Estamos de vuelta al Distrito 12. Durante el desayuno no he dejado de mirar a Peeta a pesar de que él no me ha mirado ni una sola vez, lo cual me preocupa. ¿Es posible que haya endurecido su corazón y haya conseguido estar a mi lado sin sentir nada? ¿Nada de lo que hemos compartido estos días no ha significado nada para él? No, no puede ser eso. Aunque es lo que me prometió. No debería dolerme que sea capaz de separar las cosas.

Dejo de mirarle porque ahora sé que es inútil tratar de conseguir una respuesta por su parte y me centro en el desayuno que no consigo terminarme. Snow va a matarnos y no saber el cuándo es una verdadera tortura, ojalá me hubiera matado ya porque odio esta incerteza. Recordar esto y a mi familia sirve para sacarme a Peeta de la cabeza; el miedo lo absorbe todo.

Terminamos de desayunar y nos acercamos a la salida del tren. Effie no ha regresado con nosotros, se ha quedado en el Capitolio. Solo bajaremos tres personas en esta parada. Estoy mentalizada, con el corazón en un puño asfixiándome pero mentalizada, Peeta y yo volveremos a separarnos de manera temporal hasta que pueda reunir víveres suficientes como para irnos al bosque con nuestras familias. No sé cuándo va a ser eso, pero al menos me consuela saber que no voy a estar sola en esta difícil travesía.

Estoy a punto de bajarme del tren cuando Peeta me detiene cogiéndome de la mano. No me había dado cuenta de lo cerca que había estado y ahora siento sus labios prácticamente rozar mi oreja.

- Recuerda que puedes contar conmigo para lo que necesites, sabes dónde encontrarme –no me da tiempo a reaccionar que ya me ha plantado un beso en la mejilla, me ha dado un apretón en la mano y ha bajado del tren delante de mí, pasándome por el lado.

La sensación en mi mejilla se va mucho después de que lo hagan sus labios. No le soy indiferente, se preocupa por mí. Pensar eso me devuelve un poco la confianza en mí misma aunque ahora las cosas vayan a ser distintas. Asumo que todas esas noches en el tren se han terminado, que hay cosas más importantes ahora mismo y que requieren de mi atención, así que me bajo del tren con una sonrisa para recibir a mi familia que ha venido a recogerme.

Por la noche le pido a Prim que duerma conmigo porque tengo tanto miedo por lo que pueda pasarle que no puedo soportarlo y porque sé que echaré demasiado de menos los brazos de cierta persona. Me aferro a Prim y suplico mentalmente a mi padre que la proteja, yo no tengo salvación posible porque Snow va a por mí, pero quizás ella pueda tener una oportunidad. Trato de dejar de temblar aunque me cuesta.

Van pasando los días y todo es tal y como me temía: Peeta ha desaparecido casi por completo. Me sorprendo buscándolo a través de las ventanas de su casa, en la panadería cuando paso por delante… a veces atisbo a ver un destello de su pelo dorado o pisadas aún frescas encima de la nieve que hay delante de su casa. Está vivo, sigue en este Distrito, pero no está conmigo.

Cuando le cuento el plan a Gale se me pone celoso y rabioso. Él daría la vida por la causa y oírlo hablar así me atemoriza, no puedo perderlo, no puedo ver cómo sacrifica así su vida.

- ¡Hablas tan a la ligera porque no sabes lo que es enfrentar a la muerte de verdad! –me quejo. Si Gale hubiera estado en la arena no pensaría en sacrificarse. Gale me mira con seriedad y avanza hacia mí con pose amenazadora.

- Sé lo que es enfrontar a la muerte, me he encargado de alimentar a mi familia, no lo olvides –ha utilizado un tono de voz muy severo, como de advertencia. Está tratando de intimidarme y eso me cabrea.

- ¡Tú no has tenido que matar nadie! ¡Ni si quiera sabes qué se siente cuando tienes que corres por tu vida! –Gale tiene la decencia de no responder, pero veo el enojo en sus ojos así que no puedo evitar seguir gritándole– Es muy fácil para ti conspirar contra Snow cuando ni siquiera le has visto en persona. ¿Has estado delante de él, eh? ¿Has mirado a sus ojos y has visto tu muerte reflejada? Porque yo me he enfrontado a sus amenazas en persona, me ha sostenido la mirada y me ha prometido matarme. ¿Has pasado tú por eso? –de nuevo tiene la decencia de no responderme, pero veo que sigue manteniéndose firme en su decisión– Qué fácil es conspirar desde la barrera… –me voy chocando con su hombro porque estoy muy, muy cabreada.

No me propondría luchar si supiera de verdad de lo que es capaz Snow, pero no lo sabe, jamás se ha enfrontado a él. A Peeta y a Haymitch no hace falta que nadie les explique eso. Por eso es Peeta y no Gale quién me consolaba por las noches, porque él sí sabe por lo que estoy pasando y me entiende. Él sabe lo que cuesta la vida y el precio que se debe pagar para mantenerla. Peeta es la única persona de este maldito planeta que me entiende y justo es la persona con quién no puedo hablar. ¡Es tan frustrante! Y cuanto más tiempo pasa y más pienso en la Gira, más me parece que he soñado todo lo que pasó en ese tren.

