La vida en esta pequeña habitación ha mejorado considerablemente: hemos aprendido a organizarnos mejor, nos hemos acostumbrado a la rutina con Willow y, sobretodo, la decoración ha mejorado tanto que me pongo de buen humor con solo ver los dibujos. Hasta Willow parece más feliz ahora que sus muñecos tienen color.
Annie y Finnick vienen a vernos de vez en cuando (Annie está completamente ilusionada con Willow, casi tanto como Prim). Antes me agobiaba un poco que vinieran a vernos pero ahora dejo que la gente venga, lo que incluye a Johanna (sí, vino un día con Finnick, estuve a punto de echarla porque no quería verla cerca de Willow pero por suerte ese día se comportó bien), e incluso vino una vez Delly Cartwright, la amiga de la infancia de Peeta. Todos quieren ver a la pequeña estrella y en el fondo, me encanta. Willow los tiene a todos comiendo de la palma de su mano; sus gigantescos ojos y sus larguísimas pestañas encandilan a todo el mundo, incluso a Haymitch. Aún no hemos averiguado bien el por qué (pensamos que quizás sea por la barba) pero el caso es que Willow se parte de risa cada vez que ve a Haymitch y él, por más malhumorado que esté, no es inmune a las risas de bebé que siempre terminan por desarmarlo.
Willow ha heredado mi piel aceitunada, pero aun así yo creo que está pálida. Es difícil saberlo porque siempre la hemos visto así, pero yo creo que sí lo está. En esos momentos me digo que no podemos hacer nada, que hasta que no termine la guerra Willow no podrá ver el sol, pero le prometo diariamente que algún día la llevaré al bosque y entonces estará tan morena como yo. Lo que me alivia es verla regordeta porque sí, lo está, no es como esos niños raquíticos a los que estaba acostumbrada a ver, ella come muchísimo (lo que me desgasta a mí pero no me importa) y enseguida ha empezado a coger peso, lo que empieza a pasarle factura a mis brazos pero no podría molestarme menos. Tiene salud, tiene buen aspecto, se la ve feliz… es perfecta, y no podríamos haber tenido más suerte.
Al final el Distrito 2 cae en manos de los rebeldes, todo avanza según los planes y Gale vuelve al distrito. Cuando le veo en el comedor no puedo evitar correr a recibirle aunque me detengo a unos pasos de él. Cuando nos separamos estábamos enfadados, bueno, él lo estaba, porque yo seguía amando a Peeta y no podía amarlo a él como él quería, así que de repente me quedo quieta sin saber qué hacer, pero él me sonríe y extiende los brazos hacia mí, lo que me decide a seguir mi trayectoria hacia él y abrazarlo.
- Estaba preocupada, creí que ya no volverías –Gale me suelta y me inspecciona.
- Dijeron que ya había nacido. ¿Cómo está el bebé? ¿Cómo te encuentras? –al parecer este tiempo separados le ha sentado bien porque no parece odiarme o sentir rencor hacia mí.
- Estamos las dos perfectamente, Willow es maravillosa, tienes que conocerla –digo contenta y tirando de él hasta mi mesa porque estoy hambrienta y podemos hablar y comer a la vez.
- Willow es un nombre muy bonito. Espera voy a buscar mi comida –cuando Gale vuelve yo casi me he terminado mi plato, que era bastante grande (por suerte han aumentado mi ración debido a mi condición)–. Cuéntamelo todo.
Le hago un resumen de cómo es mi vida ahora, también hablo de Peeta y aprovecho para ver cómo se siente al respecto. Al parecer ha acabado por asumir que la situación es la que es, y que yo quiero a Peeta. Él me escucha atentamente y se alegra por lo que le cuento (o al menos, lo finge muy bien). Luego él me cuenta cosas de la rebelión, lo que hace que me olvide rápidamente de mi vida doméstica: la guerra está en su clímax, los rebeldes ya se están infiltrando en el Capitolio y es cuestión de semanas que caiga. Snow podría morir pronto y la simple perspectiva de eso me provoca unos escalofríos placenteros.
- ¿Crees de verdad que ganaremos?
- Sí, estaré aquí unos días y luego iré al Capitolio para ayudar a conseguir la victoria –Gale habla con mucho entusiasmo de la causa, tanto, que se encomienda. Gale se ha convertido en un soldado de los pies a la cabeza.
