Capítulo 17

ITACHI

No quería dejar este almacén y enfrentarme al mundo real, así que, con renuencia, aparté mis brazos de Saku e instantáneamente sentí frío.

—Será mejor ir a ver cómo está Tenten —sugerí, acariciando con mi dedo su barbilla.

Saku retrocedió y, silenciosamente, asintió. Bajó su mano y tomó la mía. Sus pestañas revolotearon y preguntó:

—Está... ¿está esto todavía bien?

Llevando nuestras manos unidas a mis labios, besé el dorso de la suya mientras estudiaba su rostro esperanzado... su rostro esperanzado. Examiné cada línea y curva, una imagen excitante. Una impresión, una chispa... como siempre empezaba.

Pensé en cómo Saku siempre me había mirado así. Volví a pensar en el momento en que vi la escultura de mi mamma, la única en esa galería vacía, luciendo tan solitaria que me hizo desmoronarme. Y luego, por detrás del mármol, allí estaba ella, como una maldita luz brillante, su bello rostro, el más hermoso que había visto en mi vida, observándome en silencio... haciéndome sentir que ya no estaba solo. Debería haberlo sabido entonces, tal vez lo hice de alguna manera, que ésta sería la mujer que cambiaría mi vida.

Meses atrás, me encontraba perdido, ahogándome en un mar de culpa y una devastadora tristeza. Aunque estaba luchando por salir a la superficie, nunca pude liberarme. Cada hijo de puta que conocía, me observaba desde la banda, permitiéndome hundirme, pero no ella. No la mia luce. Pensé que ella podría lanzarme un salvavidas, o, por lo menos, tratar de tirar de mí hacia arriba. Lo que no esperaba que hiciera era saltar y nadar a mi lado... esperando, sólo esperando hasta que estuviera listo para seguirla hasta la orilla.

Apreté la mano de Saku.

—Joder, está más que bien —contesté. Y allí estaba, esa sonrisa cegadora. Esa sonrisa dándome la esperanza de que tal vez esta vida funcionaría, después de todo.

—¿Listo? —preguntó Saku, con una sonrisa nerviosa.

Una parte de mí, decía que debería dejarla ir, que no debería hacerla pasar por la mierda que, sin duda, todo el mundo le iba a dar por estar conmigo. Pero la otra parte de mí, la egoísta, la que por una vez en mi vida quería tener algo sólo mío, se negaba a dejarla ir.

Iba a hacerle caso a la parte egoísta. No iba a renunciar a ella por nada ni nadie.

—Listo —respondí. Juntos, salimos del almacén y por el pasillo hacia la unidad de obstetricia. Cuando llegamos, la sanitaria en el mostrador de enfermeras nos dirigió hacia la sala de espera. Mientras nos acercábamos a la puerta cerrada, miré hacia abajo y pude ver la aprehensión en el rostro de Saku. Estaba nerviosa y me sentí culpable.

Suspirando, dejé caer mi cabeza y traté de soltarla. Saku me miró alarmada y apretó nuestras manos con más fuerza.

—No —dijo con firmeza—. Vamos a enfrentar esto juntos. Estoy dispuesta a soportar lo que nos digan.

Atrayéndola a mi pecho con fuerza, besé la parte superior de su cabeza. Saku giró el pomo de la puerta, enderezó los hombros y caminó, tirando de mí detrás de ella. Se oían murmullos de conversaciones. Cuando levanté la vista, Shisui, Tema, Izuna, Suigetsu y Karin se encontraban sentados en sillas de plástico... hablando... pero todos se hallaban realmente silenciosos ahora, mientras nos observaban.

El silencio se prolongó y Saku se acercó más a mi lado. Cuando levanté mis ojos, cada hijo de puta en la habitación nos estaba mirando... a nuestras manos unidas... a Sakura Hyūga con Itachi Uchiha.

La primera persona a la que se enfrentaron mis ojos fue Shisui, quien se encontraba frunciendo el ceño con confusión, Tema estaba sentada en su regazo, boquiabierta.

Aclarando su garganta, Saku preguntó:

—¿Cómo está Tenten?

Pasé de Shisui para mirar a Izuna, que se encontraba observando entre Saku y yo, de ida y vuelta, ida y vuelta. Nadie parecía feliz. Nadie contestaba la pregunta de Saku.

Mi estómago se hundió y el rostro de Saku palideció cuando escuchamos:

—Tenten está estable. Su condición avanzó a eclampsia, es por eso que colapsó. Su presión arterial era demasiado alta.

Reconocí la voz de Neji Hyūga detrás de nosotros. Saku se tensó. Tirando de su mano para colocarla a mi costado, nos giramos, para que todos pudieran vernos. Envolví mi brazo alrededor de sus hombros y levanté mi barbilla retando a cualquiera de estos hijos de puta dijera algo.

Saku se fundió en mi costado y agarró mi camiseta. Miró a Neji con alivio.

—¿Tenten va a estar bien?

Él tenía sus brazos cruzados contra su pecho y me di cuenta que estaba a punto de estallar.

—Está durmiendo, pero va a estar bien —respondió fríamente.

Oí a Saku suspirar profundamente y le susurré al oído:

—Ella va a estar bien, carina.

—En primer lugar —dijo Neji, mirándome—, quiero agradecerte por traernos a Tenten y a mí aquí. Joder, me vine abajo, pero nos acercaste aquí y ella está a salvo ahora. No puedo pagar eso. —Saku se relajó al escuchar el agradecimiento sincero de su primo, pero, entonces, Neji dejó caer sus manos y la miró—. Pero, en segundo lugar —sacudió la cabeza con incredulidad—, ¿estás con Itachi, Saku? ¿Me estás jodiendo?

Los ojos de Saku se endurecieron y me miró.

—Sí, estoy con Itachi —respondió, con orgullo en su voz.

—Nos dijiste que te veías con ese artista. Joder, ¿nos mentiste? —medio preguntó, medio desafió, luciendo como si no pudiera entender todo lo que estaba sucediendo.

La mano de Saku se congeló en la mía. Mi corazón latía con fuerza, preguntándome qué demonios iba a decir a eso.

