Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y de Zagtoon Animation. La trama de esta historia si es mía.


Más que extraños

La verdad es que lo único que les dolía era recordar que alguna vez hubo en sus corazones sentimientos muy profundos uno por el otro. Pero como decía esa vieja canción de una película romántica, mientras el tiempo exista el mundo les dará la bienvenida a los amantes. Y lo que Chloe y Adrien sintieron alguna vez no se olvida. Aunque se necesite de un alter ego para hacerlo renacer.


Verdadera compañía

"Mi soledad no depende de la presencia o ausencia de las personas; al contrario, odio a quien roba mi soledad sin, a cambio, ofrecerme compañía de verdad." — Friedrich Nietzsche

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—Mira Adrien—dijo una niña de bonitos ojos azules y un vestido amarillo—hice una corona de flores.

— ¡Ah! No es justo, a ti si te salen estas cosas—dijo un niño de cabello rubio despeinado.

Ambos infantes estaban sentados en el patio de la mansión de la familia Agreste. Se veían totalmente concentrados en sus manualidades de ramas de árbol y raíces. El niño llevaba su traje de gala manchado y las mangas recogidas. Su pantalón negro estaba lleno de pasto. La niña tenía su vestido manchado de lodo en la orilla y sus zapatos blancos ahora eran grises.

Pero a ninguno de los dos les importaba.

—Me quedo bonito—dijo la niña poniendo la corona en la cabeza de él.

—A ti todo te sale bien—dijo Adrien.

— ¿Qué haces?—pregunto Chloe al verlo luchar con algunas flores.

—Te quería dar un anillo—dijo Adrien suspirando.

— ¿Por qué?—pregunto Chloe acercándose al niño.

—Porque te lo mereces—comento Adrien sonriendo totalmente feliz pero siguiendo frustrado sin poder lograr hacer el anillo.

Una pequeña Chloe de nueve años de edad se sonrojo. Su madre siempre le daba cumplidos. Su padre igual, aunque los suyos iban más hacia el hecho de que debía ser perfecta para su imagen. Así que sonrió cuando su mejor amigo le hizo aquel cumplido. Chloe al ver la frustración del rubio, puso su propia corona en su cabeza.

Adrien no dijo nada mientras su amiga le acomodaba la corona de flores. Chloe le sonrió ampliamente. Siempre era dulce con Adrien, a diferencia de muchas otras personas. Y Adrien lo sabía muy bien, por eso siempre se sentía muy genial al lado de Chloe.

—Te ves muy bien—dijo Chloe tomando su mano y jalándolo hacia dentro de la mansión.

En la mansión se encontraban reunidos ambas familias. Los Agreste habían amasado una fortuna gracias al ingenio de ambos quienes se habían desarrollado en el ámbito de la moda, los Burgeois tenían dinero después de haber hecho crecer el hostal de la madre de la señora hasta convertirlo en el mejor hotel de París. Después de eso, André había presentado su candidatura a alcalde de la ciudad. Los círculos por los que ambas familias se movían eran parecidos, así que no paso mucho tiempo antes de que se volvieran amigos y socios.

—Mira mamá—grito Chloe al entrar a la sala— ¡hice una corona! ¿A qué le queda bonito a Adrien?

Adrien, como cualquier pequeño niño de siete años se puso rojo y trato de quitarse la corona, pero su pequeña amiga se lo impidió. Las señoras rieron al ver su relación, ambas sin dejar de pensar en lo lindos que se verían sus hijos como pareja algún día. La señora Burgeois no tardo nada en sacar una cámara y tomarle una foto a los dos niños.

—Vamos Adrien, a que te queda bonito—pidió la rubia.

Chloe suspiro observando esa vieja foto que su difunta madre había tomado. Chloe tenía guardado en un cajón todos los recuerdos y apenas a unas horas de haber escuchado a Adrien técnicamente negar la amistad que tuvo con ella, estaba furiosa.

Tomo dicha foto, junto con algunas más que tenía por ahí de los años de amistad y los rasgo una por una a la mitad. En verdad quería a Adrien, pero estaba muy enojada y por desgracia no podía darle un golpe a este mismo. Así que saco todas sus revistas de moda y rompió todas sus fotos.

Cuando a los catorce años, Adrien empezó a trabajar para su padre como modelo, Chloe fue la primera en comprar la revista. Estaba totalmente feliz porque su amigo trabajara y tuviera esa fama nueva. Pero, no importaba que tanto lo hubiera apoyado en el pasado; el muy imbécil olvidaba todo su pasado para ponerse a pensar en su tonta novia.

