Capítulo 15
SAKURA
Un mes más tarde...
—¿Estás bien, querida, no te ves muy bien?
Había estado de pie en el pasillo esperando a que Tenten bajara por las escaleras para ir a casa de Shisui y Tema, y fruncí el ceño cuando ella apareció en lo alto de las escaleras viéndose débil y frágil.
Tenten sacudió su mano delante de su cara.
—Saku, estoy bien, sólo estoy cansada —dijo, pero mis ojos se estrecharon con preocupación.
En los últimos días había estado muy callada y cansada. Yo estaba preocupada, y por cierto Neji no la dejaría sola, mimándola las veinticuatro horas del día, por lo que sabía que él lo estaba también.
—¿Lista para irnos? —preguntó ella. Asentí, sin querer mostrar mis preocupaciones. A Tenten no le gustaba que la mimaran o se compadecieran de ella.
Karin y Suigetsu habían llegado desde Texas de visita y estaban quedándose en casa de los Uchiha.
En casa de los Uchiha... incluyendo a mi Uchiha. Mi oscuro y torturado Itachi Uchiha. El hombre por el que había perdido la cabeza.
Esta noche, Tema estaba haciéndoles a su mejor amiga y su marido, Karin y Suigetsu, una pequeña fiesta para darles la bienvenida a Seattle. Por supuesto que iba, ellos eran unos de mis mejores amigos después de todo, pero después de no ver a Itachi en casi dos días debido a compromisos laborales, no podía esperar para ir a verlo... para robar esperanzadoramente un momento para abrazarlo... estar sólo en las cercanías.
Después de semanas de estar casi todas las noches en su cama, era adicta. Más que eso, estaba cautivada, obsesionada y completamente enamorada.
Se estaba convirtiendo rápidamente en mi todo, mi sol, mis estrellas, mi luna, mi todo. Aunque pensaba que él sentía lo mismo por mí, nunca estaba completamente convencida. Itachi Uchiha era una fortaleza, un enigma. Su actitud fría decía que él era de una manera, pero conmigo, en la cama, cuando acariciaba mi cabello o me abrazaba después de hacer el amor en el refugio de sus gruesos brazos, sentía más en él. Aunque no se abría mucho, nunca había hablado nuevamente de su pasado, mantenía sus sentimientos enterrados, sabía que lo hacía feliz, y en una ocasión, tuve la oportunidad de hacerlo sonreír...
No había nada más hermoso que un sonriente Itachi Uchiha.
Anhelaba que se abriera a mí. Podía ver que estaba atormentado. Apenas dormía. Trabajaba todas las horas que podía en sus desgarradoras esculturas, como si purgara su pasado. Sabía que si compartía sus demonios conmigo, tal vez podría comenzar a sanar, pero por ahora, estaba contenta con sólo tenerlo en mi vida. Sabía, que para muchos, la idea de estar en compañía de este hombre sería una pesadilla viviente. Pero, para mí, estar en sus fuertes brazos era el más dulce de los sueños... mi más sincero deseo hecho realidad... mi rayo de luz.
—Estoy lista, cariño —le dije a Tenten. Traté de no mostrar mi creciente excitación ante el hecho de ver a mi hombre en cuestión de minutos, mientras caminábamos hacia mi auto de alquiler bajo el cielo lluvioso de Seattle.
Caminando lentamente junto a Tenten, nos metimos en el coche y mi corazón empezó a palpitar mientras me imaginaba su dura mirada penetrando la mía. Sólo nosotros dos conscientes de nuestra relación prohibida. Esto hacia que todo lo que compartíamos fuese mucho más intenso, como sabíamos cada momento que pasábamos besándonos, discutiendo arte y unidos porque así era únicamente para nosotros.
—Te ves hermosa esta noche —dijo Tenten, apoyando su cabeza contra el reposacabezas de cuero, pasando su mano suavemente sobre su creciente barriga.
Me sonrojé mientras pasé las manos por mi falda estrecha hasta la rodilla, de color negro, cintura alta; mi corta camisa blanca de mangas tres cuartos que mostraba unos tres centímetros de piel entre esta y mi falda. Mi cabello estaba suelto y rizado, sujeto a un lado, y en mis pies tenía mis Louboutins de cuero negro, de diez centímetros.
Me había vestido para Itachi. Y, literalmente, no podía esperar a que me viera. Quería ver esa llama de desesperación en sus ojos, la que mostraba cuando estaba desnuda ante él y sus manos de escultor acarician cada centímetro de mi cuerpo como si fuera una musa.
—Sólo pensé en hacer un esfuerzo —le dije con un encogimiento de hombros indiferente cuando atrapé a Tenten mirando mi rostro con curiosidad.
Tenten sonrió en respuesta, pero me di cuenta por su mirada evaluadora que su mente de genio estaba trabajando de más. Cambié la conversación a los últimos avances en la galería, tratando de apartarla del rastro. En escasos diez minutos, llegamos a la residencia de los Uchiha.
