Cuando le veo vestido con el uniforme para el entrenamiento se me cae el alma a los pies. Sea lo que sea que sienta por él debería aclararlo pronto porque en unos días estaremos en la arena.
Durante el entrenamiento trato de concentrarme y de hacer aliados tal y como nos ha recomendado Haymitch. Para variar, solo confío en los que estratégicamente menos ayuda podrían ofrecernos: una anciana y dos personas que tienen miedo hasta de su sombra. Haymitch estará contento… En la comida nos obligan a reunirnos todos ya que juntan las mesas. Me habría gustado estar solo con Peeta pero ahora tenemos que seguir fingiendo con él que estamos prometidos, y además tenemos que hacer ver que somos lo suficientemente interesantes y aterradores como para que nos quieran de aliados o para que no nos quieran buscar las cosquillas.
El día se hace eterno y cuando nos reunimos con Haymitch y Effie nos acribillan a preguntas. Todo el mundo está entusiasmado por la avalancha de solicitudes que hemos recibido debido a mi actuación con el arco.
- La han visto disparar, hasta yo me estoy planteando pedirle ser mi aliada formalmente –dice con una sonrisa y siento que se me suben los colores. Una sola sonrisa o una mirada consiguen que me sonroja y ya ni de hablar de tenerlo cerca… maldita sea, mi cuerpo reacciona sin mi permiso.
- ¿A quién quieres en el equipo? –dice Haymitch animado, se lo cuento– Diré que te lo estás pensando.
- Voy a darme una ducha –anuncio y desaparezco. Apesto a sudor pero no estoy cansada, el entrenamiento que hemos hecho con Peeta desde el anuncio del Vasallaje ha dado sus frutos.
Mientras el agua me recorre el cuerpo vuelvo a pensar en Peeta (parece que no haga nada más en todo el día). Sé lo que él quiere pero, ¿qué quiero yo? Me imagino a Peeta sonriendo, abrazándome… siento el agua que corre por mi piel… Peeta tocándome… abro los ojos de golpe. Me cuesta hasta recuperar el aliento. ¿Qué ha sido eso? Vuelvo a sentir cosquillas en mi bajo vientre. Oh, no. Todo empieza a darme vueltas.
- No puede ser verdad –aprieto mi frente contra la pared–. Tenía que empezar a sentir todas estas cosas… ¿justo ahora que voy a morir?
Me siento en el suelo y dejo que el agua siga cayendo sobre mí, siendo así mi única compañía. Ahora la pregunta es si debía porque ya sabía la respuesta al si quería. ¿Qué es mejor? ¿Hacer feliz a Peeta unos días antes de que yo me vaya para siempre? ¿O no hacerle caso para que pueda olvidarse de mí y tener una vida después de que yo muera? Claro que también cabe la posibilidad que ninguno de los dos sobreviva, en cuyo caso habría desperdiciado estúpidamente unos días irrecuperables.
Cuando salgo para cenar no miro a nadie. Effie habla pero no la escucho. De vez en cuando Haymitch y Peeta comentan algo pero yo no participo en la conversación. Cuando terminamos de comer levanto la mirada y me encuentro con que Peeta ya estaba mirándome. Me pregunta con la mirada, está preocupado. Le hago un leve gesto con la cabeza para que me siga.
- Me voy a la cama –anuncio.
- Descansa querida –dice Effie con una sonrisa.
- Yo también me voy –dice Peeta levantándose.
- Buenas noches –dice Haymitch a nadie en particular.
- Buenas noches –decimos casi a la vez Peeta y yo, eso hace que nos miremos unos instantes antes de que yo aparte la mirada avergonzada.
Peeta me sigue por el pasillo y me detengo delante de mi puerta, él se detiene también. Inspiro profundamente antes de enfrontarme a él.
- No quiero cargar con esta responsabilidad –le digo–. Así que dime: ¿cómo quieres pasar estos últimos días?
- Quiero pasar cada segundo de vida que me quede contigo –dice serio y sin vacilar. Vale, pues ya está decidido.
- Entonces ven –y abro la puerta de mi habitación invitándole a pasar. No podría decir si Peeta está contento o no, su rostro es inexpresivo. Supongo que no sabe a qué atenerse.
**Peeta's POV**
No sé qué pensar de todo esto. Al final sí me quiere con ella, pero no sé qué esperar. De hecho no me atrevo a moverme hasta que ella lo hace. Me siento completamente perdido. Katniss se sienta en la cama y yo tardo unos momentos en imitarla. Trato de relajarme pero no puedo, la tensión me está matando. Ella me ha invitado a pasar pero no sé qué relación tenemos. No dejo de mirarla de reojo en todo momento y sé que ella también está incómoda. Suspiro y decido romper el silencio.
