Capítulo 19

ITACHI

Mientras estaba sentado en la mesa del restaurante con Izuna, Temari, Shisui y Saku a mi lado, me costó creer que esto fuera verdad. Sabía que teníamos mucho camino por recorrer, pero estábamos todos aquí, tratando; tratando de reconstruir lo que quedaba de esta familia de nuevo.

Y sabía a quién agradecer por todo esto... al jodido ángel que se había estrellado en mi vida con la fuerza de un tornado T11. Y de alguna manera, contra todas las probabilidades, lo había hecho muy bien.

T11: Escala TORRO que mesura la velocidad e intensidad del viento. Siendo la T11 la de mayor intensidad.

Mi pecho se contrajo mientras la veía reír de algo que Izuna había dicho, su bello rostro resplandeciendo. No podía respirar mientras la miraba, se había convertido en mi todo... joder, era lo más importante de mi vida.

Moviéndome en mi asiento, traté de no perder la cabeza, pero sorprendí a Shisui mirándome con una sonrisa de comemierda.

Estúpido...

Mientras salíamos del restaurante más tarde esa noche, caminábamos hacia el auto de Saku mientras Izuna, Shisui y Tema iban al suyo. Cuando dijimos buenas noches, Izuna de repente corrió detrás de mí. Torpemente, tiró de mí para abrazarme.

Suspirando de jodida felicidad, le devolví el abrazo. Apartándose, bajó la cabeza con timidez, diciendo rápidamente:

—No hagas nada que te aparte de nosotros de nuevo, de acuerdo, Ita.

Asentí firmemente.

—Lo giuro, fratellino —le dije, queriendo decir cada maldita palabra.

Izuna sonrió.

—Bene, molto bene. Buono notte, fratello.

Shisui, Tema y Izuna se despidieron mientras Saku volvió a mi lado. Presionó un beso en mi cuello, usando la distracción para arrebatar sus llaves de mi mano.

Levanté una ceja preguntando. Ella bamboleó las llaves de su auto hacia mí.

—Quiero mostrarte algo —dijo emocionada.

—Está bien —accedí, y la mayor sonrisa burlona se extendió por su rostro.

Saku me llevó hasta el auto y saltó en el asiento del conductor. Justo cuando me fui a deslizar en el asiento del pasajero, noté un auto aparcado a la distancia. Fruncí el ceño. Había visto ese auto negro alrededor de la ciudad en el último par de días.

—¿Itachi? —Saku me llamó desde el interior del auto. Bajé la mirada hacia ella frenéticamente haciéndome gestos. Echando una mirada más al auto estacionado, mi pecho perdió tensión cuando lo vi salir a la carretera y alejarse del restaurante.

Suspiré con alivio y sacudí la cabeza. Estaba siendo paranoico.

Mientras me deslizaba en el auto, Saku preguntó:

—¿Todo bien?

Tomando su mano, la llevé a mis labios, presionando un beso en su piel suave.

—Bien.

Después de un corto paseo, llegamos a la galería. Mi corazón empezó a palpitar en mi pecho tan pronto como llegamos y Saku metió el auto en el parking.

La exposición era en un par de días y sabía que ella había terminado el diseño. No sabía por qué, pero había sido demasiado cobarde para venir aquí últimamente, para ver todo terminado, ver la exposición totalmente diseñada.

Supongo que esto solo hacía todo este cambio en mi vida un poco más real. Como si estuviera finalmente dejando atrás mi pasado. Todavía tenía miedo de creer que esta vida que ahora estaba viviendo era real; que de alguna manera me sería arrebatada, justo en el momento en que me permitiera ser feliz. Tenía mi escultura, tenía a Saku, y ahora, después de esta noche, tenía a mis dos hermanos de vuelta en mi vida.

No podía soportar la idea de perderlo todo de nuevo.

Querido, ¿vas a venir conmigo? —instó Saku suavemente.

Respirando profundamente, bajé del auto y caminé detrás de ella hacia la entrada de personal.

Cuando entramos, el guardia que estaba por lo general en servicio saludó con la mano a Saku, y como siempre, apartó su cabeza de mí. Saku miró hacia atrás y rodó los ojos juguetonamente haciendo que mi labio se torciera en una sonrisa. Jodidamente adoraba a esta mujer.