—Sí —susurró—, mentí... Les mentí a todos porque sabía que no lo aprobarían.

Exhalé bruscamente cuando Saku mintió a su primo para proteger mi secreto. Entonces, Neji abrió la boca.

—Saku, ¿qué coño estás pensando? —preguntó en voz alta. Saku inhaló un aliento herido—. ¿Has perdido tu jodida mente?

—No —susurró—. Estoy muy cuerda. Por primera vez, estoy pensando perfectamente claro... y lo quiero. Estoy con él.

Los ojos de Neji se estrecharon, cuando Tema habló:

—¿No hay artista? ¿Itachi es el hombre del que realmente te has enamorado? —Sólo había preocupación en el rostro de Tema. Esa clase de mierda me destripó. Sabía que no éramos cercanos, que ella todavía esperaba que fracasase en la vida, pero nunca creí que vería el miedo en sus ojos porque yo estuviera con su amiga.

—Sí —dijo Saku a Tema, quien lanzó una mirada a Karin que, sorprendentemente, por una vez, no parecía tener nada que decir.

—Nunca tienes novio y, cuando por fin consigues uno, ¿eliges a un jodido traficante de drogas ex convicto? —espetó Neji. La ira comenzó a correr por mi sangre mientras escuchaba a Saku empezar a llorar. Mi respiración se estaba volviendo más y más rápida, y, cuando los ojos de Neji se encontraron con los míos, di un paso adelante. Iba a matar a este hijo de puta por molestar a mi mujer.

Saku se interpuso, poniendo sus manos en mi pecho.

—No, querido, para.

—¡Mierda, Saku! —exclamó Neji. Di un paso adelante justo cuando Shisui se puso frente a mí y encaró a su mejor amigo.

—Déjalo, Neji, ahora —ordenó Shisui. Neji se detuvo en seco y, por su expresión, me di cuenta que no podía creer lo que mi hermano pequeño estaba haciendo... cubriendo mi espalda... Yo casi no podía creerlo, tampoco.

—¿Hablas en serio, ochenta y tres? Después de todo lo que les hizo a ti, a Tema, a Izu, ¿vas a defenderlo por estar con mi prima? ¡Mi prima!

Shisui tensó su mandíbula y me sentí como una mierda. Sabía que odiaba el hecho de lastimar a Neji, pero también veía lo mucho que quería defenderme.

—Neji, estoy tan sorprendido como tú de que estén juntos y, honestamente, no estoy seguro de qué pensar de esto justo ahora. Pero Itachi ha estado haciéndolo muy bien. Así que para de una jodida vez con todo ese odio, por un maldito segundo, ¿sí?

—¿Que pare de una jodida vez? —repitió Neji con los dientes apretados—. ¿Que pare de una jodida vez? Él es basura. Siempre ha sido basura. Siempre será basura... y ¿Saku? —Neji la miró directamente y dijo—. Él te va a hacer basura también. Ya has estado mintiendo por él a tu familia y mejores amigos.

Y eso me rompió. Saku era cualquier cosa menos basura. Y sabía que el tipo estaba sufriendo, su esposa estaba enferma, y se veía como una mierda. Pero nadie llamaba a Saku basura, primo o no.

Saltando hacia adelante, casi pude partirle el rostro a Neji, pero Shisui consiguió detenerme. Suigetsu paró a Neji cuando trató de lanzarse hacia mí. Justo cuando lo hizo, la puerta de la sala de espera se abrió y los dos guardias de antes entraron.

Tan pronto como me vieron siendo refrenado, sus ojos se ensombrecieron. Saku se precipitó hacia mí y puso sus manos en mi rostro.

—Itachi, por favor, cálmate —susurró.

Al contemplar su rostro, pude ver que estaba más que molesta, entonces miré hacia abajo a mi mano, todavía en un puño. Me deshice de Shisui y envolví mis brazos alrededor de los hombros de Saku.

—Señor, necesitamos que se vaya —dijo el más grande de los dos guardias.

Podía sentir a Saku llorando en mi pecho. Asentí hacia el tipo. Mirando hacia atrás, vi a Shisui con las manos detrás de la cabeza, observándome... pero también me di cuenta de que incluso él no aprobaba mi relación con Saku. Joder, la única persona que pensaba que cubría mi espalda, realmente no lo hacía. Cuando llegó el momento, él todavía me consideraba indigno.

Carina —dije—. Quédate con tus amigos. Me iré. Tienes que estar aquí para Tenten.

La cabeza de Saku se alzó de golpe y sus ojos se veían enormes.

—No —replicó.

Atrapé a Karin maldiciendo desde atrás.

Saku entrelazó sus manos con las mías y se volvió hacia sus amigos, Neji nos miraba como un halcón. Enderezándose, anunció:

—Mentí acerca de con quién estaba porque sabía que actuarían de esta manera. Sí, estoy con Itachi, y no me importa lo que cualquiera de ustedes tenga que decir. —Miró a Neji y él sacudió la cabeza con incredulidad—. Sé lo que ha hecho mal en su pasado. Sé que todos ustedes lo encontrarán difícil de olvidar, pero es un buen hombre. —Su rostro se sonrojó y añadió—: ¡Y tengo veintisiete años, por el amor de Cristo! Soy lo suficientemente adulta para elegir a quien quiero. Y lo elijo. No necesito, ni busco, su aprobación.

Todos sus amigos jadearon. Joder, nunca había visto a tanta gente luciendo tan conmocionada. Entonces, para empeorar las cosas, Neji se adelantó y dijo:

—Preferiría que estuvieras con cualquiera excepto él. Cualquiera es mejor que un adicto traficante de crack que te llevará directamente al infierno.

La cabeza de Saku se giró de golpe hacia Neji, sus ojos se oscurecieron y dijo:

—¿Sí? Bueno, no quiero a nadie más, salvo a Itachi. —Me miró y me golpeó con una sonrisa acuosa—. Posee mi corazón por completo.

—Saku... —susurró Tema a nuestro lado, sus manos en su boca y lágrimas en sus ojos. Y no podía hablar, mi pecho estaba demasiado apretado ante ella orgullosamente de pie a mi lado. Estaba orgullosa de estar a mi lado. ¿En qué clase de jodido mundo aterricé que Sakura Hyūga estaba de pie orgullosamente a mi lado?

