**Peeta's POV**
Mierda, no debería haberle prometido eso. Me había propuesto no acercarme a ella nunca más, ése iba a ser mi castigo por mis actos (aunque hubieran sido propiciados por Snow). Echarla de menos iba a ser mi condena y había aceptado cargar con ella, pero cuando se estresó por el baile no pude evitar hacer todo lo que estuviera en mi mano para tranquilizarla. No merece que nadie le haga daño, ni siquiera merece tener la más mera preocupación, ¿y Plutarch se atrevía a amenazar a nuestro… al niño? Me doy cuenta más que nunca que tener este bebé va a ser un error. Utilizan lo que más queremos para chantajearnos y tenernos bajo control, por eso Finnick se prostituyó y por eso a mí me hicieron lo que me hicieron. A mí ya me tienen atado con la sola amenaza de que le hicieran algo a Katniss y a ella la tenían atada delante la amenaza de que algo me pasara a mí, por eso quería quitarme del medio, para que ella fuera libre y no pudieran chantajearla nunca más. Pero ahora iban a utilizar al niño, ya no les valía con solo nosotros.
No puedo suicidarme, no ahora que sé que siguen habiendo múltiples caminos para herir a Katniss. Además, tengo que vivir para no darle más motivos a Katniss para querer seguirme, porque me confesó que también había intentado acabar con todo. Me pongo a reír como alternativa al llanto. ¿Qué clase de padres tendrá este niño? Y ni siquiera eso es lo más importante: ¿a qué futuro puede aspirar? Coin lo querrá para él, como Snow. Ambos han intentado tomar posesión de Katniss y de mí, pero hemos salido rebeldes, nos hemos intentado resistir. ¿Cómo va a resistirse alguien que ni siquiera es consciente de lo que pasa? Acabamos de darles la mejor arma del mundo contra nosotros a estos desalmados. Por eso sé que no puedo rendirme y que debo luchar por él, aunque eso signifique hacerlo a la vez que me mantengo alejado de su madre. O ese era el plan, hasta que la vi ayer en la boda.
Bailar con Katniss me hizo recordar demasiadas cosas y me hizo pensar en la remota posibilidad de poder hacer esto junto a ella. Junto a los dos. La improbable y lejana posibilidad de poder ser una familia con ellos. Casi que preferiría no acordarme de nada, porque ahora que vuelvo a sentir amor por ella, me parece casi imposible enfrontarme a esto aunque lleve toda una vida haciéndolo. Vuelvo a reírme. Me había enamorado dos veces de la misma persona. No hay salvación posible para mí.
Y aquí estoy, dando vueltas en la cama sin poder olvidar los labios de Katniss, nuestros baile y nuestra complicidad, así como la perspectiva de volver a verla mañana junto al niño. No debí haberle prometido que iría aunque fuera lo que más me apeteciera del mundo porque no sé cómo voy a reaccionar y lo que supondrá para mí. Voy a sufrir, esto está claro, la cuestión es si solo se va a quedar en eso o si voy a enloquecer una vez más.
Me duermo solo un par de horas antes de que amanezca y para cuando suena el despertador sé que va a ser un día horroroso. Me levanto sintiéndome miserable y me miro en el espejo, sigo siendo miserable tanto por fuera como por dentro. Trato de despertarme dándome una ducha y adecentándome. No tengo las esposas conmigo y no sé qué hacer. ¿Debería ir? Aún tengo tiempo para pensar en algo, aunque claro, si no se me ocurrió nada ayer por la noche dudo que lo haga ahora en menos de una hora… Me siento en la cama mientras mi pie no deja de dar golpes en el suelo. Me levanto con decisión. Voy a pedírselo a Haymtich de nuevo. Cierro la puerta, cruzo el pasillo y en menos de un segundo estoy delante de su puerta, doy unos golpecitos.
- Soy Peeta –lo siento, lo siento tanto Haymitch… debes estar más que harto de mí. Yo lo estaría, vaya, lo estoy, estoy harto de mí mismo.
Haymitch abre la puerta y suspira; sabe que voy a pedirle un favor.
