Capítulo 14

ITACHI

Lado oeste del parque de caravanas Heights

Tuscaloosa, Alabama

Hace dieciocho años...

Entrando al remolque con un Izuna de dos años retorciéndose en mis brazos, vi a Shisui sentado en el sofá, con la cabeza agachada y llorando.

Al acercarme pude ver sangre en su rostro y una contusión en su ojo.

—¿Shisui? ¿Qué pasó? —pregunté y me apresuré a agacharme delante de él. Puse a Izuna en el suelo, pasándole un camión de juguete roto, luego me volví hacia Shisui y lo obligué a retirar sus manos de su rostro. Shisui trató de poner resistencia, pero yo era más fuerte y no pudo luchar contra mí. Mientras bajaba sus manos, Shisui no me miró, pero pude ver el estado de su rostro. La ira me hizo temblar—. ¿Quién te hizo esto? —espeté.

Shisui parpadeó cuando apreté mis dedos contra su ojo hinchado.

—¡Shisui! —grité, Izuna saltó sorprendido por mi tono airado mientras jugaba en el suelo.

—No quiero hablar sobre eso —dijo Shisui, casi sin voz mientras lloraba.

—Bueno, yo si quiero hablar de eso —dije y limpié sus lágrimas con mis pulgares—. ¡Dime quien te golpeó! ¡Los voy a matar!

Shisui levantó su cabeza y suspiró.

—Algunos chicos mayores de la escuela. Itachi. No los conoces.

—¿Por qué te golpearon? —pregunté. Tomando una toalla, empecé a limpiar la sangre de su rostro. Izuna, fue gateando hacia Shisui y se aupó hasta apoyarse en el sofá,

—Hola, fratellinio —Shisui saludó a Izuna y lo atrajo contra su pecho, los gorditos brazos de Izuna le devolvieron el abrazo.

—¿Shisui? —insistí de nuevo—. ¿Por qué te golpearon?

Los ojos de Shisui se entrecerraron.

—¿Me has visto, Itachi? —Shisui usó su mano para apuntar su ropa—. Soy pobre. Todas mis ropas me quedan pequeñas, mis zapatillas deportivas están viejas y me lastiman los pies, pero papá no dejará a mamá comprarnos ropa nueva. Los chicos en la escuela... ellos se burlan de mí...

Tirando la toalla en el suelo, presionó mi mano sobre mi estómago. Se sintió como si alguien me hubiera pateado... ellos se burlan de mi...

—Todos los días es lo mismo, Itachi. No soy tú, nadie se asusta de mí. —Shisui bajó la cabeza. Sus lágrimas cayeron en sus sucios jeans—. ¡Odio nuestras vidas! Odio a papá. Odio que golpeé a la mamma, la hace trabajar todo el tiempo y se gasta el dinero en emborracharse.

Mientras miraba a mis hermanos pequeños, los dos vestían ropas desgastadas, todos pasábamos hambre, algo en mi estalló. Poniéndome de pie, mis entrañas parecían que estaban ardiendo.

—¿Itachi? —El rostro magullado de Shisui me miraba desde el sillón. Estaba asustado.

—Quédate con Izuna. —le ordené y salí corriendo del remolque. Estaba tan enojado. ¡Tan malditamente enojado! Antes de que me diera cuenta, estaba corriendo por el parque de caravanas. Mantuve mis ojos mirando hacia delante mientras corría al bar del parque, ignorando a los Heighters, ignorando a todos los Heighters que me miraban pasar corriendo y atravesaba la entrada del bar.

Me detuve y busqué a mi padre. Escuchando a una mujer reír, mis ojos siguieron el sonido. La sonriente mujer estaba sentada en el regazo de papá.

Irrumpiendo donde él estaba, me paré a su lado y toqué su gran brazo. Sus ojos se encontraron con los míos y su rostro se llenó de disgusto.

—¿Qué diablos estás haciendo aquí, chico? —Arrastró sus palabras, con tono ebrio.

Respirando profundamente, dije:

—Necesito dinero. Shisui y Izuna necesitan ropas y necesitamos comida.

La mirada de papá se oscureció mientras yo hablaba y me empujó fuertemente en mi pecho. Tropecé hacia atrás mientras él y la mujer se reían.

Apretando mis dientes, corrí hacía mi padre y lo empujé de vuelta.

—¡Ellos necesitan ropa! ¡No es justo! —grité—. ¡A Shisui le están pegando en la escuela por eso!

El bar se quedó en silencio mientras papá me miraba. Su piel empezó a enrojecer y empecé a retroceder. Mi estómago dio vueltas mientras me di cuenta de lo que acababa de hacer. Lo hice enojar. Realmente enojar.

