Llevo tres días sin salir de mi habitación. Yo no se lo he contado a nadie y no sé hasta qué punto estarán informadas, pero mi familia sabe que algo me pasa. Les he dejado de hablar para sumirme en un llanto casi constante. Llevo odiando mi vida desde que tengo once años pero lo que siento ahora es un odio generalizado hacia todo el mundo. Cuando mi madre se sienta a mi lado no puedo sino pensar en lo mucho que la odio a ella también por todo lo que me ha hecho pasar. Ella me robó mi niñez.
- ¿Qué quieres? –le digo con rencor después de que se haya pasado los últimos cinco minutos aquí sentada y sin decir nada. Ella suele hacer su vida y yo la mía, no entiendo a qué viene este acercamiento ahora– ¿Qué quieres? –le insisto sintiendo que la rabia llena cada rincón de mi ser.
- Me gustaría hablar contigo…
- Pues yo no quiero así que déjame sola –antes me sabía mal ser cruel, pero ya no, mi corazón está tan roto que no puede sentir nada que no sea odio. Mi madre vuelve a quedarse en silencio pero no se va, lo que me pone nerviosa–. Di lo que tengas que decir y vete.
- Sé que estás embarazada –eso me arranca una risa histérica. Claro que lo sabe, lo ha sabido siempre.
- Vaya, qué observadora. ¿Y qué quieres ahora? ¿Echarme la bronca? ¿No es un poco tarde ya para eso? –ella niega lentamente con su cabeza.
- No tengo derecho a regañarte. Jamás te di esa charla, jamás… –se queda en silencio, pensando– no puedo ni recordar cuándo tuviste tu primer periodo –eso hace que apriete los dientes con fuerza porque el recuerdo me sacude como un latigazo: de repente me veo a mi misma en el bosque, sola y aterrada al descubrir que sangraba. Sabía por qué sucedía, pero no sabía cómo enfrontarme eso o qué medidas tomar y, al no tener a nadie a quién preguntar, lo pasé verdaderamente mal. Mi madre me falló en demasiados sentidos.
- No lo recuerdas porque no lo sabes. Tú no estuviste ahí –digo con amargura y, de nuevo, no me afecta ver el sufrimiento en su mirada, ya todo me da igual.
- ¿Te ayudó alguien? ¿Hazelle? –Hazelle es la madre de Gale. Tardé mucho tiempo en llegar a confiar en Gale y mucho más en acercarme a su familia, así que para cuando Hazelle entró en mi vida, yo ya me había adaptado. Además, ella ya tenía a unos hijos propios a los que cuidar, yo no era su responsabilidad.
- Nadie me ayudó entonces y no hace falta que nadie me ayude ahora –no estoy siendo del todo sincera porque hubo alguien que sí me ayudó. Sae. Una vez me vino en el Quemador: cuando me levanté de la silla y vi que la había ensuciado empecé a limpiarlo como una loca antes de que nadie se diera cuenta, pero ella me vio y se acercó a mí. Pensé que me gritaría o que se reiría de mí, pero en lugar de eso me dedicó una cálida sonrisa y me dio un par de consejos. Aún atesoro sus palabras y es algo que le agradezco de corazón. Es curioso que encontrara el consuelo que necesitaba en el mercado negro junto a delincuentes, en lugar de en mi propia casa.
Mi madre está muy dolida por mis palabras, pero se levanta sin decirme nada más. Este intento frustrado de conversación me ha dado qué pensar, ¿Hazelle habrá tenido este tipo de charla con Gale? Seguro que sí, incluso quizás se la dio cuando se dio cuenta que empezaba a verse conmigo muy a menudo. ¿Y Peeta? ¿Le habría dicho algo su padre? ¿Me habría dicho algo a mí el mío? De repente recuerdo a Prim y, una vez más, me doy cuenta de que me tocará a mí ser su madre y explicarle bien todo esto sino es que sus conocimientos como médico no se lo han dejado claro ya. Odio mi vida. Sola y embarazada.
Vuelvo a mi rutina de auto compadecerme.
