Cuando suena el despertador sé que no he descansado suficiente. Lo apago pero aparte de eso no me muevo, no me atrevo a hacerlo. Mi mente sigue entumecida pero estoy lo suficientemente despierta como para sentir mis labios levemente hinchados y saber el por qué. Peeta hunde la cabeza en mi pelo, como tratando de esconderse o de alargar un poco más esta situación. Lo que está claro es que está despierto y que sigue sin tener ganas de hablar.

Pasan los minutos y algo tendremos que hacer porque si no vendrán a por nosotros, y no pueden vernos así. Me separo un poco de él para mirarlo y él aprieta un momento los ojos antes de abrirlos y enfrontarse a los míos. Nos miramos en silencio. Yo sigo tratando de no pensar en lo que hemos hecho a pesar de que estoy relativamente tranquila, porque hubieran podido pasar muchas otras cosas en esta cama, cosas que hasta ayer no había ni creído posibles... Trato de consolarme pensando que nos hemos detenido a tiempo, eso sí hubiera sido completamente irreparable.

Peeta me pone un mechón de pelo detrás de la oreja y me acaricia la mejilla, yo no pierdo detalle de sus pestañas. Me da un beso en la mejilla muy largo, cerca de la boca, y cuando se separa lo hace para levantarse y salir de la habitación. Yo me quedo inmóvil mientras me entra ansiedad, porque apenas me ha dejado que me ha producido un enorme vacío en el pecho. ¿Es posible que ya lo esté echando de menos? Por eso no quería acércame a él, ¡maldita sea! La idea de esto era ayudarnos a superar este horrible trance pero solo he conseguido sentirme más vulnerable de lo que ya me sentía. Encima hoy es el último día, después de esta noche voy a tener que despedirme de los brazos de Peeta para siempre… Un momento, ¿último día? Se me contrae el estómago. ¡Estamos en el Capitolio!

Me levanto de golpe como si la cama quemara y me encierro en el baño para lavarme la cara y alejar todos estos pensamientos. Hoy veremos a Snow, no podemos permitirnos desconcentrarnos y lo que es más importante; hoy no es día para romperse la cabeza. Así que bloqueo todos mis pensamientos con urgencia y me escudo en nuestro pacto y en su norma de no pensar en las consecuencias. Ya analizaré todo esto cuando esté en casa, hoy tengo que estar alerta. Estamos en territorio enemigo.

**Peeta's POV**

¿Qué hemos hecho? Pongo mis manos contra la pared mientras el agua fría recorre mi cuerpo. Creo que no voy a poder olvidar esta noche ni aunque quiera, pero hay algo que no me quito de la cabeza y es lo cobarde que soy. Katniss me miraba de una manera… sé que esperaba que dijera algo, pero no he podido. Quería hablar desde luego, pero no me he dejado hacerlo porque estaba completamente convencido de que iba a arruinarlo todo, que ella iba a separarse de mí en cuanto me oyera decir lo que le quería decir… "te quiero". En esos momentos no podía pensar en nada más. "Te quiero, te quiero, te quiero, siempre te he querido y siempre te querré" mis pensamientos se limitaban a eso. Si hubiera abierto la boca se me hubieran escapado estas palabras y ella se habría alejado de mí. Esto no estaba en el pacto, Katniss solamente ha hecho todo esto porque se sentía sola, ése era el acuerdo y yo no debería quejarme, sin embargo me quejo porque ese estúpido pacto no me parece suficiente. La amo y no hay nada que pueda hacer para remediarlo. Doy un golpe contra la pared.

No sé qué estoy haciendo, no sé dónde está el límite, no sé nada ya. Aunque Katniss no sienta lo mismo que yo, ella me ha correspondido, ha salido de ella buscarme y aferrarse a mi rostro de la manera que lo ha hecho… había pasión. ¿Puede haber pasión sin sentimientos? Creo que sí, pero ella no es del tipo de persona que se besaría así con alguien sin realmente sentirlo… ¿no? Me estoy engañando. Sí, claro que lo haría. ¿No lleva fingiendo para todo Panem desde que nos conocemos? Aunque esta vez no había cámaras, me ha besado porque ha querido…

Estoy hecho un lío y tengo que ponerme el agua prácticamente helada para detener el flujo de mis pensamientos, porque esta noche Katniss y yo nos hemos besado y acariciado, pero yo aún quiero más. Querría hacer tanas cosas con ella… pero no tengo ni idea de qué es lo que ella quiere y nos estamos quedando sin tiempo, en cuanto volvamos todo esto se acabará, recordará a Gale y se alejará de mí. Oh, Gale. Es pensar en él y ponerme enfermo. Sé que es un buen amigo que la ayudó cuando más lo necesitó pero… saber que siente algo remotamente parecido a lo que yo siento por ella hace que le odie profundamente. En cuanto Katniss le vea, le entrarán las dudas y todo esto, sea lo que sea que es, terminará.

