Lluvia de Estrellas
PAREJA: Harry x Draco
RESUMEN: Los años pasan y algunas costumbres se mantienen. Draco y Harry seguirán discutiendo, aunque tengan 100 años, pero al menos una nueva oportunidad les permitiría descubrir que no es odio lo que hay detrás de esas riñas infantiles. (Si lo sé, pésimo resumen, para un pésimo título, pero no se me ocurre algo mejor XD) "Este fanfic forma parte del conjunto de obras creadas para celebrar los 20 años de Drarry en español"
#HomenajeAOrseth
DISCLAIMER: El mundo de Harry Potter le pertenece a J.K. Rowling! Yo solo estoy utilizando los personajes por mero entretenimiento sin fines de lucro :3
ADVERTENCIAS: Hay relación chico-chico, sexo explícito (Si no te gusta el delicioso, ¿Qué haces aquí? x9), personajes algo OoC y probablemente palabras altisonantes. ¡Están advertidos!
Si tengo horrores de ortografía o errores con las cosas canónicas, ¡me disculpo de antemano! (porque no podré hacer nada xD)
Notas de la Autora: Hola a todos! Traigo este pequeño one-shot para este evento "Celebrando 20 años de Drarry" y me tocó honrar a mi diosa del Harco: ORSETH! Una gran inspiración para el enriquecimiento de este bello fandom con historias tanto maravillosas como divertidas y desgarradoras que nos han conmovido hasta las lágrimas. Muchas gracias por tu pluma e imaginación.
(Lo siento hermosa Orseth, por esta historia cuatrapeada, pero es lo mejor que conseguí :'V F)
A leer se ha dicho!
Capitulo Único
El hotel Encanto siempre fue reconocido por su cálido trato a todos sus huéspedes y la calidad en su servicio. Daba la bienvenida a todos los magos de la tercera edad de todas partes del mundo; con sus hermosos jardines y amplias suites les proporcionaba un lugar de tranquilidad y descanso; una oportunidad para hacer de su vida una aventura en esos años dorados de forma temporal o permanente.
Claro, así le pareció a Draco Malfoy el día anterior a la llegada de tres magos en particular.
Esa mañana el ambiente estaba tenso.
El chasquido de los cubiertos en el área de restaurante y el sonido de las maletas aterrizando suavemente pasaba a segundo plano con los gritos que comenzaban a alertar a los demás huéspedes.
La pobre recepcionista al estar en medio de los dos flancos solo se hacía más pequeña, procurando no borrar de su rostro la cordial sonrisa de manual.
-¡Tienes que estar de joda! ¡De todos los jodidos lugares en el jodido mundo, de todos los malditos hoteles y las malditas habitaciones tenías que estar aquí! - chilló el hombre rubio de mediana edad haciendo aspavientos con sus brazos. Comenzó a golpetear con su pie el suelo, furioso por el cruel destino que le jugaba una mala pasada -¿Qué no puedes vivir sin ver mi cara, Potter?-
-¡Yo podría hacer la misma exclamación, Malfoy!- gritó cansino el viejo jefe de aurores –¡eres peor que viruela de dragón! ¡Infeccioso, verde e imposible de quitar de encima! -
-¡Y tú eres como la verruga en mi culo, siempre que volteo a ver, ahí estas!- se fulminaron con la mirada saltando las chispas hacia todos lados.
Una maleta salió volando y Ron Weasley buscó refugio tras su esposa.
-¿Por qué siempre que se encuentran tienen que actuar como críos?- preguntó Hermione negando con la cabeza, ayudando al pelirrojo con las maletas regadas en el suelo –tengan dignidad y compórtense como adultos que son. Sería un buen cambio- hizo caso omiso a la pelea de miradas y saludó con amabilidad a la recepcionista que estaba inamovible como estatua de marfil –Lamento el teatro. Hice una reservación a nombre de Hermione Weasley… debe haber un error, porque pedí las habitaciones 45 y 46, no la 54 y la 64- su sonrisa se congeló –Harry, no ¿Qué haces? ¡Malfoy, por Merlín, baja la barita que te vas a romper algo!-
-¿Yo? ¿Romperme algo? No me hagas reír. Si de los 4 que estamos aquí, yo soy el único que envejeció bien- alzó su nariz con petulancia.
-Claro y esas entradas en tu cabeza están de adorno…- dijo con fingida inocencia el moreno y volvió a comenzar la pelea de insultos.
-Lamento el inconveniente señora Weasley, pero como le comenté por teléfono, hubo un error en el sistema y lamentablemente tengo cupo lleno. Podría hablar con el supervisor para que cuando una de las habitaciones se desocupe, pueda trasladarse de manera inmediata-
-Hablaré con el- La castaña con una incipiente migraña, haría lo que sea porque esa pelea infantil cesara. Harry la detuvo por el hombro.