Sigo holgazaneando y dejándome ver en público solo para comer, aunque eso es suficiente como para que me quede más que claro de que se corrió la voz, porque la gente me mira con pena. Así que todos los del 13 saben lo que me ha pasado, sin contar que alguien debió verme medio desnuda también. Por cierto, mi sujetador se quedó en la habitación de Peeta y con solo recordarlo me entran todos los males del mundo porque no hay forma de que yo vaya a buscarlo (ni muerta vamos) y porque aunque alguien lo recuperase (Haymitch, alguien del 13 o el propio Peeta) no estarían en su sano juicio si me lo devolvieran, así que ya tengo asumido que se ha perdido, lo que me molesta muchísimo porque lo había adquirido recientemente debido al aumento de pecho que había experimentado. Así que me pongo los que me quedan pequeños hasta que decido ir sin.
Me gustaría ir a ver a Haymitch pero no me atrevo sabiendo que Peeta podría estar en frente. Hace mucho que no sé nada de Gale tampoco, pero supongo que no tener noticias es una buena noticia. Se me ocurre probar de imprimirme el horario en el brazo para comprobar lo que dijo Gale; descubrir si siguen insistiendo en organizarme el día. Cuando me lo imprimo descubro que está vacío, solo tiene marcada la palabra "reposo" y los horarios de las comidas (que de hecho no coinciden con el horario que hago de comidas). Al parecer me han abandonado completamente. Por algún motivo no termina de sentarme bien, aunque eso era lo que quería.
Paso los días soñando con cosas imposibles como nuestra antigua casa en el 12 y los días en el bosque con mi padre. Cuando trato de mirar hacia el futuro, no puedo. Es como si estuviera bloqueado en mi mente. Trato de imaginarme las opciones que tengo y todas se me traban en la cabeza, impidiéndome visualizar más allá de lo que voy hacer la próxima hora. Siempre empiezo con lo mismo: huir al bosque. Ese ha sido mi objetivo y sueño desde hace mucho tiempo. Pero claro, no puedo hacerlo desde que sé que va a haber un niño a mi cargo. A veces nos imagino a los dos viviendo solos en el bosque y, aunque me tienta la idea, sé que no puedo hacerlo porque el pequeño no sobreviviría a los inviernos. Dejarlo en el 13 e irme es totalmente inaceptable, aunque ellos estarían deseosos de quedarse con él porque les faltan muchos niños a su pirámide poblacional. Solo se lo dejaría a Prim pero no podría cargarla con esta responsabilidad, y menos sabiendo que cuando ella trabajase, se lo dejaría a mi madre. No quiero que mi madre vuelva a apagarse y desatienda a otro niño una vez más. Así que, ¿qué hago? ¿Me quedo con él en el 13 esperando a que algo cambie? No quiero hacer eso, este Distrito me asfixia. Quizás sería mejor alistarme y salir a la batalla para matar a Snow, aunque muy probablemente muriera y al niño se lo quedarían los del 13. Estos pensamientos se enredan en bucle y me dejan completamente exhausta y atascada. Odio mi vida.
Pero bueno, entre pesadillas, sollozos y ahogos, al final pasan los días y llega la boda de Finnick, porque sí, se va a casar con Annie. Es lo único bueno que ha pasado en mucho tiempo. Me alegro sinceramente por ellos y les ayudo con todo lo que puedo. De hecho yo misma le he prestado uno de mis vestidos a Annie (y por lo que tengo entendido, Peeta también a Finnick). Me parece bien ayudarles, pero por otra parte me parece grotesco porque Peeta y yo también se suponía que íbamos a casarnos, pero en lugar de hacerlo nosotros lo harán ellos con nuestra ropa, porque él y yo ya nunca vamos a poder estar juntos. Dejo de pensar en eso antes de que empiece a recordar el espejo que ya no tenemos para evitar que me hiera (tampoco me dejan vasos de cristal cerca y espero que a Peeta tampoco).
Mi madre le hace una elaborada trenza a Prim y yo no puedo evitar pensar que debe haber puesto todas sus esperanzas en ella. Yo al menos lo haría, de las dos ella es quién tiene una prometedora carrera. Además, si mis pesadillas están en lo cierto, yo voy a morir en el parto. Así que sí, casi mejor que se centre en Prim.
