Supongo que alguien le ha contado esto a Prim, porque ha decidido darme mi espacio y no agobiarme. Me hace compañía en silencio y no me saca el tema. Como no me miro en el espejo no sé cómo estoy, pero creo que tengo unas ojeras que me llegan hasta las mejillas. Si se me ve por fuera tal y como me siento por dentro… casi que me alegro de no saber qué aspecto tengo.
Pasan las semanas y eventualmente Johanna se reúne conmigo en el comedor. Es insoportable pero a veces me gusta el modo en que trata a los del 13. Yo no suelo tener filtros, pero ella tiene menos aún, así que secretamente me gusta su actitud (siempre y cuanto no utilice su sarcasmo contra mí, claro). Gale no me ha vuelto a hablar desde que fuimos al hospital pero se mantiene cerca de mí como una sombra. A veces pienso que está a punto de decirme algo cuando me doy cuenta que ya se ha ido. Supongo que sabe lo que pasó, pero no reúne el valor necesario para venir a hablarme de ello.
Un día me encuentro de repente comiendo con Johanna, Finnick y Annie, cuando algo capta mi atención al fondo de la sala. Peeta va escoltado y lleva una bandeja de comida en sus manos. "¿Qué hace él aquí?". El corazón me empieza a latir con fuerza.
- ¡Peeta! ¡Aquí! –miro a Johanna de manera asesina. ¿Qué ha hecho? Vuelo la mirada hacia Peeta y veo que se acerca a nosotros. Se me acelera el pulso y me abrazo el vientre.
- No pasa nada –me anima Finnick y trato de calmarme pensando que él me protegería si Peeta me atacara. Aunque claro, no sé quién tiene más fuerza en estos momentos…
Cuando Peeta se sienta yo no me atrevo a mirarle. Solo veo su bandeja y sus manos esposadas encima de la mesa.
- Mi viejo amigo Peeta –dice Johanna con voz cantarina– ¿ya no estás loco o qué? –eso me hiela la sangre y la miro de inmediato. ¿Qué pretende conseguir con esto? ¿Provocarlo?
- Johanna… –le avisa Finnick en voz baja.
- No, sigo loco pero están cansados de tenerme allí –responde Peeta que no parece ofendido.
Me empiezan a sudar las manos. Estamos aquí, compartiendo todos mesa en el comedor. Es completamente demencial. Johanna come como si no pasara nada y Finnick trata de ser amable con Peeta. Yo no toco mi plato, pero no aparto la vista de sus manos esposadas, recordando cómo me estrangularon.
- Qué fuerte, los tributos reunidos de nuevo, ¿eh? Solo nos falta Voltios. Por cierto, lo he visto en silla de ruedas, ¿alguien sabe cómo se partió las piernas? –Johanna no ayuda un ápice, es más, se esfuerza por empeorar la situación.
- Beetee ha conseguido un trabajo muy importante, nunca sale de su laboratorio –le explica Finnick a Peeta para aligerar la conversación–. Está inventando armas muy chulas, a mí me ha fabricado un tridente increíble.
- ¿Te ha hecho ya un arco a ti? –eso me hace engrandecer los ojos. Me lo ha dicho a mí, Peeta está hablando conmigo. Trago saliva y levanto la cabeza muy despacio. Asiento y devuelvo la mirada a mi plato.
- A ti no te harán ninguna. Pero bueno, a mí tampoco, les mataría a todos si me dieran un arma –Johanna sigue insistiendo en llevar la conversación por mal camino. Me estoy planteando levantarme e irme.
- ¿No comes? –de nuevo me sorprendo; Peeta ha vuelto a hablar conmigo. Vuelvo a levantar la mirada con recelo.
- No, no tengo hambre –y empiezo a recoger las cosas para irme con la bandeja.
- No, si es por mí me iré yo –dice él también haciendo ademán de levantarse. No lo entiendo, ¿cuándo planea empezar a insultarme? ¿Es amable para que me confíe o porque realmente ha mejorado?
- No, de verdad, no hace falta que te levantes. Es solo que tengo cosas que hacer –y me levanto con la bandeja.
- Miente, sí es por ti –dice Johanna. Me mira y no se inmuta por la mirada de advertencia que le estoy lanzando. Entonces mira mi vientre–. Literalmente es por ti, en su estado es normal sufrir cambios de apetito –siento el pulso bombeándome con fuerza en las sienes. ¿Se atreverá a decirlo?
