Capítulo 2: Una fiesta agradable
Vale ya está hecho, ¿y ahora qué? Nos soltamos de la mano y yo devuelvo la atención a mi copa. Todo se siente diferente ahora, lo que acabamos de acordar es muy gordo.
- ¿Qué te parece si lo ponemos en práctica? –eso me pone ligeramente nerviosa.
- ¿En qué estás pensando? –Peeta mira a la gente que ríe y charla sin parar.
- Por ejemplo, ¿qué harías ahora que te hiciera sentir mejor? –lo reflexiono un momento. Hablar con él ya me hace sentir mejor pero no se lo puedo decir.
- Supongo que me gustaría vengarme de esta gente. Mírales qué felices. Me gustaría restregarles por la cara que también somos asquerosamente felices en esta fiesta que no termina nunca, a pesar de que no es así.
- Pues venga, vamos a bailar –y me ofrece la mano. Normalmente solo lo hacemos si nos obliga la situación. Esta vez sería por iniciativa propia porque no están prestándonos verdadera atención. Me levanto indecisa y le sigo a la pista de baile.
Automáticamente pongo mi mano izquierda en su hombro, y espero a que ponga su mano derecha en mi cintura, tal y como Effie nos ha enseñado a bailar, pero él no lo hace.
- No lo hagamos tan formal, baila como te gustaría bailar –eso me pilla por sorpresa–. ¿Cómo lo harías si nadie te dijera cómo hacerlo?
- ¿Estás de broma? No lo haría, yo no bailo –digo seria.
- Pues yo lo haría así –me coge ambas manos y empieza a moverme de un lado a otro.
No estamos siguiendo el ritmo demasiado bien, ni siquiera estamos moviéndonos con sincronía. Miro a mi alrededor acomplejada y preocupada de que nos vean, pero la verdad, nadie se está fijando. Vuelvo la mirada a él y me anima a intentarlo con una sonrisa. No estoy de ánimo, odio la situación, odio la gente, odio mi vida… pero le debo a Peeta intentarlo. Así que suspiro y empiezo a seguirle el rollo. Al principio me da vergüenza y no me gusta sentir que hago el ridículo, pero poco a poco me voy desacomplejando. ¿Qué más da si unos borrachos nos ven? Lo peor que puede pasar es que logre olvidar mis problemas durante unos minutos. Al final termino encontrándole el gusto a hacer el tonto con Peeta, damos vueltas sin sentido y nos reímos de lo mal que lo hacemos.
- Espalda recta –dice Peeta imitando la voz de Effie.
- Mirada al frente –digo yo imitando también su voz.
- Y elegancia –dice dando una reverencia que me resulta muy graciosa. Le imito.
- Educación, sobre todo educación. Que no se note que he salido de la Veta –mencionar casa me medio devuelve a la realidad. ¿Es posible que haya logrado dejar de lado mis preocupaciones durante unos minutos? Parece que sí, porque mi pecho se siente más liviano.
- Oh, no se nota para nada. Eres toda una dama –y de nuevo hace una reverencia y me da un beso en la mano, como haría un caballero. Sé que estamos haciendo el tonto y que nos estamos dejando llevar por una especie de locura pasajera, pero este beso en la mano me ha hecho sentir algo que no entiendo. Me ha dado varios besos hoy, ¿por qué uno en mi mano se siente distinto?
- Pues me parece fatal, no quiero ser una dama. Voy a tener que empezar a ser más como yo –y tiro los zapatos de tacón a un lado. Peeta se echa a reír y yo cierro un momento los ojos, saboreando la sensación de tener los pies libres.
Ahora que puedo moverme mejor trato de esconder el recuerdo de la Veta en el fondo de mi cerebro y de volver a esa sensación tan agradable que estaba sintiendo bailando junto a él. Así que le cojo las manos y empezamos a dar saltitos en círculos. No quiero admitirlo pero me lo estoy pasando tan bien que prácticamente es una irresponsabilidad. Podrían estar planeando una nueva forma de torturarnos en este mismo instante, ¿y yo estoy aquí dando saltitos? Pero es que sino ¿qué hago? ¿Amargarme en esa mesa, encerrarme en mi misma y dejar a Peeta de lado? ¿O estar aquí pasando el rato de la mejor forma posible?, aunque estén planeando nuestras muertes, ahora mismo eso no es algo que yo pueda controlar, por tanto no hará diferencia que haya estado sentada o bailando esta última hora. De hecho prefiero haber estado bailando, al menos sé que habré sido feliz unos minutos al menos. Ya sufro bastante cada día como para tener que sentirme ahora culpable por esto.
