano y luego extrañada.
- No parece mágica. - dijo la oriental
- Tú pruébala.
Mikoto fue caminando con normalidad hasta la mitad del patio, y con precisión perfecta, lanzó la estrella ninja contra una de las dianas de arquería.
Al chocar, una serie de rayos salieron del arma chamuscándolo.
- Sé que no es tan potente como una de las flechas de Lili... pero tiene sus ventajas. Adelante... Recógela.
- ¿Eh?
Mikoto observó que la estrella ninja seguía clavada en la diana, perfectamente incrustada como si fuera un arma normal.
- ¿Quieres decir...?
- Tú hazlo...
La oriental fue corriendo a la diana, recogió la estrella, regresó y la volvió a lanzar. De nuevo, el efecto mágico se disparó.
- ¡Jajajajaja!
Mikoto dio palmadas como una niña pequeña.
- Tráemela otra vez. - dijo el herrero
Mikoto obedeció... y una vez posada en la mano del herrero, él la enseñó a todos.
- Miradla bien. Es verdad que no parece mágica, ¿verdad?
Todos afirmaron con la cabeza
Welf desenroscó una pieza. En realidad, eran como dos láminas metálicas pegadas, pero una de ellas tenía un sistema de rosca, y se retiraba como una tapa.
Dentro, en la zona central, había un disco circular de un color blanco azulado brillante.
- ¡ESTO, es mágico!. El Argo-Vesta de Bell me dio la idea. Lo que haces al lanzar la estrella es traspasar carga mágica del disco a la estrella. Por eso la forjé en mithril. Al menos una capa interior. El resto es oricalco para aislarlo y redirigir la carga además de que es un poco más barato... o menos caro siendo precisos. Y cuando alcanza el objetivo, descarga todo lo acumulado. La estrella como recipiente, como en sí misma no es mágica, no se destruye. El disco sí, pero la magia se transfiere lentamente, podrás lanzarla unas cuantas veces. Además, los discos internos son reemplazables, así que si te llevas unos cuantos extra, puedes recargarlas.
- ¡Es genial!
- Pero como entenderás... usar mithril, oricalco y hacer discos de carga mágicos no es precisamente barato. Por favor, intenta recuperarlas siempre y no las uses como arma habitual.
- ¡Entendido! ¡Gracias! - dijo Mikoto haciendo una reverencia al herrero.
- Eso es genial, Welf. - comentó Lili - Pero... ¿no sería incluso mejor si le hicieras una katana mágica como tu Kazuki? ¿O no has vuelto a encontrar inspiración?
- Eeeh. No es eso exactamente. - dijo el herrero - Es que...
- Se que no te gusta hacer espadas mágicas, pero pareces muy satisfecho con tu espada. - insistió la mediana -. ¿O es que no confías en Mikoto?
- ¡No digas tonterías, pequeLili! - protestó Welf. - Claro que confío en ella... El problema es que...
Sus palabras se volvieron a quedar en suspenso.
- Esto... Si el problema soy yo y necesitáis intimidad... - dijo Lefiya intuyendo que su presencia era incómoda si se trataba de hablar de un asunto de familia.
- No... Se que eres de confianza. - dijo el herrero - Hay algo que no os he contado sobre Kazuki... ¿Recordáis el caso de una persona familiar cuya alma podía ser transferida a un objeto?
- ¿Te refieres a Haruhime? - dijo Bell
Welf suspiró
- Master Bell. - dijo la mediana - Welf estaba hablando en clave. - dijo haciendo un disimulado gesto en dirección de la elfa
- ¿Eh?
Debido al descuido de Bell, Lefiya intuyó que había un suceso ligado a Haruhime que no querían que ella supiera.
Lefiya no preguntaría y se hizo la tonta. Las familias tienen derecho a la intimidad y sabía que el caso de esa joven era delicado.
- Déjelo, Master Bell... ¿Welf?
- Sí... A lo que iba... Para crear un arma como Kazuki... igual que la daga de Hestia... se necesita ir más allá de la forja... Se necesita dotar al arma de su propio alma... O dicho de otra manera... ALGUIEN tiene que ceder un trocito de su alma al arma durante su creación.
- ¿Eh? - sonaron varias voces de sorpresa.
- Para forjarla hice un pacto con mi propio herrero interior... con mi propia alma por así decirlo. Usé mi sangre y mi voluntad para ofrecerle vida a mi arma. Una parte de mí, más allá de mi voluntad para forjarla... una parte de mi esencia, de mi alma literalmente está en esta arma.
- Eso suena como magia oscura - dijo la oriental
- Eso no sabría decirte. Lo que sí se es que no puedo forjar estas armas sin pagar por ello un alto precio. Como esta arma es para mi mismo, era un precio que estaba dispuesto a pagar... pero entiende que si me pedís estas armas para vosotros... eso es otro asunto.
- ¡Espera! ¿Dices que mi daga tiene una parte de mi alma? - dijo Bell que comenzaba a ponerse blanco
- No. Esa transferencia requiere algo de vitalidad del que entrega el fragmento. En tu caso, sospecho que fue Hestia misma.
- ¡ ¿Me estás diciendo que un trozo del alma de nuestra diosa está en esta daga? !
- No estoy totalmente seguro... pero sí... eso creo.
El peliblanco volvía a estar en shock. Una deuda de dos cientos millones ya era suficientemente malo.
- Eso suena peligroso... - dijo Lefiya - ¿No podría alguien utilizarla mal?
- Por eso Hephaestus le puso una protección. Sin la bendición de Hestia, esa daga no es más que un trozo de metal. No se puede usar su poder.
- Pero... ¿y si lo fuera? - preguntó Lili
- Es una teoría... pero probablemente se podría incluso matar a Hestia con ella. Y cuando digo matarla, me refiero exactamente a eso. No devolverla al cielo, como pasa en estos casos... sino la muerte definitiva... aunque no estoy seguro. ¿Entendéis por qué no quiero hacer más armas así, a la ligera? - comentó Welf - Una vez es suficiente. Si vuelvo a hacerlo será porque tenga un motivo mayor... No puedo hacerlo simplemente por tener un arma más fuerte.
- Entiendo... - dijo Mikoto cabizbaja
- Oye... Si estás dispuesta a ser la que aporte su trocito de alma para forjar su propia espada... - comentó el pelirrojo -, yo encantado. Forjarla no es el problema.
- Es... una decisión muy importante. - respondió la oriental mirando al suelo.
- Ok. No te preocupes.
- ¿Master Bell? - dijo Lili
Y es que Bell llevaba desde hace un rato en estado catatónico.
- Matar a Hestia... - susurró el conejo con la cara tan blanca como su pelo.
- ¡Hey! ¡Master Bell! ¡Es una teoría! ¡No se preocupe tanto! - dijo Lili al observarlo
La cara de Bell estaba tan en shock como la vez que se enteró de la deuda que adquirió la familia por ella.
- Además... sólo lo podríamos hacer uno de nosotros. - dijo Lili. - Incluso si nuestra familia crece en el futuro, jamás nadie haría una estupidez semejante. Matar a un Dios es un billete seguro al inframundo. ¡No, gracias! Sólo los más fanáticos de Evilus harían algo así.
Aquello no fue suficiente para calmar al peliblanco. Probablemente él había dejado de escuchar a partir del momento en que Welf dijo que la daga podría matar a la diosa. Cuando la reducción de sangre llegó a su límite, sus piernas comenzaron a fallar.
La elfa, la siguiente más rápida detrás del conejo, se movió a gran velocidad para situarse en la espalda del peliblanco para parar su caída.
- ¡BELL!
- Ok... Respira profundo... Bell... - le decía Welf
Bell estaba ahora sentado en un banco del patio
- ¡Vamos, Master Bell! No debería dar tanta importancia a algo que podría ser sólo una estúpida teoría. - dijo la mediana
Lefiya se puso delante del conejo y lo miró fijamente a los ojos mientras puso sus manos encima de las suyas.
- No pensaba que mi rival fuera a ser tan blandengue... ¡Seguro que ahora puedo ganarte! Quiero mi revancha... ¡ahora!
Obviamente no iba en serio. La cara de Lefiya no era amenazante, sino que tenía una sonrisa en ella, y su voz no sonaba como la de un enemigo, sino como un bromista.
Sea como fuere... una parte de Bell sí se tomó en serio las palabras de la elfa y salió de su estado de shock.
Bell afirmó con la cabeza.
Tras un suspiro, todos respiraron tranquilos y volvieron a sus asuntos.
Lefiya y Bell regresaron a su lugar y comenzaron a pelear otra vez.
* CLANK * CLANK * CLANK *
- ¡Ouch!
* CLANK * CLANK *
- ¡Au!
* CLANK * CLANK * CLANK *
- ¡Aah!
Las tornas habían cambiado. Ahora era Bell quien recibía los golpes.
- ¿Cómo es que te has vuelto tan rápida de repente? - comentó el conejo.
- No. Yo no soy más rápida... Tú eres más lento... ¿Estás pensando en lo de la daga?
- Intento no hacerlo... pero... ¡juraría que eres más rápida!
Mikoto y Lili miraron a Bell.
- Lefiya tiene razón, Bell... Te mueves más lento de lo usual.
- ¡Os juro que no lo hago a posta!
- Deberías dejar de pensar en Hestia - comentó Lili
- Él mismo... Mejor para mí. ¡Tocado! - dijo Lefiya
- ¡Ay!
- Me lo estás poniendo tan fácil que está dejando de tener mérito. - presumió la elfa
- No se que me pasa... mis reflejos están... confusos... ¡ATCHÚS!
- ¡Hey! ¡No me estornudes encima! - se quejó Lefiya
- ¡Lo siento!... ha sido sin... ¡ATCHÚS!
- ¿Te encuentras bien?
El grupo paró y observó a Bell. Sus ojos se estaban enrojeciendo por momentos. Su piel seguía pálida tras el shock y su mirada parecía cansada.
- Creo que... necesito un minut... ¡ATCHÚS!
- Esto no es normal. Master Bell... ¿se encuentra bien? - preguntó Lili
- No se... Me duele un poco la cabeza.
- Deberíamos ir a ver a Miach. - respondió la mediana
- ¿Y que tal a Armid? - preguntó Lefiya
- ¡Hola, Armid!
- Hola, chicos... - dijo saludando a todo el grupo que entró a la vez - ¿qué puedo...?
- ¡ATCHÚS!
- ¡Esperad fuera, por favor! - dijo la joven alarmada
- ¿Eh?
- ¡Fuera!
- ¿Qué pasa?
