**Katniss POV**
Me despierto y por la luz que entra veo que aún puedo dormir un par de horas más. Me acomodo mejor, cogiendo la almohada entre mis brazos y apoyando mi cabeza en la parte más alta antes de acordarme de que no estamos hablando de una almohada, sino de Peeta. Abro los ojos de golpe, con miedo a que él se haya dado cuenta de la forma tan poco elegante en que me he aferrado a él. Levanto levemente mi rostro para encontrar el suyo y me doy cuenta de que he tenido surte; está profundamente dormido. Menos mal, después de esa terrible pesadilla que ha tenido… Estoy tan cerca que puedo observar cada facción de su calmado rostro y me fijo en sus pestañas doradas, tan largas y finas que no sé cómo no se le enredan. Me fascinan al momento, son tan rubias que solo las ves de cerca y es la primera vez que estoy tan cerca de él. Me detengo a analizarlo y mis ojos terminan posándose irremediablemente en sus labios. Siento un cosquilleo en los míos propios.
Vagamente recuerdo lo que pensé justo antes de dormirme, algo así como… ¿compartir un beso con él? Espera, cómo era… ah sí, "un beso de verdad". Trato de quitarme esta idea de la cabeza porque no voy a enfrentarme a esto, es absurdo, ¿qué conseguiría? Nada. Solo confundir las cosas y ¿por qué? ¿Por esta estúpida sensación en la boca de mi estómago que sale a veces? Empujo todos estos pensamientos al fondo de mi cerebro y me abrazo a Peeta a mis anchas, sabiendo que él está dormido y que no puede ver que lo estoy abrazando porque quiero y no porque haya tenido una pesadilla ni nada.
Por la mañana, como de costumbre, me entra la vergüenza y los remordimientos. ¿Recordará ese beso?
- Buenos días –dice con una sonrisa como cada mañana.
- Buenos días –si se acuerda no lo menciona, como tampoco lo de la pesadilla de anoche. Quizás lo haya olvidado, quién sabe. De todos modos yo no se lo voy a recordar, no quiero tener esa conversación.
Me arreglan, me peinan, me visten y me ponen al lado de Peeta. Podríamos llenar un calendario entero con solo las fotos de esta Gira, pero de nuevo no les culpo; tenemos muy buen aspecto y juntos, estamos espectaculares. Último discurso y nos vamos a la Mansión de Snow, la prueba final. Por algún motivo se me hace más fácil el discurso de hoy. Seguramente porque es el último Distrito que visitamos y seguramente porque he dormido bien, poco pero bien. Le doy el beso reglamentario a Peeta, el que normalmente no me produce ningún cosquilleo pero que hoy se siente diferente y entramos en el edificio de justicia.
- Ya está, lo hemos conseguido, no más distritos –dice Peeta animado. Yo también estoy animada pero hay algo que me preocupa y no me permite ser feliz.
- ¿Convenceremos a Snow? –pregunto insegura.
- No sé qué más podemos hacer –dice él ahora sí un poco preocupado–. Visto desde fuera yo creo que cuela…
- No deis nada por sentado –dice Haymitch apareciendo de la nada–. Se os ve tensos.
- ¿Y tengo que recordarte el motivo? –me ahorro decir en voz alta que solamente hacemos todo esto porque estamos amenazados de muerte. Creo que él tampoco lo olvida fácilmente, ni siquiera cuando se emborracha.
- Solo digo que no deis nada por sentado –ahora mismo estrangularía a Haymitch. ¿Nos está diciendo que tenemos que estar más pegados todavía? ¿En qué quedamos? Hace dos días me decía que no debía dormir con él y se burló del baile, ¿ahora quiere que le bese aún más? Justamente ahora que… bueno, digamos que la situación no es idónea.
Me abrazo a Peeta y pego mi mejilla a la suya, pegando mi cuerpo exageradamente al de él y de forma poco natural.
- ¿Te sirve así? –digo enfadada. Lo he hecho para fastidiar a Haymitch pero la verdad es que ahora mismo me da bastante vergüenza.
- Si consigues andar así y encima con una sonrisa, sí –me separo de Peeta fastidiada.
- Te odio.
Se lo digo mucho últimamente, pero no se lo digo estrictamente a él. Es la situación en general, pero lo canalizo hacia él aprovechando sus numerosos comentarios ofensivos. Creo que en el fondo sabe que no le odio, pero igualmente me aprovecho de la situación y se lo digo, porque sé que no me va a dar un guantazo por más que lo quiera porque hay cámaras y yo me he convertido en la niña bonita del Capitolio.