En cuanto a mi atuendo se refiere, a mí me han dado una camisa especial. Es bastante grande y del mismo tono que el uniforme que todos llevan. ¿El motivo? Va a haber cámaras grabando y debido a mi negativa de aparecer en cámara (por nada del mundo permitiría que Snow supiera que estoy embarazada) me han dado este especie de disfraz que me oculta un poco la tripa. Me han asegurado que no pondrán ninguna imagen en la que se me vea embarazada, pero aún y así Haymitch ha pedido supervisar el vídeo antes de emitirlo. Sé que Cressida, la encargada de hacer el spot, no va a permitir que se me vea embarazada, pero me quedo más tranquila sabiendo que pasará por manos de Haymitch también.
- ¿Por qué no peinas también a Katniss? –la pregunta de Prim es tan inesperada que tardo unos momentos en reaccionar. Ella se ha dado cuenta del ambiente hostil que hay entre nosotras y es obvio que quiere rebajarlo (aunque sea por la fuerza). Yo sigo resentida y dolida, pero es cierto que mi hijo nacerá en algún momento y quizás sea buena idea mantener el status quo (siempre me toca a mí ser la adulta, maldita sea).
- Vale –ocupo la silla donde se había estado sentando Prim y mi madre empieza a peinarme después de unos segundos en los que tarda en superar el shock que le produce mi cambio de actitud.
Cuando llegamos la sala está decorada con flores y se agradece que no todo sea del aburrido tono gris característico del 13. Nos ponemos en el lugar asignado que es bastante por delante, lo que me gusta porque así tendré una buena visión de los novios. Pero aún no han llegado así que me dedico a analizar a los invitados: a parte del puñado de tributos vivos que estamos aquí, la mayoría son altos cargos del 13. Finnick y Annie son su propia familia, no tienen a nadie más. Que por cierto soy la única que estoy al lado derecho del pasadizo, veo a Johanna y al destello rubio que la acompaña en el izquierdo. Sí, Peeta está aquí, en la misma sala que yo, sentado al lado de Johanna. A los dos los han puesto bien lejos de mí, pero no creo que sea suficiente teniendo en cuenta que Peeta no va esposado. ¿Por qué ha aceptado ir sin esposas si conmigo no se las quería quitar? Luego recuerdo que están televisando el evento y que no pueden mostrarle atado. Trato de no mirarle y de no pensar en él, pero creo que toda la sala es consciente de que nos tienen juntos en un mismo sitio. Pero bueno, mi intención es no llamar la atención porque este día es de Finnick y Annie.
Cuando les veo entrar no puedo evitar mirar hacia Peeta porque recuerdo muy bien el traje que lleva Finnick. Pero él no mira hacia a mí. De hecho, voy mirándole de vez en cuando para tratar de sorprenderle mirándome, pero he fracasado en todos los intentos porque no me ha mirado ni una sola vez. No sé qué pretendo conseguir con esto, pero es la primera vez que coincidimos desde… bueno, desde ese incidente.
La ceremonia es preciosa e incluso me emociona. Todo el mundo está muy alegre durante la comida e incluso se han animado a poner música, ¡es todo un evento! Pero los del trece no saben bailar y los de los Distritos salimos a la pista para enseñarles cómo se hace. Prim y yo damos vueltas sin parar lo que consigue arrancarme alguna que otra sonrisa. Me lo estoy pasando francamente bien y por primera vez lo noto, noto sus ojos azules clavados en mi nuca. Cuando me giro descubro a Peeta mirándome con una pena y una tristeza más que palpables. Sé lo que está pensando: está recordando el baile que compartimos durante la Gira de la Victoria. Se me quita todo el buen humor y sigo bailando con Prim con desanimo. Cuando no puedo seguir fingiendo que estoy feliz me excuso diciendo que me he cansado demasiado y me vuelvo a mi mesa.
Cuando le miro per enésima vez, veo que Peeta está hablando de algo con uno de los soldados del 13 y parece animado. Quizás haya conseguido hacer amigos, lo cual no me parecería muy descabellado si el verdadero Peeta estuviera realmente ahí. El dulce y bueno de Peeta. A él no le costaba hacer amigos y tuvo que fijarse en mí, la persona más antipática del planeta. Me pregunto si lo que le atrajo fue el reto que eso suponía, porque sinceramente no creo que una canción cantada en la infancia de para tanto. Y justo ahora que soy yo quién le presta atención, él es quién me ignora. Se han cambiado las tornas.
