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- FISONOMÍA -
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Nota – Nada me pertenece, solo la idea de la historia con los personajes de SM.
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- CAPITULO -
- XVIII -
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- SUGESTIÓN -
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"…Y finalmente…sabanas de seda."
"Así será, señora."
"¿Seda?" Ambas mujeres, Serena y la empleada, voltearon hacia la puerta, en donde se recargaba la que aun continúa siendo solo un huésped más.
"Puedes retirarte," Ordeno Serena. La mujer salio ante la orden.
Hotaru entro con toda confianza a la habitación. "¿Seda?" Volvió a preguntar. "¿Acaso no sabes que a Seiya no le gusta la seda? Y peor aun…no le gusta que nadie intente cambiar su habitación."
Serena dejo el florero de rosas sobre la mesa que decora delicadamente el centro de la habitación. "¿Y quien ha pedido tu opinión?"
"Estoy segura que en cuanto él entre aquí…saldrá de nuevo para no volver a entrar." Rió. "A él no le gustan las rosas blancas. Él prefiere…las rojas."
"¿Rojas?" Serena giro para encarar a Hotaru. "No es difícil entender cuando una persona no es bien recibida y tu…tu no eres bien recibida mas en mi casa."
"Ese carácter tuyo terminara volviendo loco a cualquiera. ¿Por qué ser agresiva si tan solo he sido amable contigo? Es obvio que intentas hacerle un favor a Seiya al decorar su habitación, pero no te funcionara. No tienes por que agradecerme, lo hago con mucho gusto."
"Agradecerte. Hace tanto tiempo que no recuerdo agradecerle algo a alguien. Pero te diré algo, solo para satisfacer la curiosidad que se tienes por saber que hago aquí. Yo no intento ser amable con Seiya, nunca lo he sido y no pienso comenzar hoy. Tampoco me importa lo que él opine de lo que yo haga con mi habitación."
"Lo sabia. Hasta en esto te ha complacido. Es capaz de cederte todo con tal de no escuchar tu escandalosa voz. Él es tan bueno. Claro, así es mi Seiya."
Serena frunció el ceño ante esa última frase. "Ya, ya puedes salir. De ahora en adelante…te prohíbo que entres aquí si no es con mi permiso…el cual nunca te concederé."
Hotaru rió intentando encontrar algo gracioso y salio.
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Seiya sonrió. "Claro, podría ser una solución."
"¿Y por que no la pones en practica?"
"No necesito ser el centro de atracción de nadie."
"Estas contradiciéndote a ti mismo."
"Haruka, lo ultimo que quiero ahora es preocuparme por algo que no tiene ni siquiera sentido en ponerle atención. Mejor dime, te escucho, acerca de lo que me comentaste esta mañana."
"Oh, es verdad, casi lo olvidaba. Bueno, te diré, no se si lo has notado, pero Ho ha estado muy triste."
"¿Ho?"
"Hotaru."
"No, no lo sabia. ¿Qué le pasa?"
"Escucha Seiya, te diré lo que ella me dijo y su verdadera razon por venir a Tokyo…"
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"¡Darien! ¡Andrew!"
Ambos se detuvieron para voltear al escuchar la tan inconfundible voz. Andrew fue el primero en girar y abrir los brazos. "¡Serena! Imagine que no llegarías."
Serena llego directamente al abrazo de su hermano. "Lo siento, tuve un pequeño contratiempo."
"Estamos por abordar." Darien se acerco a la intima despedida de hermanos. Serena salio de los brazos de Andrew para entrar a los de su amigo. "Te voy a extrañar…mucho."
"Darien…pero mírate, ¿Estas triste por dejarme?"
"Creí haber dicho que no." Refiriéndose a la conversación de la noche anterior. "Al contrario…tan solo te extrañare."
"Oh, eso no se escucho tan conmovedor."
Darien rió. "Buena suerte." El rubor en las mejillas de Serena fue su respuesta.
"¿Visitaran?"
"Me encantaría que fueras tu quien visitara." Andrew respondió por ambos.
"Visitare, lo prometo."
"Te quiero, pequeña, es hora de irnos." Andrew, en lugar de abrazo, deposito un beso en la frente de su hermana.
"Yo…yo…yo también, hermano. Y…gracias. Gracias a ti también, Darien. Prometo…prometo mejorar."
Ambos acordaron con un movimiento de cabeza y dieron media vuelta para alejarse de la mujer por la que habían viajado por tanto tiempo, pero que en ningún momento se habían arrepentido de haberlo hecho.
"Finalmente me he quedado sola."
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"¿Es que acaso ustedes no…?" Seiya, molesto, dejo su asiento. "Dime algo, Haruka, ¿Hace cuanto tiempo somos amigos?"
"Toda la vida lo hemos sido, Seiya."
"Considerare ese 'toda la vida' como si me estuvieras diciendo 'te conozco de toda la vida' y si me conoces de toda la vida, ¿Por qué insistes en una estupidez como esta?"