- Pasa –entro y tengo que hacer un gran esfuerzo para no ponerme a llorar. Intento controlar los temblores de mis brazos y me muerdo el interior de la mejilla en un intento de concentrarme– Bueno, ¿qué tripas se te ha roto esta vez? –pregunta con una sonrisa. Él me ayudará, lo hará siempre que lo necesite y saberlo me destroza porque no quiero seguir siendo una carga para las pocas personas que me importan y que todavía quedan con vida.
- Katniss me ha pedido que vaya con ella a su visita al ginecólogo, me ha dicho que podremos ver al bebé… –se me quiebra la voz y desvío la mirada.
- Genial, así me acompañarás y no será tan incómodo –levanto la mirada de golpe. ¿Qué?–. Katniss también me dijo que fuera, pero no me había dicho que vendrías. ¿Te ha invitado en el último momento? –no le recrimina a Katniss haberme invitado, ni siquiera me mira con pena ni odio. Solamente se le ve cansado, muy cansado.
- ¿Debería no ir? –entonces se pasa las manos por la cara, se deja la mano derecha pinzando un lugar entre sus ojos, sobre la nariz. Ese debe ser el foco de dolor.
- Ven. Yo te vigilaré.
- ¿Seguro?
- Si ella te ha pedido que vayas no puedes no ir. No puedes decepcionarla de nuevo –"de nuevo". No debería dolerme porque ya lo sabía, pero me duele.
- Siento tener que meterte en esto –él niega con la mano, indicándome que no pasa nada.
- He asumido que no voy a poder estar nunca tranquilo. Además, no quiero perderos de vista.
- Gracias –digo al cabo de unos momentos. Sabe que es la única familia que me queda y no va a abandonarme. Me he quedado sin padres, hermanos y amigos. Si perdiera a Haymitch…
- No me las des, y ahora vamos, si llegamos tarde Katniss nos mata.
Avanzamos por el pasillo en silencio, no sé muy bien a dónde vamos pero por suerte él conoce el camino así que le sigo. Cuando llegamos él da unos golpecitos en la puerta. "Adelante", él abre la puerta y se mete dentro. Yo me he quedado detrás hecho un manojo de nervios, fregándome las manos sudorosas en los pantalones. Me armo de valor y entro también.
Katniss está sentada en una especie de camilla, sus pies no le llegan al suelo y le quedan suspendidos en el aire. A su lado hay dos sillas, una está vacía y en la otra hay una doctora que está acabando de configurar la máquina que trae con ella y que está conectada a un monitor. En todo momento trato de evitar la mirada de Katniss, yo solo me dedico a analizar la sala y a preguntarme si voy a ser capaz de soportar todo esto.
- ¿Esperamos a alguien más? –pregunta la doctora.
- No, estamos todos –oír su voz hace que se me revuelvan las tripas. Tengo que aceptar de una vez que estoy en la misma sala que ella. En la misma diminuta sala.
- ¿Y Prim? –pregunta Haymtich. Él es el que está más cerca de la camilla, yo estoy cerca de la puerta.
- No podrá venir. Ha estado preparándose para poder asistirme el día del parto y justamente hoy ha roto aguas otra mujer, Prim debe ir como parte de su entrenamiento.
- Creí que eras la única embarazada –estoy contento de que hablen de algo, así yo puedo quedarme al margen y seguir analizando la sala, el monitor y la máquina, en un intento de concienciarme y de no seguir sintiéndome un intruso aquí.
- Se ve que somos tres y ninguna del Distrito 13. La que está de parto hoy es del 11.
- A Prim no le gustará perderse esto –dice Haymitch.
- No te creas, a cambio será la primera que vea al bebé, puede que incluso sea la primera que lo coja. Eso le compensa –los dos se ponen a reír y a mí se me escapa una pequeña sonrisa. Casi que todo esto parece una situación normal. Por un momento levanto la mirada y sorprendo a Katniss mirándome, se ha dado cuenta de que he sonreído. Me entra la vergüenza y vuelvo a desviar la mirada.
- Muy bien, entonces empecemos. Túmbate y levántate la camisa –le ordena la doctora con voz calmada.
- Eh, eh, yo no quiero ver más de lo necesario –dice Haymitch de repente, me rio, está incluso más nervioso que yo.
