Era otro día complicado. Tres homicidios y contando. Lo peor es que le había tocado un robo y un homicidio. Kakashi estaba en el museo de Amaterasu. Lo único certero que tenía es que había sido un asesinato sin premeditar. El guardia de seguridad había intentado atrapar al ladrón de la joya y no lo consiguió, perdiendo la vida en el intento. Había sido un corte rápido en la garganta, y se notaba por la forma del corte, que fue en afán de escapar.

—Podría ser el Barón.

—No lo creo —dijo Kakashi negando con la cabeza mientras veía a la víctima— él no suele dejar víctimas cuando roba algo. Tampoco recibimos un aviso de esto —se puso de cuclillas y examinó los alrededores del cuerpo. El Barón era mucho, pero mucho más detallista, además, hasta la fecha no había asesinado a nadie. Que los había puesto en ridículo cientos de veces, era eso seguro, pero no era un asesino.

—Llegó el jefe —dijo Obito haciéndose a un lado cuando Ibiki apareció. Kakashi hizo el reporte rápido de lo que habían recreado gracias a su análisis y el reporte de daños. El forense iba a darle los últimos detalles en una media hora, al menos, el análisis rápido. Mientras, Kakashi pensó en recorrer el edificio y ver la zona por donde había ingresado y por donde había escapado.

Subió las escaleras y se dirigió a la sección de cuadros por donde estaba una ventana rota y las marcas de un gancho en la pared. Era obvio por donde había escapado el criminal. Seguro que, si lo examinaban más a fondo, podrían encontrar manchas de sangre que lo vincularan con el asesinato. Kakashi subió a una tarima y examinó el lugar, sacó una bolsita y metió en el interior una hebra de hilo que quedó enganchada entre los cristales. Luego, bajó y siguió caminando por el lugar. Lento, pensando en todos los pasos del criminal y recreándolos en su mente. Iba a pedirle a Obito que avisara a la familia del guardia de su defunción, pero al continuar caminando, alguien lo jaló al interior de un depósito mientras andaba. La puerta se cerró y quedaron en completa oscuridad y aunque su vista podía no ser buena, su olfato era excepcional y ese perfume a menta y limón él podría reconocerlo en cualquier sitio. Él presionó un botón de su reloj y se encendió una pequeña linterna mostrándole el rostro de la mujer.

—Hubiese querido no encontrarte aquí —dijo Kakashi mientras la miraba.

—A mí también me alegra verte —sonrió ella y antes de decir algo, Kakashi la interrumpió:

—¿Lo mataste?

—No, pero tengo una idea de quién fue. Me ha ganado este tesoro —su voz sonó ofuscada, pero pronto cambió la expresión de su rostro cuando se paró de puntitas y rodeó el cuello de Kakashi con sus brazos. Fuyuki sonrió con picardía e hizo que él se inclinara hacia delante— te extrañé —acercó sus labios a su máscara y rozó por encima de la tela que los cubría los suyos.

—Fuyuki… —sostuvo sus manos y la alejó de él. Kakashi fijó la vista en ella. Siempre hacia lo mismo, alejaba el punto de conversación para lo que ella le convenía y no podía permitirlo ahora. Necesitaba su ayuda para capturar a aquella persona y evitar que volviera a hacer daño— dime quién es.

—Ah, Kakashi-kun, ¿No tienes ni una pizca de interés por mí? Vengo a verte y no me prestas atención —dijo melodramática.

—Tú sabes que no es eso.

