Capítulo 13

ITACHI

«¿Quién coño eres tú, Tekka?»

El no de Aliyana, las palabras de Jodida Sakura Hyūga acechaban mi mente. No, habían tomado posesión de mi maldita mente mientras conducía mi Camino como alma que lleva el diablo hacia mi estudio. Había dejado a Shisui y Izuna. No le dije a nadie que me iba. No pude. No podía hacer frente a todo el mundo en esa maldita suite, todos deseaban que yo no me encontrara allí. Las personas que creían que era basura, me miraban como si no quisieran nada más que desapareciera... Sakura y Tenten me miraba como si fuera a caminar hacia ellas, sacar una pistola y asesinarlas.

¡Sakura! Cristo, ¿cómo iba a temerme ahora? ¿Ahora que le había mostrado mi verdadero yo?

¿Acaso ninguno de ellos entendía que hice lo que hice en mi pasado fue por mi famiglia? Tomé el único camino disponible para mí y mantuve a mi famiglia, conseguí que no le faltara la medicación de mi mamma. Y sí, pagué con sangre, sangre King... pero ¿qué demonios se suponía que debía hacer? Era solo un joven tratando de arreglar los malditos problemas que no podía solucionar...

Al ver un letrero de neón rojo de una tienda de licores, giré bruscamente a la derecha y detuve mi auto. Saltando hacia la tienda, me dirigí directamente a las filas de whisky y agarré una botella de Patrón y Jägermeister.

Necesitaba ahogarme en licor por un tiempo.

Quería olvidar quién era por un momento... al menos por esta noche. Olvidarme de todo. Las últimas semanas, los últimos años... todo... sólo por un rato.

Pero mientras caminaba hacia la caja registradora, la maldita grabación en español a todo volumen por los altavoces de hojalata cambió, la familiar melodía latina me hizo detener en seco.

Parecía que mientras quería olvidar, Dios tenía otros planes.

Cerrando los ojos, todavía podía ver bailando a Sakura esta canción, "Amor Prohibido", de pie en su camisa blanca y botas rosa Doc Martin, balanceando sus caderas mientras pintaba la pared de la galería.

Al oír al pequeño individuo mexicano moverse detrás del mostrador, abrí los ojos para encontrarlo observándome, con una expresión de terror en sus ojos. Su mano estaba escondida bajo el mostrador cerrado. Realmente tuve que esforzarme por no enloquecer.

Había tratado con todas mis fuerzas aprender a frenar la ira que acumulaba en mi interior. Pero a veces, me esforzaba, realmente luchaba contra ella.

Caminando hacia delante, la cara del hombre palideció cuando dejé las tres botellas sobre el mostrador y saqué algo de dinero. Tragó saliva, y luego extendió la mano temblorosa para tomar el dinero en efectivo.

Estrechando los ojos, espeté:

—Quédate con el cambio. —Antes de agarrar las botellas y salir por la puerta.

Cuando el aire fresco de la noche golpeó mi rostro, me detuve, tensando los músculos mientras trataba de calmarme. Sin aliento, me dirigí a mi auto.

Me deslicé en el asiento del conductor y miré a mi derecha al ver a un grupo de chicos en la parte trasera del centro comercial. Mi estómago se revolvió. Cada uno de ellos estaba vestido con oscura ropa holgada, con los tatuajes de pandilla cubriendo cada centímetro de su piel... y lágrimas entintadas corrían por sus mejillas, demostrando a quien pertenecían.

Mirar a los hermanos riendo mientras estaban juntos, intercambiar coca o la mierda que fuera, sentí un momento de nostalgia. La única vez que sentí que pertenecía en esta vida fue con los Heighters.

Con Kisame.

Un dolor agudo cortó mis entrañas ante la idea de Kisame. Me sacó de mi vida de mierda y me dio algo por qué vivir. Pasé todos los días con él, era mi mejor amigo... e hice que lo mataran. Ese hecho me obsesionaba cada minuto de cada día.

Tuve que dejar que mi mejor amigo muriera para proteger a mis hermanos. Nadie sabe lo que la culpa de eso me hace.

Me reí para mí mismo. Mis hermanos hicieron todo lo necesario para ni siquiera quererme. La muerte de Kisame enterró cualquier vínculo con mi pandilla. Y ahora mi cabeza tenía un precio... y una horrible cicatriz en la parte posterior de mi cuello para mostrar lo cerca que mis antiguos hermanos de pandilla llegaron a sacar provecho de ello.

Moviendo mis botellas de licor al asiento del pasajero, metí la mano en la guantera y saqué un rollo de cincuenta. Seguía allí.

Me quedé mirando a la pandilla de nuevo, y antes de cambiar de idea, me dirigí hacia ellos.

Uno de sus miembros me vio mientras me acercaba y se colocó delante de sus hermanos, con su rostro serio y preparado para enfrentarme. Sonreí cuando lo hizo. El imbécil no tenía ni idea de quién era yo, quién iba a perder si las cosas se ponían feas.

—¿Qué coño quieres? —preguntó el diminuto punk cuando me uní a ellos en las sombras.

Sonriendo con frialdad por la actitud valiente del pequeño líder hispano, metí la mano en mi bolsillo. Todos los hermanos retrocedieron, llevando las manos a la parte delantera de sus pantalones vaqueros para sacar sus armas. Sin inmutarme, saqué mi rollo de los años cincuenta y lo levanté.

—Nieve —dije con frialdad. El líder se relajó e hizo un gesto, calmando a sus muchachos.

Dándome un par de bolsas llenas de polvo blanco, el líder las presionó en mi palma, la sensación de esos paquetes de plástico tan familiares, extrañamente, me tranquilizó. Girando sobre mis talones, el líder gritó:

—¿Estás en una pandilla? Tienes suficientes marcas que dicen que lo estás.