Me hizo reír cuando me di cuenta, hace semanas, cuán cerca vivían de Tenten y Neji. No es que Itachi se quedara mucho aquí ahora, prácticamente se había mudado a su estudio, huyendo de sus problemas no resueltos con Izuna... pero sobre todo para que pudiéramos estar juntos. Sabía que Shisui y Tema se preguntaban dónde estaba casi todas las noches, los había oído hablar en susurros apresurados, preocupados de que Itachi estuviera metido en nada bueno de nuevo, pero no lo presionaban. Creo que Shisui tenía miedo de que si él preguntaba, Itachi se cerraría en banda por completo. Probablemente tenía razón; los escudos de Itachi era tan fáciles de romper como el Fuerte Knox.
Deseaba que les hablara sobre su arte, sobre el hecho de que había cambiado su vida y que era... un hombre excepcional, con un talento inigualable, pero no lo haría. En cambio, prefería que ellos pensaran que trabajaba en un mercado de pescado, retribuyéndole a la sociedad por sus agravios ilegales.
Se mantenía en un estado de auto-odio que me rompía el corazón. Se merecía el mundo, pero hasta que llegara el día en que le diera la bienvenida a ese mundo, yo le otorgaba toda la gracia que podía reunir.
Mientras Tenten y yo salíamos del coche, la puerta principal se abrió. Neji llegó a toda prisa, buscando con sus ojos de inmediato a su esposa. Había estado en el entrenamiento de los Seahawks con Shisui, después vino directamente aquí. Suigetsu había ido con ellos, y yo había acordado traer a Tenten.
—Nena, ¿estás bien? —Oí a Neji preguntarle a Tenten mientras la ayudaba a salir del coche—. No te ves muy bien.
—Neji, no empieces. Estoy bien —comentó Tenten exasperada, pero Neji lanzó una mirada preocupada hacia mí. Me encogí de hombros. Honestamente, no pensaba que se viera bien tampoco, pero era una mujer testaruda que insistió en venir.
Andando detrás de Tenten y Neji, miré las ventanas en busca de signos de vida. Entramos a la casa lentamente, y tan pronto como lo hice, mis ojos buscaron a Itachi. Mi estómago cayó ante la desilusión cuando vi que no estaba en ninguna parte, que se viera. Era como una adicta, anhelando sólo un vistazo de su entrenada forma.
Neji tomó el liderazgo, sosteniendo a Tenten, y llevándonos hacia la izquierda a una enorme sala de televisión. En el sofá justo en frente de mí estaba una Karin embarazada, su rojo cabello y rojas mejillas tan brillantes como siempre.
Tan pronto como sus ojos se encontraron con los míos, apresuradamente se levantó del sofá y plasmó la sonrisa más grande.
—¡Saku maldita Hyūga! —gritó alto con su acento tejano, sus acostumbrados vaqueros con diamantes de imitación y camisa a cuadros cubriendo su gran barriga.
—¡Karin! —grité de emoción y crucé la habitación para tomarla en mis brazos—. ¡Te he echado mucho de menos, niña! —le dije al oído y ella me sostuvo en su fuerte y apretado abrazo.
Karin me apartó y, mirando mi cuerpo, silbó bajo.
—¡Mierda, chica! Justo cuando pensaba que no podías ser más sexy, vas y la sacas fuera del estadio. Me haces querer comprar un consolador con correa y follar tu trasero.
Con el ceño fruncido, negué con la cabeza y traté de aceptar sus palabras por lo que eran: ¡un cumplido!
Inclinándome, froté mi mano sobre su barriga y levanté la vista hacia su rostro sonriente.
—Te ves increíble, querida. ¡No puedo creer que estés embarazada de nuevo! ¿Cuál es este ahora, el tercero?
Ella se encogió de hombros en un "eh", y señaló a SH.
—Sí, el tercero. Culpa a éste, que no puede mantener sus malditas manos fuera de mí. Lo cual entiendo por cierto, ya que soy una jodida perra caliente.
Riéndose de sus habituales y escandalosas travesuras, miré alrededor de Karin para ver a Suigetsu de pie junto a Shisui y Izuna, todos bebiendo cervezas y viendo un partido de baloncesto en la pantalla gigante de Shisui.
Moviéndome en torno a Karin, me trasladé hacia el siempre sonriente Suigetsu y me aplastó en un abrazo de oso.
—¿Cómo estás, querido? —le pregunté, y di un paso atrás.
—Nada mal, Saku, ¿cómo estás? Oí que estás dirigiendo una jodida y lujosa exposición aquí en Seattle.
Rodé los ojos y miré a Shisui que sonreía.
—Déjame adivinar, ¿Shisui te dijo eso?
A mi lado Izuna comenzó a reír mientras Shisui se encogía de hombros.
—Bueno es así, ¿verdad? Jodida y lujosa, quiero decir.
Sacudiendo mi cabeza, pero sonriendo por cómo ellos veían el mundo del arte, lancé mi brazo alrededor del hombro de Izuna, alborotando su cabello.
—¡No te rías, Izu, estás destinado a ser más culto que estos pobres hombres!
Izuna se rió, después su rostro se iluminó de un rojo brillante mientras miraba mi traje.