Saku se volvió hacia Tema.

—Por favor, ¿puedes mantenerme informada de la recuperación de Tenten, Tema? Dile que la veré muy pronto y que lo siento, pero no me puedo quedar. —Tema asintió, observando preocupada a Shisui. Entonces, Saku miró a su primo—. Sé que no lo apruebas, Neji. Y quiero quedarme por Tenten, pero me doy cuenta que estás enojado conmigo en este instante y necesitas que nos vayamos. Porque, si Itachi se va, yo también. Pero no soy esa chica a la que sientes que tienes que proteger, ya no más. Y no necesito que apruebes mis elecciones. —Tomó aire y continuó—. Si quieres que me vaya de tu casa, lo haré. Lo entiendo.

La mandíbula de Neji se apretó mientras me miraba, pero cuando sus ojos se posaron en su prima, se suavizó un poco.

—No tienes que irte, Saku. Lo sabes, pero no puedo estar bien con ustedes estando juntos. No tengo idea de cómo sucedió o durante cuánto tiempo ha estado pasando. Pero sé que él es un jodido veneno, Saku. Puede estar haciéndolo bien ahora, pero lo joderá de nuevo. Lo he visto hacerlo desde que éramos niños. Es un Heighter de por vida.

—No lo es, Neji —dijo ella con frialdad—. No tienes idea de lo increíble que es en realidad.

Con eso, se volvió y caminó por el pasillo, dejando a todos sus amigos atrás. No hablamos cuando nos subimos al coche ni mientras íbamos a mi estudio.

No había mucho que decir, de todos modos.

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Cuando entramos en el estudio, Saku tenía sus brazos alrededor de su cintura como si tuviera frío. Di un paso atrás, observándola mientras ella se quedó inmóvil mirando fijamente por la ventana. Maldita sea, era tan hermosa que casi no podía soportarlo.

Poniendo las llaves de su coche de alquiler en la mesa, me moví para estar detrás de ella y la giré en mis brazos. Su rostro, normalmente brillante, se encontraba muy pálido y la mayor parte de su maquillaje había desaparecido de tanto llorar.

Mientras absorbía su rostro inusualmente triste, mi estómago se giró.

Le hice esto.

Le hice esto a todo el mundo. Joder, destruí sus vidas, los entristecí... los hice dejar a la gente que amaban.

Neji tenía razón, yo era veneno. Y, probablemente, la jodería de nuevo. Es lo que hacía mejor.

—No lo hagas —dijo Saku, de pronto, con voz ronca, devolviendo mi atención a este momento. No contesté nada. No le gustaría lo que tenía que decir, de todos modos.

La mano de Saku se presionó en mi mejilla, acercándome.

—Lo que sea que estés pensando, para.

—No deberíamos estar juntos —repliqué, aunque me desgarrara por dentro.

Dejando caer su mano de mi rostro, Saku se acercó a la cama y comenzó a desvestirse. Mi polla empezó a endurecerse inmediatamente cuando se quitó su top, un sostén de encaje blanco debajo. Y cuando sus manos empezaron a bajar la cremallera de su falda, su trasero firme y bronceado apareciendo, cubierto únicamente con un pequeño tanga blanco, tuve que cerrar los ojos para no lanzarme sobre ella.

Logrando ganar algún tipo de compostura, avancé por la habitación hacia Saku, luchando por respirar mientras se desabrochaba el sujetador y caía al suelo... sólo quedó su tanga y esos jodidos tacones sexys en sus pies.

Me quedé paralizado, completamente incapaz de moverme. Entonces, Saku se volvió y me miró. Tiró las horquillas de su cabello en el suelo para que cayera por su espalda.

Parecía una maldita sirena y estuve tan completamente jodido.

Pude ver en sus ojos que sabía lo que yo estaba tratando de hacer. Claramente, había anticipado que me encontraba de pie aquí, a punto de alejarla. Para salvarla de perder a sus mejores amigos porque se había enamorado de mí. Pero también podía decir, por la mirada determinada en esos ojos, que no me iba a dejar hacer esa mierda.

Moviendo sus manos hasta el dobladillo de mi camiseta, la levantó por mi cabeza y se adelantó para presionar sus labios contra mi piel caliente. Sus hinchados y suaves labios pasaron por mis pectorales y hacia mi pezón, que succionó en su boca. Luego, continuó hacia abajo, hasta que llegó a la cremallera de mis vaqueros.

Bajando la cremallera con cuidado, empujó mis vaqueros hacia abajo y agarró firmemente mi dura polla. Respiré a través de mi nariz mientras se enderezaba para susurrarme al oído:

—Deja de tratar de huir de mí. Te elijo. Quiero estar contigo, Itachi Uchiha. Y si sigues intentando alejarme, voy a dar rienda suelta a la ardiente latina que vive dentro de mí y te haré escuchar, joder.

Echó hacia atrás la cabeza, elevando su ceja con desafío y sus mejillas recuperando su color natural. No pude evitar curvar mi labio en una sonrisa y Saku tuvo que fruncir los suyos para dejar de reírse, también.

—¿Dar rienda suelta a la ardiente latina? —pregunté con voz ronca, mientras su experta mano de latina comenzó a moverse por mi polla de un lado a otro.

—Sí —susurró, en su orgásmico acento español y, tomando mi mano, la llevó al pequeño triángulo de su tanga, deslizando mis dedos por su coño mojado, encontrando finalmente su clítoris. Usando la yema de mi dedo, empecé a moverlo en círculos, amando oírla jadear.

A medida que nuestras manos se movían más rápido, empujé su cabello a un lado para murmurar:

—No olvides que también soy latino. Puedo dar tanto como reciba.

Los ojos de Saku se veían hambrientos cuando eché la cabeza hacia atrás y me encontré con ellos.

—Es... es... el porqué de... esto... entre nosotros... —dijo entre respiraciones superficiales.