En segundos papá había echado de sus piernas a la mujer semi desnuda y estiró su mano para tomarme del cuello. Me arrastró fuera del bar y se abrió camino por las puertas hacia la fría noche.

La mano libre de papá agarró mi cabello y tiró de mí para mirarlo.

—¡Tú pequeño cabrón! ¡Vas a pagar por estar jodiéndome!

Su mano soltó mi cabello y me golpeó en la mandíbula, el dolor hizo que mis piernas se debilitaran y luego caí al suelo. Mi cuero cabelludo ardía mientras papá mantenía su firme agarre de mi cabello, golpeándome de nuevo en mi estómago. Soltó mi cabello y me dejó caer. Cerrando mis ojos, me doblé en el suelo tratando de protegerme de la patada que sabía que vendría, cuando de repente, escuché a alguien deteniendo a mi padre.

Abriendo mis ojos, vi a Remo Hoshigaki el líder de los Heighters, agarrando a mi padre de los brazos.

—¿Qué diablos le estás haciendo a ese niño, viejo? —preguntó. Pude notar que papá luchaba para soltarse.

—¡Suéltame, pedazo de mierda! —gritó de vuelta. Pero entonces más integrantes de los Heighters lo rodearon y empezaron a lanzar golpes.

Traté de sentarme, sin saber qué hacer, cuando una mano presionó mi hombro. Mi cabeza giró a mi derecha, cuando vi a Kisame Hoshigaki a mi lado. Traté de alejarme de él. La mamma me había dicho que me mantuviera alejado de la pandilla Heighter, decía que no solo causaban problemas.

—Relájate ragazzo —dijo Kisame—. No te voy a lastimar.

—¿No? —pregunté. Mi voz estaba ronca y mis ojos se volvieron al resto de la pandilla quienes estaban golpeando a mi padre en el suelo.

—Papá —susurré y me tambaleé para ponerme de pie. Kisame se unió a mí y envolvió su brazo alrededor de mi hombro, forzándome a quedarme donde estaba.

Los Heighters empezaron a alejarse de mi padre y mis ojos se abrieron al verlo rodar de dolor en el suelo, cubierto en sangre. Nunca antes había lo visto tan vulnerable.

Mi mirada nunca dejo a mi Papá, pero alguien se puso frente a mí y levanté la mirada. Remo Hoshigaki.

—¿Itachi Uchiha, verdad? —preguntó y asentí, mirando detrás de Remo a todos los otros Heighters que me observaban. Sabía que todos eran Heighters por las estrellas negras en la mejilla izquierda—. ¿Te pega así con frecuencia? —me preguntó Remo. Mi atención volvió al viejo líder Heighter y asentí. No me atrevía a mentirle.

—Yo... yo necesitaba dinero para mis hermanos pequeños. Ellos necesitan ropas. Papá no me lo iba a dar. —Dejé caer mi cabeza por la vergüenza—. Me enojé y vine detrás de él... fui un estúpido. Fue culpa mía que me pegara.

Remo miró hacia atrás sobre su hombro a mi padre tratando de levantarse y sacudió su cabeza.

—Odio a los malditos imbéciles como él. Y tú no eres estúpido, niño. Hiciste bien. —El brazo de Kisame afirmó su agarre en mi hombro y vi a Kisame asentir en dirección a Remo quién levantó su ceja.

No sabía qué significaba esa mirada.

—Filippo, dale al chico un poco de efectivo —Remo le dijo a un chico que estaba a su lado. Filippo metió la mano en su bolsillo, sacó un rollo de efectivo y lo puso en mis manos.

Mi boca se abrió ante la cantidad de dinero que me dio. Debió haber sido como cientos de dólares. Me encontré con la mirada de Remo de nuevo.

—¿Quieres seguir reuniendo efectivo así?

Mirando el dinero de nuevo, asentí.

—Bien —dijo Remo. Giró su mentón hacia Kisame—. ¿Conoces a mi primo pequeño Kisame, Itachi?

Miré a Kisame.

—Un poco.

—Velaré por él, Rem. Le enseñaré como se hacen negocios.

Remo asintió.

—Bene. —Kisame quitó su brazo de mi hombro y Remo se alejó—. Vuelve aquí mañana después de la escuela, Itachi, y nosotros podemos hacer que ganes una maldita tonelada de dinero, mucho más que eso.

La emoción de ganar más efectivo me paralizó. Podía ayudar a mi mamma. Podía ayudar a mis hermanos.