- No va a desnudarse, solo se le va a ver la tripa, que es por lo que estamos aquí –dice la doctora con una sonrisa.
- Vale, vale, mejor –dice él aún nervioso y si no fuera porque acabo de recordar que cuando vino para rescatar a Katniss ella iba sin sujetador, me hubiera reído de nuevo. Pero ya no puedo hacerlo.
- No me pongas nerviosa –le riñe Katniss.
Ella se levanta la camisa como le han pedido y deja el descubierto su tripa, está más grande que la última vez y por primera vez me pregunto qué se siente al tener alguien dentro de ti, deformándote el cuerpo y nutriéndose de ti. Debe dolerle o sino, molestarle cuanto menos. Por no hablar de lo que le va a doler cuando salga el niño de ahí. Empiezo a marearme. No puedo creerme todo el dolor que le estoy causando.
- Tranquila, no está frío –le dice la doctora mientras le pone un líquido transparente sobre la tripa y empieza a pasarle una especie de cilindro por encima de la piel abultada.
De repente empiezo a oír latidos y la pantalla deja de estar en negro para empezar a dibujar líneas grises. Lo olvido todo, mi cabeza se vacía y se llena con los latidos y los colores grises que se dibujan y se desdibujan. Mis piernas se mueven por voluntad propia hacia adelante, acercándome a la pantalla. Reconozco una cabeza y un pequeño cuerpo encorvado.
- Ahí está –dice la mujer con dulzura.
Me quedo sin respiración. Es la cosa más bella que he visto jamás y está dentro de Katniss. Estoy emocionado, tanto que hasta me tiemblan las piernas. No creí que pudiera llegar a sentirme así. Me ha cambiado la vida para siempre, ya no voy a ser capaz de separarme de esta criatura, jamás. Amo con locura esa mancha gris de la pantalla y ni siquiera hace unos segundos que lo he visto por primera vez, pero siento que ya nunca voy a poder dejar de amarlo. Los latidos suenan rápido, ¿estará nervioso? ¿Sabrá que lo estamos viendo? Me encanta oír sus latidos, me recuerda que está vivo y creciendo día a día.
- Ahora sabremos su sexo. ¿Alguna corazonada? –pregunta la mujer amablemente.
- Niño –medio susurra Katniss. Me sorprendo al oírla tan cerca. En algún momento he avanzado hasta su cama con la intención de ver mejor la pantalla. Está prácticamente a mi lado pero no tengo fuerzas para separarme de ella. Parece que se haya quedado sin aire, está tan impresionada como yo por ver estas imágenes.
- Ahora lo descubriremos –eso hace que vuelva a mirar hacia el monitor. Sabremos su sexo pero no su género, pero a mí me vale cualquier tipo de información que nos puedan dar por ahora. Oigo cómo desliza el aparato entre el gel que tiene Katniss en la tripa y a la par que a mí me aumentan las pulsaciones. Le cuesta un poco obtener una buena imagen porque el bebé está de espaldas, pero finalmente se pone de lado. No sé qué tengo que ver pero estoy muy, muy nervioso–. Pues parece que es niña.
Niña.
- ¿Qué? No puede ser, ¿estás segura? –pregunta Katniss con nerviosismo.
- Segurísima, es niña –y amplía la imagen. Yo ahí no veo nada, pero quizás es eso lo que se supone que debamos ver, por eso sabe que es niña. Las piernas me fallan del todo y me siento en la silla que hay al lado de la camilla.
- No puede ser –dice ella, está muy preocupada.
- Y está sana, no parece que haya ningún problema. La niña está perfectamente –prosigue la doctora sin hacer caso de lo que Katniss dice.
- No puede ser una niña –insiste ella, pasando de la preocupación a la desesperación.
- Katniss… –empieza Haymitch. Por un momento había olvidado que seguía ahí.
- No, no lo entiendes. Tenía que ser un niño, se suponía que era… –eso hace que me despierte de mi estado de aturdimiento.