-Descuida Herms. Si este tiene algún problema ¿Por qué tendría que cambiarme yo y no él? -
-Porque yo llegue primero. ¡Si tú tienes algún problema, cámbiate tú!- bufó dando un paso en forma retadora.
-No tengo ningún problema. No es como si tuviera que ver tu fea cara todos los días o cruzar palabra alguna- ironizó. El hecho de ser vecinos no quería decir que tenían que coincidir mucho ¿verdad?
-Justo eso iba a decir. A veces dices una que otra cosa sensata, Potter; me sorprendes-
-¡Bien!- rechinó sus dientes sofocando sus deseos de insultar a su bruja madre.
-Bien-
Draco suspiró dándose la media vuelta. ¿Cómo se había torcido de esa manera su tan preciado descanso?
La primera vez que cayó en sus manos ese bendito folleto del "hotel Encanto", Harry pensó que fue obra del destino.
Acababa de jubilarse del único trabajo que conoció durante 42 años, sus hijos ya estaban todos felizmente casados y él mismo estaba en medio de una aparatosa separación; su vida había dado un giro de 275° en menos de un mes y necesitaba un respiro para sí mismo. Estaba seguro que con el tiempo suficiente recobraría su rumbo y se sentiría mejor.
Era sorprendente como podían cambiar las cosas en un instante y el universo se encargaba de ponernos en la dirección correcta.
Tenía apenas 63 años y no se consideraba un anciano; es más, la expectativa promedio de vida en el mundo mágico era ya de 150 años, así que estaba en su mejor etapa ¿Qué mejor momento para reencontrarse consigo mismo y hacer una mejora?
Claro, eso pensó antes de que la emoción de estar con sus amigos de toda la vida en un hermoso y cálido país como España se viera truncada al ver la agria y envejecida cara de Draco Malfoy justo al lado de su puerta.
La última vez que lo vio fue cuando sus hijos se graduaron de Hogwarts en esa acalorada y absurda fiesta donde el alcohol una vez más hizo de las suyas, pero de ahí afuera, habían pasado años sin importarle que fue de él.
El maldito aun arrugado como una pasa seguía arrolladoramente atractivo, elegante y grácil como siempre. Como lo maldijo y a todo su linaje ancestral de genes Malfoy.
"No es como si tuviera que volverme su amigo… si no pudimos cuando supimos de la amistad de nuestros hijos, mucho menos ahora que somos un par de dinosaurios. Podemos convivir de forma cordial si no me provoca. Yo estoy en control. Puedo hacerlo" se dijo sintiendo como esa expresión de esperanza se rompía a verlo bajar las escaleras y bloquear su camino.
-Potter- su saludo sonó como si escupiera su nombre y le devolvió el favor.
-Malfoy-
-¿Traes un tapete sobre los hombros, Potter? Ah, no. Es una chalina. Es horroroso. Fácilmente pasa por un perro muerto- Harry torció los ojos ignorando el hecho que esa prenda se la había regalado Hermione.
-Traga camote, Malfoy y déjame en paz-
-También tú y por favor te asfixias ¿sí? -
-Diría que te lo metas donde no te da la luz, pero seguro te lo tomas como un premio- Se fulminaron un poco con la mirada antes de que cada quien se fuera por su lado.
Simplemente no podían coexistir en armonía.
Había pasado una semana desde que llegó a ese dichoso hotel que le sugirió Pansy con mucha insistencia y a días de llegar, como deseaba largarse de ahí. No era lo que esperó. Le hacía sentir viejo e inútil; algo nada bueno para su ego.
"Como si tuviera otro lugar donde ir" se dijo con una mueca revisando la carta que le mandó su querido hijo Scorpius.
Lo típico. Una exagerada invitación a ser un lastre en su casa recién comprada alegando lo solo que estaba. No, no podía permitirse a sí mismo caer tan bajo como depender de su único hijo.
Se recargó en el barandal de su habitación disfrutando ese aromático viento de Barcelona. Había algo exótico y encantador en el ambiente que simplemente le fascinaba.
Abrió los ojos y al mirar a su derecha, su expresión se descompuso al ver quien estaba cómodamente en el otro balcón, recostado sobre una tumbona.
-Malfoy- saludó cansino el salvador del mundo mágico levantando sus gafas de sol. "¿Quién usa gafas oscuras sobre sus gafas? Obviamente el anticuado sin sentido de la belleza y lo estético, Harry maldito Potter" se dijo procurando no enfocarse en su camisa desabotonada mostrando su esplendoroso torso desnudo que aun a su edad, no estaba de mal ver.
"Seguro Ginebra Potter ahí lavaba su ropa cuando eran jóvenes" se dijo sintiéndose súbitamente acalorado.