Entonces hieren a Gale y todo se viene abajo. Mi enfado desaparece de un plumazo y me siento terriblemente culpable por haberle gritado. Gale tenía razón, no tiene sentido huir, nos van a matar a todos, nadie puede vivir así... Gale y su recuperación centran toda mi atención y no recuerdo a Peeta hasta que me sorprende muy cerca del rostro de Gale en la mesa de la cocina. Veo el dolor en su mirada pero no la sorpresa. El muro entre nosotros se ensancha cada vez más y más.

- Yo me quedo con él, tú descansa –me dice Peeta. No parece molesto y eso me duele incluso más porque significa que se ha rendido.

Cuando me despierto de madrugada por una pesadilla enciendo las luces para tratar de ahuyentar el miedo. Cuando logro calmarme me tumbo en la cama pero sin apagar las luces porque aún estoy temblando. No debería seguir deseando a Peeta a mi lado, no después de mi indecisión y de todo lo que estoy causando pero… le necesito. Antes de que pueda darme cuenta ya he colocado el cojín en vertical y me he aferrado a él. Antes de que pueda frenarme he invocado su presencia en mi mente y me lo he imaginado a mi lado, cuidándome y acariciándome el pelo como solía hacer. Antes de que pueda darme cuenta de lo que hago ya he acercado mi cabeza buscando sus labios.

Esta lamentable escena se repite un par de veces. Al principio solo lo hacía cuando me despertaba después de tener una pesadilla o después de horas sin poder conciliar el sueño. Sin embargo, poco a poco pierdo la vergüenza y la cabeza completamente y me lo imagino durmiendo conmigo todas y cada una de las noches. Imaginármelo conmigo ayuda aunque no es suficiente, pero no puedo hacer nada más.

Cuando me hiero el pie y Peeta me lleva a la habitación le cojo de las manos impidiendo que se vaya.

- Quédate conmigo por favor –de natural ya suelo estar desesperada, pero el efecto se multiplica por cien si estás bajo los efectos del jarabe para dormir. Me acerco sus manos a la cara y las aprieto contra mi mejilla. Cuánto he echado de menos su tacto... Un Peeta real es mucho mejor que uno de imaginado.

- Siempre –me duermo antes de ser consciente de que me ha dado un beso en la frente.

Si la vida ya era dura de por sí, digamos que saber que vas a tener que participar en el Vasallaje no lo arregla precisamente. Snow se ha burlado de mí todo este tiempo: nunca tuvimos una oportunidad de convencerle de nuestro amor, él nos había condenado desde el principio, eso del romance solo lo dijo para mantenernos ocupados mientras planeaba cómo matarnos. No puedo más. Justo cuando creo que he llegado al límite de lo que puedo soportar, Snow me empuja un poquito más allá. Estoy lamentándome de mi suerte cuando recuerdo que no voy a ir sola. Peeta o Haymitch van a ser tributo y mentor, pero aún no sabemos qué papel jugará cada uno, lo que significa que Peeta puede volver a la arena. No por favor, otra vez no. Me levanto veloz como un rayo a por Haymitch.

Haymitch me echa en cara por enésima vez que no me merezco a Peeta pero luego consigo que me prometa que será Peeta quien se salve. Estoy bebiendo cuando nos interrumpen. Por la mañana me siento fatal, estoy mareada y me duele la cabeza. Quiero ver a Peeta y echarme a llorar en sus brazos, quiero que me consuele como solo él sabe hacer porque no sé enfrontar esto y me encuentro tan mal que solo quiero que me abrace. Por eso es como si me echaran una jarra de agua fría encima cuando Peeta no solo no se acerca a mí, sino que me grita (nos grita) por habernos emborrachado. Sus palabras se me clavan como puñales y yo solo quiero llorar. No solo me he quedado sin abrazo y sin consuelo, sino que he hecho el ridículo delante de él otra vez. No podría sentirme peor.

Hemos terminado el entrenamiento por hoy y estoy agotada y exhausta como de costumbre. No he hablado propiamente con Peeta desde ese nefasto día en casa de Haymtich, desde entonces hemos entrenado en silencio sin dirigirnos la palabra pero tengo que intentarlo hoy, ya no puedo retrasarlo más porque mañana es el día de la Cosecha y lo que mañana se decida será completamente irreversible. Me quedo de pie, viendo como él se dirige a su casa después de haberse despedido con un "hasta mañana". Dudo que pueda convencerle, lo dudo sinceramente porque sé que está tan decidido como yo y los dos somos muy, muy tercos. Sin embargo tengo que intentarlo y tiene que ser hoy. Le sigo hasta su casa.

