- No –dice Haymitch cuando se lo propongo.

- Por favor, tienes que conseguirme unos minutos a solas con él –habían trasladado a Peeta a una de las habitaciones pero cada día se aseguraban que no abandonara el cuarto y de que asistiera a la terapia. Haymitch sabía dónde estaba su habitación pero todos habían acordado que por seguridad era mejor que yo no supiera su número de puerta ni él la mía. Además que las visitas conmigo debían ser vigiladas.

- La terapia está funcionando…

- ¡Pero no pueden separarnos de esta manera!

- Te están protegiendo –dice Haymitch.

- No me hace falta, Peeta ya no ha tratado de atacarme de nuevo.

- Porque las visitas son cortas y vigiladas –me recuerda.

- Por eso te lo pido a ti, tú podrías vigilarnos –insisto pero no parece convencido–. Oh, vamos, ya has visto nuestros encuentros. ¿Cómo quieres que Peeta se recupere si no tenemos intimidad para hablar de lo que tenemos que hablar?

- Cuando le diste ese beso en la mejilla estuvo llorando después –eso me provoca una punzada en el corazón que me enfurece.

- ¡Porque nadie le ha dado ni una pizca de cariño desde que está aquí! No recuerda lo que es sentirse querido, ¿o acaso le has abrazado recientemente? Le conoces, sabes que necesita dejar de sentirse un monstruo. Por favor, Haymitch, es lo mejor para él –Haymitch se ríe.

- ¿Para él o para ti?

- Para los dos –me está sacando de quicio pero trato de mantener la compostura–. Haymitch por favor… –sigue mirándome fijamente hasta que finalmente acepta mi propuesta.

- He quedado con él, así que ven a mi cuarto esta tarde, pero solo entrarás si él lo quiere, ¿vale?

- ¡Eres el mejor! –me lanzo a su cuello para abrazarlo.

- Vale, vale, ya lo pillo –se deshace de mí entre risas–. La verdad es que es muy triste que tengáis que veros en estas condiciones.

- Ya verás cómo eso ayudará a Peeta.

- Eso espero –resopla y yo vuelvo a darle un abrazo–. Vale, ya, quita –se queja él apartándome pero sin dejar de sonreír.

No sé qué hacer para que el tiempo avance más deprisa. No le he contado a nadie lo que voy a hacer, ni siquiera a Prim porque no quiero que nadie me impida hacerlo, pero cuando como con Prim siento que no se lo puedo ocultar, no después de todo lo que está haciendo por mí.

- Esta tarde voy a ir a ver a Peeta –le digo en voz baja. Por el tono que utilizo entiende que se trata de un secreto, así que se acerca disimuladamente a mí para poder seguir hablando en voz baja.

- ¿Te han cambiado el día de visita? –me pregunta también en un susurro y comiendo como si no pasara nada.

- No, le pedí a Haymitch que nos dejara ver en privado, siento que no le ayuda saber que nos vigilan –Prim tarda unos segundos en responder.

- Ve con cuidado.

- Lo haré –y luego volvemos a hablar en voz alta de cosas sin demasiada importancia.

Llega la hora acordada y me voy. Esta vez sí he intentado arreglarme un poco aunque no había mucho que hacer, lo único que se me ha ocurrido hacer ha sido peinarme con la trenza en un intento de hacerle recordar como solía ser, aunque últimamente ya casi nunca la llevo.

- Hoy podremos estar más rato con él, así que pórtate bien –le digo a mi vientre antes de salir y en un santiamén me planto delante de la puerta de Haymitch.

Sé que estamos desobedeciendo órdenes directas pero me da lo mismo. Creo que nadie tiene derecho a controlarme los horarios en que puedo ver a mi… bueno, la cuestión es que nadie debería poder decidir sobre esto, y menos teniendo en cuenta que los otros pueden verle siempre que quieran pero yo no. En fin, por eso le estoy poniendo remedio. Llamo a la puerta y espero.

- Te estábamos esperando –dice Haymitch haciendo de anfitrión. Me anima que hable en plural, porque no tenía claro que Peeta aceptara hacer esto–. Adelante, pasa.

Peeta está sentado en la mesa y se levanta cuando me ve entrar. Haymitch cierra la puerta detrás de mí.