—Entonces, olvídate del trabajo un tiempo —hizo su cuerpo hacia adelante, quedando pecho con pecho con él. Ella no podía mover sus brazos, pero se las ingeniaría para seducirlo. Sus ojos lo miraban firmes y pasionales. El fuego en su mirada ardía mucho más que de costumbre y entonces, Kakashi se preguntaba por qué tenían que haberse conocido de esa manera. Él era un agente que trabajaba para la ley y ella era quién la rompía ¿por qué?— Sé que quieres besarme ¿no lo harás? —dijo ella estando tan cerca de sus labios que sentía su aliento a través de la máscara. Él intercalaba la mirada entre sus labios y sus ojos como si estuviera dudando del siguiente paso que iba a dar. Sin embargo, Fuyuki no tenía ese tipo de dudas y en cuanto aflojó sus manos de las de ella, lo rodeó por el cuello y unió sus labios a los de él. La tela le molestaba ¡un montón! Pero no fue ella quién la quitó, sino Kakashi que se separó de Fuyuki para bajarse la máscara y besarla más apasionadamente. Su lengua recorrió sus labios, sin dejar un rincón sin ser probado por él. Su boca sabía dulce y aunque Kakashi no era partidario de ello, le gustaba el sabor a caramelo que tenían sus besos. Quizá porque la había extrañado tanto. Hacia casi dos meses que no sabía nada de ella. Fuyuki siempre aparecía cuando quería y normalmente, era mucho más seguido, pero ahora… nada ¡Ni un maldito llamado! Nada. Lo había dejado con esas ansias que lo carcomían por dentro, en cuerpo y alma.

Fuyuki quedó con su espalda pegada a la pared. El frío del muro la hizo temblar ligeramente, pero sólo se aferró a él quién ya metía sus manos traviesas por debajo de su blusa y exploraba su torso hasta llegar a sus pechos. Era una sorpresa para él, aunque lo supiera, que ella no usaba sostén y sus manos se encontraban directo, piel con piel con sus pechos. Los apretó y ella gimió, abriendo más su boca para meter su lengua y danzar juntos los dos.

Ella, traviesa, separó sus labios y mordió el lóbulo de su oreja. No lo veía bien la oscuridad, pero sabía lo mucho que se sonrojaba cada vez que ella hacia eso. Lo lamió mientras apretaba más las piernas alrededor de su firme trasero y jalaba la camisa por fuera del pantalón. Ambos estaban desesperados por sentir más el cuerpo ajeno contra el propio y sin andar con rodeos, Kakashi bajó el pantalón de ella y abrió la bragueta de su pantalón. Su miembro estaba duro y caliente. Volvió a tomar a Fuyuki por la cintura y subirla encima suyo y la penetró. La mujer gimió en su oído provocándole un delicioso escalofrío que disfrutó y compartió embistiendo más fuerte.

El chapoteó de sus sexos en la oscuridad, con el tiempo contra ellos y la adrenalina de hacer lo prohibido, sin que nadie se enterara los excitaba. Ambos necesitaban más de esos, del sexo, de deseo, de ese anhelo que sólo de esa manera podía ser saciado.

—¡Kakashi! —Se escuchó la voz de Obito llamarlo en el pasillo. La voz retumbó con eco interrumpiéndolos a ambos.

—Olvídate de él —susurró Fuyuki en su oído. No quería dejarlo ir, no ahora que lo estaban pasando tan bien. Kakashi asintió y continuó en el vaivén que su deseo imponía, pero la voz de Obito se escuchó más cerca, rompiendo el ambiente.

Ambos quedaron en silencio. Fuyuki se recargó en su hombro, frustrada, intentando recobrar de a poco la normalidad al respirar. Sentía el aliento de él en su cuello y lo disfrutaba mientras sus manos sostenían su trasero.

—Me cae mal tu compañero —dijo ella separándose de él. Kakashi la dejó en el suelo y ella comenzó a acomodar su ropa al igual que él. Se vistieron entre miradas candentes y lujuriosas, pero sin decir una palabra—. Volveré por ti —dijo bajándole la mascara que acababa de ponerse y besándolo, mientras, colaba en el bolsillo de él un papel. Dicho eso, apenas abrió la puerta, cerciorándose de que no había nadie en el pasillo. Le avisó a Kakashi y ella, salió primero. Aprovechó la ventana rota para escapar por ahí y no tener que encontrarse con nadie en la salida. Pero si había algo que ella sabía es que volvería a continuar con lo que habían dejado inconcluso.