Peeta termina mareándose y nos reímos con poca discreción. Ahora sí me coge por la cintura como nos enseñaron a hacer, pero cambiamos los pasos y nos movemos de derecha a izquierda dando unos saltitos poco elegantes. ¡Le hemos cogido el gusto a los saltos!
- ¡Katniss! ¿Pero qué haces? –me detengo en seco y veo a una Effie muy avergonzada y enfadada que está recogiendo mis zapatos y poniéndomelos en los pies, obligándome a subirme a ellos. Cuando lo hago siento un gran dolor, porque mis pies se habían acostumbrado a estar libres.
Entonces veo que hemos terminado por llamar la atención; toda la sala nos mira pero no nos están juzgando como hace Effie, sino que están sonriendo. Creen que estamos enamorados y felices y me doy cuenta que la mejor forma de convencerlos es sintiéndome cómoda con Peeta y actuando con "naturalidad" en lugar de fingir. Pero claro, es la primera vez que hago algo así, no sabía que nuestra naturalidad podía ser tan convincente y satisfactoria.
Me cojo al brazo de Peeta para enfrentarme a una bronca que casi que me divierte; estamos tan locamente enamorados que Effie tiene que venir a separarnos y a hacernos actuar con decoro. Ojalá alguien le cuente esto a Snow.
- Esta fiesta es en honor a vosotros pero hay un límite, ¿sabéis? Sois vencedores, tenéis que demostrar que tenéis clase.
- Lo sentimos, no hemos podido evitarlo –dice Peeta que me coge por la cintura y apoya su mejilla en mi cabeza. Él también ha entendido que tenemos que volver a actuar porque todo el mundo nos está mirando.
- No es eso, yo me alegro que os lo paséis bien pero… –debemos de haber sido muy convincentes porque Effie hasta se siente culpable por reñirnos– tenéis que mantener la compostura y además se ha hecho tarde, tenemos que irnos –entonces mira hacia atrás y mueve la cabeza en dirección a Haymitch, lanzándole una señal para indicarle que es hora de irnos.
Nos despedimos de los anfitriones, les damos las gracias educadamente y por fin nos vamos. Peeta y yo seguimos de la mano incluso después de salir del edificio de justicia. Antes de subir al tren me quito los zapatos de nuevo (Effie se queja pero no le hago caso).
- ¿Estás bien? –me pregunta Peeta.
- Los pies me están matando…
- ¿Quieres que te lleve? –esa pregunta me pilla de improvisto. ¿Se refiere a llevarme en brazos? Si hubiera alguien delante aceptaría porque eso nos haría sumar puntos, pero ahora solo estamos nosotros cuatro, me lo ha dicho enserio, para ayudarme únicamente y no para aparentar.
- Estoy bien, además ya casi hemos llegado. Si me lo hubieras dicho antes hubiera aceptado –le digo en broma y le adelanto en el pasillo, soltándole la mano porque no me atrevo a mirarle.
Algo ha cambiado entre nosotros, durante un momento hemos conectado verdaderamente como hacía tiempo que no lo hacíamos y ahora esto me preocupa. Me he sentido cómoda y… feliz. Quiero seguir sintiéndome así con él porque siento que puedo hacerlo, que podemos hacerlo, pero ¿qué pasará cuando volvamos? ¿Merece la pena construir algo que terminará destruido? Ya hemos pasado por esto una vez y no salió bien, sobretodo para Peeta… pero Peeta ha dicho que vayamos por partes, solucionando los problemas más inminentes sin pensar en el resto. Ahora lo que nos atañe es la Gira y tenemos que hacer lo que sea para sobrellevarla. ¿Está bien entonces tener esta nueva complicidad con él? Entro en la habitación y me meto en la ducha. Será una ducha rápida, solo me lavaré el cuerpo ya que el pelo me aguanta bastante bien y no me daría tiempo a secármelo. También será fría, porque deseo seguir apoyándome en Peeta y no termino de decidir si es una buena idea o no. Principalmente porque me apetece hacerlo, lo que me indica que no debe ser una buena idea. Estoy hecha un lío.
Al final no ha sido tan corta como creía porque cuando salgo Peeta ya está tumbado en la cama. Sentir que puedo contar con él y que ha venido para estar conmigo me devuelve una cálida sensación al pecho que me apresuro en silenciar. Cuando salgo del baño, él de repente se levanta y se sienta.
- ¿Te siguen doliendo los pies? –creo que no hace falta que le responda porque avanzo despacio y apoyando los pies de forma extraña en un intento de que me duelan menos.
- No sé cómo Effie puede llevarlos tan seguido.
- Hoy se han cebado especialmente contigo, son de los tacones más altos que has llevado –me siento en la cama con gran alivio de poder dejar de apoyar los pies mientras pienso en lo que me ha dicho.
- ¿Sí? ¿Cómo lo sabes?
