**Katniss's POV**
- Aquí están los pañales y aquí su comida, aunque en principio no debería tener hambre hasta dentro de un buen rato… –Peeta sigue dándole una larga lista de instrucciones a Delly mientras ella asiente a todo y le escucha pacientemente. Se va a quedar en nuestro cuarto porque era más fácil traerla a ella aquí que llevar hasta ella todas las cosas de Willow.
Me permito examinarla mientras ellos dos están entretenidos hablando y me doy cuenta que ha mejorado bastante desde que la vi por última vez en el Distrito 13, tan gris, tan vacía, tan rota por la pérdida de sus padres y de su hogar. Pero ahora se ha recompuesto y se ha fortalecido. Ha vuelto a dejarse el pelo suelto y el cabello le cae en cascada sobre los hombros, formando unos rizos y unos bucles perfectos, dignos de la mejor sesión de peluquería del Capitolio. Ha recuperado un poco de peso y sus ojos vuelven a estar llenos de esperanza, tienen ese característico brillo que comparte con el resto de gente de por aquí, de esos que creen realmente haber ganado la guerra y haber ganado un futuro. El mismo brillo que tiene Peeta en los ojos. Les envidio.
- No te preocupes, lo tengo todo controlado, las dos nos lo pasaremos genial –dice mirando a Willow en su cuna y ella le sonríe; la reconoce y la quiere, Peeta no mentía–. Además mi hermano vendrá pronto para hacernos compañía –su hermano, un niño más convertido en soldado, las protegerá dentro de sus limitadas capacidades.
- Sabe lo que se hace, venga vámonos –digo porque no puedo seguir mirando a un ser tan lleno de luz y de bondad, tan distinta de lo que yo soy. Es como ver a Peeta antes de la tortura y encima adornado con un quilo de purpurina.
Me acerco a la cuna y cojo a la pequeña entre mis brazos. No debería entretenerme mucho para no levantar sospechas, además, ya me despedí de ella ayer, así que esto va a ser breve. La aprieto levemente contra mi pecho, para empaparme de su esencia y le doy un beso rápido en su mejillita. En lugar de devolverla a su cuna se me ocurre depositarla en los brazos de Delly, que recibe a la pequeña con otra generosa dosis de sonrisas. Entonces encaro a Peeta con una mirada llena de significado. Él frunce el ceño delante esta acción, no entiende por qué le miro así. Aunque no debe preocuparse de esto ahora, sé que lo entenderá cuando me ejecuten. Ha sido más fácil hacer esto que conseguir una foto de Delly y meterla en un colgante.
- Volveremos tan pronto termine la reunión –digo para terminar con esto y me obligo a abandonar la habitación.
Peeta masculla una rápida despedida y hace su mayor esfuerzo por seguirme por el pasillo, porque voy deprisa. Hago los posibles por evitar cualquier tipo de conversación porque ahora necesito estar concentrada y no puedo hacerlo si tengo a Peeta al lado, básicamente porque es el único que puede hacerme dudar sobre mi cometido y no puedo permitirlo. Sin embargo solo necesito recordar a Prim y Willow para saber lo que tengo que hacer.
Entramos en la sala donde se nos ha citado y descubro que somos los últimos en llegar. Todos los tributos están de pie alrededor de una gran mesa redonda, con Coin de pie detrás de una silla que por su posición queda claro que es quién dirigirá la reunión. Desvío la mirada de ella para que no me vea desafiante y me dedico a analizar en silencio a mis compañeros: Haymitch está con Beetee, los dos están serios pero parecen estar bien, Johanna sigue de tan malhumor como siempre pero también se la ve recuperada, Finnick y Annie se acercan a nosotros para saludarnos y oh, Enobaria, ése es el tributo que me faltaba por contar, está sola en un rincón porque nosotros no somos sus amigos, está completamente fuera de lugar aquí con nosotros. Hago caso omiso a lo que Finnick y Peeta comentan para fijar mis ojos en Haymitch en un intento de captar su atención. No sé si debería haberlo puesto sobre aviso de lo que planeo hacer, pero él y yo siempre nos hemos entendido sin hablar, así que confío en que hoy sea lo mismo. Él me ve y comprende de inmediato que algo sucede, pero no me lo pregunta, este no es el lugar apropiado para hablar y lo sabe mejor que nadie.