Deteniéndome, miré hacia atrás, al ver la camaradería entre los chicos colocados protectoramente alrededor de su líder. Perdí eso. Esa mierda era una familia para mí. Esa era la vida.

—No, ya no —contesté bruscamente, sintiendo la larga cicatriz en la parte posterior de mi cuello ardiendo como el día en que se hizo.

Caminando rápido, llegué a mi auto, metí las bolsas de coca en mis vaqueros, abrí el Jim Beam y volví al estudio.

Abriendo la puerta de madera vieja del estudio, la atravesé sosteniendo el alijo de licor contra mi pecho, whisky ya abierto, medio vacío de mi viaje a casa. El líquido de color ámbar calentaba mi pecho, y me daba un zumbido perfecto. El estudio estaba oscuro, frío y completamente silencioso.

Silencio... no podía soportar el silencio.

Tropezando a través del pasillo, con cajas y bultos de mármol viejos, finalmente llegué a la entrada de mi estudio, pero no antes de golpear mi pie con una caja grande justo al lado de la puerta.

Con el ceño fruncido por la confusión, me tambaleé hacia mi puesto de trabajo, al lado de mi labor en progreso, tiré del licor en la repisa de madera, saque la mitad de mi coca, dejando la otra bolsa para después. La tiré al lado de las botellas de vidrio adormecedoras de mentes.

Encendiendo una lámpara en el puesto de trabajo, me dirigí de vuelta al pasillo, agarré el cuadro extraño y lo llevé al estudio. Dejando caer la caja junto a mi escultura actual, agarré la botella de whisky y la dejé caer al suelo. Tomando cuatro largos tragos de Beam, coloqué la botella a mi lado y abrí la caja.

El contenido de inmediato apareció a la vista y se llevó el aliento de mis pulmones. Los títulos y los textos para mi exposición.

Cerré los ojos, respiré profundamente, y usé mis manos para ponerme de pie.

Silencio... todo estaba jodidamente silencioso.

Metiendo la mano en el bolsillo de atrás, saqué mi teléfono, tratando de abrir mi música, cuando lo único que podía ver era un montón de llamadas perdidas y mensajes de texto de Shisui...

SHISUI: ¿Dónde estás, Ita? ¿Todavía estás aquí en el estadio?

SHISUI: Te he buscado por todas partes. ¿Dónde estás? Quiero llevarte a cenar.

SHISUI: Vuelve a casa ahora. Estoy preocupado. ¿Por qué te vas sin decírmelo? ¿Pasó algo?

Sintiendo una oleada de culpabilidad recorrer mi pecho, la empujé de mi mente al momento en que me imaginé a ese rubio Redskin besando a Sakura en los labios, su maldita sonrisa brillante y enormes ojos verdes mirando después hacia él, y su mano presionando su pecho. Entonces...

Eras el único hombre con el que alguna vez he sentido este maldito rayo en mi corazón, y resultaste ser... ¡él! ¡Tú!

Sintiéndome como si hubiera recibido un golpe en mi estómago ante la repetición de sus palabras, palabras que eran muy reales, conecté los altavoces y dejé que los sonoros acordes de Linkin Park resonaran a través del estudio.

Mirando la caja asentada en el suelo, me dirigí hacia adelante, agarrando la botella de Patrón en el camino. Dejándome caer en el suelo de baldosas, la sala comenzó a girar, quité la parte superior y tomé un largo trago como si fuera agua y no realmente un buen jodido Tequila.

Alineando el Patron junto al whisky, metí la mano en la caja, sacando el título que decía "El desangramiento". Mis músculos del estómago involuntariamente se apretaron al ver el título de una de mis piezas allí en blanco y negro.

De alguna manera hacía toda esta mierda real.

Colocando la placa titular a mis pies, recogí un tablero más grande. Las letras eran del mismo tipo, el esquema de color negro contra el blanco. Pero había mucho más escrito, y empecé a leer...

La inspiración del escultor para su obra misteriosa y altamente emocional; "El desangramiento" nació del intenso conflicto interior del hombre con la culpa. La posición fetal del sujeto se debe a su incapacidad para hacer frente a su dolor, su confusión interna lo fuerza físicamente a arrodillarse. Cada daga pintada cuidadosamente de negro enterrada en el agrietado mármol de Carrara retrata la pesada carga del pecado en su alma, la reparación de la deliberada violación del hombre a la moralidad. Las dagas castigadoras son inamovibles y son un recordatorio permanente para el sujeto de que sus crímenes no pueden ser olvidados o redimidos. Tampoco puede ser salvado. Él sangra su culpabilidad en un eterno y constante flujo de desolación.

Cuando terminé de leer la última palabra, solté el tablero al suelo y me dejé caer contra mi escultura más nueva, sintiendo que mi pecho se había desgarrado, expuesto para que todo el mundo observara mi interior.

¿Cómo diablos sabía escribir la columna de esa manera? ¿Cómo escribir lo que sentía de esta forma? ¿Cómo diablos sabía cómo entender mi trabajo y a mí a la perfección? Como un maldito y jodido libro.

Sintiendo que mis pulmones estaban siendo exprimidos en un puño, saqué mis cigarrillos y encendí uno. Tomando largas caladas de mi Marlboro y enormes tragos de mi whisky, levanté la mirada y observé al joven muchacho de mármol con una pistola, llorando balas rojas pintadas y una rabia incontrolable se extendió en mí.