El equipo se estaba yendo. Después de que el forense terminara de hacer su trabajo, ya no les quedaba nada qué hacer en el museo, así que sólo les quedaba retirarse. Kakashi apareció con las manos en los bolsillos y una actitud relajada ante el resto de sus compañeros. Su jefe se quedó observándolo un instante y antes de que Obito le preguntara algo, sacó la única evidencia que había encontrado en la ventana y se la entregó a su jefe.

—Estaba entre los vidrios rotos de arriba —le contó.

Ibiki lo recibió y lo miró a contraluz. Podría servirles a futuro, pero antes de pensar en nada, quería hablar con él. Así que hecho a Obito y le pidió al agente quedarse para hablar con él.

—En algún momento, estarás en una encrucijada. Como un buen amigo, te recomiendo poner límites bien fijos o la pasaras mal —le dijo con una mano en el hombro. Kakashi se sorprendió de lo perspicaz que había sido, ¡y por algo era el jefe! No se le pasaba nada por alto.

—¿Por qué lo dice?

—Tú sabes bien a qué me refiero. No quiero ser yo quién elija por ti —dijo con seriedad. Su ceño fruncido era una mala señal, así que era mejor no tentar al destino.

Se despidieron ahí. Kakashi tenía que comprobar lo que Fuyuki le había dejado, así que dijo irse directo a su casa, en la mañana se haría cargo del papeleo por el crimen, pero por ahora, dejaría a cargo a los forenses hacer los análisis pertinentes. Él tenía algo más qué buscar. Y ahora, en qué pensar.

Siempre había sido consciente de la dicotomía moral que ella representaba. No era novedad para él que iba en contra de todos sus principios, pero convertía su día a día de tal manera que no podía catalogarla como algo malo. Era una pincelada de color, dos corazones vibrando en la misma sintonía. Era el sitio donde quería despertar día con día.

—¿Qué voy a hacer contigo? —se preguntó subiendo a su auto y arrancando el vehículo. El papel que le había dejado en el bolsillo tenía una dirección y no pensaba dejar pasar más tiempo antes de ir a ver de qué se trataba.

Condujo una media hora aproximadamente hasta llegar a una casa abandonada. Tenía la pintura caída y los yuyos llegando a medir un metro o poco más. Hacia tiempo que nadie vivía ahí, sin embargo, ella le había dicho que tenía que llegar ahí. Así que él tenía que encontrar qué es lo que se escondía en su interior. Cerró el auto y le quitó el seguro a su arma, llevándola en mano. Él no sabía qué es lo que podía encontrar en el interior, pero iba a averiguarlo.

En esta ocasión, bajó con su linterna y la encendió sosteniendo su arma encima de la mano que sostenía la linterna. Caminó lo más calmo y silencioso que pudo para no levantar sospechas. Aunque el suelo era su peor enemigo, lleno de basura que hacia que sus pisadas fueran delatadas. Por suerte, en lo que alguna vez fue una cocina, no había nadie, así que siguió explorando otras habitaciones. En la sala, había una mesa llena de bolsas y cajas de comida rápida apiladas y llenas de cucarachas, sin embargo, había unos papeles apilados que estaban limpios, sin tierra ni telas de arañas encima. Kakashi los abrió y encontró algunas recetas de explosivos y un mapa con varios puntos marcados. Guardó su arma y sacó su teléfono para sacar una foto al mapa y a cada uno de los puntos marcados.

Investigó un poco más en el otro piso y el resto de las habitaciones, pero no encontró a nadie ni tampoco algo más de relevancia, así que se marchó. Subió a su auto y le mandó un mensaje a su jefe con las fotos del mapa y los detalles de los explosivos. Eran caseros, pero con la potencia para volar un edificio completo y viendo todo lo que estaba en el mapa, podrían ser varios.


