Me cuesta pero consigo volver a nuestra habitación sin tener que preguntarle el camino a nadie. Cuando entro Peeta se levanta de golpe de su asiento. Cualquier diría que he entrado dando un portazo, pero nada más lejos de la realidad, he sido más silenciosa que nunca y de hecho Willow ni se ha enterado, está en el suelo jugando con unos cubos de madera. Pero Peeta me esperaba, seguramente desde hace horas, mirando a esa puerta cerrada. Veo el agobio y la preocupación en su mirada y por primera vez en todo el día me siento mal por haberle preocupado. Veo que quiere decirme mil cosas, pero también sabe que no le responderé y que, si me acorrala, volveré a irme. Peeta se vuelve a sentar, derrotado, y yo me dirijo hacia el baño.

- Tengo aquí tu cena –dice cuando le paso por el lado.

- Necesito darme una ducha primero –aún siento el olor a rosas encima y eso me provoca arcadas. Me entretengo un poco en la ducha porque no quiero enfrontarme a Peeta todavía y por primera vez en varios meses, se me ocurre mirarme desnuda delante del espejo.

Francamente, tengo el cuerpo tan mal que ni siquiera se ven las consecuencias del embarazo ya que queda oculto por todo lo demás. Vuelvo a estar en los huesos y esas rayas de ahí podrían ser estrías si no fuera porque se confunden con otras cicatrices y quemaduras que adornan mi piel además de los injertos. Mi piel ahora mismo es como un puzle de diferentes colores y texturas. Soy un desastre tanto por fuera como por dentro.

Salgo llevando solo la bata y me he debido entretener mucho porque Peeta ya está arropando a Willow. Me acerco a la elegante cuna acolchada y llego a tiempo de acariciarle la manita justo antes de que cierre los ojos.

- ¿Comemos? –me pregunta sin mirarme, él me ha esperado para comer a pesar de haber tardado tanto. Willow ya ha cenado por supuesto, Peeta se ha encargado de todo en mi ausencia, como siempre.

Me acerco a la mesa de escritorio que se ha convertido en el centro de operaciones de Willow (con juguetes, biberones y demás) pero que tiene un pequeño espacio libre con nuestras bandejas con la cena. Me siento y me meto en la boca una cucharada de puré sin pensármelo demasiado. Está frío y asqueroso. Entonces Peeta me mira enfadado, y ya no puedo seguir ignorando esos orbes azules.

- Siento haberme ido así –digo al final.

- Ves a Snow, luego sueltas la bomba de que van a matar a nuestra hija y luego desapareces durante horas sin dar ninguna explicación ¿te parece eso normal? –trata de mantener la voz baja pero no puede camuflar su enojo.

- Necesitaba aclarar las ideas –me defiendo aunque sé que tiene razón.

- Bueno, pues ya las has aclarado, así que ahora cuéntamelas –se ha mostrado muy calmado hasta ahora pero supongo que ya he agotado su paciencia. Debe alterarlo el hecho de que se trate de Willow, o quizás es que simplemente ya se ha cansado de mí. Yo estoy cansada de mí.

- Snow la oyó.

- Eso ya lo sé. ¿Qué dijo? ¿Te dijo cómo iría a por ella? –vuelvo a sentirme culpable. Es verdad que en ese momento estaba enfadada y dije algo muy grave justo antes de desaparecer. Creo que mis palabras textuales fueron "Van a matarla. Escóndela, aunque ni siquiera eso será suficiente". Peeta ha debido estar muriéndose de preocupación desde entonces.

- No, él no, él no puede salir de ahí.

- ¿Entonces quién está detrás de ella?

No le puedo decir que Coin, si se lo digo querrá impedir por todos los medios que haga algún disparate, como matarla. O peor, igual busca la manera de matarla él mismo. No, no se lo puedo decir. Además que me preguntaría por qué estoy convencida de que fue ella y no estoy preparada para contarle que fue culpa mía. Peeta no merece estar al lado de alguien como yo, por eso mismo planeo sacrificarme y, obviamente, no se lo puedo contar.

- Lo siento, me agobié, ¿vale? Dijo que los rebeldes irían a por ella y le creí. Lo sé, es una locura, pero en ese momento me pareció cierto pero por fin me he dado cuenta de que solo intentaba manipularme –no se me da bien mentir y Peeta, que siempre parece saber qué es lo que estoy pensando, no es fácil de engañar. Por la forma en que me mira sé que no me cree.