—Te ves muy bonita, Saku —dijo en voz baja, y mi corazón se llenó. Él era un buen chico. Pero entonces mi corazón se desinfló rápidamente cuando deseé poder hacerle ver que Itachi era un buen hombre también. Un hombre que había hecho más por sus hermanos de lo que sabían. Un hombre que los amaba tanto, pero no sabía cómo expresarlo, porque nunca le habían mostrado cómo hacerlo.
Fingiendo una sonrisa, lo abracé con fuerza y le respondí:
—Y tú no estás nada mal, Izu. Dime, ¿tienes una chica ya? Las chicas en la universidad deben estar clamando detrás de ti. Si yo fuera más joven, habrías estado en mi radar. —Guiñé un ojo.
Me dio su tímida sonrisa habitual y sacudió la cabeza.
—No, señora, no hay chicas por el momento. —Shisui estaba observando a Izu mientras su hermano menor se cerraba en sí mismo. Pude ver la preocupación acumulándose en su mirada.
—¡Hola Saku! —Oyendo a Tema entrar en la habitación, me di la vuelta y caminé para besarla en la mejilla. A los pocos minutos tenía una copa de Moscato en la mano y estaba aplastada junto a Karin en el sofá, con Tenten y Tema sentadas en sillas delante de nosotras.
Vislumbré algo parpadeando en el oscuro pasillo, mi corazón comenzó a correr cuando vi a Itachi, escondiéndose en las sombras, observándome. Sabiendo que podía verme, sonreí en su dirección y noté en sus labios una sonrisa mientras daba un paso más hacia la luz. Dios, era hermoso. Como siempre, estaba vestido todo de negro, con el cabello largo cayendo como una cortina sobre su rostro, pero esos ojos oscuros que me gustaban tanto se quedaran en mí, bebiéndome, haciéndome sentir como la mujer más bella del mundo.
Dios, quería ir con él. Quería que mis amigos le dieran la bienvenida a la sala, hablaran con él porque les gustara y me pertenecía. Quería que me vieran caminar abiertamente hasta él y besarlo sin vergüenza. Quería que lo aceptaran porque pertenecíamos el uno al otro, no importa lo difícil que fuera para ellos entender.
Pero sabía que no podía ser. Mis amigos y sus hermanos, no lo entenderían. Así que en su lugar, tuve que conformarme con ojeadas furtivas a las sombras, donde el hombre que sostenía mi corazón se escondía del mundo... el mundo que lo había rechazado... el mundo que, a los treinta años de edad, no lo entendía.
—¿Itachi?
Cada músculo se me congeló al oír pronunciar el nombre de Itachi detrás de mí. Me volví para ver Shisui corriendo hacia delante, una enorme sonrisa en su rostro.
Mirando de nuevo hacia las sombras, vi a Itachi tratando de agachar la cabeza y escapar, pero era demasiado tarde, Shisui ya lo había visto.
—¡Itachi! —dijo Shisui—. Ven a tomar una cerveza con nosotros... conmigo. —Se corrigió tardíamente, claramente avergonzado por su desliz.
Los ojos de Neji se estrecharon mientras permanecía de pie junto a Izu y Suigetsu. Izuna bajó los ojos al ver a su hermano mayor y Neji murmuró algo para sí mismo.
La ira ardía en mis venas ante el cambio de estado de ánimo de mi primo. Afortunadamente, Shisui se puso delante de Itachi, con una mirada esperanzada en su rostro.
—No pensé que bajarías cuando te invité a unirte a nosotros antes. Estoy tan malditamente feliz de que lo hayas hecho, fratello.
Mi corazón se hundió cuando escuché lo feliz que Shisui era de que Itachi hubiera mostrado la cara. Porque sabía que Itachi nunca habría llegado hasta aquí para sentarse con nosotros. Él evitaba cualquier contacto con la gente o multitudes. Sin embargo, allí estaba, merodeando en la seguridad de la oscuridad sólo para poder verme. De pronto sentí ganas de llorar. Itachi debería sentirse bienvenido en la casa de su propia familia. No debería tener que guardarse lo que sentía por mí en secreto, por miedo a que mis amigos me dieran la espalda... a causa del hombre que yo había elegido...
Mi mano voló hacia mi pecho mientras me daba cuenta de lo que había estado a punto de admitir. No podía... no, todavía no, ¿verdad? Era imposible... Era...
Mierda... era verdad...
Eché un vistazo para comprobar que nadie había notado mi extraña reacción, y nadie lo había hecho... hasta que me encontré mirando a un par familiares ojos castaños, la mirada de Tenten Hyūga estaba firmemente pegada en mí.
Forzando mi atención al pasillo a oscuras, estaba convencida de que Itachi se negaría a entrar. Inventaría alguna pobre excusa y saldría. Sabía que esta era su idea del infierno, así que tuve que evitar que mi boca cayera abierta cuando él, más bien torpemente, caminó de lleno hacia la luz. Se veía tan condenadamente sexy y melancólico que, por un momento, no pude recuperar el aliento.
