Disclaimer: ningún personaje me pertenece, pero si horikoshi quiere hacer mis fics realidad es libre.

Día 1. Casa de terror.

Era una tarde tranquila ya comenzaba el otoño, los días eran más cortos y las noches más frías.

El pro hero Deku se encontraba dando su último recorrido por una zona urbana, ya había atrapado a varios delincuentes así que tranquilamente antes de que acabará su turno comenzó a deambular por las calles.

Sin darse cuenta llegó a su antiguo barrio, en esas fechas recordaba a los niños jugando y pensando que disfraces usar en esas fechas, sobretodo porque había un par de personas que vivían en la zona que amaban armar casas de terror para los niños, y el premio obvio eran los dulces más ricos que ellos hayan probado.

O tal vez no, pero eran niños.

Recordaba a Kacchan, cuando entraban a la casa de terror siempre fue el más valiente de los dos, se ponía enfrente de el y con una espada de madera se hacían paso para llegar al tesoro.

No pudo evitar sonreír, le daba mucha nostalgia, sobre todo porque ya llevaba un tiempo que no lo podía ver.

Se había hecho a la idea que después de terminar la escuela cada quien seguiría su vida, pero el no podía estar sin verlo. Tampoco es como si hubieran sido algo, solamente rivales.

Nunca pudo decirle lo que sentía.

Y nunca lo hará.

Suspiró pesadamente y se dirigió al parque que estaba cerca de ahí.

Se sentó en el columpio y al voltear hacia enfrente se dió cuenta que la casa de terror estaba terminada.

- Me gustaría ir con Kacchan una última vez... - dijo cerrando los ojos ya que si seguía pensando en eso, no iba a poder evitar llorar.

- ¿Última vez? - ¡oh no!

- ¡¿Kacchan?! - ¡Kacchan estaba ahí! - ¿Qué haces aquí? T-tu.. esta no es tu zona. - estaba lo que le seguía de sorprendido, aparte, mirar a Katsuki con su uniforme de pro héroe siempre lo ponía nervioso.

- ¿Eso qué tiene que ver con lo que te pregunté? - dijo Bakugo serio - ¿No quieres que esté aquí?

- ¿Kacchan? No, yo nunca, yo no... - Midoriya no sabía que hacer, evitaba su mirada, no quería que se diera cuenta de su evidente sonrojo.

- ¿Tu nunca qué? Habla bien Izuku - escalofríos sintió en su cuerpo, le gustaba escuchar su nombre en los labios de Katsuki. Respiró profundo y lo dijo.

- Yo nunca he querido que no estés conmigo - cerró los ojos con fuerza, lo dijo muy rápido ¿Habrá entendido Katsuki? Abrió lentamente un ojo y no lo pudo creer. Kacchan estaba completamente rojo. - ¿Kacchan? - pareciera que sus nervios se habían ido por completo.

- ¡VAMOS! - No, definitivamente sus nervios seguían ahí. Katsuki le tomó de la mano y empezó a arrastrarlo hacía la casa de terror, Izuku no podía articular palabras, solamente se dejó llevar. Sentir el calor de Katsuki en su mano se sentía hermoso.

Al estar frente a la casa, Katsuki entrelazó sus dedos con los de Izuku, ambos, estaban sonrojados, pero ninguno se daba cuenta del otro.

Y entraron. La casa cambió, pero, seguía llena de monstruos que en estos momentos en vez de sentir miedo, les daba risa.

Sus nervios bajaron de inmediato, y un sentimiento de nostalgia y calidez les llenó por dentro.

Al no ser el día 31 sino el 1ro, solamente había una cajita de dulces, no estaba el señor que siempre les daba una bolsita entera. Pero se rieron, tomaron un dulce y salieron.

Al estar afuera, Izuku creyó que Bakugo le iba a soltar. Pero no fue así.

- Izuku yo... - Katsuki agarró aire y se explotó en la cara con su mano libre - ¿ya saliste de trabajar? Yo iba a ir a comer, si tienes hambre... AAAAAAA - Midoriya lo miraba atónito, pero, tener esa vista solo provocó que se riera a los segundos.

Katsuki en vez de callarlo, simplemente lo observó fascinado.

Antes de que se diera cuenta, Katsuki tomó la cara de Izuku y lo besó.

Tal vez fuera un beso torpe, pero Izuku no podía con la felicidad que sentía por dentro, y le correspondió.

Después de unos minutos y al no sentir aire ambos tuvieron que separarse.

Katsuki juntó su frente con la de el, y lo miró directamente a los ojos.

- No te vuelvas a ir - Izuku estaba lo que seguía de feliz que no podía contener las lágrimas.

- Nunca más, Kacchan - dijo sonriendo.

Fin