- ¿Fue eso lo que te dijo?

- Si –trato de parecer convincente.

- ¿Nada más?

- Solo eso. Confía en mí –le pido.

- No, Katniss, no estás siendo sincera –dice enfadado.

- Te estoy diciendo todo lo que sé –es mentira y lo sabe. Me esfuerzo un poco más–. Quiero proteger a Willow tanto como tú, no te ocultaría información.

- Después de todo lo que hemos pasado, después de todo lo que he hecho por ti. ¿Ni siquiera merezco que me digas a qué nos enfrentamos? –no puedo evitar pensar que me está echando en cara haberlos abandonado. Aunque tiene razón, claro.

- La ejecución de Snow es dentro de dos días y me dejan matarlo a mí. Yo solucionaré todo esto –entonces pongo voz de súplica para parecer convincente– Después de eso podremos irnos a casa y toda esta terrible pesadilla terminará. Solo dos días. Yo me encargo de todo, de verdad –como técnicamente no he dicho ninguna mentira, Peeta no puede pillarme–. Estoy asustada y cansada, siento estar comportándome como una loca, pero tengo mis límites y no sé gestionarlo mejor –eso parece ablandarlo y termina por perdonarme, como siempre, y me dedica una cálida sonrisa.

No me lo merezco, Haymitch tenía toda la razón del mundo.

- ¿Quieres que te lo caliente? Tenemos nuestro propio microondas –dice con cierto orgullo.

- No, está bien así –y me obligo a comérmelo frío como castigo.

Por la noche busco a Peeta porque a pesar de saber que no me lo merezco, no soy lo suficientemente fuerte como para enfrontarme a esto sola. Es decir, lo haré, esta responsabilidad me corresponde a mí únicamente, pero necesito un poco de fuerza y él y Willow son los únicos que me la pueden ofrecer. Una vez mate a Coin, muy probablemente seré ejecutada. Quizás con suerte solo encarcelada, aunque seguramente por mucho tiempo, así que es mejor hacerme a la idea de que los voy a perder y así evitar decepciones. Lo único que me consuela es haber visto algo que en realidad ya sabía; que Peeta y Willow se las apañarán perfectamente sin mí. Dependo muchísimo de Peeta y me gustaría compensárselo, así que por más cómodo que sea dejar que él me acaricie el pelo, ruedo dentro de sus brazos para ponerme frente a él. Noto su desconcierto pero lo ignoro y empiezo a recorrerle los contornos del rostro con las yemas de mis dedos para después hacerlo con mis labios. No se me da especialmente bien, pero él cierra los ojos, dejándome acariciarle. Sé que esto no le compensará todo lo que ha sufrido (y lo que le queda por sufrir), pero es lo único que puedo hacer en estos momentos. Aunque también lo hago por mí, porque a pesar de que mi corazón esté hecho trizas, le quiero. Además, que esté acostumbrada a despedirme de la gente no significa que me resulte fácil. No, no es nada fácil renunciar a las personas que lo son todo para ti.

- Te quiero –susurro antes de que pueda impedirlo. Entonces él me atrae más hacia sí y me besa. Solo se separa unos milímetros para poder hablarme.

- Por favor no vuelvas a irte –eso me provoca un nudo en el estómago, porque es justamente lo que voy a hacer. ¿Cuántas veces puedes traicionar la confianza de alguien? Seguramente esta sea mi última traición, porque no querrá verme más después de esto. No respondo porque no quiero mentirle así que recorro los escasos milímetros que me separan de sus labios y le beso con necesidad.

Creo que Peeta está perdiendo facultades, porque tiene tantas ganas de creer en mí que acepta mis besos sin insistirme más con su petición. De todos modos, esta noche los dos necesitamos sentirnos cerca, más allá de los planes que tenga cada uno.

Por la mañana nos despierta Willow. Peeta hace ademán de levantarse pero yo le retengo tocando su brazo para indicarle que voy yo. Me acerco a la cuna y contemplo cómo de hermoso es mi bebé.

- Buenos días corazón, ¿ya no tienes sueño? –que se haya adaptado a dormir por las noches es todo un lujo. La cojo entre mis brazos y le doy un beso en su cabecita, su olor a bebé me envuelve de inmediato y no puedo evitar sonreír junto a ella– Vamos a desayunar.

