Capítulo 22
SAKURA
—El señor Uchiha recibió un disparo directo en el estómago. Perdió mucha sangre. Cuando fue ingresado tuvimos que operar inmediatamente. Nos la arreglamos para reparar la herida y retiramos con éxito la bala. Le hemos hecho una transfusión de sangre y ahora está estable.
El doctor tenía que dejar que viéramos a Itachi. Mis nervios estaban destrozados. Me sentía asqueada mientras el doctor explicaba la extensión de sus heridas y cómo pudo haber muerto si la policía no lo hubiera encontrado cuando lo hizo.
—Dennos unos minutos para llevarlo a su nueva habitación y estará listo para recibir visitas, pero sólo dos a la vez.
El doctor dejó la habitación. Cuando intenté respirar, un oficial de policía entró.
—¿Son familiares de Itachi Uchiha? —preguntó y miró a Shisui.
—Sí, señor —dijo Shisui levantándose—. ¿Sabe que le sucedió?
El oficial de policía cerró su libreta y asintió.
—¿Conocen al señor Remo Hoshigaki?
Cerré mis ojos sintiendo que mi mundo se derrumbaba. Estaba paralizada, totalmente paralizada sabiendo que pude haber perdido al amor de mi vida. El amor de mi vida quien merecía esta nueva vida que había —literalmente— esculpido a sí mismo.
Remo... Remo Hoshigaki. Ese bastardo casi me arranca el corazón.
—Sí, conozco a Remo —dijo Shisui, el tono de su voz cayendo hasta temperaturas árticas.
El oficial levantó su ceja.
—¿Un antiguo miembro de la pandilla?
Shisui miró al oficial, pero no dijo nada. El oficial suspiró y asintió.
—Está bien, lo entiendo.
—¿Qué le sucedió a Remo? —preguntó Izuna, luciendo como si se hubiera sorprendido.
El oficial se pasó una mano por el rostro.
—El señor Hoshigaki era buscado por cinco cargos relacionados con drogas y dos homicidios. Ha estado huyendo durante años. Cruzó las fronteras estatales en un vehículo robado y sólo era cuestión de tiempo antes de que lo atrapáramos... desafortunadamente se las arregló para atacar al señor Uchiha antes de que descubriéramos su paradero. Otro auto que pasaba vio el incidente y lo denunció.
—¿Y? —preguntó Neji—. ¿Dónde está el idiota ahora?
—El señor Hoshigaki abrió fuego contra los oficiales. No tenía intención de ir a prisión. Fue asesinado a tiros en el escenario del crimen.
El silencio que siguió a las noticias del oficial colgó pesadamente en la habitación. Pero no pude evitar estar agradecida de que Remo hubiera muerto... eso significaba... eso significaba que Itachi finalmente era libre.
Finalmente era libre de su pasado.
El oficial abrió la puerta y dijo:
—Lamento que su hermano fuera herido. Parece que cambió su vida. Espero que pueda recuperarse.
Cuando la puerta se cerró, Shisui se desplomó contra la pared, deslizándose hasta el suelo. Cubrió su rostro con ambas manos.
—Cristo... —dijo con una voz consumida que hizo que nuevas lágrimas brotaran de mis ojos—. Ese maldito idiota de Heighter. Si no estuviera muerto, lo mataría yo mismo.
Shisui levantó su cabeza hacia mí.
—¿Saku?
Me encontré con su mirada.
—¿Kakō? —interrogó. Sabía lo que estaba preguntando. Quería saber si era un peligro para sus hermanos.
—Cadena perpetua. Tres cargos por homicidio —contesté, y vi una tonelada de tensión abandonar sus músculos—. Nunca va a salir.
Justo entonces, el doctor entró por la puerta.
—El señor Uchiha puede tener visitantes ahora.
Inmediatamente me puse de pie, como también lo hicieron Izuna y Shisui. El doctor nos miró a los tres y sus hombros se hundieron.
—Nadie más que ustedes tres, ¿está bien?