- Quiero matar a Snow –ése ha sido mi sueño desde que sacaron el nombre de Prim de la urna. No había nada que ansiara más que hacer justicia por fin.
- Morirá, ese viejo tiene los días contados.
- Pero quiero matarlo yo –insisto, necesito que así sea.
- No querrás venir al Capitolio, ¿no? –me dice con una risita y eso me congela. ¿Quiero? No respondo a su pregunta y cambio de tema.
- Oye, ¿quieres que te haga un mapa de los sitios más pintorescos para hacer turismo en el Capitolio? –digo en broma porque a mí llegaron a bautizarme como "la niña bonita del Capitolio" y con ese nombre cualquiera diría que tenía una vida súper excitante en esa gran ciudad, nada más lejos de la realidad claro– Mira, hay un rascacielos cerca de la plaza muy bonito. Si pasas por ahí cerca, ¿me harías el favor de hacerlo volar en mil pedazos? –suelta una risita, sabe que le hablo del Edificio de Entrenamiento.
- Por supuesto, ¿algo más que deba destrozar?
- La plaza, ya puestos –los dos nos echamos a reír.
Charlamos un poco más y decido llevármelo a mi compartimento para presentarle a Willow porque me hace ilusión que la conozca. Llamo a la puerta.
- Peeta soy yo, ¡traigo a Gale! –me parece buena idea ponerle sobre aviso. Al cabo de unos segundos oigo como quita el pestillo.
- Hola Gale, bienvenido –dice de manera cordial. La última vez que se vieron se liaron a puñetazos, espero de verdad que este encuentro sea mucho más civilizado.
- Hola panadero, te veo bien –dice también con formalidad.
- Gracias, me encuentro mucho mejor.
- Me alegro, de verdad –parece sincero. Él fue quién lo rescató al fin y al cabo, así que sabe cómo de herido estaba y por más celos que sientas de alguien, no puedes evitar dejar eso a un segundo plano en esas circunstancias.
- Ven, pasa a ver a la pequeña –digo cuando noto que el ambiente empieza a tensarse.
- Bonita decoración –comenta al entrar.
- Gracias, lo ha hecho Peeta –digo aunque no hacía falta hacer tal aclaración, sabe de sobra que yo no sé dibujar y que el artista aquí es él. Me acerco a la preciosa cuna y cojo a Willow entre mis brazos–. Gale, esta es la revoltosa de Willow –la pequeña está despierta pero está entretenida con su chupete, no le presta atención a Gale así que trato de ponerme de manera que Willow pueda verle bien–. Willow, él es Gale, él es…
- Un primo lejano – Gale rellena la frase por mí. Primos, aún se acuerda.
- Eso, un primo –Willow parece por fin fijarse en Gale pero sigue teniendo poco interés en ese desconocido– ¿Quieres cogerla?
- ¿Puedo? –pregunta tímido. Ha pasado por manos de todos nuestros conocidos, ya no nos viene de uno más.
- Claro –se la paso con cuidado y él la sujeta con firmeza. Tiene experiencia con bebés puesto que tuvo que cuidar a Posy más de una vez. A pesar de que Gale la sujeta correctamente, la niña empieza a patalear con nerviosismo.
- ¿Willow qué tienes? –digo poniéndole otra vez el chupete pero ella sigue quejándose hasta empezar a llorar sonoramente.
- Dámela –dice Peeta cogiéndola. La mece y le besa la cabecita hasta que se calma.
- Lo siento, a veces se pone nerviosa con la gente que no conoce… –digo tratando de excusarla pero él no parece ofendido.
- Descuida –mira a Willow fijamente, mi pequeña ha logrado captivarlo también, no hay nadie que se le resista–. Es increíble que sea tu hija, vuestra hija –se corrige–, es algo que sigue sin entrarme en la cabeza –miro a Peeta abrazando a la pequeña con un amor infinito y no puedo sentirme más orgullosa de él–. Es preciosa, de verdad. Y se la ve muy inteligente.
- Gracias –dice Peeta, y entonces le coge la manita–. Cuando sea mayor iré al bosque a cazar ardillas –dice tratando de poner una voz infantil. Hace días ya que somos víctimas de esta ridícula enfermedad conocida como "hablar de la manera más ñoña y cursi posible". Siempre pensé que era una estupidez y nunca entendí por qué lo hacía la gente… pues bueno, ya lo entiendo.