-Potter…- no estaba para esas riñas infantiles, pero no podía evitarlo –no sabía que el balcón ya estaba alquilado, con permiso-
-¡Maldición Malfoy! que no es como si se pudiera rentar todo el lugar. Ese es tu lado, tu habitación, tus reglas-
-No necesitas recordarme lo obvio, pero no tengo ánimo para mantener nuestro intercambio recreativo de ofensas. Ni mucho menos alcohol para hacer tolerable tu presencia-
-¿Qué pasó con tu minibar?- Draco recordó sus cuentas, miró el sinfín de botellitas en el cesto de basura y solo hizo una mueca.
-Digamos que alguien lo asaltó y no pidió que lo rellenaran- se alzó de hombros restándole importancia.
-Te invitaría de lo que tengo, pero seguro dirás que es de mala calidad, para pobres, que es veneno… en fin ¿para qué tallar en la roca?-
Esa jarra de piña colada casi llena sobre la mesa del anciano-que-vivió-para-joderle-la-vida, lo llamaba con su canto de sirena. Deliciosa, espumosa, tersa. Insistente, con un intenso olor a coco y piña que… a regañadientes tuvo que aceptar la invitación.
-No es como si tuviera algo mejor que hacer- el auror asintió pasándole un vaso bien frío que apuró sin miramientos.
-¿Porque estás aquí?-
-Porque hay buen clima- se alzó de hombros.
-No me refería a eso, idiota-
-Porque no es un lugar exclusivo, Malfoy. Es un lugar para tipos de nuestra edad en nuestra comunidad. Además, me gustó el nombre del hotel: "Encanto" esta guay y su folleto tiene un bonito diseño con lirios-
-¿Es enserio Potter? ¿por una tontería como esa? – alzó una ceja.
-Si. Mi mamá se llamaba Lily. Me importa un rábano si piensas que es una tontería. Fue como una señal para mí- se volvió a tumbar acomodando sus gafas de sol y no sabía si catalogarlo como bobo o adorable. Negó con la cabeza.
-¿Y tú porque estás aquí? Sé que no es un lugar 5 estrellas para alguien de tu, clase- dijo con mucho énfasis que en otro momento lo habría molestado. Esa piña colada era maravillosa.
-Porque necesitaba un lugar donde ir. Esta limpio, bonito y cálido. Además, el costo es accesible-
-¿De qué hablas? Si tienes las arcas llenas en Malfoy Manor como para escatimar los precios-
-¿Tú crees?- rió por la ironía que era, ojalá así fuera –se nota que no lees los periódicos ¿vives bajo una piedra?. Mi dulce y recientemente fallecida Astoria vació las arcas y me dejó una muy bonita deuda a mi nombre que apenas y pude pagarla al vender mi casa. Al menos Malfoy Manor siguió a nombre de mi padre porque seguro también eso hubiera desaparecido-
-No tenía idea…-
-Ya vi-
-Lo siento…-
-Digamos que Astoria poseía un peculiar gusto por las apuestas. No tenía el conocimiento de hasta donde llegaba esa fijación y me estremezco de solo pensarlo- Draco le dio un trago a su deliciosa bebida –una mujer encantadoramente cínica- se burló –aunque eso nadie le quita lo hábil que era haciéndome pegging- el moreno se ruborizó. "Ah, así que sabe qué significa eso" nunca lo había visto así.
-¿Y tú? ¿Tu flamante esposa no debería estar acompañándote? -
-Y dices que yo soy el ignorante que no lee periódicos. Fue todo un escándalo con la cantidad de veces que me engañó durante 42 años-
-Bueno, eso se sabía, pero tú eras tan fanático de la familia que pensé que no te molestaba. Ya sabes lo que dicen los esquimales: A mis amigos les presto mis cosas y siempre me las regresan rotas, desgastadas y en malas condiciones, sin embargo, cuando les presto a mi mujer, me la regresan como nueva-
Ambos se miraron un breve instante y soltaron una carcajada.
-Tristemente no soy esquimal. Y si me molestaba, pero preferí pretender que no lo hacía… uno puede llegar a ser muy ingenuo por las razones erróneas, ¿no crees? -
-Amen a eso-
Después de aquel peculiar intercambio sardónico que se prolongó mucho más de lo que pensó, incluso cuando la jarra de piña colada se terminó, crearon una especie de alianza y de vez en cuanto tomaba una copa en el balcón junto a Malfoy. No estaba del todo mal variar la rutina de ofenderse cada vez que vieran.
Ese día bajó al lobby a regañadientes, no era como si quisiera quedarse en la cama hasta medio día siendo que en 8 lustros nunca lo hizo, pero ahí estaba con la mejor disposición que consiguió juntar.