- ¿Que era qué? ¿Cómo yo? – intercedo sin darme cuenta de lo que hago, es como si todo lo que había decidido sobre la distancia que planeaba dejar con ella desapareciera. Sé que se aferró a la idea de que era un niño porque así se sentía más unida a mí y le ayudó a no sentirse sola, pero debe dejar eso atrás– Eso no importa ahora.
- Tú no lo entiendes –repite moviendo la cabeza. Es la primera vez que hablamos de esto y a mí me siguen temblando las piernas.
- Sí que lo entiendo, estás preocupada por ella. Pero ser un niño no le hubiera ayudado tampoco, le hubieran obligado a convertirse en soldado o lo hubieran enviado a las minas.
- ¿Insinúas que es más fácil la vida de una niña que la de un niño? –pregunta con enfado.
- No, claro que no, pero la persona más fuerte e increíble que he conocido jamás resulta que es una mujer –digo con endereza, pero la pierdo un segundo después–. Va a ser como tú –empieza a temblarme el labio inferior–, va a ser preciosa –empiezo a llorar en el mismo momento que me doy cuenta que no podría sentirme más orgulloso de ellas.
Trato de controlarme porque no quiero empezar a sollozar delante de ella pero no puedo hacer nada por evitar que las lágrimas bajen sin freno. Katniss me mira con los ojos brillantes, está reteniendo las lágrimas que yo no puedo contener.
- ¿Te quedarás con nosotras? –trata de preguntarme con firmeza a pesar de que veo cómo frunce el ceño y aprieta los labios. Ahora la frase incluye a otra persona pero el significado sigue siendo el mismo, así como mi respuesta.
- Siempre –entonces ella empieza a llorar también y acerca los brazos hacia a mí. Automáticamente me levanto y le beso la frente antes de apoyar mi mejilla en su cabeza y aferrarme a ella para seguir llorando.
Katniss está sollozando y a mí me falta poco para no empezar a hacerlo también. Entonces oigo a alguien más llorando, alguien que se ha sorbido la nariz a mi derecha. Me giro sin soltar a Katniss.
- Parece que el abuelo se ha emocionado también –dice la doctora. Es raro que no le haya reconocido como nuestro mentor, pero supongo que no todo el mundo está al tanto de nuestra situación (por increíble que parezca). Katniss y yo nos miramos unos momentos antes de empezar a partirnos de la risa. Pasamos del llanto a la risa con gran facilidad, es prácticamente histerismo puro.
- No soy su padre –dice él sin referirse a ninguno de los dos en concreto. Se aparta las lágrimas y trata de recuperar su pose de hombre duro. Se cruza de brazos– Y cómo esa criatura me llame abuelo me iré para no volver.
- Serás el tito Haymitch entonces –dice Katniss cosa que hace que yo siga riéndome. Hasta me duele el abdomen por este trote de llanto y risas al que le estoy sometiendo. Aún tengo las mejillas llenas de lágrimas pero no puedo parar de reír.
- Ni se te ocurra –le amenaza él.
- Oh vamos, no suena tan mal tito –digo burlándome a su costa. Y entonces me mira con reproche y sé lo que piensa: "encima que te he estado ayudando ahora te burlas de mí". Así que añado– es una broma, no te enfades –pero él ya parece enfadado.
- Recordaré esto cuando me pidas ayuda –aún estoy distraído y riéndome de todo esto cuando siento que Katniss me pone una mano en la mejilla. Me giro hacia ella y veo la esperanza en su mirada. Olvido a Haymitch y al mundo entero, solo me queda su mirada y una cálida sensación que me inunda el pecho.
- ¿De verdad vas a quedarte conmigo? –ahora todas mis dudas parecen una ridiculez, ¿cómo he podido dudar sobre cuál era mi lugar? Pongo mi mano encima de la suya que tiene en mi mejilla y la atraigo hasta mis labios para besársela.
- Sí. No voy a dejarte sola. No podría ni aunque quisiera –es la verdad, ya no tengo fuerzas para separarme de ella de nuevo. Bueno, de ellas. Recordar a la niña hace que vuelva a sonreír–. Además, una vez me dijiste que todo estaría bien siempre y cuando estuviéramos juntos, ¿no? –ella sonríe y se inclina hacia mí– te quiero –le susurro antes de hacer desaparecer el espacio que nos separa y la beso. Este beso sabe a lágrimas, como los que nos dimos el día que nos confesamos que estábamos enamorados el uno del otro, ese lejano día en su habitación del Edificio de Entrenamiento. La diferencia es que ese día no tenía esperanza, pero ahora sí empiezo a sentirla.