—¿Mmm? —Fue todo lo que pude decir. Sostuve su pelo agrupándolo en mis manos, mis caderas comenzando a mecerse mientras un rubor cincelaba su piel.

—Esta... explosividad que tenemos... es por eso que luchamos... gritamos... entonces follamos como si no hubiera un mañana... follar con toda esa ardiente pasión... es la sangre latina... dentro de nosotros... es el... fuego latino... —se las arregló para decir, antes de que un grito cortara sus palabras cuando hundí un dedo en su agujero.

Tenía razón. Habíamos peleado, discutido, gritado... pero eso sólo alimentó la atracción que teníamos el uno por el otro.

Estábamos encendiéndonos...

Incapaz de ver más allá de la maldita niebla sexual en la que ella me había envuelto, aparté su mano de mi polla y, retirando la mía de su coño, desgarré su tanga, hasta que todo lo que llevaba era su bronceado natural y esos jodidos tacones de aguja.

Los ojos de Saku se ampliaron cuando di un paso hacia ella, carne contra carne.

—Te dije que iba follarte en esos tacones —murmuré, y vi cómo se le ponía la piel de gallina.

Las tetas de Saku se levantaron con su respiración, y, en un suspiro, dijo:

—Fóllame, entonces.

Sonriendo ante la latina siendo desatada, la alcé por sus muslos. Caminando a través de la habitación, Saku arrastró sus dientes a lo largo de mi trapecio, haciéndome gemir. Alcanzando mi área de trabajo, usé una mano para limpiar el escritorio y bajé a Saku sobre él, su espalda inmediatamente rociándose con polvo de mármol.

Lo ojos esmeralda de Saku estaban vidriosos por la lujuria cuando ella me miró. Incapaz de resistirme a tocarla, chupé su teta, haciendo rodar su pezón en mi boca.

—Itachi... Mi dios... —gimió, su coño frotándose contra mi dura polla. Cuanto más rápido se movían sus caderas, más necesitaba penetrarla. Soltando su teta, agarré sus muslos y la atraje hacia el borde del mostrador.

Sin apartar mis ojos de los suyos ni una sola vez, envolví sus piernas alrededor de mi espalda, siseando cuando los tacones de aguja de sus zapatos se clavaron en mi piel. Mis ojos se ensancharon y Saku sonrió en señal de victoria.

—Dijiste que los querías clavándose en tu espalda... bueno, están en tu espalda, ¿y ahora qué?

Gruñendo cuando tensó sus piernas, el agudo aguijón de dolor de sus tacones yendo directamente a mi polla, me preparé en su entrada y empujé.

—¡Cristo! —gritó mientras sus manos arañaban mis bíceps, pero estaba demasiado ido, tan envuelto en esta chica debajo de mí, la única que alguna vez había estado de pie orgullosamente a mi lado.

La embestí, mi estómago apretándose y mis muslos tensándose mientras su cabeza se revolcaba en el polvo. Su cabello rosa se estaba llenando de polvo blanco, manchas palideciendo su rostro enrojecido. Pero cuanto más se revolvía, más fijamente la miraba. Parecía una escultura viviente. Lucía como la mejor escultura que había visto nunca.

Arqueando la espalda, sus gemidos se hicieron más prolongados, sus brazos cayeron de mi bíceps y los extendió sobre su cabeza. El polvo se asentó en su estómago plano y tonificado e, incapaz de resistirme, extendí mi mano sobre su piel cubierta, embistiendo más y más fuerte. Los ojos de Saku se cerraron mientras sentía su coño apretarse y empezar a contraerse. Entonces, todo su cuerpo se tensó, su boca se abrió mientras gritaba por su liberación. No pudiendo resistirme a la vista de ella debajo de mí, mi polla no siendo capaz soportar la presión de su apretado coño, me corrí más duro de lo que nunca lo había hecho en mi vida, con los ojos de Saku contemplándome.

Jadeando por aire, levanté mi mano y, con mi pulgar, tracé ligeramente con mis dedos el polvo que cubría el rostro de Saku, y sabía, sin ninguna duda, que estaría añadiendo una pieza final a la exposición.

Saku me permitió tocar su rostro, me dejó mover su cabeza de lado a lado mientras estudiaba sus ángulos y características. Y supe en ese instante, que esta pieza cambiaría todo. Esta pieza sería la primera en romper el molde.

Sería la que me liberase.

Cuando mi mano cayó de su rostro, mi corazón comenzó a acelerarse por la emoción de lo que iba a crear, y Saku apartó sus tacones de mi espalda. Inmediatamente, sentí el goteo de la sangre en la parte posterior de mis muslos.

Siseé y los ojos de Saku se ampliaron.

—Mierda... Itachi, lo siento mucho.

Bajando mi cabeza para tomar su labio inferior entre mis dientes, la embestí una última vez y solté su labio para decir:

—No lo sientas. Joder, eso fue increíble.

La sonrisa que esbozó Saku, casi me hizo caer de espaldas. Alzándola de nuevo, nos llevé a la cama, pero no antes de que Saku agarrase la botella de whisky que había en mi mesa, trayéndola para nosotros.

Lo sostenía firmemente en sus brazos. Se encogió de hombros.

—Creo que lo necesitamos esta noche.

Mientras nos bajé a la cama y nos arrastré bajo las sábanas, comenzó a amanecer. Saku esperó hasta que me senté contra la cabecera y, entonces, pasó sobre mí hasta mi mesita de noche. Tomó un cigarrillo de mi paquete casi vacío, lo colocó entre sus labios y lo encendió. Cuando el extremo brilló anaranjado, Saku tomó una calada, quitándolo de sus labios y poniéndolo entre los míos. Cuando se cernió sobre mí a cuatro patas y tomé una larga calada, su ceja se levantó.

—Son muy malos para ti, ya sabes.

Agarrando el cigarrillo con el índice y el pulgar, exhalé.

—Sí, lo he oído alguna vez.

Saku se echó a reír más fuerte esta vez, pero se detuvo para presionar besos por mi estómago. Pasé mi mano por su cabello y levantó su cabeza para decir:

—Nunca puedo tener suficiente de ti. Es imposible.

