**Peeta's POV**

Cuando Katniss se va experimento un dolor agudo equiparable al que sentí cuando la vi ofrecerse voluntaria en los primero juegos y comprendí que la había perdido para siempre. Pero ahora hay una pequeña diferencia; no le soy indiferente. Da igual si ella lo acepta o no, pero la realidad es que siente algo por mí, sea lo que sea. O eso creo, porque no me quito de la cabeza lo que pasó en la Gira. Además que su insistencia ahora en pedirme que me quede también debe significar algo. Pero suponiendo que tenga razón y que Katniss esté evitando el tema, entiendo que tenga miedo de descubrir lo que siente porque sobreviva quien sobreviva, no hay alternativa, nunca vamos a poder estar juntos. Por eso no nos atrevemos a empezar algo que va a terminar, y nos mantenemos en este precario equilibrio que nos mantiene cerca y lejos a la vez.

Solo por lo que ha hecho ahora tengo más claro que nunca de que tengo que luchar por ella, lo que será doblemente duro, porque no solo voy a tratar de sacar fuerzas de donde sea para hacerla vencedora, sino que además tengo que infundirle este deseo de supervivencia a ella. Y luego ya solo me quedará despedirme de la vida. Me dejo caer y me aprieto las manos fuertemente contra los ojos que no dejan de llorar. Lloro y grito. Voy a tener que renunciar a la vida y quizás eso no sea suficiente. La quiero y nunca vamos a poder estar juntos.

Casi que es más doloroso ahora que intuyo que sí siente algo por mí que antes cuando me despreciaba. Katniss tenía razón desde el principio, es mejor no enamorarse ni encariñarse de nadie. Ojalá nunca hubiera probado sus labios, porque ahora no puedo desear ninguna otra cosa y voy a morirme sin recibir otro beso suyo, porque me odia y no puedo remediarlo. Tiene que odiarme para que pueda dejarme atrás y salvarse ella.

Paso de la desesperación a la ira porque hay un único culpable; Snow. Él es quien ha decidido las reglas del juego y es él también quién nos ha obligado a participar. No por casualidad como el año pasado, no, esta vez vamos escogidos a dedo. Snow quiere matar a Katniss y me arde tanto la sangre solo de pensarlo que ya he roto media estantería antes de darme cuenta de lo que estoy haciendo y si dejo de hacerlo es solo porque no puedo ir a los juegos lesionado, pero me queda energía suficiente como para destruir la jodida mansión de Snow si me dejaran, ladrillo a ladrillo. Pero la rabia se va evaporando lentamente, dejándome con una tristeza infinita y un ahogamiento continuo. Katniss no puede morir, no puede... pero va a hacerlo, porque aunque sobreviva a los juegos, no hay ningún posible futuro para ella. Ojalá nos hubiéramos comido las Jaulas de Noche.

Me voy a casa de mis padres. No nos queremos especialmente pero soy incapaz de pasar esta noche solo. La cena se hace incómoda, nadie dice nada, pero antes de irnos a la cama mi padre me abraza y me dice que me quiere. Mis hermanos no son tan afectuosos pero cuando ven cómo se despide mi padre, también me dan un rápido abrazo. Mi madre mi mira durante un largo rato y al final me abraza también. Ésta es nuestra forma de demostrar que nos queremos.

A penas duermo y por la mañana desayunamos en silencio. No saben que planeo ofrecerme voluntario, pero saben que voy a irme de todos modos; tanto si soy mentor como tributo, hoy me subo al tren. Los Agentes de la Paz llaman a la puerta, todos me miran, saben que vienen a por mí. Me levanto y me voy con ellos sin ofrecer resistencia. Mi padre me mira con aprensión, seguro que le gustaría robar algunos segundos más conmigo, pero no puede.

- Nos vemos luego –digo para tratar de tranquilizarlo; aún nos queda tiempo para despedirnos después.

- Sí –dice él un poco más animado y veo que se toca su bolsillo abultado, apuesto a que este año ha preparado también las galletas para los tributos.