Con cada calada de mi cigarrillo y cada trago de whisky, me empujé cada vez más lejos del borde. Las imágenes del rechazo de Izuna torturaban mi mente. La maldita cara de asco de Sakura cuando se dio cuenta de que era yo, Itachi Uchiha, no su precioso Tekka, la mano de Tenten temblando de puro miedo cuando tomó la mía en la suya. Y ese estúpida mueca de Neji Hyūga mientras me miraba con nada más que odio, actuando como si él fuera de la sangre de Shisui, no yo.

Que se jodan.

¡QUE SE JODAN TODOS!

Poniéndome de pie, empecé a caminar de un lado a otro del estudio, agarrando el cuello de vidrio de la botella de whisky más fuerte en la mano y la ceniza de mi casi terminado Marlboro cayendo sobre mi pecho.

Mi corazón latía cada vez más rápido al ritmo del heavy metal de "Walk" de Pantera ahora haciendo vibrar las paredes.

Estaba harto. Harto de intentar demostrar a todos que había cambiado. Había terminado con esta mierda del arte, ¡con el jodido Tekka!

No sabía cómo ser "normal". ¡Porque no era normal! Nunca lo había sido. Tener un padre abusivo, una lisiada como madre, y obligado a ser el hombre de la casa a los diez años de edad arruina un poco a un niño "normal".

Drenando el resto del whisky, tiré mi cabeza hacia atrás y grité mi ira, lanzando la botella contra la pared, la oír romperse.

Escupiendo mi cigarrillo acabado en el suelo, me dirigí a al puesto de trabajo y coloqué un paquete de coca en la encimera, metiendo la mano en el bolsillo de atrás agarré mi licencia de conducir. Tomando la pieza rectangular de plástico, corté el polvo en líneas, esa sensación de emoción se arremolinaba en mi estómago sólo de imaginar el éxtasis que seguiría.

Nunca me hice adicto a esta mierda, estaba demasiado ocupado vendiéndolo en las calles, pero me aseguraba de inhalar una raya de vez en cuando, cuando las cosas se ponían mal. Me gustaba el zumbido, el zumbido adormecedor de mentes que el polvo mágico lograba.

Y necesitaba eso ahora más que nunca.

—¡... has estado en la cárcel! ¡Mierda, Tek! ¡Lo que hemos compartido estas últimas semanas... lo que compartimos anoche... y eres el jodido Itachi Uchiha!

Las palabras de Sakura latían en mi cerebro, su decepción se sentía como el peor tipo de migraña. Levanté la cabeza para tratar de quitarme de encima el maldito dolor, sólo para que mi mirada llegara a la imagen de esa maldita escultura.

Izuna...

Izuna que no podía mirarme con algo distinto al jodido desprecio... El recuerdo de su rechazo hoy me partía el alma.

Con el whisky corriendo en mi sangre y esa escultura torturando mi mente, algo dentro de mí se quebró.

Viendo mi martillo tendido en el puesto de trabajo, lo recogí, sintiendo el frío metal en las palmas de mis manos, y giré hacia la escultura casi terminada. Deseando nada más que tenerla fuera de mi vista... desaparecida de mi puta vida, me coloqué detrás de ella, levanté mi martillo y...

—¡TEK! ¡NO!

Paralizándome al oír su voz superar el fuerte sonido de la música y mi mente borracha hasta el culo, giré mi cabeza hacia la puerta, sólo para ver a la jodida Sakura Aliyana mirándome fijamente, con la boca abierta y sus manos extendidas tratando de detener la destrucción de esta patética escultura.

Al primer momento en que la vi allí parada con ese corto vestido rosa, botas vaqueras y su cabello rosa tirado hacia atrás, mi polla se endureció a un nivel doloroso dentro de mis jeans. Pero luego, cuanto más la miraba, más se prendía el fuego en mi pecho.

Mis manos comenzaron a temblar violentamente. Dejando caer el martillo al suelo, me giré para mirarla, con los brazos rígidos a mi lado.

—¿Qué coño quieres?—gruñí.

¿Toda la gente de mi pasado esperaba que fuera Itachi Uchiha? ¿El oscuro jodido gilipollas que sólo trajo dolor?

¡ESTE era el maldito Itachi Uchiha! ¡Podría SER el maldito Itachi Uchiha!

Sakura abrió su boca ante mi pregunta y su rostro palideció. Di un paso más, y ella dio un paso atrás. Mi labio superior se curvó en humor negro. Casi podía oler su miedo todo el camino hasta aquí.

—¿Qué pasa, niña? ¿Tienes miedo? —dije en voz baja y áspera, con los ojos entrecerrados—. ¿Tienes miedo de mí?

Sakura inhaló una respiración aterrorizada, levantó su mano para apartar el cabello de su rostro, y por un momento, por esa simple acción, me di cuenta de que estaba realmente asustada... y, por ese maldito momento, mi enojo pareció jodidamente desvanecerse en vapor.

Parte de mí no quería que esta chica realmente me temiera. Pero recordar al rubio cabrón besando sus labios, y la puta repulsión en sus ojos al descubrir que su precioso Tekka era realmente la oveja negra de los Uchiha, me volvieron a enfurecer.

No necesitaba a ninguno de ellos. Había sobrevivido hasta ahora por mi cuenta. Podía hacerlo de nuevo. Podía hacerlo todo por mi jodida cuenta.

Pareciendo armarse de valor de algún lado, Sakura avanzó, con su rostro nervioso.

—Tek, por favor...

Y eso fue todo. Su súplica susurrada usando ese jodido nombre falso me arruinó. Sabía quién era realmente, pero aun así no se atrevía a decirlo.

Itachi Uchiha.

Itachi. Uchiha.

¡SOY EL MALDITO ITACHI UCHIHA!

Avanzando furioso, luché con todas mis fuerzas para aflojar la constricción de mi pecho por lo jodidamente bien que lucía. Quería que se fuera. Jodidamente fuera de mi vida y no me tortura al estar parada aquí en mi estudio... en mi maldito espacio personal, después de que no había hecho más que escupirme en la cara durante el partido.