- Ahora que ya estamos todos podemos empezar la reunión –dice Coin extendiendo las manos hacia adelante. Es un gesto que tanto le sirve para darnos la bienvenida como para indicarnos que tomemos nuestro asiento. Haymitch se las arregla para sentarse a mi lado.
Cuando dice que quiere celebrar unos nuevos Juegos del Hambre con los niños del Capitolio tengo que hacer acopio de todas mis fuerzas por no soltar un grito, aunque mis compañeros no se cortan a la hora de reaccionar. Johanna suelta una sonora carcajada, Annie sí grita y se abraza al vientre, Peeta pone una cara amenazante mientras se queja y Finnick niega con la cabeza en total desacuerdo. Yo me esfuerzo por mantenerme impasible.
- Votemos –dice Coin con tono calmado.
- Sí –dice Enobaria sin pensárselo mucho y veo cómo le brillan sus dientes puntiagudos detrás de su sonrisa. Es curioso que condene a quién se supone que eran sus aliados, pero supongo que incluso eso pudo ser una mentira del Capitolio y que, al fin y al cabo, no les debe perdonar que la obligaran a luchar por su vida dos veces.
- ¡No! –chilla rápidamente Annie, aun fuertemente aferrada a su vientre. Embarazada o no, es imposible que de su apoyo a celebrar unos nuevos Juegos, el origen de sus pesadillas y de su locura.
- Claramente no –se niega Finnick– no he luchado tanto para que los Juegos se mantengan.
- Yo digo que sí, Snow tiene una nieta –dice Johanna divertida. Aunque no es justificable, nadie puede reprocharle a Johanna su voto, le han matado a todos y cada uno de sus seres queridos. Le da igual todo ya.
- Sí –dice Beetee animado por la idea de Johanna, lo que me sorprende–, ese será el último golpe de gracia para quedar igualados.
- No –dice Peeta a mi derecha, lo que entra dentro de lo previsto. Su voto había sido más que obvio.
Él es un ser bondadoso, por más que lo hayan torturado, sigue fiel a sus principios y le quiero más todavía por ser capaz de ello. "No han logrado cambiarlo" pienso con orgullo. Aunque sí está claramente disgustado por la propuesta de celebrar unos nuevos juegos, Peeta está relativamente tranquilo porque también está llevando la cuenta al igual que yo: tres votos en contra y tres votos a favor, quedamos Haymitch y yo. Él da por hecho que la votación está ganada, al igual que Finnick, quién sonríe levemente. Ojalá no confiaran en mí.
En estos momentos desearía no tener a Peeta sentado a mi lado. Aunque bueno, me alegro de no haber llevado a Willow con nosotros porque entonces sí que no habría quedado nada creíble mi posición. En fin, allá voy. No eludo más mi responsabilidad y ahora sí miro a Coin fijamente para que vea mi ira y mi sed de venganza, que erróneamente cree que va dirigida a Snow.
- Voto que si –digo sin perder el contacto visual con Coin y esta vez el estruendo es incluso mayor que cuando nuestra querida presidenta ha anunciado su iniciativa.
- ¿Pero qué dices? –pregunta Finnick contrariado.
- ¿Te has vuelto loca? –salta Peeta rápidamente y yo mantengo mi mirada firme en Coin, ignorando los reproches de mis amigos. Johanna vuelve a reír– Katniss son niños inocentes, procedan de donde procedan –Peeta trata de convencerme, como si no supiera ya todo lo que me está diciendo, así que levanto la voz para hablar por encima de todos.
- Por Prim –digo para zanjar el asunto. A ojos de todos me he convertido oficialmente en un monstruo. A Coin le gusta ver cómo me gano el desprecio de mis amigos, debe ser el primer acto de rebeldía que me aplaude–. Y yo mato a Snow –sonríe, eso le ha gustado también.