La chica entró dentro de la farmacia interior y salió con rapidez portando una mascarilla, empujando a todo el grupo al exterior.
- ¿Pero qué pasa?
Al momento puso otra mascarilla a Bell y comenzó a repartirlas.
- Bell tiene un resfriado. Eso es lo que pasa. - dijo la sanadora
- ¿Ok? ¿Y no se supone que tenéis remedios para eso por aquí? - preguntó la mediana
- Bell es un aventurero de nivel cuatro. No cogería un resfriado normal. Esto sólo tiene una explicación. ¡Un resfriado del calabozo!
- ¿Eh?
- Cuanto más fuerte y resistente se hace un aventurero, más difícil es que se resfríe. Un nivel uno se resfría casi con la normalidad de un tipo normal. Un nivel dos suele enfermar raramente, pero un nivel tres o cuatro es casi imposible. Sin embargo, si el aventurero permanece mucho tiempo en la mazmorra, si porta enfermedades, estas pueden endurecerse a la vez. Si pasa por un episodio de estrés... y Bell hace poco que pasó por lo del brazo... y luego lo del dragón... su cuerpo puede debilitarse y la enfermedad manifestarse.
- ¿Estrés dices? - comentó Welf mirando con preocupación al resto de compañeros. Estaba claro que había pasado.
- El problema es que una vez que el resfriado se manifiesta, se vuelve contagioso a otros aventureros. ¡Lo último que necesitamos ahora en Orario es una pandemia!
- Entonces... ¿Qué recomiendas?
- Lo mismo que un resfriado común. Beber líquidos... te daré algunas medicinas por si tienes fiebre... descanso... y aislarte para no contagiar a otros aventureros.
Los compañeros a su alrededor dieron un par de pasos atrás.
- La parte buena es que los resfriados del calabozo son incluso menos peligrosos para gente que no posee una falna, dioses incluidos, así que Hestia podrá cuidarte sin problemas.
- ¡Genial! - dijo Bell con tono escéptico, aunque no se apreció porque su nariz comenzaba a atascarse y producir un sonido nasal.
- ¿De verdad que no hay ninguna medicina? - preguntó la elfa - El dinero no sería problema.
- No. El problema de un resfriado es que es como una prolongación de la persona. Las medicinas mágicas que hacen más fuerte a la persona o la curan, también generan el mismo efecto en el resfriado mismo. Pueden agravar la situación.
- Me resulta difícil creer que no haya nada. - insistió la elfa
- Si fuera una emergencia... hay medicinas fuertes que enmascararían los síntomas, pero los efectos secundarios serían incluso peores. No... creedme. Lo mejor es simplemente descansar. En unos días estará bien.
- ¿Qué te dijo Riveria? - preguntó Bell
- Esto... la medicina que te dije... - dijo la elfa sacando un bote - ... resulta que es un veneno que los elfos podemos asimilar muy bien, sin básicamente efectos secundarios, que ayuda a protegernos de algunos resfriados. Pero como eres humano, me recomendó encarecídamente que no la tomes. Al tener "Resistencia Anormal", no te mataría... pero pasarías unas horas muy malas. No compensa pasar por ello.
Bell miró con tentación el frasco.
- ¡De eso nada, Bell-kun! - dijo Hestia abrazándolo y obligándole a echarse una vez más.
- La parte buena es que yo lo he tomado y es probable que esté inmunizada ahora, así que si necesitas cualquier cosa...
- Ok... Pues ya que lo dices... Pensaba en no ir a trabajar - dijo Hestia -... pero si me cubres hasta que vuelva, te lo agradecería.
- ¡No soy un niño! - se quejó Bell - No estoy tan ... ¡ATCHÚS!
- No seas cabezota y descansa. Tú has cuidado de mí otras veces. Ahora déjate cuidarte.
- Ya he estado enfermo demasiado tiempo. - se quejó el peliblanco haciendo referencia a su problema con el brazo - ¡Esto es muy aburrido! ¡Lefiya! ¡Déjame esa medicina!
- ¡NO! ¡ES UNA ORDEN, BELL-KUN! - dijo Hestia muy seria. Y volvió a abrazarse a él.
Bell emitió un gemido de disgusto.
- Bueno... Imaginé que estarías aburrido, así que busqué en nuestra biblioteca... ¿A que no adivinas que encontré?
Bell se giró un momento para observar a la elfa
- ¡ "Doscientas historias cortas del pasado remoto" ! ¡ Tenéis un volumen ! - dijo el peliblanco excitado sentándose
- ¡A LA CAMA! - dijo Hestia tirando de él
- Tranquilo, Bell - dijo Lefiya cogiendo la silla del tocador y dándole la vuelta para sentarse en dirección a la cama - Yo te leeré... Además, he encontrado una historia que creo que te va a gustar...
- Érase una vez un poblado que...
- ... y así, el hombre que se transformó en criatura, fue esclavizado y sometido por el rey tirano. Aquel que le daría el nombre secreto de "el que adquirió astas"... "Asterius". - acabó Lefiya
- ¡ASTERIUS! - dijo Bell volviéndose a sentar en la cama
- ¿Quieres dejar de hacer eso? - dijo Hestia volviendo a tirar de él para que volviera a echarse
- Sabía que te sorprendería. - dijo Lefiya sonriendo
- ¡Sorprenderme! ¡El Asterius que conocemos podría ser la reencarnación de aquel minotauro!
- Imaginé que dirías algo así... - comentó Lefiya - ¿Pero no es más sencillo pensar que los Xenos han leído esta misma historia? No sería la primera vez...
Bell pareció relajarse con ese pensamiento.
- Mmm. No sé... Quizás tengas razón. Pero ese libro es muy difícil de encontrar.
- Quizás se lo haya contado Fels. - razonó la elfa - Si lo que me dijisteis es cierto, él debe tener muchos años y habrá leído muchos libros.
- Puede.
- ¿Otra historia?
- Es mi hora... Tengo que ir a trabajar. ¡Abrígate bien, mi Bell-kun! - dijo la diosa saliendo de la cama y volviendo a tapar las sábanas con rapidez.
- Sí, mamá - dijo Bell con un tono que no se sabía si estaba soñando o burlando de su diosa
Hestia simplemente sonrió, le dio un beso en la frente, y se dirigió a la salida.
Al ver que Bell estaba tranquilo, quizás durmiendo, Lefiya no dijo nada. Sólo movió la silla para estar frente a él.
Mientras él descansaba con tranquilidad, la elfa miraba su rostro, sonrojándose. No podía negarlo... el chico era muy tierno, y ahora le resultaba muy fácil entender porqué a muchas otras mujeres les resultaba agradable.
Lefiya le tocó la cabeza. La temperatura de su frente aún era elevada, y aún no era hora de tomar la siguiente medicina para reducirla.
Tocó sus manos. Estaban muy frías.
- Estoy bien... Kami-sama - murmuró el conejo, con los ojos cerrados, que no parecía haberse enterado de que Hestia ya no estaba allí.
Lefiya suspiró, y dando la vuelta a la cama, se quitó los zapatos, y entró a la cama reemplazando la posición de la diosa.
Lefiya abrazó a Bell desde la espalda de Bell, y pasando sus brazos alrededor, puso sus manos sobre las del conejo.
Bell no pareció darse cuenta hasta un par de minutos después.
- ¿? ¿Kami-sama? ¿Te has dejado crecer las uñas?
- Hestia se ha ido a trabajar. - susurró la elfa a su espalda
- ¿ ¡ LEFIYA-SAN ! ?
- ¿Qué pasa, Cranel-sama?
- ¿ ¡ EEEEEEEEh ! ?
- Ya te dije que te llamaría así si me volvías a llamar Lefiya-san. - se quejó la elfa
- ¿¡Qué haces ahí!?
- ¿Tú que crees, genio? Intentar que estés caliente para recuperarte lo antes posible.
- ¡Esto es totalmente inapropiado! - gritó el conejo
- Puede... pero necesario. ¿Acaso no abrazaste a la chica del restaurante de forma parecida cuando teníais frío en el calabozo?
- ¡No es lo mismo! ¡Nuestra vida estaba en riesgo!
- Y hace menos de media hora, Hestia te abrazaba también.
- ¡Es mi diosa! ¡Es como una madre para mí! - se excusó Bell - ¡Pero tú...!
- ¿Yo qué? ¿Ya no somos amigos? - contestó la elfa con un tono que parecía una molestia fingida.
- ¡Esto es demasiado íntimo para ser amigos! Además... ¡eres una mujer! ¡Puedo sentir todos tus atributos femeninos en mi espalda!
- Pechos, Bell. Se llaman pechos.
Bell gimió
- ¡Puedo sentir tus... pech..os en mi espalda! - repitió
- Me lo imagino... ¿Te molesta?
- Sí... Quiero decir... no... ¡pero es muy vergonzoso!
- Vamos, Bell... No te pongas más nervioso o vas a empeorar. Simplemente piensa que soy Hestia y relájate. - dijo Lefiya
Pero Bell parecía todo lo contrario. Comenzó a temblar como un indefenso conejo asustado.
Lefiya comenzó a frotar con sus dedos los del conejo, entrelazando las manos.
- ¿Estás peor? - preguntó la elfa al ver que él no paraba de temblar
- No es eso... Es que... estoy abrazado con una mujer hermosa ¡en la misma cama!...
- Jijiji. - rió la elfa por lo bajo - Así que crees que soy hermosa.
- ¡Claro que lo eres! Casi todas las elfas lo sois.
Lefiya suspiró.
- Ese último comentario sobraba. - dijo la elfa
- ¿Eh?
- ¡Y yo que creía que me habías dicho un piropo!
- ¿EEEEEh?
- Relájate, Bell... Sólo te estoy tomando el pelo. No tienes de qué preocuparte. Soy una elfa, no una amazona. No voy a hacer nada inapropiado.
- ¡Esto ya es inapropiado!
Lefiya volvió a suspirar
- Bell... Pasado mañana regresa mi familia.
- ¿Ok? - dijo confundido - Eso es bueno, ¿verdad?
- Sí... sí lo es... Pero... estoy muy agradecida con tu familia... y especialmente contigo... por los buenos días que hemos pasado. Han estado llenos de experiencias nuevas y especiales. Realmente se han sentido como unas vacaciones.
- No hay de qué.
- Sí... sí hay... teniendo en cuenta como empezamos y lo mal que te traté... Por eso... déjame que haga esto. Considéralo un regalo de despedida, Bell.
- ¿Despedida? Vivimos en la misma ciudad. Además, cuando Ais regrese, volveremos a entrenar juntos, ¿verdad?