Tan metida estaba en sus pensamientos que no noto que su ídola y su compañero peleaban contra un villano cuyos colores rosa y plateado junto a su poder de llenar todo de cosas dulces le dieron el nombre de Swetie Creme. Este nuevo villano, una mujer joven que por desgracia había estado en el lugar equivocado en el momento equivocado, golpeó al héroe gatuno lanzándolo contra la ventana de la suite perteneciente a la joven Chloe Burgeois.

Chat Noir cayó sobre la mesa nueva que Chloe había comprado pocos días antes. La superficie de cristal quedo totalmente rota junto a las dos tazas de porcelana con café y té que Sabrina y Chloe tomaron horas antes. Para suerte del héroe, su traje evito que los cristales rotos se clavaran en su piel. Cuando abrió los ojos vio el gran desorden de papeles que se había creado en la habitación de su amiga de la infancia.

Chloe miro al héroe con el ceño fruncido ¡con un demonio! Esta vez no fue su culpa que alguien se transformara en villano, ¿porque demonios tenía que pasar eso? Chat Noir vio que estaba enojada y conociéndola como la conocía, sabía que eso era muy malo.

—Juro que la pagaré—grito Chat apenas ponerse de pie.

—Solo vete—pidió Chloe con tono fuerte.

La rubia se arrodillo junto a los fragmentos de revistas y fotos. Tomo varios de eso pequeños cachitos para lanzarlos dentro del cesto de basura de su cuarto, sabiendo que una mucama lo tiraría en la basura al siguiente día. Chat observó un segundo a Chloe viendo los trozos de papel. Pudo distinguir su propio rostro en uno de los pedazos. No entendía porque Chloe había roto todo aquello tomando en cuenta que también se encontraban algunas fotos que pudo reconocer. Eran las mismas fotos que el guardaba en alguno de sus cajones.

Por la ventana rota entro Ladybug, quien se había preocupado al ver a su compañero tardarse en salir del cuarto de la hija del alcalde. Aunque no quería o no tenía ganas de lidiar con las atenciones de Chloe. Para su suerte, no tuvo que hacerlo.

Chloe cerró los ojos enojada. Quería estar sola y tenía que llegar en ese mismo instante Ladybug a interrumpir. Tampoco es como si estuviera de ánimos como para entrar en modo fangirl. Ladybug observo la habitación. No estaba para nada interesada en el berrinche que estaba montando la rubia. De hecho lo único que quería era acabar con el akuma para ir a casa a llamar a su novio.

—Hay un akuma atacando la ciudad Chat—dijo Ladybug llamando la atención de su compañero de combate.

—Si—dijo el héroe sin dejar de ver a la hija del alcalde.

Aunque no lo admitiría en voz alta, le dolía bastante ver todos los recuerdos que habían creado juntos destrozados. Sin embargo tampoco era como si pudiera reclamar algo en ese momento. Era Chat Noir, no Adrien. Por primera vez en mucho tiempo no pudo evitar preocuparse por Chloe. Aunque, en esos momentos tenia asuntos más importantes que hacer como derrotar al akuma.

—Sí, vámonos—contesto Chat saliendo detrás de Ladybug.

Swetie Creme estaba llegando a la casa de su ex novio. La chica había vivido su ruptura calmada. Eso hasta que su ex novio apareció con una vieja amiga (de la que el chico dijo no tener ningún sentimiento). Esta demás decir lo mucho que le enojo verlos juntos. No por que quisiera aun al chico, aunque tal vez si había algo de eso, sino por la suposición de que él pudo haberla engañado toda la relación. Y Hawkmoth no perdió la oportunidad de conseguir un nuevo akuma tomando como tema el uniforme de pastelería que llevaba la chica.

Los héroes llegaron justo a tiempo para evitar que el akuma interrumpiera en el departamento. Chat Noir distrajo a Swetie Creme para que Ladybug le quitara el gorro de repartidora con el logo de una de las grandes pastelerías de París. Ladybug utilizó su Lucky Charm (una manga pastelera) para dibujar un camino por el cual el akuma se viera indefenso. Destruyo el sombrero dejando salir a la mariposa negra. El akuma se liberó del mal y voló libre mientras los daños de la ciudad eran reparados por la cura milagrosa. Después de un choque de puños, ambos héroes se separaron para llegar a sus respectivos compromisos, aun desconociendo sus identidades, pero sin la necesidad de mencionarlo.

