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- FISONOMÍA -

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Nota – Nada me pertenece, solo la idea de la historia con los personajes de SM.

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- CAPITULO -

- XI -

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- OBSTINACIÓN -

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¿Cuanto tiempo había pasado? No lo sabía. ¿Qué hora era? Imposible de saber. ¿Qué día era? Había perdido la cuenta. En el momento que Seiya abrió los ojos, lo primero que estos captaron fueron a la mujer que dormía al pie de su cama.

Como si lo hubiera sentido, Serena despertó junto con la incomodidad de su espalda. Al sentarse, lo primero con lo que se encontró fue con una mirada reprobatoria.

"¿Qué haces aquí?"

"Es exactamente la misma pregunta que estaba por hacerme. Con ver tu cara de piedra me doy cuenta que ya te has recuperado mejorablemente. Ni siquiera pienses que yo he estado aquí, al pie de tu cama y preocupada por ti, solo…solo me quede por unos minutos por que tu enfermera pidió salir de emergencia. Pero si lo que te hace daño es verme, ya me voy, para eso también tengo una recamara."

"Te dije que te fueras."

Serena se congelo. Por alguna razon esperaba que esas palabras no fueran repetidas. "No quiero. No me voy y no me iré si sigues siendo tu quien lo pida. El día que no encuentres mis cosas y no me encuentres a mí…ese será el día que haya elegido para desaparecer de tu vida."

Seiya, sorpresivamente, sonrió, siendo la primera sonrisa que mostraba desde la noche anterior, cuando pudo ser testigo de una escena quizás errónea. Sonrisa que sorprendio a la misma Serena.

"¿Y es que acaso la culpabilidad no te ha dejado dormir?"

"¡Que! ¿Culpabilidad? ¿Por qué habría yo de sentir culpa?"

"Por que por tu culpa estoy aquí. Si no hubieras actuado de manera infantil nada de esto hubiese ocurrido. ¿Piensas causarme mas problemas hasta que llegue el momento que no puedas mas?"

"¿Manera infantil? En ningún momento te pedí que me siguieras. El tonto fuiste tú por ni siquiera haber podido salir de ahí sin ser herido. Creí que tanto tiempo que desperdicias en el gimnasio serviría de algo…pero ya veo que no es así."

"¿Es así como me agradeces todo lo que hice por ti?"

Serena sonrió dejándose llevar por lo que él intentaba decir. "Quizás, solo quizás, si no estuvieras tan débil…yo podría…" Se inclino hacia él para que su rostro quedara a centímetros del de él. "Yo podría…agradecer…de manera diferente."

Seiya hizo que su sonrisa desvaneciera. "Siempre serás la niña consentida. De ti no necesito nada para obtener un gracias."

Pero ella decidió ignorarlo y seguir acercando su rostro hasta rozar sus labios. "…Gracias…" Susurro antes de que voluntariamente fuera ella quien presionara sus labios contra los de él.

Seiya no hesito para poder obtener un mejor agradecimiento al levantar sus manos y tomar el delicado rostro perteneciente de esos labios. Sus labios buscaron los de ella. Tan dulce, frágil e inocente, jamás podría dejar que algo le sucediera.

"Buenos di…" Serena arrebato sus labios de los de él y retrocedió en el instante que fueron interrumpidos. "Lo…lo siento no quise…"

"¿Interrumpir?" La ironía de Serena podía mostrar su incomodidad. "No, te equivocas, aquí no hay nada que interrumpir. Tu…amigo…estaba esperando por ti." Fue esa misma molestia la que la guió hasta la puerta para azotarla al salir.

"¿Interrumpí algo importante?"

"¿Importante? No, claro que no. Por supuesto que no. Aquí no había nada importante que interrumpir, absolutamente nada. Ella es así…esta loca."

"Tanto como tu lo estas." Sus preciosos ojos violetas se cerraron para sonreír divertida. "¿Puedo preguntar como te sientes?"

"Bien, muy bien, gracias." Algo fingida, pero mostró lo que parecía ser una sonrisa. "¿Y…y tu?"

