Le he recibido con una sonrisa como es costumbre en estas situaciones, pero rápidamente noto que algo es diferente. Esta vez no es un beso superficial como los que solemos darnos, sino que besa mis labios más intensamente. Eso me sorprende pero aun así le correspondo al beso. Abro mi boca y permito que nuestras lenguas se encuentren. Un escalofrío me recorre. Sabe a vainilla y a nata, al pequeño trozo de flan que le he dado. Justo cuando empiezo a sentir un cosquilleo en la boca de mi estómago se separa de mí. ¿Qué ha pasado? Lo ha dejado a medias y me sorprendo a mí misma al sentirme algo así como… ¿enfadada?
Peeta vuelve a su sitio detrás de mí, pero esta vez no apoya su barbilla en mi hombro. Estoy confusa, pero hago como él y miro hacia el Distrito 2 que se extiende a mis pies.
- ¿No te gustaría poder visitar el Distrito? –dice Peeta sacándome de mis pensamientos. Es como si me hablara en otro idioma porque yo aún sigo pensando en este beso. Normalmente nos besamos superficialmente, muy raras veces de este modo a no ser que la situación lo requiera y francamente, por una persona que había salido al balcón no era motivo suficiente.
- ¿Para qué? ¿Para que nos partan el cuello los profesionales?
- Tenemos diferentes culturas al fin y al cabo. Creo que sería interesante conocer sus costumbres… –cojo la mano de Peeta y la aprieto fuerte para que se calle. No ha dicho nada sobre aliarnos con los del 2 así que no sé si esto se considera rebelión o no, pero no quiero descubrirlo.
- Prefiero mi casa –digo para disimular.
- Yo también –dice él y dejo de apretarle la mano. Estamos en silencio y empieza a hacerse incómodo– ¿Vamos a dentro?
- Vamos.
Hoy no hay bailes improvisados ni complicidad, solo ganas de que todo esto termine. Cuando por fin lo hace me alegro de volver a mi cuarto, bueno, nuestro cuarto.
- Un día menos –dice él con buen humor, tumbándose en la cama y mirando al techo.
- Sí –y dudo sobre qué hacer. Me tumbo a su lado pero no tengo claro si es buena idea abrazarlo. Espero a ver qué hace él pero él parece que va a quedarse así, de modo que si nos acurrucamos sería porque así lo he decidido yo– Buenas noches –digo y me limito a estar a su lado sin tocarlo. Ese beso me ha confundido, es decir, no tendría por qué ya que llevamos días besándonos… "pero no de ese modo" flota la frase en mi mente.
Así que parece que hemos vuelto al silencio y al distanciamiento. Esta noche fijo que voy a tener pesadillas. Solo logro no tenerlas si Peeta me abraza o si me hace un masaje (recién descubierto por cierto), pero me resigno y trato de dormirme… no lo consigo. Termino dando vueltas, me cuesta una barbaridad dejar la mente en blanco. Entonces se me ocurre que con tanto movimiento Peeta puede que tampoco pueda dormir, así que dejo de moverme pero mi mente va a mil por hora, sobretodo me esfuerzo en tratar de no pensar en Gale y en la relación tan pobre que hemos terminado por tener.
Vale, no hay forma de dormir, maldita sea. Me levanto en silencio y salgo a dar una vuelta por el tren. "Solo dos días más" me respondo. ¿Pero dos días para qué? ¿Para que falten dos días menos para que sea mentora? ¿Para que Peeta ya no esté conmigo por las noches? Entonces me detengo en seco. ¿Me preocupa echar de menos sus brazos? ¿Por eso no puedo dormir? ¿Porque no me decido entre si abrazarlo o no? Me bebo un vaso de leche y decido volver a la cama. "No lo abrazaré, es mejor no cruzar más líneas, aguántate" me digo. Pero mi resolución se evapora cuando le veo.
Es la primera vez que estoy despierta cuando él tiene una pesadilla. Es verdad que no hace ruido ni se mueve, pero sí hay algo que lo delata: su expresión. Está apretando los dientes y los puños con fuerza, a la vez que le tiemblan los párpados. Me subo a la cama de un salto.