Lo seguimos por la puerta y con cada paso que daba, mi corazón latía más y más rápido. Quería ver a Itachi tan desesperadamente que casi eché a correr. Claramente sintiendo mi ansiedad, Izuna se estiró y tomó mi mano. Sorprendida, me encontré con sus ojos negros y vi el miedo y la tristeza en su profundidad. Estaba tan asustado como yo de entrar en esa habitación.
El doctor nos guió a una habitación en la esquina del pasillo. Con el pecho oprimido y sintiéndome entumecida, lo seguí a través de la puerta, cuando inmediatamente me congelé en mi paso, como todos nosotros, la mano de Izuna apretando fuertemente la mía.
Itachi...
Como una presa rompiéndose, las lágrimas cayeron por mi rostro cuando vi a mi amor roto en una cama de hospital. Los cables estaban entrando y saliendo de su piel, y la sangre trasfundida por su brazo.
Sus ojos estaban cerrados, sus labios hinchados y amoratados y su largo cabello estaba echado hacia atrás de su rostro.
Incluso así era hermoso... mi oscuro y torturado anti-héroe... el hombre que siempre estuve destinada a adorar.
Mientras la espalda de Shisui se apretaba ante la visión de su hermano mayor, también sostuve su mano. Los ojos de Shisui se cerraron brevemente ante mi toque pero se abrieron y mantuvo su atención en Itachi. Ninguno podía mirar hacia otro lado... habíamos estado tan cerca de perderlo.
—Ha estado despertando más y más, así que podrán hablar con él pronto.
En alguna parte de mi cerebro, registré al doctor irse, dejándonos solos, pero mis ojos se encontraban pegados a la otra mitad de mi alma yaciendo en esa cama.
—¿Cómo va a perdonarnos alguna vez, Shisui? —dijo Izuna a través de su garganta apretada—. Lo tratamos como una mierda, nunca le dimos una maldita oportunidad de explicar nada... y mira lo que había estado haciendo... mira lo que hizo por nosotros y nunca supimos. Casi murió en esa prisión tratando de protegernos, y lo ha hecho de nuevo... nos ha protegido de nuevo...
La voz de Izuna se cortó.
»Siempre nos ha estado protegiendo, ¿no es así, Shisui? Desde que éramos niños, siempre ha tratado de mantenernos cerca... y le dimos la espalda cuando más nos necesitaba...
Después de la confesión de Izuna, el goteo de la intravenosa sonaba como el choque de truenos mientras caían dentro del líquido al mezclase en el dispensador.
Abrí mi boca para decirle que todo estaría bien, cuando escuchamos:
—No hay... nada... que... lamentar...
El tiempo pareció detenerse cuando el timbre áspero de la voz ronca de Itachi sonó a través de la tristeza de la habitación. Al unísono, saltamos hacia adelante. Shisui y Izuna corrieron hacia un lado de su cama, y yo hacia el otro.
Pasando mi mano a través de la frente de Itachi, lo observé luchar por tragar y abrir sus ojos. Una lágrima de mi ojo salpicó sobre su mejilla, justo en el crucifijo de su tatuaje. Utilicé mi pulgar para limpiarla.
Mientras pasé la almohadilla mojada de mi pulgar a lo largo de la línea de su mandíbula, sentí esa deliciosa sensación de un par de oscuros ojos italianos mirándome. Inhalando un fortalecedor aliento, parpadeé y levanté mi mirada para encontrarme con esos hermosos ojos.
Con su labio superior curvándose en una sonrisa enganchadora, Itachi abrió sus labios y carraspeó:
—Carina... —dijo con un aliviado suspiro.
El nombre de cariño sonó como una oración contestada para mi alma mientras llegaba a mis oídos. Aspirando mis emociones, le di una sonrisa acuosa.
—Bienvenido de vuelta, querido...
—¿Qué... qué? —trató de preguntar. Lo callé y sacudí mi cabeza.
—Todo está bien, tú estás bien. —Levanté la mirada hacia Shisui y Izuna ansiosamente de pie al otro lado de la cama. Y reaseguré—: Todos estamos bien.
Itachi lentamente siguió mi mirada, llevándolo hacia Shisui y Izuna.
—Fratelli... —dijo tranquilamente, levantando lentamente su mano.
Shisui fue el primero en estirarse por la mano de Itachi, su cabeza agachándose hasta que su frente tocó sus dedos.