Mi corazón latió más rápido y alcancé la botella de whisky. Cuando Saku ladeó su cabeza para mirarme, dije:

—Soy muy malo para ti, ya sabes.

Saku contuvo el aliento por un momento, perdiendo su sonrisa. Bajó su boca a mi pecho y se movió hasta mis labios, sólo para susurrar:

—Sí, he oído eso alguna vez.

Resoplé una risa mientras Saku se sentaba, mirándome juguetonamente.

—¿Sólo una vez? —pregunté.

Fingió pensarlo, su dedo en sus labios.

—O dos, o tres veces... —Se rió, pero rápidamente perdió su humor—... o un millón.

Mi estómago se tensó ante el tono triste en su voz. Equilibré el cigarro entre mis labios y agarré la botella del paraíso de Tennessee de sus manos. Desenrosqué la tapa, quitando el cigarro de mis labios tomé un trago de whisky y se la entregué a Saku. Bebió tres tragos largos antes de sacarlo bruscamente de su boca para jadear ante la quemadura en su garganta y pecho.

Mientras yacía sobre sus tobillos, después de beber el whisky, sus ojos recorrieron la habitación. Al ver el estado de la estación de trabajo, miró su cabello y levantó sus manos. Se rió.

—Soy un desastre —dijo, tratando de sacudir el polvo de su cabello y su piel.

No era un desastre. De hecho, si no estuviera aquí ahora mismo, yo estaría agarrando una nueva losa de mármol y comenzando a esculpir la imagen que ya frecuentaba mi maldita cabeza.

Los hombros de Saku se desplomaron. Pasando su dedo por la cima de la botella, dijo:

—La exposición ya está casi lista, Itachi.

Esa tristeza estaba de vuelta en su voz y no podía mirarme.

—¿Sí?

Saku asintió, con los ojos bajos. Levantó la cabeza y, mirándome, dijo:

—Voy a conseguir otro encargo después de que termine este.

La comprensión me golpeó... ella dejaría Seattle.

—¿A dónde vas a ir? —pregunté.

—A donde pueda conseguir un trabajo. —Asentí, incapaz de hablar, sintiendo como si mil puñales se clavaran en mi pecho. Realmente no quería que se fuera.

—¿Y tú, Itachi? ¿A dónde irás?

Mi espalda se tensó y me envaré. Ni siquiera lo había reflexionado. Sólo pensaba en el aquí y ahora. Que tenía que estar en Seattle...

—No lo sé —contesté.

Saku me observó.

—¿No vas a volver a Bama?

Negué con firmeza.

Saku frunció el ceño.

—¿Por qué?

Aparté la mirada, no quería hablar de ello, pero Saku se arrastró hacia adelante y se puso a horcajadas sobre mi cintura, alejando el cabello de mi rostro con las manos.

—Itachi, dime por qué. Por el amor de dios, tienes que empezar a compartir cosas conmigo. Háblame de tu vida. ¿Qué está pasando en esa compleja cabeza tuya?

Suspirando, puse mi mano en el muslo suave de Saku y dije:

—Me matarán.

Su mano dejó de acariciar mi cabello y el color desapareció de su rostro.

—Te mat...

—Matarán —terminé por ella y le di una larga calada a otro cigarrillo. Saku me miró. Pude ver su mano comenzar a temblar—. Oye —dije, tomando su mano en la mía—. No...

—¿Quién te va a matar? —interrumpió. Podía ver el miedo en su rostro.

Dudé, porque no quería meterla en esto, pero se inclinó hacia delante y presionó su frente contra la mía.

—Dime... comparte esto conmigo. No lidies con ello tú solo. Estoy aquí... Estoy aquí... contigo... para ti.

Mis dedos se apretaron en sus muslos y me di cuenta de que, finalmente, quería decirle lo que siempre había mantenido en mi interior.

—Itachi por favor —rogó y, sin querer estar solo más, la miré a los ojos.

—¿Sabes cuántos años me dieron, Saku?

—Diez —dijo.

—Pero sólo cumplí cinco —añadí.

Las cejas de Saku cayeron.

—Asumí que saliste por buena conducta.

—Esa fue una parte —expliqué—. Mantuve mi cabeza abajo, traté de mantenerme fuera del camino de todos.

—Entonces, ¿qué más? ¿Qué más hizo que salieras antes de tiempo?

—Delaté nombres.

La frente de Saku se frunció en confusión.

—¿Qué nombres?

Pasando mi mano por mi rostro, dije:

—Los traficantes de drogas que abastecían a los Heighters. Los federales sabían que les podía dar sus nombres y direcciones y dónde guardaban su alijo. No tenía nada que perder al delatarlos. Los federales me prometieron cumplir la mitad de la condena si lo hacía, así que acepté. Los proveedores fueron los que nos dieron esa coca en mal estado que hizo que Kamiruzu tuviera una sobredosis. Esos cabrones merecían caer.

—¿Y ellos son los que te quieren muerto?

Me reí sin humor.

—Probablemente, pero no son los que sé que tienen la intención de hacerlo. Si los federales han hecho bien su trabajo, los distribuidores no sabrán que fui yo quien los entregó. Van a estar cumpliendo de por vida ahora, de todos modos.

—Entonces, ¿quién...? —Saku se fue apagando.

—Remo. El primo mayor de Kisame, el viejo líder Heighter. Era tan cercano a Kisame como Shisui y Izuna son para mí, así que está cabreado. Tuvo que huir del estado hace años cuando un problema con los Kings se salió de control. Necesitaba pasar desapercibido durante un tiempo. Ahí es donde estaba cuando toda la mierda se hundió con los Heighters y la sobredosis de Kamiruzu. Kisame me dijo que tenía que salir de la ciudad por un tiempo y pasar desapercibido, también. Así que me fui y me quedé con Remo. Fue muy bueno conmigo. Me ayudó a esconderme sin ser detectado. Pero, cuando Izuna me llamó y me dijo que la mamma había muerto, que Tema sufría de anorexia y estaba en el hospital, y que Shisui había sido arrestado, supe que tenía que volver a casa. Nunca debí huir como un jodido marica, de todos modos. Cuando le dije que iba a volver a casa, Remo trató de detenerme, sabía que Kisame me necesitaba para mantener el equipo fuerte. Yo era la razón principal por la que la mayoría de nuestros rivales nos dejaban en paz. Sabía que serían vulnerables sin mí alrededor. Así que le di una paliza para escapar, regresé a Tuscaloosa y me entregué. Sabía que Remo vendría tras de mí. Nadie jodía con él. Entonces, después de que organicé el golpe contra Kisame... Remo se aseguró de que recibiera un mensaje dentro de la cárcel: si salía, podía darme por muerto. Joder, los arruiné a todos. Me habían salvado de mi padre, de esa vida de mierda y, ahora, Remo va a hacerme pagar por todo, joder.

