Que tan lejos, que tan cerca
Había sido un simple comentario nacido gracias al licor.
Samatoki ni siquiera estaba seguro de qué era lo que lo había llevado a pensar algo así y decirlo en voz alta, pero la reacción de Jyuto había sido tan divertida que lo había llevado a decir más para provocarlo.
No que eso significase mucho, claro. Las palabras de un borracho no merecían mucha atención y el borracho escuchándolas debería olvidarlas o al menos pretender que lo había hecho.
Pero no, claro que no.
Jyuto era un idiota que se tomaba en serio cosas que no merecían tal atención y aunque a veces eso lo hacía irritante, otras era justo lo contrario.
Y esta era una de esas.
No soltar una carcajada se estaba convirtiendo en un reto con Jyuto haciendo muecas de renuencia, aun cuando no por eso estaba retractándose del "está bien, lo haré" con el que había anunciado sus intenciones al llegar. De hecho ya había dejado su chaqueta a salvo el una silla lejana y sus guantes sobre la misma mesa auxiliar en la que terminó dejando sus anteojos con un suspiro, tras lo cual lo miró de frente.
O lo intentó.
Que entrecerrara los ojos delataba lo poco que veía e hizo más hilarante el que pretendiera verse decidido en el corto recorrido que lo llevó a quedar frente a Samatoki, quien estaba cómodamente sentando en el sofá de su apartamento, con un brazo en espaldar de éste y sus piernas separadas.
Jyuto titubeó un segundo antes de dar un paso más para quedar entre ellas, lo cual gritó a voces que todavía estaba forzándose a actuar, tal como lo hizo el que lo observara por unos segundos como si quisiera matarlo con la mirada a pesar de ni poder verlo bien.
Pese a todo eso, finalmente se arrodilló frente a él y pareció decidir ir al grano y no prolongar su propia miseria con la tensión de la expectativa, pues inmediatamente llevó su mano izquierda al pantalón de Samatoki, desabotonando el cinturón en un par de segundos.
—Es lo que querías, ¿no? —dijo como si estuviese retándolo a decir lo contrario y sosteniendo su mirada como no había podido hacer a más distancia.
Si Samatoki fuese a responderle con sinceridad, en realidad ni siquiera lo había considerado.
Claro, él sí le había preguntado (en broma, recordando distraídamente ese quizás no primer encuentro que lo había llevado a conocer a Jyuto) si Jyuto sí se inclinaría ante él como no lo había hecho ante esos gusanos insignificantes que casi lo habían aplastado por un descuido.
Si Jyuto simplemente hubiese escupido la cerveza que había estado bebiendo y tosido como si se hubiese atorado, ese habría sido el fin, pero el conejo no se había quedado con la boca cerrada tras recuperarse de la sorpresa y no había hecho nada para conservar su orgullo con un "no" ni le había dado el gusto de un simple "sí".
—¿Por qué carajos estás preguntando eso?
—Tal vez te quiero de rodillas frente a mí.
Al menos eso era lo que Samatoki recordaba de esa conversación.
¿Había añadido algo más que le había dado ideas al conejo policía?
Quizás.
O quizá Jyuto era un pervertido que no hacía más que pensar guarradas.
—Si tú lo dices —se burló Samatoki, recostándose más contra el espaldar del sofá. Si Jyuto esperaba que él lo apartase de un golpe y le diera así la excusa de huir, estaba perdiendo el tiempo.
¿Y qué tan lejos Jyuto estaba dispuesto a ir por él?
La curiosidad era una razón más que suficiente para no detenerlo.
Jyuto bajó su mirada y continuó tras solo un par de segundos. A pesar de su actitud, Jyuto no titubeó más y se encargó del botón y de la cremallera y lo tocó sin siquiera una mueca de disgusto, primero sobre sus boxers y luego directamente.
¿Estaba acostumbrado a algo como esto? La sola posibilidad llevó a Samatoki a fruncir el ceño y estiró una mano hacia Jyuto, queriendo halar su cabello y exigirle que confesara quien más no consideraba insignificante al punto de estar dispuesto a tragar más que su propio orgullo, mas el que Jyuto acercase su rostro a su miembro y usase solo la punta de su lengua para darle una lamida tentativa a la punta le respondió todo.
Nah, esta era su primera vez.
La satisfacción que eso le trajo lo llevó a sonreír, aun si con el paso de los segundos tal gesto se convirtió en una mueca de impaciencia.