- Peeta despierta –le zarandeo levemente–, Peeta…
Cuando abre los ojos veo el miedo reflejado en ellos, su cuerpo se sacude, como si la vida volviera a él y se sienta erguido de golpe.
- ¿Katniss? –pregunta medio gritando.
- Sí, soy yo –respondo rápidamente y le cojo la cara entre mis manos–. Has tenido una pesadilla.
- ¿Estás bien? –me pregunta asustado.
- Sí, estoy bien. Los dos estamos bien. Solo ha sido un sueño.
A Peeta le cuesta unos momentos entender mis palabras y cuando lo hace me abraza.
- He tenido un sueño horrible –yo le devuelvo el abrazo y olvido rápidamente mi decisión de no acercarme a él más de lo necesario. Sus brazos son tan cómodos que esa decisión nada en el más absoluto olvido.
- Estoy aquí contigo, no me voy a ir, ¿vale? Así que trata de relajarte –le acaricio la espalda y él asiente en mi hombro–. ¿Te sientes mejor?
- Espera un momento –me dice y me aprieta un poco más fuerte. Yo me aferro a su cuello. Al parecer sí que se ha llevado un buen susto. Inspira profundamente y luego expira lentamente–. Ya estoy mejor, gracias –me suelta despacio.
- ¿Seguro? –pregunto.
- Sí –y se tumba, aún oigo como trata de calmarse mediante largas inspiraciones y expiraciones. Me pongo a su altura, le abrazo y empiezo a acariciarle el brazo. Peeta inmediatamente se pone de lado hacia mí y pone una mano en mi cintura, atrayéndome hacia él.
- Cierra los ojos y trata de dejar la mente en blanco –sigo acariciándole el pelo con cuidado. Si logro relajarlo, quizás vuelva a dormirse.
- Soñé que te cogían y que…
- Shhh, no pienses en eso, no era real, cierra los ojos –me acurruco un poco más a él, estamos muy cerca pero no me importa, solo quiero conseguir que deje la pesadilla atrás. Sé lo mucho que hieren y lo mucho que cuesta liberarte de ellas–. Estoy contigo, no me moveré de tu lado –le susurro y paso a acariciarle la espalda. He visto el pánico en sus ojos y no ha sido agradable. No quiero que tenga miedo ni sufra, si él sufre yo sufro– estoy contigo –le repito porque siento que aún está temblando, pego mi frente a la suya– no me moveré de tu lado –y parece que poco a poco se esté relajando, quizás logre dormirse pronto. Sigo cuidándolo, Peeta parece calmado– sigo aquí –repito en un susurro. Estamos muy cerca pero siento que necesito hacerle saber aún más que efectivamente aquí estoy, que estoy para él… le doy un beso porque tengo miedo de que él tenga miedo– duerme… –y Peeta me besa.
Técnicamente me ha besado él pero, básicamente, yo he empezado todo esto. He sido yo quién le ha dado un corto beso en los labios, lo que ha desencadenado que Peeta me esté besando ahora. Me aprieta contra sí y me succiona los labios con intensidad. Yo estoy en shock por dos motivos, principalmente porque nunca nos hemos besado en la intimidad, y el segundo motivo (el más alarmante) es que yo no solo lo permito, sino que descubro que lo deseo. Nos besamos durante bastante tiempo hasta que Peeta finalmente me coge entre sus brazos y me deja descansando en su pecho, con su barbilla en mi coronilla. No habla, no dice nada. Me estoy preguntando qué pasará ahora cuando siento que su pecho sube y baja despacio y oigo cómo le cambia la respiración. ¿Se ha dormido? No puedo moverme para comprobarlo pero eso parece. Entonces… ¿me ha besado medio dormido? ¿No ha sido consciente de esto? "Ya podría haber estado despierto".
¿Qué?