- ¡Eso espero! - dijo la elfa decidida - Pero... será difícil que podamos compartir tanto tiempo juntos... como estos últimos días... Han sido...
*- Íntimos - pensó la elfa. Pero aquella última palabra no salió de su boca.
- ¿Divertidos? - dijo Bell al ver que Lefiya no terminaba de encontrar la forma de expresar sus emociones.
- A veces sí.
- La fiesta de fin de expedición fue divertida. - comentó Bell
Unos días antes, la noche tras el regreso de la expedición...
- Hola, chicas... - saludó Bell - ¿Cómo va todo?
- ¡Hoy está muy tranquilo, nya! ¡Incluso Syr se ha tomado nya tarde libre! - contestó una de las chicas gata
- ¿Y Ryuu?
- ¡Ryuu! ¡Tu querido Bell está aquí, nya! - gritó Anya
- ¡Estoy ocupada... Luego voy! - dijo la elfa con voz temblorosa desde la cocina
- Hoy me hacéis el negocio. - bromeó Mama Mia - Gracias a vosotros hoy no estará casi vacío.
Las familias Hestia, Takemikazuchi y Miach estaban todos reunidos en la Anfitriona de la Fertilidad, incluyendo a Naaza y Asuka que no habían participado directamente en la expedición, aparte de sus respectivos dioses.
- No hay problema. Por esta vez, no habrá restricciones de presupuesto. - dijo Lili
- ¡Eso es lo que me gusta oír! - respondió la enana
- ¡Y a mí también! - gritó una nueva voz
- ¡LOKI! ¿Qué diablos haces aquí? - gritó Hestia
La diosa de la poderosa familia acababa de aparecer por la puerta, llevando una capa con capucha incluida, acompañada de Lefiya.
- ¿Cómo que qué hago aquí? ¡Mi familia también ha participado en la expedición! Si la ciudad no se está cayendo a pedazos, ¡yo no me pierdo una celebración de fin de expedición!
- ¡Nadie te ha invitado! ¿Y que hay de ese atuendo? ¿Es la última moda para ocultar tu falta de pecho?
- Ese insulto se te está quedando viejo, Hestia.
- Lo que tú digas, pecho plano.
Loki hizo una mueca de disgusto.
- No he venido aquí a discutir contigo... - dijo quitándose su capa y mostrando su atuendo habitual - ¡Llevo más de una semana sin salir de la mansión! ¡NI TOMAR UNA GOTA DE ALCOHOL!
- Eso no es verdad, Loki-sama. - dijo Lefiya que sabía de sobra que Loki había estado bebiendo en la casa
- El alcohol en casa y con moderación no cuenta. ¡Es super aburrido! ¡YO QUIERO UNA FIESTA! Lo deseo tanto que estoy dispuesta incluso a estar aquí contigo. - dijo señalando a Hestia - ¡Qué narices! ¡Hasta mi familia pagará la cuenta!
- ¡Ow! ¡Qué generosa, Loki-sama! - dijo Lili
- Agradéceselo a Lefiya, que va a pagar ella.
- ¿¡ WEEEEEEEH !? - gritó la elfa
- Cuando me dí cuenta, el tipo se había largado a la carrera. ¡Me había robado! Así que me puse a hacer inventario y, nada... que parecía que todo estaba en orden... Pero al final resultó que me había robado... ¿A que no adivináis que arma robó? - preguntó Hestia
- El abrecartas - dijo Welf
- ¡Acertaste! De toda una tienda llena de todo tipo de armas valiosísimas de Hephaestus... ¡se llevó el abrecartas! - dijo Hestia
- ¡JAJAJAJAJAJAJAJA! - gritaron varios del grupo
- Es el único cuchillo que Hephaestus dejaría sin protección. - dijo el herrero - Te asombrarías de las veces que ha pasado.
- ¿Realmente vale algo? - preguntó Loki
El herrero negó con la cabeza
- No te llega ni para un Jagamarukun . - dijo Hestia
- Reconozco que es una buena historia... - dijo Loki que estaba un poco bebida - Supongo que ahora le toca a mi familia... ¡Lefiya! ¡Cuenta algo!
- ¿¡ Yo !? ¿Por qué yo, Loki-sama? A mí no se me da bien contar historias... ¡Además, no se me ocurre nada!
- Mmm... A ver... déjame pensar... Sí. Bete le debe una a Bell, ¿no es cierto? ¿Por qué no cuentas la vez que Ais se rió a carcajadas?
- ¡Oh! ¡Esa! ¡Si Bete se entera de que he contado eso me matará! - se quejó la elfa
- Pues dile que lo conté yo.
Lefiya hacía pucheros mientras cruzaba sus brazos. La elfa creía que su diosa quería humillarla.
Siendo en parte cierto, en realidad Loki había adquirido la costumbre de empujarla fuera de su zona de confort para que saliera de su timidez. ¡Que fuera divertido sólo lo hacía incluso mejor!
- Ok... Eso pasó hace unos años, cuando yo apenas había entrado a la familia, y Bete y Ais aún eran nivel cuatro. Por aquel entonces solíamos ir a un bar que desapareció. Se llamaba "Miau!"
- ¿Miau? Jamás he oído hablar de él. - dijo Welf
- Bueno... Eso es porque el negocio se fue a pique poco después de esta anécdota... El sitio era famoso porque todas las camareras eran chicas-gato. Sólo el propietario era un enano. A Bete le encantaba ese sitio.
- Era él quien arrastraba a la familia a ese lugar. - completó la diosa
- Sí... él era más joven, e incluso más gallito que ahora. Había una chica gato del lugar, que además de servir las mesas y burlarse un poco de los clientes, pateaba el culo a los que se propasaban demasiado. - continuó la elfa
- Bete estaba loco por esa chica - masculló Loki
- Él siempre estaba diciendo a la familia que el día que encontrara un diamante adecuado en el calabozo, haría un anillo y le pediría su mano... y un día... lo encontró.
Loki se levantó bruscamente de su silla, agarró a Lefiya y se puso a imitar la escena con el hombre lobo, llegando incluso a forzar su voz para que sonara parecida.
- ¡Hey! ¡Tú! ¡Guapa! Alguien como tú no debería estar perdiendo el tiempo con unos debiluchos como estos. ¡Tú necesitas a un hombre fuerte como yo, que pueda traerte lo que te mereces con sus propias manos! - dijo Loki simulando poner un anillo en las manos de Lefiya
La elfa le siguió el juego y representó a la camarera, poniéndose el anillo imaginario mirando su mano extendida con cara de gran sorpresa.
La diosa intentó dar un beso a Lefiya. Esta puso la mano en medio.
- Aguafiestas - dijo Loki en voz baja, para luego volver a hablar en alto y continuar su imitación
- ¡Deja este sitio y ven a vivir a nuestra familia! Puedes quedarte en casa y ser la madre de mis hijos.
Elfa y diosa quedaron en silencio.
- ¿Y?- preguntó Lili
- El propietario soltó la bomba... Se rió a carcajada limpia y dijo "Hey... ¿Realmente crees que estás tratando con una chica de nivel cuatro?"
- ¿Eh? ¿No eres nivel cuatro? - Loki volvió a imitar al licántropo - Bueno... Tres no está mal.
- "Su nivel es cuatro... JAJAJAJAAJA..."...
- ¿Entonces que tonterías dices, viejo?
- "No le hagas caso... Sólo tiene celos de nuestro amor." dijo la chica... y entonces la camarera se pegó a él... MUCHO...
- Y la cara que Bete puso fue algo como...
Diosa y elfa imitaron al hombre lobo a la vez, con una mezcla de horror, repulsa e ira.
- ¡JEAAAAAAA! - imitó Loki
- Jajajajaja - rieron varios
- No lo pillo - dijo Bell
- Sí. Ais tampoco lo pilló a la primera. - comentó Loki - El problema no era su nivel. El problema era que no era una chica.
- ¡OH! Pffffff... JAJAJAJAAJAJAJAAJAJA...
- Igualito que Ais.
- Cuando Ais se rió así, Bete se largó avergonzado... y no regresó hasta varios días después, como nivel cinco. Desde entonces no volvimos a ese bar... y resultaba que éramos su mejor cliente, así que lo acabaron cerrando. - terminó Lefiya
- Así que ya sabes, conejo. - dijo Loki - Si alguna vez Bete se burla de ti, puedes recordarle esta historia. Se callará o te pateará el trasero, pero te aseguro que no se burlará más por un tiempo.
Bell, entre el sueño y la vigilia, pensaba en aquella anécdota. Ya no pensaba mucho en el día que el hombre lobo se mofó, pero cuando lo recordaba burlándose de él de esa manera, Bell no podía evitar sentir su orgullo herido al quedar en ridículo de esa manera ante la mujer que amaba.
Y huyó.
Aunque fuera al calabozo... Bell había huido en lugar de plantar cara. Y había tenido aquella pequeña herida emocional por mucho tiempo.
Aquella anécdota de Loki y Lefiya le recordaba que todos al final hacemos el ridículo alguna vez.
Y aunque fuera un pensamiento algo egoísta, aquello le ponía una sonrisa en la cara.
Pero Lefiya pensaba en otra celebración y lo que vino después... Momentos mucho más íntimos.
*CLANK*CLANK*CLANK*CLANK*
Lefiya y Bell entrenaban cuerpo a cuerpo. La elfa se estaba acostumbrando a ello y cada vez lo hacía con más destreza. Las chispas saltaban constantemente.
****CLANK****
- ¡EH!
- ¡OUCH!
Ambos vieron con pánico como ambas, daga y accesorios de la vara rompían al chocar una contra otra.
- SSSssssh
Ambos aspiraron entre dientes.
- La nueva daga ha durado poco.. Jeje - dijo Bell en un fallido intento de broma
- Welf nos va a matar - dijo Lefiya
Los dos se acercaron a la herrería
- ¿Welf? - dijo el conejo
- Conozco ese tono... ¿Qué te has cargado ahora?
Los dos jóvenes enseñaron los desperfectos.
- ¡ ¿ QUÉ ? ! ¿Pero con qué fuerza entrenáis vosotros? ¡Era adamantita de la buena!
- ¡Lo siento! - dijo Bell haciendo una reverencia
Welf suspiró
- No es culpa tuya. Mejor que rompa entrenando que no en la mazmorra. En cierta manera que esto pase hiere mi orgullo como herrero. ¡A veces se me olvida que tan fuerte te has vuelto! Creo que me irá tocando estudiar el durandal.