Para comenzar, esto no estaba mal. No era como si los movimientos de la mano de Jyuto no estuviesen surtiendo efecto, aun si Samatoki habría preferido un agarre un poco más fuerte, pero si Jyuto pensaba que eso y unas pocas lamidas serían suficiente estaba muy equivocado.
Samatoki echó su cabeza hacia atrás y miró el techo por unos segundos, esperando un cambio de ritmo que no llegó.
—Apestas en esto —le recriminó poco después, fijándose de nuevo en él.
Su queja hizo que Jyuto se apartara para fulminarlo con la mirada y que incluso dejase su mano inmóvil, lo cual empeoró todo. ¿Jyuto ni era capaz de darle una paja decente?
—¿Qué esperabas?
Samatoki chasqueó su lengua y esta vez no se contuvo de estirar una mano hacia Jyuto y enredar sus dedos en su cabello y lo obligó a acercarse una vez más.
—Abre más la boca —indicó, agarrándolo con más fuerza de la que quizás era necesaria. Jyuto no se quejó a pesar de eso y aunque sí hizo una mueca que parecía más de molestia que de dolor, hizo caso. Samatoki sonrió una vez más y movió sus caderas hacia Jyuto, aprovechando esa invitación—. Y ni se te ocurra morderme.
Predecir si Jyuto haría caso o no era imposible y Samatoki contuvo su respiración y se esforzó en mantenerse inmóvil por ahora, aguardando con toda su atención en Jyuto una vez estuvo en el interior de su boca. Verlo cerrar sus ojos lo llenó de una expectativa que fue superada con creces cuando Jyuto pareció intentar tragar saliva y con ello lo apretó en el interior de su cálida boca.
O quizás se estaba esforzando.
El que volviese abrir sus ojos y pareciera intentar mirarlo le dio esa impresión y Samatoki no pudo hacer nada para no estremecerse, aun si no por eso borró su sonrisa.
—Mucho mejor —indicó. Jyuto repitió su previa acción, esta vez alejándose un poco y usando su mano izquierda para envolver lo que ya no tenía en su boca. Jyuto mismo fue quien creó un ritmo sin que Samatoki lo obligase a eso y una vez pareció haberse acostumbrado, se relajó un poco y se apoyó contra sus piernas, al tiempo que lo recibió un poco más profundo en su boca al tiempo que cerró los ojos una vez más.
Y no era que su técnica hubiese pasado a ser perfecta solo por eso, pero sí era excitante.
¿Por qué?
Quizás era por el placer de tener a alguien tan orgulloso como Jyuto literalmente a sus pies y dispuesto a todo o porque con Jyuto callado era fácil ver su atractivo o porque Jyuto parecía temblar a veces y su respiración se había vuelto irregular. ¿Lo estaba disfrutando?
Samatoki movió su mano, sospechando que ya no necesitaba mantenerla en la cabeza de Jyuto para asegurarse de que no se apartaría, y en un impulso la usó para ahora acariciar una de sus mejillas.
Jyuto volvió a abrir sus ojos y a fijarse en él, luciendo confundido y con un brillo en sus ojos que quizás eran lágrimas cuya existencia negaría si Samatoki llegaba a señalarlas, y Samatoki no pudo contenerse de volver a embestir su boca en un movimiento brusco y rápido.
El sonido que Jyuto dejó escapar ante esa acción quizás habría sido una protesta si hubiese podido pronunciarla; aun así, no intentó apartarse y sí cerró sus ojos de nuevo, mas no se limitó a permitirle usar su boca. Quizás era por su terquedad innata, quizás era porque quería fingir tener el control, pero redobló sus esfuerzos ahora con sus dos manos y su lengua y su torpeza todavía era obvia, pero Samatoki no planeaba decir que no lo estaba disfrutando y fue por eso que no se contuvo de gemir cuando golpeó la garganta de Jyuto luego de un par de embestidas más y en vez de rechazarlo, Jyuto lo aceptó.
¿Qué estaba pensando al chuparlo así...?
Samatoki volvió a agarrar el cabello de Jyuto y se deslizó en el sofá para poder penetrar su boca mejor, temblando y sintiendo la lengua de Jyuto tocándolo torpemente.
Maldito conejo, más le valía no decir luego que se arrepentía o algo peor, porque Samatoki no creía poder conformarse con solo una vez.