"Seiya, pareces hipnotizado. Hablas como si fueras un hombre mecánico. ¿Todo eso puede provocar ella en ti?"

"Me encantaría saber de que hablas. Lo siento, Hotaru, estoy cansado, quisiera dormir un poco, ¿Te molestaría?"

"¿Te molestaría a ti si me quedo junto a ti?"

"Claro que no. Esperaba que dijeras eso." Esta vez, esa sonrisa no pudo ser fingida.

"¿Seiya…puedo preguntar algo?"

"Hmm-hmm."

"¿Tu la dejarías ir en verdad? ¿Tal y como se lo dijiste anoche?"

La única reacción de Seiya fue reír, tratando de encontrar lo gracioso a la pregunta. "¿Dejarla ir?" Volvió a sonreír, pero dejando la pequeña risita a un lado. "Me encantaría descansar…si no te molesta." Cerró los ojos, llevándose a sus sueños la respuesta.

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Darien carcajeo, molestando de inmediato a Serena. "Me encantaría encontrar lo gracioso."

"Lo siento." Se disculpo sin haber querido hacerlo. "Serena, ¿Cómo no reír a lo que acabas de decir?"

"No, yo no puedo reír. Quisiera que fueras tu quien me diga que ha sido lo gracioso."

"Todo, Serena, todo es gracioso. Tu vida y sufrimiento son graciosos. Su estupidez es graciosa, aunque mas que graciosa…es estupida."

"No se quien pueda serlo mas…si él por no quererte en su casa…o tu por no entender."

La sonrisa de su amigo fue drásticamente borrada. "¿Qué dices? ¿Desde cuando te importa lo que él quiera? He sabido que eres rebelde ante lo que él quiere. ¿Dónde estas quedando, Serena? Has aparentado tanto que ahora te sale natural tu extrema preocupación por él, por lo que él quiere, por lo que él dice y por lo que él hace. Inconscientemente estas dejando que tu vida gire a su alrededor. Dijiste que estaba todo listo para finalmente ser libre. Ha sido lo que has querido desde que aceptaste casarte. Ha sido lo que he esperado desde que vi aquel horroroso periódico anunciando su boda. ¿Qué más te retiente? Me estoy cansando, Serena. Necesito que regreses. Necesito que regrese la Serena de la que me enamore."

"Estas confundiendo deber con querer. El aparentar no significa que yo desee estar con él." Sin haberlo notado sus ojos ya no se conectaban a los de Darien, si no a la nada. "Estoy intentándolo."

"¿Intentando? ¿Qué hay que intentar?"

"Quizá es…quizá solo soy yo."

"No te entiendo, Serena. ¿Qué tratas de decirme?"

"Tal vez eso. Quizá trato de decir…nada. Quizá solo necesito…una justificación."

Darien la tomo entre sus brazos, pensando que ella necesitaba el abrazo, pero su sorpresa fue cuando Serena lo aparto, no permitiendo que él cerrara aquel abrazo.

"Lo siento. Estoy cansada. Me gustaría subir a mi habitación y dormir." Se levanto del sofá, haciendo que él también lo hiciera.

"Entonces vendré mañana. O el día siguiente, o el siguiente si es necesario…pero todo con tal de que alguno de esos días termines yéndote conmigo."

Serena sonrió al recibir una tierna sonrisa y correspondió con una, pero su ternura no era mostrada del todo. "Lo siento…no aquí. Él…él tiene el derecho de no querer verte aquí. Después de todo…es su casa."

"Has dicho que también es la tuya."

"Lo suyo es mío…y lo mío es…suyo." Sintiendo la culpa de dejarlo ir solo, Serena se dirigió a las escaleras para subir a su habitación.

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"Buenos días. Imagino que usted es la esposa del señor Kou."

Serena se detuvo antes de salir completamente de su habitación. "¿Quién eres tu? ¿Qué haces en mi casa? ¿Y quien te ha dejado entrar?"