- Joha… –empiezo.
- Ya sabes, por el embarazo y eso –le dice a Peeta con una sonrisa. Ya está, se me cae el maldito mundo encima. Veo el desconcierto en la mirada de Peeta, confirmándome que nadie se lo había dicho–. ¿No lo sabías? Peeta cuando se juega con fuego, uno se acaba quemando –dice con voz burlona.
Johanna ha abierto la caja de pandora y yo desato el caos... empezando por el bandejazo que le doy en toda la cara.
- ¡¿Y a ti qué te pasa loca?! –grita Johanna. Le he hecho mucho daño, lo sé porque tiene que parpadear varias veces para centrar la visión de nuevo.
- ¡Metete en tus jodidos asuntos! –grito y Johanna se levanta para atacarme pero Finnick sale en mi ayuda y la retiene. Más bandejas, cubiertos y platos se desparraman por el suelo. La cantina empieza a llenarse de voces y de gritos.
- ¿Estás embarazada? –pregunta Peeta que está luchando contra todos estos sonidos que lo abruman.
- ¡Sí! ¡DE TI! –dice Johanna y me abalanzo hacia ella para terminar de rematar la faena pero unos brazos me detienen. Los del 13 están empezando a intervenir.
- ¿Es eso verdad? –dice Peeta horrorizado. Veo que le empiezan a temblar las manos y yo forcejeo con quién sea que me sujete porque ya no quiero pelear, yo ahora quiero escapar, pero no me dejan– ¡Respóndeme!
- Sí –digo asustada, él parece no ser capaz de procesarlo, pero luego hace algo que no me espero: sonríe y niega con la cabeza, parece relajado.
- No, yo nunca tendría un hijo contigo. Me das demasiado asco como para tocarte –si creía que las cosas ya no podían ir a peor estaba equivocada, porque Gale le propina un puñetazo.
- ¡No! –me deshago de los brazos que me sujetan para tratar de deshacer la pelea que se ha desatado entre Peeta y Gale. Peeta está en modo locura de nuevo, y Gale… bueno, él lleva mucho, muchísimo tiempo esperando esto– ¡Parad! –trato de acercarme pero no puedo porque Gale me aparta de un empujón haciendo que me choque contra la mesa y me caiga. Gale se tira encima de Peeta y lo inmoviliza contra el suelo– ¡No! ¡Suéltale! –chillo viendo que lo ahoga. Entonces Peeta le mira y se ríe macabramente.
- ¿Y a ti qué te hace tanta gracia? –dice Gale con el puño en alto, amenazante.
- ¡Eres un estúpido! ¡El muto te ha engañado! –entonces me mira a mí– ¿Estás segura que el hijo no es de él? –Gale le propina un fuerte puñetazo en la cara.
- ¡NO! ¡GALE, BASTA! –chillo desesperada. Peeta tiene la boca ensangrentada. No sé si le ha roto el labio o la nariz.
Al final los del 13 se ponen serios y los separan. Johanna, Peeta y Gale están reducidos por las autoridades. Lanzo una última mirada a Gale cargada de resentimiento y me voy de ahí antes de que no me arresten a mí también.
Cuando llego a mi habitación siento que me estoy quedando sin aire. Me mojo la cara con agua para tratar de aliviar el dolor pero no sirve de nada. Sigo llorando y encorvándome sobre mi misma porque me duele la cadera por el golpe que me ha dado Gale y porque parece que algo le pasa al niño también. Seguramente es culpa mía, estoy tan alterada que él debe de haberlo notado de alguna manera. Trato de calmarme.
- No pasa nada pequeño, mamá está bien –digo tocándome el vientre y tratando de inspirar por la nariz y expirar por la boca–. Mamá está bien, estamos bien los dos. No pasa nada, cálmate… –le digo a él pero también me lo digo a mí misma.
- Katniss –oigo detrás de mí.
- ¡Ni se te ocurra acercarte! –retrocedo hacia el fondo de la habitación. Gale está despeinado y lleva la camisa torcida. Pronto le saldrán moratones en los lugares donde Peeta lo ha golpeado.
- Katniss… –repite avanzando un paso.
- ¡No! ¡Me has tirado al suelo de un empujón!
- Porque no quería que te hiciéramos daño sin querer –dice preocupado.
- ¡Pues me lo has hecho!
