**Peeta's POV**

Hoy es el día que tengo una visita programada con ella. He desayunado y he acudido a la sala de las entrevistas unos cuantos minutos antes. Me dejo encadenar a la mesa y espero. Miro el reloj, Katniss está haciendo tarde. Intento agudizar el oído por si oigo pasos detrás de la puerta pero no percibo nada. Miro al cristal pero no tengo forma de saber si alguien me está haciendo caso. Sigo con la mirada fija en la mesa mientras me pregunto si ella lo habrá olvidado... Aunque no tiene sentido, porque me ha venido a visitar todos los días sin excepción, además que dijimos que nos veríamos hoy y parecía ansiosa porque llegara el día… Quizás se ha arrepentido de besarme, quizás se ha dado cuenta de que no le conviene acercarse a mí, de que no voy a curarme. ¿Por qué busco el efecto de alguien a quién he tratado de matar? La desilusión me engulle a toda velocidad y me siento un ser miserable que no merece el cariño de nadie. Luego pienso que quizás le haya pasado algo, al fin y al cabo, está embarazada, ¿y si ha habido algún problema? Me levanto inmediatamente y la correa me impide avanzar.

- ¿Alguien puede decirme si le ha pasado algo? –pregunto al cristal– ¿Hola? ¿Sabéis algo? –oigo el crujido de la megafonía.

- Peeta estoy aquí no te preocupes, estoy negociando con esta gente –¡es la voz de Katniss! Ya puedo respirar tranquilo. Vuelvo a oír el crujido del micrófono pero no llega a desconectarse, así que puedo seguir oyendo lo que dicen–. Os digo que está bien.

- Está siguiendo un tratamiento –insisten los médicos.

- Y ya es hora de que se adapte, ha mejorado. ¿Por qué puede ir al comedor solo pero no puede reunirse conmigo fuera de esta sala?

- Es su vida lo que intentamos proteger señorita Everdeen.

- ¿Cada cuánto le pasáis el parte a Coin? Porque está claro que hacéis todo esto para tenernos controlados –no puedo evitar alegrarme de que ella esté luchando por mí.

- Usted no es quién para decidirlo, además, el paciente no quiere verla fuera de estos horarios.

- ¿Se lo ha preguntado? –no puedo evitar reírme porque estoy escuchando todo lo que dicen. Oigo de nuevo un crugido, lo que me indica que Katniss ha cogido el micrófono de nuevo– Peeta, ¿quieres verme fuera de esta sala?

- Sí pero con una condición: que pueda llevarme las esposas y que tú te quedes con la llave –nadie responde durante unos segundos, supongo que Katniss no se lo había esperado. Al final pero, ella remprende su lucha.

- ¿Veis? Anda dame las llaves –se alejan del micro, de modo que ya solo puedo oírles de lejos– ¡Yo asumo la responsabilidad! Dámelas… –oigo más rugidos y al final, su voz clara– Peeta, nos vamos –y oigo el ruido de la puerta abrirse, Katniss aparece con las llaves y me desata–. Tienen suerte de que no vaya armada… –me rio– ¿Qué te hace tanta gracia? –vuelvo a ponerme las esposas.

- No hace falta que vayas armada para que te tengan miedo –eso hace que se sonroje levemente.

- Vamos, no nos entretengamos –me empuja suavemente sin apartar la mirada del cristal, retándolos. Cierra la puerta de un portazo. Cuando llevamos un buen trecho andando, Katniss se da la vuelta para ver si nos siguen y luego me detiene–. Bien, ya puedo quitártelas –dice sacando la llave, yo aparto mis manos de ella.

- ¡No! Lo dije enserio –veo la preocupación en su mirada.

- Pero…

- No, si vamos a estar solos quiero ir esposado, sino ya podemos volver a esa sala –digo serio.

- De acuerdo, no te enfades, solo quería que estuvieras cómodo… –dice un poco desilusionada. Creo que me he pasado un poco.

- ¿Por cierto dónde me llevas? –digo en un intento de recuperar el buen humor, pero ella no cambia la cara.

- A ningún lugar en concreto.

- Vaya, pensé que habrías planeado algo ya que es nuestra primera cita –eso consigue atraer su atención.

- ¿Cita? –se sonroja.

- Es la primera vez que estamos solos de verdad, aunque prácticamente me has secuestrado para que fuera contigo, pero yo creo que sí lo es –digo para animarla.

- Sí que parece que te haya secuestrado –desvía la mirada hacia mis manos esposadas.

- No me molestan, enserio, tú solo asegúrate de no perder la llave.

- Descuida –dice sonriendo y se da un golpecito en el bolsillo del pantalón–. Está a buen recaudo –entonces se queda pensando–. ¿Te parece que vayamos al comedor?

- Claro, ¿tienes hambre?