- Tú y yo acabaremos mal, preciosa –me señala con el dedo.
- Tengamos la fiesta en paz –interviene Peeta–. Vamos, Effie nos espera –Haymitch me mira dándome a entender que no me voy a librar tan fácilmente. Yo le saco la lengua a modo de queja. Creo que realmente necesito a un Haymitch en mi vida, estos pequeños enfrentamientos me dan la vida.
Y aquí estamos, en nuestra última cena de la Gira antes de la gran fiesta de mañana. Como ayer fue divertido el juego de dar de comer a Peeta, lo repito hoy también, pero esta vez él también participa dándome de comer de su plato, de modo que terminamos alimentándonos mutuamente. Es una estupidez enorme pero a la gente le gusta, les oigo comentarlo así que fallo aposta, ensuciando a Peeta, él finge enfadarse y empezamos una mini pelea de comida que termina con nuestros labios pegados. Los invitados están entusiasmados, tengo los ojos cerrados pero creo sentir la luz del flash de una cámara, así que cuando nos separamos sonrío ampliamente.
Hoy la gente está especialmente pesada con nosotros. No nos dejan en paz y ya empiezan a dolerme las mejillas de tanto sonreír y también me está empezando a doler la cabeza porque se me está acabando la paciencia para esto. Mientras dura esta tortura Peeta y yo no nos soltamos, estamos hombro con hombro y con las manos cogidas. Ahora que hemos logrado tener conversaciones civilizadas cuando la fiesta terminaba, me agobia que no me dejan tener un momento tranquilo con él, ya que pese a pasarnos todo el día juntos solo hablamos en estas ocasiones.
Cuando nos vamos la gente aún quiere hablar con nosotros. Effie ha sido muy amable con ellos, concediéndoles minutos extra de su horario, pero cuando se hace tarde se hace tarde, y por fin Effie se ve obligada a interrumpir la conversación y a llevarnos de vuelta al tren. Yo hago ver que esa noticia me sienta fatal e incluso le pido a Effie unos minutos más con ellos, pero Effie se pone dura (gracias al cielo) y nos saca de ahí.
- Cada vez se te da mejor –me comenta Peeta ya dentro del tren.
- Es porque lo hago con sarcasmo. Me sale mejor cuando me estoy burlando de ellos –Peeta se ríe.
- No seas mala.
- ¿Qué? Quieren una marioneta sonriente y obediente y eso tienen, yo solo mm… exagero mis encantos, porque son más estúpidos que una caja de zapatos y se tragan cualquier cosa que les digo.
- Uff, esas son unas duras declaraciones señorita Everdeeen –eso me golpea con fuerza. Everdeeen es mi apellido y no debería sobresaltarme así, pero ha habido algo en su tono que… él nunca me ha llamado así.
- No haga ver que usted tampoco se burla de ellos señor Mellark –le devuelvo. Hay algo en este juego de los nombres que me hace especialmente gracia–. "¿Me harías un dibujo?", "Lo siento, solo dibujo cosas bellas como amaneceres y puestas de sol" –digo imitando su voz. Peeta se parte de la risa y yo le imito, antes cuando lo ha dicho no he podido reírme a gusto para no ofender más a esa señora pero ahora por fin puedo reírme de esto.
- ¡Me he defendido! –se queja él– Es que esa mujer se estaba pasando tres pueblos, ¿o crees que exagero?
- La verdad es que ha sido de bastante mal gusto –reconozco–. Te estaba manoseando...
- Y delante de mi prometida encima, ¡qué descaro! –dice riéndose y yo le imito a pesar de que ese comentario me ha dejado con mal sabor de boca. Estamos prometidos, vamos a casarnos– ¿Crees que he sido lo bastante sutil?
- ¿Quieres decir si ha entendido que le has llamado fea a la cara? –me detengo delante de la habitación, él suele ir a la suya a cambiarse antes de venir a la mía– Peeta, esa mujer no era del Capitolio, lo ha entendido seguro.
- Pues me alegro, se lo he dicho por algo –nos miramos y volvemos a sufrir un ataque de risa. La verdad es que nos ha hecho pasar un momento muy incómodo, merecía que nos riéramos un poco ahora–. "Solo pinto cosas bellas…" Lo he dicho sin pensar pero supongo que es verdad, por eso tengo tantos cuadros sobre ti –me quedo congelada en ese mismo momento. No me había esperado ese comentario. Debe ver mi cara de agobio porque añade–. Tranquila, solo te he hecho un cumplido, no se acaba el mundo. Tú también podrías dedicarme alguno de vez en cuando porque, a diferencia de ti, a mí me sientan bien –veo que está un poco enfadado. Supongo que no soy capaz de bromear sobre todo.
