Pasan los días y no se lo cuento a nadie, no me sale de dentro compartirlo. De hecho, ni siquiera me lo planteo. Ni siquiera cuando Prim me pregunta si me encuentro bien se me pasa por la cabeza decir nada. Sé que tarde o temprano van a saberlo, pero de algún modo siento que aún es algo mío, algo a lo que debo hacerme a la idea antes de compartirlo, y pienso seguir así hasta que no pueda seguir ocultándolo más. Pongo una mano en mi estómago, tengo el vientre plano, ¿de cuantas semanas estoy? ¿Unas 5? ¿6? Me acaricio el vientre y por un momento temo que realmente esté vacío y que me hayan engañado. "Por suerte" una náusea me recuerda que esto es real y me calmo, porque esto es a lo único que me aferro para no venirme a bajo pensando en lo que estará pasando en el Capitolio. Peeta está conmigo, lo llevo conmigo y saber eso es lo único que hace que no me vuelva loca. Solo quiero que el tiempo pase rápido y que, con eso, algo se solucione. Como por ejemplo saber si Peeta está vivo o no, pero parece que no tendré esa suerte. Estoy condenada a la angustia constante.

Todos siguen tratándome como alguien que está mentalmente desequilibrada y en el fondo agradezco que me dejen mi espacio, porque nadie puede entenderme ahora mismo. Nadie. Si alguien se me acerca, me alejo. Ni siquiera me preocupa preocupar a mi familia. Me he encerrado en mi misma y he apartado a todo el mundo. Aunque sé que Haymitch sabe lo que me pasa y eso ayuda a no sentirme sola del todo. No nos hemos vuelto a ver pero él es el único que sé que no me animará con palabras vacías ni que me mentirá para hacerme sentir bien, y eso es justamente lo que quiero, porque le partiría la cara a cualquiera que me animara a tener esperanza.

Me pregunto cómo reaccionaría la gente de mi alrededor si supieran lo que me pasa en realidad. Prim trataría de hacerme hablar y colaborar por todos los medios, mi madre… ¿supongo que también? Aunque en menos medida claro. Y en cuanto a la persona que se acaba de sentar a mi lado… se volvería loco si lo supiera.

- Tienes mejor color –me comenta Gale. Él me ha visto marearme e incluso salir corriendo para vomitar, pero sé que piensa que aún se debe a las heridas que sufrí en el Vasallaje o incluso debido a los efectos de alguna pastilla, pero pastillas es algo que precisamente ahora no me tomo.

Yo sigo a lo mío, que consiste en averiguar cómo vaciar el plato. Huelga decir que todo me sabe a rayos y que mantengo una pelea constante con mi apetito y mis náuseas. Yo no quiero alimentarme, lo que realmente quiero es dejarme morir, pero a pesar de todo mantengo esta lucha diaria por no saltarme ninguna comida. ¿Cómo consigo eso? Pues recordándome que no como por mí, sino para alguien más. No tengo ganas de alimentarme a mi misma pero no puedo dejar que cierto ser vivo pase hambre, mi responsabilidad ha sido siempre la de alimentar a mi familia y así es como entiendo mi misión; le estoy alimentando a él. Así que me obligo a tragarme este puré pastoso y desagradable.

- Hay una reunión esta tarde –comenta Gale, supongo que para sacar tema de conversación pero, como no podría interesarme menos, no respondo. Pasados unos segundos me insiste un poco más–. Katniss, te estoy hablando.

- Te he oído –me quejo.

- ¿Así entonces vas a venir? –dejo la cuchara encima de esta pasta pegajoso y le miro.

- ¿Para qué iba a querer ir?

- ¿No lo tienes en tu horario? –y me señala el brazo. Mi cara debe indicarle claramente que mi brazo está limpio como una patena porque Gale sonríe y niega con la cabeza– Bueno, pues que sepas que tenemos reunión a las cinco.

- Ya me lo resumirás –digo simplemente y me obligo a comerme el intento de pan/galleta que nos han servido.

