Según el reloj en su mano izquierda, son las dos de la mañana cuando Eren logra ingresar la llave en la cerradura, abrir la puerta y entrar al departamento; todo al tiempo que él se mantiene aferrado a su cuerpo, envolviendo su delgada figura mientras deja salir una serie de palabras incoherentes. Jean está borracho como pocas veces en la vida y sus sentidos solo pueden concentrarse en los lindos lunares que tiene su novio en el cuello.

Tras encender la luz, este pellizca fuertemente su nariz, lo aparta de un empujón y le deja en claro lo menso que es; a continuación, se mete en la cocina. Sonriendo acorde al apelativo tan cariñoso que acaba de recibir, él lo sigue hasta ella.

Eren camina hacia el estante de la pared en donde guardan las infusiones y hace el amago de abrirlo; sin embargo, Jean es más rápido y consigue atraparlo en un pegajoso abrazo. Luego de llenarle el cuello de besos y deleitarse con sus jadeos, arrastra los labios hasta su oído y le susurra:

—Menso por ti, mi amor.

Su novio chilla y lo empuja, y él sabe que está avergonzado: sus mejillas rojas lo delatan. Tan lindo.

—Vete a la cama, borracho idiota.

A pesar de sus órdenes, Jean es incapaz de acatarlas; no cuando se ha pasado todo el día en estado de tensión y justo comienza a sentir que puede divertirse. Ambos estuvieron en la boda de Zeke, el hermano mayor de Eren, y es bien sabido que este le tiene muy poco aprecio desde que los pilló en la cama años atrás; por aquel entonces, muy pocos sabían de su relación. Debido a eso, la velada se le hizo algo incómoda y tuvo que recurrir al alcohol; bueno, por eso y porque Zeke tiene un gran complejo de hermano.

—No seas aburrido. —Tirando del brazo de su novio para dejar cerca sus cuerpos, Jean rodea la cintura de este y toma su mano; logrando así la misma posición del vals que presenció hace unas horas—. Vamos a practicar para cuando nos casemos nosotros.

Mientras bailan torpemente en el pequeño espacio de la cocina, Eren ríe y él piensa que su risa no puede ir más a juego con la canción que se está reproduciendo en su cabeza. Simplemente melodioso.

—Al menos espera a que terminemos la carrera, ¿no? —pregunta este sin dejar de reír; la sonrisa abultándole las mejillas.

Ante la tierna y bonita imagen, Jean no puede evitar acercarse a su rostro y morderle uno de sus pómulos, bastando esa acción para romper el momento. Eren chilla por el mordisco y automáticamente después se aleja; no sin antes haberle propinado un manotazo en el hombro.

Y después el delicado era él.

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