- Te he protegido, ¿vale? Él iba a atacarte…
- No, tú te has aprovechado de la situación para soltar toda tu ira y tus celos –digo empezando a llorar.
- ¿Has oído lo que te había dicho? –dice ofendido.
- Sí y ya era lo suficientemente duro sin que tú te metieras –le recrimino y entonces me siento en la cama, derrotada–. No puedo más, no puedo más… –empiezo a repetir entre susurros.
- Katniss… –se sienta a mi lado.
- ¡No puedo más! –estallo de repente y le doy un golpe en el pecho, y luego otro y otro– No puedo con tu resentimiento y tu odio hacia mí.
- No te odi… –no dejo que termine.
- No puedo con este maldito distrito sofocante, no puedo levantarme sabiendo que han torturado a Peeta hasta la locura y no puedo tirar la toalla porque no puedo fallar a Prim que cree en mí, ni tampoco a este niño que no tiene culpa de que su padre le desprecie… Estoy siempre cansada, tengo náuseas, estoy débil, no duermo… no puedo hacer lo que se espera de mí pero tengo que hacerlo –y entonces le señalo con un dedo acusador– y ya es suficientemente duro tener que hacerlo sin teneros a vosotros dos peleando.
- Katniss lo siento. Reconozco que me han cegado los… –niega con la cabeza, veo el sufrimiento en su expresión– pero tengo que aprender a dejar eso de lado y ayudarte. Te he dejado sola –admite. No puedo dejar de llorar, malditas hormonas–. Por favor perdóname y déjame ayudarte –me suplica. Pero yo me hago de rogar, frunzo el ceño mientras intento controlar mis sollozos–. Catnip, dame una oportunidad… –eso hace que lo mire. Sabe que no puedo resistirme si me llama así y por eso lo ha hecho.
Se ha comportado como un imbécil y lo sabe, se arrepiente por ello y quiere ayudarme. Y yo… estoy tan cansada y adolorida que al final cedo y dejo que me abrace.
Sería mentir decir que he estado sola porque Prim me ha ayudado muchísimo, pero la verdad es que lo que ahora necesito no me lo puede dar Prim, sino un amigo o un… Su brazo me arropa completamente y su beso en la frente me calma. Es más alto y grande que yo, no estoy acostumbrada a su cuerpo pero recibo su cariño con gusto porque es demasiado doloroso pasar por esto sola. Me aferro a él con desesperación y él torpemente trata de calmarme acariciándome la espalda. Trato de evadirme de la realidad que tanto me asusta, estoy tan desesperada que cierro los ojos y dejo que apoye su mejilla en mi cabeza. Hoy se está tomando muchas licencias pero se lo permito porque necesito este cariño.
- ¿Te encuentras mejor? –asiento a pesar de que sigo nerviosa y un poco alterada– A ver, mírame –lo hago y sé que debo ofrecer una imagen horrorosa. Me aparta las lágrimas con el pulgar–. Así, mucho mejor.
- Suerte que esto no sale en la propos, ¿eh? –me rio de mi propia broma.
- Estás muy guapa cuando sonríes.
- Oh, por favor –eso hace que quiera levantarme pero él me sujeta impidiéndolo–. No me digas eso porque los dos sabemos que no es verdad. Estoy hecha un desastre. No solo por la tripa, ¡mira qué tobillos! –entonces me doy cuenta que no debería hablar de esto con él y me desanimo un poco. Nos quedamos en silencio.
- ¿Cuándo nacerá? –su pregunta me pilla de improvisto.
- Aún faltan unos meses.
- ¿Sabes ya su sexo? –me sorprende este repentino interés por el niño, pero a pesar de eso le respondo.
- No, pero no hace falta que me lo digan. Sé que es un niño –Gale se ríe.
- ¿Por qué? ¿Te da muchas patadas?
- No, precisamente justo lo contrario, no me ha dado ningún problema todavía –digo acariciando mi vientre suavemente. Como no responde le miro y veo que no entiende algo que para mí tiene todo el sentido del mundo, pero no sé si es buena idea explicárselo–. Es algo que sé y ya está –no, definitivamente no le puedo decir que creo que es un niño porque es tan pacífico y dulce que no me puedo imaginar a nadie más que a Peeta de niño. Estoy más que segura que a mi madre le hice la vida imposible ya incluso antes de nacer, así que tiene que tener los genes de Peeta.
- ¿Hablaste al final con tu madre?