Intento analizar este sentimiento. ¿Me ha sabido mal que no me besara con toda la intención estando plenamente consciente? ¿Qué quiere decir eso? Si lo hubiera hecho aposta… tendríamos un problema, uno de muy gordo porque yo no puedo enamorarme, tengo demasiadas preocupaciones y problemas. Y Peeta lo sabe maldita sea. Y sin embargo… he respondido a su beso con mucha facilidad. ¿Por qué? Nos besamos muy seguido, ¿qué diferencia hace uno más? La única conclusión racional que saco es que no me importa besarle, y ni siquiera sé qué significa eso.
Cuando empiezan a pesarme los párpados sé que me estoy engañando. Aquí, en los brazos de Peeta y envuelta por su aroma, sé que deseo estar así con él y que, en el fondo, me gustaría poder tener otro beso con él pero no como los demás, sino un beso especial, como ese en la cueva que me hizo sentir cosquillas, como ese en el balcón que hemos dejado a medias… quiero, en definitiva, un beso de verdad, porque algo en mi corazón está empezando a despertarse.
**Peeta POV**
He tenido uno de los peores sueños que recuerdo y mira que he tenido muchos. Mayoritariamente van sobre perder a Katniss, pero esta vez la forma en que la perdía ha sido especialmente violenta. Cuando me he despertado he tardado un momento en darme cuenta que no estábamos cubiertos de sangre y que esos gritos solo los había oído en mi cabeza. Abracé a Katniss sin pensármelo. Necesitaba sentir que estaba bien, que estaba viva y conmigo. Me dolía tanto el pecho que me ha costado mucho tranquilizarme, pero tampoco podía abrazarla para siempre… así que he respirado hondo y la he dejado ir con la esperanza de que poco a poco este sentimiento me abandonara. Cuando Katniss me ha recibido en sus brazos de nuevo he sentido un alivio inmenso. Me ha cuidado de una forma muy íntima y deliciosa, con su aroma envolviéndome y sus manos acariciándome el pelo y la espalda. Ha sido como volver a dormirme, pero esta vez dentro de un sueño y no de una pesadilla, y mis manos han dejado de temblar.
Lo siguiente lo tengo borroso. No recuerdo muy bien cómo, quizás porque teníamos nuestros rostros muy juntos, pero la cuestión es que cuando me he dado cuenta ya la estaba besando. Me he asustado mucho, ¿dónde había ido a parar mi autocontrol? Como antes en el balcón, casi había perdido cabeza y apenas pude refrenarme… Pero la cuestión es que ahora Katniss me correspondía, estaba aquí conmigo, besándome en su cama y en medio de la noche. Me estaba dejando llevar hasta que me he dado cuenta de que si todo eso duraba un poco más haría algo irreparable, porque me aferraría a ella y la besaría y la acariciaría y… bueno, digamos que actuaría como si no quisiera soltarla nunca más. Así que tenía que frenar pero ¿cómo iba a hacerlo? Estoy seguro de que me estaba besando por compromiso, porque yo había tenido miedo. Así que decidí actuar como un cobarde.
Aproveché que realmente estaba medio ido para fingir que había sido fruto de los delirios del sueño e inmediatamente después hice ver que me había dormido, como he hecho ya alguna que otra vez cuando no quiero preocuparla. Eso sí, no sin antes abrazarla y asegurarme de que durmiera pegada a mí. ¿Qué es eso de dormir sin abrazarnos? Habíamos empezado así nuestras noches, no entendía por qué de repente no me buscaba. Así que la abrazo fuerte contra mí y quizás, con un poco de suerte, pueda dormir unas horas sin que este dolor me ahogue.
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**Nota autora: ¡Hola! Me gusta hacer las dos perspectivas porque los tengo tan interiorizados a ambos que me siento capaz de ello. Además, así vemos diferentes formas de entender las situaciones que creo que es muy interesante. Hasta aquí llega este pack de capítulos iniciales, voy a subir la continuación pronto y por favor, no olvidéis de dejarme en los comentarios vuestra opinión porque me encantaría saber qué os parece! (Que es os guste es mi única recompensa). Nos leemos pronto, ¡besos!