Yendo hacia adelante, Sakura retrocedió, los tacones de sus botas vaqueras chasqueando en el suelo hasta que su espalda chocó contra la pared. Levantando mis manos sobre su cabeza, la enjaulé esos enormes ojos de cierva casi me destruyen.

—¿Por qué estás aquí? —exigí. Incluso para mí mi voz sonaba letal.

—Tek... has estado bebiendo —dijo, oliendo claramente mí aliento. Pero me quedé inmóvil, no porque hubiera descubierto que acababa de tomarme una quinta parte de Jim Beam, ¡sino porque me había llamado nuevamente por ese puto nombre!

—¡Joder, no soy TEK! —Rugí, Sakura se encogió debajo de mí—. Mi nombre es ITACHI. ¡I-T-A-C-H-I! ¡EL JODIDO ITACHI UCHIHA!

La respiración de Sakura se aceleró cuando grité. Esperaba su huida. Quería que huyera del miedo. Cagada del miedo por Itachi Uchiha de los Heighters... como lo haría cualquier otro hijo de puta.

Pero en cambio, mientras mis ojos se clavaron en sus lívidos ojos, levantó su mano temblorosa y la colocó nerviosamente en mi pecho, justo encima de donde mi corazón estaba jodidamente corriendo.

Estaba estupefacto... podía lidiar con su miedo, con ella huyendo asustada... incluso con sus gritos, estaba acostumbrado a causarle miedo a la gente. Pero lo que no podía manejar, lo que no podía malditamente aceptar era su afecto en un momento como este... no podía aceptar la maldita comprensión de sus llorosos ojos esmeraldas.

Tragando con dificultad, siseé cuando su caliente palma atravesó la tela de mi camisa y un rubor rosa coloreó sus mejillas perfectas.

—Itachi... —susurró, con su acento claro y fuerte— Itachi Uchiha…

No... ¡NO! ¡NO! No me podía hacer esto.

No podía darme esperanza... realmente no podía lidiar la condenada esperanza... todo menos esperanza...

Tambaleándome hacia atrás como si me hubieran quemado, dando tumbos tropecé con las tablas de texto en el suelo. Sakura me siguió, sus ojos nunca se apartaron de los míos. Incapaz de seguir mirando su rostro triste, me di la vuelta, entonces me paralicé... no tenía otro-puto-lugar a donde ir.

Una mano se presionó contra mi espalda, mientras oí una breve inhalación brusca. Tensándome por el jadeo de Sakura, cerré mis ojos y me preparé para que me dijera que había terminado. Que se iba y nunca regresaría. Que iba a decirles a mis hermanos lo que había estado haciendo. Pero eso es lo que quería, ¿no? ¿Que desapareciera y saliera de mi vida? Me pregunté a mí mismo, sabiendo que la verdad a esa respuesta era un enorme jodido NO.

—Itachi... —Sakura dijo con un suspiro de dolor, su mano abandonando mi piel. Se sentía como si hubiera perdido toda la calidez cuando esa mano fue retirada.
Girando lentamente, vi a Sakura en mi puesto de trabajo. Su atención estaba en las botellas de licor alineadas... pero entonces mi estómago cayó cuando vi que no era lo que había captado su atención.

Las rayas de coca...

Parado inmóvil, esperé a que me mirara, y cuando lo hizo, no había nada más que una dolida decepción en su expresión.

Nunca me había sentido tan parecido a la basura italiana como en ese momento. Lucía exactamente como el hombre que pensaba que era. Un perdedor drogadicto de mierda.

—Itachi... —susurró con tristeza— ¿Qué has hecho?

Mientras miraba sus ojos llenos de lágrimas, sacudí mi cabeza, y tropecé hacia el otro extremo del estudio cerca de mi cama. Pero mientras trataba de conseguir algo de maldita distancia, el fuerte agarre de su mano sobre mi brazo me hizo girar.

Estaba harto.

Harto de todo.

—¿Qué? —grité, liberando mi brazo.

Sakura tragó su aprehensión y dio un paso hacia mí, su aroma a jazmín llenó inmediatamente mis pulmones.

—¿La has consumido? —me preguntó en voz baja, señalando las rayas de coca.

Las llamas corrieron por mis venas y me incliné, para gruñir:

—¿Por qué coño te importa? ¿Por qué coño incluso estás aquí, Sakura Hyūga? Sólo vete a la mierda de regreso a donde tus amigos pijos e imbéciles y con el cabrón rubio para un fácil polvo. Porque eso parece ser lo tuyo, ¿no? ¿Follar tipo tras tipo? ¡Era sólo anoche cuando me encontraba en tu coño húmedo, entonces dejas que el mariscal de campo de los Redskin consiga todo en ese coño ni siquiera doce horas más tarde!

Fue rápido, casi tan rápido como un destello de luz, pero el rostro de Sakura se llenó de ira incontrolable y, antes de que incluso me diera cuenta, me abofeteó con fuerza en la cara.

Por instinto, con mi rostro jodidamente ardiendo por la fuerza de su golpe, extendí mi mano y agarré su delgada muñeca, tirando su pecho contra el mío.

—Joder, ¿tienes deseos de morir? —siseé entre los dientes apretados.

Los ojos verdes esmeraldas se encendieron, y Sakura espetó:

—¡Vete a la mierda, Itachi!

Mis labios se tensaron.

—¿Ahora soy Itachi? ¿Ahora qué estás malditamente enojada, soy Itachi? —Mi respiración era fuerte, al igual que la de ella, sus firmes tetas rozando contra mi cuerpo. Bajé mi boca cerca de su rostro y dije bruscamente—: Lárgate.