—Itachi... jodidamente lo siento...
—Vai bene —contestó Itachi. Luego miró hacia Izuna—. Izu... —dijo con sentimiento. Pude ver los ojos de Itachi brillando con lágrimas sin derramarse. Amaba a ese chico hasta la muerte.
Izuna se desplomó sobre una silla como si sus piernas ya no pudieran sostener su peso, luego su cabeza golpeó el colchón, su espalda temblando con la fuerza de sus lágrimas.
—Lo siento, Ita... Lo siento tanto... —lloró. Shisui liberó la mano de Itachi. Itachi la posó sobre la cabeza de Izuna.
Izuna levantó la mirada cuando lo hizo y la envolvió con sus dos manos.
—Debimos haber confiado en ti.
Itachi cerró sus ojos, después los abrió un segundo después.
—Nunca... les di... mucha razón... para confiarme con sus vidas... lo... entiendo.
Shisui sacudió su cabeza.
—Todo lo que hiciste fue protegernos, Ita... lo entiendo ahora... —Shisui limpió sus ojos con la palma de sus manos y preguntó—, esas esculturas, Ita... ¿por qué no nos dijiste...?
—Vergüenza... —contestó apenado—. No lo merecía... —Su cabeza giró en la almohada hacia mí, sus ojos diciéndome sin palabras lo mucho que me amaba—, nada de esto. He sido... injustamente bendecido.
Sintiendo mi corazón agrandarse, me incliné y besé sus labios.
—Estás equivocado.
—Soy un pecador —dijo Itachi. Pude oír cuanto creía esa aseveración. Podía verlo en su expresión honesta.
—No. —Lo tranquilicé—. Un pecador es un hombre que no reconoce sus errores. Lo has hecho, querido, los has reconocido y has hecho todo en tu poder para arreglarlos... no eres un pecador. Eres un redimido.
—Tiene razón, Ita —dijo Izuna y su aliento se atrapó—. La mamma... estaría muy orgullosa de ti.
—Izu —susurró Itachi. Shisui se sentó junto a Izuna, añadiendo su mano encima de las suyas.
—Estoy tan orgulloso de ti... Tengo el honor de que seas de mi sangre
Aquellas palabras parecieron resonar en Itachi, significando mucho para ambos y las lágrimas escaparon de los ojos de Itachi. La visión de los tres Uchiha juntos fue mi perdición.
Después de algunos minutos de los chicos Uchiha arreglando las cosas, Izuna dijo repentinamente:
—A partir de ahora sólo cosas buenas para nosotros, ¿de acuerdo?
Itachi exhaló y pude ver el orgullo por la demostración de fuerza de Izuna brillando en sus ojos oscuros.
Izuna levantó su mirada y se encontró con los ojos tanto de Shisui como de Itachi.
—Júrenlo.
Shisui envolvió un brazo alrededor del hombro de Izuna, presionando en beso en su cabeza y dijo:
—Lo giuro.
Ambos miraron después a Itachi. Itachi sonrió a través de sus hinchados labios partidos, una genuina sonrisa completa que no le había visto mostrar antes y susurró:
—Lo giuro.
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Pasaron las horas mientras los tres nos manteníamos de vigilia de en la cabecera de Itachi. Estaba cansado, entrando y saliendo del sueño, pero nos quedamos allí. Los tres hermanos hablaron sobre el tiempo que Itachi estuvo en prisión, Shisui renuente a creer que Itachi no le hubiera dicho cuanto había sufrido. Pero se las arreglaron para superarlo. Izuna habló de sus miedos de perderlos a ambos, pero admitió que había contenido sus sentimientos durante demasiado tiempo, culpando erróneamente a Itachi de todo su dolor.
Se rieron, lloraron y cuando la noche llegó, una paz había sido encontrada.
Cuando el doctor entró a decirnos que las horas de visita habían terminado, Shisui y Izuna de mala gana se pusieron de pie, pero antes de que pudiera unirme a ellos, Itachi agarró mi mano.
—No te vayas —pidió adormilado, y mi corazón se derritió.
Miré al doctor y le lancé mi sonrisa más dulce.