Prim y mi madre vuelven a la mesa porque es la hora de la tarta. ¡Tarta! ¡Por fin algo dulce! Estoy entusiasmada. Cuando se acerca el camarero tengo que hacer un gran esfuerzo por no ponerme a babear. Y entonces pasa. Cuando me ponen el plato delante automáticamente alzo la vista en dirección a Peeta y por primera nuestra mirada conecta, porque él me está mirando expresamente para ver mi reacción, lo que a su vez me confirma algo que yo ya he sabido a simple vista; él ha hecho el glaseado. Vuelvo a bajar la mirada aturdida por todo lo que esto significa. Hacer el glaseado requiere de concentración y creatividad, cualidades que el Capitolio intentó borrar por todos los medios. Y sin embargo aquí delante tengo este delicado glaseado. Esto es un logro gigantesco y no puedo evitar emocionarme; Peeta trata por todos los medios de volver a ser el que era y eso me da esperanza. Dichosa esperanza que no me deja rendirme.
El glaseado es tan hermoso y delicado que me sabe mal destruirlo, pero no puedo resistirme a coger un pequeño pedazo de tarta con el tenedor y probarlo. El sabor a crema me envuelve inmediatamente. "Ya que no puedo prepararte unos bollos de crema déjame al menos conseguirte fruta". Miro a Peeta con la boca llena y con las lágrimas a punto de salir. Él sigue mirándome con tristeza pero me medio sonríe, lo que vuelve a confirmarme algo que ya sabía; ha puesto la crema por mí. Agacho la cabeza y muevo mi silla para esconderme de la visión de Peeta (mi madre me lo tapa) y como cubriéndome la cara con una mano mientras devoro el plato sin compasión a la par que lloro sin parar. Él me quiere y yo le quiero, pero no podemos estar juntos por culpa de Snow.
- ¿Estás bien? –me pregunta Prim.
- Lloro porque por fin he podido comer algo dulce. Es por culpa de las hormonas –últimamente lo justifico todo con lo mismo, pero algo bueno tenía que sacar de mis volátiles estados de ánimo.
Termino de comerme mi ración e inmediatamente me pregunto si podría conseguir otro trozo de algún modo. No he dejado nada en el plato aunque me planteo lamerlo por si acaso. Miro a Prim pero ya casi se ha terminado el suyo, miro a mi madre y veo que aún le queda un pedacito así que me lanzo.
- ¿Puedo terminármelo? –mi madre me mira sorprendida porque la última vez la aparté de mi lado de mala manera, pero sabe que no me lo puede negar y, efectivamente, me pasa su plato–. Gracias.
La gente vuelve a la pista de baile y Prim me anima a salir de nuevo pero le digo que prefiero quedarme. No está tan mal ver la felicidad desde fuera, porque de algún modo se contagia. Finnick y Annie están radiantes y me alegro muchísimo por ellos. Miro a mi izquierda y descubro seguramente al único invitado de este evento que lo está pasando mal aparte de yo misma.
Al cabo de unos segundos nuestras miradas conectan de nuevo y no me siento con fuerzas de volver a ignorarle. Él tampoco se esconde y me mira directamente. Nos quedamos así, estableciendo contacto por primera vez desde lo que sucedió ese nefasto día en su cuarto… entonces veo que se pone nervioso, parece como si quisiera decirme algo pero no se atreviera. Me pregunto qué le rondará por la cabeza. Al final se levanta y viene hacia mí. Instintivamente miro hacia la puerta, localizándola y trazando un plan de huida. Vuelvo la mirada a él y descubro que se ha detenido a varios metros de mí, desanimado porque ha visto cómo he buscado la salida. Seré estúpida.
- Sé que no merezco tu perdón, pero quería que supieras que lo siento mucho, de verdad –dice desde donde está. No me da tiempo a responderle que él se gira. Primero pienso que vuelve a su sitio pero luego veo que se va hacia la puerta. Me levanto.
- ¿Dónde vas? –le pregunto. Él se detiene y me mira sorprendido.