- No debería ser tan difícil –ella se sorprende como si no hubiera esperado oír mi voz–. Ya hemos pasado por esto, solo somos dos amigos que quieren hacerse un poco de compañía en el momento más horroroso de sus vidas, no es un crimen –lo he dicho para animarla pero parece que no era eso lo que quería oír.
- ¿Crees que somos amigos? ¿Eso es lo que somos? –me encojo de hombros. ¡Yo qué sé! Conocida, aliada, amiga, prometida (bueno prometida ya no, supongo). ¿Cómo voy a saber lo que somos? Pero de todas las cosas "amiga" era lo que mejor me había sonado. Ni siquiera me había atrevido a pensar en "amante".
- Suena mejor que cualquier otra cosa, ¿no? ¿O para ti solo soy el vecino de la Aldea? –intento disimular con una risita. A ella no le hace mucha gracia mi broma pero creo que da por buena mi respuesta. Me he librado por ahora. Pero ella sigue triste y no puedo evitar seguir hablando– Katniss ahora enserio… –ella me mira y me pierdo en sus ojos. Siempre me cautivan pero hoy… está especialmente hermosa. No lleva maquillaje, ni siquiera lleva ningún peinado especial. Solamente es ella, con aún algunos mechones de pelo húmedos por la ducha– Por todo lo que has pasado, por todo lo que has sufrido… ¿no crees que deberías hacer lo que realmente quisieras hacer estos días? No te cuestiones, solo hazlo. Nada importa ya, hay una fecha límite para todo esto.
- ¿Lo que yo quiera?
- Sí.
- ¿Sea lo que sea? –vuelvo a asentir.
- Claro, ¿quieres que te de un masaje en los pies? Ya sabes que se me dan muy bien –digo para relajar el ambiente. Ella parece indecisa pero un poco más animada. No sé cuántas veces repetirle que estoy dispuesto a hacer lo que sea por ella y me preocupa que si se lo vuelvo a decir se dé cuenta de lo obsesionado que estoy por hacerla feliz.
- Los masajes en los pies están bien pero tenía otra cosa en mente…
- ¿El qué? –estaba siendo muy, muy inocente. Se lo había preguntado con toda la inocencia y buena voluntad del mundo, por eso cuando se acerca a mí y me besa me quedo completamente en shock.
Lo que Katniss quería era besarme. Ni en un millón de años se me hubiera ocurrido que eso fuera posible. Creí que como mucho lograría hacerle compañía como en los primeros días de la Gira, porque ella parecía dispuesta a olvidar lo que ocurrió esas últimas noches en el tren, por eso me había resignado… pero puedo cambiar de planes rápidamente.
No me hago de rogar y mis labios la reciben con entusiasmo. Hace tanto tiempo que no la besaba… tanto tiempo alimentándome solo de recuerdos… que ahora que este sueño se ha vuelto real siento que se me va la cabeza. Por el modo en que abre la boca sé que este no va a ser un beso de cortesía y una corriente eléctrica me recorre de arriba abajo. Nuestras lenguas se encuentran y tengo que poner toda mi fuerza de voluntad para que no se me escape un suspiro. No quiero demostrarle hasta qué punto la quiero, aunque supongo que se lo imagina. Katniss pone sus manos en mis hombros y yo ponga las mías en su cintura. Sin duda es la mejor forma posible de pasar lo que deberían ser nuestras peores noches. Si ella está conmigo puedo olvidar todo lo demás. Ahora solamente están ella y sus labios.
Katniss aumenta el ritmo y la necesidad, yo la sigo gustoso y pongo una mano en su muslo cuando ella sube la pierna por encima de mi regazo. Le acaricio el pelo mientras saboreo sus besos, pero ella no me deja hacerlo con calma, hay urgencia en sus labios. Entonces ella pone las manos en mi cintura y tira levemente de mi camiseta hacia arriba. Me congelo. ¿Qué? Había confundido su urgencia con… no sé, ¿desesperación? Pero al parecer se trataba de deseo. Deseo. Katniss me desea y la mera idea me aturde. He soñado con esto muchísimas veces pero ahora que se ha convertido en realidad… Toda mi endereza y seguridad se desploma. No me había preparado para esto.
- ¿Estás bien? –me pregunta mientras trata de recuperar el aliento. Ha dejado la camiseta en su sitio. Trago con dificultad.
- Sí, ¿tú? –el corazón me late muy rápido y la sangre se me ha empezado a acumular en un sitio que espero que ella no descubra.
- Sí –de nuevo su mirada me aprisiona. El amor que siento por ella es algo desmesurado. ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué me he detenido?–. Lo siento, he sido muy brusca, no debí… –no dejo que siga hablando porque no quiero que pierda esta pasión.