Durante el día no me separo de Willow para nada. La alimento, la baño y juego con ella en todo momento. Peeta me deja hacer mientras se encarga de otros asuntos aunque se une a nosotras cuando Willow no deja de reír mientras juega con unas pompas de jabón. Es casi ridículo lo fácil que resulta para ella ser feliz; solo nos necesita a uno de los dos cerca y algún que otro juego. Ahora entiendo por qué Peeta no se separa de ella (aparte de por ser su padre quiero decir), ¡sus sonrisas son contagiosas! No es imposible estar triste a su lado, pero te lo pone difícil, especialmente cuando le tocas los piecitos y ella se pone a chillar de esa manera tan escandalosamente divertida.

Creo que eso mismo piensa Peeta con relación a mi cambio de actitud, debe creer que Willow ha obrado su magia en mí porque hasta hoy no me había ni molestado en mirar toda la ropa nueva que de algún modo hemos heredado y que me he puesto a probarle para ver cómo le queda. Es una actividad que no termina de gustarme porque me recuerda demasiado a Cinna y me hace pensar en que le hubiera encantado poder vestir a mi hija, pero hago como si eso no me estuviera carcomiendo el alma y le pongo un vestidito amarillo que le va un poco grande.

- Ese le queda monísimo –comenta Peeta arrodillándose a mi lado.

Definitivamente Peeta ha perdido cualidades y se ha vuelto muy confiado. Debería sospechar de mi afectuoso comportamiento y no porque no quiera a Willow, porque la quiero con toda mi alma, sino porque en realidad estoy poniendo más empeño de lo normal en pasar tiempo con ella porque me estoy mentalizando por la inminente separación, quizás para siempre. La miro y trato de visualizarla en el futuro, con una mochila para ir al colegio o incluso con unas botas de cazadora.

- Ojalá tuviéramos un lazo a juego –comento distraída. Sé que Cinna le añadiría algo a ese pelo negro tan tupido que tiene.

- Tenemos esta diadema blanca, yo creo que sirve –dice rescatando ese trozo de tela del montoncito de ropa. Nada más ponérselo Willow empieza a quejarse–. Pues no, no sirve. Descartada entonces –dice sonriendo mientras se la quita.

Sí, definitivamente Peeta está cegado por esta falsa calma. Le gustaría tanto que esto fuera real que no duda en creérselo. Me siento un ser miserable.

Entonces me da un beso en la mejilla y se levanta. Estoy entretenida cambiándole los pañales cuando regresa.

- Traigo la comida –anuncia con alegría. Adoro que no tengamos que ir a ningún comedor y que podamos comer en la intimidad, a nuestro ritmo y sin presiones. Estoy cansada pero aún y así me siento con Willow en el regazo y empiezo a darnos de comer.

- Así que no le gustan las papillas… –digo mientras hago lo que puedo para que acepte la cucharada que le estoy intentando dar. Ni que decir tiene que estoy llena de este mejunje; Willow se ha encargado de ensuciarnos a las dos.

- Le gustarían si se las pudiera cocinar yo –se queja Peeta y creo que tiene razón. Ni siquiera ella podrá hacerle ascos a su comida, pero de momento sí se los hace a la comida de los rebeldes, porque no sabe la suerte que tiene por el simple hecho de poder acceder a comida.

Me estoy preguntado qué puedo hacer para convencerla de que coma cuando Peeta pone un muñeco delante de ella y empieza a moverlo para distraerla, en ese momento veo mi oportunidad y aprovecho para meterle la cuchara en la boca. Está tan encantada con ese juego que ni se da cuenta de que está comiendo. Esto solo sirve para reafirmar mi decisión de sacrificarme, porque de los dos siempre he sabido que era él quién merecía ser padre. Aunque debo admitir que este truco me ha dejado bastante impresionada. Peeta es un mago de la distracción, lo que me hace preguntar si también habrá utilizado su talento conmigo. Es imposible saberlo, aunque supongo que sí lo ha hecho en algún momento.

Alguien llama a la puerta.

- Adelante –digo con voz firme pero aún concentrada con la papilla. Identifico sus tacones antes que su voz.

- Mis queridos vencedores… –dice con su acento del Capitolio. Cuando la veo tengo que reprimir unas inesperadas ganas de llorar.

Effie Trinket, la responsable de que llegáramos a tiempo a todos los sitios. Aunque es más que eso, en realidad es básicamente un miembro más de nuestra familia y eso es algo que nunca creí posible; tener una especie de madrina que fuera del Capitolio era totalmente impensable, pero la tenemos. Nos levantamos a la vez y la abrazamos por turnos.