Lo amaba. Amaba a este hombre torturado delante de mí con una intensidad sin aliento.
Shisui, claramente también sorprendido por el aspecto de su hermano, pasó un brazo alrededor del hombro de Itachi y lo condujo hacia un cubo de las cervezas, entregándole una botella de Bud.
—¿Ese es Itachi? —susurró Karin a mi lado. Girando en mi lugar hacia el sofá para hacer ponerme frente a ella, asentí en silencio. Quería decirle que era mi Itachi, mi Tekka, el hombre que me había devuelto a la vida con su profunda alma y magnética fuerza oscura, pero no pude.
Viendo a Karin evaluar a mi hombre, me preparé para que hablará mierda sobre él, sintiendo como si estuviera apuñalándome con una daga en el proceso, pero en la manera típica de Karin, hizo justo lo contrario.
—¡No me jodas, ese tipo es el pecado en un palo! —exclamó Karin con un suspiro apasionado.
Tenten y Tema sacudieron sus cabezas hacia Karin cuyos ojos estaban desorbitados en Itachi. Sus ojos carmines revisaron cada centímetro de su cuerpo formado, un cuerpo que ahora conocía mejor que el mío, cada tatuaje suyo grabado en mi memoria.
—Quiero decir, ese largo cabello negro, la barba, los tatuajes en el cuello y la cara... toda la cosa de ¿soy un ex-pandillero, podría matarte en cualquier momento y he pasado un tiempo difícil? ¡Cielos! —Karin se abanicó con la mano—. ¡Si no estuviera embarazada y casada estaría toda en esa mierda de chico malo! ¡Me aseguraría malditamente de rehabilitarlo!
Suigetsu miraba a Karin, exasperado. Después de todo, ella estaba mostrando su típico yo en voz alta. Me obligué a bajar un trago de mi vino por temor a echarme a reír... especialmente cuando miré a Shisui y Itachi, quienes estaban mirando a Karin con expresiones mutuas de incredulidad. Al menos Shisui lo estaba; Itachi simplemente la miraba con su mandíbula apretada.
Shisui, decidiendo ignorar a Karin, hizo un gesto con la cabeza a Itachi en la dirección de Suigetsu, Neji y Izuna. Cuando Itachi a regañadientes miró a los tres hombres, todos estaban mirándolo con expresiones cautelosas, ninguna de las cuales parecían exactamente acogedoras.
Itachi apuntó con su cerveza al asiento más cercano a mí, debajo de la televisión.
—Solo voy a ver el partido —dijo con voz ronca. Sonaba con su acostumbrada fachada dura y áspera, pero podía detectar el dolor y el daño en su mirada y su voz. Las acciones de Izuna dejaron en claro que no quería a Itachi en ninguna parte cerca de él.
Oyendo a Karin suspirar de nuevo, miré en dirección a ella y todavía estaba abanicándose, mirando con avidez a mi hombre. Se volvió hacia mí y murmuró.
—¡Esa voz!
Una parte de mí se alegró de que Karin se sintiera de la forma en que lo hacía yo. Eso me daba la esperanza de que Itachi y yo no fuéramos una causa perdida.
—Así qué, Saku —dijo Karin, recostándose contra el sofá mientras Itachi se dejó caer en la silla... la silla que ofrecía una vista perfecta de mí. Demonios, él estaba sentado exactamente en el lado opuesto.
Me volví hacia Karin.
—¿Sí, querida?
—¿Se rumora que, te tienes un nuevo novio? —Las cejas de Karin bailaban, pero mis mejillas llamearon cuando vi a Itachi congelarse en mi visión periférica.
—Sí —susurré y tomé un sorbo de mi vino, tratando de evitar las preguntas que seguirían.
—Entonces, ¿cómo es? Algún artista solitario, ¿no?
Sintiendo mi respiración escapar, asentí con la cabeza.
—Sí.
Karin golpeó su muslo con un sonido fuerte y gimió de frustración ante mis respuestas cortas.
—Saku, estoy embarazada y he estado con Suigetsu por lo que parece una eternidad. Tenten está embarazada también y Tema y Shisui... bueno, ella es su pequeña pix y él es su chico malo. Ellos no ven a nadie más, así que necesitamos vivir la vida de solteros indirectamente a través de ti. ¡Así que suéltalo, necesito detalles! ¡Mamá necesita algunos chismes!
Lanzando un vistazo a Itachi, debatí qué decir. Estaba preocupada de que fuera demasiado transparente y nuestro secreto saliera a la luz. Itachi levantó su botella de cerveza hacia su boca y lanzó una mirada hacia mí. Esa sola mirada hambrienta me derritió en el acto. Pensé que tal vez había un destello de diversión en sus ojos oscuros, pero desde aquí no podía estar segura.
Mierda. No tenía ni idea de cómo salir de esta.
Sintiendo la mirada puntillosa de Karin quemando a través de mí, suspiré con la derrota y pregunté:
—¿Qué quieres saber, Karin? En realidad no quiero hablar de eso... es privado.
Cuando sonrió con entusiasmo, sabía que no debería haber hablado.