Hermione estuvo más insistente de lo normal y solo para que se callara accedió a ir a esa clase grupal de gimnasia. "Necesitas ejercitarte. Ese entrenamiento de auror ya no es adecuado para nuestra edad" chilló histérica y pensó que estaba exagerando; gracias a ese entrenamiento ninguna de sus articulaciones le dolía.
-¿Malfoy? - preguntó sorprendido de encontrarlo ahí tras un pilar. Le pareció muy gracioso como se encontraba en cuclillas con un suéter sobre sus hombros, examinando a todos lados. "Parece un niño" negó con la cabeza.
-¡Ay! ¿Por qué no lo gritas a todo pulmón? — tiró de su brazo y ambos quedaron ocultos.
-¿Qué haces aquí? -
-Disfrutando la vista jugando a los ninjas ¿tu qué crees? Odio que me incluyan a esta insulsa gimnasia de la tercera edad. Me hace sentir viejo mezclándome con esos betabeles- Harry rio por lo bajo -¿y tú que haces? -
-Lo mismo que tú. Huyendo del estigma de tener más de 60-
-Como sea, voy a largarme de aquí. Hay un lindo restaurante a la esquina y tengo hambre. ¿Quieres venir? – hizo una expresión de dolor soban su rodilla y le extendió la mano para ayudarle a pararse. No la necesitaba, pero no iba a repetir ese desaire.
-¿Acaso me estás invitando? -
-Olvídalo, Potter- el rubio torció el gesto sacudiendo cualquier partícula de polvo que su fina ropa hubiera pescado.
-Iré. No es como si tuviera otra cosa menor que hacer – siempre que podía le regresaba sus palabras como si de un juego se tratara. Malfoy sonrió complacido.
Probablemente nunca lo hubiera dicho antes, pero era divertido.
Potter podía ser interesante si se lo proponía y no era un desperdicio de tiempo charlar con él como se autoconvenció durante tantos años.
Era algo ingenuo para haber sido el jefe de aurores por más de 4 décadas, pero tenía una forma particular de seguirle el juego en ese intercambio de insultos que ya no suponían ningún perjuicio para ambas partes.
Ya llevaban 5 meses en ese constante intercambio y salidas ocasionales que parecía que ninguno de los dos se había aburrido. Por más extraño que le pareciera ya no pensaba con tanta frecuencia en las desdichas que suponía su vida.
Ya no tenía casa, no tenía plata para comprar siquiera un nuevo guardarropa y podía seguir viviendo con tranquilidad sin hacer berrinche de adulto. España estaba finalmente funcionando como el bálsamo que necesitaba para sus heridas.
-Solo digo, si utilizaras tu cabeza de vez en cuando podrías parecer inteligente- dijo burlón al ofendido pelinegro.
-Que te den, Malfoy-
-¿Conoces a alguien? No me vendría mal una buena cogida con alguien de carne y hueso; la vida ya me ha dado más de una- contestó con insinuación y Harry soltó una risotada. Esa forma tan descuidada y natural de reír hacía que se viera más jovial.
-¿Ves como si lo tomas como premio? -
-Estas estableciendo lo obvio. Hay que pasar el tema- hizo un ademan con la mano y el moreno asintió poniéndole en la boca un alajú que acababa de comprar. Delicioso regalo de los dioses que no dudó en degustar. La explosión en su boca de miel y nueces era sublime.
No había nada mejor que ir de paseo por la zona de arte.
-Voy a ir a cenar con mis amigos al Café Bovo, ¿quieres venir? -Draco se sobresaltó por esa invitación antes de agriar el rostro al pensar en esos bobalicones que no le soltaban el cordón umbilical -seguro que te gustara, tengo entendido que hay comida francesa, saludable o no recuerdo la palabra que usas-
-Mediterránea. Cocina mediterránea, Potter-
-Eso mismo iba a decir-
-Ya, claro- lo miró de arriba abajo -No lo sé… me caes bien a pesar de tu corta iluminación y tu horrible forma de vestir. Durante nuestras platicas me gusta perderme en esos gloriosos pectorales que tienes, aunque solo escuche que dices "bla, bla, bla"- Harry rodó los ojos –pero tus amigos, ¡ugh! dudo que algo bueno salga de ello. Nuestros hijos se casaron, pero eso no quiere decir que tengamos algo más en común. Después de la boda cada quien siguió caminos distintos-
-Vamos, será divertido. O al menos recreativo- Draco suspiró dándole una cucharada de su crema catalana –Ron y Hermione se van el domingo y sería bueno convivir un rato los cuatro; no pierdes nada. Además, que yo sepa, tu agenda no está ocupada- lo miró divertido.
-¿Por qué insistes tanto?-
-No lo sé. Siempre me ha gustado lo complicado-
Realmente no sabía que estaba pensando.
Le gustaba mucho la presencia de Draco. Sus maliciosos, ácidos y francos comentarios a cada cosa que le decir. Esa forma peculiar de ver la vida desde una perspectiva que nunca consideró. Aire freso y diferente como una bebida amarga que toma tiempo agarrarle el gusto pero que ahora era cada vez más adictiva.
