Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y de Zagtoon Animation. La trama de esta historia si es mía.
Más que extraños
La verdad es que lo único que les dolía era recordar que alguna vez hubo en sus corazones sentimientos muy profundos uno por el otro. Pero como decía esa vieja canción de una película romántica, mientras el tiempo exista el mundo les dará la bienvenida a los amantes. Y lo que Chloe y Adrien sintieron alguna vez no se olvida. Aunque se necesite de un alter ego para hacerlo renacer.
Torturar un corazón roto
"Y aunque pase el tiempo
Y seas feliz con alguien más
Recuerda que no hay nada
Que haga que me olvide de ti"
A quién tu decidiste amar [canción] — Sandoval.
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Chloe se recostó en su cama con el cansancio más fuerte que nunca en su vida. La noche era helada por lo que la chica dudo en ponerse su bata para dormir usual, se vistió con una playera amarilla holgada y un bonito pantalón blanco de algodón. Se recostó en su cama entre los cojines y abrazo sus piernas. Estaba agotada pero sabía que no podría dormir.
Un viento helado inundo su habitación y la hizo temblar. Por un momento se preguntó si lo que sentía era solo producto de su imaginación. Cuando unos fuertes brazos la rodearon, Chloe no pudo evitar llorar. La colonia le dio un indicio muy claro de quien era su extraño visitante. Esta vez estaba muy afectada como para rechazar las atenciones del felino gato.
—Tranquila My Queen—pidió Chat, no estaba acostumbrado a ver a su mejor amiga tan vulnerable.
—No quiero Chat, quisiera que la vida fuera tan simple como antes de que mama se fuera—dijo entre lágrimas.
Una punzada de dolor y celos recorrieron su cuerpo. Chat no podía creer que su mejor amiga estuviese revelando esa información tan abiertamente. Sin duda estaba muy afectada por el regreso de la señora Agreste. Chat la separó un poco de él y la perspectiva de ayudarla a sentirse mejor quito toda culpa que sentía por estarla viendo a escondidas.
—Estoy seguro que cuando veas esto te sentirás mejor—comento Chat mostrándole una pequeña colección de discos.
Chloe observo el título y una risa sarcástica y alegre salió de sus labios. El contraste que hacía con sus ojos rojos por las lágrimas era fuerte y adorable. Chat sabía porque era la risa. Cuando eran pequeños sus madres les pusieron la serie que tenía Chloe entre sus manos. A Adrien le aburrió mientras que Chloe la tomo como la única serie de animación japonesa que vería en su vida. Adrien si expandiría su horizonte en ese aspecto.
—Es seguro que ver Candy Candy quitara el dolor por amor—tal vez el tono sarcástico de Chloe hubiese tenido más efecto si la risa no la hubiese vencido a mitad de la frase.
Chat sonrió ladino y confiado acercándose al reproductor del cuarto de Chloe. Su nivel de confianza siempre era mayor con aquella mascara puesta. Puso el primer capítulo y se recostó en el sillón al lado de su mejor amiga. Trato de evitar pensar en el hecho de que estaba en la misma cama de una chica que no era su novia. A pesar de que no estuviera haciendo nada malo. El sueño los venció a ambos antes de que el verdadero drama de la serie comience.
Cuando el despertador sonó lo primero que Chat hizo fue abrazar lo que más tuviera cerca esperando tener más tiempo de sueño. La luz aun no salía en el horizonte y tal vez esa fue una de las principales razones por las que se sintió tan despistado. El calor del cuerpo a su costado lo regreso poco a poco a la realidad. Y pronto se dio cuenta que la transformación había desaparecido.
Como un bólido se levantó de la cama y jalo a su kwami al baño de la diva rubia. Adrien tenía varias razones para sentirse tan desesperado, culpable y francamente atraído hacia la situación. Pero prefería no pensar en ninguna de ella más que en una manera de salir rápido de ahí.
— ¡Plagg! Despierta—sacudió a su pequeño amigo—. Necesitó llegar a casa.
—Estas salidas tuyas son muy cansadas—comento Plagg tallándose los ojos.
— ¡Tu solo ayúdame! Te compre tu cama especial—recrimino Adrien tomando las kwami entre sus manos.