- Noto cuando te vuelves más alta que yo –responde simplemente y eso por algún motivo me hace gracia–. Es injusto que después de todo lo que tenemos que soportar, a ti encima te hagan llevar eso –y lo dice preocupado, preocupado de verdad.
- No pasa nada, he pasado por cosas peores –digo para tratar de animarlo pero la verdad es que me sorprende que se haya fijado tanto y que piense así.
- ¿Me dejas que te ayude? –eso vuelve a sorprenderme.
- ¿Cómo? –¿Va a tirarlos por la ventana? Bien pensado no es mala idea… Definitivamente quiero que lo haga.
- Ven, pon tus piernas aquí –se ha sentado delante de mí y me está señalando su regazo.
- ¿Qué?
- Pon tus piernas aquí –me repite. No tengo claro qué quiere hacer pero le hago caso y apoyo mis piernas en su regazo. Cuando toca mi pie me aparto de inmediato.
- ¿Qué haces?
- Un masaje. Vamos, lo necesitas –me coge las piernas y vuelve a depositármelas en su regazo. Siento un cosquilleo. La verdad es que todo esto está siendo muy extraño. ¿Un masaje? ¿Peeta va a darme un masaje? Creo que nunca nadie me ha dado uno.
- ¿Estás seguro? –la verdad es que me apetece un poco porque me duelen, ¿pero Peeta haciéndome masaje? No termino de creérmelo ni de asimilarlo.
- Tenemos un pacto, ¿recuerdas? –sí, lo recuerdo, es más, no puedo quitármelo de la cabeza– Hemos acordado solucionar los problemas uno a uno, y ahora a ti te duelen los pies. Vamos, déjame ayudarte –entonces coge mi pie derecho y un escalofrío me recorre. Me gusta sentir sus dedos tocando mi piel.
- ¿No te da asco? –le pregunto preocupada, acabo de ducharme pero aun así…
- He tocado cosas peores –me repite lo que yo le he dicho hace unos momentos.
- Muy gracioso –digo arrugando la nariz–. Pero ahora enserio, ¿de verdad vas a hacerlo?
- Túmbate y relájate –me aconseja.
- ¿Seguro?
- Que sí. Y no hables, sino no te relajarás.
No las tengo todas conmigo, pero después de haber estado tan cómoda con él en la fiesta… siento que puedo confiarle esto también. Ir paso a paso. Ayudarnos con lo que sea que necesitemos. No pensar en el mañana… Me tumbo y decido dejar que lo haga.
Al principio se me hace raro porque nunca me han dado un masaje de pies (ni de cualquier otro tipo) y no tengo muy claro si él ha dado alguno ya, pero la verdad es que me está sabiendo a gloria bendita. La situación es tan absurda que hasta es divertida. Peeta masajeándome los pies y yo deleitándome con estas caricias. Bueno, caricias no. Es un inocente masaje, no hacemos nada más... pero la verdad es que me está gustando mucho, quizás más de lo que debería, pero es que esto se le está dando demasiado bien. Cuando cambia de pie me entristezco porque eso significa que falta menos para que termine con el masaje. "No pienses así, te está haciendo un favor, solo eso" me digo. Sentirle junto a mí hace que se me quite tanto el dolor físico como el psicológico. Poco a poco me voy relajando y empiezan a caérseme los párpados. Cuando termina me siento en el séptimo cielo.
- ¿Mejor? –su voz suena tan lejana que es como si me hablara desde otro mundo.
- Sí… –respondo ya con los ojos cerrados. Estoy tan calmada, tan cómoda, tan feliz, tan de todo, que me duermo inmediatamente.
**Peeta's POV**
Creo que he ido un poco lejos proponiéndole lo del masaje, pero hemos estado tan bien bailando que me he sentido con la confianza suficiente de hacerlo. Antes en la cena cuando Katniss me ha hablado no esperaba que terminásemos de esta manera, ni mucho menos. Francamente estaba siendo un día horrible para variar. Además, ya es suficientemente duro enfrentarte a esto sin que tu acompañante te desprecie, así que imagínate si lo sumas todo. Odio nuestra dinámica: no nos hablamos en todo el día, ni siquiera nos intercambiamos una triste palabra de ánimo entre foto y foto. Así que pensar en la noche es lo único que me ayuda a sobrellevar el día pero tampoco es un gran consuelo porque siento que no es lo correcto… sencillamente porque me estoy aprovechando de la situación.