No había dormido nada. Se mantenía a base de café y alguna otra cosita que había picado en la oficina. Apenas enviar todo a Morino, fue de nuevo a la oficina. Todavía no entendía qué relación había entre la joya y los mapas con bombas, pero intuía que algo se le estaba pasando por alto. Para fortuna de él, no tenía forma de preguntarle a Fuyuki cómo se relacionaban. Ella era siempre la que lo llamaba o aparecía en su casa o en sus casos, pero ahora… no tenía nada. Sentía que era obvio, tan grande como una casa. Miró durante más de una hora los puntos estratégicos que estaban marcados en el plano, pero no obtuvo nada. Así que decidió investigar un poco más sobre la joya que habían robado. Así se pasó la mañana leyendo sobre cómo había llegado al país, sus dueños y quienes la habían donado a la exhibición del museo como patrimonio universal.

Existía una leyenda que decía que esa joya representaba el corazón de Amaterasu y quien la dañara, sería poseedor de toda su ira y pagaría con un gran sufrimiento. La joya existía para mantener un camino de comunicación entre el cielo y la tierra, así, aunque Amaterasu no estuviera en la tierra, seguiría en contacto con los humanos. Y aunque estuvo intentando comprender algo al respecto, no lo consiguió.

—Quizá busca que alguien sufra a causa de la joya —pensó en voz alta mientras se cruzaba de brazos y miraba al techo. Kakashi no tenía ni una mínima idea de quién podía estar perpetrando el crimen y lo que era peor: no tenía la más remota idea de quién era quién sufriría la ira de aquel lunático—. Si me hubieses dado una pista —suspiró cerrando los ojos y recordando la sonrisa socarrona que ella lucia antes de irse del deposito en donde lo habían hecho. Una sensación de tranquilidad llegó a él y poco a poco, con el cansancio que tenía encima, se quedó dormido en su silla.


—¡Kakashi! —gritó Morino entrando a su oficina. De un salto, Kakashi se irguió en la silla por el susto. Se había quedado dormido profundamente en su asiento, pensando en Fuyuki y la falta de información que tenía gracias a ella. Agradecía su colaboración, pero hubiese agradecido aún más si le dejaba algo más dicho.

—Confías demasiado en mí —pensó Kakashi intentando espabilar y prestar atención a lo que su superior le estaba diciendo.

—Aún no han encontrado ninguna bomba en ninguno de los lugares designados. Están desde temprano en ello —no sólo estaba desesperado, Morino estaba frustrado. No entendía cómo funcionaba aquel mapa ni por qué querían atacar a alguien en ese edificio, pero sabía que debía cuidar la vida de los civiles a como diera lugar. Y si había algo que lo ponía de mal humor era no saber cómo llevar a cabo su trabajo de manera efectiva y sin bajas de ningún lado.

—¿Cómo? ¿No hay nada de nada?

Ibiki negó con la cabeza y se paró frente al pizarrón cruzado de brazos y con una cara de pocos amigos, tal así que cualquiera evitaría acercarse a él y poner a prueba su humor.

Kakashi se frotó los ojos, apenas estaba espabilando cuando vio algo borroso los puntos que estaban marcados. Se veían difusos como si estuvieran formando algo.

—¡Una flecha! —exclamó Kakashi buscando una lapicera y uniendo los puntos, señalando un único edificio: era Higurashi S.A., una de las compañías más grandes de entretenimiento: hasta su propio canal de televisión poseían—. Hay que ir cuanto antes ahí —él se acomodó el saco y buscó sus llaves y placa, listo para salir.

Ibiki hizo lo suyo para ordenar a las patrullas y el equipo antibombas que se dirigieran hasta ahí. Aún así, no le quedaba claro por qué habían elegido ese lugar.

Kakashi mientras iba en el auto, pisando el acelerador hasta el fondo, iba intentando hilar en su mente cómo todo estaba relacionado.

—Cuando llegues, avisa a Kitan-san y evacua el edificio aún si no encuentras nada —le dijo su jefe por el comunicador.