- Nunca podría negarte ese derecho –dice complacida y sus ojos felinos por un momento me recuerdan a Buttercup. Odio profundamente a los dos aunque solo planeo matar a una de las alimañas, y no me estoy refiriendo precisamente a mi mascota–. ¿Haymitch? –pregunta animada, saboreando la victoria.
Cuatro a tres. Me giro hacia mi mentor y le miro fijamente, ahora es el momento de demostrarme su lealtad y apoyo. Él no sabe qué tengo en mente pero sabe que necesito que me apoye en esto, solo hace falta descubrir si lo hará aún a riesgo de celebrar unos nuevos Juegos.
En realidad todo esto es mucho más sencillo de lo que parece; solo necesito tener a Coin contenta para que confíe en mí y así poder matarla. No se celebrarán unos nuevos Juegos aunque el resultado de esta votación sea que sí, porque tanto Coin como su iniciativa desaparecerán (eso sí, tengo que asegurarme de no fallar el tiro, sino la habré fastidiado a base de bien). Adiós a la tiranía y hola a un futuro para Willow. Además de vengar a mi hermana, que es algo que necesito hacer con todas mis fuerzas. Pero no lo puedo decir en voz alta, obviamente, y ahora tengo que enfrontarme al desprecio colectivo de todos los seres a los que quiero y que significan algo para mí. Lo único que se necesita para matar a un presidente es sacrificarse y yo estoy dispuesta a hacerlo.
- Voto que si –dice Haymitch al final, decidiendo por mayoría que seguiremos adelante con la barbarie.
**Peeta's POV**
- ¡NO! –grito y doy un sonoro golpe en la mesa sin poder impedirlo– ¡No podéis hacer esto! ¡¿Que no lo veis?! ¡Estáis condenando el futuro de inocentes!
- Peeta, la decisión está tomada –me dice Coin con serenidad, visiblemente complacida con el resultado. Su reacción me saca de quicio.
- ¡No! –vuelvo a decir y me giro hacia ellos, los dos están evitando adrede mi mirada. Cojo a Katniss del brazo para obligarla a que me mire pero ella escoge ignorarme, lo que me enfurece– Tendrás tu venganza, matarás a Snow, no condenes a esos pobres niños –esta conversación me parece una locura, no me estoy creyendo que tenga que pedirle esto a Katniss, cuando ella sabe mejor que nadie que nada justifica nunca la muerte de inocentes, y mucho menos si esos inocentes son niños.
Como los argumentos en esta dirección parecen caer en saco roto, Finnick utiliza otra perspectiva:
- No podemos sentar un precedente, si ahora lo permitimos ¿quién nos garantiza que no se celebren otros el año que viene? ¿Y el siguiente? –ése es un buen punto y me ayuda a formular un argumento que no podrá ignorar y que sé que la convencerá.
- Corremos el riesgo de que el nombre de Willow llegue a entrar en la urna –digo intentando sonar más duro que desesperado. Ése era y siempre ha sido su mayor miedo, lo sé, es lo único que sé seguro o eso creía, porque cuando ella ni pestañea delante de mis palabras siento como algo se rompe dentro de mí.
Está dispuesta a correr ese riesgo, y eso es algo que no estoy capacitado para comprender.
- El Sinsajo es libre de expresar su opinión. Deberíais ser capaces de respetar su voto sin coaccionarla –nos riñe Coin enfadada porque no quiere que le fastidiemos su estúpido plan.
Me niego a rendirme, se me ocurren mil y una razones más que podrían disuadirla y estoy preparado para enumerarlas, pero caigo en la cuenta de que ella ya las sabe. Las conoce y aun así escoge el camino de la muerte. Está cegada por una venganza desmedida y el desprecio que siento en estos momentos es tal, que apenas soy capaz de articular la siguiente frase, pero la digo.