- No puedo seguir aquí –dice como si fuera obvio.
- ¿Por qué? –hace una mueca.
- Es demasiado doloroso –oírle decir eso hace que sienta el corazón en un puño.
- Pero es una fiesta, deberías intentar aprovecharla y disfrutar.
- ¿Que disfrute? –me dice dolido– ¿de verdad crees que puedo disfrutar nada después de lo que ha pasado? –no, no lo creo, pero me gustaría que sí pudiera– Llevan nuestra ropa, ¿sabes? Esos podríamos haber sido tú y yo si yo no… –mira hacia mi vientre y entiendo lo que ha estado pensando todo este tiempo; siente que ha echado a perder la oportunidad de tener una familia.
- Quédate, por favor –no quiero que se vaya sabiendo que se siente así y lo que es peor, si se va ya no sé cuándo volveré a verle. Maldita sea, ¿eso es lo único que me preocupa?
- ¿De verdad quieres que me quede? –asiento. Parece que va a aceptar pero se lo piensa mejor y niega con la cabeza– No sería sensato.
- Peeta –doy un paso hacia él y él retrocede uno, lo que me duele–, quiero asegurarme de que estás bien.
- ¿Tú lo estás? –luego se lo piensa mejor y lo cambia– ¿Lo estáis? –veo el dolor en su mirada. Él no nos odia, no quería hacernos esto.
- Sí, estamos bien ¿Has vuelto a intentar…? –no puedo terminar la frase. De hecho no sé ni cómo me he atrevido a preguntárselo, pero necesito saberlo.
- No. Todo el mundo insiste que os causaría incluso más problemas muerto que vivo. Yo no les creo del todo pero… –vuelve a mirar mi vientre– me gustaría verle.
- Mañana tengo ginecólogo a las once, si vienes le podrás ver –digo sin pensármelo dos veces. Peeta abre los ojos ante tal inesperado ofrecimiento.
- ¡Katniss y Peeta! –nos giramos a la vez para ver a un Plutarch muy animado (y quizás un poco ebrio, aunque no de alcohol porque no hay, pero sí ebrio de la fiesta)–. Qué alegría que os hayáis reconciliado, ¡y justo a tiempo! –bueno, eso de que nos hemos reconciliado se lo ha sacado de la manga, lo que me recuerda que sabía que estábamos distanciados… nuestra vida nunca ha dejado de ser pública. Entonces nos pone una mano en el hombro de cada uno, haciendo que nos acerquemos el uno al otro. Veo cómo Peeta se pone nervioso– Veréis, Cressida está grabando todo este festejo y a pesar de que es muy alegre yo creo que le falta gancho. Pienso que sería genial que salierais a bailar.
- ¿Bailar? –pregunta Peeta asustado, prácticamente horrorizado.
- Sí, ¡juntos! ¡Le daríamos a Snow en todas sus narices! –Peeta y yo bailando alegremente destrozaría a Snow por supuesto. Pero no es factible, porque es él quién nos ha destrozado a nosotros y no al revés.
- No podrá ser –dice Peeta soltándose de su agarre.
- ¿Por qué? Anda vamos, será solo un momento –y vuelve a tirar de él.
- ¡Suéltame! –Peeta se está poniendo nervioso y esto no es bueno.
- Déjalo –digo tratando de soltarme también. Entonces Plutarch deja todo ese buen humor atrás y me mira de forma amenazante.
- Te estás columpiando jovencita. ¿Crees que no sabemos que no haces caso de nuestras directrices? ¿Hasta cuándo crees que podremos seguir haciendo la vista gorda? Te comprometiste a algo –me recuerda.
- Ambos cumplimos con nuestras partes, creí que el trato había terminado –incluso fui a los distritos a pesar de estar embarazada.
- Pues no lo ha hecho, aún podemos revertir esa inmunidad que le protege –dice señalando a Peeta con la barbilla–, por no hablar del inminente… –cuando baja la mirada hacia mi vientre me siento ultrajada. ¿Está amenazando a mi hijo? ¿De verdad se atreve a hacer eso? La rabia ocupa cada rincón de mi ser.