Apartando su brazo, me giré para dirigirme hacia mi cama, con mi maldita cabeza dando vueltas con demasiado whisky, cuando Sakura gritó:

—¡No follé con Naruto, bastardo insensible!

Mis pies se detuvieron abruptamente pero no la enfrenté.

¿Bastardo insensible...? Eso era una jodida broma. Daría cualquier cosa para no sentir por sólo un maldito minuto.

—¡Eres un completo maldito gilipollas! ¡He venido aquí para verte! ¡Tenía que verte! Aun sabiendo que eres el jodido Itachi Uchiha, un hombre del que sé debo mantenerme lo más lejos posible... —respiraba rápido, pero mi corazón estaba corriendo más rápido esperando por cualquier otra cosa que tuviera que decir—, yo sólo... —La oí acercarse, luego sentí su cálido aliento en mi espalda filtrándose nuevamente a través de mi camisa, los escalofríos corriendo por mi espina dorsal—. Simplemente no pude... Cristo, Itachi, Simplemente no pude permanecer lejos...

Fue entonces cuando me di cuenta de que realmente no había respirado desde que me había ido de ese partido, desde que habíamos discutido en ese baño. Pero oírla susurrar esas palabras tenía a mis hombros debilitándose. Me volví lentamente hacia ella.

Cuando nuestras miradas se encontraron, pude ver que estaba tan acelerada como yo, un maldito loco veneno corriendo por nuestro cuerpo manteniéndonos cerca. La mirada de Sakura perforó la mía y añadió, con voz derrotada.

—¿Cómo diablos podría alguna vez querer a alguien más ahora que te he tenido?

El aire a nuestro alrededor parecía completamente inmóvil, el pulso latiendo en mi cuello haciéndome sentir tan jodidamente vivo. Sintiendo un rayo quemando a través de mi cuerpo, ambos nos tambaleamos hacia adelante al mismo tiempo, nuestra bocas fundiéndose instantáneamente mientras sus manos me empezaron a atacar, arrancándome la ropa.

Brevemente rompiendo nuestro beso, Sakura arrastró mi camisa por encima de mi cabeza, mi gorro yendo con ella. Incapaz de saborearla en mi lengua, enrollé su cabello en mi mano y tiré su boca contra la mía, mi lengua empujando dentro. Gemí en su húmeda y caliente boca que rozaba furiosamente la mía mientras sus uñas arañaban mi piel desnuda.

Levantando mis manos, rasgué la camisa de Sakura, haciendo volar los botones hasta el suelo, siguiéndolos su sostén un segundo más tarde. Mientras me movía para quitar el resto de su vestido enrollado en su cintura, Sakura empujó mis hombros, mi boca se separó de la suya mientras caía en la cama, golpeando mi trasero contra el colchón con un ruido sordo.

Casi me vine al verla de pie sobre mí, con sus ojos esmeralda brillantes y su cabello desordenado y cayendo sobre su hombro. Y esas jodidas y perfectas tetas desnudas, con lo que quedaba de su vestido colgando lánguidamente alrededor de su cintura, eso simplemente me desarmó.

Sus botas vaqueras estaban enraizadas al suelo, con sus piernas ligeramente separadas. Relamiéndose sus labios mientras me apreciaba, sus hoyuelos luciendo tan condenadamente grandes en sus mejillas rosadas.

Con un gemido, Sakura se lanzó, subiéndose en mi regazo, sus manos instantáneamente bajaron mi cremallera liberando mi polla dura.

Cristo... Gruñí cuando su caliente palma comenzó a acariciar mi polla arriba y abajo. La boca de Sakura se estrelló contra la mía. No era suave o amable; no, estaba follando mi boca con su lengua. Justo cuando levantó sus caderas, apartó sus bragas a un lado, y poniendo mi polla en su húmedo coño, se estrelló con fuerza, tomándome en su apretado coño en un movimiento rápido.

—¡Joder! —grité, levantando su vestido para dar una palmada en su prieto trasero con mis manos. Gimiendo fuertemente por mi toque, Sakura se clavó sobre mi polla, girando sus caderas de manera que casi me vine en cuestión de segundos.

Esta chica me estaba follando. Me estaba follando duro... me estaba poseyendo... me estaba follando como Itachi Uchiha...

Al comprender a través de mi mente borracha eso, usé mis manos sobre su trasero para bajarla aún más sobre mi polla. Sus dientes mordieron mi labio inferior mientras su respiración se tornó errática, y sus manos tiraron de mi cabello desordenado, casi hasta el punto del dolor. Pero me gustaba esto. Mierda... jodidamente me encantaba esto, con ella malditamente salvaje sobre mi regazo.

Echando su cabeza hacia atrás, con sus ojos cerrados mientras gemía y gritaba por la sensación de nosotros juntos. Me incliné hacia adelante, tomé un duro pezón de color rojo en mi boca y lo chupé. Cuando mis dientes rascaron contra su piel, Sakura apretó mi cabeza aún más contra sus tetas mientras su coño empezaba a apretar mi polla.

Tirando mi cabeza hacia atrás, vi su cara sonrojarse tan condenadamente sexy cuando se vino, clavando sus uñas en mis hombros. Sabía que me había hecho sangre, pero no me importaba. Sintiendo mis bolas tensarse, apreté aún más su trasero mientras abría su boca, sus ojos se estrellaron con los míos y gritó:

—Itachi —mientras se corría.

Su coño se sentía como una mordaza mientras me ordeñaba hasta secarme, mi semen llenándola tan rápido que los nervios de mi cuello se apretaron con la tensión.