- Sí, bueno, es más una especie de antojo. Quiero comer cosas dulces a todas horas –dice con vergüenza. Cosas dulces, yo podría arreglarlo.

- Si estuviéramos en casa te prepararía todo lo dulce que quisieras.

- Hay demasiadas cosas imposibles en esa frase –dice suspirando.

Hablamos poco hasta llegar al comedor.

- No sabía que podías venir a cualquier hora –digo mirando a las pocas personas que hay esparcidas por las mesas.

- No realmente, debes tener algún buen motivo y yo tengo uno muy gordo: soy el Sinsajo. Así que me atienden –me río y la sigo mientras coge una bandeja– ¿Tú quieres algo?

- Algo de beber estaría bien –veo cómo negocia por un poco de fruta. Le da bastante poca así que intervengo– ¿puede ponerme otra ración a mí también? –nos mira y duda, pero como nos reconoce añade otro pequeño bol a la bandeja de Katniss. Cuando nos sentamos en una mesa apartada ella me da el bol–. No, lo he pedido para ti, no te estaban dando nada –Katniss esboza una enorme sonrisa.

- ¿Lo dices enserio?

- Claro, ya que no puedo prepararte unos bollos de crema déjame al menos conseguirte fruta.

- No me hables de bollos de crema o soy capaz de comerte la mano –dice ella riéndose y entonces saborea un pequeño pedacito de manzana–. Mmm está fresca, todo un lujo –corta otro pequeño pedazo y me lo ofrece.

- Te he dicho que era para ti –digo rechazándolo.

- No se puede dar tu ración a otros, así que deberías fingir al menos que comes un poco. Además, está tan buena que es un desperdicio no probarla –suspiro porque no me queda de otra y levanto los brazos (sigo maniatado) para cogerlo–. ¿Te desato?

- No.

- Pues deja las manos, yo te lo doy –y acerca el tenedor a mis labios. Dudo unos momentos pero al final acepto ese pedacito de manzana– ¿rica? –asiento aunque ahora mismo mi mente ha viajado al pasado, a lugares en los que Katniss me daba de comer de su plato y yo del mío. Katniss ha logrado desbloquearme un recuerdo, no sé si ella lo recordará también pero pensar en ello hace que sienta una agradable calidez en el pecho.

Katniss va comiendo y de vez en cuando me ofrece un pedacito a mí y cada vez que lo hace no puedo evitar pensar en sus besos y en su proximidad, pero también empiezo a plantearme seriamente abordar el tema del niño debidamente, porque por más que intente aplazarlo, no voy a poder evitarlo para siempre. Además, no puedo pensar en Katniss sin el niño ni viceversa.

- A parte de antojos, ¿qué otros síntomas has tenido?

- Náuseas, muchas náuseas –me siento mal por ella. Ha tenido que cargar sola con una responsabilidad gigantesca. Yo no estaba de vacaciones precisamente, pero ella y solo ella ha tenido que lidiar con esto.

- ¿Cómo has… aguantado tú sola? –ella me mira sin entender– El niño –decirlo en voz alta hace que se me seque la garganta–, ¿cómo has podido lidiar con él todo este tiempo? –Katniss posa una mano sobre su vientre.

- No es una carga –dice con voz aterciopelada–, al menos, no siempre… –veo la tristeza en sus ojos y le invito a que siga hablando. Se acaricia el vientre– cuando me enteré fue muy duro. No creí que eso fuera posible, no después de lo que nos pasó en la arena… solo se lo conté a Haymitch… –veo el dolor en su mirada y por primera vez desearía no tener las manos atadas–. No sé si quiero hablar de esto.

- Por favor –le insisto y pongo los brazos encima de la mesa con las palmas hacia arriba para acoger su mano si quiere dármela. Katniss se lo piensa y al final me da la mano, se la cojo en un intento de transmitirle fuerza.

- No sabíamos si estabas vivo y… no me sentía capaz de matar una parte de ti –dice al final y le empieza a temblar el labio inferior. Le aprieto un poco más las manos.

- No quería cargarte con esta responsabilidad –me siento terriblemente culpable. Ella niega con la cabeza.

- Me ayudó a sentirme más cerca de ti, pero me desconsolaba no poder decírtelo. Cuando te veía en televisión… –rápidamente trato de bloquear esos recuerdos. Ahora no es el momento de recordar todo eso– para ti sí que debió ser duro.

- A mí me consolaba saber que estabas bien.

- Pero nunca dejaste de protegerme, como el día que diste la alarma –me aprieta las manos más fuertemente. Ahora soy yo el que corro peligro de perderme– tú me protegías a mí y yo le protegía a él, era lo único que podía hacer por ti desde dónde estaba.

- Entonces, ¿lo tienes solo por mí? –pregunto con miedo porque yo aún no tengo claro lo que siento por esta criatura.