- De eso no me cabe duda.
**Peeta's POV**
Sé que Gale es alguien muy importante para Katniss y durante años asumí que yo nunca llegaría a ocupar el mismo lugar que él ocupaba en su corazón. Incluso después de los Juegos, con mi corazón roto, acepté que Katniss le amaba a él. Siempre me infravaloré y sufrí en silencio… pero después de la tortura tengo la mente clara: he sido capaz de ver mi historia desde fuera como un espectador y lo que he visto no me ha gustado nada. La conclusión que he sacado es que ese sentimiento de inferioridad tiene que desaparecer, principalmente porque Katniss me escogió a mí, así que de nada sirve tener miedo. Gale no me cae bien, lo reconozco, para qué engañarnos. Sus discursos sobre la guerra y la forma en que siempre ha chantajeado emocionalmente a Katniss me ponen enfermo, pero sigue siendo un buen amigo para ella así que hago esfuerzos por no recordar que no salvó a mi familia del bombardeo en el 12. De hecho, Katniss no me habla del tema pero sé que se pelearon mientras yo me estaba recuperando, puede que incluso antes de que llegara al distrito también. Gale dejó de ser capaz de entender a Katniss cuando se la llevaron a los Juegos y por más que lo intente, nunca podrá entender por lo que pasó de la misma manera que lo entiendo yo. Quizás sean buenos compañeros de caza pero no veo qué más podrían tener en común a estas alturas. Igualmente él es importante para ella y si ella está contenta, todos lo estamos, así que hago todo lo posible para tolerar a Gale, aunque me cuesta mucho y a veces no lo consigo, como ahora, porque se le ve lo mucho que sigue queriendo a Katniss. Nunca estaré cómodo con él porque sé lo que él quiere y, hasta que sus sentimientos no cambien, tampoco lo harán los míos
Que Willow no haya querido que él la cogiera ha sido un bendito regalo del cielo. No podría estar más orgulloso de que mi pequeña le hiciera ese feo. Lo considero como una victoria personal, tanto por el hecho en sí como por haber logrado mantener la compostura y no haberme puesto a reír, que es lo que en realidad quería hacer. Cuando la rescaté de él me hizo estúpidamente feliz, sé que es una tontería pero qué le voy a hacer: Willow me quiere a mí, su padre, y no a este especie de ex que me dio una paliza unos meses atrás.
- Realmente es una niña preciosa –susurra Gale. Incluso alguien como él, que me odia con todas sus fuerzas, puede darse cuenta de eso–. Quiero pediros disculpas –eso logra captar mi atención, ¿qué ha dicho?
- ¿Por qué? –pregunta Katniss.
- Por todo. Primero quiero pedirte disculpas a ti por el puñetazo que te di en la cantina –su comentario me deja cerca de la catatonia. Gale, ¿pidiéndome disculpas? ¿A mí? ¿Es eso posible?
- Bueno, yo estaba fuera de control… –digo para intentar restarle importancia al asunto. Sin embargo, aunque no recuerdo bien los sucesos, sí recuerdo el dolor y los moratones posteriores.
- Estabas enfermo y golpearte no era la solución –reconoce. Ciertamente esos golpes no fueron para nada acertados para alguien que había pasado semanas siendo torturado.
Tardo unos momentos en responderle, lo que me sirve para poder asimilar todo esto y, ya sea dicho de paso, para hacerme de rogar un poco (no todos los días Gale te pide disculpas, de hecho, es la primera vez que le oigo decir nada semejante a nadie). Cuando por fin asimilo sus palabras sonrío con amabilidad.
- Gracias, acepto tus disculpas.
- ¿Sin rencores? –asiento porque aceptaré cualquier intento que tenga de normalizar las cosas entre nosotros, aunque admito que se me queda una pequeña espinita. Son demasiados años de mala relación, tendremos que trabajarlo.
- Sin rencores –repito. Katniss pone su mano en mi brazo, dándome a entender que está orgullosa de que hayamos hecho esta tregua de paz.
- Y ahora quiero pedirte disculpas a ti, por lo duro que fui contigo –le dice a Katniss–. Está claro que me equivoqué –en ese momento desvía su mirada hacia Willow, lo que provoca que inmediatamente se me ponga el vello de punta.