- No me había dado cuenta del monstruo en el que te has convertido –digo completamente roto. La persona que más quiero en este mundo, mi única familia, permitirá que niños inocentes mueran. Y lo que es peor, permitirá que algo semejante llegue a ocurrirle a nuestra hija–. No eres diferente de Snow –digo derrotado y me doy cuenta de que es cierto. Eso sí parece alterarla levemente. No le ha gustado que le llamara eso y en el fondo me alegra haber encontrado algo que la haya hecho reaccionar, porque su disgusto no es nada en comparación al dolor que siento yo en estos precisos momentos.
- Aquí concluye la reunión, lo anunciaremos esta tarde en la ejecución, gracias por colaborar –sentencia rápidamente Coin, aprovechando mis duras palabras como una forma de dar por terminada la discusión. Katniss se levanta de inmediato y yo lanzo una mirada de reproche a Haymitch antes de salir escopeteado detrás de ella, porque la rabia inunda cada rincón de mi ser.
Katniss ya está lejos, huyendo de mí, así que acelero el paso y no me molesto en mantener la voz baja.
- ¿Se puede saber qué has hecho ahí dentro? –le grito. Ella acelera el paso pero no puede huir de mi sin echar a correr, así que termino por alcanzarla– ¿Ni siquiera vas a dirigirme la palabra? –su silencio indica claramente que eso es lo que piensa hacer. Sabe que estoy en desacuerdo y en el fondo debe saber que no tiene justificación posible, o al menos no una que yo pueda comprender– Al menos ten un mínimo de vergüenza, mírame y repíteme a la cara lo que has dicho ahí dentro, eso de que quieres matar a niños –ella se mantiene firme en su decisión de no enfrontarse a mí, lo que me saca de quicio porque prefiere su venganza a mí–. Vale, genial, vuela por los aires lo que hemos construido con tanto esfuerzo –entonces me doy cuenta de a dónde está yendo y la detengo sujetándole del brazo– No, eso ni se te ocurra, acabas de poner en peligro a Willow así que has perdido cualquier derecho de estar con ella. Ahora estás sola –Katniss se zafa de mi brazo de un tirón y empieza a caminar en dirección contraria.
Si no lo hubiera vivido ya una vez, no me creería que Katniss esté renunciando a su hija. Aunque antes tenía justificación, lo hacía para proteger a su hermana y para conseguir un futuro mejor para Willow, ahora solo lo hace por egoísmo y eso es algo que horroriza a cada célula de mi ser.
Entro en el cuarto hecho una furia. Delly y su hermano que están jugando con Willow se giran de inmediato al verme entrar.
- ¿Malas noticias? –pregunta Delly preocupada. Por alguna incongruente razón, no soy capaz de exponer a Katniss.
- No es nada –me siento en el sillón y ellos deciden acertadamente no preguntarme más al respecto, aunque yo no pueda quitármelo de la cabeza.
Unos nuevos Juegos. Solo de pensarlo me entran ganas de gritar. Recuerdo cada maldito segundo que viví en la arena y solo de pensarlo me pongo enfermo. Supongo que escogerán a 24 niños por costumbre. ¿Me tocará hacer de mentor? La sola idea me revuelve el estómago. 24 niños y 8 mentores, tocamos a 3 niños por cabeza. Y un cuerno. Yo he votado que no, pienso abstenerme a participar. Estoy seguro que Annie y Finnick se negarán a participar también. Ojalá Haymitch disfrute haciendo de mentor otra vez, porque por lo que se ve lo suyo es vocacional. Y espero que Katniss se lo pase bien también con sus nuevas amigas, Johanna y Enobaria. Aún recuerdo lo mucho que las despreciaba y ahora es incluso peor que ellas.
Cuando llaman a la puerta estoy preparado para volver a echar a Katniss a gritos cuando veo que se trata de Finnick y Annie, que están tan desconcertados como yo.
- ¿Está aquí? –sé a quién se refiere, niego con la cabeza.
- No. Adelante pasad –Delly tarda menos de medio segundo en levantarse y tirar de su hermano para que la imite.