Adrien llegó poco más de media hora tarde, por lo que tuvo que lidiar con el fuerte castigo de parte de su padre. Para evitar que la maquillista le diera un sermón sobre lo mucho que costaba un minuto de su tiempo, Adrien hizo gala de los tan famosos modales de los que gozan todos los que se dedican a ser el centro de atención en fotografías. Platico un largo rato mientras lo maquillaban por teléfono con su novia, hasta que tuvo que despedirse de Marinette con poco tiempo de antelación.

Esta vez, le tocaba modelar con otra chica de su edad. Una linda chica rubia, de rostro delicado y redondo cuyos pupilentes verdes trataban de crear la ilusión que el fotógrafo quería dar. Mientras la chica se comportaba tan empalagosa con él como le era posible, Adrien no podía sacarse algo de la mente. Su acompañante rubia le había recordado a su vieja amiga de la infancia, a la que hacia menos de dos horas había visto romper (bueno, no visto, pero era demasiado obvio) las fotografías que guardaba como recuerdos de su infancia.

La verdad es que se sentía dolido. El mismo guardaba en un par de cajones todos aquellos recuerdos de infancia que había hecho al lado de Chloe Burgeois: fotografías, postres, dibujos, un viejo anillo de metal chapado en plata y una corona de flores marchitas, incluso había guardado un tonto contrato que hicieron juntos a la tierna edad de ocho años. Así que, el que Chloe desechara todos esos recuerdos rompiendo aquellas fotos en vedad dolía.

Acabada la sesión de fotos, Adrien fue escoltado por el 'gorila' a casa y después de cenar se encerró en su cuarto para hacer su tarea. Platico con su novia otro rato más y cerca de las diez de la noche tuvieron que despedirse. No se encontraba cansado ni nada por el estilo, así que tuvo una gran idea y no tardo nada en salir por su ventana disfrazado de Chat Noir.

Cuando Chloe estaba muy triste o enojada, solía ponerse a leer una novela. Si bien, la chica había leído un buen grupo de sagas juveniles y novelas famosas (además de que la lectura está de moda y ella siempre tiene que estarlo), una en particular era su favorita, orgullo y prejuicio de Jane Austen. Su copia del libro estaba desgastada y un poco rota en la pasta, se lo había regalo su madre antes de morir y Chloe no tardo en tomarle cariño a la mayoría de los personajes de la obra, sino es que a todos. Así que, después del día que había tenido, ya llevaba una hora leyendo y aunque solo había avanzado un tercio del libro, la estaba relajando.

Era una noche particularmente fría, aunque eso solo acrecentó sus ganas de sentarse en la terraza de su habitación con una suave cobija para seguir leyendo a la luz de la ciudad. De repente, el sonido de algo cayendo interrumpió su lectura haciéndola levantar la vista para observar a Chat Noir de pie en su terraza.

—Se puede saber qué haces aquí —pregunto Chloe cerrando de golpe su libro y levantándose de su asiento.

—Vengo a pagarte la mesa rota—contesto con la única excusa que se le había ocurrido.

— ¿Si sabes que se arregló con la magia de Ladybug?—pregunto incrédula Chloe mientras abría el sobre con dinero— ¿acaso eres un ladrón? ¿De dónde sacaste tanto dinero tan rápido?

Por supuesto que Chloe no sabía quién era, así que la pregunta era lógica. Chat tenía que pensar una respuesta viable, no podía decirle que lo saco de su tarjeta de débito sin revelar su identidad. Chloe al ver que no hablaba dio por zancado el tema al decir:

—Mejor vete con tu dinero de extraña procedencia y déjame sola—contesto Chloe volviendo a cerrar el sobre y poniéndolo en sus manos.

Pero Chat pudo distingue esa aura de tristeza que solo él había aprendido a diferenciar. Y por primera vez en mucho tiempo, se sintió culpable por dejarla sola tanto tiempo. Observo como la rubia se volvía a sentar cubriéndose con la manta y dejándose absorber por el libro esperando que él se fuera. Pero la culpa pudo más con el héroe y se acercó a la hija del alcalde.

—Orgullo y prejuicio. Lindo libro, nunca lo leí—comentó Chat sentándose al lado de ella.

—No me interesa—contesto Chloe.

— ¿Lo leerías para mí?—suplico Chat para sorpresa de la rubia.

Chloe estuvo a punto de responderle con una efusiva negativa. Pero se detuvo antes de hacerlo. Ladybug y Chat Noir siempre la habían hecho sentir bien en su compañía. Protegida, más que nada. Y con Chat Noir estaba teniendo un cierto aire de familiaridad que la ponía nerviosa. Así que, aludiendo a lo que su madre solía decir: "si encuentros a alguien con quien te sientas bien, disfruta lo más que puedas ese momento"; abrió el libro en la primera página y comenzó a leer en voz alta.