**Peeta's POV**
El comedor va llenándose de gente a medida que se acerca la hora de comer. Al final hemos estado aquí horas y me alegra descubrir que no hay una hora específica para despedirnos, que puedo estar con ella el día entero si queremos.
Se nos une Prim para comer y después de pensármelo mucho acepto que Katniss me quite las esposas. Es curioso porque a pesar de que me siento mejor (mis muñecas necesitaban un respiro) me siento inseguro, como si el control mental no fuera suficiente y sin esas esposas estuviera más cerca de perderlo. Terminamos de comer y nadie las vuelve a mencionar (creo que Katniss evita el tema aposta porque no me quiere ver esposado) y al final decido que seré capaz de controlarme, ya que hasta el momento he podido hacerlo.
Prim se despide y empezamos a andar por los pasillos sin rumbo. Katniss me explica que alguna vez ha salido a la superficie pero que se necesita un permiso específico que cree que ya ha perdido por haberse negado a seguir colaborando con los del trece, pero me promete tratar de conseguirlo de nuevo para que pueda salir al exterior. A mí todo eso me da un poco igual. Es decir, respirar aire puro se agradecería pero el bosque no es que me apasione precisamente. Sin embargo, lo que a mí realmente me preocupa es saber cuándo nos volveremos a besar. Me he obsesionado con ello y desde que nos hemos encontrado esta mañana que no he dejado de analizar la situación, esperando que fuera propicia para hacerlo. Creo que ella también quiere besarme, pero que tampoco encuentra el momento.
Me empiezo a poner nervioso porque no hay una buena razón para que no la bese, es decir, sería tan fácil como atraerla hacia a mí y hacerlo… pero siempre hay algún motivo para no hacerlo; hay gente, estamos charlando, estamos andando, estamos comiendo… realmente son excusas. Katniss lo tuvo muy claro y organizó un encuentro privado con la intención de poder intimar un poco conmigo, así que creo que ha llegado la hora de hacer algo parecido porque si no, no voy a poder pegar ojo en toda la noche. Las ganas de sentirla cerca vienen alimentadas por los recuerdos que empiezo a recuperar y el deseo que me nace de conocerla ahora. Me empujan un amor pasado y unos nuevos sentimientos construidos casi desde cero.
- Estoy un poco cansada –dice finalmente deteniéndose. No hay muchos bancos en estos pasillos porque no están hechos para pasear, sino para llevarte de una obligación a otra–. Lo siento pero debería descansar un poco –y se frota la tripa. Cargar con él tiene un claro desgaste físico.
- ¿Te gustaría descansar en mi habitación? –sus ojos se clavan en mí y yo trato de no sonrojarme.
- ¿De verdad?
- Solo si me prometes que no me dirás cuál es la tuya. De este modo seguirás a salvo y tú podrás venir a verme siempre que quieras –Katniss sigue clavando sus ojos en mí, supongo que también está pensando en la intimidad que nos proporcionaría mi habitación.
- De acuerdo, de igual forma hay demasiada gente en mi cuarto. Vamos –de repente todo se ha vuelto incómodo a pesar de que estábamos riendo hasta hace justo unos minutos.
La conduzco por los pasillos y cuando subimos en el ascensor veo que realmente está cansada. Cuando llegamos al pasillo de Haymitch se detiene.
- Un momento, ¿estás alojado aquí enserio?
- Me pusieron cerca de él expresamente –me detengo delante de una puerta que queda en diagonal de la puerta de Haymitch.
- No puede ser, ¿has estado justo en frente todo este tiempo? –dice incrédula.
- Sí.
- ¿Me estás diciendo enserio que cuando venía a ver a Haymitch tú estabas a un paso de distancia? –ahora está más enfadada que sorprendida.
- Eso parece –abro la puerta demostrándole que no miento y ella abre la boca.
- Me ofende, sinceramente –le sonrío con culpabilidad y le indico que pase.
- Si grito mucho Haymitch viene a buscarme. Pobre… le estoy amargando la existencia –Katniss entra y le hecha un rápido vistazo a la habitación. No hay mucho que ver.
- ¿Te ha pasado ya eso antes?
- Una vez, tenía una pesadilla –Katniss frunce el ceño y baja los hombros. Ella entiende de pesadillas. Cierro la puerta pero no pongo el pestillo–. Lo dejo abierto ¿vale? Así no tendrás que entretenerte para salir si pasa algo.