En el fondo albergo una pequeña esperanza porque ha habido un cambio en su actitud. Pero quizás no sea suficiente, porque lo que pasa en esta Gira no es real, como no lo era lo que pasaba en los Juegos. Además hoy vemos a Snow, si algo vamos a hacer hoy es besarnos delante de la gente hasta perder el sentido. Claro que será falso, pero yo no podré reprimir lo que siento por ella, y menos después de lo de anoche.

Salgo de la ducha, me visto y salgo con el pelo mojado. La amo tanto que con el fin de repetir lo de esta noche me dejaría utilizar. Katniss hoy va a poder hacer lo que quiera con mi cuerpo. Me da igual todo ya. Estoy completamente a su merced.

Salgo al vagón restaurante y me siento en mi sitio al lado de Haymitch. Katniss ya está sentada en diagonal pero no me atrevo a mirarla. En cuanto la vea mi resolución ser irá al garete y empezaré a suplicarle su amor…

- Hoy es la gran prueba final, todo el mundo debe creer, no, debe veros enamorados. Me da igual lo que penséis o lo que sintáis, pero hoy debéis esforzaros –dice Haymitch. ¿Qué finja estar enamorado? Mira me da igual lo que Snow piense, yo la amo de verdad. Pero claro, esto lo dice por Katniss–. Vale, ¿qué os ha pasado? Vamos, decídmelo –nos exige. Entonces levanto la mirada y lo veo. Miedo, está asustada.

- Nada, estamos bien –digo porque Haymitch no puede saberlo, no puede saber lo que ha pasado.

- Más os vale. Tenéis que empezar a caldear el asunto y rápido –dice enfadado.

Entiendo su preocupación pero ese no es el comentario más adecuado porque yo lo que necesito es enfriar la mente. Vuelvo a mirar a Katniss y veo su preocupación. Vale, ya he tenido suficiente.

- Katniss ¿puedes venir conmigo un momento? –ella se sorprende pero deja la servilleta encima de la mesa y me sigue.

No sé a dónde voy pero quiero intimidad. ¿Cuál es la zona más segura del tren? ¿Las habitaciones? No lo creo y creo que no sería buena idea llevarla ahí… entro a la primera puerta que encuentro. Es la sala de los vídeos. Katniss pasa detrás de mí y yo cierro la puerta. Ella me mira expectante. No quiero herirla pero tengo que decir algo, no podemos enfrontar este día sin haberlo hablado.

- N-no… –me aclaro la garganta– no sé qué decir salvo que espero que no te sintieras incómoda o… forzada o… bueno, la cuestión es que quiero que sepas que por mi parte todo está bien. Sigue en pie mi oferta de hacer lo que necesitemos para sobrevivir y hoy me esforzaré al máximo. No voy a dejarte sola, eso es todo –lo digo rápido y miro su expresión. Sigue preocupada, seguramente se arrepienta–. Lo siento, siento haber… –no puedo terminar la frase. Ella no me responde– ¿puedes decirme al menos si estamos bien? –pregunto nervioso. Lo de esta noche, por muy fantástico que fuera, puede haber arruinado nuestra débil relación.

- Estamos bien –cuando lo dice suelto todo el aire que había retenido y me entran unas ganas terribles de abrazarla, pero me contengo y en su lugar digo:

- Hoy todo saldrá bien, confía en mí –y le toco el brazo porque no puedo evitar querer rozarla, ella no se aparta ni reacciona–. Mañana todo habrá acabado, solo queda un último esfuerzo –asiente.

**Katniss POV**

¿Cómo vamos a estar bien? No estoy bien, claro que no estoy bien. ¡Acabo de descubrir que ayer lo besé hasta casi perder el sentido y que me gustó! ¿Cómo se supone que voy a enfrontar el día ahora? ¿Si no me quito los besos de la cabeza? Lo curioso es que no voy a dejar de besarle en todo el día, empezando desde el mismo momento en que bajemos del tren… Por primera vez temo realmente que todo este show no salga bien porque a pesar de tener experiencia de sobra en besarle en público, me distraigo y me vuelvo descuidad si él está cerca… No, no estoy bien y hoy todo saldrá mal. Lo único bueno es que Peeta ha intentado calmar las cosas entre nosotros, que ya es más de lo que he hecho yo. Básicamente acabamos de acordar que seguiremos adelante con esto y que lo de ayer "está bien", que no pasa nada, que él está bien y que el plan sigue adelante… quiero creer con todas mis fuerzas que así es, pero tengo serias dudas. Peeta no puede estar bien con este pacto, de ninguna de las maneras.