"No es ninguna estupidez, Seiya, tu mejor que nadie sabes como sucedió todo."
"Diré esto, Haruka, y lo diré solamente una vez. En esos días…yo no estaba casado. En esos días…yo no tenía una empresa que administrar. Y esos días…ya han quedado atrás. No quiero volver a escuchar ni de ti ni de Hotaru lo que acabas de decir. Eso ya quedo atrás. Imagine que había quedado todo claro con Hotaru…pero tal parece que eres tu el que intercede por ella."
"No es interceder, es abrirte los ojos a la realidad. ¿O acaso te negaras, después de todo lo que le has hecho ya? ¿Después de que de un día a otro solamente la llamaras…amiga? ¿Acaso no te sientes culpable, Seiya? Yo en tu lugar…lo estaría…..así como lo lamentaría, al tener la esposa que ahora tienes. En unos meses llegaran al primer año y dime, ¿Te ha servido de algo todo lo que sacrificaste?"
"Suficiente, Haruka…suficiente."
"Mírate, Seiya, siempre fuiste mas inteligente que el que intentaba cambiarte, ¿Por qué estas dejando que sea ella quien lo haga? ¿Ella? ¿Ella, Seiya? ¿La mujer que tuviste que comprar?"
Seiya cayó una vez mas sobre el sillón. "Yo no me dejo cambiar por ella. ¿Por ella? Claro que no, Haruka. Dejar de ser yo…Kou Seiya…por ella…seria olvidar quien soy."
Haruka sonrió y se levanto de su lugar para poder acercarse a Seiya y darle un par de palmadas en la espalda. "¿Lo vez? Este si es mi amigo."
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"Buenas noches, señora Kou. ¿Cansada?"
Serena se detuvo antes de subir las escaleras de la mansión. "Que amable eres. ¿Esperabas por mi?"
"No. Puedes llamarlo…casualidad."
"Vaya, que casual eres para esperar por alguien…especialmente por mi."
"¿En verdad? No lo había notado. Ya te lo he dicho…solamente es casualidad."
"Si no supiera que eres un encanto hasta para preguntar, pensaría que intentas molestarme."
"Ya te he dicho que no es así. Sabes que somos casi como familia y yo no podría ni molestar, ni mucho menos hacerte enfadar. Solamente eres…tan perfecta que…"
La ironía de ambos fue interrumpida por el abrir de la puerta principal, de donde entro un sonriente Seiya. "Buenas noches." Saludo a ambos y sin hablar más continuo su camino hasta subir las escaleras, ignorando que quizás Haruka y su esposa mantenían una conversación.
Pero la sorpresa fue para Serena, quien de inmediato subió detrás de él, dispuesta a investigar el por que de una sonrisa al entrar a esa casa.
Lo siguió hasta que él entro a su habitación, pero deteniéndose por completo en cuanto abrió la puerta.
La sonrisa de Seiya desapareció en cuanto recorrió con la mirada su ex-propia habitación. Al notar que ella había entrado, Seiya cerró la puerta e intento ignorar los pequeños, pero muy visibles, cambios que había sufrido su habitación.
"¿Feliz esta noche?" Pregunto Serena no queriendo dejar que el silencio invadiera.
"Mucho." Respondió Seiya rápido mientras se quitaba la corbata.
"¿Qué haces?" Serena cuestiono de inmediato antes de que Seiya llegara al guardarropa.
Seiya giro para verla. "¿Cómo que, que hago? Voy a…"
"No, no, ese ya no es tu guardarropa. El tuyo será aquel." Señalo una de las tres puertas que se encontraban en el fondo de la habitación.
"¿Pero y todas mis…?"
"Todo esta ahí."
Sin querer preguntar más, Seiya camino resignado a donde se le había indicado.
Serena, sentada en uno de los sillones, solo observaba lo que él hacia. La misma rutina, no había nada diferente. Él entro al baño para ducharse, quizás esto no seria tan malo después de todo. Ni siquiera era necesario hablar, lo cual era bueno.
¿O no?
No importaba. Ella tampoco tenía deseos de mantener una conversación con él. Encendió el televisor, sin más que hacer.
Quizás esto era más aburrido de lo que ella se había imaginado. "Quizás no funcione." Quiso concluir.
Tiempo después, Seiya volvió a salir del baño. Serena comenzaba a cerrar los ojos ante la aburrición de la pantalla, pero todo desapareció en cuanto escucho un ruido y volteo para ver a Seiya.
"¿Qué haces?"
"Voy a trabajar."
"¿Y por que las quitas?"
"Por que es mi mesa de trabajo."
"Pero no hay por que moverlas."
"Me molesta el olor."
"¿El olor? ¿Eres alérgico?"
"No."
"Entonces no hay razon para moverlas." Casi corrió para arrebatar el florero de las manos de Seiya y dejarlo en el mismo lugar que ella lo había puesto anteriormente.
"No me gustan las rosas."
"No me importa. A mi si."