Hizo una mueca, sumida en sus pensamientos, a continuación, frunciendo los labios, preguntó:
—¿Cómo es él en la cama? ¿Dotado? ¿La follada del siglo?
Ahogado en mi sorbo de vino, tosí y miré a Tema y Tenten que estaban tratando de no reírse de Karin.
—¡Karin! —Tema la amonestó, con los labios fruncidos con humor— ¡Basta!
El rostro de Karin se arrugó por la confusión.
—¿Qué?
—No puedes preguntas ese tipo de cosas, Karin —dijo Tenten con cansancio, haciéndome olvidar momentáneamente mi exasperación por Karin y preocuparme por ella en su lugar.
—Sí puedo. ¡Todos somos amigos aquí! Y malditamente escuché a ti y Bullet follando y gritando más de lo que quería cuando regresaba de la universidad, así que ¡no hay necesidad de la timidez ahora, Tenten! ¡No es ningún secreto que ellos están en ello como conejos! —La mano de Karin se posó en mi brazo mientras los ojos de Tenten estaban desorbitados. Neji tosió detrás de nosotras, y Karin siguió independientemente—. ¿Y bien? ¿El sexo? ¿Cómo es?
Dejando escapar un suspiro, pude sentir mi rostro en llamas, pero contesté en voz baja:
—El mejor de mi vida, Karin. Es... es, increíble. ¿Estás feliz ahora?
Karin sonrió y estiró la cabeza para mirar a Itachi, que estaba mirando hacia mí, su mirada se encendió con la calidez que había llegado a adorar. Él me quería. Y, Cristo, yo lo quería también.
—Y... ¿qué aspecto tiene? Necesito visualizar —preguntó Karin.
—Es oscuro, hermoso, musculoso... prácticamente casi perfecto —susurré, dándome cuenta de que estaba revelando más lo que sentía por Itachi de lo previsto—. Poniéndolo simple, es el hombre más increíble y asombroso que he conocido, en todos los sentidos, no sólo físicamente, a pesar de que está más allá de las palabras en ese departamento también.
—¡Vaya, mierda, Saku! —dijo Karin, por una vez, su voz a un volumen bajo—. No sabía que te habías enamorado de ese hombre. Pensé que era sólo ¿sexo?
Mi ritmo cardíaco se aceleró hasta igualar la velocidad de las alas de un colibrí, y parpadeando demasiado rápido. El brazo de Karin se enroscó sobre mis hombros.
—Realmente te gusta este chico misterioso, ¿eh?
Inhalando un suspiro tembloroso, eché un vistazo hacia Itachi que estaba agarrando el cuello de la botella con una intensidad feroz, esperando con gran expectación por mi respuesta.
—Me ha robado el corazón —le susurré—. Está irreparable y desesperadamente fusionado con el suyo.
—Saku... —Tema la hizo callar y vi las lágrimas llenar sus ojos—. No tenía ni idea...
Sintiendo la habitación adquirir un silencio ensordecedor, miré hacia arriba para ver a todos mis amigos mirándome con sorpresa. Aclarando mi garganta, nerviosamente pregunté:
—¿Por qué estáis todos mirándome así? Ella me preguntó, sólo estaba siendo honesta.
Tenten se inclinó hacia delante capturando mi atención.
—Simplemente nunca te he visto así de enamorada de un chico antes, cariño. Es una bendición el presenciarlo.
Mientras miraba a los ojos caramelo de mi mejor amiga, le dije:
—Eso es porque él no es cualquier hombre, él es mi más, mi rayo, el que he estado esperando toda mi vida. —Una sonrisa tiró de mis labios mientras miraba al suelo y le susurré—. Él es mi corazón.
Sabía que no podían entender que acababa de llamar a Itachi mi corazón, y me alegré, era una admisión para mí misma.
Cuando miré a través del cuarto, Itachi estaba sentado en su silla, con los codos sobre las rodillas. Entonces, como si ya sintiera mi mirada, y siendo incapaz de hacer frente a tal declaración, sin decir palabra, se levantó y salió de la habitación.
Sintiendo como si el aire hubiera abandonado mis pulmones, apuré el resto de mi vino y me puse de pie también.
—Si me disculpan un momento —dije—. Voy al baño.
Dejando mis amigos reflexionando sobre mi confesión, entré en el pasillo y, a mi izquierda, vi a Itachi entrar en la cocina.
Al mirar hacia abajo en mi copa vacía en la mano, sabía que podría usar eso como mi excusa para estar en la cocina con Itachi. Simplemente necesitaba más vino. Eso era creíble, ¿no?
Sin pensármelo dos veces, entré en la enorme cocina, de inmediato vi a Itachi. Estaba inclinado, con manos colocadas firmemente en el mostrador. Su espalda estaba subiendo y bajando con respiraciones profundas controladas.
Comprobando que no había nadie detrás de mí, me dirigí hacia adelante y me detuve a su lado. Itachi saltó sintiendo mi presencia. Su expresión cautelosa cambió, cuando vio que era yo se relajó.
Sin quitar las manos de encima del mostrador, sus ojos me desnudaron lentamente. Podía sentir mis pezones endurecerse bajo su duro escrutinio.