Saku hizo un gesto de dolor cuando le mencioné la muerte de Kisame, y tal vez la mía, pero lo ignoró y preguntó:

—Y Remo, ¿sabe que estás fuera de la cárcel ahora? ¿Sabe que estás en Seattle? —Su voz se había vuelto más y más alta cuanto más hablaba.

Me encogí de hombros.

—Lo sabrá a estas alturas, no hay duda. Algunos de los guardias eran fáciles de sobornar. Alguien se lo habrá hecho saber.

—¡Entonces, tienes que decírselo a alguien! —medio gritó, sus mejillas pálidas y su rostro lleno pánico—. La policía, alguien.

Acuné su rostro para calmarla.

—No tiene el dinero para venir aquí y está buscado por los federales. No se atreverá a correr el riesgo. No sabe en qué parte de Seattle estoy y, definitivamente, no sabe nada de la exposición y... Tekka y toda esa mierda.

—Cristo, Itachi... —dijo Saku, con la voz quebrada—. Yo... tengo tanto miedo por ti...

Mi estómago se retorció por el dolor en su voz.

—No lo tengas. He atravesado peor mierda. La gente me ha querido muerto durante años. Me he vuelto muy bueno en esquivar balas. —Traté de hacer que sonara como una broma, pero Saku no le vio la gracia.

Agarrando el whisky, lo puse en sus manos.

—Es mejor que tomes un trago.

Haciendo lo que le dije, Saku bebió un largo trago del líquido ámbar. Pero cuando bajó la botella, todavía podía ver la preocupación en su expresión.

—Joder, Saku —dije y, sosteniendo sus brazos, la empujé abajo y aplasté mi boca en la suya. En cuestión de segundos, se había derretido debajo de mí y me aparté un poco—. No pienses sobre todo esto.

Sus ojos se llenaron de lágrimas y sus dedos se envolvieron alrededor del largo cabello cayendo delante de mi rostro.

—Nunca tienes un descanso, ¿verdad? Siempre hay algo que te atormenta.

La tristeza en su voz me cortó profundo. Tragando el nudo que estaba obstruyendo mi garganta, dije:

—Me busqué esto, carina. Causé la guerra, estas son las consecuencias. Es el karma.

—Te mereces lo mejor —susurró. En su expresión pude ver lo mucho que lo creía. No tenía ni idea de lo que hice para merecerla.

Cerré los ojos mientras interiorizaba sus palabras.

—Tengo más de lo que merezco. Un hermano que está casado con una chica que ama más que a la vida y está jugando en la NFL. El otro está en camino a la NFL. Tengo una mujer y nunca voy a entender por qué mierda quiere estar conmigo. Y tengo la oportunidad de crear lo que me gusta para ganarme la vida. ¿Qué más puedo pedir?

—Que las personas confíen en ti. Que tus hermanos sepan que eres un escultor, que te acepten de nuevo... para que estés en paz, para ser feliz.

Soltando un tembloroso aliento, dije:

—No estoy seguro que nada de eso vaya a suceder y, si no lo hace, está bien. Conseguí más de lo que la mayoría de la gente hace.

Me di cuenta de que Saku deseaba decir más, pero, realmente, no quería seguir hablando de esta mierda. Pudo verlo en mi expresión.

—Acuéstate a mi lado —dijo, con un suspiro exasperado.

Desplomándome a su izquierda, casi esbocé una sonrisa cuando puso mi brazo alrededor de sus hombros y se acurrucó.

—Noche loca, ¿eh? —comentó, su dedo trazando el tatuaje del rosario en mi pecho.

—Y que lo digas.

—Lo aceptarán —habló, manteniendo esa positividad que parecía exudar.

Me quedé en silencio. No estaba tan convencido.

—¿Itachi? —llamó Saku en voz baja.

—¿Mmm?

—¿Vas a decirme ahora cómo comenzaste a esculpir? Ya sabes, ¿en la cárcel? Me encantaría saber más acerca de tu lado creativo.

La calidez llenó mi pecho cuando me acordé del primer día que entré en el salón de clases de la prisión. Un tipo estaba allí para enseñarnos arte. El alcaide, joder, y el estado, esperaban que ayudaría a los presos a lidiar con nuestra ira.

Saku se movió en mis brazos para descansar su barbilla en su puño, mientras yacía sobre mi pecho. Sus ojos estaban llenos de anticipación y emoción. Estaba a punto de abrirme a ella sobre mi arte. Y, finalmente, hablaría de eso. Había pasado un tiempo desde que había visto esa mirada en sus ojos. Cuando yo era sólo Tekka para ella, estaba allí todo el tiempo. Ahora que sabía que era Itachi, la mayoría de las veces lucía preocupada o, peor aún, triste.

—¿De verdad quieres saber toda esta cosa tan aburrida? —pregunté.

Saku asintió contra su puño.

—Nada es aburrido cuando se trata de tus esculturas. Averiguar cómo un artista comenzó su viaje es siempre una de las cosas más interesantes para mí. Cómo encontró la chispa que desató su pasión.

—Está bien —bromeé, como si ella fuera rara.

Saku me dio un codazo, riendo.

—Sé que soy una friki, pero quiero saberlo todo.

Su mano libre cogió la mía, que estaba puesta casualmente en mi estómago. Entrelazó sus dedos con los míos. Cuando miré hacia abajo, Saku mostró una sonrisa enorme.