Salimos a fuera y nos recibe el gentío y los flashes. Hasta ahora me había aferrado al brazo de Peeta sin miedo, fingiendo y besándolo a todas horas, pero ahora que es cuando más empeño debería poner en ello, no puedo, no me sale. Peeta es el que tira de mí y une nuestros labios. Es increíble lo diferentes que pueden saber los besos cuando sabes que son fingidos o forzados. Aún y así, algo sigue revoloteando por mi estómago. Miro a Peeta y vuelvo a enmudecer. No debimos hacer eso, ahora no puedo ni mirarle a la cara sin que la pena y la vergüenza me abrumen, pero tengo que hacerlo. ¿Cuándo ha importado lo que yo he querido? Nunca, así que pienso en Prim y dibujo una gran sonrisa para las cámaras y para mi… prometido.

Al final consigo dejar de pensar y solo actuar. Me creo mi papel de novia enamorada y no me despego de Peeta. Él es gentil e ingenioso, nos libra de conversaciones indeseables y yo me río y me aferro a su brazo cada vez que los del Capitolio se acercan demasiado. De todas las veces que he tenido que actuar, esta es la más dolorosa de todas, pero lo silencio.

Va pasando el día y por fin llegamos a la prueba final. Estamos aquí, enamorados, delante de Snow. Aquí y ahora todo va a terminar, para bien o para mal pero todo va a terminar. Le veo y le desafío con la mirada. No puede decirme que no lo hemos intentado, no, no puede decirme que no lo hemos logrado, simplemente no puede. Todo el mundo se lo ha creído, hemos congeniado, hemos estado unidos, no hay nadie en todo Panem que no crea nuestra supuesta historia de amor. Nos hemos prometido e incluso ayer nos besamos en la intimidad aunque él no lo sabe. Yo ya no puedo hacer nada más. Así que se lo pregunto directamente: ¿estamos en paz? Su respuesta me hiela la sangre en las venas.

No.

Intento mantenerme firme delante de su presencia y reprimo las ganas de ponerme a gritar como una histérica. Sonrío y me voy con toda la elegancia y endereza de la que soy capaz. Me acerco a la primera mesa que encuentro, cojo una copa y me la bebo de golpe. Me pica muchísimo la garganta pero me da igual. Cojo otra.

- ¿Tenemos algo que celebrar? –dice Peeta extrañado, porque yo no bebo y menos así. Le miro y me empieza a temblar el labio inferior. Como no puedo hablar niego lentamente con la cabeza. Entonces Peeta lo entiende y baja los hombros con derrotismo– No puede ser…

Vuelvo a beber pero esta vez no todo de golpe, sino que doy un trago porque aún me escuece la garganta y me pica la nariz. Peeta se pasa las manos por la cara tratando de procesar lo que esto significa. En el fondo me he quitado un peso de encima; ya no tengo que fingir, ya no tengo que sentir esta presión. Lo he intentado y he fracasado. Punto. Ahora ya puedo hacer lo que me venga en gana, tengo luz verde para tomar medidas desesperadas. Miro a Peeta y sonrío con sarcasmo. Justo cuando ya no hace falta que finja con él, es cuando menos ganas tengo de separarme de él. Empiezan a temblarme las manos. Es el fin, Snow va a matarnos. Aquí se acaban nuestras cortas vidas. Bueno, han durado unos meses más de lo que esperaba de hecho, debería estar contenta. Pero no puedo, porque me atemoriza no saber en qué forma vendrá el castigo y a cuántas personas implicará.

- Creo que ha llegado el momento de hacer lo que comentamos la otra noche –digo terminándome la copa. Acto seguido hago una mueca porque este alcohol es fuerte y escuece en el camino descendiente hasta mi estómago.

- No, creo que ha llegado el momento de irnos. Este circo se termina ahora mismo –entonces me quita la copa y tira de mí, yo le freno.

- No, no podemos irnos. Tenemos que demostrarle nuestro agradecimiento al anfitrión –digo con sarcasmo. No puede ser que me haya emborrachado tan rápido, pero actúo como si lo estuviera. Supongo que es porque he perdido cualquier esperanza.

- Finge tener jaqueca, párteme una pierna o lo que tú quieras, pero nos vamos –dice serio. Analizo su expresión contrariada y solo puedo suponer que este odio es hacia mí, porque él sí está enamorado y ha cumplido, la que he fracasado he sido yo. Me odia porque por mi culpa no va a terminar el año con vida–. Da igual, hazte la borracha, vámonos –tira de mi brazo.