- Vigila lo que dices Heavensbee –en ese momento Peeta se pone delante de mí, cubriéndome–, no querrás arrepentirte de decir algo que no debes, ¿verdad? –es la primera vez que lo oigo amenazando a alguien, y encima a Plutarch. Por hablarle así a un superior le puede caer una buena.
- Nadie quiere tener que arrepentirse de nada –le responde sin dejarse intimidar–, así que la pista os espera –dice señalándola con la mano.
- No, verán que estoy embarazada –me niego en rotundo.
- Sabes que lo editaremos maldita sea, vamos –dice serio. Yo no quiero hacerlo y Peeta tampoco, y en el fondo creo que va de farol pero… ¿vale la pena arriesgarnos? Además, por la forma en que le ha hablado Peeta podrían encerrarlo y no puedo permitir que eso pase. Miro a Peeta para tratar de llegar a una decisión pero no tenemos tiempo de pensárnoslo que nos empuja– Ahora, ¡venga!
Nos empuja hasta la pista de baile y yo siento que me quedo sin aire. Es como volver a la Gira de la Victoria, pero ahí todo el mundo creía que nos queríamos y se trataba de desconocidos, aquí todos saben que estamos separados y la audiencia esta vez son mi familia y conocidos. Plutarch nos da un último empujón y me giro hacia Peeta poniendo una mano en su hombro y levantando la otra, esperando para que me la coja. Peeta está muy serio y le lanza una última mirada a Plutarch, dejando claro que lo hace por obligación y luego pone una mano en mi cintura y me coge la otra. Es la primera vez que estamos tan cerca desde ese día y su proximidad me resulta abrumadora.
- ¡Y sonreíd! –nos recuerda.
- Esto es ridículo –susurra Peeta.
- Nunca hemos dejado de ser sus marionetas, ¿verdad?
- A veces pienso que esto no se va a terminar nunca –empezamos a movernos despacio y no nos movemos del borde de la pista.
- ¿Recuerdas lo que solíamos decir? –él niega con la cabeza– Mientras estemos juntos estaremos bien –el desvía la mirada. Ha sido un movimiento arriesgado, pero no puedo evitarlo. No soporto verlo así.
- Katniss… –le aprieto la mano y me acerco más a él ahora que sé que no puede escaparse; va a tener que escucharme.
- Podemos conseguirlo –me avergüenzo de mi misma. Me sorprende lo fácil que he caído. Me había repetido una y mil veces que no me acercaría nunca más a él, pero ahora que le he vuelto a ver esos pensamientos carecen de sentido. Siempre he querido volverle a ver, aunque tratara de mentirme a mí misma.
Entonces veo que Cressida se acerca con la cámara y la gente empieza a darse cuenta de lo que estamos haciendo.
- Id ahí –dice señalando el centro de la pista.
Miro con miedo a mi alrededor esperando encontrarme a un Finnick enfadado y a una Prim decepcionada, por no decir que me aterra la idea de que Snow descubra que estoy embarazada. Si este niño llegara a nacer, Snow removería cielo y tierra con tal de hacerse con él. Me cuesta respirar y me empiezan a sudar las manos. Creo que estoy al borde de un ataque de ansiedad.
- Katniss mírame –dice Peeta serio–, no te soltaré ni te dejaré sola, ¿vale? Estoy contigo –me lo creo. Me creería cualquier cosa que me dijera porque creo en él. Peeta me lleva hacia donde Cressida quiere y empieza a guiarme en el baile.
Sigo sus pasos sin perder detalle de su mirada porque no quiero ver la cara de la gente que nos mira. Además, no sé por cuánto tiempo voy a poder mirar estos ojos. La música cambia a un vals lento, lo que me confirma que ya todo el mundo nos ha visto. Reprimo la tentación de mirar a mi alrededor y me muerdo el interior de la mejilla. Lo estoy pasando verdaderamente mal y Peeta lo sabe, así que trata de transmitirme calma con su mirada y su firme agarre. También tenemos los brazos bajados y los cuerpos pegados en un intento de ocultar mi tripa. Bailamos y poco a poco me acostumbro al movimiento y al ritmo. No hacemos nada en especial, solo vamos de un lado para otro pero parece que es suficiente. No hablamos pero nos siento conectados. Le he añorado demasiado.