—¿Qué nombre dijiste? —dijo cuando le terminó de encajar todo el rompecabezas.

—Kitan-san.

—¡Es quién donó la joya al museo! —Todo lo que había leído le estaba rindiendo frutos. Ahora, ¿por qué intentar matar a alguien que donó ese objeto? Todavía no lo sabía, pero iba a averiguarlo.

Al llegar, bajó de su auto y fue directo a la recepción del edificio. Aunque la secretaria era terca, imaginaba que no cualquier podía pasar ahí, pero era una situación de vida o muerte. Más, antes de seguir convenciéndola de hablar con el dueño, Obito lo llamó contándole sobre el dueño de la casa abandonada: era de la familia Kajiyashiki.

—¿Kajiyashiki[1]? Es un apellido extraño —dijo Kakashi. Uno de los más inusuales que había escuchado desde que trabajaba ahí.

—¿Kajiyashiki-san? —repitió la secretaria en voz baja. Sin cortar la llamada, Kakashi preguntó:

—¿Lo conoce? ¿Trabaja aquí?

La empleada agachó la cabeza. Temía haber hablado más de la cuenta, pero si involucraba a esa persona, debía decir algo al respecto. Asintió, conocía a ese hombre, tenía un apellido extraño como para olvidarse de él fácilmente.

—Fue hace un mes —dijo en voz baja, pidiéndole al agente que se acercara a su escritorio así hablaba mucho más confidenciales—. Kajiyashiki-san tuvo problemas con Kitan-san. No sé exactamente qué pasó, pero lo echaron y él se negó a irse de la empresa. Hubo una pelea, física. Una compañera salió herida por intervenir en la pelea y otras personas también. Se fue con la seguridad del edificio y dijo que iba a destruir a Kitan-san y a todo su emporio —confesó la mujer.

A Kakashi muchas cosas le cuadraban mucho más, y ahora que tenía un nombre, podrían dar mucho más rápido con el sujeto en cuestión y terminarían de llenar la parte faltante del rompecabezas.

—Lo que tengo que hablar es muy importante e involucra a Kajiyashiki-san. Llame a su jefe y salgan del edificio usted y sus compañeros. Avise en todos los pisos, por favor —pidió Kakashi. No quería decir que había una bomba, iba a causar un pánico innecesario con ello.

La mujer demoró en tomar una decisión, pero lo llevó hasta la oficina del jefe y se dispuso a desalojar el edificio.


El tiempo iba en su contra. Kakashi preguntó por aquel empleado y pocas respuestas obtuvo, teniendo que dejar el interrogatorio para la oficina. Por ahora, necesitaba encontrar la bomba y salvar a los civiles, luego, encontraría las piezas del rompecabezas.

Empezó revisando cajones, ductos, baño y así en el primer piso. Incluso, vio que había almácigos en las ventanas, así que revisó fuera. Al sacar su cabeza, vio la bomba en el aire acondicionado del tercer piso.

No tenía equipo para subir y comprobar el tiempo de la bomba, pero asumía que tendrían el suficiente. Aún quedaba gente en el interior del edificio, por eso, Kakashi se apresuró a salir. Llamó a Morino y preguntó por el equipo antibombas. Él ya determinó la ubicación y estaba en proceso de evacuación todavía, pero necesitaba con urgencia que llegaran.

Cortó la llamada y su teléfono sonó. Kakashi miró la pantalla y se encontró con un número desconocido y pensando que era Fuyuki, atendió.

—Has hecho un mejor trabajo del que esperaba —la voz masculina del otro lado le certificaba que no era ella.

—Kajiyashiki —afirmó Kakashi.

—En efecto, soy yo. No pensaba que el FBI tuviera agentes tan buenos y solo por haberme encontrado, te daré un obsequio: quedan cinco minutos para que la bomba estalle.

—¡¿Cinco minutos?! —Se alarmó y corrió hacia el edificio. Él ascensor estaba en uso y con las escaleras, los que estaban en el último piso demorarían en bajar. Kakashi miró detrás y no vio otras patrullas ¿Dónde estaban los demás? Necesitaba refuerzos ¡Ahora!