- Nosotros iremos a comer si no os importa, volveremos después para cuidar de esta renacuaja –dice amablemente para dejarnos nuestro espacio y yo se lo agradezco. Es lista, sabe que algo va mal, no es normal que yo haya vuelto solo.
- Muchas gracias Delly –le digo con sinceridad y ella sonríe en señal de aceptación. Le da un besito a Willow y se va con su hermano.
- ¿Cómo estás? –pregunta Annie. En los últimos meses nos hemos hecho muy amigos y ahora ella teme por su propio hijo, ya que Katniss ha atentado contra él de manera indirecta, además de contra su ya de por si inestable salud mental.
- Sigo sin poder creérmelo –me permito mostrarme vulnerable. Ellos me han ayudado en otras ocasiones–. Después de todo lo que ha pasado parecía que podríamos vivir en paz de una vez por todas… –no entiendo por qué soy el único al que se le niega una y otra vez tener una familia.
- Cambiará de opinión –me asegura Finnick y a mí se me escapa una risa irónica.
- No, no lo hará –si algo sé de verdad es que ella puede ser muy testaruda cuando se lo propone. Además, Katniss sabía perfectamente lo que hacía, esto no es una decisión que ha tomado a la ligera–. Lo que no entiendo es cómo he podido estar tan ciego. No me di cuenta de lo que ella sentía en realidad… –eso es lo que más me duele. Me prometió que estaríamos juntos. Quizás Snow tuviera razón al fin y al cabo y que de su boca solo salen mentiras.
- Ha pasado por mucho y la muerte de Prim es muy reciente todavía… –Finnick intenta justificarla como puede aunque está claro que no comparte su decisión. A mí también me han matado a mis hermanos y aún y así he votado que no. La única justificación posible ahora mismo es decir que está perturbada, pero ni siquiera eso me parece suficiente.
- Sabía que sufría pero no sabía que estuviera canalizando su dolor de esa manera –de algún modo encuentro la forma de culparme. Quizás si me hubiera dado cuenta antes… vuelvo al sofá y me dejo caer de cualquier manera. Willow está sentadita en el suelo, mordiendo a su peluche. Me doy cuenta de que Annie no ha corrido a su lado y ni siquiera yo. Estamos demasiado conmocionados como para prestarle atención, pobrecita mía. Me obligo a controlar mi tono para no asustarla.
- No, Peeta, no vayas por ahí, tú no podías preverlo –Finnick se sienta en la cama delante de mí y recoge a Willow del suelo que empieza a quejarse porque no le prestamos atención, se la sienta en el regazo aunque sigue dirigiendo su atención a mí–. Ella habrá hecho todo lo posible para esconderlo de ti –repaso mentalmente todas las conversaciones que hemos tenido desde que volvió. No encuentro nada.
- Nunca dijo que planeara continuar con esta guerra. Ella parecía feliz de poder volver a la normalidad y lo que sí dijo fue que todo esto terminaría hoy y que volveríamos juntos a casa… –me rio con ironía otra vez– Lo peor de todo es que me pareció sincera.
- Quizás lo fuera –dice Annie. Descarto rápidamente su comentario porque está claro que está desvariando de nuevo.
Cuando llega Effie para preparar a Katniss estallo en un ataque de rabia e impotencia. Le doy el traje del Sinsajo de mala manera y la echo con cajas destempladas. Sé que no es su culpa, pero no puedo evitarlo. No me permito preguntarme dónde estará Katniss en estos momentos aunque imagino que estará con Haymitch, su mejor amigo. Maldita sea, le perdoné a ese borracho que me abandonara pero no le perdonaré esto. Nunca más voy a ir a llevarle pan ni a cuidar de él. Los odio a los dos.
La hora de la ejecución llega sin que yo lo pueda impedir. Tengo que ir y volver a enfrontarme a Katniss, quién protagonizará el momento más importante de toda nuestra historia y yo no puedo no estar presente. Mientras me despido de Willow de nuevo y le agradezco a Delly que la cuide, me consuelo pensando que al menos Snow morirá y que una pequeña parte de mi dolor se verá menguado, aunque mi otra recién abierta herida seguirá palpitando de manera supurante.