La joven sonrió simpática. "Mi nombre es Aki y seré yo la encargada de la casa mientras su corta estadía en Hannover dure."

"¿Corta estadía?" De un momento a otro la mujer autoritaria se dio a conocer. "¿Con que derecho estas aquí? No te necesito. Puedes irte de inmediato y no pienso repetirlo una vez más. No te necesito."

La joven volvió a sonreír, sorprendiendo a Serena. "Lo siento, señora, pero las ordenes fueron dadas y esas ordenes…no son de usted."

Serena sintió de momento perder el poder autoritario que siempre le ha regalado Seiya. "¿Estas contradiciéndome? Esta bien, ahora no te pido…te exijo que salgas de mi casa inmediatamente. No tolerare que sea una empleada la que termine con mi poca paciencia matutina. Desaparece de mi vista y no quiero volver a verte."

"Señora, es una verdadera lastima…y me disculpo…que nuestro encuentro sea tan desafortunado. Pero se me ha contratado para su cuidado personal y para el de la casa."

"¿Se te ha contratado? ¿Sabes con quien hablas? Yo soy la…"

"Lo se. Usted es la hermosa esposa del señor que duerme en esa habitación. Se me ha dicho como se manejan las cosas en esta casa y no quisiera desaprovechar la oportunidad para comenzar con mi trabajo, señora."

Serena, atónita, vio como esa joven dio media vuelta e ignoro sus exigencias. Eso era lo último. "Espera." La empleada se detuvo para voltear. "¿Ha sido…ha sido mi esposo quien te ha contratado?"

La joven negó con la cabeza. "No, señora, no ha sido su esposo. Quien me ha contratado, y de quien solamente puedo recibir ordenes, tal y como se me pidió, ha sido la señorita Tomoe."

Serena palideció al escuchar ese nombre. No espero, no quiso esperar, y de inmediato corrió a la última habitación de ese pasillo.

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A primera vista la escena podía ser completamente malinterpretada. Y así lo malinterpreto la misma furiosa Serena.

"Me encanta." Comenzó a aplaudir como maniática mientras sus palmadas eran tan fuertes que despertó al hombre que aun, malherido, dormía en esa cama. "¡Me encanta esta escena!" Pero no dormía solo. A la escena a la que Serena se refería fue a ver a la supuesta amiga de su esposo durmiendo junto a él. Compartiendo la misma inmensa cama y muy…muy…muy cerca de él. "Se que has rogado para que me vaya…pero pasar sobre mi autoridad, en mi casa y con MI esposo…ha sido suficiente."

"Serena…no tan temprano." Seiya intento sentarse, pero solo logro lastimarse más en el camino.

La hermosa mujer de cabello negro sonrió y se levanto de la cama. "Tan solo hago lo que tu, como supuesta esposa, no puedes hacer."

"¿Supuesta? Yo no soy supuesta. Yo llevo un titulo en esta casa. Tu aquí no has sido bienvenida y exijo que te vayas."

"Serena, no confundas las cosas. Hotaru solo intentaba…"

"No necesito tus explicaciones. Suficiente has hecho dejando que ella entre a esta casa como si yo fuera invisible. Me estoy cansando de ella, Seiya." Al mover la mirada, Serena noto la mini sonrisa de la pelinegra.

"Quizás te cansas por que sabes que puedo ser mucho mejor que tu en cualquier sentido. Si yo estuviera en tu lugar…yo no dejaría que nadie se acercara al hombre con el que he jurado lealtad eterna. Sin embargo…tú has gritado muchas veces que él a ti no te importa. Él también te ha gritado lo mismo."

"Hotaru, suficiente."

"No, Seiya, quiero que ella se entere. Quiero que sea la primera en saber que en cuanto se vaya de aquí…yo tomare su lugar…y lo haré como ella jamás lo ha podido saber hacer."

La sorpresa repentina invadió a Serena. "¿Es eso verdad?" Sus ojos se enfocaron en nadie más que en Seiya. Él intento mover la cabeza, pero antes de que pudiera dar su respuesta…Serena ya había salido de esa tensa habitación.