- Si os parece voy a recoger todo esto, ¿vale? –me separo solo un momento para ver a la doctora. Nos hemos besado bastante cerca de ella, de hecho, ha presenciado todo este numerito. Debería de saberme mal pero estoy demasiado feliz como para preocuparme, además, no se la ve incómoda. Debe haber visto esto decenas de veces.
- Espere, ¿no podemos verlo un poco más? –pregunta Katniss mirando a la pantalla. Veo cómo intenta gravarse esa imagen.
- He tomado fotografías, las imprimiré ahora mismo –la tranquiliza ella. Entonces nos echa un vistazo a los tres y añade– ¿Cuántas imprimo?
- Depende ¿cuál es el límite? –pregunto como respuesta. Todos se echan a reír menos yo– Lo digo enserio, quiero varias copias –Katniss vuelve a ponerme una mano en la mejilla.
- Coge tantas como quieras.
**Katniss' POV**
Ni un millón de años hubiera podido imaginar que hoy iría de este modo. Me he pasado la noche teniendo pesadillas sobre Peeta perdiendo el control de nuevo como resultado de la tortura y con los soldados intercediendo otra vez, alejándolo de mí. Pero aún había una alternativa incluso peor: que Peeta estuviera plenamente consciente y que decidiera dejarnos de lado por voluntad propia. Pero no había ido así para nada. Yo estaba muy nerviosa por tenerlo tan cerca pero en cuanto se conectó la pantalla recordé a qué habíamos venido y cuando vi la figura del bebé me olvidé completamente de todo. Yo sabía que estaba vivo, lo sentía moverse dentro de mí, pero jamás lo había visualizado de este modo. Verlo por primera vez me dejó completamente anonadada y con ganas de echarme a llorar por ver lo que ahora se había convertido en la cosa más importante de mi vida. Había estado tan centrada en mí misma que apenas había prestado atención a Peeta. Cuando le vi emocionado ante la perspectiva de tener una hija sentí que ya nada importaba: ni el pasado, ni los Juegos, ni siquiera las secuelas que ambos teníamos. Peeta podría ser el padre que siempre sabía que podía ser e incluso quizás, también podría ser una pareja para mí. Los tres podríamos ser la familia que tanto esfuerzo había puesto todo el mundo en intentar destrozar. Así que se lo pregunté. No sentía rencor ni miedo, solo amor y certeza: quiero que esté con nosotras. "Siempre". Solo de recordarlo se me eriza la piel. Lo lograremos, si estamos juntos lo lograremos. Creo recordar que incluso también dijo que me quería. Estoy tan contenta que hasta me pondría a saltar sino fuera que me es físicamente imposible. La niña está bien y Peeta me quiere. Es el mejor día que he vivido desde que llegué a este claustrofóbico distrito.
- Aquí tenéis –Peeta coge con ilusión el sobre con las fotografías. Al final sí había un límite y solo nos podemos quedar una por persona, aunque creo que planea quedarse con la foto de Haymitch.
- Gracias –Peeta abre el sobre y le echa un vistazo a las fotos. Sonríe como un bobo y yo siento una calidez inmensa recorrerme todo el cuerpo. Entonces me enseña la imagen– ¿No te parece que sonríe? –no creo que eso sea posible pero estoy tan contenta que no me cuesta visualizar una sonrisa.
- Debería, tiene motivos para estar feliz –y pongo las manos sobre ella para sentirla cerca.
- ¿Ya te has hecho a la idea de que es una niña? –me pregunta guardando de nuevo las fotografías en el sobre.
- Creo que me va a costar un poco, hace mucho tiempo que lo visualizaba como a un niño –digo un poco avergonzada. No es que me disguste que sea una niña, para nada, pero no puedo evitar pensar que va a tener una vida mucho más difícil. Recuerdo a Prim de bebé y ya me imagino rodeada de vestidos una vez más. Aunque claro, no tiene por qué. Creo que le voy a poner pantalones en lugar de faldas, ya que son infinitamente más cómodos– ¿y tú qué? Veo que te has hecho muy rápido a la idea de que vas a tener una hija –eso lo deja momentáneamente descolocado– ¿qué? –niega con la cabeza.