Cuando nos ponemos en fila delante de un Snow encadenado al poste no puedo sino pensar en lo irónico de la situación y en cómo se han cambiado las tornas desde ese día de hace casi tres años en que nosotros éramos unos tributos indefensos postrados a sus pies. Quizás su muerte me alivie más de lo que creo.
Los tambores empiezan a sonar y no puedo evitar volverme para ver a Katniss, tan hermosa y mortífera como ella sola. Verla duele una barbaridad, porque mi corazón, aunque roto, sigue amándola. Nos hemos sometido mutuamente a una montaña rusa de emociones que siempre ha terminado mal. Me digo que no debería sorprenderme, que estaba claro que un día tenía que llegar este nefasto desenlace, pero esto no hace más soportable aceptar que la he perdido.
Katniss evita mirarnos, tal y como había supuesto, y se pone en posición no demasiado lejos de Snow. No fallará. Me estoy preguntando qué parte de su anatomía decidirá perforar cuando Coin habla desde una tarima elevada situada a unos metros más atrás. Katniss se pone en posición y de repente lo veo. Sé que la flecha no atravesará a Snow incluso antes de que ella suelte la cuerda. Yo solucionaré todo esto. Después de eso podremos irnos a casa y toda esta terrible pesadilla terminará. Eso me había dicho. Yo me encargo de todo, de verdad.
Cuando la flecha atraviesa a Coin no puedo sino dejar escapar un bufido de alegría adornado con una buena dosis de orgullo y de locura. Estaba claro que ella no iba a hacer lo que todo el mundo esperaba de ella y no puedo sino sentir un terrible alivio al saber que nos ha escogido a nosotros. Ella sigue siendo la persona que siempre he sabido que es y lo que es mejor, sigo siendo capaz de entenderla, porque era imposible que pusiera a Willow en peligro de ese modo. ¡Qué alivio más grande! Sin embargo, no puedo deleitarme mucho con esta sensación porque las consecuencias de sus actos me quedan claras en el mismo instante en que Katniss me dedica una triste sonrisa, solo unos escasos segundos antes de que unos brazos tiren de ella. Se la están llevando presa y Katniss no opone resistencia. Ahora sé por qué me dejó fuera de su plan. Porque había un plan, claro que lo había, y ahora me doy cuenta de que Haymitch estaba metido en el ajo, como siempre. Vuelvo a sentir una punzada de dolor al darme cuenta que me han dejado fuera otra vez, para variar. Pero no tengo tiempo de maldecirles por eso, ahora mismo hay otra prioridad.
- ¡Katniss! –grito despertando de golpe de esta conmoción. Empiezo a correr hacia ella pero una avalancha de gente que va en sentido contrario me impide avanzar– ¡Katniss! –grito con más desesperación porque por más que lo intente, no podré alcanzarla a tiempo.
Mientras el mundo entero presencia cómo Snow muere ahogado por su propia sangre y por la fuerza de la multitud enardecida, yo solo puedo ver cómo alejan a Katniss de mí. Esto no debería de estar pasando. Me obligo a dejar de lado el miedo y a pensar con claridad por encima de todo este ruido y de los latidos desbocados de mi corazón que me taladran las sienes. "Katniss ha matado a la futura presidenta". La revelación de tal hecho hace que apenas pueda seguir manteniendo el equilibrio entre el gentío. No es que haya matado a Snow, por quién todo el mundo clamaba su sangre, sino a quién se suponía era la líder rebelde del nuevo gobierno. Por fin comprendo las repercusiones de sus acciones y que esa mirada compungida que me ha dedicado significaba mucho más. Era una despedida.
Mientras lucho para llegar a la mansión mi cabeza empieza a cavilar en mil y uno futuros para ella, cada cual peor que el anterior. En el mejor de los casos la encerraran y la juzgarán, pero no creo que la perdonen fácilmente. Intento no ponerme en lo peor pero inevitablemente no puedo evitar imaginarme la misma escena que acabo de presenciar hace escasos minutos pero esta vez con Katniss atada al poste. Pierdo el control.