Ron le dijo innumerables veces que había perdido la razón al pasar tanto tiempo con Malfoy y Hermione insistía que, aunque no era una mala persona, estar a su lado era su forma masoquista de sobrellevar su soledad.
No creía que se debiera a ninguna de las dos cosas. La soledad si fue la que le dio la oportunidad de ignorar la animadversión de años, pero la razón era la que deseaba mantenerlo cerca.
Hacía años que no reía genuinamente y con sinceridad; Harry se sentía mucho mejor que cuando llegó a ese hotel. Eso debería bastar, pero a veces podía ser ambicioso.
Esa escena frente a sus ojos era la prueba fehaciente que hay algunas asperezas que no se pueden limar. La tensión en el ambiente y todos a 5 kilómetros a la redonda podían sentirlo. El mesero solo se asomaba con sumo cuidado.
-Harry, mamá mandó una lechuza esta mañana y dice que está contando emocionada los días para navidad. Espera que tú y tus niños estén ahí- Harry torció los ojos. La idea de estar nuevamente frente a frente con su ex –esposa que lo engañó incontables veces no era una imagen que quería tener en la cabeza en ese momento, así que solo asintió –obviamente a Fleur le tocará hacer el estofado, pero de todas maneras mamá supervisará. Sabes que no le gusta relegar las tareas, aunque le tiemblen las manos-
-No lo dudo. Le contestaré que estaré ahí para navidad-
-¿Entonces no vas a venir con nosotros? Rose tiene su presentación el próximo lunes y no podemos perdérnosla-
-Mi niña tan inteligente como siempre, la mejor en todo lo que hace- dijo con orgullo el pelirrojo.
-Sí, es bastante avispada… pero aun no puedo irme. Yo les avisaré cuando regrese a Londres- sus amigos le dieron una mirada inquisitiva sin agregar nada. No estaban de acuerdo, pero lo aceptaban.
Aun no tenía el ánimo de regresar y dudaba hacerlo pronto. El proceso de sanación llevaba tiempo. Un largo camino en el cual finalmente veía la luz, pero no llevaba ni medio camino recorrido. Algunas cosas permanecían en su cabeza aferrándose y tenía que trabajar en eso por su cuenta. Además, el hotel le permitía quedarse de manera indefinida.
-¿Y tú Draco? ¿Cómo estás? ¿algo que desees contar?- el rubio se erizó por la familiaridad con la que le hablaba la bruja que solo carraspeó.
-Sí, claro. Soy géminis, siempre he sido herbívoro*, pero recientemente me volví vegetariano. No por gusto claro está, pero el medimago lo sugirió. Así que comer polla esta fuera del menú- Harry contuvo una risotada con mucha dificultad pese al horror en la cara de Hermione –¡ah! y por cierto, pedí trabajo por primera vez en la vida. No está mal sentirse confiado-
-Vaya, debe ser emocionante- dijo Ron con sarcasmo que no pasó desapercibido para Draco.
-¿A qué te refieres con eso? ¿te molesta? - preguntó Draco rejuntando las cejas. "Oh cielos" pensó Harry. En definitiva, había sido una mala idea y podía ver como ambos lados se calentaron al instante.
-No. Es solo que me parece sorprendente como puede ser de cínica la gente privilegiada. ¿Primera vez que bajas y vives como un simple mortal? supongo que tarde o temprano la vida siempre pone en su lugar las cosas. Como una justicia poética. Eso si es emocionante-
-Jerigonza, pura jerigonza. Mira Weasley, cuando tu opinión sea un pito, me lo das. Mientras tanto, no me interesa ¿capisci?-
-¡Eres un…!-
-¡Ron!-
-¡Pero Mione, el empezó…!- Harry lo interrumpió tomando la mano del rubio.
-Yo creo que es genial. ¿quieres que bailemos? – Draco arqueó una ceja –dijiste te gustaba bailar y podrías divertirte criticando mi nula habilidad- dijo señalando la pista donde un par de personas bailaban rejuntadas con la calmada melodía.
-Tan buena sugerencia como cualquiera- aceptó su mano y se alejaron. Suspiró aliviado y vio sobre su hombro como Hermione reprendía a su esposo. A veces Ron podía ser demasiado.
-¿Crees que la gente nos vea raro por estar bailando?- el rubio ladeó la cabeza poniendo su mano en su cintura, atrayéndolo con descaro.
-No lo creo. Si el sexo de viejos es estimulante para los franceses ¿Por qué no lo sería una simple danza para los españoles?- "Típico" pensó Harry sin poder contener esa oleada de satisfacción que irradiaba Draco. No se refería a eso, pero se daba por bien servido.