- Peeta, no vas a hacerme daño –dice con cansancio por tener que repetirlo por enésima vez hoy.
- Por si acaso.
- No, ésta no es la actitud –se tumba en la cama. Veo que cierra los ojos.
- ¿Estás bien?
- Me he mareado –le ayudo a ponerse un cojín debajo de la cabeza.
- ¿Mejor?
- Sí, gracias.
- Te traeré agua –le dejo un vaso en la mesita y me quedo quieto mirándola hasta que Katniss resopla.
- ¿Por qué no te echas conmigo? No me gusta que estés ahí de pie mirándome mientras yo estoy aquí tumbada.
- La cama es muy estrecha.
- ¿Y?
- No quiero molestarte –Katniss pone los ojos en blanco y luego recuerdo que yo también tengo que poner de mi parte–. Pero si no te molesta lo haré –ella sigue enfadada y no me responde, lo que entiendo como un "sí, haz el favor de dejar de preguntar", así que me subo a la cama con ella.
El ambiente está enrarecido, esto es muy incómodo. No la cama en sí, aunque también, sino la situación. Los dos estamos panza arriba mirando este triste techo. ¿Qué estoy haciendo? Apoyo mi cabeza en mi brazo y mi giro hacia ella porque es mucho más interesante verla a ella que a ese techo gris.
- ¿Qué haces? –dice sabiendo que me he girado.
- Te miro –entonces ella gira la cabeza hacia mí –. Tú y yo hemos pasado muchos momentos así, ¿real o no real?
- Real… –me acaricia el brazo y luego me mira de una forma que hace que el corazón casi se me salga del pecho. Deseo. No necesito más señales.
La beso como llevo todo el día deseando hacer.
Estamos cómodos y tranquilos, sabemos que tenemos todo el tiempo del mundo para nosotros y nos besamos lentamente, saboreándonos. Cuando nuestras lenguas se encuentran un torrente de energía me sacude el cuerpo entero. Esto es más de lo que me había permitido soñar sentir porque pensé que no volvería a sentirlo a nunca. Recuerdo lo que sentía por ella y creo que podría decir, sin temor a equivocarme, que lo que siento ahora se parece cada vez más a eso. Me levanto un poco apoyándome en mi codo de modo que puedo estar más pegado a ella si cabe. El beso es muy húmedo y la sangre se me empieza a acumular en un sitio que no es la cabeza precisamente. Cuando siento la mano de ella ahí me quedo sin aliento. Me separo para mirarla con sorpresa y ella empieza a desabrocharse los botones de la camisa sin apartar la mirada de mí. Ya hemos hecho esto antes pero estoy nervioso, es como si no tuviera claro lo que tengo que hacer. Katniss me ve dudar y me acaricia la mejilla.
- Si no quieres no…
- No es eso –mi propia voz me sorprende, es mucho más ronca de lo habitual. Me aclaro la garganta antes de continuar–, es que me siento... perdido –espero que se ría de mí pero no lo hace.
- No te preocupes, yo te enseño… –susurra de tal modo que se me pone todo el vello de punta. Entonces se quita el sostén de una forma casi mágica, porque lo ha hecho muy deprisa y prácticamente no he podido ver cómo lo ha hecho, pero rápidamente lo olvido ante la visión de sus pechos desnudos. Coge mi mano y la pone encima de uno de ellos. Se me seca la boca– Están un poco más grandes… –no hace falta que me lo jure, son casi descomunales, supongo que por el embarazo. Empiezo a acariciárselos a medida que Katniss empieza a suspirar y yo siento que voy perdiendo la cabeza– Ahora… –coge mi mano– ponla aquí –dice desabrochándose el pantalón y dejando mi mano sobre su sexo. No me hago de rogar y la acaricio mientras le beso el cuello.
Katniss empieza a gemir y yo siento que pierdo la poca cordura que me queda en el mismo momento que ella mete su mano dentro de mi pantalón. Los dos jadeamos hasta que pierdo la consciencia completamente. Oscuridad.
¿Te quedas conmigo?
Es una frase que recupera la atención de mi mente y la oscuridad va desapareciendo. ¿Te quedas conmigo? Solo hay una respuesta a esa pregunta.