—Joder, Saku —dijo con voz áspera, su voz profunda y gutural, y pude ver una protuberancia formarse debajo de sus pantalones vaqueros—. Me estás matando al verte así. Casi te tomó en la sala de TV.
Apretando mis muslos por el efecto que sus palabras estaban teniendo sobre mí, me volví y fingí buscar un armario alto. Podía sentir la dura mirada de Itachi en mí cuando me alcé, fingiendo buscar más vino, sabiendo que mi estómago se estaba mostrando y mis pechos presionaban hacia fuera mientras mi espalda se arqueaba.
Al oír un gemido, mi respiración se detuvo cuando Itachi pasó junto a mi espalda con su frente como si estuviera pasando inocentemente por mí lado para llegar a un vaso.
Los escalofríos corrieron por mi columna vertebral con su duro toque y ahogué un gemido mientras su cálido aliento flotaba por mi cuello. Como si presionarme encima del mostrador no me tuviera anhelando que me follara justo allí, el roce de sus labios y los dientes sobre la piel de mi nuca seguro lo hicieron.
Golpeando mi palma en la superficie de granito para calmarme, ordenó con voz casi inaudible.
—Será mejor que te dejes esos zapatos puestos esta noche cuando llegues. Te quiero sin nada más que ellos, tu cabello como lo está ahora y esos tacones golpeando en mi espalda.
Abrí la otra puerta del armario, temblando; seguí fingiendo buscar cualquier cosa, cuando su brazo empujó hacia el mío, con su piel rozándome.
—¿Me tendrás a solas? —le pregunté, sabiendo que él, y sólo él, sería capaz de oírme.
La cabeza de Itachi se acercó más a la mía. Lamiendo lo largo de la concha de mi oreja con su lengua caliente, mis ojos aletearon cerrados, gruñó.
—Malditamente apuesta a que sí. No te tuve anoche y no me gustó. Yo... —Se aclaró la garganta y le oí hacer una pausa en su respiración—. Te extrañé, carina...
Completamente sorprendida por la confesión sincera que salió de su boca, que por lo general no admitía nada. Una confesión tan tierna, con palabras honestas, cuando rara vez me daba algo, me hizo entrar en lágrimas.
—Itachi...
Me obligué a mantenerme tranquila, pero mi corazón estaba tan lleno de emoción y mi sangre tan cargada de necesidad que no creí que fuera posible. Itachi no se movió de mi lado. De hecho su gran mano flotó a través de mi estómago, vagando sus dedos primero a lo largo de mi piel expuesta, a continuación, a la deriva hasta trazar el contorno de mi coño mientras sus labios a la deriva de mi oreja pellizcando en mi cuello.
—¿Lo dijiste en serio? —susurró y mis ojos se abrieron.
—¿En serio qué? —pregunté sin aliento.
—Que he robado tu corazón —dijo suavemente. Podía escuchar la reticencia en su voz de lo mucho que quería saber—. Que está irremediablemente fusionado con el mío.
La calidez llenó mi pecho mientras repetía mis palabras completamente honestas. Deslizándose detrás de mí, con su brazo alrededor de mi cintura inquebrantable rozando mi trasero contra su dura entrepierna.
—Bueno, ¿es verdad? Necesito saber...
Podía sentir su corazón latiendo rápidamente contra mi espalda. Sonreí. Estaba nervioso. Itachi Uchiha, conmigo envuelta en sus fuertes brazos tatuados, desesperadamente quería que mis palabras fueran ciertas. Necesitaba a alguien que cuidara de él con tanta fuerza... necesitaba ser... querido.
—Sí —murmuré en voz baja, sabiendo que yo le podría decir mucho más si yo no estuviera tan asustada—. Quise decir cada palabra. Me has consumido por completo, poseído y me hiciste tuya, querido. Toda tuya…
El agarre de Itachi en mi cintura bordeaba lo doloroso y sus caderas se apretaban contra mi trasero con más fuerza, lo que se convirtió en un gemido. Su duro pene se estaba burlando de mi coño ya húmedo.
Jadeando y rozando las uñas contra sus manos, Itachi fue súbitamente arrastrándome a través de la habitación hacia la despensa. Una vez allí, estrelló mi espalda contra la pared, con las manos manteniendo mis muñecas puestas por encima de mi cabeza. Mi pecho se movía y gemía al ver mis pechos hinchándose con su atención.
—Siento que quiero follarte duro, aquí mismo, ahora mismo, contra esta pared, la mia luce. Quiero sentir que estrangulas mi polla tan jodidamente bien.
Lamí mis labios, por lo encendida que estaba, no podía soportar la tortura, la más dulce de las torturas, pero tortura no obstante. Quería lo que ofrecía también. Yo lo necesitaba dentro de mí. Necesitaba esa sensación de un rayo atravesando mi cuerpo, la que sólo he sentido cuando llegué con él.