—¡Mierda! —susurré con un jadeo, mis caderas se sacudieron con la fuerza de lo malditamente bueno que se sentía. Las manos de Sakura se apretaron alrededor de mi cabeza, y mi mejilla descansaba sobre sus tetas húmedas mientras trataba de ralentizar mi pulso, mi corazón, demonios, un millón de pensamientos corrían por mi cabeza.

Justo cuando José González comenzó a cantar "Heartbeats" a través del altavoz, Sakura puso sus manos en mis mejillas barbudas y me empujó hacia atrás, inclinando mi rostro para mirarla directamente.

—Debería, pero no me importa que seas Itachi. Sólo quiero estar aquí contigo... así... sintiendo este rayo entre nosotros.

Exhalando fuertemente, aparté la mirada y cerré los ojos.

—Joder, chica... —Me callé—. No estoy acostumbrado a todo esto.

—¿Qué? —Sakura preguntó nerviosamente, tratando de usar sus dedos debajo de mi barbilla para girar mi cabeza—. ¿Acostumbrado a qué?

Pero no podía mirarla. No estaba seguro de que querer ver cuánto deseaba sentir esto... tan fantástico... simplemente me aterrorizaba.

—Itachi... por favor... —rogó Sakura.

Levantando mi cabeza, encontré su amplia mirada. Tomando su mano de la palma de la mía, la rocé a través de mis labios, dándole un beso a su piel tibia, deslizándola después por mi cuello y sobre mi corazón.

Sakura contuvo el aliento y un rubor inundó sus mejillas.

—Está latiendo muy rápido —susurró.

No reaccioné, pero cuando sus ojos sondearon, suspiré y dije con voz áspera.

—No solía sentir cosas buenas... No puedo enfrentar la sensación de disfrutar mucho de algo... He hecho demasiada mierda mala, lo suficiente como para ahogarme... —Los ojos de Sakura brillaban e, inclinándose, presionó tres ligeros besos a lo largo de mi mejilla. Cerrando mis ojos ante ese extraño acto de ternura, algo en mí se derrumbó, y susurré—: Pero contigo... tengo la sensación... de sentir... todo, cada jodida mierda... directamente aquí... —Apreté su mano con más fuerza contra mi corazón.

No era un sentimental. La verdad es, que yo era un bastardo de corazón insensible. No era realmente bueno con las palabras, confesando mis sentimientos o toda esa otra mierda cursi que las chicas adoraban. Pero eso no significaba que mi corazón de delincuente no sintiera, no corriera cuando ella estaba cerca... cuando me sonreía... cuando de lleno entendí lo que estaba sintiendo en el fondo, sin siquiera decir una maldita palabra. Ella le dio a este frío corazón, vida. Le dio luz. Ella era su maldito golpe rítmico.

—Itachi... —murmuró Sakura, antes de presionar suavemente sus labios en los míos. Este beso era diferente a cualquier cosa antes. Porque este beso se dio incluso con todas nuestras cartas puestas sobre la mesa.

Rompiendo el beso, Sakura presionó su frente con la mía, entonces cuidadosamente se puso de pie. Solté un largo suspiro cuando mi polla dejó su coño, pero yo no podía apartar los ojos de ella mientras empujaba su vestido hacia abajo hasta que este quedó a sus pies. Mis puños apretaban la ropa de cama cuando se presentó delante de mí tan sólo con su ropa interior de color rosa pálido y botas vaqueras.

Sabía que durante el resto de mi vida, la imagen de la chica más perfecta del planeta, desnudándose sólo para mí, permanecería para siempre en mi cerebro.

Quitándose las botas marrones, Sakura después enganchó sus dedos a los lados de las bragas y las empujó lentamente por sus piernas. Una vez completamente desnuda, dio un paso hacia mí, tendiendo su mano. Poniendo mi mano en la suya, y confiando en alguien completamente por primera vez, me levanté.

Sakura me miró a través de los párpados pesados, liberando mi mano, sólo para dejarlas caer a mis vaqueros ya desabrochados. Poniendo sus manos sobre mi pecho, pasó sus dedos por mis abdominales, por encima de mi estómago y enganchó sus dedos en mi cintura. Poco a poco, Sakura me bajó los pantalones hasta que se unieron a su ropa en el suelo.

Retomando mi mano, retiró la sábana de la cama y se metió, guiándome para seguirla. Lo hice sin rechistar. Mierda. Seguiría a esta chica a cualquier lugar.

Mientras me acosté de cara hacia Sakura, ella apretó mi mano y me lanzó una sonrisa nerviosa.

—Mierda, Sakura —dije, llevando nuestras manos unidas a mis labios.

—Eres Itachi Uchiha —susurró ella con incredulidad, haciendo que mis labios se congelen en la piel suave del dorso de su mano—. Se supone que no tengo que quererte... —dijo con voz temblorosa, y sentí mi corazón hundirse. Sakura debió de haber visto algo en mi cara, porque se acercó más hasta que nuestros cuerpos estuvieron al ras y compartimos el mismo aire—... pero no puedo evitarlo. No eres el hombre que todos dicen que eres... ¿verdad?

Sintiendo mis latidos acelerarse, peiné hacia atrás el pelo de su cara y dije:

—Soy exactamente quién ellos creen que soy.

Sakura tragó, una gota de sudor de nuestra follada rodó por su delgado y aceitunado cuello.

—No... te estás castigando a ti mismo por las acciones que desesperadamente tomaste para salvar a tu familia, no abrazando al hombre bueno que eres ahora. —Mi estómago se apretó ante la creencia sincera que tenía en mí y cerré los ojos.

La mano de Sakura presionó mi mejilla.

—Mírame —instó. Cuando no hice como ella quería, me rodó sobre mi espalda, presionando sus pechos contra mi pecho—. Itachi, mírame —me instó con más fuerza.