- Solo me hecho rápido a la idea de que va a ser niña, pero no al hecho de que vaya… –parece que le cuesta terminar la frase– de que vaya a ser padre.
- Pues así es como son las cosas –dice Haymitch dándole un buen golpe en la espalda. Peeta asiente aunque no está convencido del todo.
- Creo que solo me ganaré ese título cuando actúe como tal –no termina de creerse que todo esto sea real. Haymitch pone los ojos en blanco y yo me rio.
- No puedo aguantar tanta ñoñería –y sale hacia al pasillo. Peeta y yo agradecemos lo que ha hecho a la doctora y salimos tras él.
- Tú también vas a tener que ganarte el título de tío –le digo para chincharlo.
- Dejadme en paz –dice él solamente aunque sé que en realidad se alegra por nosotros. Sobre todo por el hecho de que hagamos hecho las paces–, por cierto, ¿por qué me seguís? –eso hace que me detenga.
- ¿A dónde vas?
- A echarme una siesta, ayer la fiesta terminó muy tarde –miro a Peeta y sé que no quiero volver a separarme de él.
- No queda mucho para comer, ¿quieres ir a la cantina? –me ofrece él y acepto sin pensármelo, luego mira a Haymitch– Te guardaremos un sitio por si quieres unírtenos.
- No te molestes, creo que seguiré durmiendo –dice bostezando. Sí que parece que tenga sueño–. Hasta otra.
- Espera, te doy tu copia –dice Peeta sacando el sobre.
- Te la puedes quedar –dice él con poco interés. Sé que quiere al niño, quiero decir niña, pero no quiere que le veamos blando (aunque va listo si cree que olvidaré que lo he visto llorar por esto).
- Y gracias por haber venido –digo deprisa porque temo que se vaya antes de que se lo pueda agradecer. Él levanta la mano indicando que no hay de qué. Pero entonces se gira.
- Por cierto, se me olvidaba –parpadea un par de veces como intentando quitarse el cansancio de encima–. Estaré alerta, ¿vale? Por si Katniss decide pasarse por tu cuarto –eso hace que se me suban los colores pero en realidad nos está haciendo un favor. Él va a estar pendiente, lo que me da la seguridad que necesito para atreverme a encontrarme de nuevo a solas con él.
- Gracias, no sé si eso pasará pero vale –dice Peeta y eso me desanima un poco. Quizás aún sea demasiado pronto… pero bueno, hoy ya hemos avanzado mucho, además que ha prometido quedarse con nosotras, así que no me permito que esto me quite la alegría.
Cuando llegamos al comedor sé que seremos el centro de todas las miradas y desearía que no estuviéramos Peeta y yo solos, pero tengo que enfrontarme a esto como cuando me vine aquí con Octavia, Flabius y Venia. Siempre llamando la atención… en fin. Hago ver que no veo cómo nos miran y nos ponemos en la fila para conseguir la comida, luego nos ponemos en una mesa alejada y empezamos a comer con apetito (llorar siempre abre el apetito). El recuerdo de mi hija hace que se me dibuje una sonrisa en los labios.
- ¿Qué pasa? –la pregunta de Peeta me saca de mi ensimismamiento.
- ¿Qué?
- Has sonreído.
- Ah… –niego con la cabeza– nada, estaba pensando en que esta pequeña me ha tenido engañada todo este tiempo –me acaricio el vientre.
- Una niña… es increíble… –levanto la mirada y le veo contento. Está soñando despierto imaginándose a la pequeña. No podría estar más contenta– Katniss lo que dije antes lo decía enserio.
- Lo sé.
- No voy a separarme de ti –me coge la mano y yo se la aprieto.
- Lo sé –repito con confianza.
- Pero debes prometerme una cosa –eso me hace saltar todas las alarmas.
- No me gustan los peros.