Es algo que lleva haciendo desde que su primogénito entró en el sorteo por primera vez. Desde entonces siempre las ha llevado encima durante las Cosechas por si alguno de sus hijos o amigos de sus hijos salían escogidos. Llevar las galletas encima se convirtió en una especie de amuleto, hasta que Effie rompió la racha sacando mi nombre. Esto me recuerda… mi padre siempre hacía dos bolsas y cuando yo salí escogido solo me dio una. ¿Podría ser que le diera la otra a Katniss? Por algún motivo eso me hiere. Mi madre no confiaba en mí y mi padre le regaló algo a quién podría haber sido fácilmente mi verdugo (de hecho, se suponía que lo era). Menuda gracia si Katniss llega matarme habiéndose zampado las galletas de mi padre… aunque claro, ella era hija de un antiguo amor y se llevaba muy bien con ella, era más amigo mi padre con ella que yo. Apuesto a que ni siquiera pensó en que sería mi contrincante, solo pensó en que iban a matar a una niña más. Sé que mi padre es un buen hombre y que lo hizo con buena intención, pero es duro saber que no eres el favorito de nadie, ni siquiera dentro de tu propia familia. Aquí nadie me quiere ni me necesita.

- ¡Demuéstrales de qué somos capaces los Mellark! –el comentario de mi hermano me pilla completamente de improvisto. Sonrío, es bueno saber que al menos les caigo medianamente bien.

- Descuida.

- Y sincérate con ella, está claro que está coladita por ti. Ese cazador de tres al cuarto no tiene nada que hacer –esto me pilla aún más de improvisto y hace que emprenda el camino hasta la plaza prácticamente partiéndome de la risa. ¿Que está coladita por mí? ¿Y en que se basa para decir eso? No se pueden fiar de lo que ven en la televisión. Además, ¿qué sabrá él? ¿Qué sabe nadie de esto?

Es bastante confuso si lo piensas porque no tengo ni idea de qué es lo que saben o intuyen. Saben que es mi prometida (o al menos lo era) y que vivo en la Aldea, pero no saben que allí estoy solo en mi casa. Siempre creí que se imaginaban que vivía con ella o algo así, o que al menos pasábamos más tiempo juntos de lo que realmente pasábamos. Quizás no soy tan buen actor al fin y al cabo, y todo esto tiempo han sabido que algo no iba bien. No sabían el qué, pero sabían que había algo raro. Aunque claro, ellos nunca me preguntarían y yo nunca compartiría esto con ellos. Es verdaderamente confuso.

Pero definitivamente me ha encantado que haya hablado con tanto desprecio de Gale. Ojalá que sean bordes con él si lo ven. Nada, solo un poco, como venganza por haberse quedado con Katniss una vez yo haya muerto en la arena. Pensar en ello es lo único que me anima. "Ese cazador de tres al cuarto"… la gente creerá que estoy loco porque llego a la plaza con una sonrisa. Sin embargo el buen ánimo me dura hasta que Katniss evita mi mirada adrede cuando me subo al escenario a su lado, demostrándome así cuanto me odia. "Pobre Gale que tiene que quedarse aquí en casa con su familia. Sí, pobrecito, va a tener que esperar unas semanas hasta que le envíe a Katniss de vuelta, directa a sus brazos… Como se atreva a montar una escena hoy voy a romperle el maldito cuello". Cruzo los dedos, espero que salga el nombre de Haymitch. Effie resopla y sé que la suerte por una vez, ha estado de mi parte.

- Me presento voluntario –digo serio y ya está hecho. Katniss me odia, Haymitch y Effie desvían la mirada, y mi familia se queda sin su hijo y hermano. Mi padre además se queda sin la oportunidad de darnos sus galletas.

Subimos al tren y sé que voy a tener que enfrontarme a esto solo.

**Katniss POV**

Lo odio. ¿Cómo se atreve a hacerme esto? No me ha hecho ningún favor presentándose voluntario. Este tren me pone de malhumor. Casi que paso más tiempo aquí que en mi propia casa, ¡es repulsivo! Otra vez todos aquí. Effie, Haymitch, Peeta y yo. Es una broma de mal gusto, es como si nunca nos hubiéramos bajado realmente de este tren. Cuánta razón tenía Haymitch…

Y aquí estoy, en mi cama y sola. En el doce ya echaba de menos a Peeta pero en esta habitación su ausencia es alarmantemente notoria. Sería más fácil de soportar sabiendo que él está a salvo en su propia casa. Pero no. Está en la maldita habitación de al lado y siento un cosquilleo en los dedos de los pies porque quisiera levantarme y recorrer esos pocos metros que nos separan para encontrarme con él. Pero no puedo. Este es su castigo por haberse presentado voluntario. Pero… ¿a quién beneficia este castigo? A mí no desde luego, porque necesito tenerlo cerca…

- Aaaaaaaargh –grito con frustración.