—Sé que disfrutaras ver los fuegos artificiales. Chaíto —dijo con voz cantarina.

Kakashi maldijo. No tenía ideas. Solo avisó a su jefe sobre el individuo. Conocía sus movimientos así que debía estar seguro de poder escapar. Morino mandó una orden de aprehensión tanto para ferries, trenes y todo vehículos fuera y dentro de las islas: debían atraparlo. Con lo que averiguó él, tenían además una foto, así que sería cuestión de hacerla viral lo más pronto posible.

Por lo pronto, él tenía menos de cinco minutos para salvar a los civiles y desactivar la bomba. Kakashi volvió a la patrulla esperando encontrar algo que le sirviera para cortar cables y en la guantera, había un alicate. Se iba a arriesgar a hacerlo. Llamaría al equipo antibombas y él correría el riesgo: moriría de ser necesario.

Marcó el número y sintió una voz familiar. Fuyuki saltó y rozó la muñeca de Kakashi antes de seguir su camino. Corrió al frente con todas sus fuerzas y saltó sobre el módulo del aire acondicionado para trepar en la pared y tomar la bomba. Kakashi quiso detenerla, pero estaba esposado a su auto. La cadena tenía unos treinta centímetros de largo y era todo lo que podía moverse. Con desesperación, palpó su ropa y bolsillos buscando una llave. Él debía detenerla y salvarla. El equipo antibombas no llegaría a tiempo, pero él debía intentar hacer algo por ella. Al principio, pensó en la gente que estaba en el edificio, ahora no le importaba en lo más mínimo: Kakashi estaba solo para ella y eso le preocupó. Recordó las palabras de Ibiki y lo difíciles que fueron de aceptar, pero ahora… ahora sedaba cuenta de que si ella estaba en medio no podía ser objetivo.

—Necesito la llave —detrás suyo sintió la puerta de un auto y vio a Obito y entonces, sacó la llave y resbaló de sus manos por los nervios cayendo lejos de él. Kakashi intentó alcanzarlas— Obito, ¡Ayúdame aquí! —gritó y miró arriba, en el techo del edificio estaba Fuyuki con la bomba. Él se quedó inmóvil y por un momento, juró que ella lo vio y dijo algo, pero era tal la distancia que solo podía suponer.

Hubo un momento de quietud, Fuyuki tomó impulso y saltó al vacío con la bomba en mano y entonces, la abrazó en posición fetal antes de que estallara. Gracias a ella, los daños no existieron, sólo hubo una fuerte sacudida de la tierra y algunas personas sordas por el sonido de la explosión.

—N-no… —tembló el labio de Kakashi y también, su corazón.

Obito se puso de pie tras la explosión y ayudó a su compañero a soltarse de las esposas, pero parecía no tener efecto en él.

—Kakashi —dijo, pero él no respondió. Sólo quedó observando el vacío, justo donde ella saltó en bien de todos— se sacrificó por ti también —su voz era triste, pero quería animar de alguna manera a su amigo. Sin embargo, no lo iba a conseguir.

Él miró la esposa y se la quitó de la muñeca. Desde un principio, ella llegó con la intención de morir en su lugar. Kakashi pensó en actuar para salvar a los civiles dentro del edificio, no le importaba morir, pero ¿Ella? ¿Por qué siempre debía ser así? ¿Por qué era tan impulsiva? Podría encontrar una forma.

Caminó hacia el sitio donde cayeron los restos de la bomba y vio un mechón de su cabello chamuscado. Aquel cabello verde vibrante que ella siempre presumía ahora era solo un resto quemado. Apretó los puños y las ganas de llorar junto con eso: la había perdido. Él que no había podido elegir entre ella y su deber, como siempre, Fuyuki se le había adelantado.