—Cómo me inicié... —dije y, respirando profundamente, comencé—: Acababa de ser atacado y estaba en la enfermería recuperándome. —Sacudí la cabeza ante el recuerdo—. Mierda, estuve allí lo que pareció ser una eternidad; una tonelada de guardias y psicólogos viniendo día y noche para intentar que hablara y delatara a mi antiguo equipo, pero no lo haría. La primera regla para sobrevivir en ese lugar era mantener cerrada tu maldita boca. Así que lo hice. No hablé con nadie, estaba constantemente a solas con mis pensamientos. Encontrándome confinado a la cama, incapaz de moverme, fue donde realmente comencé a cuestionármelo todo. Ya sabes, qué había hecho con mi vida, todas las equivocaciones, pocos aciertos... y mi familia, lo que le había hecho a las únicas tres personas que realmente alguna vez habían dado una mierda por mí... incondicionalmente. Pero cuanto más pensaba sobre mi pasado, más culpa me inundaba, y empezó a destrozarme.

Sakura apretó mi mano, como para animarme. Continua:

»No podía manejar ver la jodida luz, supongo. Fue la primera vez en mi vida que me habían obligado a yacer allí y pensar. Es muy fácil no sentir un poco de maldita culpa por las opciones que has tomado cuando estás en continuo movimiento, trapicheando, vendiendo droga, ya sabes, lo de siempre.

Sakura me lanzó una sonrisa irónica ante eso. Joder, se veía tan perfecta mirándome en este momento, su maravilloso rostro colocado en su puño, abierto y aceptando todo lo que estaba diciendo. Era un maldito sueño hecho realidad.

—Sigue —me instó, y levanté nuestras manos unidas para besar su suave piel.

Mirando sus dedos, continué:

—Cuanto más pensaba acerca de todo lo que había hecho, más enojado me sentía. Realmente enfadado, Saku. No podía hacer frente a todos los recuerdos. Empezaron a producirme malditas pesadillas, todavía lo hacen. La culpa era insoportable. Mientras mejoraba físicamente, una de las enfermeras, que era muy buena conmigo, me preguntó sobre mis tatuajes, acerca de quién los diseñó, y le contesté que fui yo.

Los ojos de Saku recorrieron mis tatuajes y su mirada se encontró con la mía.

—¿Diseñaste todo esto? —Asentí y la boca de Saku se abrió—. Son tan hermosos, tan intrincados.

En realidad, podía sentir mis mejillas ardiendo por su alabanza.

—Diseñé la mayoría de los de Shisui, también.

Saku sacudió la cabeza y sonrió.

—Así que, ¿sabes dibujar?

Me encogí de hombros otra vez y Saku se inclinó para besar mis labios, susurrando contra mi boca:

—Me impresionas, todos los días hay algo nuevo.

Retrocediendo, volvió a su anterior postura, con su rostro en su puño, su rosáceo cabello ahora colocado a un lado, cayendo sobre su hombro. Y ese era el cuadro. Esa, justo ahí, era la imagen. Era ella en su forma más bella.

—Itachi, ¿qué estabas diciendo de la enfermera que habló contigo acerca de tus tatuajes?

Volviendo al aquí y el ahora, dije:

—Sí... eh... bien, así que, sí, la enfermera sabía que podía dibujar. Les dijo a los doctores, al psiquiatra, y lo siguiente que sé es que me habían inscrito en un programa de arte. Al principio, estuve cabreado. Había tomado una clase de comercio y estaba haciéndolo bien. Shisui estaba orgulloso de eso, así que quería seguir adelante. Pero, a partir del primer día en esa clase, algo dentro de mí sólo encajó. —Me quedé mirando mis herramientas colgadas en mi pared—. Durante toda mi vida había estado tan ocupado traficando, trabajando para la banda, que no había intentado averiguar en lo que podía ser bueno. Diez segundos en esa habitación y supe que había encontrado "lo mío".

—Asombroso... —Saku suspiró—. Una bendición disfrazada.

—Sí... Empecé a dibujar todo lo que podía. Estaba bien con el dibujo, a la mierda de la pintura, pero cuando el profesor, un tipo llamado Daryl, llevó arcilla, eso y yo, simplemente encajamos. En poco tiempo, estaba haciendo esculturas de arcilla. Vertiendo toda mi rabia en esas piezas. —Me reí, recordando la expresión del rostro de Daryl cuando había terminado la primera pieza adecuadamente—. Daryl continuó enseñándome más y más, hasta que, unos meses más tarde, le preguntó al alcaide si me podía mostrar cómo esculpir mármol. No tenía ningún interés real en eso. Pero, entonces, un día, me trajo un libro de estatuas de mármol. Lo abrí en una página al azar. La primera que vi fue la de Antonio Canova...

Psique resucitada por el beso de Cupido —interrumpió Saku, su rostro animado y brillando.

—Sí —concordé, entonces, fruncí el ceño—. ¿Te gusta, también?

La pasión encendió sus ojos esmeralda.

—Es mi segunda escultura de mármol favorita desde siempre.

Mis ojos se estrecharon cuando su rostro enrojeció de vergüenza. Me pregunté cuál era su favorita, pero algo me detuvo de averiguarlo.

—De todos modos, cuando vi esa escultura, busqué al artista, un italiano. Un italiano que trabajó con mármol de Carrara. —Bajé mi mirada. Los tatuajes de la bandera italiana y la flor de lis Firenziana en mi brazo llamaron mi atención.

Mientras miraba el verde, blanco y rojo, un sentimiento de orgullo fluyó por mis venas; el mismo que tuve al saber que el hombre que talló esa escultura, también era italiano.

»Sentí una conexión con mi herencia mientras miraba esa escultura. Pero, más que eso, entendí todo lo que el escultor quiso retratar en su trabajo. No sabía una mierda de la historia de Cupido y Psique, pero, por esa escultura, comprendí que se amaban... desesperadamente. Aprendí mucho de esa única estatua. Le dije a Daryl que quería intentarlo y seguir desde allí. Hice un montón de desastres durante el siguiente año. Daryl quería que utilizara herramientas más modernas, pero me negué. Me había obsesionado con Antonio Canova, así que insistí en utilizar solamente las herramientas que él usó. —Resoplé—. Resulta que fue lo mejor. Me dio una marca, una singularidad frente a otros escultores modernos de hoy en día.