Los Heighters empezaron a alejarse a excepción de Kisame.

—¿Por qué? ¿Por qué me ayudan? No entiendo. —pregunté y Kisame me sonrió.

—Eres Italiano, fratello. Nosotros cuidamos de los nuestros. —Encogió sus hombros—. Y la forma en que hoy enfrentaste a tu viejo muestra que tienes pelotas. No tienes miedo de luchar por una causa. Lo harás bien con nosotros. Te cuidaremos la espalda.

A sus palabras, dejé salir un largo suspiro.

—Grazie —dije sinceramente—. Grazie mille.

Kisame vino a mi lado y tiró su brazo alrededor de mi cuello de nuevo. Empezamos a caminar hacia mi remolque, de vuelta con mis hermanos, cuando miré hacia atrás, a mi padre en el suelo.

—¿Qué pasará con mi padre? Nos volverá a pegar después de esto. Pagaré por lo que hicisteis.

Kisame se rió.

—Él no va a tocarte de nuevo, Itachi. Sabe que es mejor no joder a un Heighers. Ahora estás con nosotros, ragazzo. Si incluso respira a tu alrededor, Remo se asegurará de que no lo vuelva a hacer nunca más.

—¿Papá no tocará a mi mammá y mis hermanos de nuevo? —pregunté aliviado.

Kisame negó y sentí una sonrisa aparecer en mis labios.

Kisame se rio ante mi reacción y asintió.

—Estaré junto a ti siempre, ragazzo. Ahora, vamos a buscar nueva ropa para esos hermanos tuyos...

.

.

.

.

Sakura guardó silencio mientras terminaba de hablar, sintiendo mi maldito corazón herido al pensar en ese día. El día que los Heighters cambiaron mi vida.

—¿Ellos te protegieron de tu violento y borracho padre...? —dijo Sakura—. ¿Ellos te ayudaron a vestir a Shisui y Izuna?

—Sí —le contesté con brusquedad.

—Itachi... —dijo la voz acuosa de Sakura—. Tu vida era tan triste. No me extraña que te fueras con ellos. Te dieron la esperanza de que todo fuera a estar bien.

Negué.

—Fue más que eso. Ellos me salvaron. Mantuvieron a mi familia adelante, cubrían mi espalda... Maldición les debo todo.

—¿Y tu padre?

—Se fue dos semanas después. Se mudó con esa zorra que estaba en su regazo. Fue el mejor día de mi puta vida. Sabía que fue Remo y los Heighters quien lo había obligado a irse. —Solté una carcajada—. Ellos nos salvaron a todos.

—Dios, Itachi. No sé qué decir. Eras tan joven. Tan joven para tener que lidiar con todo eso tú solo.

—No me sentía joven en ese momento. Tenía doce años, pero me parecía como si tuviera veintisiete.

—¿Y Kisame? ¿Os hicisteis buenos amigos?

No podía evitarlo, pero ante su pregunta, todavía sentí ese lazo que había tenido con mi mejor amigo.

—Él siempre estuvo conmigo después de ese día. Nunca me dejó solo. Me enseñó todo lo que necesitaba saber para sobrevivir, para ganar dinero. Fue la única persona que nunca me defraudó. Desde el día en que nos conocimos, hasta el día en el que murió, cuidaba mi espalda sin dudar. —Mi cuerpo se tensó al recordar el momento en que había oído que había muerto... Murió por mi causa. Había sentido como si me hubieran cortado en dos, al recordar nuestra amistad. Me había sentido como el mayor desgraciado en la faz de la tierra—. Y yo se lo entregué a nuestros rivales para salvar a Shisui y Izuna... Todavía no he podido reconciliarme con eso. Creo que nunca lo haré. Nunca he tenido a nadie tan cerca de mí, desde entonces, dudo que alguna vez lo tenga de nuevo.

Oí a Saku sorber, y cuando miré a sus ojos llenos de lágrimas, sentí cada pedacito de tristeza por la pérdida de mi amigo que había mantenido encerrada durante tanto tiempo, salir fuera de mí.

Era culpable de matar al chico que me salvó la vida para salvar a la sangre de mi sangre.

—¿Y la cicatriz? —Señaló Saku de repente—. En tu cuello.

Me encogí de hombros.

—Una pelea estalló en el patio. Kakō y el resto de los Heighters lo usaron para encubrir el llegar hasta mí. —Hice una mueca, aun viéndolos a todos acercarse, ocho malditos de ellos contra mí—. Luché contra ellos lo mejor que pude, pero dos de los hijos de puta me inmovilizaron contra la valla. Kakō sacó el cuchillo y, justo cuando los guardias comenzaron a inundar el patio, pasó el cuchillo por mi cuello. —Agarré más con más fuerzas la mano de Sakura, por alguna razón, necesitaba su maldito apoyo—. Corrieron mientras yo caía al suelo y comenzaba a sangrar.