Gale no me insiste más, debe de haber asumido que ha perdido a su antigua compañera de caza y que alguna vez fue su mejor amiga. Sabe que estoy sufriendo y que no puede ayudarme, y aunque tengo una lista de cosas que me hacen sentir desdichada (amigos muertos, Distrito arrasado y un largo etcétera), nunca se imaginará qué es lo que de verdad me está matando. No va muy desencaminado porque tiene que ver con Peeta, tal y como supone, pero es mucho más complicado. Oh, Peeta… vuelvo a poner la mano encima de mi vientre, tratando de alcanzar lo único que me queda de él. Daría lo que fuera para saber qué le ha pasado, absolutamente lo que fuera…

- Bienvenidos a esta emisión especial –pongo los ojos en blanco al escuchar la voz de Ceasar Flickerman. ¿Por qué no pueden dejarme tranquila? Bloqueo lo que dice. Solo oigo un ligero blablabla de fondo, hasta que escucho alto y claro:– Peeta Mellark.

Me pongo erguida de golpe. Estoy lejos de la televisión pero le veo. ¡Es él, es Peeta! En algún momento he debido levantarme porque me encuentro cara a cara con él, con mi nariz prácticamente pegada a la pantalla. Empiezo a llorar de alivio. ¡Está vivo! Vuelvo a acariciarme la tripa pero esta vez con alegría, porque estamos todos bien. Los tres estamos bien. Claro que el peligro no ha pasado ni mucho menos, ¡pero estoy tan contenta de verle entero! Supuse que a estas alturas ya lo habrían matado o torturado sin parar. Lo mínimo que le habrían podido hacer es haberle cortado la lengua para convertirlo en avox, pero no, está vivo y hablando. Cuando termina la emisión me giro hacia Gale.

- Vamos a la reunión –ver a Peeta es lo que necesitaba para decidirme a luchar.

De manera resumida la situación es la siguiente: todos odian a Peeta menos yo, que estoy más feliz que unas castañuelas por haberle visto tan bien en televisión. Así que hago un trato para salvarle a él y al resto de los tributos. Al principio todos se ponen en contra pero eso es innegociable, así que terminan por aceptar. Odio que vuelvan a mangonearme y a ordenarme hacer cosas (prefiero un millón de veces esconderme entre las tuberías) pero aquí estoy, colaborando con los rebeldes.

Lo bueno de las reuniones sobre el Sinsajo es volver a ver a Haymitch. No nos hablamos, pero con solo mirarnos ya sabemos que compartimos un secreto y eso hace que la carga sea un poquito menos pesada. Es agradable saber que tienes un aliado en esta mesa de reunión, donde estamos sentados decidiendo sobre qué hacer con mi bochornosa grabación del spot. A Plutarch se le ocurre una idea terrible, brillante pero terrible:

- La enviaremos a los Distritos, allí seguro que se inspira para grabar –busco a mi mentor para saber qué opina sobre esto y veo la alarma en su mirada. Él, al igual que yo, ha percibido el peligro. Todo Panem es peligroso para mí, pero sacarme de aquí es más peligroso todavía.

- No está preparada –dice él serio mientras trata de ocultar la sorpresa que ha sentido cuando ha oído la noticia.

- Sería una oportunidad excelente para despertar a los Distritos, solo deberían verla ahí –opina alguien a mi derecha. Todos están de acuerdo en que es una idea fabulosa pero hay algo que no están teniendo en cuenta y es que me pondrían en peligro estando embarazada.

- No está preparada, creedme –insiste Haymitch–. Dejadme unos días para que prepare con ella la grabación y saldrá bien. Así lo hacíamos con las entrevistas –mi mentor empieza a negociar, pero Plutarch se cansa.

- ¡Tonterías! ¿Hay algún motivo de peso para que no puedas ir? –me pregunta directamente y toda la mesa se gira para verme. Miro a Haymitch y discutimos en silencio qué es lo mejor que puedo hacer. Antes me habría lanzado sin pensarlo porque de un tiempo hacia aquí ha dejado de importarme ponerme en peligro. Pero ahora es distinto, sería como ir a la guerra de la mano de Prim. Plutarch me mira con insistencia, retándome a que le cuente que estoy embarazada y asustada, pero él debe saberlo ya ¿no? Pero… ¿y si no lo sabe? ¿Debería aceptar e ir para proteger así el secreto? Plutarch me da el empujón que necesito– Recuerda que tienes un acuerdo con Coin –esta es su delicada forma de recordarme que no puedo negarme a esto si quiero volver a ver a Peeta algún día.

- Iré.