- Gracias por dejarme venir –le digo porque veo en su cara la preocupación.

- Yo voy a echarme la siesta así que no hagáis mucho ruido, ¿vale? –anuncia Haymitch tumbándose en la cama.

- A decir verdad esperaba que nos dejaras solos un momento.

- No –dice Peeta–, he accedido porque él iba a vigilarme.

- No pasará nada –le animo pero él niega con la cabeza.

- Haymitch quédate –él se encoje de hombros y se tumba en la cama zanjando el asunto. Miro a Peeta desilusionada.

- ¿Tanto miedo te doy?

- No es de ti de quién tengo miedo –dice serio y se me cae el alma a los pies; está hablando de sí mismo.

Se sienta y yo me siento delante de él. Así es como nos hemos encontrado durante todo este tiempo: los dos separados por una mesa. Cojo mi silla y la pongo a su lado porque no quiero seguir los patrones de los médicos, quiero humanizar un poco este proceso así que me pongo bastante cerca de él. Cuando lo hago veo que retrocede un poco en su silla. Quizás esto no esté funcionando como yo esperaba...

- Si te incomodo me separaré un poco más –digo sin poder evitar la desilusión en mi voz y moviendo la silla.

- No, está bien. Es solo que… –inspira aire profundamente– tengo que mentalizarme –entonces alarga la mano, ¿quiere que se la coja? Se la doy y entrelazamos nuestros dedos. Cierra los ojos y veo que trata de calmarse. Cuando vuelve a abrirlos sonríe–. Creo que ya puedo darte la mano sin que me dé un colapso.

- Genial, poco a poco –digo contenta. Vuelvo a sentir mariposas revolotear por mi estómago. Deben de jugar con mi pequeño.

- Te has hecho la trenza –sonrío, me encanta que se haya dado cuenta.

- Sí, pensé que… bueno, que quizás te gustaba –él lo reflexiona.

- No sabría decirte. Creo que te queda bien todo tipo de peinados.

Empezamos a hablar de trivialidades y yo no le suelto la mano en ningún momento. Había creído que Haymitch nos escuchaba aunque pretendía hacerse el dormido, pero cuando empieza a roncar descubro que, efectivamente, no nos había mentido.

- Se ha dormido de verdad –se sorprende Peeta.

- Vaya, sí que somos aburridos –los dos nos reímos entre susurros. Entonces Peeta mira nuestras manos unidas y yo creo que ya hemos pasado demasiado tiempo hablando de tonterías. Le acaricio la mano con el pulgar. Él me mira– ¿Te incomoda?

- No –y ahora es él quien juega un poco con mis dedos. Esto no habríamos podido hacerlo delante de ese cristal.

- ¿Crees que te estoy presionando demasiado? –le pregunto en un susurro.

- No.

- ¿Seguro?

- Me gusta que nos veamos.

- ¿De verdad?

- Sí, siento que es lo que tengo que hacer –dice él también en susurros.

- ¿Lo que tienes que hacer? ¿Sientes la obligación por…? –me interrumpe antes de que pueda decir "el niño".

- No, no es una obligación. Simplemente siento que es dónde debo estar –no sé bien lo que eso significa pero me lo tomo como algo bueno.

Seguimos hablando de cosas sin importancia mientras jugamos un poco con nuestras manos. Nuestras rodillas se tocan y nos reímos entre susurros para no despertar a Haymitch. Él sonríe y habla con naturalidad. Estamos bastante cerca y yo no dejo de mirar sus pestañas que tanto me gustan, hasta que mis ojos bajan hasta sus labios. Llega un momento que ya no soy capaz de responderle a lo último que me ha dicho porque me he quedado embobada mirándole. Sus ojos se posan en los míos y nos quedamos así, hablándonos solo con la mirada. Entonces no puedo resistirlo más y me acerco a su rostro, él no se aparta. Avanzo un poco más y hago que nuestras narices se rocen. Peeta sigue quieto. Cruzo el poco espacio que nos separa y le beso. Ha sido muy corto, solo le he rozado los labios con los míos pero con eso basta para que mi corazón lata a toda velocidad. Me separo para ver su reacción. Espero encontrar incerteza o incluso miedo, pero en su lugar encuentro preocupación.

- Me da miedo no ser lo que esperas que sea –me confiesa. Es la primera vez que me lo dice.