- Eso es agua pasada.
Es obvio que me he perdido algo pero no parecen muy dados a contarme el qué. Intuyo que no debería entrometerme en sus cosas pero ha mirado a Willow y si esto le concierne a ella, entonces me concierne a mí también. Sé que Katniss no me lo contará si se lo pregunto, seguro que tratará de relativizar la situación y no me lo dirá, así que si quiero saberlo tengo que insistir ahora para sonsacárselo.
- ¿Os peleasteis mientras estaba en el Capitolio? –trato de decir de manera casual.
- Nos peleamos siempre –responde Katniss con la misma naturalidad. No estaba equivocado al asumir que no querría hablar del tema.
- Por suerte no fue muy grave, ¿no? –digo mirando a Gale y hurgando un poco en la herida, es él quien tiene que decírmelo. ¿Qué le hizo a Katniss? Gale me mira con seriedad unos momentos decidiendo si dar más detalles o no. Termina por decidir que es algo que sí me atañe así que me lo cuenta.
- Cuando descubrí que estaba embarazada no reaccioné muy bien –me pongo alerta. Ya me puedo imaginar la batalla campal que debió ser eso (y más teniendo en cuenta que está pidiendo perdón por ello).
- Fue hace mucho… –dice Katniss en voz baja. Me temo lo peor.
- Pero eso no quita lo que dije. Al ver ahora a Willow no puedo evitar sentirme fatal… –se me seca la garganta. ¿Qué dijo de mi hija?
- ¿Por qué? –pregunto incapaz de detener mis palabras. Él da un profundo suspiro y desvía la mirada al suelo, apesadumbrado.
- Porque le insistí para que se deshiciera de ella.
El calor abandona mi cuerpo y mi mente se vacía. Antes de que nadie pueda impedirlo mi puño ya ha salido volando en dirección a su cara. Ha sido un golpe firme, rápido y certero, pero sobretodo ha sido inesperado, porque Gale estaba con la guardia baja de modo que mi puñetazo lo ha desequilibrado y lo ha hecho caer al suelo. Katniss grita y empieza a hacer aspavientos pero yo estoy muy, muy calmado.
- ¡¿Se puede saber qué haces?! –Katniss no sabe a dónde acudir primero, pero termina por arrodillarse al lado de Gale–. ¿Estás bien? –él se palpa la sangre que le sale por la nariz. Está serio pero no enfadado. Él lo entiende– ¡Podrías haber herido a Willow! –grita Katniss levantándose para quitármela pero yo me mantengo erguido y serio, sujetando firmemente a mi hija.
- Willow está perfectamente –y es cierto, ella ni se ha enterado. Willow es como una extensión de mi brazo y está tan ricamente entretenida jugando con mi camisa.
Debe haber sido el puñetazo más bien controlado que he dado en toda mi vida: el golpe ha sido limpio y la oscilación de mi puño no ha alterado para nada a la pequeña que confía en mí ciegamente. De todos los que estamos en esta habitación, la única que está alterada aquí es Katniss, que nos grita incongruencias.
No tengo padres, no tengo hermanos, no tengo ningún pariente vivo. Sin Katniss y sin Willow no tengo nada. Gale estuvo a punto de privarme de mi hija, algo completamente imperdonable e inconcebible a estas alturas. Este puñetazo es el mínimo castigo que podía recibir y lo sabe, por eso Gale no se queja ni se defiende. Sin romper el contacto visual que hemos estado manteniendo todo este rato, me agacho y le tiendo la mano para ayudarle a ponerse de pie. Él acepta mi mano y le levanto.
- Ahora sí estamos en paz –digo serio. Seguimos sosteniéndonos la mirada hasta que Gale sonríe.
- Ése ha sido un buen gancho, tengo que reconocerlo.
- ¡Estáis locos! –Willow se muestra reticente a abandonarme pero Katniss me la arrebata sin miramientos– ¡Locos! No puedo ni… –sigue haciéndose un lío para hablar, está histérica– ¡salvajes! ¡Los dos! ¡Maldita la hora que se me ocurrió juntaros!
- No pasa nada, Katniss –dice Gale con tono calmado para tratar de tranquilizarla, pero eso no pasará, no se calmará así por las buenas.