- Vendré mañana –dice él al final con derrotismo.
- ¿Qué?
- Vendré mañana para verle –trato de entender lo que me dice porque ahora mismo no puedo pensar con claridad. Vendrá mañana… ¿dónde? ¡A la visita al ginecólogo!
- ¿De verdad?
- Sí –sonrío y él sonríe–. Como no sé qué es lo mejor, haré lo que tú me pidas.
- ¿Todo lo que yo te pida? –digo coqueta. Él se ríe y yo trato de olvidar todos esos ojos y de centrarme solo en los suyos– No te rías, tengo una lista.
- ¿Ah, sí?
- Sí, luego te la cuento –me da igual que editen el vídeo, no quiero que quede constancia de lo que quiero pedirle en realidad.
- ¿Debería asustarme?
- Deberías –digo con seriedad–, principalmente porque me empiezan a doler los pies y quizás necesite que alguien me dé un masaje –digo en broma y él se ríe. No me creo que Peeta y yo estemos hablando civilizadamente. Casi que estoy por pedir una copia de este video como recuerdo.
- Nada me gustaría más que complacer tus deseos –a pesar de lo que dicen sus palabras, sé que miente. No porque le disguste la tarea como tal, sino porque tiene miedo de volver a quedarse a solas conmigo–. Si te duelen mucho podemos detenernos, creo que ya tienen lo que querían… –no estoy muy segura pero creo que ya llevamos dos canciones, de modo que tienen material más que suficiente.
- Solo un poco más, hasta que termine la canción –le pido porque no estoy lista para dejarle marchar aún y nos pasamos lo que queda de canción sosteniéndonos la mirada.
Es como si nada hubiera cambiado desde ese último baile que dimos, aunque en realidad todo es distinto ahora. Pero ahora mismo, con la música y sus brazos, siento que podríamos amarnos con libertad. La canción termina sin que yo lo pueda impedir. Estamos tan cerca que por un momento creo que va a besarme. Veo la intención y la duda en sus ojos.
- ¿Está bien así? –pregunta a alguien detrás de mí.
- Sí, gracias chicos –es Cressida que deja de gravar.
- Vamos –se separa de mí pero no me suelta la mano y me saca de la pista de baile (cosa que agradezco inmensamente). Ya en la zona de las mesas me atrevo a echar la mirada atrás y veo que todo el mundo desvía la mirada– Nos vemos mañana –me empieza a soltar la mano suavemente.
- Espera –le retengo–. Lo de antes lo decía enserio pero no hay una lista sino una única petición: que te mantengas con vida. ¿Lo harás? –él se lo piensa.
- Solo si tú también lo haces –y por primera vez me doy cuenta de que él también se había quedado preocupado todo este tiempo pero no por él, sino porque temía que yo hubiera hecho lo mismo.
- Vale pero tú también tienes que cumplir –le exijo. Hemos logrado tener algo así como un trato y me basta por ahora. Al parecer tenemos un nuevo pacto, el de seguir con vida. Volvemos a estar muy cerca y no tengo ninguna duda de que a Peeta le gustaría estar conmigo, pero no permite que así sea. Su cerebro se impone a su corazón.
- Nos vemos mañana –me aprieta la mano un momento antes de soltármela.
- Hasta mañana.
Le veo marchar y me planteo irme también porque no quiero tener que enfrontarme a lo que tengo a mis espaldas; cientos de ojos fisgones intentando no perder el hilo de nuestra historia. Pero si me fuera, parecería que me voy con él. ¿Pero desde cuando me importa lo que piense la gente de mí? Sin embargo no puedo irme sin despedirme de Finnick antes. Suspiro y vuelvo a la fiesta decidida a saludar a los recién casados para así poder irme. Cuando voy hacia él, Finnick me sonríe ampliamente.
- Katniss, no podrías haber llegado en mejor momento –me coge de las manos y me atrae hacia él–. Annie está bailando con Stuart, se ve que fue él quién la rescató del Edificio de Entrenamiento. Lo que me deja libre para solventar un asunto que tengo pendiente contigo.
- ¿Conmigo? –digo preocupada.