- También haces dibujos de los Juegos –digo medio tratando de alejar el tema de los halagos.
- Entonces será que solo pinto cosas traumáticas –me merezco este comentario así que no me ofende. La verdad, eso me cuadra más, porqué yo no me veo bella por ningún lado pero sí considero que represento algo traumático en su vida, al fin y al cabo fuimos juntos a los Juegos–. Vengo en quince minutos –me dice antes de darme la espalda e irse a su cuarto.
Hoy sí toca lavarse el pelo, así que tardo bastante en salir del baño porque no me gusta dormir con el pelo mojado (más de una vez me he resfriado por culpa de eso). Cuando salgo Peeta ya está aquí. No creo que esté dormido pero tiene los ojos cerrados. Cuando me siento en la cama él abre los ojos.
- Lo siento, he tardado mucho.
- No te disculpes por ello –de repente me siento como si ya estuviéramos casados. O al menos, es lo que parece por nuestra rutina. Me siento en la cama y me vuelvo a levantar– ¿Qué pasa?
- He estado tanto rato con el secador que me he acalorado. Voy a cambiarme de ropa –abro el armario y busco mis opciones de pijama corto.
Normalmente dormiría desnuda pero claro, no es algo que pueda hacer precisamente. Rebusco hasta encontrar un pijama de tirantes y pantalón corto. Miro los tirantes y me pregunto si no será demasiado… ¿provocativo? Busco si hay alguna camiseta normal que pueda usar de pijama, pero todas son demasiado elegantes. Suspiro y me encierro en el baño con ese pijama en las manos. Cuando me lo pongo y me veo en el espejo creo que esto será un error. Los pantalones son bastante cortos y los tirantes… bueno, son tirantes, dejan ver todos mis brazos y cuello. Pero bueno, ya he llevado vestidos de tirantes, no debería haber problema… "Pero ahora es distinto". Odio mi cerebro. Miro el pijama de pantalón largo y confirmo que no me apetece llevarlo. Por suerte tengo otra bata en el baño así que me tapo y salgo así a la habitación. Con suerte me meteré dentro de la cama antes de que Peeta pueda ver nada.
Cuando salgo veo que Peeta me mira de reojo y no entiende lo que hago: he dicho que tenía calor y salgo tapada con una bata larga. No tiene sentido pero es lo que hay. Me pongo de espaldas, me quito la bata de un tirón como si me quitara una tirita y me meto debajo de las sábanas. Ha sido rápido, no debería haber problema.
- Mañana terminaremos todo esto por fin –en ese momento me doy cuenta que me ha estado esperando para poder hablar conmigo, supongo que él también se ha quedado con ganas de hablar después de que hoy no nos hayan dejado solos.
- Si, por fin se termina este lujoso viaje… –ambos estamos mirando el techo, hablando calmadamente.
- Menudas vacaciones –eso me arranca una sonrisa. Vacaciones dice.
- Hubiera estado bien ver el mar. Me he quedado con las ganas.
- Quizás en otra ocasión –es gracioso porque hablamos como si fuera posible tener vacaciones.
- Sí, claro, podemos ir en cuanto consigamos sacarnos el carbón de las botas –nuestro Distrito está en la miseria más absoluta, pero es mi hogar y lo amo.
- Es extraño porque quiero que se termine esta pesadilla, pero creo que habrán cosas que echaré de menos.
- ¿Tú crees? Yo creo que podré acostumbrarme rápido a no tener tan pegados a los Agentes de la Paz –Peeta se ríe.
- Katniss, me refiero a echar de menos esto, a estar a solas contigo –ups, eso sí ha sido fallo mío, debí haberme dado cuenta de lo que se refería. Reprimo las ganas de decirle que, casi con total seguridad, yo también lo echaré de menos– ¿Qué pasará al volver? –pues probablemente lo mismo que cuando volvimos de los Juegos: incomodidad, distanciamiento y cada uno volverá a su antigua vida. Peeta horneará en la panadería de sus padres y yo me esconderé en el bosque para cazar.
- Dijiste que no nos preocupáramos por eso, que teníamos que centrarnos en el momento y en hacer lo que fuera necesario para sobrevivir, ése era el pacto –me quejo.
- Cierto. Lo siento.
- No te disculpes –me quejo, disculpándose solo consigue hacer que me sienta peor.
- ¿Entonces seguimos en esta especie de tregua en la que nos centramos en el ahora sin retraérnoslo al volver a casa?
- Sí, hacemos lo que sea para sobrevivir a esta pesadilla.