Siendo claros, ella me utiliza a mí. Sabe que no puedo negarle algo así y la verdad es que no me molesta darle mi apoyo y compañía cuando sus pesadillas la acechan. Es más, necesito hacerlo. De aquí el sentimiento de aprovechamiento. Ella me utiliza y yo me dejo utilizar porque no hay nada en este mundo que desee más que pasar tiempo junto a ella. Es rastrero y miserable, pero es que no soy capaz de alejarme de ella. La quiero. Ella no me quiere a mí pero es que no puedo dormir en mi habitación sabiendo que ella está sufriendo aquí sola. Cuando la abrazo y ella se acurruca en mi pecho me siento completo. Sé que es falso y pasajero, ¿pero sabes qué? Me vale. Alimento esta fantasía imposible, haciéndome daño noche tras noche, pero es que no puedo evitarlo, me dolería más no hacerlo. Nuestras vidas corren peligro y en cualquier momento podría perderla para siempre de modo que no pienso desperdiciar ni un solo segundo de los que ella me deje estar a su lado. Ella me utiliza y yo lo aprovecho.
Sé que tiene dudas y que le sabe mal, porque luego durante el día no me habla y mantiene las distancias. Cada mañana es una nueva puñalada en mi corazón pero lo soporto, lo que no soportaría es que no me dejara cuidarla por las noches, aunque sea en silencio y cada uno con su espacio. No quiero pensar en el mañana porque no lo tengo garantizado, por eso quiero vivir el presente mientras pueda. Así que sí a pasar las noches con ella, sí a bailar y sí a masaje en los pies.
La verdad, es la primera vez que doy uno. ¿A quién iba a dárselo? ¿A mis hermanos? Nos queremos pero se parecen demasiado a mi madre; no les gustan las muestras de afecto y solos nos relacionamos dándonos golpecitos en el hombro. Si no fuera por mi padre, que es tan cariñoso y bueno y al que sí he visto haciéndole un masaje en los pies a mi madre, me preguntaría si yo no pertenezco a esta familia (algo impensable más que nada por otro factor: mi familia no adoptaría a un niño así porque sí, sería demasiado caro y no se lo podrían permitir). Si estoy con ellos es porque me parió mi madre y no les quedó otro remedio que mantenerme. Siento ser tan duro, pero así es como me siento.
Me esmero bastante en el masaje, quiero que Katniss se sienta bien y que no se arrepienta por dejarme dárselo. Creo que tiene unos pies preciosos… no se nota que estoy enamorado, ¿verdad? Cuando termino miro por primera vez su rostro y veo que está prácticamente dormida. Es un buen halago, significa que se ha relajado. Cuando le pregunto si está mejor me responde con los ojos cerrados, creo que poco consciente de lo que le digo. Así que le dejo los pies suavemente sobre la cama y me aparto. Solo necesito observarla unos momentos para darme cuenta de que está completamente dormida. Sonrío levemente. Cojo la sábana por mi extremo, la bajo del todo y trato de cubrirla sin que se despierte. Katniss se da la vuelta hacia mí pero no se despierta, ahora mismo está en los brazos de Morfeo, sumida en un profundo sueño.
Me tumbo a su lado y me cubro con la sábana, observando su rostro relajado. Me encanta verla dormir así porque es el único momento en el que está tranquila y a salvo de las preocupaciones. Pero hoy es incluso mejor porque Katniss es feliz. Sí, ¡feliz! Tiene una media sonrisa dibujada y no puedo evitar pensar que es por mí, porque he logrado relajarla. Incluso quizás por ese baile tan improvisado que nos hemos regalado. Esto es un sueño: Katniss feliz, tranquila, calmada y lo que es mejor, junto a mí, de modo que puedo vigilar que nada ni nadie le haga daño durante las próximas horas. Lo único que falta para que sea perfecto sería poder besarla. Daría cualquier cosa por poder darle un beso y acariciar su sonrosada mejilla, pero Katniss confía en mí y no voy a traicionar su confianza, ni siquiera dándole un inocente beso en la frente. Así que reprimo mis ganas de darle un beso y me conformo con colocarme a su lado dejándole su espacio. Es una tortura, pero no puedo hacer nada más. La respeto y la quiero, así que me limitaré a vigilar sus sueños que es lo que ella espera de mí. Finalmente el cansancio empieza a pasarme factura y los ojos se me cierran a mí también.
.
.
.
.
.
** Nota autora: Trato constantemente de ponerme en su piel y esto es lo que siempre saco en claro: sabiendo que están sentenciados, no vale la pena desperdiciar ni un solo momento. Sé que los ánimos están bajos y que no ayudan a que Katniss se ponga a bailar así de repente, pero creo que si los dos ponen de su parte pueden conseguir que todo se les haga más llevadero. Claro que la Katniss de Suzanne sabe que las cosas pueden complicarse, pero la mía decide asumir el riesgo (de algo tengo que sacar historia, ¿no?). ¡Seguid leyendo para saber cómo evoluciona la historia!