Le gustaba esa cercanía y verlo como se suavizaban sus líneas de expresión hasta casi desaparecer. A ese palmo de distancia no le cabía duda que era el hombre más hermoso que había visto.
–Tu amigo debe checar su presión arterial, ya está muy viejo para esas andanzas- Harry bufó.
-Siempre ha sido irascible. Y pese a los años y que están de cierta manera emparentados, no ha aprendido lo mucho que te gusta sacar a la gente de sus casillas-
-Es parte de mi encanto personal. Muchos lo llamarían "intoxicante"-
-Me gusta llamarlo "patada en el trasero" pero tú puedes decirle como te plazca- Draco sonrió concediéndole esa -¿Y en serio conseguiste trabajo?-
-Una cita de trabajo. No es lo mismo, pero es algo. Nunca pensé en mi vida que quisiera trabajar ya que no era necesario, pero heme aquí, con apenas un par de galeones a mi nombre y con un fuerte deseo de sentirme útil. Estoy seguro que es parte de la senilidad que tantos medimagos hablan-
-Dudo que la senilidad vaya por ese sentido- dijo atrayéndolo un poco más antes de inclinarlo un poco para seguir contoneándose lentamente al son de la música –pero te felicito. Seguro te contratan pese a ser un viejo cascarrabias-
-Lo sé. Aunque eso de viejo estuvo demás-
-No lo estuvo- Draco rechistó ofendido, haciéndolo sonreír - Genuinamente creo que eres capaz de lo que sea que te propongas-
-Ya- dijo y pudo percibir un poco de rubor en sus pálidas mejillas. Aun a esa edad podía ponerse colorado; era encantador.
-¿Sabes a lo que me recuerda esto?- Draco negó –esa vez hace 25 años, en la graduación de los chicos…- el rubio arqueó su ceja.
-¿En serio? ¿ese día que estábamos, para variar, peleando y de tan borrachos que estábamos avergonzamos a nuestros hijos frente a todos sus compañeros? –
Era justo ese el recuerdo. No fue precisamente por la acción que estaban haciendo, sino porque era curioso lo mucho que habían cambiado de ese entonces. Cualquier sentimiento de aversión o prejuicio ahora estaba enterrado en el pasado.
-¿Sobre qué estábamos peleando? ¿sobre el mejor equipo de quidditch?-
-No. Algo más estúpido. Tu decías que las Leónidas eran "espectaculares" y yo insistí que la palabra era "asombrosas"- Harry asintió. Fueron casi 2 horas de discusión sin sentido solo por el afán de seguir discutiendo. La lluvia de meteoros fue bellísima según le contaron, pero único que rememoraba en ese estado de embriaguez era verla reflejada en los ojos grises de Draco.
-¿Y recuerdas que pasó después?- el rubio coqueto humedeció sus labios con su lengua.
-Más o menos. Nos sacaron del gran comedor y nos mandaron a dar una vuelta para que se nos bajara el alcohol como un par de idiotas…. Y luego paso "eso"- dijo con mucho cuidado haciendo que los dos se abochornaran -Recuerdo que estabas con un humor de perros ese día-
-Lo estaba. Ginny había jurado que no podía regresar a tiempo para la fiesta porque estaba atrapada en Noruega por su mal clima… sin embargo resulta que estaba en Londres divirtiéndose con su amante… había escuchado los rumores, pero me negué a creerlo… por obvias razones no lo tomé bien-
-¿Quién podría? Descubrir que tu mujer es una zorra sin corazón no es fácil digerirlo- Harry rio –pero tú de todas maneras te quedaste por años con ella, así que también es tu culpa por soportarlo y ser miserable-
-Lo sé. Quería creer que aún había algo que rescatar, por los niños. Pensé "cuando Lily terminé la escuela, será el fin", pero no pude hacerlo. Preferí darle la espalda al problema y fingir que no me afectaba. De la mujer con la que me casé ya no quedaba nada, era una extraña para mi… regresar a casa cada vez me agradaba menos, sentía que me faltaba el aire. Y sin los niños en casa ¿Cuál era el motivo? prefería quedarme en mi oficina, ir a casa de Ron y Hermione… hasta que Ginny finalmente hizo lo que yo no pude hacer y ahí terminó-
-Vaya. Eso apesta. Tendré que tachar de mi lista "Saber en qué momento le rompieron el corazón a Potter" - Harry puso los ojos en blanco, hasta en ese momento podía ser cínico –pero supongo que tal vez lo tienes chiquito y no podías satisfacer a tu mujer, por eso ella lo buscaba en otro lado-
-¿Chiquito? Te puedo asegurar que, si compitiera con 20 sujetos diferentes, el mío estaría en los primeros 8- respingó molesto.
-¿Tanta confianza?- lo miró escéptico, pero se sentía con confianza. Tantas duchas en quidditch y en sus misiones le daban la razón.