—¿Puedo quedarme a pasar la noche? Me necesita. —El doctor suspiró y rogué—: ¿Por favor? Casi... lo pierdo...
Viendo compasión en su expresión, dijo:
—Sólo tú. —Shisui y Izuna lo besaron en la frente y prometieron verlo mañana.
Mientras alcanzaban la puerta, pregunté:
—¿Pueden por favor decirle a Tenten y Neji que los veré mañana?
Shisui asintió y me sonrió. Me pasmé ante el poder de esa sonrisa, y lanzando una última mirada hacia su hermano en cama, dijo para que sólo yo pudiera escuchar:
—Cuídalo, Saku. Nunca pensé que vería el día, pero ese hermano mío jodidamente te ama a muerte. Puede que no muestre mucho sus sentimientos, pero no puede esconder lo mucho que te adora.
Levantándome en la punta de mis pies, presioné un beso sobre la mejilla de Shisui y susurré:
—Siempre.
Shisui se rió. También besé a Izuna antes de cerrar la puerta. Todos excepto los dos habíamos quedado en la habitación.
Mientras me movía hacia la cama, Itachi estaba mirando mis zapatos y encontró mis ojos con una sonrisa.
—Adoro esos jodidos zapatos —dijo adormilado. Me moví hacia la cama, y justo cuando estaba a punto de sentarme en la silla cercana, Itachi sacudió firmemente su cabeza y palmeó débilmente la cama.
Empezó a moverse hacia un lado para hacerme más espacio y brinqué hacia adelante ante la visión de dolor que cubría su rostro.
—¡Itachi! —siseé cuando hizo un gesto de agonía y sostuvo la herida en su estómago. Gotas de sudor se formaron sobre su frente cuando se relajó de vuelta en el colchón... un espacio para mi ahora estaba en su lado izquierdo.
—Recuéstate —dijo a través de sus dientes apretados y sacudí mi cabeza.
—¡No! Mira el dolor que sientes.
—Saku, me dispararon y pude haber muerto. Por favor, joder sólo recuéstate... Te necesito.
Me quedé ahí de pie debatiéndome sobre qué hacer, pero cuando vislumbre vulnerabilidad en su mirada, cedí y cuidadosamente me recosté junto a él.
Mientras apoyaba mi cabeza en su almohada, me estiré y enredé mi mano a través de la suya. Itachi apretó mi mano fuertemente y cuando levanté la mirada, pude ver las arrugas de preocupación en su frente.
—Oye —pregunté—. ¿Qué pasa?
Itachi se quedó quieto y estaba segura que no me iba a responder. Pero con un jadeo, miró hacia arriba y tiró de mi mano para que quedara bajo su mejilla.
—Anoche, por primera vez en mi vida, estuve jodidamente asustado.
Mi corazón se hundió cuando vi lo mucho que le había costado reconocer eso.
—Amor... —susurré, y con mi otra mano, acaricié su mejilla—. Es entendible. Te dispararon.
Itachi se inclinó ante mi toque y besó mi palma.
—No estaba asustado por recibir un disparo, Saku, estaba jodidamente aterrorizado de que no volver a verte nunca de nuevo.
Mi respiración se atrapó. Me incliné para besarle sus pálidos labios amoratados.
—Itachi —lloré—, también estaba muy asustada. Shisui y Izuna me dijeron que te habían echado y que habías escapado. Sentí como si mi alma hubiera sido desgarrada. No podía creer que me dejarías así... sin siquiera decir adiós.
—Me iba a ir —dijo tristemente. Su mano apretándose alrededor de la mía—. E iba a llevarte conmigo.
—Itachi...
—Pero Remo me siguió. —Itachi respiró a través de su nariz como si estuviera reviviendo todo en su cabeza—. Me había seguido durante días... Supe que no escaparía de él vivo. Estaba ahí por venganza, y todo en lo que podía pensar era que Shisui y Izuna no me volverían a ver de nuevo después de haberme ido bajo un malentendido... y que tú... nunca vería este jodidamente hermoso rostro de nuevo... que nunca llegaría a vivir la vida que no podía creer que finalmente me había sido regalada.
Las lágrimas corrieron por su incipiente mejilla hacia su barba.