- Esto... - dijo Lefiya
- El cambio a oricalco en las partes clave serán trescientos mil valis. Si sólo lo reforjo, veintemil. - dijo Welf sin esperar
El herrero estaba siguiendo las recomendaciones de Lili. Era cierto que la primera vez que lo hizo era en parte experimental, pero esto ya iba a ser un trabajo de herrería más convencional.
En la fiesta de fin de expedición, Loki le había hecho elogios que habían despertado las alarmas de Welf. Sonaba a que estaba pensando en ofrecerle trabajo. Eran los efectos secundarios de enterarse de sus éxitos con la elfa y el precio que le cobró, bajo en comparación con las familias Hephaestus o Goibniu, pero comparable en calidad.
Y no es que le pareciera mal. Hacía apenas unos meses, antes de formar parte de la familia Hestia, se habría arrodillado ante Loki si eso hubiera servido para que le encargaran esos trabajos. Pero ahora Welf tenía otras metas, y si él comenzara a aceptar encargos con normalidad podría convertirse en una carga a largo plazo.
Con Lefiya seguía teniendo una consideración especial, como reciente y potencial futura aliada en expediciones, pero Lili tenía razón en que tenía que ofrecerle un precio justo.
- Refuérzalo, por favor. - dijo la elfa
A fin de cuentas, incluso después de pagar la fiesta, aún tenía dinero de sobra de la expedición. Y Welf tampoco pedía tanto.
- Buena decisión. - dijo el herrero desmontando los añadidos y devolviendo la vara en su estado anterior. - Dadme unos días... Voy a tener que hablar con Tsubaki o Hephaestus...
- No hay problema.
- ¿Necesitáis otras armas? - dijo señalando a otras que tenía en la pared
- Mmmm... Me llevaré una daga de repuesto, pero no creo que la use. - dijo Bell
- ¿No quieres entrenar más? - preguntó la elfa
- Creo que por hoy es suficiente... ¡No vayamos a estropear más armas!
- OK... Y... ¿pensabas hacer algo? - dijo la elfa
Lefiya pensaba que sin su familia, como pasó hace poco, estaría muy aburrida sola.
- Siempre hay cosas que hacer... Aún tenemos que reponer nuestra reserva de pociones de la mansión. - dijo Bell
- ¿Te puedo acompañar? En nuestra familia no hay mucho que hacer... - comentó la elfa
- Claro.
La pareja había visitado la farmacia azul y pudieron ver con sus propios ojos el diferente ambiente que se respiraba tras el último soplo de dinero que su familia había recibido
Por supuesto no era ni de lejos suficiente para hacer desaparecer la deuda acumulada de la familia Miach, pero permitía garantizar unos meses de pago.
Una vez terminaron, Bell quiso detenerse en una pequeña iglesia en estado ruinoso.
- ¿Por qué estamos aquí? - preguntó la elfa
- Me gusta repararla. Quiero creer que algún día lograré arreglarla por completo.
- ¿Por algún motivo en especial? ¿Qué es este sitio?
Bell había despejado suficiente de la salida. La estructura exterior y el tejado ya estaban reparados.
- Realmente lo hicieron - susurró el conejo
Lefiya lo miró inquisitivamente.
- Pagué a ciertos tipos que no estaba seguro que cumplirían su palabra. - dijo Bell pensando en los amigos de Mord que vieron al conejo como una víctima fácil para sacarle algo de dinero. - Me alegra ver que cumplieron su palabra.
El interior seguía estando destrozado, pero a diferencia del exterior, esto era mucho más fácil de hacer uno sólo.
Lefiya siguió en silencio al conejo, que por una puerta se accedía a un sótano que debió ser una antigua sacristía. Sin embargo, el lugar estaba acondicionado como un hogar muy modesto.
Lefiya se fijó que había hojas de noticias sobre Bell, pero sobre todo, sus propias antiguas estadísticas.
- Aquí vivimos Kami-sama y yo solos durante un tiempo. Este fue el primer hogar de la familia Hestia.
- ¡Oh!
La elfa lo entendió entonces. Era un lugar muy modesto, casi carente de cualquier comodidad, que cualquier día podría ser invadida por algún mendigo buscando refugio gratis. Pero aún con todo, tenía un significado especial para Bell.
- Técnicamente es propiedad de la familia Hephaestus. Me gustaría comprársela para regalársela algún día a Kami-sama cuando esté adecuadamente acondicionada... Un recuerdo sentimental. Aunque también puede servir de refugio temporal si te están buscando. Es discreto.
Lefiya comenzó a ojear las transcripciones de la falna de Bell. Tenían la fecha apuntada encima, como un historial de su meteórico ascenso. Incluso con lo rápido que ahora ella estaba progresando, no podía compararse.
Igualmente se fijó en que en todas ellas la habilidad de Bell estaba borrada, pero su hueco en el cuadro de habilidades era destacable. Era extraño que Bell no hubiera reparado en ello.
Bell se sentó en la cama. Lefiya se sentó al lado.
- ¿Una sola cama? - dijo la elfa
- Kami-sama insistía en que durmiera yo en ella y ella en el sofá. Claro que por la noche tenía frio y luego se metía conmigo. ¡Jejeje! - rió con cierto aprieto
- ¿Realmente no sospechaste que tenía interés romántico en ti?
- Soy algo lento para eso. - dijo con una sonrisa incómoda - En fin... Era quizás demasiado íntimo... pero a veces creo que nuestra nueva mansión nos separa un poco con lo grande que es.
Lefiya pensó en ello. Su relación con Ais sería más cercana sin duda si tuviera que compartir habitación con ella en lugar de Elfy. Por un momento pensó en cómo sería vivir en un lugar así con Bell y se sonrojó.
- ¡Demasiada intimidad! - dijo en voz alta
- ¿Eh? - expresó Bell confundido
- Esto es más apropiado para una pareja que para dos adultos sin ese tipo de relación. - dijo la elfa
Los chicos abandonaron el lugar. Bell dio una última mirada a la iglesia y suspiró.
Bell había pasado por la mansión a dejar las pociones. Allí Haruhime le pidió que, aprovechando que estaba libre, hiciera la compra de la comida.
Con mucho gusto, el conejo se ofreció y juntos, elfa y peliblanco, salieron al mercado.
- ¡Espera, Bell! ¡Entremos en esta tienda!
Como Lefiya se encontraba cada vez con más comodidad y tenía más familiaridad con el conejo, poco a poco su forma de ser tal y como era con las chicas de su familia salía a la luz.
Hasta llegar al punto que ya veía natural pedirle que se pararan a ver ropa.
Bell no estaba acostumbrado a esto. Su propia ropa era bastante convencional, que compraba sobre todo pensando en el precio, pues hasta hace poco había estado ajustado siempre con él. Bell prefería centrarse en su armadura, y eso ante todo era cosa de Welf.
Como civil, Bell se veía como un hombre del vulgo. Sus prendas eran funcionales, estaban adecuadamente limpias, pero eran bastas y simples. Era el mismo tipo de ropa que vestía incluso antes de ser aventurero.
La elfa, sin embargo, era mucho más refinada. Y la tienda donde entraba era acorde a sus gustos.
- He estado pensando en un cambio de "look" - dijo Lefiya. - Con mi nueva armadura de musgo, creo que los colores que llevo ahora no pegan... ¿Tú que crees?
- ¿En qué estabas pensando?
- Mira... el verde de la armadura es como esta tela... Y mi falda es rosa como este... ¿No crees que chirrían un poco juntos?
- Mmmm - expresó el conejo. - Pero siempre te he visto vistiendo rosa... ¿No es tu color favorito?
- Sí... bueno... Tampoco pasa nada si cambio.
Bell hizo su mejor esfuerzo
- Si escogieras un rosa más pálido, creo que no serían mal conjunto. - dijo el conejo poniendo una tela diferente al lado. - Pero si optas por cambiar al verde, creo que también quedaría mejor con un color más pálido que distinga más la falda de la armadura... a no ser que lo que quieras sea un camuflaje. En todo caso, son tus gustos así que... lo que escojas estará bien. - explicó el conejo intentando aportar todo lo que era capaz.
- Um... ¡No lo había pensado!
Lefiya estaba impresionada. Si hubiera ido con Riveria... ella estaría casi imponiendo sus propios gustos personales que eran demasiado tradicionales. Las gemelas amazonas estarían sugiriendo ropa demasiado atrevida. Y Ais probablemente sólo se encogería de hombros.
- ¿Y qué opinas de este calzado? - dijo señalando a unos zapatos de tacón verdes
- ¿Lo dices por el color? Dependerá de la falda que escojas... pero si vas a actuar más en vanguardia, cansarás más los pies. ¿No te fatiga usar tacones?
La pregunta de Bell era inocente, pero la elfa se sonrojó...
- Es que... en realidad soy un poco bajita.
La elfa se descalzó un segundo y se acercó a Bell
- ¿Ves?
- Oh
Elfa y conejo se miraron fijamente estando muy cerca. Para los dos fue una experiencia con un toque romántico. Ambos se vieron desde una nueva perspectiva.
Demasiado cerca, ella viéndolo más arriba, como si Bell se hubiera hecho más fuerte, y él la vio más abajo y cerca, como si reclamara ser protegida.
- No me había dado cuenta. - dijo Bell sonriendo atropelladamente con cierto temblor de voz. - Pero si lo piensas bien... gente como nosotros patea el culo de monstruos que son varias veces nuestro tamaño. No creo que unos pocos centímetros importen tanto.
Lefiya sabía que Bell tenía razón. Llevar tacón era una costumbre que se remontaba a su preadolescencia... por una falta de confianza incluso anterior a ese momento. Pero ahora que su confianza crecía día a día, el argumento de Bell sonaba muy razonable.
- ¿Sabes qué? Creo que tienes razón... ¡Voy a darle una oportunidad al calzado plano!
- Busca la comodidad... Que no tiene porqué estar reñida con la calidad.
- Señor... Aquí todo es de primera calidad. - dijo el dependiente elfo que miraba al aventurero, al que consideraba falto de modales, con cierto desdén.
*- Si Bell se ve más guapo con calzado bajo... ¡seguro que Ais también! - pensó la elfa pensando en su princesa favorita
- ¿No está el mercado demasiado vacío? - preguntó Bell al ver una inusitada calma en el normalmente agitado lugar de comercio
Lefiya vió que el flujo de caminantes tenía más tráfico en una dirección y rápidamente ató cabos.
- ¡Claro! ¿Cómo pude olvidarlo? ¡Estamos en la época de las jornadas abiertas del Distrito Escolar! - dijo la elfa casi en grito
- ¿Eh?
