Nota: Es mentira, nunca superé a Yuugo. Basta.


Si alguien le hubiera dicho que al otro lado del muro no hay exactamente libertad y, que la muerte pisa talones y, que esta misma se iba a llevar a su familia –y a Dina–. Tal vez, tal vez hubiera pensado con cuidado sus acciones.

No resignarse a ser comida para demonios, pero sí haber pensado un poco más sobre ir a Goldy Pond tras llegar al refugio. Donde no hubiese visto a sus hermanos caer como moscas ante las garras y lanzas de esos monstruos come hombres, uno por uno, y no tuviera que escuchar sus "Corre Yuugo, corre".

Y ver a Dina sonreír por última vez con lágrimas asomándose en sus ojos y cayendo por sus mejillas antes de morir en sus brazos.

Y perder a Lucas y darlo por muerto.

Sólo para volver a encontrarse años después porque la mocosa que trató de matar la tuvo que rescatar. Porque si no su refugio sería destruido y este mocoso que iba con ellos, lo obligó a volver al lugar de sus pesadillas.

Que no sólo le ayudó a encarar sus miedos y perdonarse, también le dio la oportunidad de tomar venganza por la vida de todos y cada uno de sus hermanos caídos. (Meterle un balazo a la cabeza a Lewis, fue realmente gratificante y liberador).

Le estaba agradecido a la Antena por haber interrumpido su intento de suicidio al llegar ella junto a su familia y que no se haya rendido en llevarse bien con él, a pesar de que la trató mal e intentó matarla.

Pero sobre todo, por brindarle compañía tras años de soledad sumido en culpabilidad y dolor. Fue nostálgico recordar lo que era convivir con alguien más y sobre todo, lo que una familia era; fueron dos años en compañía de los mocosos de Grace Field y los sobrevivientes de Goldy Pond bastante amenos.

Y ahora, ahora estaba por ser recogido por la muerte.

Lucas estaba a su lado y había partido unos minutos antes, pero ¿Cómo culparlo? Su mejor amigo había perdido su brazo derecho cuando él creyó que había muerto y también, había cuidado de los niños de Goldy Pond hasta hoy.

Dando su vida por ellos, así como él la estaba dando por los niños de Grace Field. Por su Antena y su Cíclope somnoliento.

Una débil y vaga sonrisa esbozó al mismo tiempo que el dolor en su pecho acrecentaba, y no exactamente porque los escombros lo estaban aplastando.

Les había mentido, aunque en realidad le hubiese gustado ir a donde estaban ellos y decirles: Volví. Y tal vez, bromear y aceptar sus abrazos y sermones.

Pero estaba siendo aplastado por los escombros causados por la explosión, desangrándose y quedándose sin oxígeno y a nada de morir.

Pero estaba bien.

Las cosas estaban destinadas a ser así, después de todo. Y también, este era su deber como adulto… como… padre.

¿Yo, un padre? ¿Cuándo me volví tan blando? Todo es culpa de esa Antena… No… al final, es mi culpa.

(No voy a volver, les mentí, lo siento).

Este era su fin y esta sería su muerte, su sacrificio.

Y por supuesto, una muestra del amor que siente por esos niños.

Y Yuugo cerró los ojos, entregándose al cansancio que abordó su cuerpo malherido y durmió. Soñando, con el reencuentro con su familia de antaño.

Con Dina sonriéndole y dándole la bienvenida.

Y con la promesa de no volver a estar solo, a partir de ahora (y para siempre).