-Pues tú lo viste- se sintió acalorado al pensar cómo sucedieron de abruptas las cosas ese día. Después de esa fuerte discusión sin sentido, se comenzaron a empujar y como si una cosa llevara a la otra, cuando se dio cuenta ya se estaban besando con violencia y la ropa comenzó a sobrar.
-Esta borrosa mi memoria. Te recuerdo que estaba como una cuba y estaba oscura la torre de astronomía…- aclaró la garganta –como sea, no importa el tamaño de la herramienta mientras sepas como usarla-
-Te puedo apostar que se utilizarla, porque si mal no recuerdo caminabas chistoso- rio acordarse que parecía un pequeño cervatillo recién nacido.
-¿Y no fue un gran día para estar vivo verme así?- con esa frase Harry no sabía si el olvido era real o solo era para fastidiarlo. Le parecía que lo segundo, así que se alzó de hombros.
-Yo tampoco lo recuerdo muy bien… además pasó hace muchos años- se quedó meditando lo ligero que se sentía de repente. Había confesado finalmente algo que llevaba guardando en su pecho durante todos estos años y no solo eso, Draco lo trató como algo mínimo y sin importancia con uno de sus comentarios ácidos.
-¿Lo hiciste apropósito?- Draco sonrió de oreja a oreja echándole ambos brazos al hombro. Había dado en el blanco.
-Al menos dejaste de pensar en eso y pudiste pensar en algo más alegre ¿o me equivoco? -
-Eres un maldito…-
La cena terminó sin más incidentes y Harry respiró aliviado. Hermione podía sacar su lado político y accesible cuando la situación lo ameritaba y consiguió que tanto Draco como Ron se relajaran el resto de la noche.
-Tú también deberías venir a celebrar navidad con nosotros a La Madriguera. Scorpius ya confirmó que iría y sería lindo pasarlo todos juntos- dijo Hermione a modo de despedida –y más considerando esto- dijo sin querer agregar más de la cuenta, tentando el terreno con su mente analítica.
-Ni tan lindo…- murmuró Ron antes de recibir un zape de parte de Harry -¡Eso dolió, camarada!-
-Lo tendré en consideración- contestó Draco acomodando su chamarra ocultando su sonrisa de satisfacción.
-Harry te mando una lechuza cuando lleguemos a Londres- le dio un abrazo rompe costillas y la pareja de esposos comenzó a alejarse del hotel.
Con forme caminaba, sus manos se rosaban en parsimoniosa sincronía sin incomodar al otro. Era agradable la cercanía y el calor que irradiaba. Sin decir agua va, el moreno tomó su mano y entrelazó sus largos dedos con los suyos. Un pequeño gesto con un profundo significado detrás.
Lo sintió. Ese peculiar hormigueo de placer por recibir algo que hacía días se preguntaba; pero no agregaría nada.
Eso era bastante nuevo para él ya que salvo por aquel pequeño desliz que tuvo justamente con ese individuo, nunca le fue infiel a su esposa en esos 42 años y nunca deseó sentir algo por alguien. Quería saber hasta dónde estaba dispuesto a ir Harry y cuál era el precepto que quería darle ya que no se conformaría con cualquier cosa.
Ya no era un joven que podría tener un polvo de solo una noche sin remordimientos por más que se burlara de ello, sabía que necesitaba de algo más duradero, pero al mismo tiempo le aterraba la idea de ir enserio.
-Creí escuchar que hoy habría lluvia de estrellas… Perseidas me parece que se llama- dijo señalando el cielo con aire de ensoñación.
Se veía tan galante y sus labios tan insinuantes, que tuvo que desviar sus pensamientos caóticos.
-No son estrellas, son meteoros- contestó petulante –al parecer alguien faltó a clases de Astronomía- se burló cruzándose de brazos.
-Pero también se llama "lluvia de estrellas". Es lo mismo, bobo- dijo acomodando sus gafas como un erudito y eso lo picó.
-Que no, imbécil. El nombre correcto es "lluvia de meteoritos"- había subido la voz y no le importó despertar a todo el mundo.
-¡Ambos son rocas estelares a millones de kilómetros de aquí, claro que son lo mismo, maldita sea!- Harry también subió la voz y comenzaron a acalorarse.
-¡Tu cerebro es una roca estelar a kilómetros de aquí, sabelotodo!-
-¡Tu terquedad querrás decir, cabeza dura!-
Ambos se quedaron un par de segundos mirándose furiosamente encendidos y sin pensarlo dos veces, comenzaron a besarse con fuerza.
Sus labios sabían al pastel de cereza que compartieron en la cena. Dulce, húmedo y explosivo. Labio con labio abarcando cada centímetro como si la vida se les fuera en ello. Un gemido escapó de sus labios y aquellos ojos verdes oscurecidos de pasión lo regresaron a ver.