Eso fue lo que pasó por la mente de Samatoki antes de correrse poco después al tiempo que mordió sus propios labios para no hacer algo tan patético como terminar gimiendo su nombre y presionó la cabeza de Jyuto contra él.
Samatoki no tuvo la oportunidad de disfrutar ninguna placidez post-orgásmica tras eso, pues Jyuto lo golpeó en una pierna sin mucha fuerza antes de sacarlo de su boca y lo primero que hizo fue quejarse.
—Al menos podrías haberme advertido.
Eso no sonaba realmente convincente como un reclamo cuando Jyuto no parecía poder ser tan ruidoso como de costumbre y su voz sonaba ronca y además seguía de rodillas frente a él y ni siquiera estaba escupiendo nada ni parecía tener arcadas, lo cual hizo que cualquier irritación de Samatoki quedase de lado.
¿Primera vez y se había tragado hasta la última gota?
Ja. Samatoki soltó el cabello de Jyuto para acariciar su cabeza como si fuese su mascota.
—Nah, mejor así. Buen trabajo, conejito.
Jyuto alzó una mano para darle un golpe y obligarlo a dejar de tocarlo y usó la otra para limpiar sus labios con brusquedad.
—Dame una buena razón para no dejarte en una celda de por vida.
Esta vez Samatoki se permitió una fuerte carcajada. Tal cosa no era nada convincente luego de que Jyuto había venido voluntariamente a darle una mamada solo porque Samatoki había querido saber cómo se comparaba su posición con la de otros en la opinión de Jyuto.
Recordarlo hizo que Samatoki le sonriera con diversión una vez pudo dejar de reír, mas no estar seguro de qué tan bien Jyuto podía verlo le dio una idea.
—No te quites la gafas la próxima vez.
Eso no era una respuesta y ciertamente no era lo que Jyuto había esperado escuchar, pues dejó sus labios (todavía brillantes y enrojecidos, evidenciando más de lo que Jyuto seguramente creía luego de sus intentos por limpiarlos) entreabiertos por unos segundos sin pronunciar nada.
—Ni creas —dijo al fin— que voy a seguirte la corriente con cualquier fetiche que tengas.
Samatoki reacomodó su miembro en su ropa interior y cerró su pantalón, seguro de que él se veía mucho más presentable que el hombre que seguía arrodillado a sus pies, quien no estaba negándose a una próxima vez. Perfecto.
—No tengo ninguno —respondió y Jyuto entrecerró los ojos con incredulidad e intentó ponerse de pie, mas era obvio que la posición había hecho que sus piernas terminaran adormecidas. El que se tambaleara hizo que Samatoki lo agarrara de un brazo de reflejo, mas un segundo después un impulso lo llevó a halarlo hacia él—. Y no estoy diciendo que no vas a conseguir nada.
El que al mismo tiempo Jyuto tratase de alejarse, mas no pudiese hacerlo, lo llevó a caer sobre Samatoki, dándole la espalda. Eso facilitaba rodear la cintura de Jyuto con sus brazos y devolverle el favor, en cierta forma.
Jyuto protestó con palabras ruidosas pero no con acciones, por lo que abrir su pantalón y tenerlo en mano fue fácil. Él no estaba duro (lo que hizo que Samatoki chasqueara la lengua con decepción), mas respondió a sus toques y cerró sus manos en los brazos de Samatoki y arqueó su espalda, pegándola más al pecho de Samatoki, cuando se corrió.
—Eso fue rápido —comentó Samatoki con burla, satisfecho al descubrir que Jyuto era un conejo tal como su nombre lo indicaba, débil ante el placer y demasiado dispuesto a aceptarlo pese a sus palabras ácidas.
—Cállate.
Jyuto se dejó caer de lado, como si no tuviese fuerzas para huir, pero sí quisiera ocultar su rostro en uno de los brazos del sofá pese a que la posición en la que estaban le impedía a Samatoki verlo.
Tomarlo de un hombro y obligarlo a encararlo fue una tentación que Samatoki ignoró, decidiendo darle ese respiro en recompensa por su trabajo duro.
Pero la próxima vez también quería ver a Jyuto de frente. Samatoki dejó a Jyuto en el sofá, acostado de lado, para ir a lavar sus manos y a buscar una bebida para ambos que Jyuto necesitaba más que él, ansiando desde ya descubrir a qué más estaba dispuesto Jyuto.
Porque esta era la primera de muchas y no tenía ninguna razón para creer que Jyuto llegaría negarse a ello.