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Se sentía como una niña pequeña a la que se le castiga con dejarla en su habitación. Pero salir de ella era lo último que deseaba hacer. A pesar de que su puerta fue tocada un par de veces durante todo el día por la nueva empleada, Serena se rehusó a abrir.

Día termino y noche comenzó a tomar su lugar.

Decidida y sin nada más que pensar, Serena tomo una pequeña maleta y guardo las pocas cosas que había comprado ahí. Por primera vez se sentía derrotada. Estaba dispuesta a regresar a casa a primera hora de la mañana.

Pero mientras la noche llegaba, el cansancio también llego con ella. Y Serena durmió. Durmió para prepararse para el que seria un muy agotador día siguiente.

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La incomodidad en los sueños de Serena le exigió despertar y al hacerlo, lo primero que sus ojos captaron fueron los profundamente azules que la veían. Entre la luz de la luna que entraba por su ventana y el brillo propio de esos ojos la hizo sentirse de inmediato incomoda. Quería preguntar por que la intromisión a su privacidad, pero de momento esa mirada la enmudeció.

"Lo siento…no quise despertarte." En cambio fue él quien erróneamente se disculpo, sorprendiendo a Serena por algo que pocas veces él ha sabido hacer…disculparse.

"¿Qu – Que haces aquí?"

Con cuidado extremo y muy lentamente, Seiya logro sentarse al pie de esa cama. "No lo se." Musito…no queriendo interrumpir ese silencio acogedor. Pero fue ese mismo silencio el que los calló. En cuanto Seiya giro la cabeza un poco, pudo notar la pequeña maleta sobre uno de los sillones, junto con ropa lista y unos papeles. "¿Qué es eso?"

Serena volteo a ver a que se refería. Entendió. "Finalmente…he entendido que ninguno de los dos tiene el derecho al otro. Mañana regresare a Tokyo. Te lo iba a decir en esa nota, pero creo que es mejor decírtelo aquí…de frente."

"¿Decirme? ¿Decirme que?" Con cuidado extremo y muy lentamente, Seiya logro sentarse sobre esa cama, cerca de ella. "¿Decirme que te vas? ¿Decirme que eres una cobarde? ¿Decirme que has dejado que tan fácilmente otra ocupe tu lugar? ¿Decirme…decirme una vez mas…que no te importo? ¿Decirme que puedo ser libre? ¿Decirme que?"

Serena solo movió la cabeza. "Es…es lo que quiero."

"¿Lo que tu quieres? ¿Es realmente lo que quieres?"

"¡Basta, Seiya! He intentado quedarme tratando de buscar la razon justa para hacerlo, pero cuando estoy apunto de hacerlo…tu me echas como si pudieras manejar mi vida a tu querer. Y cuando finalmente estoy dispuesta a irme tu me dices que…"

"¿Qué no te vayas? ¿Qué te quedes? ¿Te digo que no deseo ver a nadie mas ordenando en mi casa, en mi empresa, en mi vida? ¿Qué te quedes? ¿Es eso lo que digo?"

"Por que siempre es así. Estoy cansada de ti. Estoy cansada de ella. Estoy cansada de todo. Y te odio…te odio como jamás imagine odiar a alguien."

"Yo también te odio. Y lo podría gritar más de mil veces si no me dolieran las costillas al hacerlo. Te odio, Serena. Te odio y sin embargo estoy aquí, intentando caminar para no sentirme solo, únicamente para decirte que lo que ella dijo no es verdad. Para decirte que no podría haber mejor…mejor señora Kou…que tu."

"¿Estas…has venido solo para…darme una explicación?"

"¿Explicación? No. Yo no doy explicaciones. Yo solo lo llamaría…aclaración."

Serena quería sonreír, pero no podía, no ante él. "¿Para que? ¿Para que quedarme y terminar matándonos mutuamente?"