—Creí que aquello era un regalo por ser un kwami tan bueno—dijo el pequeño ser mágico.
Fuera del cuarto de baño, Chloe se levantó después del segundo timbrazo de su despertador. Se sentía muy cansada pero al mismo tiempo extrañamente relajada. La canción de Candy Candy resonó en su cabeza y se fue tarareando hasta su closet. Supuso que Chat Noir se había ido cuando se durmió así que no se preocupó por eso hasta que unas voces llegaron a sus oídos.
— ¡Chat!—llamo la rubia tocando la puerta.
Adrien se tapó la boca sin saber que contestar y bastante nervioso. Plagg al lado de él pareció tener una idea descabellada porque se soltó rápidamente del agarre de su amigo y salió por debajo de la puerta. Adrien quiso morir al saberse atrapado.
—Hola Chloe, yo soy Plagg—dijo el kwami.
— ¡Ah! ¡Un bicho volador!—grito la chica saltando detrás del sillón—. ¡¿Quién eres?!
Plagg río. Chloe siempre le había parecido la persona más divertida de la escuela. Vale que nunca hubiera tenido la oportunidad de hablar con ella y Tikki no pudo evitar mandarle advertencias de lo mala que la rubia era en realidad. Pero él era un necio y Chloe le llamaba mucho la atención.
— ¡Que graciosa eres!—dijo el kwami.
— ¡Plagg!—gruño Adrien dentro del baño. Por un segundo, Chloe creyó oír la voz de su amigo de la infancia pero le pareció imposible y desechó la idea.
— ¿Puedes pedirnos queso camembert?—dijo el kwami.
— ¿Camembert?—pregunto Chloe incrédula.
—Si—contestaron al unísono tanto Plagg como Adrien.
Chloe no dejo de observar al extraño bicho flotador mientras este jugaba malabares con algunas cosas de la habitación. La rubia tomo el teléfono de su habitación y ordenando el servicio pidió lo que su extraño invitado pedía. Incluso la mesera que tomo la llamada encontró algo extraño en su tono de voz: no fue brusca o grosera.
—Yo, pues, tengo ¡eh! Tengo clases de tenis en una hora—comento Chloe comenzando a recuperar su confianza—. Necesito mi baño.
Adrien se quiso golpear la cabeza cuando recordó que su amiga también tenía una vida privada que pocos conocían. Necesitaba salir rápido de ahí. Estuvo a punto de abrir la boca y disculparse por los inconvenientes cuando alguien tocó la puerta. Chloe se acercó y abrió para que su mayordomo le entregara el queso pedido.
Apenas cerrar la puerta, Plagg se abalanzo sobre el camembert para engullirlo. Chloe hizo una mueca de asco por el olor de ese queso. Adrien soltó una carcajada dentro del baño, sabiendo que la rubia era extremadamente sensible a los olores fuertes.
— ¡Plagg! ¡Vuelve aquí! —gruño Adrien.
El kwami negro voló debajo de la puerta del baño. Chloe lo siguió y espero apenas unos segundos a que el héroe gatuno abriera la puerta. Chat Noir no pudo evitar sonreír coqueto a la chica, esperando que su mirada seductora evitara que le preguntara quien era el pequeño animal de hace un momento. No resulto.
— ¿Donde esta ese animalito?—pregunto Chloe entrando en el baño y empujando al héroe fuera del mismo.
Chat Noir se mordió el labio, no queriendo contar la verdad a su amiga de la infancia. Algo en la idea lo asustaba. Cuando salió Chloe enojada buscando explicaciones sabiendo que no podía ocultarle aquello. No después de que fuese el mismo Plagg el que se expusiera. Suspiro y la tomo por los hombros esperando evitar que lo golpeara.
—Escucha—empezó a explicar—como no siempre soy el genial Chat Noir, suelo ser un humano común y corriente. Plagg es el que me da los poderes.
—Pues tu compañero es muy entrometido—comento Chloe, tratando de ocultar su desconcierto—igual que tú.