- ¡VAMOS! - gritó la elfa animada tirando del conejo para ir a la carrera en una dirección concreta
- Todos los años el Distrito Escolar celebra estas jornadas haciendo mercadillos, obras al aire libre, diferentes entretenimientos para atraer a la gente y sacar algo de dinero para ofrecer servicios gratis para aquellos estudiantes que no pueden pagarlos.
- Eso explica porqué ayer el mesón estaba tan vacío. Mucha gente ha debido venir aquí a comer.
- Sí. No es comparable en calidad, pero es barato y animado. Es un lugar bonito, ¿verdad?
- Sabía que este distrito existía, pero la verdad, nunca había entrado.
- Es normal... Suele estar cerrado y hay que entrar con invitación... ¡pero estas jornadas son especiales! Yo puedo entrar en cualquier momento porque soy antigua miembro. ¡Yo estudié aquí! - dijo la elfa con orgullo - ¡Déjame que te haga un tour por el lugar!
La elfa había llevado al conejo por múltiples sitios. Gimnasio, múltiples aulas, zona de combate, pruebas de magia, lugares de experimentación, residencias de estudiantes.
Bell apreció que la elfa hablaba con emociones confrontadas.
- ¿Fuiste feliz aquí? - preguntó Bell
- Supongo.
- No suena muy convincente. - insistió Bell
- Hubo todo tipo de momentos. No era la persona más popular... Y muchos huérfanos son traídos aquí. Hay mucha gente problemática. Los chicos más desamparados suelen intentar mostrarse fuertes para evitar problemas, pero muchas veces intentan hacer eso propasándose con los débiles... y yo era débil... sobre todo al llegar.
Bell sabía que la elfa estaba intentando contar con palabras dulces que ella había sufrido acoso.
- ¿Amigos?
- Pocos... pero buenos. - dijo con melancolía
La elfa comenzó a narrar la historia de su pasado. Ella, como huérfana, tuvo que depender de la misericordia de otros. Explicó como vivió momentos muy malos, pero logró sus primeras amistades.
De como esas amistades fueron desapareciendo de su vida por diversos motivos... y cómo se centró en sus estudios y entrenamiento para no desmoronarse y finalmente, como la mejor de su generación, logró atraer el interés de la familia Loki.
- Este lugar pudo ser mejor... pero hizo mucho por mi. He intentado participar algunos años, pero siempre he estado demasiado ocupada. No puedo creer que al final me haya olvidado. - dijo la elfa
- Pero ahora estás aquí.
- Sí... ¡Es cierto! Mira... ¡Están haciendo exhibición de combate! ¿Por qué no participamos? ¡Daremos un gran espectáculo!
Y así fue. Lefiya como ex-alumna, miembro de la familia Loki y aventurera de segunda clase, fue aclamada con ovaciones. ¡Era el mejor ejemplo de que este lugar funcionaba!
Bell fue la sensación. Entre los chicos comenzaba a surgir el rumor de que la ex-alumna estrella más famosa de los últimos años era ahora la novia del joven héroe que era la sensación de Orario.
El número uno en el ranking de "el aventurero más prometedor" Bell Cranel, con la ex-alumna estrella "Mil Elfos". ¡Nada podía elevar más la imagen de la institución que eso!
Los jóvenes, usando armas prestadas, fueron elevando el tono de la demostración, hasta que acabaron luchando como en los entrenamientos con Ais, demostrando a todos que los entrenamientos entre aventureros era un tema serio. Para asombro de todos, pudieron ver a la elfa lanzar toda una lluvia de proyectiles de fuego y Bell protegerse de ellos con su daga sin dejar que ni uno solo le tocara.
Después de esa exhibición en dúo, Lefiya participó en dos concursos, arco y lanzamiento de cuchillos, aunque como invitada, sin ser oficialmente concursante. No sería justo por el nivel de la aventurera.
En ambos su demostración fue impresionante.
- ¡Le podrías dar lecciones a Lili! Creo que Welf te podría hacer otro par de ballestas para ti. - comentó el conejo
- No gracias. No quisiera pisar su terreno. - respondió la elfa
Una vez acabaron, la pareja iba recibiendo saludos amistosos allí donde fueran y más de una inoportuna pregunta.
- "¿Sois pareja?"
Era la pregunta más frecuente entre las varias preguntas inoportunas que solían recibir.
Algunos de los propios profesores del centro se acercaron a saludarlos a cuenta de la excusa de reconocer a una ex-alumna y agradecerle su presencia y demostración, además de solicitarles poder ir un día normal de clases a hablar con los chicos y darles unas clases motivadoras sobre la importancia de esforzarse.
- Por favor. - le decían los diferentes profesores -. Quédense todo lo que puedan. Los chicos realmente se ven influenciados positivamente por su presencia. ¡Hay música y comida! ¡Diviértanse!
Antes de que pudieran darse cuenta, diferentes chicos y chicas los estaban arrastrando a un pequeño corro donde tocaban artistas callejeros.
Al principio sólo se dejaron arrastrar, pero poco a poco, la elfa fue buscando a su compañero haciendo intercambios de pareja cada vez más cercanos al conejo.
- ¡Te pillé! - dijo la elfa cuando por fin coincidieron.
- ¡Hey! Daría la impresión de que no eres mi enemiga. - bromeó Bell
- Eso es agua pasada... Amienemigo sólo oficialmente, y en la práctica amigo... al menos hasta que regrese Ais.
- Será pronto, supongo.
- Eso creo... así que disfrutemos el periodo de tregua. - dijo mientras se lanzó a concentrarse en su baile.
Lefiya dio una gran demostración de habilidad con esto también. Demostró no sólo una gran capacidad para bailar, sino para lograr que su pareja le siguiera el ritmo.
La música por fin paró, y se alejaron para descansar.
- ¡Eres una bailarina genial!
- Gracias... He entrenado mucho... ¡Espero poder ser la primera persona con la que Ais baile formalmente! - dijo la elfa
- Oh.
La cara de Bell era fácil de leer.
- ¿Eh? - dijo Lefiya como demandando una explicación.
- Bueno... Esta es técnicamente la segunda vez que bailo... La primera fue con Ais. - confesó el conejo
- ¡ ¿ EEEEEh ? ! ¡ Cuando ha pasado eso !
- Antes del juego de guerra con Apollo, en la fiesta que hizo precisamente para hacer su primera solicitud del juego.
- Aaaagh... ¡Me has vuelto a superar!
- Bueno... Es cierto que he sido el primero... pero tú bailas mejor que cualquiera de los dos. ¡Deberías invitarla de todos modos!
Con cierto sabor agridulce, aceptó el cumplido del conejo.
- ¿No se nos hace tarde? Haruhime estaba esperando que le llevaras la comida para cocinar, ¿no es cierto?
- ¡Es verdad! - gritó alarmado
- ¡Perdón, perdón, perdón! - dijo Bell inclinándose ante sus compañeros.
- Bueno... mejor tarde que nunca. - dijo Lili que ya estaba lista para comer y ni siquiera se había comenzado a cocinar.
- Fue en parte culpa mía. - dijo la elfa - Yo arrastré a Bell al Distrito Educativo y allí perdí la noción del tiempo. Como compensación... ¡me gustaría cocinar para vosotros!
- ¿Eh? ¿Cocinas bien? - preguntó Welf
- Eso dicen los miembros de mi familia.
Hestia miró a través de la elfa y no vio mentira. El resto la miraban. Ella afirmó.
- Y tú te vienes conmigo - dijo cogiendo a Bell de una oreja
- ¿Eh? ¡Por qué!
- ¿Porque mi culpa fue sólo en parte? Tú eres la otra parte.
- Ok. Bell... Dime... ¿Cómo cocinarías esto? - preguntó la elfa
- ¿No se supone que eres tú la que sabe cocinar?
- Se como hacerlo. Tengo curiosidad por saber que harías tú.
- Mmmm. ¿Echaría agua en una olla, añadiría los ingredientes y los cocería hasta que fueran masticables?
La elfa se rascó la cabeza con preocupación.
- ¿Y algo más? - preguntó
- ¿Servirlo en los platos?
- Ok... Ya veo que tus dotes culinarias están en números rojos... Dime... ¿En esta casa hay turnos de cocina?
- Bueno... Normalmente se ocupan Haruhime o Mikoto, pero alguna vez si tienen tiempo, Hestia o Lili quieren cocinar.
- ¿Y tú y Welf nunca?
Bell se encogió de hombros.
- Ellas quieren cocinar.
- Ok. Me imaginé que en una casa donde tantas mujeres tienen interés en ti, se centrarían en satisfacer tus necesidades... Y entiendo que Haruhime dedica mucho más tiempo a mantener la mansión que a mejorar como aventurera... Pero esto no está bien, Bell. Si fueras especialmente inútil con esa cocina lo entendería. - Dijo pensando en como su familia intentaba que las hermanas amazonas nunca cocinaran. - Y podrías compensarlo haciendo otras tareas más, pero veo que es simplemente porque es así como funcionan aquí las cosas. Lo respeto, porque no es mi familia, pero creo que no está bien. Deberías intentarlo al menos...
- ¿Ok? - dijo Bell - Bueno... mi abuelo cocinaba... supongo que está bien.
- ¿Y? ¿Nunca te fijaste en como lo hacía?
- Sí... Es lo que te he dicho antes.
- Eeeeh. ¿Cómo era su comida?
- Mneeeeee... En comparación, toda comida de Orario sabe excelente. Lo único que es parecido es la comida de Syr.
- No me extraña. Ais dice que eres un aprendiz rápido y hábil. Veamos si se puede aplicar a otras cosas que el combate. Coge el otro delantal y sigue mis instrucciones.
- ¡Sí, señora!
Unas horas después, los miembros de la familia descansaban en los sofás de la zona de reposo.
- ¡Estoy tan llena! - dijo Mikoto - Me está entrando sueño. Podría echarme una siesta.
- Serías la segunda. - dijo Lili señalando a Hestia que estaba en otro de los sofás, echada y dormida.
- Lefiya-san... tienes que dejarme la receta. - dijo Haruhime
- ¡Yo la sé! - dijo Bell
- Seguro que no será lo mismo. - comentó Welf
- ¡Hey! ¡Yo he sido la mitad de la mano de obra! - protestó el conejo
- Lo siento, Master Bell, pero el trabajo del chef y el pinche no son comparables. - dijo Lili
- ¡No es justo! ¿Cómo te sentirías si te dijeran que el trabajo de un aventurero y un ayudante no son comparables?