- Lo siento.
- Te he dicho que no te disculpes por eso.
- No lo digo por lo que te he dicho antes, sino por lo que voy a hacer ahora porque es lo que necesito para sobrevivir a esto –no tengo tiempo de entender qué es lo que me está diciendo que se acerca a mí y me besa.
Al cabo de unos segundos Peeta se separa y agacha la cabeza avergonzado. No ha sido algo dulce, ha sido feroz y lo que es peor, forzado, porque yo me he quedado inmóvil y no he sabido responderle. Peeta se arrepiente, lo veo en su comportamiento; no deja que le vea la cara.
- Será mejor que me vaya –dice al fin. Eso me alarma y consigue hacerme despertar de ese estado de letargia.
- No, quédate –le pido y pongo mi mano sobre la suya.
- ¿Seguro? –me mira y veo la vergüenza en sus ojos. Yo asiento.
- Solo con una condición –siento cómo el aire me abandona.
- ¿Cuál? –mis ojos viajan hasta sus labios.
- No me exijas una explicación por esto –y vuelvo a unir nuestros labios.
Peeta tarda menos de medio segundo en responder y aferrarse a mi rostro. Nuestras lenguas se encuentran con necesidad y siento que pierdo la cabeza. Es la primera vez que nos besamos así. El beso de la cueva y el del balcón habían sido intensos, o eso creía, ahora el término intensidad había adquirido un nuevo significado para mí. Tengo mucha hambre, hambre de sus labios y de sus caricias. Peeta también debe de estar famélico porque solo se separa de mí para respirar rápidamente antes de volver a unir nuestros labios. Es la primera vez que nuestras lenguas se buscan y se acarician de esta manera. Me gusta esta fiereza, esta decisión y fortaleza que Peeta me está demostrando. Este deseo por mí. "Me desea". Esta afirmación retumba en mi cabeza pero lejos de molestarme me… ¿excita? Enredo mis piernas con las suyas y él me acaricia los muslos. Me recorre un escalofrío al sentir sus yemas sobre mi piel. Bendito pijama corto. Sus caricias hacen que suspire entre beso y beso. No me reconozco y no soy capaz ni de pensar. Empiezo a acalorarme.
Le muerdo levemente el labio inferior y siento como él tiembla. Sí, tiembla. Entonces Peeta me da la vuelta y se sube encima de mí. Se apoya a cada lado pero me tiene aprisionada bajo su cuerpo y esta presión hace que sienta algo en mi bajo vientre. Se trata de una especie de calor incipiente que siento por primera vez en mi vida, pero no tengo tiempo de analizarlo porque Peeta pasa a besarme el cuello y a mí se me escapa un suspiro.
No sé cuánto tiempo pasamos así pero definitivamente no el suficiente porque sigo teniendo hambre de más, pero de algún modo nos vamos frenando hasta conseguir detenernos. Cuando lo hacemos estoy jadeando, buscando el aire con fuerza. Sigo abrazada a él y no me suelto, pero trato con todas mis fuerzas de recuperar el control de mi cuerpo y de mi cabeza. ¿Qué acaba de pasar? ¿Es verdad que acabamos de besarnos y acariciarnos de esta manera? A juzgar por mis latidos, sí. Los dos seguimos vestidos aunque uno de mis tirantes ya no está sobre mi hombro y su camiseta está un poco torcida. Respiro con dificultad. ¿Cómo hemos llegado a esto? Trato de recordar cómo ha sucedido pero solo recuerdo en cómo me he esforzado en alimentarlo… El tiempo pasa y a medida que recupero el control de mi mente me empieza a entrar el miedo. No sé qué decir y empieza a preocuparme el silencio de Peeta. Entonces él me mira y me acaricia suavemente la mejilla. Estoy esperando que me diga algo cuando vuelve a besarme, pero esta vez dulcemente para luego abrazarme y descansar su barbilla en mi frente. Esto ha sido su beso de buenas noches; no tiene intención de hablar.
Me abrazo a él con inseguridad pero cuando empieza a acariciarme el pelo me relajo. Esto es suficiente por ahora así que cierro los ojos y trato de dormir, cosa que no me cuesta mucho de lograr por cierto, ya que estoy en sus brazos.
.
.
.
.
.
**Nota autora: ¡Hola! El asunto empieza a caldearse. ¿Qué os ha parecido? Espero que a alguien más le haya hecho gracia la conversación sobre los cuadros y la respuesta de Peeta a Katniss con el "será que solo pinto cosas traumáticas". Muchas gracias por seguir leyéndome, ¡besos!