Se organiza una visita a un hospital de campaña del Distrito 8 y antes de bajar del aerodeslizador Haymitch me mira con seriedad, dándome a entender que vaya con cuidado y que no haga ninguna estupidez. Yo asiento imperceptiblemente y me bajo con Gale, que me estaba esperando, y nos reunimos con los otros en la entrada. Desde que acepté colaborar con los rebeldes que Gale no ha se ha separado de mi lado; su forma de protegerme consiste en no perderme de vista. Hubo un tiempo en el que estábamos muy unidos así que me gusta sentir que volvemos a formar equipo, pero eso no es suficiente como para arreglar nuestras diferencias. Hay una barrera entre nosotros que nos separa como me pasaba con Peeta, pero esta vez es de una forma distinta. Es más como una especie de vacío, entre Gale y yo hay un vacío abismal. Seguimos contando el uno con el otro pero no hay complicidad, no hablamos y no somos sinceros. Solo silencio, vacío y esta vieja costumbre de hacer equipo. Él debe saber que mis sentimientos han cambiado, pero no se atreve a preguntármelo ni yo a explicárselo, y menos sabiendo que tienen a Peeta secuestrado y que espero un hijo suyo… No, no tengo intención de contarle nada. Aunque mi resolución pasa a segundo plano cuando entro en el hospital.

- Es Katniss, ¡Katniss Everdeen! –un coro de voces empieza a repetir mi nombre.

Me emociona lo que veo. Esta gente sigue luchando a pesar del dolor y la destrucción. Me hacen preguntas y me tocan, todos quieren tener un poco de mí y yo no puedo evitar dárselo e incluso un poco más, por eso digo la verdad cuando me lo preguntan:

- ¿Qué hay del bebé?

- Sobrevivió, está bien –digo con cariño pero sin ser capaz de sonreír.

- ¡Qué alegría! –responde la mujer cogiéndome de las manos– Es un superviviente, ¡como tú! –su alegría por mí, por nosotros, logra conmoverme.

- Sí.

- Será hermoso, como sus padres –eso sí me arranca una sonrisa. Ojalá sea un niño rubio con las pestañas rubias.

- Nada me gustaría más –todos están muy contentos con la noticia y me animan diciendo que todo saldrá bien para Peeta, para mí y para el niño.

Yo no suelo aceptar este tipo de comentarios pero los suyos me llegan directos al corazón porque puedo sentir que lo dicen de verdad. Lo sé porque esta gente no está en condición de ir por ahí tratando de quedar bien: están heridos y cansados, dicen lo que piensan. Si me odiaran me lo dirían también, no tendrían ningún inconveniente en hacerlo, pero no solo no me odian, sino que encima nos quieren a los tres. Su cariño por nosotros es arrullador y logra emocionarme.

Nos despedimos pero no sin antes recordarme que están de nuestro lado y que me desean lo mejor. Yo les prometo hacer lo posible para mejorar su situación y me voy del hospital contenta y sintiéndome útil. Sobre todo me ha gustado saber que apoyan a Peeta también teniendo en cuenta el discurso que dio en televisión, pero por suerte para ellos fue tan obvio como para mí de que estaba siendo coaccionado a decir eso. Estoy de buen humor hasta que me reúno con mi equipo y veo cómo me miran. Entonces es cuando me doy cuenta de lo que he hecho: me he delatado. Me he dejado llevar por el momento pero ahora me doy cuenta de que nos he puesto en peligro.

A ver, todo Panem creía que estaba embarazada ya pero ahora que se lo he confirmado… ¿podrían intentar atentar contra el niño? Es decir, han intentado matarme varias veces, pero ahora lo tendrían más fácil: un golpe certero en mi vientre serviría para que perdiera la cordura definitivamente. Me entra el pánico, ha sido una temeridad confesarlo así como un grave error. ¡Podrían irse de la lengua y que esto llegara a oídos del Capitolio! Y lo que es peor, el equipo que me ha acompañado lo sabe ahora también: los cámaras, los soldados… Gale. Empiezo a marearme. Quizás los militares del 13 lo supieran, pero Gale no. Vuelvo mi atención a las cámaras.

- Tenéis que borrar eso –le digo a los que parecen insectos. Nadie me contesta–. Lo digo de verdad. No me obliguéis a conseguir la grabación por la malas –digo empezando a ponerme nerviosa y apretando el arco que tengo en las manos.