—Dios mío... —dijo Sakura—. ¿Cómo no moriste?

Mi pecho se apretó.

—Estuve cerca. Me operaron y pasé semanas y semanas en la enfermería.

—Cristo, Itachi... ¿Y Shisui y Izuna? ¿Por qué no se lo dijeron? No puedo creer que a ellos no les importara.

Mi visión se desenfocó mientras miraba al vacío.

—Itachi, por favor. —Presionó Sakura. Viendo su rostro necesitado de respuestas, me maldije en voz baja.

—Cuando averigüe que Kakō entraba en prisión, corté todos los lazos con mis hermanos. Dije a la prisión que no tenía familiares.

—¿No entiendo? —dijo Sakura. Su lindo y preocupado rostro estaba todo arrugado. Levantando mi mano pasé mi dedo tatuado por su mejilla, rodeando un hoyuelo profundo y dije—: Kakō es un imbécil sádico, un loco hijo de puta. Asesinaba por algo más que una simple apuestas, ese bastardo mataba por diversión. Y yo había conseguido que le dispararan a su muchacho, a su hermanito. Ese tipo iba a venir por mí, de cualquier forma que pudiera.

—Shisui y Izuna... —dejó morir las palabras, entendiendo por qué hice lo que hice.

—Izu había dejado de venir a verme para entonces, era solo un niño y me odiaba, pero Shisui aún seguía viniendo cada vez que podía. Sabía que él, Izuna y Tema estaban viviendo una buena puta vida en Cisco. Izu estaba en una buena escuela, Shisui estaba empezando para los 49ers, Tema estaba comiendo mejor y comenzó su propio centro de tratamiento... —Las lágrimas llenaron mis ojos y tosí para aclarar mi voz—. Estaba tan condenadamente orgulloso.

—Oh Itachi —dijo Sakura y besó mi hombro.

Agarrando el cabello de Sakura, terminé.

—De ninguna manera iba a comprometer todo lo que ellos tenían ahora, la vida que mi mamma quería para ellos, así que corté todos los lazos. Kakō y sus malditos chicos no tendrían ninguna posibilidad de llegar hasta mis hermanos, a menos que cruzaran el país y sabía que los cabrones no tenían los fondos para ir tan lejos. Si llegaban a mis hermanos, sería cuando vinieran a verme. Esa mierda no iba a pasar.

—¿Así que Shisui nunca supo que dejaste de verlo para salvarlos?

Sacudí la cabeza para indicar.

—No.

—¿Tampoco nunca supieron que estabas herido... que podrías haber muerto?

—No, y nunca lo sabrán —le dije con severidad.

Acercándose, Sakura presionó sus labios en los míos, besándome en tres ocasiones. Levantándose justo por encima de mi rostro, dijo:

—Ellos deben saber lo que pasaste para salvarlos, Itachi. Si tan solo lo supieran, si Izu supiera...

—No los salvé, Sakura, los condené. Cuando eran niños, hice tratos con los Heighters para llevarlos a pelear a mi lado en la guerra callejera, pensando que era jodidamente importante. Como si un maldito pedazo de mierda del parque de caravanas fuera malditamente importante. Pero mis hermanos, nah, ellos no eran como yo. Eran inteligentes, talentosos... iban a tener algún lugar de la vida. Es decir, una vez que llegaran a alejarse malditamente de mí.

El rostro de Sakura se oscureció.

—Itachi, eres la persona más talentosa que conozco, mira lo que creas —dijo.

Tuve que contener una sonrisa ante la convicción de su voz mientras señalaba mi trabajo en progreso. Pero esa sonrisa rápidamente cayó cuando agarré sus mejillas y le dije:

—No soy una buena persona, Sakura. Estoy maldito. Tengo un alma realmente oscura y muchos más pecados amontonados en mi puerta que el mismo diablo. Deberías estar alejándote de mí, no deseando correr hacia la oscuridad que hay en mis manos de mierda.

—Es demasiado tarde —dijo en voz baja—. Ya me has consumido. No hay vuelta atrás contigo, no ahora. Mi mano nunca va a soltar la tuya, oscuridad eterna o no.

—Entonces te compadezco.