-Siempre tenemos que discutir por todo ¿huh?- Harry con su respiración errática recargó su frente contra la suya.
-Es parte de nuestra rutina cómica… y ya estamos muy viejos para cambiarlo- Draco rio –aunque esta vez lo encontré bastante placentero… probablemente será por esa insinuación que hiciste en la cena al recordar esa vez…-
-No creo que estemos muy viejos para cambiarlo, pero es la única forma en la que parecemos entendernos. Y realmente no lo hice como insinuación; hacía tiempo que no pensaba en eso… pero temo que esté pasando algo más entre nosotros de lo que puedo ver…-
-¿Quieres averiguarlo?-
La temperatura en el cuarto hervía en frenesí y ya no había marcha atrás. Besos suaves y besos violentos iban y venían. Salpicaban su torso desnudo y el maravilloso cuello de Draco. Tan pálido que los cardenales cobraban vida en el lienzo de su piel.
La forma en la que se estremecía debajo de él y como sus manos repasaban sus brazos con mucho deseo.
El pecho de Draco subía y bajaba lleno de expectación y no supo cuánto tiempo se perdió contemplándolo. Ningún grado de alcohol había en su sistema esa noche y seguía pensando en lo hermoso que le parecía Draco. Realmente quería seguir hacerlo y no tendría remordimientos.
Había habido una lluvia de estrellas y no precisamente en el cielo oscuro, si no en los ojos prístinos de Draco y su corazón al llegar al éxtasis.
-Realmente no mentías…- dijo a media voz sin poder creerlo -¿Qué tanto me vez? ¿te arrepentiste? - soltó una risilla y Harry negó enérgicamente –¡si te atreves a decir que estamos muy viejos para esto te juro que….!- besó su boca silenciando las palabras cancinas que salían como maldiciones imperdonables.
-Shhh… no era nada de eso… fue asombroso. Me gusta mucho tu cuerpo, solo... hace mucho tiempo que no lo hacía… bueno… siempre era una tradición de aniversario, como una transacción de rutina sin muchos miramientos pero… tenía mucho tiempo que no lo hacía por placer y estoy algo nervioso- Draco llevó su mano a su rostro y Harry repartió un camino de besos por ella –no había notado que tenías un lunar en el muslo…-
-Probablemente es una arruga…- dijo con las mejillas encendidas.
-Creí que los Malfoy no tenían arrugas-
-Y no tenemos, pero hay cosas traicioneras que pasan donde no puedes vigilar como los muslos y nalgas…- Harry sonrió con picardía. Definitivamente eso era mejor que discutir todo el tiempo.
-Entonces tendré que revisar…-
-¡No! ¡te lo prohíbo! - dijo enrollando sus piernas alrededor de su cintura. Harry rio divertido por esa sobrerreacción.
-¡Esta bien, está bien!- secó una lagrima con su índice –ya tendré tiempo después de inspeccionar…- Draco se incorporó estupefacto.
-¿Quieres decir…?-
-¿Te molesta?-
-No… solo no esperaba que… Bueno, se lo maravilloso que soy y el impacto que género en la gente, pero… ¡Por tu culpa no encuentro las palabras adecuadas, maldición!- Harry negó con la cabeza.
-No había sentido tanta paz, ni me la había pasado tan bien en estos últimos 20 años como en estos últimos 5 meses… te quiero… me siento cómodo contigo y prefiero pasar el resto de mi vida discutiendo contigo, haciendo planes, que no hacerlo…-
-Eso suena a una proposición, Harry Potter… ¿cansado de vivir sin mi tan pronto?- dijo de forma maliciosa sentándose sobre sus piernas –tienes suerte que yo he pensado en algo similar…- trazó círculos en su pecho desviando la mirada -aunque creo que es muy pronto para hablar de algo formal y todas esas cosas… soy algo chapado a la antigua y quisiera primero ir por un café, escuchar la palabra con "a" y ya después hablamos- a Harry le pareció muy divertido que dijera eso porque literalmente estaban desnudos y sin pudor, pero lo dejó ser; estaban en la mejor etapa de su vida y no sabía lo que el destino podría traerles a ambos, solo sabía que lo disfrutaría a lo máximo.
-No hay mejor momento que el presente…-
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FIN
Notas Finales: Es todo bebes, espero que les haya gustado aunque tal vez les quedé a deber XD Ya ni modo, será para la próxima! les mando un beso enorme y que estén muy bien!
Y para los que no saben el significado:
*Pegging: se refiere a la práctica sexual en la que una mujer penetra analmente a un hombre.
*Herviboro: es un fenómeno social de Japón consistente en el rechazo de los hombres al matrimonio o al noviazgo. Son descritos típicamente como ahorradores e interesados en el aseo personal.