Una risa compartida inundo la habitación. Chloe saco al héroe de su habitación alegando que tenía que prepararse para su clase de tenis. Chat salió a la terraza a tiempo para ver el amanecer de ese sábado. Eran las ocho de la mañana. Corrió a su casa y se recostó a dormir otro rato en su cama. Cerca del mediodía, Adrien que había pasado mucho rato en su habitación sin hacer nada recibió la visita de su madre. Casi no recordaba que su madre había regresado.
— ¡Mamá!—llamó Adrien al ver a su madre entrar en su habitación.
—Hijo, ¿podrías hacerme un favor?—pidió la señora Agreste con cierta vergüenza en su voz.
—Dime mamá—contesto Adrien desde su biblioteca.
Para el chico resultaba un poco extraño tener tantos libros guardados ahí. La gran mayoría de los mismos eran libros de ciencia, literatura, deportes, lenguas, tenía un par de psicología que nunca toco. Si bien había tocado, abierto y leído todos aquellos libros al menos una vez en su vida, los que más había leído eran los que correspondían a sus mangas. Y la sección de anime, pero eso era otro cuento.
El chico bajo de su biblioteca utilizando una de sus patinetas y una de las rampas para skateboard de su cuarto. A su madre casi le da un infarto al escuchar a su hijo bajar de aquella manera. Casi olvidaba que el Adrien Agreste que estaba viendo en ese momento era cinco años más grande de lo que recordaba en ese momento. Se sentía tan desconcertada que necesitaba ver algo con lo que si estuviera familiarizada.
—Adrien, se nota que aun practicas esgrima ¿acaso dejaste el tenis?—preguntó la señora Agreste.
—No, aunque es un poco difícil practicar sin un compañero—contesto Adrien nervioso.
El tenis siempre fue el deporte favorito de su madre. Desde que Adrien tuvo edad para poder practicarlo, la señora se encargó de que lo hiciera. Las clases de esgrimas eran un requisito por parte de su padre, las de tenis por parte de su madre. Pero, después de su desaparición, Adrien no se había visto con la suficiente fuerza de voluntad como para volverlo a practicar.
—Bueno, Chloe lo ha practicado siempre ¿por qué no le pides que sea tu compañera?—dijo la señora con una amplia sonrisa.
Adrien se quedó observando el muro de escalada un momento. Tenía cinco años sin practicar bien el tenis. Sabía que Chloe había ido a practicar tenis esa mañana. Tal vez, si fuese buena idea ir un rato con ella, seguramente le haría bien a su mamá. Aunque, también sería bueno traer a su bella novia para que al fin conociera a su madre.
—Creo que es buena idea—contesto Adrien sonriendo a su madre—. ¿Vamos a la cancha de tenis? ¿Crees que pueda traer a alguien conmigo?
—Claro—sonrió su madre antes de salir del cuarto llena de entusiasmo.
Adrien y su madre salieron de la mansión después de una extrañamente cálida despedida con el señor Agreste. Adrien se sentía tan bien de ver a su familia de nuevo unida, que casi se olvida de que iba a llamar a Marinette para que los acompañara. Ambos llegaron a la cancha de tenis donde Chloe practicaba casi media hora después, Marinette los alcanzaría ahí.
— ¡Vamos Chloe! Aun no terminas—grito su entrenador.
—No me grite, que no le pago para eso—grito en respuesta la rubia. Tomo la raqueta de nueva cuenta y empezó con los golpes de derecha.
En ese momento Ruby Cornavin, una jovencita con la que Chloe siempre había tenido roces y su mejor amigo Nicholas Wooten parecían muy entretenidos observándola practicar. Ruby no era buena en tenis, Nick sí. Las dos personas que acababan de llegar estaban contando las veces que la hija del alcalde se equivocaba.
—Si vas a decir algo Ruby, dilo de una maldita vez—se enojó la rubia al tiempo que lanzaba una pelota a la pareja.
—Deja de agredir a las personas, rubia oxigenada—grito en respuesta Ruby.
—Porque no mejor solucionan este problema en la cancha—interrumpió el profesor que se notaba muy preocupado.
—Yo comparto esa moción—hablo Nick, quien se había mantenido callado todo el rato que su mejor amiga y la hija del alcalde habían platicado.