Seiya examino ese rostro iluminado. "Es…es exactamente la misma pregunta que me he hecho durante todo el día, pero a pesar de eso…mis estúpidas piernas me trajeron hasta aquí." El silencio que se creaba cada vez que ambos labios se cerraban era extrañamente placentero. Lo era tanto que ambos guardaron sus pensamientos por unos minutos. "Podría… ¿Podría llamarlo costumbre?"

"¿Estas pidiendo que me quede…una vez mas?"

"No Serena, yo no te he pedido que te quedes." La pregunta que considero incorrecta de su cónyuge hizo que su orgullo hablara primero. "Si lo que quieres es irte puedes hacerlo en este momento. No quieras pensar que yo correré tras de ti e implorare que no lo hagas." Sonrió. "Además, se que no lo harás." Su seguridad estaba siendo de más para Serena.

"¿Qué te hace pensar que no podré hacerlo?"

"Por que nadie, absolutamente nadie, ni siquiera aquel hombre que exige tu libertad y grita amarte, podrá darte todo lo que yo te ofrezco."

"¿Y que ha sido eso, Seiya? ¿Qué ha sido lo que tu has ofrecido?"

"Todo." Su mano respondió sin recibir orden mientras dejaba que sus dedos se entrelazaran con el siempre hermoso cabello de la mujer hipnotizadora. "Todo lo que siempre has deseado."

"Él me ofrece amor. ¿Qué puedes ofrecer tu que sea mas poderoso que ese sentimiento que dicen es el mas hermoso del mundo?"

Él sonrió mientras su mano atraía la cabeza de la joven hacia él. "¿Qué puedo ofrecer yo?" La acerco a tal distancia que su respiración comenzaba a mezclarse con la de ella. "Tan solo pide. Pide cualquier cosa que puedas llegar a desear. Tan solo pídelo y será tuyo al instante." La deseaba. Cuanto ha deseado a esa mujer desde la primera vez que la vio.

¿Lujuria?

"¿Y si pidiera lo imposible?" Ella no hacia nada para retroceder su rostro del de él…no podía…no quería.

"No." Comenzó a rozar sus labios, los mismos labios que ha deseado tomar sin interrupciones. "Para mi…para mi no hay imposibles."

Serena cerro los ojos, dejándose envolver por esos brazos que de momento parecían tener ningún dolor alguno. Cerró los ojos para prestar sus labios, para desear lo que ha deseado sin complicaciones. "Quiero…quiero que tu…quiero que tu me regales el mismo sentimiento que él ofrece."

Seiya retrocedió, sorprendido por lo que se le acababa de pedir. Serena abrió los ojos en cuanto no sintió lo que esperaba y se encontró con la profundidad de una mirada sorpresiva.

Seiya sonrió. "Hablas como si fueras una niña soñando con algún día encontrar a tu príncipe azul. Hablar contigo de sentimientos es como hablar con una piedra de inteligencia." Se levanto mientras dejaba la mirada de una muy sorprendida Serena. "Yo jamás podría enamorarme de una mujer como tu." Le dio la espalda para no verla más. "¿Lo has entendido bien? Yo nunca llegare a enamorarme de ti…por que el día en el que yo llegue a cometer esa estupidez…ese será el momento en el que me haya convertido en el hombre mas estupido en la faz de la tierra."

Ella se levanto y camino para rodearlo y encararlo. "¿Y es que crees que yo peleo por ti? ¿Crees que eres el hombre perfecto? No lo eres. Eres un estupido, claro que lo eres, y para eso no necesitas enamorarte de nadie. Has sido tu quien ha venido a rogarme que no me vaya, que me quede…que no te deje. Tus sentimientos son irrelevantes para mí. Has sido tu quien ha venido a darme una explicación que no he pedido. Has sido tu quien…"

"No lo haré mas. Intentare no ser amable contigo mientras sigas siendo una molestia en mi vida."