- ¿Me concedes este baile? –me lo ha preguntado pero la verdad es que no tengo opción de negarme; ya me ha puesto una mano en mi cintura y me ha levantado la mano derecha.
- Que yo sepa no te prometí ningún baile –digo haciéndome la difícil a pesar de que ya estoy siguiendo sus pies.
- Me debes varios favores querida, te salvé el pellejo en la arena, por ejemplo.
- Eso es mutuo –le digo a pesar de que solo es verdad a medias.
- Y nunca me prestaste atención –me recrimina haciéndose el ofendido.
- Es que tú estabas demasiado ocupado robando azucarillos –eso hace que sonría y yo sonrío con él. Nunca pensé volver a verle sonreír, ya que se pasaba los días y las noches llorando–. Finnick estáis radiantes, me alegro muchísimo por los dos, os merecéis lo mejor –Finnick asiente para agradecerme el comentario.
- A ti también te llegará tu momento –eso hace que suelte un bufido.
- No lo creo pero gracias… eres muy buen bailarín por cierto –digo para tratar de cambiar de tema.
- Me alegro que te des cuenta, es uno de mis innumerables talentos –entonces la canción se termina y me da un beso en la mejilla.
- Gracias por el baile –y por cómo me mira entiendo a qué ha venido todo esto.
Sabe lo que me han obligado a hacer con Peeta y ha querido relativizar y normalizar la situación; todos somos tributos y fuimos en el mismo equipo durante los Juegos, tenemos un vínculo especial y podemos bailar juntos si queremos. Y no solo eso, él sabe por lo que pasé cuando secuestraron a Peeta porque a él le secuestraron a Annie. Solo los dos sabemos lo que se siente. Finnick y yo no solo somos amigos, sino que estamos juntos en esto.
- Gracias Finnick, por todo –descubrir que somos amigos de verdad me conmueve– y anda ve, tu esposa estará esperándote –sonríe.
- Espero que le llames Finnick si es niño –me dice como toda respuesta mientras se aleja y me señala el vientre.
- No, gracias, no quiero que los otros niños se rían de él –él me saca la lengua a modo de queja y yo me giro con una sonrisa.
Los Juegos me han arrebatado a muchos amigos, pero también me han traído a otros y la amistad que tengo con Finnick es de lo mejor que me ha pasado nunca.
.
.
.
.
***Nota autora: Bueeeeeno, ¿qué tal? Varias cosas: la madre de Katniss aún no había aparecido y tenía que hacerlo en algún momento, y pensar eso es lo que ha dado a cabo esa conversación. A Katniss la dejaron sola en muchos más aspectos que "solo" en la tarea de alimentar y cuidar de su familia, y hacer esa conversación me ha permitido descubrirlo. Además todo el cacao mental que tiene Katniss es el que tenía yo, palabra por palabra: ¿qué haré que pase? ¿Se quedará en el distrito? ¿Se irá a la guerra? ¿Se irá al bosque? Me bloqueé como ella, pero ya lo tengo resuelto, no preocuparse.
Por otro lado la boda de Finnick me ha permitido renovar el baile y ese nuevo pacto, que queda veinte capítulos atrás pero que fue el inicio de todo esto. Lo que me recuerda… ¡este fanfic se ha convertido en el más largo que he publicado! Hemos superado los 21 capítulos de "Juntos en el 13" (que por cierto muchas gracias por el apoyo que recibió!). Y encima lo celebramos con el capítulo más largo que he publicado hasta ahora (más de 5mil palabras). Iba a dividirlo en dos y subirlos juntos, pero es que van a haber demasiados capítulos sino así que he optado por el capítulo quilométrico.
Finalmente solo decir que me gusta mucho la relación de amistad que tienen Katniss y Finnick y que seguiré haciendo hincapié en eso. El próximo capítulo se llama "Siempre" así que ya podéis haceros una idea de por dónde irán los tiros (r-e-c-o-n-c-i-l-i-a-c-i-ó-n) y así me perdonáis el capítulo anterior.
Si habéis leído toda este chapa, ¡gracias! Y me encantaría que dejarais un comentario con lo que fuera, así me animáis a continuar. También podéis encontrar fanarts sobre los juegos en mi cuenta de insta angela_moiras_art. Besos y nos vemos pronto!