- No, pero creo que lo supo antes de que lo supiera yo. Además, sabe que Prim me ayuda y bueno, supongo que a su modo también me va vigilando… no hemos hablado mucho desde que volví.
- Es una pena, ella te quiere.
- Lo sé pero ya sabes que tenemos una relación difícil desde que mi padre murió…
- Pero después de los primeros juegos recuperasteis la relación, ¿no? –es muy curioso tener que referirse a "primeros juegos", porque hasta la fecha nadie había participado en más de uno y sobrevivido para contarlo.
- Sí, pero ella es… –no quiero decir débil, porque yo lo he sido también varias veces, como hace un par de minutos atrás por ejemplo. Tampoco quiero decir egoísta pero…– creo que de algún modo está resentida conmigo por lo que le pasó al Distrito.
- ¡Pero eso no fue culpa tuya!
- En parte sí, si no hubiera lanzado esa flecha…
- Estarías muerta –dice serio.
- A veces me pregunto si eso no sería lo mejor.
- Eso nunca puede ser lo mejor –Gale no sabe nada acerca de la oscuridad que me persigue a todas horas y ni siquiera puede imaginarse lo que casi sucedió en ese baño. De repente me siento incómoda entre sus brazos y me levanto.
- De todos modos gracias por… esto –se levanta y tengo que levantar la cabeza para mirarlo porque es muy alto.
- Gracias a ti por no odiarme después de todo lo que he hecho.
- Lo mismo digo –yo tampoco fui demasiado delicada contándole lo que pasó.
- ¿Te parece bien que te ayude a partir de ahora? –frunzo el ceño porque no lo entiendo– Me refiero a ayudarte con lo que sea que necesites por el embarazo –dice con una sonrisa y yo me emociono. Es la primera vez que muestra su apoyo en esto y yo necesito toda la ayuda que pueda recibir. Finnick prometió ayudarme pero jamás me perdonaría robarle tiempo que podría estar pasando con Annie.
- Sí, claro, gracias.
- No hay de qué. Y ahora me marcho que llego tarde a la reunión del consejo.
- ¿Qué reunión? –pregunto preocupada.
- Tendré que ir al Distrito 2, los rebeldes necesitan ayuda con los afines al Capitolio.
- ¿Y cuándo te marchas? –pregunto mosqueada. ¿Así se supone que va ayudarme? ¿Yéndose?
- No es inminente, aún quedan unas semanas.
- Eso es inminente –me quejo.
- Lo siento Catnip, ya te traeré un souvenir.
- Con que vuelvas sano y salvo me siento satisfecha –él sonríe y yo le respondo con una sonrisa a pesar de que no me gusta la idea de que se vaya.
- ¿A ti qué te toca hacer ahora?
- Pues no sé, creo que voy a tumbarme un rato… –se ríe– ¿Qué? –me coge del brazo y me sube la manga de la camisa. Mi antebrazo está limpio.
- Debería habérmelo imaginado –ni siquiera se me había pasado por la cabeza volver a imprimirme el horario. Van listos si creen que voy a pisar una aula a estas alturas–. Imprímetelo un día a ver qué tal. Así sabrás si siguen planeándote el día o si ya han tirado la toalla contigo.
- Paso, me da absolutamente igual.
- Nos vemos pronto Catnip –dice al cabo de unos segundos en los que se ha dedicado a estudiarme.
- Nos vemos pronto.
- Y recuerda, lo conseguirás, ya verás –me da un golpecito en el brazo de manera amistosa y se va.
.
.
.
.
**Nota autora: Antes de que os lancéis a mi yugular, ¿qué tal momento bandejazo? A mí me ha encantado. Y con respecto a lo de Gale… no preocuparse. Katniss tiene las cosas claras pero el dolor es difícil de controlar y esto es algo que ella hizo en Sinsajo también; sentirse solo es algo muy traicionero y me gustó en su momento que Katniss fuera tan humana en ese sentido también (aunque di gracias a los dioses porque eso no prosperara, Everlark for ever). El próximo capítulo se llama "Interacción" y hace referencia a Peeta, así que ya veis que la cosa se va encaminando para bien aunque claro, nuestra Katniss no puede saberlo todavía.
De nuevo, muchas gracias por seguir leyéndome y por vuestros comentarios, ¡los aprecio mucho! Así que no dudéis en escribirme cualquier cosa. También podéis encontrarme en Instagram como angela_moiras_art. Nos vemos muy pronto, ¡besos!