Abriendo a regañadientes mis ojos, la mirada escrutadora de Sakura estaba evaluando mi cara.

—Responde esto —dijo. Esperé a su pregunta—. ¿Tomaste esa cocaína que compraste esta noche?

Mis cejas se fruncieron y traté de alejarme, pero sus manos en mi cara se negaron a ceder.

—Contéstame —insistió— ¿La tomaste?

Mi mandíbula se apretó, pero viendo que no iba a ceder, dije con voz áspera.

—No, no lo hice. ¿Estás malditamente feliz?

La sonrisa que luego siguió a mi reacia confesión me derribó. Sosteniendo suavemente sus muñecas, añadí:

—Pero si no hubieras aparecido, lo habría hecho.

Esa sonrisa desapareció y sus ojos miraron a lo lejos.

—No creo que lo hubieras hecho —estuvo en desacuerdo.

—Tú no me conoces tan bien como crees entonces, ¿verdad?

El rostro de Sakura se fundió en una expresión triste y asintió, moviendo su dedo para pasarlo por encima de mi ceño fruncido.

—Si lo hago. Dime. —Observó cómo su dedo trazó los bordes de mi barba—. ¿De dónde la sacaste? ¿La coca?

Estrechando mis ojos, me encogí de hombros y dije:

—De una pandilla callejera que vi cerca de una tienda de licores.

Los ojos de Sakura brillaron por un segundo, antes de verse completamente tristes de nuevo.

—¿Qué? —espeté. Odiaba la maldita lastima. Podía tratar con el odio, con la lástima, no podía jodidamente soportarla.

—¿Una pandilla callejera? —preguntó ella—. ¿Cómo los Heighters?

Mis músculos se tensaron.

—¿Y qué pasa si lo era? ¡Mierda! ¿Por qué preguntas de todos modos?

—Itachi —dijo suavemente, pasando su dedo sobre mi crucifijo... el crucifijo que solía ser mi stidda. Yo solía estar tan condenadamente orgulloso de ese tatuaje de la estrella negra en mi mejilla izquierda, orgulloso de que mi pandilla tuviera mi lealtad, mi confianza.

—Estabas dolido después del partido... después del rechazo público de Izuna... después del mío... —su expresión cayó ante eso, una expresión culpable en su rostro— y tú corriste de nuevo hacia la única cosa que conocías. A la única vida que has vivido aquí afuera.

Mi respiración se detuvo ante cuán bien me comprendía. Siempre lo hacía, desde el momento en que vio por primera vez mi arte.

—¿Itachi? —instó, esperando mi respuesta.

Dejando caer mi mirada a sus uñas pintadas de rosa, le confesé:

—Yo no sé cómo hacerlo...

—¿Hacer qué, querido? —Sakura se sonrojó cuando me llamó así. No tenía idea de lo que había dicho, pero de seguro como el infierno que me gustó la forma como sonaba. Sonaba como una expresión de cariño... sonaba como si le importara. Ninguna mujer había dado una mierda por mí antes.

Levantando mi mano, saqué los palillos de su cabello, cayendo largos y rosáceos mechones sobre mi pecho. Pasé mis dedos a través de los hilos de seda.

—Itachi, ¿no sabes cómo hacer qué?

Oliendo el champú de lavanda en su pelo, le dije:

—Ser normal... conseguir que la gente confíe en mí... crea en mí... me den una segunda oportunidad. ¿Cómo existes en este mundo sin tener que luchar? ¿Sin dolor?

Los ojos de Sakura se empañaron y se movió hasta estar totalmente tumbada encima de mí, entrelazando sus piernas con las mías.

—Nunca has sabido cómo liberarte del dolor, ¿verdad? ¿Alguna vez has sido feliz?

Odiando la simpatía en su mirada, volví la cabeza, prendiendo fuego en mis entrañas.

—No lo hagas —siseé.

Pero ella siguió:

—Te criaste luchando toda tu vida, uniéndote a una pandilla porque eso es lo que los chicos hacían de donde venías, después pasaste tu tiempo cuidando a tu mamma enferma, a Shisui y Izuna. Y entonces...

Tragando mi orgullo, terminé:

—Entonces me encerraron.

—Itachi... Nunca has conocido la verdadera felicidad... —Una lágrima cayó de los ojos de Sakura. La sequé con la yema de mi pulgar. No podía creer que estuviera llorando por mí. No podía creer que esas lágrimas fueran por mí. Nadie más que mi mamma lloró por mí antes. Pero la mamma lloró por el estado de mi alma, por los padres de los hombres que había matado... pero no Sakura, ella lloró por el jodido hombre que nunca conoció la felicidad.

Incapaz de ver a Sakura romperse, y por una vez, hablando sin cuidarme, dije suavemente:

Sono felice insieme a te.

Sakura se quedó quieta y sus ojos verdes se encontraron con los míos, su boca ligeramente abierta en estado de conmoción.

—Itachi... ¿Tú...? —Me encogí de hombros y Sakura apretó su mano sobre mi acelerado corazón. Una sonrisa tembló en sus labios carnosos al claramente sentirlo correr y ella preguntó—: ¿Eres... tú eres feliz conmigo?

Exhalando un suspiro reprimido, le confesé:

—Sí.

—Itachi —exclamó y sus pestañas parpadearon rápidamente mientras luchaba por contener las lágrimas. Levantando su cuerpo más arriba, pasó su dedo sobre mis labios, y me dijo—: Bésame. —Antes de que supiera lo que había dicho, aplastó su boca con la mía.

Sosteniendo a Sakura contra mi boca, nos besamos perezosamente mientras recorría mis dedos por su espalda, amando la sensación de su temblor ante mi tacto. Debería haber una escultura creada para ella. Era perfecta.