- Siempre –digo en voz alta y, como si rompiera un hechizo, los colores empiezan a salpicar todo cuanto me rodea hasta que me doy cuenta de que Katniss está llorando, de que yo estoy sentado en su regazo y de que una de mis manos está en su cuello.
Doy un tremendo salto hacia atrás, horrorizado al comprender la situación y me caigo de la cama. Retrocedo hasta darme de espaldas contra la pared. Me cuesta recuperar la respiración, no puedo recordar qué ha pasado. Estábamos dándonos placer mutuamente hasta que… ¿qué? No lo recuerdo y Katniss está llorando medio desnuda en mi cama.
- ¿Qué te he hecho? –pregunto. Ella no responde– ¡¿Qué te he hecho?!
- ¡Na… nada! –se pone de lado, hecha un ovillo.
- No llorarías por nada –estoy histérico. Me levanto y la analizo, buscando algún indicio de violencia pero no detecto nada–. ¿Estás herida? ¿Te duele algo? –se me parte el corazón, ahora mismo me suicidaría, así de sencillo– Katniss sé que no merezco que me hables pero al menos dime si estás bien… –ella sigue llorando, tapándose la cara con las manos. Tomo la decisión– No te preocupes, voy a terminar con esto –cojo el vaso de agua y lo estampo contra la pared haciendo que se rompa en mil pedazos. De entre los trozos busco el más cortante–. Dile que lo hice porque os quería y porque no quería volver a haceros daño nunca más –levanto el cristal decidido a acabar con todo cuando su grito me detiene.
- ¡NO! –se abalanza hacia mí y utiliza su peso para desequilibrarme, caemos al suelo y ella me quita el cristal de la mano con un golpe– ¡No lo hagas!
- ¡No voy a herirte de nuevo! –forcejeo para conseguir el cristal.
- ¡No me has herido! Te lo suplico, ¡te lo suplico por favor detente! –trata de detenerme abrazándome fuertemente.
- Soy un muto, no hay alternativa –trato de alcanzarlo pero ella utiliza todo su peso contra mí, reteniéndome.
- No me has hecho nada, ¡te has detenido a tiempo! –dice entre lágrimas– Si quieres ayudarme abrázame y no me sueltes.
- Katniss no…
- ¡Haz lo que te digo! –no quiero hacerlo porque no quiero perder la determinación, pero Katniss está llorando y sufriendo, no puedo no atenderla… Le devuelvo el abrazo y ella se aferra a mí. Le acaricio el pelo mientras siento que mi existencia es la cosa más miserable del universo.
- Tienes que dejar que me vaya.
- No. No me puedes dejar sola –me suplica.
- Tienes que dejar que me vaya –le repito–, te quiero –acabo de descubrir que es verdad.
- Si me quieres no te vayas –me insiste. No es la primera vez que utiliza este argumento contra mí–. No lo entiendes Peeta –se separa de mí solo para poder mirarme directamente–. Cuando te dije que perdí la esperanza hice lo mismo que acabas de hacer tú ahora, por suerte Prim me detuvo antes de que nos matara a los dos –eso me deja completamente petrificado. Ella ha querido suicidarse. Katniss. Muerta. Solo de imaginarme el dolor que ella habrá sentido hace que me falte el aire–. Así que no te atrevas a hacerme perder la esperanza de nuevo. Lograremos superar esto, estamos juntos –no puede seguir hablando porque se ahoga. La abrazo tal y como me ha pedido.
- Si te quedas conmigo solo te espera sufrimiento.
- ¡Me da jodidamente igual si así te mantengo con vida! –estamos sollozando juntos, nos abrazamos tan fuerte que hasta duele.
- ¡No quiero vivir con esto!
- ¡Tienes que vivir!
- ¿Qué son esos gritos? –la puerta se abre y Haymitch aparece. Katniss me abraza aún más fuerte como si temiera que nos fuera a separar, lo que me da una idea– ¡¿Qué ha pasado?! –pregunta histérico al vernos en tan precario escenario.
- Haymitch llévatela –trato de soltarme de ella pero ella no me deja.
- ¡No!
- ¡Haymitch! –grito y él finalmente coge a Katniss por la cintura.
- ¡Suéltame! ¡No lo entiendes! ¡Ha intentado suicidarse! –Haymitch no sabe qué hacer.