—Shhh... —lo tranquilicé—. Estás vivo. Sobreviviste y Remo está muerto... todas las amenazas contra ti y tus hermanos han desaparecido... de una vez por todas.
Itachi inhaló profundamente como si pensará que no podía comprender ese hecho. Moviéndome incluso más cerca de él en la cama, siendo cuidadosa con sus heridas, añadí:
—Y me tienes... todo de mí... para siempre, si eso es lo que quieres.
Los ojos de Itachi se ampliaron y liberando un largo suspiro, asintió.
—Joder, Saku, eso es todo lo que quiero. Eres todo para mí. Eres mía para siempre.
—Y tú eres mío para siempre también —contesté. La imagen de mi escultura de repente vino a mi mente y dije—: Itachi... tu nueva escultura... —Dejé de hablar, incapaz de encontrar las palabras para expresar cómo me sentía.
—¿Te... gustó? —preguntó dudosamente, su rostro duro por un momento luciendo un nerviosismo inocente.
—¿Me gustó? —pregunté con una sola risa—. No puedo... no puedo creer que así sea cómo me ves... tu esperanza... tu deseo hecho realidad...
—Eres mi esperanza, Saku. Eres cada esperanza que alguna vez me haya atrevido a tener... la mia luce.
—Itachi —murmuré. Inclinándome cuidadosamente hacia su amoratada boca, gentilmente presionando mis labios con los suyos. El beso fue todo lo que quise expresar, pero fui incapaz de decirlo con palabras. Mientras nos separábamos, sonreí—. Tu exhibición fue un éxito, amor. Jiraiya ya ha tenido ofertas para llevarla de gira. Sólo piensa, tu exhibición en los más grandes museos de arte del mundo... todo el mundo será testigo de tu genialidad.
Itachi alejó la mirada, luego me miró de nuevo, una expresión nerviosa sobre su rostro.
—¿Itachi? ¿Qué pasa? —pregunté—. ¿No estás feliz? Es algo que cambia la vida. Es un sueño hecho realidad.
—No lo sé —contestó y fruncí el ceño—. Toda mi felicidad depende...
Echándome hacia atrás, pregunté:
—¿De qué?
Rodando sus labios, haciendo gestos ante los dolorosos cortes, dijo:
—En si vas a ser la comisaría oficial de la gira.
Parpadeé, después parpadeé de nuevo, antes de que una ancha sonrisa jubilosa se extendiera por mis labios.
—Itachi, ¿me estás pidiendo que vaya alrededor del mundo contigo?
Itachi me sonrió de esa forma devastadora que sólo él había dominado y dijo:
—Jodidamente no iré a ningún lado sin ti, carina. Sé lo que quiero... y eso eres tú. Eres la única que alguna vez me tuvo. Joder, nena, realmente me tienes en cada posible manera.
Sintiendo que podría morir de felicidad, incliné mi cabeza y dije:
—¿Lo giuro?
Resopló una risa y asintió.
—Jodidamente lo juro por todo lo que soy.
—¿Y dónde viviremos? —pregunté, el tono surreal de esta conversación se estaba convirtiendo en algo difícil de seguir.
—Donde tú quieras, pero...
—¿Pero qué?
—Pero como que me gustaría estar cerca de mis hermanos aquí en Seattle. Extrañamente, me estoy acostumbrando a las nubes grises y la lluvia.
Me relajé con alivio.
—Bien, porque también quiero estar aquí. Quiero estar aquí cuando Tenten tenga a mi sobrino o sobrina en unos cuantos meses.
—Entonces vas a vivir conmigo —instruyó Itachi firmemente.
La calidez inundó mi cuerpo y asentí.
—Por supuesto. Te amo —dije en un estado de perfecta alegría, y me enrosqué en los brazos de Itachi.
Escuchando también un suspiro pacifico de Itachi, susurró de regreso:
—Ti amo, carina. Tienes todo mi amor.
Mientras cerraba mis ojos, segura con el hombre cuya alma estaría por siempre fusionada con la mía, envié una oración silenciosa a la mamma de Itachi.
Lo tengo ahora, Mikoto. Tu hijo perdido ha sido encontrado. Finalmente puedes descansar en paz.