—Shisui... —Suspiré, mis párpados entre cerrados mientras boca húmeda descendía sobre la mía. Los cortos pelos de su barba se burlaban de mis labios mientras que ligeramente se acercaba a mí, el sabor de la cerveza siendo prominente alrededor de su boca. Luego, en un gemido sin restricciones, Itachi se lanzó hacia delante y tomó mis labios con los suyos, sus movimientos furiosos. Ofrecieron una promesa... una promesa de lo que le esperaba para nosotros esta noche, cuando estuviéramos solos... cuando podríamos estar juntos sin restricciones.
Necesitando más, necesitando cada vez más a este hombre, empujé mi lengua insistente a través de sus labios hasta que mi lengua acarició la suya.
Itachi mostrando una fortaleza que fallé en poseer, se separó con un gruñido de dolor. Dejando caer una de sus manos para enmarcar mi rostro con la otra, que tenía un intrincado tatuaje de telaraña que cubría su piel, dijo.
—Mándame un mensaje cuando quieras irte, voy a estar fuera esperando. Te quiero para mí solo esta noche.
Asintiendo con la cabeza aturdida, mis piernas temblando como un potro recién nacido, retiré mis brazos del agarre de Itachi, enderezando mi falda y cabello. La dura mirada de Itachi estaba observándome todo el tiempo. Levanté mi mano para descansar sobre su pecho y confirmé.
—Esta noche, querido.
Justo cuando me di la vuelta para marcharme, Itachi dio un codazo a su barbilla en la dirección de mis zapatos.
—Recuerda, malditamente se quedan.
Asentí en silencio, luchando contra el impulso instintivo que tenía para no caer en sus brazos y rogarle que me llevara en ese mismo segundo, me obligué a caminar de nuevo a la sala de televisión donde todo el mundo seguía hablando. Ellos no sabían que acababa de experimentar uno de los momentos más eróticos de mi vida con el hombre que acababa de comprometer mi corazón.
Lanzando una sonrisa, me dejé caer junto Karin, ella enlazó su brazo con el mío, y me preguntó:
—Entonces, ¿qué me he perdido?
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La noche parecía arrastrarse al escuchar todas las conversaciones que mis amigos tuvieron, pero me sentía desconectada. En mi cabeza, estaba de vuelta en esa cocina con Itachi. Estaba siendo despojada de mi ropa. Estaba siendo devorada por su boca hambrienta y húmeda lengua... Y yo estaba agarrando su espalda mientras lloraba por mi liberación.
Tenten y Neji se fueron después de unas horas, Tenten finalmente admitió que no se sentía muy bien. Parecía incómoda durante toda la noche. Estaba realmente preocupada por ella.
Por último, alrededor de la medianoche, me levanté de la silla, retirándome antes de tiempo con el pretexto de tener que levantarme temprano para ir a la galería. No era completamente una mentira, estaría en la galería mañana, pero primero tenía que pasar tiempo de calidad con el escultor.
A medida que salía, una sombra se movió a mi lado y sonreí sabiendo que Itachi había recibido mi mensaje. Mientras pulsaba el llavero para abrir mi auto, subí en el interior, mi pulso atronador cuando la puerta del lado del pasajero se abrió también. Itachi se deslizó rápidamente en el asiento, apagando las luces interiores, sumiéndonos en la oscuridad.
El aire en el auto parecía estar cargado de electricidad. Colocando su mano en mi rodilla, Itachi me apretó la pierna y gruñó un solo comando.
—Conduce.
Lamiendo mis labios junto al calor de su toque, le dije:
—Sólo tengo que ir a tomar mi bolsa de viaje a casa de Neji. Iré a la galería mañana temprano para colocar tu escultura más reciente. Estamos por finalizar.
La mano de Itachi se congeló en la mía.
—No puedo ir contigo a casa de Neji, el hijo de puta me odia, y si te ve conmigo... —Se detuvo. Podía escuchar la preocupación por mí en su voz.
Llevando mis dedos por su mejilla, le dije.
—Sólo quédate en el coche, estaré fuera en menos de cinco minutos. Él y Tenten estarán en la cama de todos modos. Ellos nunca lo sabrán. —Miré a Itachi. Su expresión facial era glacial. Inclinándose sobre el asiento, me dio un beso en la mejilla sintiendo su barba y le aseguré—. Va a estar bien. Nadie sabrá que estás conmigo... —Sonreí y añadí—. Entonces me puedes llevar de nuevo al estudio donde voy a ser toda tuya, para que hagas lo que quieras...
Itachi me agarró la cabeza con las manos y me llevó en un breve beso duro. Sin aliento, ordenó.
—Malditamente conduce rápido.
Salí de la calzada de los Uchiha tan rápido como pude, y en un tiempo récord, llegué a las puertas eléctricas de Neji donde furiosamente presioné el timbre para que se abrieran.
Cada vez que nos deteníamos en una señal de stop, había tenido que luchar para no tirar hacia atrás el asiento y mendigar a Itachi para que me follara en el auto. Nunca antes había tenido, ni había sentido alguna vez una necesidad irracional de entregarme a un hombre con todo el corazón, por ninguna otra razón que desear estar lo más cerca que pudiéramos llegar físicamente.