"No lo seré mas y te lo he dicho. Cuando preguntes por mí, desde ahora, comenzaras a referirte nuevamente por la señorita Tsukino. Por que tu hermosa esposa, la mujer que sonríe al abrazarte en público, la que te toma de la mano y la que camina contigo del brazo…ha muerto. Desde mañana, cuando ya no este aquí, volveré a ser Serena Tsukino…la hija destinada a seguir los pasos de su padre." Bajo instantáneamente el rostro, no queriendo que él buscara o notara cualquier sentimiento en sus ojos. "Ahora vete. ¡Vete! Vete por que el señor presidente de INTANEK necesita reposo por haber sido tan tonto al lastimarse erróneamente por haber intentado ayudar a su…a una mujer que no es merecedora de lo que él cree es perfección."

Seiya la vio y le dolió. Ella no iba a irse, él lo sabía. Ella no podía irse. Ella no podía hacerlo por que entonces… ¿Qué seria de él? "Quizás el reposo lo necesites tu para que tu mente descanse."

"¡Yo no necesito descansar! Lo que quiero es que te vayas. Lo que quiero es que no me toques, no me veas, no me hables. 'Nada' es una palabra que no existe para mi. ¿Es que no lo has notado? Miles de hombres morirían solamente por tener una mirada mía."

"No eres la única. Miles de mujeres harían lo que fuera por tan solo tener una caricia mía. No eres perfecta. No eres la mujer de la que yo me podría enamo…"

"Tu tampoco eres perfecto. No lo eres y tú no eres el hombre con el que toda mi vida he deseado estar."

Escuchar esas palabras enmudeció a Seiya. "Mañana será otro día." Lentamente se dirigió a la puerta, pero antes de salir volteo a verla, volteo a verla aun con el rostro bajo. Abrió los labios para decir algo más, pero prefirió callar y salir, llevándose con él la última mirada que ella le regalo.

Serena lo vio salir y en el momento que él cerró la puerta, sus ojos fueron llenados lo que hace mucho tiempo no ha dejado escapar…un par de lágrimas. "¿Mañana?" Se pregunto en un susurro. "Ya no habrá mañana." Se abrazo a si misma, intentando darse consuelo ante los pensamientos de lo que seria su vida desde mañana.

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Seiya aun seguía recargado en esa puerta. Su orgullo le exigía continuar caminado hasta llegar a su habitación y dormir, pero otra parte de él rogaba por entrar a esa misma habitación y pedir perdón por lo que acababa de decir. Tomar a esa mujer entre sus brazos y terminar lo que estaba apunto de hacer en cuanto tomo su rostro.

Pero, como siempre ha sido, su orgullo gano esa batalla.

Su orgullo tenía razón, una mujer tan materialista no podía ser dueña de su vida, de sus pensamientos, de su lujuria…de su corazón.

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"¿Quieres abrir y dejar tus actuaciones infantiles?" Seiya parecía hablar con la puerta frente a él, pero en realidad le gritaba a quien debería estar detrás de ella. "Serena, suficiente fue anoc -."

"Señor, ¿Busca a alguien?" La nueva empleada se acerco, después de haberlo pensado, para preguntar lo que tanta curiosidad tenia por saber.

"Si estoy aquí obviamente es por que estoy buscando a mi esposa."

La joven mostró sorpresa. "Pero, señor, su esposa salio de la casa esta madrugada."

"¿Que?" Consternación fue todo lo que se pudo apoderar de su ser y de momento.

"Así es señor, ella me despertó para que pidiera un taxi y…" La expresión en el rostro del hombre frente a ella la hizo dudar en si continuar o no. "…Y me pidió que le entregara…esto."

Seiya estiro la mano para obtener lo que se le ofrecía. En el momento que la mujer deposito lo que se le había pedido fuera entregado, dio media vuelta y se retiro.

Seiya observo cuidadosamente y trazo con suavidad el contorno de la joya. Ella no pudo haberse ido. Él lo sabía.

No, no lo sabía.

El anillo de bodas que se entregaron mutuamente aquel día gritaba lo que tanto él había evitado, pero que inconscientemente había creado…la huida de la mujer que había jurado seria siempre para él.

"…Serena…"

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¡Hola!

Serenity Kou