Prefacio

En mitad de un largo viaje, los recuerdos siempre son los primeros en acudir a nuestras mentes.

Y aquella mujer solo podía pensar en su pequeño: la primera vez que lo cargo en brazos en la sala del hospital comunitario. Esos grandes y preciosos ojos verdes que la miraban apremiantes cuando tenía hambre. Su risa cada vez que miraba a su madre hacerle caras graciosas. Su primer cumpleaños, con su cara embarrada en merengue y glaseado. Aquellos eran los únicos pensamientos presentes en su mente durante los pocos segundos que le llevo caer desde la baranda de la escalera hasta el suelo, donde un audible crujido anuncio que su cuello no pudo resistir todo el peso de su cuerpo.

De esa forma, en solo un instante Sally Jackson yacía muerta en el corredor del edificio junto a las escaleras. Un pequeño corte en su frente dejaba salir un hilo de sangre que se deslizaba por su rostro como una lagrima escarlata mientras sus ojos vidriosos y sin vida observaban el paso vacilante de su marido pasar junto a ella, ignorándola y tambaleándose hasta llegar a la salida del edificio.

-Estúpida Sally...-Murmuraba entrecortado Gabe Ugliano mientras bajaba las escaleras de entrada hacia la acera. Todo lo que le pedía era un maldito plato de comida luego de trabajar todo el día como un burro. Y que si se había tomado unas cerezas con sus amigos, estaba en todo su derecho-Y luego va y se duerme a mitad del pasillo...

Tal vez si el alcohol no hubiera estado nublando su percepción, en ese momento habría sido consciente de lo que realmente había ocurrido luego de que el abofeteara a su esposa. Seguramente estaría encendiendo su Camaro presa del pánico y con la intención de huir lo más lejos de allí y no para ir a conseguir algo de comer y mas cerveza.

Ni siquiera era consciente de la pequeña figura que dormía tranquilamente en su asiento para bebés.

Gabe condujo su auto por al menos una hora, hasta que decidió detenerse bajo un letrero que anunciaba con luces de neón la venta de hamburguesas y gnomos de jardín.

De aquel apestoso borracho jugador solo quedaron sus restos en piedra solida:

-Tsk-Por su parte tía Eme solo chisto enojada mientras observaba al ultima adición de su inventario. Nadie compraría semejante pieza. La única razón por la que había convertido a ese apestoso mortal en piedra, bueno fue por eso mismo. Tendría que fregar la mesa con lava para sacar ese asqueroso tufo a mortal de su tienda.

Solo que mientras rebuscaba en su oficina por una forma para ordenar lava-lavaplatos extra el sonido de un llanto infantil alcanzo sus oídos. La gorgona casi brinca de emoción: ¡los niños tenían excelente demanda! Solo tuvo que salir de su oficina en la trastienda y seguir el sonido que llegaba ligeramente ahogado.

-Ay por el Erebo-Gimió frustrada al ver que el llanto provenía del auto de ese apestoso mortal. Se acomodo sus lentes oscuros, aspiro profundo y camino recta procurando no respirar. Llego a la puerta trasera y la abrió rápidamente para sacar el asiento para bebes que había en el asiento trasero. Genial ahora apestaría toda la tienda.

Pero mientras ella dejaba la silla para bebes en una de las mesas de comida no podía dejar de enumerar los posibles compradores para una nueva pieza. Había varias clientes que siempre estaban preguntando por una pieza más pequeña, algo "lindo".

-Ahora, solo tengo que hacer que dejes de llorar pequeño apes... toso...-La verdad nunca había tenido a un infante tan cerca. No era como si le importara mas allá del montón de dracmas que iba a ganar. Pero en el instante en que el pequeño de dos años fijo sus grandes ojos en la extraña mujer con lentes oscuros frente a él, algo se revolvió en el interior de la criatura.

-...-El pequeño mantenía una expresión expectante. Con sus ojos fijos brillando tenuemente por la luz del neón y su boca ligeramente abierta. Algo muy profundo, muy por debajo de todas las capas y fibras de la Gorgona comenzaba a vibrar. Un pequeño ápice de su ser que había quedado renegado en el pasado bajo la ira y el resentimiento: Medusa. La hermosa mujer que alguna vez había amado. Quien como muchas había disfrutado con los elogios y los encantos del amor. Aquella que alguna vez soñó con casarse. Tener un marido que la amara. Un hogar.

Una familia.

-Oh, pequeño...-Su vos era un suspiro de anhelo y nostalgia-"Percy"-Exclamo leyendo lo que había escrito en la sillita al tiempo que pasaba su mano por las mejillas del infante limpiando sus lagrimas. Pero luego de un momento el pequeño comenzaba a llorar otra vez. Esta vez lo tomo con delicadeza en sus manos, y con sumo cuidado lo pego a su pecho justo donde alguna vez estuvo su corazón mortal-Ya ya tranquilo, no hay de que temer. Yo te voy a cuidar.