- ¡Sí que pasa! Se acabó, tú fuera, vete a que te curen eso –dice señalando a Gale– y tú… –me dedica una profunda mirada de enfado– ya veremos qué pasará contigo.
Gale me dedica una mirada llena de comprensión y lástima; sabe lo que me espera. Inclina suavemente la cabeza a modo de despedida y yo hago lo mismo. Cuando nos deja solos me preparo para la tormenta.
- De todas las personas que conozco…
- Katniss… –empiezo.
- Nunca habría pensado que actuarías de esta manera –dice continuando con su bronca sin haberme escuchado siquiera–. ¿Cómo se te ocurre? ¡Te había pedido perdón!
- No era suficiente y lo sabes –espeto. Está a punto de abrir la boca de nuevo pero me le adelanto–. Gale me habría arrebatado a mi hija, ¿quién es él para tomar una decisión así? Sois todo lo que me queda en este mundo, no podría vivir sin ninguna de las dos –trato de hacerle ver la importancia de todo esto y, aunque entiende su importancia, sigue desaprobando mis métodos–. Créeme necesitábamos eso. Mis palabras habían sido vacías, ahora Gale sabe que estamos en paz de verdad –Katniss lo medita.
- Seguís siendo unos salvajes, ¿no sabéis estar en la misma habitación sin intentar mataros el uno al otro? –Willow levanta los brazos para volver conmigo. Katniss trata de ignorarlo hasta que no le queda otro remedio que devolvérmela.
- Nunca haría nada que dañara a Willow. Es más, si algún día llega a enterarse de esto estoy seguro que me lo agradecerá –abrazo a la pequeña un poco más fuerte. Es pensar en no tenerla junto a mí y sentir que me falta el aire.
- ¿Aplaudirá que lo aporrearas? Entonces habremos hecho un pésimo trabajo como padres –ella sigue enfadada pero yo no me arrepiento. Entonces se me ocurre algo.
- ¿Qué le dijiste?
- ¿A qué te refieres?
- A Gale, ¿qué le dijiste cuando…? –no me atrevo a decirlo en voz alta y menos con Willow delante– Porque es obvio que no le escuchaste, a propósito, gracias por eso –Katniss da un largo suspiro y de repente me la imagino sola en este Distrito, luchando por algo en lo que nadie la apoya y enfrentándose al reto más complicado de su vida (lo que es decir mucho teniendo en cuenta que ha pasado por dos Juegos).
- Pues le envié a freír espárragos.
- ¿Solo eso? –vuelve a enfadarse.
- ¿Qué quieres? ¿La transcripción completa? No me acuerdo de lo que le dije, no tengo una copia de la cinta… –si no fuera por esa mueca que indica que se acaba de dar cuenta de que ha hablado más de la cuenta, habría pensado que lo de la cinta era solo una forma de hablar.
- ¿Hay una cinta? ¿De la discusión? –digo ilusionado porque me entusiasma la idea de ver a Katniss gritándole a Gale.
- ¡No! ¡No lo sé! ¡Argh! –sacude la cabeza con frustración– llevábamos los micrófonos y todo el pelotón lo oyó, espero que a nadie se le ocurriera guardarlo.
- ¿Haymitch lo oyó? –el incremento en su enfado me indica que así fue.
- Bueno se acabó –dice harta de este tema– Y tú no pongas esa mirada, no vas a ir a ningún sitio a preguntar nada, te toca bañar a Willow –me recuerda. Ha sabido leer mis intenciones a la perfección porque había querido ir a ver a Haymitch inmediatamente.
- Vale, vale, ya voy –me dirijo hacia el baño y cuando paso por su lado me aseguro de susurrar lo suficientemente alto como para que me oiga: – como me entere que también le diste un puñetazo…
- ¡Peeta! –pero yo ya he corrido y me he encerrado en el baño.
.
.
.
.
**Nota autora: ¡Hola! Preparé este capítulo para subirlo la semana pasada pero cuando terminé los arreglos y lo leí en domingo a última hora tuve claro que no iba a publicarlo. Tenía dos finales para este capítulo y el que había escogido no me convencía, así que le he dado más tiempo hasta convertirlo en esto. Espero que os haya gustado el resultado final! Nos vemos la próxima semana con un capítulo en el que ya nos adentramos en la trama de la guerra, ¡besos y cuidaos!