- ¡No tires! –me quejo y hago que nos detengamos– ¡Me prometiste que haríamos esto! –digo señalando la mesa con las copas.

- No voy a consentir que te pase lo mismo que a Haymitch, no a ti –su enfado solo consigue cabrearme. No tiene derecho a detenerme.

- ¿Qué más te da? Déjame hacer lo que quiera –digo frustrada, vuelvo hacia la mesa para buscar una nueva copa.

- No dejaré que abandones porque tú no eres de las que abandonan. Así que vamos –me coge a medio camino y esta vez no me deja zafarme, me empuja hacia la salida. Pasamos por el lado de Effie que sigue a su bola, disfrutando de la fiesta.

- ¡Effie! –digo para que me rescate, pero Peeta intercede.

- Katniss no se encuentra bien, volvemos al tren.

- No hables por mí –me quejo y doy un tirón, pero él se mantiene firme.

- Oh, bueno, igualmente ya se ha hecho un poco tarde –dice mirando su reloj–. Vale, vamos a despedirnos –pero Peeta no espera a nadie y me saca a rastras de ahí.

- Nadie te ha pedido que hagas esto. Sé cuidarme yo sola –le digo enfadada.

- Me da igual –dice él sin mirarme y buscando al coche que nos llevará al tren. Yo abro la boca con incredulidad. ¿Realmente me ha dicho eso? Muy bien, así que esas tenemos.

Cuando llegamos al tren aprovecho que Peeta ha bajado la guardia para soltarme y adelantarme. Corro por el pasillo, entro en mi habitación y cierro la puerta de un portazo, dándole a entender que no quiero que entre conmigo. Una vez dentro me quito la ropa y la tiro por el suelo con rabia a la vez que intento desenredarme el pelo. Entro al cuarto de baño y me lavo la cara. Se acabó el maquillaje para siempre. No consigo desmaquillarme completamente ni deshacerme todas las trenzas, así que lo dejo todo a medio deshacer y me meto en la cama con enfado. Me pregunto si he sido suficientemente clara con Peeta o si va a terminar viniendo de todos modos.

Durante mucho rato espero que lo haga, y me preparo mentalmente para los gritos que pienso darle. Pero a medida que pasan los minutos… las horas… me queda claro que no va a venir, y es cuando me entra la ansiedad. Vamos a morir y voy a tener que pasar esta estúpida noche sola. Me levanto y antes de que lo pueda impedir ya he abierto la puerta de su habitación. No he llamado, no he pedido permiso para entrar, pero aquí estoy. Peeta está despierto, lo sé porque gira la cabeza hacia a mí. Ahora que estoy aquí no sé qué hacer.

- Ven –el tono que ha utilizado es completamente distinto del que ha utilizado antes. Ya no hay autoridad ni enojo, solo súplica y derrotismo. No me lo pienso dos veces; cruzo la habitación y me meto entre sus brazos que tiene alzados hacia mí. Con esto basta para que pueda volver a respirar–. No quería gritarte… –me susurra acariciándome el pelo– pero no podía seguir viéndote tan cerca de él, no sabiendo lo que quiere hacer contigo. Sentía que si no te sacaba de ahí él iba a matarte de un momento a otro… –me aferro un poco más fuerte a su cuello.

- No lo habría hecho en público.

- No podía estar seguro, de repente todo parecía peligroso. Más de lo normal me refiero –se excusa y me abraza más fuerte; estaba preocupado.

Los dos hemos tenido miedo, pero yo me he tirado a los cócteles y él nos ha hecho salir de la boca del lobo. Lo bueno de todo esto es saber que no me odia.

No sé si hay cámaras, no sé si hay micros, pero no puedo fiarme. Así que cubro mi mano derecha con mi izquierda y deslizo mi dedo por su espalda, escribiendo. "H", "U", "I", "R".

- ¿Juntos? –dice con un susurro prácticamente inaudible, yo asiento imperceptiblemente. "S", "I" me escribe en la espalda.

Ya está decidido, huiremos. Nos recostamos en la cama y dejo que me acaricie el pelo mientras yo inhalo su aroma. Tengo miedo, mucho miedo. Estamos tan asustados que ni nos besamos, pero eso sí, no nos soltamos en toda la noche.

.

.

.

.

.

**Nota autora: ¡Hola! Siento que al final no hayan intimado completamente en la Gira pero esto sirve para sentar las bases de lo que ocurrirá después… el Vasallaje. ¡Este fanfic tiene cuerda para rato! Quiero agradeceros que sigáis leyendo, significa mucho para mí. Y también quiero dar un saludo especial a Mayte y a SaraTendo, ¡esto no sería lo mismo sin vuestro apoyo! Nos vemos pronto, ¡besos!