Las puertas se abrieron lentamente. Al ver el agarre de Itachi sobre sus piernas, arranqué por el camino de grava y coloqué el auto en el estacionamiento.
Mirando a Itachi, le dije:
—Vuelvo en cinco minutos. —Así mientras abría la puerta del conductor, la puerta de la casa se abrió de golpe. Oí un gemido de dolor de Neji y se me heló la sangre.
Mis ojos se estrecharon en la entrada a oscuras, tratando de ver lo que estaba sucediendo. De repente Neji salió corriendo por la puerta... con Tenten tumbada sin vida en sus brazos.
—¡SAKU! —gritó mientras se dirigía a mi auto, con terror rezumando en su voz. Corrí desde el auto...
—¿Neji? —le pregunté nerviosa. Atrapé su expresión asustada, mientras Tenten, vestida con un camisón de seda largo, colgaba pálida y no respondía en sus brazos.
—¡Ayúdame! —suplicó—. ¡Ella no despierta! ¡No puedo malditamente despertarla!
Las lágrimas comenzaron a bajar por mi cara. Me congelé sin saber qué hacer. Neji estaba temblando mientras presionaba a su esposa en su pecho, los sollozos rasgados de su garganta.
—Cariño —susurró, sus dedos corriendo por su rostro—. Cariño... por favor... despierta...
Ahogada en mis gritos, Neji me miró. La impotencia absoluta grabada en su rostro me hizo caer de rodillas.
—Saku —exclamó—. No puedo perderla, no a mi Tenten, no puedo... —se interrumpió y la meció contra su pecho.
Traté de pensar, intenté descifrar mi mente frenética mientras miraba a mi amiga inconsciente. No podía pensar racionalmente, no podía pensar con claridad.
De repente, el sonido de la puerta de mi auto abriéndose hizo girar mi cabeza hacia donde Itachi estaba caminando alrededor del auto. La cabeza de Neji se levantó cuando vio el movimiento. Sus ojos se helaron.
Antes de que mi primo pudiera hablar, Itachi abrió la puerta trasera del auto, y miró a Neji.
—Entra —ordenó—. Voy a llevarlos a todos al hospital.
Neji, necesitando claramente que alguien que se hiciera cargo, corrió hacia adelante y se deslizó con mucho cuidado en el asiento de atrás, todo el tiempo murmurando a Tenten para que se despertara.
Encontré los ojos de Itachi mientras abría la puerta del lado del pasajero. Mi boca se abrió, pero las palabras no salieron. Frotando rápidamente las lágrimas de mi rostro con las yemas de los pulgares, su expresión se suavizó y dijo:
—Entra, carina. Tenemos que irnos.
Asentí aturdida, me dejé caer en el asiento del pasajero y me volví para ver a Neji presionando besos a lo largo de la frente, las mejillas y los labios de Tenten. Su rostro se contrajo de dolor agonizante. Un fuerte grito escapó de su boca mientras se mecía con Tenten en su regazo, mirando cada pedacito tan indefenso justo como me sentía.
En segundos, Itachi estaba acelerando por el camino, en dirección al hospital.
—Va... Va... va a es-tar bien —tartamudeé a Neji entre sollozos.
Me miró a los ojos.
—¿Y si... y qué si ella muere? Cristo, Saku, ¿qué pasa si los pierdo, a ella y al bebé? No puedo... no puedo... no podré sobrevivir... yo...
Levanté mi mano, la puse sobre la suya y apreté con fuerza.
—Ella va a estar bien. —Mis ojos bajaron a mirar la prominente barriga de Tenten. Agregué—: Ambos lo estarán. Lo prometo.
Sintiendo un golpe dulce con la mano a lo largo de mi muslo, mi mirada se lanzó hacia Itachi que estaba concentrando intensamente en la carretera. Mi corazón se sentía como si fuera a estallar. Él no era alguien que demostrara afecto, pero ese solo gesto, un toque de apoyo hizo que mis ojos se llenaran de lágrimas de gratitud por tenerlo en mi vida.
—Manda un mensaje de texto a Shisui y Tema, carina —susurró Itachi. Asentí, haciendo lo que me pidió. Mis manos temblaban como hojas en una tormenta mientras buscaba en la pantalla táctil. Me las arreglé para encadenar una oración junta, diciendo a nuestros amigos lo que había sucedido. Segundos después, la respuesta vino de Tema diciendo que iban a reunirse en el hospital.
Cuando volví mi atención de nuevo a Neji, se veía... roto. Los recuerdos de la noche en la universidad cuando Tenten había perdido a su primer hijo pasaron por mi mente. No podía hacer eso otra vez. Tenten era su universo... ella era su más.
Cuando me senté, mire fijamente a Neji rogar a su esposa para que estuviera bien. Sabía que no había registrado exactamente quién nos conducía al hospital o por qué Itachi estaba en mi auto para empezar. Pero sabía que una cosa era segura; cuando Tenten saliera de esta, porque ella lo haría, Neji sabría quien había capturado mi corazón... y antes de que terminara la noche, todos mis amigos lo harían...