- No tienes que ser nadie más que tú mismo.

- Pero no soy el mismo, no sé si eres consciente de lo mucho que he cambiado –pongo mi mano en su mejilla.

- Tú sí que no eres consciente –me acerco de nuevo a él–, de lo mucho que te quiero –vuelvo a besarle y esta vez me quedo unos segundos más sobre sus labios.

**Peeta's POV**

Cuando nos separamos Katniss une nuestras frentes, quedándose cerca de mí pero dándome un poco de espacio. Estoy abrumado, no sé qué sentir, mi cabeza y mi corazón están completamente desorientados. Miedo, tristeza, odio, cariño, calidez… lo siento todo a la vez. No soy capaz de ordenar mis sentimientos pero la siento tan cerca de mí que antes de que me de cuenta mis labios ya están buscando los suyos con urgencia. Lo siento como si fuera mi primer beso, pero a medida que descubro su boca no puedo evitar sentir que ya conozco esta sensación. Es algo increíble porque estoy aprendiendo y recordando a la vez. Los recuerdos se precipitan en mi mente a gran velocidad: los besos en la cueva, en el tren… y en su habitación del edificio de Entrenamiento. Mi mente empieza a evocar imágenes de nuestros cuerpos desnudos, provocándome una fuerte oleada de calor que me deja aturdido y abrumado. Me entra miedo y dejo de responder a su beso. No quisiera tener que hacerlo pero necesito separarme.

- ¿Estás bien? –me susurra. No me atrevo a abrir los ojos porque no sé cómo voy a reaccionar cuando lo haga y la vea.

- Son muchos recuerdos… –digo tratando de recuperar la calma.

- ¿Te ha molestado que lo hiciera? –eso hace que abra los ojos de golpe porque lo que dice no tiene ningún sentido. Cuando la veo me quedo unos momentos ensimismado porque no la recordaba tan bella y no recordaba que podía asociar otros sentimientos a su persona que no fueran odio y resentimiento.

- No, es solo que me cuesta procesar todo esto… mi cabeza es un caos ahora mismo.

- ¿Pero estás bien? –asiento y ella sonríe aliviada. Su sonrisa provoca algo en la boca de mi estómago– ¿Ves? Por eso necesitaba verte a solas –eso me hace sonreír.

- ¿Lo habías planeado? ¿Por eso querías echar a Haymitch? –le miro de reojo y compruebo que aún sigue durmiendo. Menos mal. Por un momento había olvidado que estaba ahí. Katniss hace una mueca.

- No lo había "planeado" pero sí había tenido la esperanza de que ocurriera algo… –dice con culpabilidad–. Lo siento, es muy duro estar tan cerca de ti y no poder ni rozarte… –no me esperaba para nada esa respuesta y siento que se me encienden las mejillas. Desvío la mirada–. ¿Seguro que estás bien? ¿No te ha dado asco?

- ¿Asco? –no lo entiendo. Ahora es ella quién desvía la mirada.

- Sí, bueno, en esos momentos sé que no eras plenamente consciente de lo que decías pero tenía miedo de que lo hubieras dicho de verdad… –intento acordarme pero no puedo.

- ¿Te dije que me dabas asco? –no debería haberlo dicho porque veo el dolor reflejado en su mirada y francamente me he sentido fatal diciéndolo en voz alta.

- ¿Te lo sigo dando? –verla triste me hace sentir triste automáticamente. Hasta hace poco había querido herirla no solo físicamente sino también psicológicamente. Quería hacerle daño, daño de verdad, porque cada vez que la veía sentía un desprecio y un resentimiento prácticamente insoportables. Es la primera vez que la veo triste y no me alegro por ello.

- No, claro que no. Eso es mentira así que no te preocupes por eso –relaja un poco su expresión, parece que he logrado convencerla–. Solo necesito tiempo para entender todo esto. Es como si te conociera por primera vez pero sabiendo ya cosas sobre ti… ¿tiene sentido?

- Sí –dice a pesar de que no lo tiene.

- También es como si fuera la primera vez que sintiera todo esto aunque sé que ya lo he sentido antes.

- ¿Y qué sientes exactamente? –veo el amor en su mirada y vuelvo a sentir algo en la boca de mi estómago.