- Le respondería que es lo que el 99% de la gente dice. Lo se por experiencia. - respondió la mediana.
- En serio, Lefiya. Si alguna vez tienes algún problema con tu familia, aquí te recibiremos con los brazos abiertos. Por supuesto eres una aventurera de gran nivel, pero ya sólo como cocinera tendrías méritos más que suficientes para entrar. - bromeó Welf
- Me satisface que hayáis quedado satisfechos. Y ahora... ¿qué vais a hacer esta tarde?
- Yo quería intentar algunos tratos. - comentó la mediana
- ¿Os habéis olvidado del trabajo que me habéis dejado encima con vuestras armas? - comentó el herrero
- Debería acercarme a la capilla y entrenar con Takemikazuchi - dijo la oriental
- Y alguien tiene que fregar todo esto, hacer la colada, y limpiar un poco la mansión. Este lugar es tan grande que uno nunca puede parar de limpiarlo.
Lefiya miró a Bell.
- Como los demás están ocupados, estaba pensando en ir al gremio a estudiar los siguientes niveles. Antes o después tendremos que hacer misiones más profundas. - comentó Bell
- Oh... Hace mucho que no hago eso. Supongo que podría acompañarte.
En el gremio, unas horas después...
- Hola, Misha. ¿Está Eina por aquí?
- Oh... ¡OH! - dijo la empleada del gremio con sorpresa - ¿Venís juntos? - dijo señalándolo a él y a la elfa
- Juntos... como aventureros. - dijo la elfa para evitar malentendidos
- ¡Sí, sí! ¡Por favor! ¡Venid conmigo!
Los dos aventureros, extrañados, siguieron a la empleada que los llevó al tablón de anuncios.
- ¡Por favor! ¡Echad un vistazo a esta misión!
Misión de obtención de materiales.
Se solicita la demanda de dos aventureros, una elfa maga de nivel cuatro o superior, y un aventurero masculino con habilidad de combate cuerpo a cuerpo o huida de nivel cuatro o superior para llevar a cabo la obtención de Flores de Luziol, de una ubicación específica.
La misión es de bajo riesgo si se cumplen los requisitos de la solicitud. La recompensa de la misión es de trescientos mil valis por participante.
En caso de aceptar la misión, contacte con el gremio y este le dará más detalles.
FECHA LÍMITE: Ocho días desde su publicación en el tablón para ser aceptada. Si se acepta, la duración será de tres días para ser ejecutada.
- ¿Eh? - dijeron los dos confundidos
- ¿No son las condiciones de esta solicitud demasiado específicas? - preguntó Lefiya
- Sí lo son, pero hay un motivo. Las razones completas de las condiciones están por escrito en caso de ser aceptadas.
- ¡No es así como debería ser! - dijo la elfa - Las condiciones deberían exponerse ANTES de aceptarse, no después.
- ¿Quien es el solicitante? El anuncio no lo muestra. - comentó Bell
- Quiere permanecer anónimo.
- Espera... ¿Es una misión sin respaldo del gremio? ¿Por qué nos pides ayuda entonces?
- ¡No, no! El gremio sabe quien es el solicitante, así que si las condiciones se incumplen, podéis reclamarlo y habría una penalización al solicitante, pero quiere permanecer anónimo si es posible, usando el gremio como cobertura.
- Esto huele muy raro. - dijo la elfa - Nadie ofrece tal cantidad de dinero por una misión que parece tan fácil.
- ¡Por favor! ¡El plazo está a punto de acabar!
- No lo entiendo. ¿Por qué te preocupas tanto?
- Porque hay una gratificación para el gremio si la misión se realiza con éxito.- confesó la trabajadora - Pero ¡os puedo garantizar que la misión es sencilla! ¡Dinero fácil y sin riesgo!
- Mmm... ¿Qué opinas, Bell?
- No se... ¿Realmente no podrías decirnos las condiciones sin aceptar primero?
La trabajadora suspiró.
- Venid por aquí.
En una habitación separada, les entregó una carta.
- Por favor... no digáis nada. Se supone que ya deberíais haber aceptado.
¡Estimados aventureros!
Gracias por aceptar mi humilde solicitud. Entiendo que os estaréis preguntando el porqué de estas extrañas condiciones.
A continuación, os describiré el problema.
En unas ruinas muy cerca de Melen, crece en abundancia la flor de Luziol. Florece en una época muy específica, y siendo que la flor es valiosa, es recogida rápidamente tan pronto como ocurre.
Para mí es muy importante hacerme con esa flor fresca. Sin embargo, a estas fechas toda la flor que haya brotado habrá sido recogida y vendida ya.
Por suerte, en las ruinas hay una capilla élfica muy antigua, cerrada por medios mágicos. Una elfa de suficiente nivel debería poder levantar el sello y poder acceder a la capilla. A su vez, ese lugar fue usado en un periodo de guerra. Podría estar lleno de trampas. Es por eso que solicitamos otro aventurero que pueda acompañar a la maga para poder acceder al lugar con cuidado mientras ella mantiene el sello abierto.
Dentro del lugar, al estar protegido, espero que las flores estén igualmente disponibles este año y puedan ser recolectadas.
La frescura debería mantenerse si las fechas, las formas de corte y tratamiento de la flor se respetan.
Espero haber aclarado con esta carta las dudas que os hayan podido surgir.
¡Les deseo una próspera aventura!
P.D. Incluyo en el interior más información.
- Oh... Ok. Tiene sentido. - dijo Bell
- No se.. Tengo la impresión de que algunos detalles no encajan... Pero bueno. ¿Quieres llevarla a cabo? - preguntó Lefiya
- Sería en Melen. Tendría que ser mañana, ida y vuelta. Podríamos contratar un carruaje y salir temprano.
Al día siguiente...
La elfa y el conejo habían llegado a Melen. Había sido un largo paseo porque el carruaje era lento, pero ambos habían estado entretenidos contándose anécdotas mutuas de sus familias, su pasado, sus gustos, etc.
Las familias Loki y Hestia estaban al tanto de la expedición. Era corta y de bajo riesgo. Dado que el gremio estaba parcialmente involucrado, no pusieron pegas para su salida de la ciudad.
- Melen... Hace no tanto que estuve por aquí - comentó Lefiya
- Es la primera vez para mí. - comentó el conejo - Bueno... estuve de paso cuando llegué a Orario, pero supongo que eso no cuenta.
- Tiene unas buenas playas. Si nos sobra tiempo, podría darme un baño.
Bell asintió. Ambos habían hablado sobre llevar traje de baño ya que por lo visto las ruinas de las que hablaba la carta estaban en una zona que había sido inundada.
Cuando las familias Zeus, Hera y Poseidón mataron al Leviathan, de alguna manera el nivel del lago, en lugar de bajar, ascendió. Por lo visto el agua se filtraba de alguna manera del laberinto al lago, por grietas o rocas, pero la entrada iba en dirección opuesta, por lo que su cierre provocó un aumento de nivel de las aguas, inundando aquella zona convirtiéndose en ruinas abandonadas.
Adicionalmente, la capilla que mencionaba, habían sido ya de por sí unas ruinas dentro de la zona habitable antes incluso de que la subida de las aguas tuviera lugar.
El resultado era que la zona a la que iban estaba llena de lugares inundados. Así que consideraron que lo mejor era vestir traje de baño por si fuera necesario nadar, aprovechando que las temperaturas eran buenas. Por lo que ambos habían preparado un bañador en su equipaje.
- Ok... Veamos... Puesto noroeste... viajes a las Ruinas de Nurlin... debe ser aquí... ¡Buenos días!
- Buenos días... ¿Qué se les ofrece?
- Tenemos este par de tickets. - dijo Bell enseñando los tickets que venían incluidos en la misión
- ¡Aaaaah! ¡La última pareja de la temporada! Me temo que ya no encontrarán más flores.
Lefiya y Bell se miraron confundidos
- ¿Sólo vienen parejas? - preguntó Bell
- ¡Claro! ¿Acaso no es a lo que vienen? ¿A la tradición de hacer un viaje romántico por el canal y regalarle unas flores a su amada? Me temo que lo de las flores...
- ¡ ¡ ¿ EEEEEEeh ? ! ! - los dos chicos gritaron sorprendidos
- Entonces... ¿Por qué compraron el ticket? - preguntó el marinero confundido
- Alguien nos pidió recoger las flores en su lugar.
- Ya veo... Pues me temo que no quedan.
- Nos han indicado una capilla élfica que yo debería poder abrir - dijo Lefiya
- ¡Oh! ¡Qué afortunado! Entonces supongo que podrán. Vuelvan al medio día. El responsable ya no está por las mañanas porque la demanda cae en cuanto se acaban las flores.
- Entiendo... Entonces volveremos más tarde.
- Y ahí estaba el detalle que no cuadraba. - bromeó la elfa
Bell salió de los vestuarios y entonces se vieron cara a cara. Ambos se sonrojaron un poco. Con sólo trajes de baño, ambos jóvenes podían apreciar la buena forma física del otro.
La musculatura de Bell se había desarrollado, tanto por edad como por efecto del nivel. La elfa sin embargo mantenía unas proporciones perfectas donde la falna realmente no aportaba nada.
A pesar de llevar un traje que cubría su torso por completo, el bañador se pegaba y su figura femenina se marcaba tanto que casi se sentía desnuda.
- ¿Sabes nadar, Bell? - preguntó Lefiya
- Sí... Había una laguna no muy lejos de donde vivía en las montañas. Íbamos mi abuelo y yo allí a veces, en especial en verano cuando las temperaturas eran altas.
- Me alegro... ¿Sabes que Ais le tiene pánico al agua?
- No tenía ni idea.
- ¿Una carrera? - dijo la elfa desafiante
- Acepto.
Los chicos pasaron un rato agradable.
Bell demostró ser casi tan rápido en el agua como en tierra a pesar de carecer de la habilidad de buceo.
Lefiya, algo molesta por perder... otra vez... intentó hacer aguadillas a Bell, lo que derivó en una guerra acuática de broma. Luego la cosa aflojó, y tras varias risas, chapoteos, y bucear por la costa a poca profundidad, decidieron salir para pasear un poco para secarse y esperar el momento del viaje.
- ¿Pero qué...?
Ante su sorpresa, apareció una góndola de significativo tamaño. En ella, había un gondolero y un trovador con un arpa. La góndola llevaba una clara temática romántica, incluyendo un arco en corazón y un montón de decorados rosas con corazoncitos...
¡Era el tipo de viaje que uno se esperaría que le harían a unos recién casados!