Doy empujones y por fin me alejo del gentío. Corro a toda velocidad hasta la mansión, siguiéndoles la pista de cerca. Justo cuando entro en el edificio me detienen los mismos rebeldes que hasta hoy mismo estaban encargados de nuestro cuidado.
- ¡Dejadme pasar!
- Tenemos que aislarla por su seguridad –me responden ellos. ¿Seguridad? ¿Se refiere a que esa gente podría venir aquí a buscar a Katniss? Eso refuerza mi pesadilla del poste.
- Que yo la vea no afectará a su seguridad –le aseguro mientras intento pasar. Su mirada me indica que no me creen y lo encuentro sumamente insultante. ¿A caso no saben quién soy? Aunque luego recuerdo mis ataques de hace unos meses fruto del secuestro, mi enfado con ella de esta mañana y el hecho de que he venido corriendo y gritando como un poseso–. ¿Cuándo podré verla? –pregunto tratando de recuperar la calma y pensando en soluciones.
- Tendrá que esperar a que se calmen las cosas –"que se calmen las cosas". Se me escapa un bufido irónico. Aún puedo oír los gritos del gentío, esto no va a calmarse fácilmente. Me paso las manos por la cara.
- ¿Y le pueden hacer llegar un mensaje?
- Lo siento, como hemos dicho, debe mantenerse aislada hasta nueva orden –doy un puntapié al suelo y empiezo a andar en círculos.
- Me voy a quedar aquí hasta que llegue dicha orden –dictamino. Luego me acuerdo de Willow y que no puedo desaparecer así como así. Gracias al cielo Delly me cubrirá porque sí voy a tener que ausentarme, no me moveré de su puerta hasta que la liberen aunque para eso tenga que hablar con el mismísimo diablo.
.
.
.
.
**Nota autora: ¡Hola! Siento muchísimo todo este retraso pero es que no me convencía el capítulo y he tenido que dejarlo reposar un poco (aunque no temáis, me esforzaré para que no vuelva a tardar tanto en actualizar y este ha sido un capítulo largo! Pasan pocas cosas pero largo al fin y al cabo). En realidad no sé qué pensar del capítulo porque no me gusta reescribir tal cual eventos de los libros, pero no había alternativa con lo de Coin, aunque me ha gustado poder añadir el punto de vista de Peeta y sí he cambiado algunas cosas, como el hecho de que no fueron las bombas de Gale lo que mató a Prim (mira, no sé por qué, supongo para que hubiera paz entre ellos y para hacerlo diferente) o el hecho de que Beetee votara a favor, porque él votaba en contra en la saga pero con Finnick vivo en esta versión necesitaba que alguien contrarrestara su voto.
Me ha gustado explicar desde la perspectiva de Peeta lo mismo que yo sentí cuando me vi las pelis por primera vez: cuando vi a Katniss ahí vestida, con su flecha, delante de ellos dos, supe de inmediato que no seguiría las normas establecidas. Me fascinó esa escena y aún recuerdo vívidamente la sensación que se me quedó. Sobretodo lo mejor de esta escena (a parte del plot twist me refiero) es que Katniss tiene que tragarse su orgullo y su dolor y ceder a Snow. Sabe que lo ha hecho feliz y que él ha conseguido manipularla igualmente, y eso amigos míos, sigue doliéndome a día de hoy.
Finalmente decir que del capítulo anterior recibí mucho feedback con relación a Delly y que os gustaba que Katniss se pusiera un poco celosa. Pues bueno, vuestros comentarios no caerán en saco roto e iremos por ese camino en el próximo capítulo en el que Katniss se rompe la cabeza pensando en lo que pasa a fuera (lo que incluye a Peeta y a Delly, obviamente), así que mil gracias por las sugerencias!
Y nada, muchísimas gracias por haber leído hasta aquí, por favor no dudéis en comentarme lo que sea del fanfic que estaré encantada de leeros. Besos y que paséis buen fin de semana!