- No lo sé muy bien, pero es algo bueno. Es como… nostalgia y… –la miro y sé que lo que quiero decir la hará feliz, así que lo digo– creo que cuando estoy contigo es lo más cercano que puedo sentirme de estar en casa –pensé que eso la haría feliz pero se tapa la boca con la mano y empieza a llorar–. Perdón, ¿no lo he dicho bien? Quería decir que… –ella niega con la cabeza.

- Gracias –es todo cuanto dice. Me quedo en silencio viendo como trata de calmarse y de ahuyentar las lágrimas. Al final inspira profundamente y recupera el control. Vuelve a sonreír y yo sonrío con ella– ¿Querrías que nos volviéramos a ver así? Aunque personalmente me sobra la carabina –dice mirando hacia Haymitch y de repente, como si le hubiera invocado, Haymitch da un sonoro ronquido antes de despertarse de un susto. Analiza la habitación con la mirada y cuando nos ve suspira aliviado.

- Madre mía, qué susto. Por un momento pensé que… –niega con la cabeza– me alegro mucho de que estéis los dos de una pieza.

- Quizás es momento de que me vaya –cuando veo que va a levantarse no puedo evitar tirar de su mano para impedir que lo haga.

- No, quédate, podríamos jugar a algo –miro a Haymitch– ¿aún tienes las cartas?

Al final Katniss se queda y jugamos juntos un buen rato. Reímos mucho y yo aprovecho para ver de cerca la dinámica que estos dos tienen entre ellos; se molestan mutuamente pero se les ve que se quieren de verdad. Es de las pocas veces desde que volví que me siento realmente como en casa y esto solo lo he conseguido gracias a ellos. Trataré de no olvidarlo.

Cuando Katniss se despide no puedo evitar preguntarle cuándo la volveré a ver.

- Creo que tenemos cita pasado mañana –por algún motivo eso no me parece suficiente.

- ¿Y de manera clandestina?

- Cuando quieras –dice ella.

- Vale, tiempo muerto –dice Haymitch metiéndose en la conversación–. No quiero ser aguafiestas pero mejor ir poco a poco. ¿Qué os parece si esperamos a pasado mañana y luego ya decidimos?

- Entonces aprovecharé para decirles a esos fisgones que sus servicios ya no son necesarios –entonces me mira–, no quiero que nadie más se meta en esto, ¿no crees? –yo creo que deberían seguir vigilándome, pero claro, no si Katniss pretende volver a besarme. Deberé encontrar un equilibrio.

- Sí –digo igualmente y ella sonríe.

- Bueno, me voy. Nos vemos pronto.

- Sí, solo dos días –la veo dudar y al final se acerca a mí y me da un rápido beso en la mejilla que hace que me vuelva a sonrojar.

- Hasta pronto –susurra y se va antes de que pueda decirle nada. Cuando cierra la puerta oigo carraspear a Haymitch detrás de mí.

- Bueno, ¿parece que me he perdido algo?

- Agradece haber estado dormido –digo simplemente y los dos nos echamos a reír.

Katniss, Katniss Everdeen… su mano sale disparada como una flecha, voluntaria para cantar la canción del Valle. Everdeen, Primrose Everdeen… Katniss vuelve a ofrecerse voluntaria para ser tributo en los Juegos del Hambre. Haymitch Abernathy… "¡Me presento voluntario!" dice mi propia voz. Todos hemos sido voluntarios. ¿Por qué? Por amor. Por amor a la música, por amor a una hermana y por amor a una… ¿novia? No. ¿Amiga? Sigue sonándome mal. ¿Amante? Sí, creo que he dado con la palabra. Los del Capitolio no iban tan desencaminados al bautizarnos como amantes.