- Katniss, esto es serio –y eso hace que le suelte la mano. Qué ilusa he sido, todo esto era demasiado bonito.
- ¿Cuál es el pero?
- Si volviera a tener otro ataque… –no dejo que continúe.
- Peeta…
- No, quiero dejarlo claro –dice serio y trata de cogerme la mano de nuevo pero yo me niego y la aparto. Él prosigue–. Katniss si volviera a pasarme, quiero que os prioricéis a vosotras en todo momento.
- Pero… –digo quejándome.
- Katniss –me insiste–. Llegado el momento haz lo que tengas que hacer –eso me deja completamente helada.
- No –me niego–. Habrá otra manera, siempre hay otra manera.
- Si la niña o tú llegarais a correr verdadero peligro…
- ¡No! –no quiero escuchar esto.
- Mátame –me levanto y empiezo a andar. Las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas.
- ¡Espera! –Peeta me alcanza cuando estoy en el pasillo.
- ¡Dijiste que estarías a mi lado! –me quejo. Le creí, le había creído cuando dijo que se quedaría conmigo.
- Y lo haré siempre y cuando me prometas que llegado el caso, priorizarás vuestra vida.
- ¡No quiero tener que hacer eso! –estoy cansada de esta montaña rusa en la que estoy montada. Peeta dice que va a estar conmigo pero que quiere que le mate. ¿Cómo se entiende eso? Es el pez que se muerde la cola. Si Peeta viene conmigo, correremos este peligro, si no quiero correrlo, debo alejarme de él. Pero no puedo. No quiero.
Estoy histérica y Peeta me abraza. Intento resistirme pero necesito tanto estos brazos que consigue que deje de moverme. Me rindo y le abrazo con todas mis fuerzas.
- Por favor Katniss. Solo prométeme eso. Yo haré todo lo que esté en mi mano y más para que no suceda, pero si llegara a suceder… solo estaré tranquilo si sé que impedirás que os haga daño –lo dice con suavidad, como si no estuviera pidiéndome que le quite la vida.
- No Peeta…
- Por favor –me suplica. No puedo matarle. No puedo. Es algo que llevo sin poder hacer desde que empezó todo esto y se convirtió en mi rival en los Juegos.
- No puedo.
- Por favor –me suplica. Sé que protegeré a la niña pase lo que pase. Incluso a pesar de mi propia vida pero…–. La quiero, os quiero a las dos. Katniss, tenemos que proteger a nuestra hija –es la primera vez que la llama "hija" en voz alta–. Debes impedir que os haga nada. Por favor… –me aferro más fuerte aún a su cuello.
- La protegeré –eso puedo prometérselo, no es mentira.
- A pesar de lo que me pase a mí –me recuerda. Me resisto a aceptarlo–. Katniss…
- Maldita sea, vale, lo haré –digo derrotada–. ¿Ahora sí cumplirás tu promesa de no dejarme sola de una buena vez? –me besa como toda respuesta y yo me aferro a su rostro con necesidad. Hacía mucho que no nos besábamos así. Cuando se separa le miro con aprensión, necesito más.
- Vamos a mi habitación –ha dicho justo lo que quería oír.
- Vamos –nos cogemos de la mano y empezamos a correr por el pasillo.
Por fin nos dejamos llevar y nos entregamos a lo que hacía días nos estábamos negando. Nos besamos con urgencia y necesidad. Hacía mucho, demasiado, que sus dedos no recorrían mi piel. Ya no hay más miedo, ya no hay vergüenza, solo la certeza de que queremos estar juntos y que ahora ya sí, nada va a separarnos. Tenemos un nuevo pacto.
Había necesitado tanto estar con Peeta que la angustia y la urgencia habían guiado mis movimientos y prácticamente habíamos terminado en un abrir y cerrar de ojos. Ni siquiera recuerdo haber entrado en la habitación, pero he tenido que hacerlo porque ahora me encuentro en su cama. Estoy satisfecha y contenta, aunque me da la impresión de que hemos ido demasiado deprisa. Supongo que es lo que pasa cuando llevas tanto tiempo privándote de algo y además tienes las hormonas completamente revolucionadas por culpa del embarazo... pero bueno, aquí estamos. Me encuentro de fábula pero ahora que se me empieza a esclarecer la mente y miro a mi alrededor, los recuerdos de lo que pasó aquí la otra vez empiezan a colárseme dentro.