La boca de Sakura se separó y contuvo el aliento de forma brusca. Pasé la yema de mi pulgar por su labio inferior y dije:

—He matado gente. ¿Entiendes eso? He mandado hombres al hospital. He arruinado muchas vidas... no hay redención ahí fuera para mí. No hay belleza, ni cuento de hadas que se encuentre vinculada a mí.

Sakura negó y una expresión determinada se extendió por su rostro. Pero entonces, algo pasó sobre su rostro mientras miraba a mi chico de mármol llorando balas, y encarándome otra vez, ella dijo en voz baja.

—El arte más hermoso a menudo nace de la más desesperada de las circunstancias. —Y con esa única frase, destrozó mi corazón de piedra en pedazos.

—Joder, chica... —gruñí, luchando contra el exceso de emoción, pero Sakura apretó su dedo en mis labios antes de que pudiera decir nada más.

—Tu arte es tu redención, Itachi. Tekka es tu renacimiento, tu segunda oportunidad en la vida. Eres una víctima de las circunstancias, no un pecador por elección.

Sintiendo mi garganta obstruirse tan fuerte que sentí que iba a ahogarme, luché por tomar aire, sólo para susurrar.

La mia luce. —Mientras me quedé mirando a esta mujer a mi lado, completa y jodidamente asombrado por su defensa de un perdedor como yo.

El rostro de Sakura se sonrojó y bajó la cabeza hasta mi pecho, con sus brazos alrededor de mi cintura. Llegando a mi mesa auxiliar, agarré un cigarrillo y lo encendí. Tomé una larga calada.

—No puedo oler el humo ahora sin pensar en ti —murmuró Sakura. Pasé la mano a través de su cabello y me preguntó—. ¿Por qué hay un crucifijo ahora cubriendo tu estrella Heighter?

Tensándome, tomé otra calada y dije:

—Un par de años después de que me encarcelaran, mis compañeros reclusos Heighter entraron en mi celda y la borraron con una aguja y tinta. Habían oído que Kakō venía y no querían que pensara que me habían dejado tranquilo durante dos años sin desquitarse de alguna forma. Ni siquiera me molesté en luchar, los deje borrar el símbolo de una banda a la que ya no quería pertenecer de todos modos. Después del ataque, unos pocos meses más tarde, conseguí una aguja y tinta de mi compañero de celda y lo cambié por completo.

—Pero ¿por qué un crucifijo? —preguntó Sakura cuidadosamente.

Suspirando, le dije:

—La mamma acostumbraba ungir mi frente con agua bendita cada noche cuando era pequeño. No sé por qué, pero cuando levanté esa aguja que había borrado mi pasado, la imagen estaba en mi cabeza y antes de darme cuenta, una cruz estaba en mi cara.

—Itachi —dijo Sakura, y levantó su cabeza—. Acerca de tu mamma...

Cubriendo su boca, sacudí mi cabeza.

—Ya no más. Joder, chica, no puedo soportar hablar más de toda esta mierda esta noche. Te he dicho más de lo que había planeado decirle alguna vez a alguien. Necesito que me dejes en paz ahora.

Yo solo no podía seguir con lo de mi mamma. Era una parte de mi permanecería encerrada en mi corazón y nunca quería abrir. No sería capaz de soportar la culpa.

Sakura asintió, entendiendo que no podía hablar más. Mi cabeza estaba girando con el whisky, pero más que eso, daba vueltas porque Sakura volvió a mí sabiendo quién era yo.

Suavizando el ceño en mi frente Sakura confesó:

—No puedo creer que esté total y absolutamente enamorada de Itachi Uchiha.

Me quedé inmóvil ante su confesión, mi corazón palpitaba contra mis costillas y, sonriendo, mientras ella besaba por todo mi cuello.

—Nadie va a estar feliz acerca de nosotros. No van a entenderlo. Pero no puedo evitar que no me importe.

A ella puede que no. Pero a mí sí.

Podía oír la tristeza en su voz cuando pensaba en sus amigos, en su primo de mierda que descubrieran que ella era mi mujer. Ellos no lo tolerarían.

Necesitando protegerla, le dije:

—No pueden saberlo nunca, Sakura. Es mejor para todos si ellos nunca se enteran de lo nuestro. No quiero que piensen mal de ti por quererme.

Sakura asintió, luego su cabeza se inclinó hacia un lado y sonrió.

—Te quiero, Itachi. Con defectos y todo. Y llámame Saku, ¿de acuerdo? Fuera del trabajo solamente mi madre me llama Sakura.

Tomé una última calada de mi cigarrillo, apagué el filtro en el suelo, luego rodé a Saku sobre su espalda, colocando mis caderas entre sus piernas.

—No más charla. Quiero ese coño mojado de nuevo.