Cuando nos acercamos a las cortinas negras, me sobresalté mientras miraba hacia el gran título colgando encima de la entrada, "Tekka". Mi estómago se volcó con una sensación desconocida cuando vi mi nombre artístico escrito en una sencilla letra negra. Entonces me di cuenta de que el sentimiento desconocido era emoción. Estaba malditamente entusiasmado con la exhibición.

Oliendo el aroma a jazmín de Saku, bajé la mirada para verla sonriendo hacia mí. Pero también podía ver la ansiedad en su impresionante rostro. Estaba nerviosa de que no fuera a gustarme lo que había al otro lado de las cortinas. Eso era imposible. Me conocía mejor que incluso yo mismo. Sería, sin duda, perfecto.

—¿Estás listo? —preguntó.

—Listo —le contesté, y Saku corrió las cortinas para revelar la galería, completamente cambiada desde la última vez que la había visto.

Mis pies comenzaron a moverse hacia adelante mientras mis ojos absorbían el espacio. Era... increíble... surrealista... aparte de la jodida locura que todo esto era para mí.

Mis esculturas se veían perfectas en todas sus diferentes alturas. Fueron distribuidas para que los visitantes fueran capaces de ver cada una de ellas tanto de atrás y adelante.

—¿Y bien? —preguntó Saku con ansiedad.

Tomando su mano en la mía, la levanté a mi boca y besé a lo largo de su piel caliente.

—Joder, Saku. —Fue todo lo que podía pensar en decir. Su sonrisa en respuesta casi me hizo caer de espaldas.

—¿Puedo guiarte? ¿Puedo llevarte en el viaje?

Fruncí el ceño sin entender qué quería decir con "el viaje". Saku, viéndolo claramente en mi cara, me empezó a llevar hacia adelante.

—Definí el flujo de la galería de una determinada manera, en los temas. Como me dijiste lo que significaba cada escultura, y lo que lo inspiró, las puse en un cierto orden. Empecé con esta pieza primero porque parecía ser el comienzo para mí.

Saku nos llevó a la estatua que hice de nosotros, los chicos Uchiha de pequeños. Shisui y yo estábamos acostados, Shisui apuntando hacia arriba al cielo, y en mis brazos, sostenía a un bebé, Izuna. Debajo de nosotros había fuego y rostros gritando de dolor... esas caras pertenecían a mi Mamma, gritando desde el interior del remolque a causa de mi padre, mientras yo trataba de mantener a mis hermanos a salvo de sus puños.

Saku tiró mi mano y nos llevó a la siguiente, a una stidda de mármol, una stidda de mármol cuyas esquinas estaban asfixiando un corazón, de sus bordes afilados supuraba sangre.

—La siguiente es cómo las cosas empezaron a ir mal, un corazón inocente perforado por esta estrella.

No dije nada, no podía, mientras nos trasladábamos a la próxima, hacía los tres hermanos de pie en un círculo, con las cabezas hacia abajo, el hermano mayor agarrando los cuellos de los dos más jóvenes, arrastrándolos a su lado.

—Luego viene la desaparición de los niños del principio, el mayor llevándolos por el camino equivocado.

Mi corazón había fue perforado por la vergüenza cuando Saku dijo eso, pero sólo estaba repitiendo mis palabras de nuevo a mí. La siguiente a la que llegamos era a mi escultura más nueva, el niño llorando balas. Saku se detuvo junto a mí y dijo:

—Necesitamos un título para ésta, Itachi. ¿Alguna idea?

Asentí mientras miraba el rostro del chico, demasiado aterrorizado para disparar. Las palabras de Izuna de hoy daban vueltas en mi mente, de cómo tenía pesadillas creyendo que había matado a alguien.

—Hamartia —dije ásperamente. Saku me miró confundida—. Significa pecado, hacer el mal, errar el blanco. Es un acontecimiento excepcional que les sucede a los personajes principales en una historia que arruina sus vidas o los sitúa en un camino que sólo puede terminar mal.

—Itachi... —Saku susurró con tristeza.

Miré a Saku y le dije:

—Sabes la inspiración detrás de esta. No necesito explicarlo, ¿verdad?

Saku asintió hacia mí comprendiendo. Caminamos alrededor del resto de mis esculturas, cada una más desgarradora que la anterior.

—Así que empezamos con miedo, luego desesperación, después pecado, culpa, y finalmente... esta... —Las palabras de Saku se desvanecieron. No necesitaba levantar la mirada para saber que estábamos ante el ángel.

—Querido —dijo Saku con dulzura, su mano en mi espalda—. Necesitamos un título, necesitamos algo para los tableros de texto. Es la última pieza de la que hablar.