- Lo editaremos –interviene Cressida con tono conciliador–. Nunca daríamos al Capitolio un arma contra ti. No se emitirá –me promete pero yo no las tengo todas conmigo.

- Supervisaré la edición –dice Haymitch por el pinganillo. Su voz me sobresalta porque había olvidado que lo tenía ahí, pero lo que me dice consigue relajarme un poco. Él no dejaría que Snow lo supiera. No, Snow no puede llegar a saberlo nunca, tengo que matarle antes de que la noticia llegue a él.

- Puedes confiar en nosotros, ahora somos tus compañeros –me dice Boggs. Él me cae muy bien y me tranquiliza saber que está de mi parte, pero no puedo evitar entristecerme al pensar que esto llegará a Plutarch (si es que no lo sabía ya) y a su vez a Coin. Aunque bueno, supongo que he sido una ilusa tratando de mantenerlo en secreto porque tarde o temprano alguien se habría dado cuenta de mi tripa– Has hecho un buen trabajo, descansa soldado –dudo que vaya a poder descansar porque sé lo que viene a continuación. Gale me está mirando fijamente.

El grupo empieza a andar pero Gale no se mueve así que me quedo quieta también, esperando a que los otros se vayan para tener esta conversación ineludible con él. Esperaba encontrar dolor en su mirada, quizás decepción, pero no, ahora mismo solo está serio. Inspiro profundamente por la nariz, tratando de prepararme mentalmente para lo que me espera aunque no hay forma de hacerlo.

- Cuando lo dijisteis en la entrevista creí que os lo habíais inventado –dice con tono severo ahora que nos hemos quedado solos. Me encojo de hombros.

- Resultó ser cierto.

- ¿Cómo que "resultó"? ¿Peeta lo sabía o no cuando lo dijo? –oírle decir su nombre me estremece. Ahora sí veo sus emociones; está enfadado y cada vez más rabioso.

- No lo sabía, se lo inventó para intentar sacarme de los juegos. No supe que era verdad hasta que me lo dijeron en el hospital del 13 –me defiendo. Él frunce el ceño.

- ¿Cómo puedes no saberlo? –yo vuelvo a encogerme de hombros.

- No lo sabíamos –repito.

- No, Katniss, no me hagas creer que eres tan ingenua –dice negando con la cabeza–. Puedes no saber muchas cosas, pero tú sí sabes si te has acostado con alguien o no –una fuerte oleada de calor golpea mis mejillas–. Así que sí, Peeta lo sabía.

- Te digo que no… –no me deja terminar.

- Lo hicisteis sin protección, ¡deja de decir que no lo sabíais! –sus palabras me aturden y me hacen abrir mucho los ojos. Nunca en la vida hemos hablado de sexo. Jamás. Ni siguiera llegamos a insinuar nada sobre el tema en ningún momento de nuestra amistad. Intento no hacer caso a la incomodidad que esto me produce y trato de defendernos.

- Gale, íbamos a morir –le recuerdo– así que me dio igual –admito. Él niega con la cabeza una vez más, ya no está enfadado, ahora está furioso.

- Me decepcionas –eso me hiere.

- ¡Prometieron matarnos! ¿De verdad eres capaz de juzgar cómo decidí pasar los últimos días que me quedaban de vida?

- ¿Así que lo hicisteis mientras estabais en el Capitolio? Entonces fue por desesperación –veo el alivio en su expresión y eso me enfurece. Lo peor de todo es que en parte tiene razón, saber que iba a desaparecer del mundo fue lo que me dio un empujón a la hora de tratar de vivir al máximo. Pero Gale no debería sentirse tan aliviado y me entran unas ganas terrible de hacerle saber el por qué.

- Habría pasado de todos modos tarde o temprano, porque le quiero –soy consciente de la importancia de lo que acabo de decir y su reacción no se hace de esperar: su sonrisa se le borra inmediatamente del rostro y cruelmente me alegro por eso, porque hasta ahora sus comentarios solo han conseguido cabrearme. Nos quedamos en silencio mientras Gale asimila la noticia.

- Bueno, ahora eso da igual –dice con voz grave y con una expresión aún más severa.