— ¿Un partido para arreglar las cosas?—pregunto el entrenador.
—Que sea uno a uno—pidió Chloe.
—Claro, como esta tonta rubia no tiene amigos—sonrió Ruby con los brazos cruzados.
—Chloe si tiene amigos—se escuchó otra voz interrumpir aquella discusión.
Todos giraron a ver quién interrumpía. Chloe frunció el ceño al a ver quién interrumpía ¿no le había dicho a Adrien que dejara de hablarle y la hiciera odiarlo? ¿Porque de repente estaba preocupándose por ella? Adrien parecía un caballero y su madre detrás de él se notaba feliz de haberlos encontrado. Tanto el entrenador como los dos jóvenes que les acompañaban se sintieron extrañados por la presencia del modelo en las canchas de tenis.
—Adrien hará equipo con Chloe—aseguro la señora Agreste.
— ¿Enserio?—cuestiono el entrenador.
—Si—dijeron Adrien y su madre.
—No—grito Chloe.
Adrien se acercó a su amiga de la infancia sonriendo. Y eso no pudo evitar hacer que la señora Agreste sonriera, eso sí era algo que ella conocía. Ruby trato de negarse a jugar, pero fue obligada por el entrenador y su amigo. Chloe trato de controlar sus nervios y su fastidio por lo que estaba sucediendo.
El entrenador marco el comienzo del partido y Chloe suspiro para concentrarse. Adrien no se sentía muy seguro, en esos momentos prefería por mucho la esgrima. Al menos en ese tenia algunos trofeos. La señora Agreste parecía emocionada por el partido, tal vez recordando cuando ella y su mejor amiga hacían equipo para hacer trizas a sus contrincantes.
Después de algunos minutos, el entrenador estaba muy complacido por los avances de su alumna, pues en verdad estaba dando pelea. La chica lanzo la pelota con la suficiente fuerza para anotar el punto ganador. La emoción la recorrió entera, tanto que corrió hacia su amigo de la infancia y se lanzó a sus brazos. Adrien la abrazo fuerte y le dio una vuelta, también dejándose llevar por la emoción.
— ¿Qué haces con mi novio, Chloe?—se escuchó la voz de Marinette.
Adrien bajo a la chica solo para darse cuenta de que era lo que estaba haciendo. Casi no caía en cuenta de que todo eso podía ser mal interpretado. Marinette no perdió tiempo pidiendo explicaciones porque antes de que se diera cuenta ya estaba empujando a la rubia lejos de Adrien y abrazando a este último. Los celos dentro de su cuerpo estaban a punto de explotar.
— ¡Ay! Pero si se nota que la niña no tiene nada en que gastar su tiempo—comento Chloe sonriendo con superioridad—. Pero no te preocupes, panadera sin talento, yo no quiero robarme a tu novio ¡le odio!
Chloe dio media vuelta sobre sus talones y camino hacia las duchas del lugar. Marinette se quedó observándola sin lograr entender que estaba sucediendo, si hace apenas unos segundos estaba pegada a su novio como una lapa. Y Adrien la estaba recibiendo muy feliz, quiso enojarse con el chico, pero era más seguro que fuese Chloe la ofrecida y no Adrien.
—Sé puede saber ¿quién eres?—se escuchó que preguntaba la madre de Adrien.
Si bien la señora no pudo escuchar del todo bien lo que su hija y su amiga de la infancia decían, pero sin duda que llamo su atención la grosera chica que llego a interrumpirlos. Apenas vio a Chloe marcharse de acerco para entender qué demonios estaba sucediendo. Debía aceptar que la chica que abrazaba tan fervientemente a su hijo era muy bonita.
—Mamá, ella es Marinette es mi novia—presento el chico—. Marinette, te presentó a mi mamá.
— ¿Tu mamá?—pregunto incrédula la chica.
—Sí, mucho gusto. Elizabeth Agreste—se presentó la mujer sonriendo y extendiéndole la mano.
—Yo, eh, yo, cre-creí, digo, pe, eh, pensé, que, que u-usted estaba des-desaparecida—tartamudeo la chica sin poder moverse de su lugar por el nerviosismo.