- Esto ha sido una temeridad.
- ¿Por qué dices eso? –su pecho sube y baja tratando de recuperar el aliento.
- Tú no estás recuperado del todo –digo preocupada. Me he permitido no pensar en nada y entregarme a esto, pero él hubiera podido sufrir un ataque perfectamente. Nada nos garantizaba lo contrario.
- Pensé que creías que estaba mejor –es verdad, mi impaciencia ha hecho que lleve diciéndoselo casi desde el primer día.
- Pero podrías haberte puesto nervioso de nuevo… –digo preocupada.
- Bueno, pues podemos afirmar, con total seguridad, que todo ha ido bien –está desnudo a mi lado y con una sonrisa que no le cabe en la cara. Ya creo yo que sí.
- Mejor que bien –nos miramos unos momentos antes de echarnos a reír. Menudo reencuentro.
Se pone de lado y se levanta un poco apoyándose la cabeza con la mano, mientras que con la otra me acaricia de forma ascendente y descendente desde el hombro hasta el codo.
- Creo que deberíamos empezar a organizarnos.
- ¿Organizarnos? –me pongo de lado como él y empiezo a acariciarle el pecho dibujándole pequeños circulitos.
- Sí, ahora que ya no vamos a separarnos –me gusta oírle decir eso con tanto convencimiento–, creo que deberíamos hacer ciertos cambios.
- ¿Cómo cuáles? –no puedo evitar decirlo con cierto tono juguetón.
- Como que vengas a mudarte aquí –se me forma una sonrisa ante tal perspectiva.
- ¿Estás seguro? Vivir con una embarazada puede ser complicado…
- Me da igual, pienso ayudarte en todo. Traeremos aquí todo lo que puedas llegar a necesitar y más.
- Mi cuerpo seguirá deformándose…
- Seguirás siendo preciosa estés como estés –me asegura.
- Y tendré cambios repentinos de humor… –él sonríe con suficiencia.
- Bueno, a eso ya estoy acostumbrado.
- ¡Peeta! –me quejo dándole un golpe en el brazo– ¡Pero si el que no ha dejado de cambiar de opinión todo el rato has sido tú!
- Lo siento, era broma –su risa es contagiosa así que rápidamente me uno a él.
- ¿Y cuándo quieres que me traslade?
- En realidad me gustaría que ya no te movieras de aquí –vuelvo a reírme.
- ¿Y esta repentina urgencia? –estoy disfrutando con esta conversación.
- Ya nos han robado suficiente tiempo, ¿no crees? –dice agarrándome de la cintura y atrayéndome hacia él, haciendo que nuestros cuerpos vuelvan a estar en contacto. Me hago de rogar un poco, pero no puedo mantener esta posición durante más tiempo porque sus labios me reclaman de una manera demasiado convincente.
- Estoy de acuerdo –digo al fin y volvemos a enzarzarnos en un urgente intercambio de besos y caricias.
.
.
.
.
.
**Nota autora: ¡Ya han hecho las paces! Y esta es la buena. Katniss y Peeta por fin juntos para enfrentarse a un nuevo reto en común: darlo todo para proteger a su hija.
Este es un capítulo quilométrico (5.500 palabras), pero es que no había una buena forma de cortarlo (esta parte la he estado escribiendo en diferentes tiempos porque es donde me quedaba bloqueada, de aquí que hayan diferentes parches) y como creo que tener muchos capítulos es un arma de doble filo, prefiero que sean largos pero menos abundantes (para haceros una idea: iba a cortar cuando Katniss le dice que coja tantas fotos como quiera, casi por la mitad de lo que ha resultado ser este capítulo!). Así que perdón si hacia el final tiene poco sentido y está todo apelotonado.
El siguiente capítulo será quilométrico también y se llamará "Colibríes". Muchas gracias por seguir leyéndome y por favor dejadme un comentario con cualquier sugerencia que tengáis, ya que me encantaría saber vuestra opinión ;) ¡Muchos besos y cuidaos!