- ¿Ustedes son la pareja que contrataron el viaje?
- ¡No! Nosotros sólo somos aventureros que... - Lefiya comenzó a protestar, pero Bell enseñó los tickets.
- ¡Sí! ¡Son ellos! Adelante... El viaje incluye vino de Orario de primera clase, chocolates y otros dulces, música romántica y magníficas vistas.
Con vergüenza, ambos jóvenes se embarcaron en un viaje con un romanticismo inapropiado.
- ¡Intenta darte prisa! - gritó Lefiya que usaba su energía mágica para mantener la cerradura abierta que daba acceso al lugar.
- Ya estoy.
El conejo salía con una caja llena de hermosas flores azules tales como describía el documento de la misión.
- Genial. - dijo Lefiya soltando el mecanismo haciendo que la puerta se cerrara lentamente. - Así que son estas.
Cuando Lefiya levantó una, la flor se iluminó como si fuera una lámpara. Y como si se contagiaran, una tras otra las demás flores comenzaron a brillar.
- Esto... ¿se suponía que tenía que pasar? - preguntó la elfa
- ¡QUE AFORTUNADOS! ¡Realmente las flores os han dado su aprobación! - dijo el gondolero
- ¿Eh?
- Cuando un hombre le entrega a una mujer que ama una flor de Luziol y esta le corresponde, la flor se ilumina. Y viendo que todas se han iluminado, ¡vuestros sentimientos tienen que ser muy profundos! - explicó la trovadora
- ¡Para nada!
- ¡Sólo somos amigos!
Negaron Lefiya y Bell respectivamente.
- Ah. Las flores han hablado. ¡Estáis destinados a ser pareja sin lugar a dudas! - dijo la mujer del arpa con ilusión
- Seguro que es un truco publicitario para vender viajes - decía la elfa nerviosa para autoconvencerse.
- A mí me preocupa... ¿Realmente el solicitante de la misión admitirá las flores así? - dijo Bell refiriéndose a las flores en estado brillante
- En la misión no decía nada... Supongo que sí.
- Eso espero. Sería un palo pasar por todo esto para nada.
- ¡Hola! - saludó Bell al responsable del carromato - Ya hemos terminado... Podemos salir cuando usted desee.
- Ah... Hola... Me temo que... hay inconvenientes.
- ¿Eh?
- ¡Me han robado los caballos!
- ¿Cómo?
- Lo siento mucho... Pero me temo que habrá que esperar el siguiente paso mañana. El resto de carros ya están contratados.
- ¡Maldita sea!
- Pero el siguiente mensajero parte en unos minutos... Si quiere avisar a alguien.
- Sí, por favor.
Ambos jóvenes escribieron sendas cartas a sus familias para avisar de que pasarían fuera la noche debido a un problema con el transporte.
- Espero que tengan alojamiento. - dijo el hombre
- ¿Tan mal están las pensiones aquí? - preguntó Lefiya
- Sí, bueno... Han llegado varios barcos de recreo desde el océano. Cuando eso pasa, suelen llenar todos los alojamientos.
- Por suerte, el paquete de la misión incluía un alojamiento. Hubiera preferido que nos fuéramos hoy pero al menos el alojamiento está pagado. - dijo Bell
Los chicos fueron al lugar contratado.
- Espera... ¿Es un barco? - dijo el conejo siguiendo las indicaciones.
- Sí. A veces barcos que no pueden navegar pero flotan son reconvertidos en otro tipo de negocios, alojamientos incluidos. - dijo Lefiya que ya lo sabía de su anterior visita.
- ¡Buenas tardes! ¿Tienen reserva?
- Sí... Aquí. - dijo entregando el ticket
- Bien... Síganme por favor.
El hombre bajó en el barco y les llevó a una puerta. Tras ella, la habitación era grande. Tenía una cama de matrimonio en medio, y la decoración parecía más propia del barrio rojo que de un hotel.
- Que disfruten de la Suite Nupcial. - dijo el hombre antes de retirarse
Bell y Lefiya estaban rojos
- ¡Esto es una conspiración! - dijo la elfa - Primero la góndola. Luego perdemos el viaje... ¡Y ahora tenemos que dormir juntos! ¡Parece hecho a posta!
- No te preocupes. Puedo dormir en el suelo.
- Es un barco, Bell. El suelo está húmedo. No puedes dormir ahí.
Los chicos se tumbaron en la cama sin saber muy bien que hacer.
- ¿Realmente vamos a dormir juntos? - preguntó Bell
- ¡Esto es muy vergonzoso!
- Lefiya... ¿Has montado en caballo alguna vez? ¿Sabes cabalgar?
- ¡Claro que sí!
- Larguémonos. - dijo Bell. - Seguro que podemos alquilar algún caballo o algo. Intentémoslo al menos.
- ¡Esa idea me parece perfecta!
- ¿Cómo demonios es posible que en todo Melen nadie nos alquile un caballo? - protestó Lefiya que cada vez estaba más convencida de que todo era una conspiración.
- El sol se pondrá pronto. Podríamos ir corriendo... - sugirió Bell
- Bell... Ya se que correr es tu especialidad, pero no la mía. ¡No podría correr tanto rato seguido! Y no quiero quedarme tirada por el camino. Antes que eso prefiero la Suite.
- Mmm.. ¡Espera! ¡Vamos allí!
Bell se acercó a una zona que tenían animales de granja
- Bell. Los caballos los suelen llevar allí.
- Lo sé... pero quiero ver si tenemos alternativas. ¡Oiga! ¿Tienen animales de tiro? - preguntó Bell al que estaba llevando el lugar
- ¿Por qué lo preguntas? No los vendo.
- Verá... Necesitamos una montura para ir a Orario. Sólo queremos pagar el viaje. No nos alquilan un caballo, y quería ver otras posibilidades.
- Ok... Ya veo... Si sólo lo queréis alquilar y lo vais a devolver... ¿Qué tal este asno? Es un poco viejo, pero es dócil y puede llevar más carga de lo que aparenta, ¿verdad Rudo? -dijo el hombre hablando a su propio animal
- ¿Lefiya?
- ¿Un asno? ¿No tienen dos?
- Lo siento. Es lo que tengo.
La elfa miró al cielo, viendo como el sol se acercaba peligrosamente al horizonte.
- ¡Está bien! Lo que sea. Si no salimos ya, deberíamos dejarlo.
Bell mostró una bolsa de monedas
- ¡Trato hecho!
- ¡Ugggh! ¡Si llego a saber que era tan lento me habría quedado en la suite!
La elfa viajaba detrás de Bell, fuera de la silla, agarrada a Bell para no resbalarse, aunque el asno iba tan lento que eso era difícil.
- Suerte que es luna llena y nuestros ojos están adaptados a la mazmorra, ¿verdad?
La visión optimista de Bell contrastaba con la realidad. El pobre animal no tenía una vista tan buena como los aventureros y a falta de luz, el asno caminaba incluso más lento de lo que ya normalmente iba, intentando garantizar cada paso.
Lefiya bostezó.
- ¿Por qué no duermes un rato? - dijo Bell - Aún nos falta un buen trecho
- No me lo digas dos veces o te tomaré la palabra.
- Hazlo.
La elfa, derrotada por el cansancio, apoyó su cabeza en el hombro izquierdo de Bell y comenzó a respirar cada vez más lenta. Con sus brazos rodeando al conejo para no caerse, el propio Bell ponía su mano encima para evitar que en sueños ella pudiera hacer algún movimiento inesperado y caerse.
- ¡Hey! ¡Lefiya!
- ¡No te estaba oliendo el cuello! - saltó ella en sorpresa - Eeeeh... Me he quedado dormida... ¿un momento?
- No... Está bien. Ya estamos a las puertas de Orario.
Lefiya se dio cuenta que el cielo ya había abandonado la oscuridad completa y era ahora azul oscuro, con la zona del amanecer ya brillante.
- Parece que dormí más de lo que creía. - dijo la elfa
- No pasa nada... Aún es pronto.
Los chicos cruzaron la puerta y hablaron con la gente que transportaba cosas para negociar el retorno del animal.
- ¿Y ahora qué? ¿Nos vamos a nuestras familias a descansar? - dijo Lefiya
- Me gustaría finalizar la misión primero. - dijo Bell - Además, he tomado una poción así que tardará un rato en volverme el sueño.
- Ya veo. Y a mí esa cabezada me ha despejado... ¿Qué hacemos entonces? - preguntó la elfa
- Bueno... Quizás te parezca una tontería pero... ¡me gustaría ver el amanecer! Podríamos ir al muro donde solemos entrenar.
- ¿Para ver el amanecer? Tengo una idea mejor.
- ¿A donde vamos, Lefiya?
Los jóvenes habían ido a Babel, pero en lugar de descender, habían ascendido múltiples pisos a un lugar donde había una red de pasillos.
La elfa se paró ante una puerta. A su lado, sacó un ladrillo. Detrás había una llave, pero en lugar de ser la puerta de al lado, avanzó y usó la llave otro par de puertas más adelante. Además había una cerradura de combinación.
- 0-2-3-2-7-5
El candado de combinación también se abrió y la puerta por fin les dejó paso.
La habitación estaba llena de cajas y trastos de varios tipos.
- Este es uno de los almacenes de la familia Loki en Babel. Tenemos varios. A veces, para no cargar con lo sacado hasta nuestra mansión lo dejamos en uno de los almacenes temporalmente. Especialmente si ocupa bastante pero no es muy valioso. Pero como tenemos trasteros de sobra, también hacemos lo contrario. Este es el almacén de los mercadillos futuros. Aquí traemos cosas que vamos a vender en mercadillos. Nada es especialmente valioso aquí, por eso la seguridad es muy limitada.
- Ya veo. Pero... ¿por qué estamos aquí?
Lefiya hizo el gesto a Bell para que lo acompañara. En uno de los pasillos creados por los estantes y filas de cajas, llevaba a una ventana opaca. Lefiya la abrió de par en par, y desde allí podía verse justo el este, desde unas vistas impresionantes.
- Estos almacenes están más altos que las zonas públicas. Es lo más alto que puedes ver un amanecer sin irte a zonas privadas de los dioses.
Lefiya cogió un par de sillas que había por ahí acumuladas y puso una a Bell. Ambos se sentaron delante de la ventana, esperando el momento de la primera luz directa.
- Wow... Realmente son unas vistas fantásticas. - dijo el conejo
No sólo podía verse el horizonte, sino todo el este de Orario.