Cuando Sakura separó sus labios de los míos, nos di la vuelta hasta que estuvimos enfrentados y acariciando con sus manos la parte posterior de mi cuello.

Su expresión cambió y pude sentir sus dedos trazando mi cicatriz.

—¿Itachi? —gruñí en respuesta, mi pecho se apretó por lo que yo sabía que iba a preguntar—. ¿Cómo te hiciste esta cicatriz?

Debió de haberme sentido tensarme. Me acercó más y susurró:

—Por favor, dime... deja de guardarte todo. Puedes confiar en mí.

Acostando mi cabeza contra la almohada, Sakura se arrastró más cerca.

—Me la hice en la cárcel —le dije vagamente.

Los ojos de Sakura se agrandaron.

—¿Cómo? ¿Qué pasó?

Cerrando los ojos, pensé en ese día y sin necesidad de abrir los párpados, me quedé en la oscuridad y le dije:

—Mis viejos hermanos de la pandilla que estaban dentro de la cárcel me encontraron solo y vinieron hacia mí. Sabía que llegaría el día en que ellos conseguirían vengarse de mí. Nadie traiciona a un hermano de la pandilla, pero yo lo hice, y querían sangre por sangre.

Podía oír la respiración de Sakura acelerándose. Pero como una maldita fuente, esta mierda sólo comenzó a verterse fuera de mí.

—Estábamos en el patio, ellos de un lado y yo del otro, mientras trataba de mantener mi cabeza abajo. Había conseguido mantenerme al margen de ellos, cerca de dos años, pero cuando Kakō, el hermano mayor del líder de los Heighter le declararon cadena perpetua, supe que era sólo cuestión de tiempo antes de que vinieran a matarme. Ese hijo de puta era malo, y quería verme muerto por lo que le sucedió a su hermano pequeño, Kisame…

—¿Qué pasó con su hermano?

Mis ojos se abrieron de golpe y mis manos empezaron a temblar. Joder, ¿por qué estaban temblando mis manos?

Sakura notó mis manos y las apretó entre las suyas. Perdiendo el color de su rostro, presionó:

—¿Itachi? ¿Qué pasó con Kisame?

No quería decírselo, pero ella necesitaba saber lo que había hecho en mi pasado. Necesitaba saber quién era el maldito tipo con el que estaba acostada.

—Tuve que matarlo —susurré. Las manos de Sakura agarraron las mías tan fuerte que empezó a detener el flujo de sangre.

—Tú... tú...

—Tuve que matarlo —confesé.

—Itachi, ¿por qué? —susurró con incredulidad. Podía oír la sorpresa en su voz. La verdad era, que nunca entendería completamente cómo podía matar. Sólo la gente que crece en una pandilla lo haría. ¿Cómo podría la gente educada en un jodido dulce hogar con legales padres saludables, comprender jamás cómo un niño tiene que luchar, a veces hasta la muerte, por la supervivencia?

Miré por la ventana hacia la noche oscura, las estrellas brillantes en el cielo y mi estómago cayó mientras pensaba en mi mejor amigo, en todo lo que habíamos pasado juntos.

—Para salvar a mis hermanos —dije con voz áspera—. Tenía que matarlo para darles a mis hermanos la oportunidad de una vida mejor. Kisame era mi mejor amigo, mi hermano de armas. Era la persona más cercana a mí, pero sabía que cuando entrara en prisión, iría detrás de Shisui y Izuna. Estaba obsesionado con tener a los Uchiha de su lado. Y una vez que tú has conseguido la stidda, estabas en la pandilla. Eras Heighter de por vida. La única salida era la muerte. Si tratabas de irte, era...

—Muerto... —interrumpió ella y, encontró mis ojos, y asentí.

—Sí. Si Izuna y Shisui eran plenamente iniciados, miembros de pleno derecho, la stidda se tatuaría en sus mejillas izquierdas, unidos a la pandilla para toda la vida. Sabía que la única manera de que pudieran ser libres era eliminar a Kisame. Así que llamé al líder de nuestro rival. La pandilla de los King, contra la que me había dedicado toda mi vida a luchar y le dije cuándo y dónde encontrar a Kisame. Mi mejor amigo y hermano de pandilla murió exactamente cuando y donde yo le había dicho a los King que podían encontrarlo. Kisame fue asesinado a tiros por mis manos, pero Shisui y Izuna estaban libres. —Suspiré—. Fue la mejor cosa que he hecho por ellos. La sangre en mis manos nunca va a desaparecer, pero al menos mis hermanos están fuera y viviendo buenas vidas... la que yo nunca podría haberles dado. Yo los había arrastrado a esa banda, era justo que los sacara de esa mierda. Simplemente me llevó demasiado maldito tiempo ver la jodida luz.

Sakura se quedó en silencio, "Labios de un ángel" de Hinder sonaba a través de los altavoces, el único sonido en el estudio.

—Tuviste que matar a tu mejor amigo... —murmuró ella sombríamente. Tuve que mirar hacia otro lado, consumido por la pena de repente—. No me puedo imaginar teniendo que tomar esa decisión. Sería como elegir matar a Tenten para salvar a Neji. Sería... imposible. No podría vivir conmigo misma.

El peso constante que presionaba sobre mi pecho se aligeró algo cuando ella comprendió lo que era mí día a día. Oí la tristeza en su voz. Jodidamente entendió lo que haber matado a Kisame me hizo, todavía me hacía. Comprendió la gravedad de la decisión más difícil que jamás haya tomado.

Los labios de Sakura presionaron en mi piel dándome fuerza y preguntó:

—¿Cómo conociste a Kisame? ¿Cómo incluso te involucraste con esa pandilla?

Tanto si quería o no, esa pregunta me llevó directamente hacia el pasado...