"Serena, voy a trabajar."
"No me importa, yo las quiero ahí…y ahí se quedan." De momento, y sin haber querido recordarlo, en la mente de Serena resonó aquello que la mujer huésped de esa casa menciono. "No te gustan las rosas blancas, ¿Es eso?"
Seiya giro para verla. "Si, es eso. No me gustan las rosas blancas."
Quizás, sin ella saberlo, había alguien que lo conocía mejor que ella misma. ¿Y como no? Si a ella nunca le ha importado eso.
"A mi si me gustan. A mi me gustan y fin de la conversación. Y no me importa que a ti no te gusten. Esas rosas se quedan ahí…por que si te atreves a moverlas…"
"¿Regresaras a tu habitación?" Reto él sin ni siquiera tener que mirarla.
"No. No te daré esa satisfacción tan pronto."
"Serena, ¿Por qué tienes que arruinarlo todo? Yo llegue a esta casa con la mejor de mis sonrisas y tu tienes que…"
"¿Acaso no estabas por trabajar? ¿Qué esperas? Mientras mas tiempo pierdas hablando conmigo…mas tiempo pierdes trabajando." Regreso al sofá y volvió a tomar el control.
Y él, sin importarle más, comenzó con su propia rutina nocturna.
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Él podía permanecer horas trabajando sin importarle nada mas, pero después de estar en el mismo lugar por mas de una hora, giro la cabeza para ver que el televisor continuaba encendido. Decidiendo aplazar un poco su trabajo, Seiya se levanto de esa silla y camino hasta el sillón en donde ella se había quedado dormida.
Dejo que su barbilla reposara sobre el brazo del sillón y la observo. ¿Realmente él estaba dejando que ella la cambiara? ¿Cómo? Volteo a ver las flores de su mesa. ¿Por qué no termino arrojándolas por el bacón? Rió internamente.
Quizás solamente comenzaba a ser costumbre.
Costumbre a ella. A verla. ¿Pero dejarse cambiar?
¿Él?
No.
Imposible.
Intentando ser cortés, solamente cortés, la tomo entre sus brazos para llevarla a la cama. Pero Serena despertó al sentir que era elevada. "¿Qué haces? Pudiste haberme despertado."
"Eso fue lo que intente no hacer."
"Se agradece pero…" Serena corto sus palabras al notar la misma sonrisa con la que Seiya había entrado a esa casa. "¿Qué te pasa?"
"¿Puedo hablar contigo?"
Una pregunta que ella no se esperaba. "Lo estas haciendo."
"Quería…quizás…pedirte una disculpa."
"¿Qué? ¿Tu a mi?" Si no lo había hecho bien, con esa pregunta Serena despertó completamente.
"Si."
Quizás fue inconscientemente, pero Serena no pudo evitar llevar una mano a la frente de Seiya. "¿Te han golpeado? ¿Estas enfermo?"
Seiya rió ante el ingenio. "Ninguno de los dos. Sere sincero y tengo que admitir que…tienes razon. Quizás me he equivocado, solo un poco, al no hacerte participe de mis planes."
"¿Planes? ¿Cuáles planes?"
"¿Quieres…? Imagino que quieres pero aun así lo preguntare como si no estuviera seguro de tu respuesta, ¿…Quieres ir conmigo mañana a…?"
"No, no, ¡No, Seiya!" Serena se levanto de ese sillón, tuvo que hacerlo. "¿No te das cuenta de lo que estas haciendo?"
"¿Qué estoy haciendo ahora? Solo intento ser amable."
"Eso es lo que estas haciendo. ¿Lo vez? No por estar yo aquí significa que ahora… ¿Quién lo diría? No, Seiya. No tienes por que preguntarme nada ya que, aunque tu no lo has mencionado, yo pensaba estar ahí…contigo…o sin ti."
Cansado, de sueño y de hablar con ella, Seiya se llevo una mano a la frente. "Buenas noches, Serena." Termino apagando el televisor y se dirigió a su cama. Ella, minutos después, hizo lo mismo, pero ella se dirigió al otro lado de la inmensa cama en la cual, aunque lo quisieran, no había manera alguna de despertar uno al lado del otro. Seiya estuvo por cerrar los ojos, pero su tacto lo hizo sentarse instantáneamente. "¿Seda?" Pregunto en voz alta.
Serena le dio la espalda. "Si, seda, ¿Acaso no te gusta la seda tampoco?" Cerró los ojos, esperando pacientemente una respuesta negativa, dispuesta ya a ser defensiva.
"No va a funcionar." Sin quererlo, ambos pensaron al mismo tiempo.
"¿Seda?" Volvió a preguntar él mientras solo podía ver su espalda. "Pero si a mi me encanta la seda." Volvió a acostarse e hizo lo mismo que Serena, le dio la espalda, pero la diferencia era que ahora él intentara hasta lo imposible para recuperar el sueño dentro de esas sabanas tan…tan de seda.
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¡Hola!
…Serenity Kou…