Los sentimientos que ya no era capaz de contener se lanzaron hacia delante, sofocándome. Me quedé sin aliento, mis ojos cerrados apretados mientras trataba de recuperar el aliento.

—Querido —susurró Saku en voz baja y empujó hacia atrás mi pelo, abriendo mis ojos.

—No puedo, Saku, no puedo hablar acerca de... ella... —le dije, quebrándose mi voz en mi última palabra.

Saku de repente estaba delante de mí, agarrando con sus manos mis muñecas, apartándolas de mi cara.

—Cariño —dijo en voz baja—. Ya es hora de que lo enfrentes. Necesitas hablar sobre tu mamma. Esto te está comiendo vivo.

Mi corazón se hinchó en mi pecho y luché por respirar, con mis pulmones constriñéndose. Pero sabía que tenía razón. Durante cinco largos años había bloqueado a mi mamma de mi cabeza para mantener mi cordura. Pero eso me estaba matando. No podía soportarlo más. Me estaba haciendo daño, no ser capaz de recordar las cosas buenas: su rostro, su sonrisa, lo mucho que me amaba, sin sentir como si estuviera siendo torturado lentamente en el proceso.

Forzándome a inhalar profundamente, me obligué a mirar esa estatua. Una ola de dolor y culpa se precipitó a través de mi cuerpo, incapacitándome hasta caer de rodillas.

De repente, Saku se arrodilló en el suelo a mi lado, envolviendo sus brazos alrededor de mi espalda. Las lágrimas comenzaron a derramarse de mis ojos mientras me imaginaba la última vez que había visto a mi mamma. Estaba acostada en su cama, su discurso casi inexistente y su frágil cuerpo débil e inmóvil. Me miraba salir para ir al después de la fiesta del Campeonato Nacional de los Crimson Tide en la universidad de Shisui. Le había dado sus medicamentos, y recogí su ropa de su habitación. Durante todo el tiempo solo me había mirado con lágrimas en sus enormes ojos desde su rota posición en su cama.

Se preocupaba por mí. Siempre estaba preocupada por mí. Pero esa noche, había algo diferente en su mirada. Era como si supiera que era la última vez que estaríamos juntos... como si supiera que iba a joderlo tan mal que iba a cambiar todo para todos nosotros...

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Mientras colgaba los camisones limpios de la mamma en su armario, me di la vuelta para encontrarla mirándome, con su cara empapada de lágrimas. Mi corazón se quebró al verla tan pequeña y triste en esa cama. Siempre estaba triste. Siempre acostada, incapaz de moverse, llorando cubos de lágrimas. Mientras estaba allí de pie mirándola quebrarse, recordé como mi mamma se había visto antes. Había sido hermosa, tan llena de vida, pero el ALS le robó cada músculo y lo peor de todo, robó su sonrisa. Todo lo que se mantuvo sin cambios fueron sus enormes ojos negros. Los mismos ojos negros que podían decirte todo lo que estaba sintiendo con una sola mirada. Esos ojos negros que me estaban destripando mientras miraban hacia mí, en este momento.

Caminé hacia donde estaba, con mi corazón acelerándose en mi pecho, algo dentro de mí me hizo sentar en el borde de su cama y tomar su huesuda mano fría en la mía.

A medida que nuestras miradas se encontraron, las lágrimas escaparon por la comisura de mis ojos justo a la vista de las suyas. No podía malditamente soportar verla llorar, esto me partía el corazón. Rompía mi corazón saber que esas lágrimas eran de preocupación... de decepción por mí.

Levanté la mano de la mamma hasta mis labios y presioné un beso en su delgada piel.

—Lo siento, mamma —susurré mientras miraba hacia mí, su cuerpo inmóvil, sus lágrimas volviéndose más y más gruesas cuanto más hablaba—. Sé que no soy el hijo que querías que fuera. Lo siento, soy un gran y jodido fracaso.