La mujer bajo su mano y procuro no hacer ninguna mueca. Pero que chica tan más rara y grosera. No tenía idea de lo que le había dicho a Chloe, pero para que esta se fuera como lo hizo, simplemente ya no le caía bien. Esperaba que su hijo no pensara convertir a la jovencita en la próxima imagen de las empresas Agreste. No le estaba causando una buena impresión.
—Creo que iré a buscar a Chloe para que vayamos a algún lado a almorzar. Estoy segura que Chloe querrá ir conmigo a comprar después—comento la señora antes de dar media vuelta por donde se había ido la hija del alcalde.
Marinette tardo un rato más recuperar el aliento y la compostura. Se sentía como una verdadera tonta. Era su futura suegra y ni siquiera había podido hilar bien una oración en su primer encuentro. Le parecía una locura ser realmente tan tonta. Seguro que ahora le caía mal. Tenía que cambiar esa impresión rápidamente. Giro a ver a su novio y le pidió que la invitara a almorzar con ellos. Tenía que demostrarle a Elizabeth Agreste que era una buena chica y una buena novia.
Adrien escolto a su novia hasta la limosina donde pronto llegaron tanto Chloe como la señora Agreste. Un viaje en silencio después y la incómoda presencia de las dos rivales los llevo a un restaurante que la señora Agreste solía visitar con regularidad. Si ver a Adrien y Marinette melosos el uno con el otro no destruía el corazón de por si tan dolido por los sentimientos que trataba de hacer desaparecer, lo haría la conversación que tuvo con la señora Agreste en la puerta del hotel después de dejar a Marinette en su casa.
—Te noté un poco extraña hoy—comento Elizabeth.
—Eso es porque he cambiado mucho en cinco años—contesto Chloe tratando de desviar el tema.
—No, esto era distinto—refuto la señora Agreste—. No llamaste la atención como usual y dejaste que Adrien y su novia platicaran. Casi parecías dolida.
— ¡Que cosas dice! Eso no es cierto—contesto Chloe riendo nerviosa.
—Recuerdo que de las últimas veces que te vi, decías amar a mi Adrien—comento la señora creyendo estar a punto de dar en el clavo.
—Yo ¿enamorada de Adrien? ¿Cómo cree? A penas y me cae bien. Las cosas cambian mucho en cinco años—contesto Chloe con nerviosismo en su voz y haciendo movimientos exagerados con las manos. No quería que notaran su mentira.
La señora Agreste soltó una carcajada. Había visto crecer a la chica frente a ella desde su nacimiento. Sabía que su corazón latía desbocado por su hijo, aunque en ese momento lo quisiera negar. Se preguntó si lo negaba por ella misma o por otras personas ¿Dónde había quedado esa chica abierta y risueña que fue en su niñez? ¿Dónde estaba la joven que nunca se callaba un comentario y cuyas observaciones herían y divertían al mismo tiempo?
— ¿Por qué quieres odiarle?—pregunto intrigada la mujer.
—Porque es menos doloroso odiarle que amarle y desearle la felicidad con otra persona—se sinceró la rubia.
Elizabeth Agreste observo su rostro y pudo ver con claridad a su mejor amiga reflejada. No podía evitar querer verla feliz y sonriente. Suspiro al saber que no estaba entre sus manos sanar su corazón, pero sabía que torturarlo haciéndola ver la felicidad de Adrien era aún peor. Aun así, Chloe era de las pocas personas con las que se sentía un poco mejor después de su regreso. Solo le quedaba darle un consejo.
—Te aseguro que un corazón roto siempre encuentra otro que lo salve—dijo tomándole los cachetes—. Y si ya no quieres amar a mi Adrien, te ayudaré.
Chloe entro al hotel después de limpiarse unas lágrimas traicioneras. Mientras las dos mujeres platicaban una tercera persona escucha aquello lleno de intriga y culpa. El modelo rubio se preguntó porque nunca creyó que los sentimientos que su amiga expresaba tan abiertamente fuesen reales. Ahora, se sentía un estúpido por hacerla sufrir. Debía encontrar la manera de remediarlo. Y cierto héroe gatuno iba a ayudarlo.