- Esta debe ser la pequeña Willow.

- ¿Quieres cogerla? –digo acercándosela. A Willow le da un poco de miedo su cara tan blanca por el maquillaje y su estridente peluca amarilla, pero igualmente se la acerco. Para mi sorpresa, Effie niega con la cabeza.

- No creo ser capaz de sostenerla –eso me alarma. Trato de averiguar si está enferma, pero el maquillaje lo debe ocultar. No tengo claro qué fue de ella pero no se la ve especialmente feliz, creo que ha estado padeciendo durante todo este tiempo. Sin embargo está viva, que es mucho más de lo que pueden decir Portia y los demás. El brillo ha desaparecido en su mirada, aunque sí sonríe por nosotros. Se agacha para quedar a su altura y le toca la mejilla–. Eres preciosa, mi pequeña vencedora –entonces levanta los ojos y nos mira a los tres–. Una familia de vencedores –se ve que está orgullosa de nosotros y creo que se alegra sinceramente por la hazaña que hemos logrado; los tres hemos sobrevivido, aunque hemos perdido a muchos por el camino.

- Ven, siéntate con nosotros. ¿Has comido? –le invita Peeta, pero ella niega levemente con la cabeza declinando la oferta.

- Solo he venido a ver con mis propios ojos cómo estabais y a traeros esto –no me había fijado pero lleva una bolsa con ella. Le baja la cremallera y tengo que reprimir el impulso de retroceder varios pasos; es mi traje de sinsajo–. Es para que lo lleves mañana, yo misma me he encargado de adecentarlo… –entonces veo un punto de dolor en su mirada. Echa de menos a Cinna y a Portia, es evidente– vendré mañana para arreglarte –asiento aunque no me hace ni un pelo de gracia. Odio cuando me maquillan, visten y preparan para exhibir, aunque claro, será la última vez que lo hagan.

- Gracias Effie –digo de todos modos.

- Ah y por cierto, me han dicho que os diga que mañana tenéis una reunión con la presidenta Coin, justo antes de la ejecución –no se me escapa que la llama "presidenta". Todo el mundo lo da por hecho aunque prometieron unas elecciones libres.

- ¿Sabes de qué se trata? –pregunta Peeta.

- No, solo sé que quiere hablar con todos los tributos que quedan –tampoco me pasa desapercibido ese "quedan".

- ¿Y cuántos quedamos? –pregunto sin poder evitarlo. Ella esboza una mueca.

- Ocho creo, contándoos a vosotros –ese es un número alarmantemente bajo para 74 años de vencedores, pero a su vez es más de los que esperaba porque no me salen las cuentas, hay alguien que no logro ubicar. Qué ironía, haciendo el recuento de tributos vivos… me siento como si estuviera en los Juegos–. Bueno, nos vemos mañana –dice dando un largo suspiro.

- Gracias Effie por venir, hasta mañana –dice Peeta y yo, que estoy liada contando tributos, solo atino a despedirme dando un cabezazo.

Cuando se cierra la puerta Peeta me mira preocupado.

- Se la ve perdida. No debe de saber en qué creer –sé a lo que se refiere.

El mundo de Effie era el Capitolio, pero incluso para ella, alguien que creía firmemente en su sistema, se ha visto afectada. Le han asesinado a sus mejores amigos ni más ni menos y le ha arruinado la vida. Además, sin Juegos se ha quedado sin trabajo. Effie ya no sabe cuál es su lugar.

Creo que Peeta va a hacer algún otro comentario con respecto a esto cuando rápidamente cambia de tema, sus pensamientos ya van por otro lado.

- ¿Con quién vamos a dejar a Willow mañana?

- ¿Qué quieres decir?

- ¿Quieres que nos la llevemos a la reunión con Coin? –eso hace disparar todas mis alarmas. Willow y Coin no pueden estar en la misma habitación.

- No –digo demasiado rápido–. ¿Se la dejamos a...? –mierda, me doy cuenta que todos nuestros amigos son tributos y van a estar presentes en la reunión.

- La primera opción serían Finnick y Annie claro, pero… –incluso Haymitch, que podría ser una opción de último recurso, estará también en la reunión.

- ¿Qué tal Gale? –la mirada de profunda incredulidad que me lanza Peeta me hace reír– Lo digo enserio, te recuerdo que cuidó de Posy.