Mamma cerró sus ojos, parpadeando para alejar la tristeza que llenaba su mirada cuando le dije esas palabras. Mi cabeza cayó en su mano y susurré:

»Sólo quería ayudarte, mamma. Incluso cuando era pequeño, con papá pegándote, siempre quise protegerte, mantenerte a salvo... salvarte de tener una vida tan mierda. Pero sé que todo lo que soy para ti ahora es una decepción. No soy una estrella del deporte como Shisui. No soy como el chico joven y dulce en el cuarto de al lado que sabes que va a ser alguien algún día... —Me atraganté con un suspiro y miré sus ojos de nuevo, moviendo mi dedo para apartar las frescas lágrimas calientes de su mejilla y el cabello húmedo de su cara—. Pero te amo igual, Mamma. Te amo tanto que no sé cómo lidiar con toda esta mierda por la que estás pasando, esta maldita enfermedad. No puedo soportar lo que te está pasando. No puedo soportar no ser capaz de hacer una mierda acerca de esto. Siempre nos he protegido, pero no puedo protegerte de esto... y no puedo malditamente manejarlo. —Apreté la mano de mi mamma más fuerte y me detuve, para poder respirar—. Y no estoy seguro de qué demonios voy a hacer cuando me dejes... cuando nos dejes... —Un sollozo arrancó en mi pecho cuando pensé en cómo sería vivir en un mundo donde ella no existiera y esa mierda me rompió.

La respiración de la Mamma aumentó, y cuando miré su rostro, a pesar de que sus músculos no podían moverse, vi el dolor en su expresión... Vi la cruda verdad de que no quería dejarnos, tampoco... que eso la estaba consumiendo, que no tenía más remedio que desvanecerse lentamente.

—No estoy seguro de cómo seguir en esta vida sin ti, mamma. He luchado durante tanto tiempo para mantenernos, para mantenerte, que no sé qué demonios voy a hacer cuando te vayas... cómo voy a hacerle frente...

Lloré un montón en esta cama con la mano de mi mamma tan débil entre la mía. No creía que pudiera moverme de estar sentado aquí, sólo sosteniendo la mano de mamma, pero Kisame golpeó la puerta de nuestro remolque, diciéndome que teníamos que irnos.

Limpiando mis mejillas, me levanté y limpié la cara de la mamma con el paño húmedo que mantenía junto a su cama. Inclinándome, la besé en la frente y susurré:

—Ti voglio bene, mamma... sempre.

Justo antes de irme, me dirigí hacia su viejo tocadiscos y lo encendí. "Ave María" comenzó a sonar de inmediato desde el altavoz.

Caminando hacia la puerta, salí sin mirar atrás.

Y nunca la volví a ver de nuevo...

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—Shhh... —Saku me susurró al oído mientras me mecía, llorando en mis manos.

Levantando mi cara, me encontré con la mirada comprensiva de Saku y le dije:

—Nunca llegué a decirle adiós, Saku... Nunca jodidamente tuve la oportunidad de despedirme de mi mamma... —grité cuanto pude y luché sólo para respirar a través de la culpa que me carcomía—. Era egoísta... tan jodidamente egoísta, y me fui, hui y la dejé sola, los dejé solos. Debió de haber estado muy asustada por mí, tan preocupada por dónde estaba cuando se quedaba allí sin poder levantarse y venir a buscarme. Porque siempre se preocupaba por mí, Saku. A pesar de que se estaba muriendo, durante años consumiéndose lentamente, no le di ningún tipo de paz. ¿En qué demonios estaba pensando? Murió en esa habitación de hospital sin mí allí para decirle que la amaba, para decirle que saldría por fin esta vida de mierda y que se quedara en paz... que la echaría de menos el resto de mi vida... Cristo, Saku, ¿cómo diablos dejé pasar eso? No hay vuelta atrás y no sé cómo seguir.

Las lágrimas de Saku salpicaron sobre mi cabeza y dijo con voz cansada:

—Sabía que la amabas, cariño... ella sabía que un día serías alguien.

—Pero no vivió lo suficiente para ver nada de eso, ¿verdad? Lo único que conocía de mí era decepción. Murió pensando que todo lo que había criado era un pedazo de mierda que traficaba coca. La culpa... la culpa de eso condenadamente me destroza. Debió morir pensando que había fallado como madre... pero la verdad era que yo había fallado como hijo...

—Itachi... —Saku iba a hablar, pero la miré y dije:

—No sé ni cómo lucía cuando falleció. Nunca he sido capaz de preguntarle a Shisui eso. No sé cómo se veía, a qué hora fue su muerte, lo que dijo. Nunca podré perdonarme a mí mismo por ello... mientras viva, nunca me lo perdonaré.

Todo el color desapareció del rostro de Saku y sus brazos se apretaron alrededor de mí. Entonces abrió la boca y confesó en voz baja:

—Yo estaba allí, Itachi...