—Pero, ¿cómo llamó la atención tu trabajo? —preguntó Saku, su rostro impresionado. Podía sentir el amor por el arte irradiando de su sonrisa.

—Daryl tenía un amigo que conocía a Jiraiya Galanti. Tomó fotos de mis esculturas y las envió a su amigo, quien se las envió a Jiraiya. Lo siguiente que supe es que tenía una solicitud de visita de Jiraiya y eso fue todo. Se convirtió en mi mentor, se hizo con mis esculturas de la prisión, las almacenaron en su estudio de Nueva York... luego me enteré de que estaba mostrando una en el Met. Joder, me enfurecí. Nunca quise que mi trabajo se expusiera. Eran mías, mi culpa, mi pasado, todo.

—Pero Jiraiya lo hizo de todos modos —confirmó Saku. Sacudí la cabeza.

—Sí, el hijo de puta lo hizo. Y, después de eso, todo cambió. La gente me conocía. Al menos, conocían el trabajo de "Tekka", ese nombre repentinamente fue conocido en el mundo del arte.

—¿Y "Tekka"? —inquirió Saku—. Era tu...

Nonno... el padre de mi mamma. Nunca lo conocí, pero... —La habitual puñalada se arrastraba por mi estómago al pensar en mi mamma. Se estaba haciendo más y más difícil contener toda la mierda que rodeaba a la mujer que lo que más deseaba era que tuviera éxito. En cambio, todo lo que hice fue fallar, una y otra y otra vez... Había sido una cagada épica como hijo.

—¿Querido? ¿Estás bien? —preguntó Saku en voz baja. Cuando me encontré con sus cálidos ojos, supe que entendió lo que estaba pensando. Pero todavía no podía ir allí... ni siquiera con Saku.

Todavía no.

—Mi... la mamma solía hablar sobre Nonno todo el tiempo. Lo amaba. Dijo que fue un hombre bueno y trabajador. Estaba usando la técnica italiana, me encontraba utilizando mármol de Carrara, por lo que me parecía bien emplear su nombre. Joder, el nombre de mi propio padre sería una maldición, simplemente.

—Tekka... Es perfecto, realmente lo es —murmuró Saku. De repente, pude ver que la forma en la que me estaba mirando, había cambiado.

Eché mi cabeza hacia atrás y pregunté:

—¿Qué?

Saku se arrastró sobre mí y metió su cabeza en mi cuello. Parecía que quería decirme algo, pero, por alguna razón, lo estaba reteniendo.

—Eres mucho más de lo que nadie sabe. Debes darte más crédito del que te das.

No dije nada mientras yacíamos allí. Durante un buen rato, pensé que Saku se había quedado dormida, hasta que dijo:

—Voy a hacer todo lo posible para persuadir a tus hermanos de que vean el hombre que eres hoy.

Me puse rígido.

—No quiero que sepan acerca de mis esculturas.

Saku suspiró.

—Lo sé. No voy a pretender entender por qué, pero lo acepto... a regañadientes. Aunque aun así voy a intentar todo lo demás.

Sentí que mi corazón estallaría a través de mi pecho mientras decía eso. El celular de Saku sonó. En un instante, estaba al otro lado de la sala abriéndolo.

El alivio se propagó por su rostro.

—¿Buenas noticias? —pregunté.

—Es Neji. Tenten va a estar bien. Va a tener un par de meses difíciles, pero, por ahora, está bien.

Saku regresó a la cama y se sentó en el borde del colchón. Mirando atrás hacia mí, dijo:

—Estoy cansada, pero, al mismo tiempo, no creo que pueda dormir.

—Tengo una idea, entonces —dije, y vi como el fuego encendió los ojos verdes de Saku.

—¿Sí? —inquirió, y se giró para trepar sobre mí.

Después de que me besara, sostuve su cabeza entre mis manos y susurré:

—Toca para mí.

Saku se echó hacia atrás, sorprendida.

—¿Qué?

Sintiéndome como un maldito marica, dije:

—Toca el piano... para mí.

La expresión de Saku cambió de sorprendida a avergonzada y a maravillada.

—¿Quieres que toque el piano para ti?

Le di un pequeño asentimiento. Saku lanzó una mirada al piano y, luego, de nuevo a mí.

—¿Qué quieres que toque?

—Lo que me tocaste antes... Beso la lluvia.

Su sonrisa borró cualquier vergüenza que sentía y me dijo:

—¿Recuerdas el título?

Presionando besos por sus mejillas y cuello, musité:

—Me acuerdo de todo, cada maldita cosa de esa noche. Cada maldita cosa...

Saku, sorprendiéndome mucho, envolvió sus manos alrededor de mi cuello y me apretó en el maldito abrazo más grande que jamás había sentido... Nunca quería dejarla ir.

—Estás en cada parte de mi corazón, señor Uchiha, en cada parte... —dijo soltándome, antes de levantarse de la cama y dejarme tumbado como un tonto pasmado.

¿Qué quiere decir con eso?... ¿Qué estoy en todo su corazón?

Antes de que tuviera la oportunidad de pensar en ello, escuché a Saku sentarse al piano y probar las teclas, al igual que la última vez. Allí estaba, desnuda, su bronceada piel sonrojada, su cabello rosa cayendo hasta su cintura.

Sus ojos estaban cerrados, las manos estiradas sobre las teclas. Entonces, los primeros acordes de esa maldita canción enviaron una flecha a través de mi corazón. La imagen de mi mujer sonriéndome dulcemente, con su barbilla en su puño, grandes ojos esmeralda contemplándome, como nunca nadie me había mirado antes, llenó mi mente.

Mis manos escocían para crear.

Mi corazón se aceleró para que hiciera un esbozo.

Mientras los ojos de Saku se cerraban y una sonrisa feliz se extendió en sus labios, cogí un bloc de dibujo y un lápiz de mi mesita de noche...

Y empecé a dibujar... a dibujar el contorno de la única escultura que sabía que nunca me cansaría de mirar.