- Pero ¿qué ha pasado? –exige con urgencia.
- ¡Casi la mato de nuevo!
- ¡No! –empezamos a gritar a la vez y Haymitch no entiende nada pero al final consigue soltarla de mí. Yo me levanto y me aparto, me voy al otro extremo de la habitación. Katniss se resiste de su agarre.
- ¡No, Haymitch! ¡Quiere suicidarse! ¡No dejes que lo haga! –entonces me mira a mí tratando de decidir qué hacer conmigo.
- Nos vamos al hospital.
- Déjame –doy un paso hacia atrás–, todo será mucho más fácil sin mí.
- Trata de calmarte, iremos juntos –dice él sin hacer caso de lo que le digo.
- ¿No lo entiendes? ¡Solo puedo heriros! ¡Soy un muto! –digo desesperado.
- Peeta me harás llamar a los del 13 y ya sabes cómo son.
- Por favor si me queréis dejadme ir –digo utilizando el mismo argumento que Katniss.
- ¡NO! –chilla ella.
- Lo podemos hacer por las buenas o por las malas –dice acercándose a mí. Miro a Katniss llorando y sé lo que tengo que hacer.
- Que sea por las malas entonces –echo a correr.
Todo se vuelve un caos. En algún momento Haymitch consigue llamar a los guardas porque aparecen todos de la nada a por mí. Corro y trato de zafarme, pero me golpean y me hacen caer al suelo. De fondo solo puedo oír a Katniss llorar desconsoladamente y gritar que no me hagan daño. "¡No le hagáis daño!". ¿Cómo puede seguir pidiendo eso después de lo que casi hago? Me sedan y todo se vuelve oscuro mientras oigo el ya conocido sonido de las correas atando mi cuerpo.
**Katniss POV**
No sé cómo pero he llegado a mi habitación. Doy vueltas sin saber a dónde ir, me siento atrapada pero no puedo ir a ningún otro lado porque tengo que estar localizable por si alguien me trae noticias de Peeta.
Aún recuerdo sus ojos negros, con las pupilas completamente dilatadas y reclamando mi muerte. Todo sucedió muy rápido y apenas pude defenderme, estaba completamente indefensa, ni siquiera se me había pasado por la cabeza que justo en ese momento en el que estábamos mejor a él pudiera darle un ataque… Así que mientras me asfixiaba se lo pregunté: ¿te quedas conmigo? Era lo único que se me ocurrió decir para devolverlo conmigo y por suerte funcionó, sino ahora mismo yo… Me doy cuenta de que el niño no se mueve.
- Haz algo –le suplico, doy unos leves golpecitos con los dedos–. Muévete por favor –¿y si ya solo llevo una carcasa vacía dentro? ¿Y si se ha ido para siempre? ¿Y si lo he perdido antes incluso de tenerlo?–. Muévete por favor, haz algo que me indique que aún sigues ahí dentro –le suplico. Sé que las cosas no funcionan así, que él solo se mueve cuando quiere, pero ahora mismo necesito que lo haga porque me estoy ahogando de dolor, es insoportable– ¿sigues conmigo? –susurro. Pero nada, no hay respuesta. Caigo sobre mis rodillas. La incerteza me mata. No sé si el niño está bien y no sé si han logrado detener a Peeta con su plan de suicidarse.
Empiezo a hacer unos sonidos muy parecidos a los que hacen los animales heridos. Me duele la garganta porque no he hecho nada más que gritar como una posesa desde que Haymitch lo apartó de mí. Estaba tan ida, que ni se me había pasado por la cabeza volver a abrocharme la camisa. Me di cuenta a medio pasillo, cuando uno del 13 apartó la mirada de mí. Así que todo el mundo sabe lo que estábamos haciendo cuando me atacó. Lo peor es saber que esos estúpidos médicos deben estar esperando verme para decirme su tan ansiado "ya te lo dije", porque esto ha pasado el día que me lo he llevado sin su consentimiento. ¿Habían sido paranoias mías lo de Coin? ¿Me habían estado diciendo la verdad? Creía firmemente que estaba mejor ¡habíamos pasado semanas sin ningún incidente! Entonces el problema… ¿ha sido intimar? ¿Le doy asco al fin y al cabo? Pero él me había dicho que quería hacerlo…
Me paso las manos por la cara. Le he presionado demasiado, es todo culpa mía. Entonces, justo cuando creo que este dolor en el pecho va a terminar por dejarme inconsciente, le siento. El pequeño se ha movido. Sigo llorando pero sonrío. Él sigue conmigo.