Todavía tratando de evitar que mi pecho se asfixiara, no entendía lo que quería decir. Las temblorosas manos de Saku acunaron mis mejillas y explicó:

—Cariño, estaba allí cuando tu mamma murió... la vi... estaba en la habitación cuando tomó su último aliento.

Confusión me congeló. La cara de Saku se rompió en un suave llanto.

—He querido decirte esto desde hace mucho tiempo, que estaba con Shisui y Izuna cuando tu mamma falleció. Estábamos todos en el hospital por Tema cuando recayó y tu madre fue ingresada. Shisui casi se rompió por tener a su madre muriendo y su alma gemela desvaneciéndose. Él no podía hacerle frente, por lo que todos nos quedamos para apoyarlos a él y Izuna.

Todo lo que podía hacer era mirar a Saku mientras hablaba.

Nuevas lágrimas llenaron sus ojos.

—Nunca hablabas de ella y tenía miedo de que si la mencionaba, te ahuyentaría. Pero estaba allí, querido. Estaba allí cuando pasó.

Sin saber cómo reaccionar ante lo que estaba diciendo, le pregunté:

—¿Estaba tranquila? ¿Estaba sufriendo? No puedo soportar la idea de que luchara para morir, tratando desesperadamente de vivir.

Los labios de Saku se fruncieron mientras luchaba para no romperse aún más. Luego añadió:

—Tu mamma estaba durmiendo pacíficamente y luego se desvaneció... fue indoloro, Itachi. Parecía que estaba durmiendo... se veía hermosa... como un ángel...

La imagen del hermoso rostro dormido de mi mamma inundó mi mente, y fui incapaz de contenerme, me derrumbé en el regazo de Saku, dejando escapar cinco años de pena reprimida. Lloré hasta que mi garganta y pecho se encontraban en carne viva y dolorida. Durante todo el tiempo, Saku me sostuvo en sus brazos, acariciando mi cabello y llorando conmigo...

—Quería decirle adiós, y ahora que sé que fue es imposible... —grazné, purgando mi culpa.

La mejilla de Saku se recostó en mi cabeza y susurró:

—La muerte no es un adiós; es simplemente un hasta pronto.

Jadeé y levanté mi cabeza para mirar directamente en sus ojos esmeralda.

—¿De verdad crees eso? ¿Que esto no es el final?

Saku acarició mi cabello.

—Con cada parte de mi corazón.

No sé cuánto tiempo me quedé envuelto en sus brazos, pero cuando finalmente levanté mi cabeza, mi pecho se sentía más ligero. Y cuando miré los ojos amorosos de Saku, mis manos en su rostro perfecto, sabía que las plegarias de mi mamma por mí se habían hecho realidad...

Io prego perché tu Possa trovare la tua luce, mio figlio smarrito... Ruego para que encuentres tu luz, mi hijo perdido...

Lo hice.

La Mia luce... —murmuré a través de mi garganta adolorida y cruda. La cara de Saku se suavizó en adoración. Las siguientes palabras que dije salieron directamente de mi corazón sin ni siquiera pensarlo consciente—. Ti amo, carina... te amo malditamente tanto que a veces no puedo soportarlo.

Saku jadeó sorprendida, y con su labio inferior temblando, se inclinó para besar mis labios secos y murmuró respondiendo:

—Yo también te quiero, Itachi. Mucho. Eres todo mi corazón.

Mierda. Ella también me amaba...

Nuestro beso se hizo más profundo, hasta que me retiré. Sintiéndome agotado, puse mi cabeza en el regazo de Saku, mis ojos mirando directamente su cara.

Mientras la miraba feliz acariciando mi cara, pensaba sobre la plegaria de mi mamma y me quedé helado.

Saku, sintiendo que algo estaba mal, preguntó:

—¿Qué pasa, cariño?

Sacudiendo su cabeza con incredulidad, le dije:

—Sólo es algo que me vino a la mente.

Las cejas de Saku se elevaron.

—Dime —instó.

Miré al ángel de mármol de mi mamá y le dije:

—¿Crees en el destino?

Todavía confundida, se detuvo y se encogió de hombros.

—No lo sé, tal vez. Creo que a veces pasan cosas que parecen tan planeado por una fuerza externa que lo que ocurre no puede ser simplemente una coincidencia. —Su cabeza se ladeó—. ¿Por qué lo preguntas, cielo?

Aclarándome la garganta, y sintiéndome muy muy estúpido por decirlo, me decidí contarle mi versión.