- No, no es solo por eso, es por los dos. Yo he tenido meses para hacerme a la idea y a veces ni aun sintiéndolo dentro de mí me entra en la cabeza. Así que no espero que de un día para otro puedas hacerte cargo de esto –agacho la mirada, no debí haber sacado el tema–. Prim, Haymitch y quizás incluso mi madre, ellos me ayudarán, tú no tienes que hacer nada –sé que debería responderle que le ayudaré con todo lo que haga falta porque siento que debo hacerlo, pero algo me impide prometérselo y es la incerteza que vive en mí, ¿sería capaz de atacar al pequeño si lo viera?– Solo si te ves capaz, desearía que le dieras tu cariño –eso me golpea fuertemente. Creía que no podía sentir más dolor pero al parecer nunca es tarde para sentirlo. Katniss pidiéndome casi como un favor personal que quiera a mi propio hijo… es simplemente demencial.

- Lo mejor que puedo hacer por él es alejarlo de mí. No me perdonaría hacerle daño –me esperaba desilusión en su mirada pero ella lo tenía asumido, cosa que me duele más todavía. Suelto su mano para taparme la cara; los estoy dejando solos. Ella me toca el brazo.

- No pasa nada, poco a poco. Sé que lo haces para protegernos –me pregunto si será verdad del todo o si también habrá algo de egoísmo en mi decisión–. Es tu forma de quererle –eso hace que no pueda seguir fingiendo.

- No, Katniss… yo… –estoy llorando porque sé que le he fallado aunque ella insista en creer que soy lo que no soy– yo soy un cobarde –le confieso y, de nuevo, no veo ni desilusión ni tristeza en su mirada, lo que solo consigue que me sienta peor– ¿me has oído? Creo que estoy huyendo –pero ella no me grita ni se enfada–. Deberías dejar de idealizarme, soy un maldito cobarde.

- Sé lo que se siente –dice simplemente.

- ¿Qué? Tú no eres cobarde.

- Soy peor.

- ¿Pero qué estás diciendo?

- Esto que te voy a contar solo lo sabe Prim y lo sabe porque ella fue quién lo impidió –eso hace que me preocupe en extremo. ¿Qué ocurrió?–. Tú no le conoces pero yo sí –mira su vientre y se lo acaricia–, le sentía conmigo, me hacía compañía, comía para alimentarlo y hacía todo lo posible para mantenerlo a salvo… yo sí le conocía y le quería. Y aun así estuve a punto de deshacerme de él –siento un nudo en la garganta.

- ¿Te refieres a que quisiste abortar?

- Técnicamente no, aunque ese hubiera sido el resultado… –dice ella sin ninguna expresión en el rostro. Mi cabeza va a mil por hora tratando de entender lo que ha insinuado. Se me contrae el estómago al creer entenderlo.

- ¿Cuándo fue eso?

- Eso no importa –y por el modo que desvía la mirada sé que sí importa.

- ¿Cuándo?

- Peeta…

- ¿Tiene que ver conmigo? –ella niega lentamente con la cabeza.

- Me aferré a él porque me daba esperanza, pero cuando perdí la esperanza… lo perdí todo. Por eso no soy quién para juzgarte.

- No lo entiendo –me coge las manos.

- Solo tienes que entender que esto es un proceso. Nadie puede obligarte a querer a alguien –eso me parte el corazón porque es evidente que habla de mis sentimientos hacia ella y hacia el niño. Katniss ha sufrido muchísimo.

- No estoy preparado para decirte lo que siento pero no quiero que creas que no me importas, porque sí me importas. Y aunque no sé aun lo que siento por el niño, él también me importa.

- Me vale con eso –dice ella y me gustaría poder prometerle que voy a cuidar de ella y que voy estar a su lado, pero aún no me siento con las fuerzas necesarias para hacer tal afirmación.

- Y no llores más por favor –me acerco sus manos a mis labios y le beso el dorso.

- Estoy bien –dice ella y se aparta las lágrimas.

- Debes seguir hambrienta –me excuso mientras cojo el tenedor y esta vez soy yo quién le ofrezco la fruta. Se ve un poco ridículo porque lo hago con las manos juntas por las esposas, pero a ella no parece importarle y se lo come.

.

.

.

.

.

.

**Nota autora: ¡Hola! Katniss y Peeta están dando pequeños pasos para arreglar su situación y el próximo capítulo se llama "Intimidad", a ver cómo evoluciona la cosa... Este capítulo es un poco más cortito, pero el siguiente ya será más largo (intento mantener un estándar pero salen como salen, ¡qué le vamos a hacer!). ¡Muchas gracias por seguir leyéndome y agradecería cualquier comentario que quisierais darme! Nos vemos pronto, ¡besos!