La beso y esta vez me levanto con ella sentada en el regazo. Me quito la camiseta con rápidos movimientos y vuelvo a besarla con tanta intensidad que consigo recuperar su deseo por mí, porque ella se aferra a mi cuello como si no quisiera dejarme ir. Sus dedos recorren mis hombros y yo cierro los ojos para centrarme en sus caricias sobre mi piel. Decido imitarla, así que meto mis manos por debajo de su camiseta y le acaricio la espalda. Se me ocurre quitársela directamente porque esta prenda estorba lo que no está escrito pero cuando cojo la parte inferior de su camiseta me doy cuenta de algo… me doy cuenta de que no soy capaz. Por más que lo haya soñado y deseado, no puedo. Aparto mis manos de su piel y detengo el beso. Ella me insiste en continuar pero yo pongo una mano en su mejilla para frenarla y pego mi frente a la suya. Ella no está entendiendo nada y yo empiezo a sentir una quemazón en los ojos.
- Te he dicho que haría cualquier cosa por ti pero no puedo –tengo que hacer un gran esfuerzo para que no me salgan las lágrimas–, necesito saber que esto significa algo para ti.
- Me has dicho que no me cuestionara –dice ella aún un poco aturdida por la excitación del momento.
- Lo sé y creí que podría soportarlo pero estaba equivocado. Necesito saber que… –se me traban las palabras en la boca– necesito saber que te importo, que sientes… algo…
- Claro que me importas –dice ella y ahora es ella quién me acaricia la mejilla.
Estoy a punto de arruinarlo todo, estoy a punto de perder la oportunidad de mi vida pero no podría irme de este mundo sabiendo que me aproveché de un momento de debilidad de la persona que más quiero en este mundo para mi propio beneficio. Durante la Gira me aproveché de su compañía y ya me sentía terriblemente mal, pero esto… es simplemente otra dimensión. Si hace todo esto por mí o porque está confundida… si no lo hace por los motivos correctos se arrepentirá de todo esto, y no quiero que eso suceda por nada del mundo.
- ¿Estás segura? –no me lo puedo creer, voy a llorar de verdad. Me friego los ojos en un intento de impedirlo. La amo tanto que estoy completamente expuesto. Sus palabras van a tener un potente efecto en mí, tanto si son para bien como para mal.
- Sí, claro que estoy segura. Peeta yo… –se queda unos momentos callada, pensando– ¿Qué se siente cuando se está enamorado? –eso me provoca una risa incrédula. ¿De verdad me está preguntando eso a mí? No puedo dejar de temblar– Yo nunca he sabido qué se siente, yo nunca he sabido lidiar con nada de esto… yo… –se está haciendo un lío así que cierra los ojos para ordenar sus pensamiento– no sé definirlo pero… sé que quiero estar contigo. ¿No te vale con eso? –me vale, o me valía hasta hace dos minutos.
- ¿Me quieres? –pregunto directamente. Katniss se muerde el labio y agacha la cabeza. Creo que está a punto de partirme el corazón cuando asiente levemente– ¿Eso es un sí? –ella levanta la mirada y vuelve a asentir, está tratando de no llorar, cosa que hace que mis esfuerzos por contener el llanto sean prácticamente inútiles.
- Sí.
- ¿Estás segura? Sé sincera por favor –le insisto porque me ha herido en el pasado en relación a esto, por eso no puedo creerla fácilmente. Pero aquí no hay cámaras, no hay engaños, ¿qué ganaría ella mintiendo ahora?
- Sí que estoy segura, te quiero y voy a morir por ello –repite con cierto enfado. No puedo seguir reprimiendo el llanto y la abrazo.
Confesar esto es aceptar un dolor tremendo. No soy capaz de sentirme feliz, solo soy capaz de sentir dolor porque yo ya estaba acostumbrado a la idea de amarla y perderla, pero ahora sufro imaginando lo que ella sufrirá cuando me vea morir, porque yo voy a ser quien muera, nunca he tenido madera de vencedor. Solo evitaría la muerte para que ella no sufriera, pero lamentablemente no es una opción.
Los dos lloramos, por primera vez nuestros miedos se han confirmado: estamos acabados. Empiezo a repartirle besos por la cara, ella también me besa entre lágrimas. Los besos saben a sal.
- Lo siento, debí haberme alejado de ti… –le digo entre sollozos.
- Yo debí llevarme este secreto a la tumba –se disculpa ella. La situación es completamente demencial.
Me dejo caer suavemente de espaldas para que ella quede apoyada encima de mí. La abrazo con fuerza y ella me besa suavemente el pecho. Siento sus pestañas húmedas contra mi cuello. Nos damos besos para consolarnos entre lágrimas y disculpas. En algún momento de la agonía nos quedamos dormidos, exhaustos por el sufrimiento y el llanto.
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**Nota autora: Venga va, id a por el siguiente capítulo, yo también odio que me dejen a medias.