- Y yo te recuerdo que Willow no lo quería ver ni en pintura –y no lo dice, pero su mirada también me recuerda que la última vez que se vieron se liaron a puñetazos. Peeta no querrá dejarla con él ni loco–. Además tampoco podemos llevárnosla a la ejecución y Gale asistirá a ese evento. Quién sea que la cuide tiene que estar con ella todo el día.

Tiene razón y al intentar pensar en más opciones me quedo completamente en blanco. No conozco a nadie más. Salvo quizás Effie, que ni siquiera se ha visto capaz de coger a Willow, como para que la cuide todo el día… pero qué digo, ¿Effie? ¿En qué estoy pensando?

- ¿Tu madre estaría dispues…? –impido que termine la frase.

- Olvídate de ella –aunque eso me recuerda a Hazelle. Ella aceptaría si se lo pidiera, pero de algún modo mi madre terminaría involucrada también y no puedo permitirlo. Qué fuerte, no conozco a nadie más. O no confío en nadie más, que es distinto. Me desespero– ¿Sabes si Sae está por aquí? –es una locura pero no se me ocurre nadie más.

- Espera, creo que ya sé a quién le podemos pedir el favor.

- ¿A quién? –pregunto con verdadera curiosidad. Quizás haya conocido a alguien en el trece, pero por más que los rebeldes adoren a mi hija, no pienso dejársela.

- Delly –pongo la misma cara que ha puesto él cuando le he sugerido a Gale. Se apresura en justificar su elección–. Tiene buena mano con los niños, Willow la adora y estoy seguro que no le importará perderse la ejecución –hay algo en todo esto que no me hace gracia pero quizás tenga razón. No hay nadie más agradable y simpática que ella, además que ayudó a Peeta con su recuperación… "Willow la adora". Así que han pasado tiempo los tres juntos. Empujo ese sentimiento amargo de desconfianza al fondo de mi cabeza y asiento, dando mi beneplácito.

- Sí, vale, Delly. Espero que no le importe hacernos este favor –estoy segura que le encantará tener una excusa para no asistir a la ejecución, es tan dulce e inocente que no podría ni herir a una mosca. De repente me doy cuenta que eso me preocupa–. Aún y así no me quedo tranquila. Debería haber alguien más por si fueran a por ellas, Delly no podría ofrecer mucha resistencia.

- No te preocupes, le diré que venga acompañada –suspiro con resignación y me cambio a Willow de posición, ahora la apoyo en mi otra cadera. Dios mío cómo pesa. Necesito hacer algo para poder dejar esta conversación.

- ¿Nos echamos una siesta? –Willow por supuesto no me responde, pero me la llevo igualmente a la cama para dormir con ella. Peeta pasa las cortinas y se va a buscar a Delly. Por supuesto soy incapaz de dormir pero me deleito viendo a Willow y a sus largas pestañas. Me entretengo acariciándole la mejilla y susurrándole nanas.

Mañana voy a tener que separarme de ella de nuevo.

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***Nota autora: Hola hola! Siento la tardanza pero el calor y mis dolores de cabeza constantes no son una buena combinación, además, el "global scenes fanart cellebration" de instagram (angela_moiras_art) me quita todo el tiempo que tengo entre semana, ya que solo dan cuatro días para hacer los dibujos de los Juegos y eso hace que inevitablemente no pueda escribir. Por eso ha sido una especie de milagro/inspiración que hoy haya conseguido escribir esto. Aunque hay un problema y es que no lo he dejado madurar, estoy tan ansiosa por subirlo que en lugar de haberlo leído 129382 veces como suelo hacer con cada capítulo, solo lo he podido revisar una vez. Así que siento si hay errores o si no está bien del todo, y de hecho no sé ni si va bien que aquí esté el corte, pero es que si no os ibais a quedar sin capítulo hasta vete tú a saber cuándo. Así que me la juego y lo pongo ya para que me dé un poco de paz mental sabiendo que he cumplido.

Agradeceré cualquier comentario que queráis darme, ya sabéis que me dan la vida. Besos y cuidaos!

PD lo de que Katniss cree que de los dos es Peeta quién debería ser padre lo he añadido porque es algo que ella piensa en "En Llamas" después de la escena del beso en la playa. También me ha dado por rememorar a Cinna, que es alguien a quién definitivamente no deberíamos olvidar.

PPD el lío que tienen Katniss y Peeta decidiendo con quién se tiene que quedar Willow ha sido un dilema real que he tenido conmigo misma y Delly ha sido la conclusión lógica a la que he llegado.