—Mi mamma solía rezar para que un día encontrara mi luz, la luz que lograría que cambiase, para salvarme. Siempre me llamaba su hijo perdido, y su mayor deseo era que encontrara mi camino.

Saku sonrió y extendió su mano para tomar la mía, jugando con mis dedos.

—Pero no lo hice. De hecho, las cosas sólo empeoraron. Ella murió y fui a la cárcel.

—Itachi... —dijo Saku con simpatía, pero detuvo lo que iba a decir levantando la mano.

—Saku, el ir a la cárcel, me alejó de los Heighters, lo que provocó que me atacaran.

Saku parpadeó rápido y se apresuró para entender.

—Carina, si no hubiera pasado por todo eso... todo ese dolor, esa rabia... Yo nunca habría hablado con la enfermera en la enfermería sobre mis diseños de tatuajes. Nunca me habría visto obligado a ir a clase de arte para frenar mi enojo. No me hubiera enamorado de la escultura de arcilla, que luego me condujo a esculpir mármol, en el que derramé mi dolor. Nunca me habría encontrado con Jiraiya, quien publicó fotos de mis obras, que luego usaron mi ángel de mármol en una exposición en el Met...

—...Donde la vi en una revista y volé a Nueva York para verla en persona. Donde entonces escribía artículos y entradas de tus obras y métodos...

—Donde Jiraiya los leyó, y cuando fue a preparar todo para la exhibición, te contrató para que la elaboraras... la mujer que era amiga de mi hermano... la mujer que entendió mi alma antes de que yo mismo lo hiciera... —Tomé una tranquila respiración—. La mujer que estaba en la habitación con mi mamma mientras moría cuando yo no pude estar... esa misma mujer que respondió a la plegaría de mi mamma... ella se convirtió en mi luz, ella salvó al hijo perdido de la mamma.

—Itachi... yo... no sé qué decir... —susurró Saku a medida que más lágrimas caían de sus ojos. La atraje a mi pecho y respiré el aroma de champú de lavanda de su cabello—. Siempre he querido esto —dijo con fuerza—. Siempre he querido este tipo de amor, este amor intenso... nunca me di cuenta de que podría ser mucho más... hasta que te conocí.

Cerré mis ojos mientras decía esas palabras, y por primera vez en mi vida me sentí... sin fuerzas.

Fijé mi atención en la estatua de mármol de mi mamma y le dije en voz baja:

—Ave María.

Saku se tensó contra mi pecho, y preguntó:

—¿Qué?

—El ángel, su título debe ser "Ave María".

—Itachi —Saku suspiró—. Es hermoso... es perfecto.

Saku presionó besos a lo largo de mi cuello y cerré mis ojos, relajándome con su toque.

—El ángel roto es mi mamma en esta vida. Atrapada en un cuerpo del que no podía escapar, rezando por la muerte antes que vivir en aquel infierno. Las cenizas que está sosteniendo son un símbolo de la muerte.

Los labios de Saku habían dejado mi cuello, su cuerpo muy quieto.

—¿Y el otro lado?

Sonreí, casi sintiendo el calor del sol en la cara de mi mamma.

—Esa es la próxima vida, el cielo, el paraíso, como quieras llamarlo. Esa es mi mamma despertando después de la muerte, totalmente sanada, sintiendo el sol brillante en su cuerpo sano... libre... Siempre fue mi sueño desde que se enfermó. Que iba a volver a ser libre.

Una sensación de paz me llenó mientras miraba la estatua y tomé una respiración profunda. Toda la información y títulos se habían completado. Había conseguido atravesarlo. La exposición estaba finalmente completa.

—¿Itachi? —dijo Saku.

—¿Mmm? —murmuré, fijando mi atención en las brillantes estrellas del cinturón de Orión a través del techo de cristal.

—Es hora de contarle a tus hermanos sobre de tus esculturas.

Esperé a que la aprehensión, vergüenza y temor se instalaran en mi pecho. Por una vez, no vinieron. Mientras miraba las estrellas, me di cuenta de que estaba preparado para contarle acerca de la verdadera razón por la que estaba en Seattle, y lo que realmente había estado haciendo con mi vida.

—Sí —le dije en respuesta—. Se los diré mañana.

Podía sentir a Saku sonreír contra mi pecho, y susurrando:

Te amo, querido.

Una ráfaga, un sentimiento casi paralizante de amor me recorrió el cuerpo, llenando cada uno de mis músculos y susurré:

—Ti amo, carina. Sempre.