- Gracias –digo abrazándome a mi tripa. No todo está perdido. Si han conseguido detener a Peeta quizás incluso hayamos conseguido evitar que suceda nada irreparable una vez más.
- ¿Katniss? –dice Haymitch entrando de golpe en la habitación. Cuando me ve se relaja; ha estado buscándome. Yo no me muevo del suelo.
- ¿Cómo está? –pregunto al acto.
- Bien, lo han sedado. No podrá hacerse daño.
- Menos mal… –escondo la cara entre mis manos y vuelvo a llorar. Haymitch se acerca a mí, se arrodilla y me abraza. Necesito tanto este abrazo que me apoyo en él sin dudarlo y me dejo mecer.
- ¿Estás herida? –me susurra.
- No, estamos bien –al final se sienta en el suelo y trata de calmarme en sus brazos durante largo rato. Él no se mueve hasta que yo no dejo de llorar y me tranquilizo.
- No es culpa tuya –dice al final.
- Sí lo es, por haber sobrevivido a los Juegos.
- Es culpa de Snow, única y exclusivamente. Ese asesino es el único responsable de todas nuestras desgracias –sé que Haymitch lo odia pero es la primera vez que me lo dice tan claro. Supongo que no se puede olvidar tan fácilmente a aquél que ha asesinado a toda tu familia– Sueño con el día en que le claves una flecha en el corazón.
- Yo también, no puedo quitármelo de la cabeza.
- Aunque quemarlo vivo también es tentador –me pongo a reír. Sí, estamos discutiendo abiertamente la mejor forma de matar a nuestro presidente.
- O rellenarlo con sus estúpidas rosas como a un pavo. Que se coma una por una todas esas flores asquerosas hasta que reviente.
- Nunca había pensado en esa posibilidad pero me gusta mucho.
- Un tiro de flecha es demasiado limpio –digo reflexionándolo.
- Sí, aunque también tiene su gracia. Además, es lo que todos esperan.
- Lo que todos esperan me trae sin cuidado –nos quedamos en silencio unos momentos, dándole vueltas al asunto hasta que Haymitch da con la solución perfecta.
- ¿Y qué tal una flecha ardiendo? –me separo y le miro con ilusión.
- Así se le van a pasar las ganas de lanzarme bolas de fuego –sonreímos y me da un beso en la mejilla–. Gracias.
- No me las des. Haría lo que fuera por vosotros, ya lo sabes.
- ¿Vendrías conmigo a ver el bebé? Está tan desarrollado que me han dicho que podríamos verlo –creo que ya ha quedado más que descartada la posibilidad de que Peeta me acompañe.
- Claro, ahí estaré –sonrío. Solíamos gritarnos sin parar, también solía decirle que le odiaba, pero es lo más parecido a un padre que he tenido desde que el mío murió y le quiero a pesar de todo.
.
.
** Nota autora: Vale, por partes, primero de todo: ¡sorpresa! Pensé que quizás algunxs tendríais vacaciones así que he actualizado más pronto, además es mi regalo por haber sido tan encantadores con vuestros comentarios. Dicho esto… ¡no me saltéis a la yugular! Ya está, es el último bajón que tiene Peeta, ya a partir de aquí todo es coser y cantar, os lo prometo. El pobre ha pasado por una tortura, ¡no podía ser tan fácil! No me odiéis, todo se arreglará, ya a partir de aquí todo evoluciona para bien y se empieza a centrar más en el bebé (¿no tenéis curiosidad?) y el proceso estará bien detallado y será lo más verosímil posible, me lo estoy tomando muy, muy enserio. El próximo capítulo se llama "La boda finnick" (muy largo, estoy pensando en partirlo en dos pero los subiría juntos). Confiad en mí, esto lo arreglamos, ¿cuándo os he fallado?
Muchas gracias por seguir leyéndome a pesar de todo, y os recuerdo que podéis encontrarme también en Instagram (angela_moiras_art). Nos vemos pronto. ¡Muchos besos y cuidaos!