Me levanto harta de dar vueltas en la cama y voy a buscar algo a la cocina para que me calme. Una manzanilla, una taza de leche, lo que sea. Un avox me intercepta y le pido un vaso de leche caliente. Genial, avox y Agentes de la Paz, ojalá solo estuviera rodeada de árboles. Veo una luz encendida que me atrae como a una polilla. Hay alguien despierto, ¿quién será? Abro un poco más la puerta y veo a Peeta sentado en el sofá viendo repeticiones de juegos. Sé que he hecho ruido porque él gira la cabeza de repente, encontrando mis ojos. Hasta ahora se había comportado como un feroz entrenador, alguien a quién era mejor no buscarle las cosquillas si no querías que te mandara a dar vueltas por la Aldea. Tiene una mirada serie e impenetrable, pero de repente la ablanda y yo me vengo a bajo con su expresión de cansancio y tristeza. Cuando abre los brazos yo ya he corrido hacia él.

Siempre he sido consciente de lo mucho que lo echaba de menos, pero ahora, al notar su aroma y sentir sus brazos protectores a mi alrededor es como si todo se volviera real. Lo he echado tanto de menos que hasta lloraría. Él me aprieta un poco más fuerte y yo me aferro a su cuello, no pienso soltarme.

- Lo siento –por fin la barrera que nos separa se hace un poco más delgada.

- No te perdono –digo y siento que empiezan a escocerme los ojos.

- No podía permitir que te rindieras –se excusa él.

- ¿Y para eso tenías que sacrificarte? –me separo lo justo para mirarle a la cara–Y lo que es peor: ¿hacía falta comportarte así? ¡Haymitch y yo te evitábamos porque teníamos miedo que nos mandaras a hacer flexiones! –Peeta se ríe.

- Me alegra saber que al menos conseguí infundiros un poco de respeto –su sonrisa hace que sonría y eso me enfurece, trato de volver a mi habitual cara de enfado pero me cuesta no reírme con él.

- Respeto, miedo, llámalo como quieras. No ha sido divertido.

- En este grupo siempre he sido el último mono para todo, así que no puedes evitar que me alegre por haberos puesto en vereda –y me pone un mechón de pelo detrás de la oreja. Solo este roce consigue hacer que un escalofrío sacuda mi cuerpo entero.

- Nunca nos hemos burlado de ti. Solamente no te soportamos porque eres el mejor de los tres –Peeta vuelve a reírse y mi cabeza se nubla completamente. Hace mucho, muchísimo, que no compartíamos esta intimidad. Es increíble que después de todo no hayamos perdido la complicidad.

- ¿El mejor? El más estúpido querrás decir –y acerca un poco su rostro hacia mí.

- No hagas como si no lo supieras. De entre los tres tú eres el único que vale la pena.

- ¿Yo? ¿Estás segura? –y justo cuando se inclina para besarme un avox da unos golpecitos a la puerta. Eso rompe la magia y me devuelve a la realidad.

Para cuando entra yo ya me he sentado de nuevo en el sofá. Estoy a su lado pero no nos tocamos. Le agradezco las tazas con la leche caliente y miel (ha traído una para Peeta también) y yo tomo una entre mis manos. Peeta ya no me va a besar, el muro se ha vuelto a alzar y estamos fríos. Hemos perdido la oportunidad y maldeciría al avox por ello si no fuera porque sé lo que significa ser avox.

- ¿Qué mirabas?

- Aún no he escogido cinta. ¿Por qué no eliges tú una? –aquí sentados en el sofá bebiendo leche caliente mirando muertes sangrientas, planazo.

Haymitch nos sorprende viendo su cinta y siento que hemos traicionado su confianza y privacidad, pero él no parece molesto, solo cansado. De repente estoy orgullosa de él; fue casi tan problemático como yo. Nos levantamos para recoger y me doy cuenta de que Peeta me mira. Le pregunto con la mirada y entonces él mira a Haymitch. Quiere hablar conmigo a solas así que me entretengo en la cocina y espero a que Haymitch se vaya antes de preguntarle directamente a Peeta.

- ¿Qué pasa?

- Deberíamos hablar –su seriedad y su tono me alarman.

Cuando estamos los tres en este tren todo fluye de una manera distinta a como lo hace en el Distrito. Aquí somos lo único que tenemos, somos nuestro propio mundo por eso no me he cuestionado la facilidad con la que Peeta y yo hemos vuelto a hablar, porque aquí todo funciona diferente, pero Peeta me ha recordado nuestros problemas. Me pongo nerviosa.

- Estoy un poco cansada, no sé si quiero…

- Katniss –me dice él serio y yo me rindo. Voy a tener que enfrontarme a esta conversación lo quiera o no–. Quiero saber qué quieres hacer –me siento en la mesa de la cocina y miro mis pies.