- No da igual –digo rápidamente. ¿Qué pasa? ¿Cree que porque se lo han llevado yo ahora voy a olvidarme de él?

- Tienes que olvidar lo que sea que sientas y centrarte en lo que verdaderamente importa ahora mismo –no entiendo a lo que se refiere. ¿Está hablando de la rebelión? ¿De las propos?

- ¿Qué?

- Tienes que abortar y deshacerte de eso –que me señale el vientre mientras dice con desprecio "eso" me ofende a unos niveles estratosféricos. Estoy en shock. No me creo que me esté hablando así.

- Estás celoso –digo al final. Me da igual hablarle así; él ya me ha herido lo bastante como para que deje de importarme hacerle daño.

- ¿Qué no has visto nada ahí dentro? –dice enfadado señalando el hospital– ¡Estamos en guerra! Van a ir a por ti y a por eso, tienes que evitar darles ese placer –no soporto que hable de mi embarazo con tanto desprecio. Además no soy tonta, ya sé que la guerra no es el mejor escenario para dar a luz pero yo no lo he planeado, la vida ha resultado ser así.

- No lo haré solo porque tú me digas que lo haga.

- ¡No solo lo digo yo! ¿A caso no has hablado de esto con nadie? ¿Qué dice tu madre? –no respondo y entonces él chasquea la lengua y se ríe– Nada, claro, no dice nada porque no se lo has dicho. ¿Temes que ella también te haga ver la barbaridad de todo esto? –todos estos ataques solo logran enfurecerme, así que me harto de aguantarle.

- ¿Quién te ha dicho que tienes derecho a opinar sobre esto? ¡Ni tú ni mi madre ni absolutamente nadie tiene derecho a opinar!

- ¡Pero alguien tiene que hacerte ver que no estás preparada!

- Ah, así que ahora ¿"no estoy preparada"? Creí que tu argumento se sustentaba en la guerra.

- Por favor mírate, estás destrozada, ¿cómo vas a cuidar de un bebé así? –tengo que parpadear un par de veces para entender lo que me está diciendo. Es como oír hablar a Snow, a Plutarch, a Haymitch y a todos esos que creen saber qué puedo y no puedo hacer.

- Y loca también, ¿no? Eso es lo que crees, ¿que estoy demasiado loca? –esta conversación me está provocando una jaqueca terrible, pero tenemos que terminarla. No voy a volver a hablar de esto, así que o lo decimos todo ahora o nunca.

- Bueno, es obvio que algo ha cambiado, tú misma dijiste que no querías tener hijos, ¿por qué de repente sí quieres? –una respuesta flota en mi mente, pero la retengo ahí porque sería demasiado cruel decirla en voz alta. Si la digo no habrá vuelta atrás, pero me están hiriendo tanto sus palabras que me tienta decírsela, me tienta mucho– Quizás sí estés loca al fin y al cabo –dice como respuesta a mi silencio. Mal hecho, porque ahora sí se la voy a soltar.

- Quizás con quién no quería tener hijos era contigo.

Antes de que pueda reaccionar empiezan a caer bombas sobre el hospital. Oigo gritos y a Haymitch gritándome para que salga de ahí. Empezamos a correr entre humo y polvo.

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**Nota autora: ¡Hola! He estado editando este capítulo para darle más profundidad gracias a algunas cosas que me habéis dicho (por eso valoro tanto el feedback! Podemos redirigir la historia entre todxs, os tengo muy en cuenta). En el primer borrador Gale y ella solo intercambiaban un par de frases pero gracias a los retoques de última hora ahora tienen una conversación entera donde se exponen los puntos de vista de cada uno.

Sé que este es un tema delicado, pero recordad que es ficción y que escribo para explorar escenarios nuevos, en concreto este fanfic responde al: ¿qué pasaría si Katniss se hubiera quedado embarazada? Así que hago que no aborte por eso, para ver cómo iría la cosa.

Finalmente siento que aún se sepa poco de Peeta, todo a su debido tiempo (¡y más ahora, que estoy retocándolo todo!). Me encantaría saber vuestras opiniones en los comentarios, ya que me ayudaría mucho a saber cómo queréis que continúe (aunque ya tengo un camino preparado). Podéis contactarme por aquí o por Instagram (angela_moiras_art) donde subo fanarts de los juegos también. ¡Besos y cuidaos!