- Peeta –le llamo cuando está a punto de cerrar la puerta. Él me mira sorprendido, no se había dado cuenta de que le había seguido. Luego endurece su mirada, creo que sabe a lo que vengo– ¿Puedo hablar contigo? –él se lo piensa unos momentos pero ya sé cuál será su respuesta; claro que puedo hablar con él. Él sabe que debería evitarlo por supuesto, pero nunca me negara su ayuda si se la pido.

Peeta asiente y me abre la puerta, indicándome que pase. Entro y nos quedamos en silencio. Hay tantas cosas que deberíamos decirnos y que no nos hemos dicho… por miedo y por vergüenza, pero mayoritariamente por pavor a aceptar la realidad, porque si realmente siento algo especial por él, todo esto se vuelve mucho más doloroso. Es decir, ya es suficientemente difícil aceptar que envían a un amigo a la muerte como para que considere que él es algo más que eso… no, basta, por eso estoy aquí, para remediarlo.

- ¿Quieres algo de beber? –lo ha dicho para romper el hielo, pero sabe de sobra que esto no es una visita cordial, no voy a llegar a sentarme en la mesa.

- No te presentes voluntario –voy al grano. Él ni se inmuta, lo que me ofende–. Peeta no estoy de broma, no quiero que vengas –digo lo más seria que puedo. Él se queda en silencio.

- No puedes evitarlo –dice al final. Doy un paso hacia él, amenazante.

- No, sí puedo evitarlo. Deja que Haymtich se presente voluntario por ti y tú no digas nada si sale su nombre –Peeta suspira.

- Katniss…

- No –digo seria y me acerco aún más, solo nos separa medio paso–, grábatelo bien en la cabeza. No te quiero ver ahí, punto –y se lo he dicho con tanta amargura, rencor y odio, que espero que sirva para convencerlo.

- Yo no valgo para ser mentor, Haymitch es quién conoce ese mundo, sería mucho más útil dejándole ese puesto a él –está intentando razonar conmigo pero yo no atiendo a razones y es más, ya me ha cabreado, le cojo del cuello de la camiseta, con mis manos en forma de puño.

- No voy a permitir que me hagas cargar con tu muerte. No lo consentiré –Peeta no está sorprendido ni asustado y eso me cabrea aún más, él ya esperaba una reacción así.

- Sabes qué lugar tiene que ocupar cada uno aunque lo niegues, así que no insistas –eso hace que empiecen a escocerme los ojos. Cambio de estrategia a lo único que podría llegar a funcionar. Sé que es retorcido y miserable, pero bienvenido sea si sirve para salvarle la vida.

- Peeta ahora es el momento de demostrarme que me quieres –empiezo a llorar porque esto es demasiado cruel incluso para mí–, por favor, no vengas. Si me quisieras de verdad no dejarías que cargara con esta responsabilidad –estoy suplicándole, llorándole y alegando al supuesto amor que siente por mí, si esto no funciona ya nada lo hará. Peeta me pone una mano en la mejilla.

- Lo siento, pero es porque te quiero que no puedo permitir que vayas sola –no, no, no, no, no. Mierda.

- ¡No te lo pienso perdonar en la vida! –le grito y le doy un golpe con los puños que tengo sobre su pecho. Me alejo de él, no quiero que me toque, no quiero ni tenerlo cerca. Ahora mismo no puedo ni mirarle.

- Prefiero que no me perdones tú, a que no sea capaz de perdonarme a mí mismo –dice él serio y con derrotismo. No, no, no y no.

- ¡Que te jodan! –doy una patada al mueble de la entrada, abro la puerta y la cierro con un sonoro portazo– ¡Que te jodan! –grito rozando la histeria, tanto que hasta me duele la garganta.

Me voy corriendo al bosque hasta que recuerdo la valla. También recuerdo que es el último día antes de la Cosecha y que debería pasar estas últimas horas con mi familia, así que doy un largo paseo para calmarme antes de ver a Prim, porque si me ve llorar todo se habrá acabado.

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**Nota autora: ¡Hola! Siempre creí que faltó comunicación entre ellos cuando les llamaron para el Vasallaje, es decir, todos sabían qué pensaba el otro pero tenían miedo de hablarlo y de desesperarse aún más, así que llevaron la carga en solitario. Después de meditarlo mucho he escrito esto; Katniss intentando convencer a Peeta. La Katniss de Suzanne sabía que era inútil hacerlo y no lo hizo, la mía (que está más prendada de él) lo ha intentado.

Quiero dar un especial saludo a BlackRose: ¡Muchísimas gracias por leerme! Intento mantener su esencia tanto como puedo (Kat rompiéndose la cabeza para hacer lo que le da la gana igualmente sí que suena a algo que ella haría, ¡gracias por darte cuenta!).

Espero que os haya gustado y me encantaría saber qué os ha parecido, así que no dudéis en dejarme un comentario (los aprecio mucho) o en buscarme directamente en Instagram donde subo fanarts de los Juegos ( angela_moiras_art).

¡Besos y cuidaos!