- ¿Qué quiero hacer de qué?

- Katniss –me insiste–. ¿Qué vamos a hacer? Quieres que te deje tu espacio, quieres que sea tu amigo o… –lo duda un momento– ¿quieres volver al pacto de la Gira? –un escalofrío me recorre. Sigo mirando a mis pies. No me gusta cuando me preguntan directamente las cosas, especialmente las que no quiero responder– Vamos a morir –eso capta mi atención–, solo quiero saber cómo debería comportarme estos últimos días contigo.

- No vuelvas a hablar así –me bajo de la mesa y lo reto con la mirada–. Tú no vas a morir, ¿me escuchas? Tú vas a ser vencedor –Peeta me coge las manos.

- No –dice él con tono calmado.

- Sí –le insisto.

- Esa noche en el tren… –no dejo que termine, aunque sus palabras me confirma que todo fue real, que no lo soñé.

- Te dije que no me pidieras explicaciones.

- Pues las necesito. Quiero saber qué significo para ti aunque no me guste la respuesta. Quiero poder irme de este mundo en paz –me suelto de sus manos y le golpeo el pecho.

- ¡Tú no vas a morir! –las lágrimas empiezan a derramarse por mis mejillas– ¿Me escuchas? Haz lo que te de la real gana pero no mueras. Te lo prohíbo, ¿me has entendido? –es ridículo que le diga todo esto porque Peeta se ha subido a este tren con la determinación de no hacer nunca el viaje de vuelta.

- ¿Y qué más quieres que haga? Haré lo que sea que me pidas –veo su dolor y su amor por mí en esa mirada. Ha sido ridículo creer que había olvidado lo que pasó en el tren. "Haré lo que sea que me pidas". Recuerdo las noches solitarias e irremediablemente se me viene a la cabeza una petición, pero trato de no hacer caso a ese pensamiento.

- ¿Y tú? ¿Qué es lo que tú quieres? –Peeta se pasa una mano por el pelo y retrocede un paso.

- Ya sabes lo que quiero.

- No, dímelo –le reto. Él quiere que responda con franqueza a preguntas imposibles, vamos a ver si él es capaz de hacer lo mismo.

- Quiero estar contigo.

- ¿Cómo en la Gira? –Peeta da un paso hacia adelante.

- O incluso más –un escalofrío me recorre al tratar de imaginar de hacer "incluso más" de lo que hicimos– Pero solo si tú quieres –no respondo porque estoy demasiado ocupada tratando de entender esto. Él se impacienta– Decide lo que sea, me da igual pero decídete y dímelo. No puedo soportar irme a dormir sin saber si vendrás o no –por primera vez se me pasa por la cabeza ponerme en su lugar. Quizás yo no haya sido la única que se ha pasado todo este tiempo soñando con esas noches. Y ahora acabo de descubrir que él ha soñado con lo mismo que yo e "incluso más". Mi silencio hace que se pase una mano por la cara con exasperación–. Me voy a la cama.

Solo cuando se va me doy cuenta de lo que todo esto significa.

- Peeta –lo detengo a medio camino. De mi depende que pasemos estos pocos días que nos quedan de vida juntos. Es un poder tremendo y muy tentador, pero tengo miedo de fastidiarlo todo. Nadie en su sano juicio me daría tal responsabilidad– buenas noches –y como una cobarde nos sentencio a pasar la noche solos.

Duermo fatal, me atormentan las pesadillas y mis propios pensamientos. "De mi depende" se repite una y otra vez en mi cabeza. Cuando me despierto por la mañana la frase que me ha atormentado se completa en mi mente "De mi depende abrirle mi corazón". Ya no hay Gale, ya ni siquiera existe la familia, solo la muerte y lo que sea que sienta por él. La barrera insalvable que siempre creí que nos distanciaba puede romperse si así lo deseo y si acepto de una buena vez lo que siento por él. He identificado la barrera y de mi depende romperla.

.

.

.

.

.

***Nota autora: Varias cosas: la primera es que en Instagram vi una debate con respecto a lo de las galletas del señor Mellark y enseguida vi claro el por qué él llevaba ese día galletas consigo y por eso he querido incluirlo aquí (de nuevo, es mi opinión y no está confirmado, pero estoy muy segura de que no puedo estar muy desencaminada de la realidad) y la segunda cosa es un poco spoiler, pero quiero decir que Katniss se está haciendo de rogar pero en cuanto se aclare (pronto) ya no habrá marcha atrás. Solo decir que el próximo capítulo se llama "Deseo", con eso lo digo todo. ¡Besos!