Los dos esperaron la primera luz. Cuando el sol comenzaba a ganar fuerza, ambos cerraron los ojos con una sonrisa de felicidad mientras una afortunada brisa que soplaba de este a oeste agregaba un toque de frescura.
- Esto es realmente agradable.
Pasado un rato de relax, Lefiya se levantó y comenzó a mover cosas.
- ¿Qué haces? - preguntó Bell
- Nada... Costumbre... Limpieza. A veces vengo aquí a desestresarme. También a veces para leer con intimidad. En la mansión es complicado, con tanta gente yendo y viniendo todo el rato.
Bell observó que la elfa estaba cambiando varios libros de sitio.
- ¿Qué es?
- ¡NADA! - dijo la elfa escondiendo algo
- ¿Novela romántica?
Lefiya suspiró.
- Lo cierto, - confesó - es que no quería venderlas. Alguien las ha movido para el mercadillo. A veces las leo por aquí.
- Así que te gusta la novela romántica.
Lefiya se sonrojó.
- No te juzgo... A mi me gusta la temática heróica, ya lo sabes. Me parece un gusto tan respetable como cualquier otro.
Lefiya suspiró. Una de las razones principales por las que le gustaba guardar el secreto sobre ello, era porque era una clara munición para avergonzarla a cuenta del tema. Tras haber sufrido acoso en la escuela, Lefiya era hipersensible a ese tipo de críticas y la molestaban o deprimían especialmente.
Saber que Bell no la criticaría era algo que la aliviaba mucho.
- De hecho... bastantes de estas obras las conozco. No es raro que las obras heróicas y el romance vayan de la mano...
- ¡Oh! ¿Qué opinas de este? - dijo Lefiya colocando uno de sus libros en sus manos
Los chicos compartieron un buen rato hablando de los libros que ambos habían leído y decidieron por fin ir al gremio.
Aunque el gremio estaba abierto las veinticuatro horas, los turnos nocturnos tenían una atención limitada, salvo emergencias.
Por esa razón habían decidido esperar para hablar personalmente con Misha.
- Aquí están las flores. - dijo Lefiya colocándolas
- ¡Estupendo! ¡Y aquí vuestra recompensa!
- No hay ningún problema porque brillen, ¿verdad? - preguntó Bell
- No. Siempre pasa.
- ¿Siempre?
- Sí... En cuanto pasa por un par de manos. Los locales lo usan para decirles a los visitantes que es una señal de algo. Que son elegidos, que están destinados a ser pareja... lo que sea la moda del momento. ¡Demasiada gente se lo cree!
- ¡Qué pardillos!, ¿verdad Bell?
- Creerse eso... sí... hay que ser muy inocente.
Lefiya y Bell disimulaban horriblemente
*- Lo que fuera que les contaron... se lo tragaron. - pensó la mujer del gremio leyendo sus caras con facilidad
- Es una pena que mientan así... Entiendo el negocio pero... por culpa de esa moda casi nunca hay, y también tienen usos medicinales. - explicó Misha
- ¿Podemos saber ahora quien era el solicitante de la misión? - preguntó la elfa
- No, lo siento. Yo nunca dije que lo haría...
Bell apoyó su mano derecha sobre el hombro de Lefiya para captar su atención y negó con la cabeza.
Ambos se retiraron.
- ¿Realmente no quieres saberlo? - preguntó la elfa
- Claro que sí... pero no necesitamos al gremio para eso... Ven conmigo.
La pareja dio una vuelta a la manzana. Había una discreta puerta trasera.
- No sabía que había otra salida. - dijo la elfa
- Pues yo estoy seguro de que si esperamos lo suficiente...
Una persona apareció con una caja idéntica a la que habían entregado. Una figura pequeña y encapuchada.
- Vamos...
- ¡Perdone, señor! ¿Podría dedicarnos unos momentos? - dijo Bell al encapuchado.
Al oír la famosa voz, la figura se puso a correr. Un esfuerzo inútil ante la abrumadora velocidad del "Pies de conejo".
- ¿Lulune? - dijo Bell sorprendido al levantar la capucha de su perseguido. Era la Chienthrope de la familia Hermes
- Hoooola. Bell. ¡Que casualidad verte por aquí!
Lefiya llegó y se puso al lado de Bell. La chica se iba agachando cada vez más nerviosa al ver las caras de los otros dos a una distancia decreciente.
- Y qué casualidad que tú te lleves unas flores de una misión que acabamos de finalizar.
- ¡Seguro que ha sido una misión fructífera! - dijo la chica
- Desembucha. - dijo Bell sin rodeos
- ¡Yo sólo soy una mensajera! ¡Por favor, no me pegues!
- ¡La góndola del "amor"! ¡La suite romántica! ¡Nuestro "casual" problema para perder el viaje de regreso y no poder encontrar montura! Ha sido Hermes, ¿verdad? - dijo la elfa acusadoramente
- ¡Lo siento! ¡Hablen con Hermes-sama, no conmigo!
- Vamos Lulune... Los dos sabemos que eres débil cuando se trata de guardar secretos. ¿Qué trama Hermes-sama? - dijo Bell
- Yo no se nada.
- ¡Mas te vale hablar o si no... ! - dijo Lefiya amenazadoramente
- ¡... o si no... podríamos sobornarte! - completó Bell
- Bell... Te acabas de cargar la intimidación. - se quejó la elfa
Bell puso una bolsa de monedas sobre la chica animal.
- ¡Oh! ¡Acabo de recordar! Hermes-sama iba diciendo por ahí algo de que es necesario para la esperanza del mundo que vosotros dos acabéis juntos o algo así.
- ¿Qué? - dijo la elfa indignada
- ¡Mensajera, mensajera! Yo no tengo la culpa.
Lefiya suspiró
- Supongo que tendremos que hablar con Hermes directamente... pero por el momento, lo dejaremos pasar.
En la cama... con Bell enfermo...
Lefiya seguía pensando en todas las cosas que habían pasado, en especial los últimos días.
Habían reído mucho juntos. Habían hablado de su pasado, bailado, cocinado juntos, peleado, competido, bañado juntos, compartido un viaje romántico, habían incluso cabalgado juntos...
Lefiya intentaba encontrar una fantasía suya con Ais que, de alguna manera, no hubiera cumplido con Bell, y no pudo encontrarla en este momento.
Se habían acercado mucho el uno al otro, y por eso había llegado a tal punto que hacer esto de abrazarlo en una cama le resultaba hasta natural.
No dejaba de ser gracioso que apenas un par de días antes habían huido de Melen precisamente por no vivir esa situación. Pero estaba bien así. Porque sabía que ahora no era una cuestión de elecciones forzadas por el entorno, sino su propia voluntad.
Lefiya aspiró con fuerza en el cuello de Bell hasta el punto de hacer ruido.
*- Qué bien huele. - pensó.
- Lefiya... ¿Acabas de olerme el cuello? - preguntó el conejo
- ¡Bell! ¡Creí que estabas dormido!
- Eso no responde a mi pregunta.
- Hueles muy parecido a Ais... Me gusta. - dijo sonrojándose, aunque al estar a las espaldas de Bell, el conejo no pudo verlo
- Oh.
- ¿Sabes que estar en la cama así con Ais es una de mis fantasías?
- También la mía. - reconoció Bell
- Bell... quizás te parezca una tontería, pero... ¿podríamos fingir por un momento que eres Ais?
Bell se quedó en silencio unos segundos. Lefiya temía que Bell se pusiera a reír, pero no.
- Está bien. - respondió al final
- Gracias... ¡Te quiero, Ais! - dijo Lefiya
- Yo también te quiero... Ais - respondió Bell
- Pfffff. Jajajajaja.
La elfa rió y la risa se contagió a los pocos segundos a Bell
- ¡No podemos decir los dos Ais! - dijo Lefiya
- Ok, ok... Déjame repetir... - y bajando el tono, casi susurrando, Bell dijo seductoramente - Te quiero... cariño.
- Yo también te quiero. - dijo la elfa
La elfa realmente se había dormido y despertaba ahora. Estaba segura de que Bell si estaba dormido esta vez.
Le tocó la frente y su temperatura parecía más baja. Eso era bueno. La enfermedad remitía.
El tiempo se había acabado. Con delicadeza, la elfa salió de la cama y volvió a tapar con las sábanas para dejar a Bell continuar su sueño.
Lefiya se calzó, y salió de la habitación.
Con un profundo suspiro, la elfa reflexionó.
*- Así que esto era un amor de verano...
La elfa pensó en cuando habló con Bell en el trastero de la familia Loki. Le comentó que dentro de las novelas románticas, las de los amores de verano era las que menos le gustaba.
Como ella misma había explicado al peliblanco, creía que eran frívolas. Alguien que realmente se enamora de otra persona, ¡no la dejaría atrás! El concepto mismo de un amor temporal le parecía un fraude al romance mismo.
Pero ahora podía verlo desde otra óptica. Porque Bell había sido para ella algo parecido. Una persona con la que había congeniado de tal forma que se había introducido en su corazón casi de golpe.
No era un amor como Ais. No era alguien que hiciera que su corazón latiera desbocado y su boca se secara ante su presencia. Era alguien con quien había conectado. Con quien podía conversar de cualquier cosa y hacer sus fantasías realidad... o al menos interpretarlas como en una obra de teatro.
No... No cambiaría a Ais por Bell. Eran diferentes familias, diferentes vidas. Esto era un simple cruce de caminos.
Era justo lo que en sus novelas se entendía como un amor de verano.
Y por fin la elfa entendió que no era para nada frívolo. Pero era algo que llegaba a su fin.
Con una sonrisa melancólica, los ojos cerrados y su espalda apoyada a la puerta cerrada a la habitación donde Bell aún descansaba, una lágrima de tristeza corría por su mejilla.
Había sido hermoso... pero había llegado a su fin. Este último momento de intimidad era su despedida.
O eso es lo que Lefiya creía.
Nota del autor:
Siento mucho la tardanza. Llevo una época muy ocupada, así que me temo que hasta que no pase, esto volverá a repetirse. Así que en lugar de un capítulo semanal, podrá ocurrir que tenga que ser cada dos semanas.
Y aquí se termina la etapa de las vacaciones. Es lo que he querido expresar en este capítulo. Bell y Lefiya han compartido muchas cosas, y han marcado una importante huella en la elfa (y Bell también aunque no lo refleje tanto).
Sin embargo, ella sigue sin aceptar que Bell es un amor real, y sigue considerándolo un amigo... aunque un amigo muy especial con el que tiene una relación como nadie más.
En el próximo capítulo, la familia Loki está de regreso, y una nueva sorpresa.