El Capitolio… "no quiero ser una pieza más de sus juegos". Lo fui y lo seguí siendo hasta hace apenas unos días, ya que me utilizaron como una herramienta para tratar de matar a Katniss. Cuando comprendí eso supe que no debía matarla, porque alguien me había manipulado para que así lo hiciera, pero hasta ahí llegaban los motivos que me frenaban a la hora de ejecutar mi cometido; evitar la manipulación, aunque seguía viendo a Katniss como algo despreciable y peligroso. Más tarde comprendí que ella era una víctima más de Snow, como lo era yo mismo, así que traté de no atacarla pensando en ella como una víctima. Una despreciable, egoísta y desagradable víctima pero una víctima al fin y al cabo. Luego empecé a recordar cosas buenas, además de los recuerdos que ya tenía presentes de ella siendo cruel conmigo y de los vídeos que manipularon en el Capitolio. A medida que iba discerniendo y entendiendo mi pasado, Katniss empezó a adquirir nuevas tonalidades. Seguía despreciándola por haberme causado tantos problemas y francamente creía que no había para tanto, que al fin y al cabo no era más que una chica hambrienta de la Veta. No entendía a qué venía tanto alboroto por ella, pero aunque no entendiera eso, al menos conseguí llegar a la conclusión de no querer matarla (al menos cuando estaba consciente, claro).

Más tarde, a medida que fui conociéndola y ella acudía a verme, pude empezar a conocerla de verdad y empecé a fijarme en pequeños detalles sobre su persona, como por ejemplo en cómo se mordía el interior de la mejilla cuando estaba nerviosa, o cómo desviaba la mirada avergonzada cuando esbozaba una pequeña sonrisa. Todo eso me ayudó a verla como un ser humano real, con sus sentimientos y sus miedos, y no como a la despiadada asesina que me hicieron creer que era. Por lo que Haymitch me contaba y por lo que veía en los vídeos (los de verdad, no los manipulados), pude aceptar finalmente que estábamos enamorados, y me incluyo porque no hace falta ser un genio para darse cuenta de eso (los vídeos lo dejaban más que claro). El problema era no poder volver a ese punto de enamoramiento, a esos días previos al Vasallaje. A parte también estaban las pesadillas y los recuerdos de la tortura que solo conseguían entorpecer mi avance. Los gritos y el olor a sangre me alcanzaban por la noche privándome del sueño con demasiada frecuencia... todo eso hacía que el viejo Peeta resultara completamente inalcanzable.

Sin embargo, Katniss estaba teniendo paciencia conmigo y no me trataba como a un enfermo. Todos me tenían miedo y me trataban como si estuviera loco pero no ella, ella confiaba en mí a pesar de que casi le había partido el cuello unas semanas atrás. Daba igual lo que le dijeran, ella seguía apoyándome. Y luego estaba su mirada, esa tan dulce y cariñosa que me dedicaba. No creía ser merecedor de ese tipo de afecto, pero ella seguía insistiendo en dármelo. Cuando me cogió la mano sentí… bueno, era la primera vez que alguien me tocaba de forma cariñosa desde que me rescataron, y ya cuando me dio el beso en la mejilla no pude evitarlo y empecé a llorar. Recordé a mi familia y su pérdida se hizo más presente que nunca. Katniss era la única que me trataba como si fuéramos familia. Con eso no quiero menospreciar los esfuerzos de Haymitch o de Prim, pero con Katniss era distinto, era obvio que había un tipo de relación más profunda con ella. Así lo sentía pese a no recordarla completamente.

Cuando me besó en los labios… no me lo he podido quitar de la cabeza, esa sensación de querer más y de ser uno con ella. Eso me descolocó completamente. Cuando veía imágenes sobre nosotros o recordaba algún suceso, siempre lo veía desde fuera, con frialdad y sin ser capaz de empatizar, pero ahora no era así, ahora cada recuerdo tenía añadido una nota de color porque empezaba a tener sentimientos asociados. Katniss… era todo un misterio. Me había cautivado de pequeño y seguía haciéndolo a día de hoy. Sigo sin tener muy claro qué hacer o qué pensar, pero cuando me la imagino ya no puedo evitar evocar sus labios. Creo que me estoy volviendo más loco aún. Y en cuanto al bebé… no soy capaz de pensar en eso, no todavía. Iré poco a poco, primero averiguaré cómo me siento en relación a ella, y luego veré cómo me siento en relación a él, pero de momento siento que estoy avanzando en mi recuperación.

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**Nota de la autora: ¡Hola! Quería subirlo antes pero se me ha complicado la semana. Bueno, ¿qué os parece? Es un capítulo bastante largo y con momento Everlark, nada mal, ¿no? La reconciliación está en marcha y el próximo capítulo se llama "Empatizamos". De nuevo, muchas gracias por seguir leyéndome y como siempre aceptaré cualquier crítica/comentario que queráis darme.

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