Tenía una licencia de quince días. Kakashi no había querido usarla, pero Ibiki había sido muy tajante: o la usaba o lo despedía. Así, no tuvo más opción que tomarse esos días en casa. Él estaba molesto con esa decisión tan arbitraria ¡lo que más necesitaba era distraerse! Y el trabajo podía ser una de las mejores formas de hacerlo. Kakashi lo necesitaba con urgencia. No lograba concentrarse ni siquiera en sus libros, así que lo mejor que podía hacer ahora es tener algún otro caso y un asesino que perseguir. Pero ni eso le salía bien.

El caso se había resuelto después de la explosión. Habían capturado al criminal queriendo escapar del país y cuando estuvo en el interrogatorio, confesó que quería destruir a Kitan-san porque había robado la joya de su familia. Su padre pensaba venderla y pagar algunas deudas en su casa, pero cuando ocurrió el robo, las deudas siguieron acumulándose y él tomó la decisión de quitarse la vida. Su madre no había soportado eso y al poco tiempo, murió de tristeza dejándolo solo. Al principio le había interesado, pero ahora, era un caso más que se archivaba. Poco quería saber de aquel hombre que había causado tanto daño en su vida por algo como eso.

Se levantó de la cama vestido sólo con una camiseta y boxers, hacia un par de días que no se tomaba el trabajo de arreglarse un poco. Fue al baño y se miró en el espejo y en cuanto se mojó la cara, el timbre de su casa sonó.

—Kakashi —la voz de Ibiki se escuchó del otro lado dándole un golpe a la puerta.

—Está abierto —dijo secándose la cara con una toalla, pero no le dio importancia a la persona que entraba.

—¿Ni siquiera voltearas a verme? —dijo Ibiki con tono molesto. Su empleado suspiró y giró su cabeza y la sorpresa tuvo nombre de mujer. La toalla que traía entre sus manos cayó al suelo, su mandíbula seguía caída. No entendía nada de nada. Y sin poder evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas, corrió a abrazarla.

Fuyuki tenía una habilidad increíble para imitar las voces de los demás y para cambiar su apariencia con ellos. Ahora no era la Fuyuki de siempre. No tenía su largo cabello verde sino un modesto cabello azul oscuro ondulado. Sus ojos ya no eran del color del fuego, sino de un tono rosado muy particular, incluso la ropa que llevaba puesta no era la de siempre. Nada excéntrico ni llamativo, en cambio, lucia un modesto vestido rojo a lunares y zapatos blancos sin tacones. Sin embargo, aunque había cambiado todo su aspecto, seguía siendo ella, la misma de siempre, hasta su voz sonaba igual que de costumbre.

No hubo palabras durante un momento, ambos se quedaron sólo con ese abrazo y nada más. Cuando Kakashi se separó de ella, tomando la iniciativa, para variar, él lo haría en esta ocasión.

—¿Cómo…? ¿Por qué?

—Dijiste que querías estar conmigo. Y no había una solución sencilla —dijo ella con tranquilidad, limpiando las lagrimas del rostro de Kakashi—. Siento no habértelo dicho.

Él tomó su mano y besó el dorso. Fuyuki era una ladrona de arte con un largo historial, aunque sus intervenciones siempre terminaban de la misma manera: involucrada en un crimen mayor, por alguna razón, ella parecía anticiparse a ellos siempre. Kakashi nunca preguntó, no le hizo falta, sólo aceptó de buena gana lo que ella le decía y así, llegó a resolver muchos casos gracias a su intervención. Aunque su prontuario no iba a desaparecer con ello. Iba a pasar un par de años en prisión si es que conseguía un buen trato.

—¿No hallaste una manera más sencilla? —Le sonrió con una expresión bañada entre tristeza y felicidad: esa mujer no era capaz de hacer las cosas fáciles.

—Podría, pero tardaría mucho. La oportunidad estaba y ahora que empiezo de nuevo, será más sencillo para los dos —se puso de puntitas y rodeó su cuello con sus brazos, acercando su rostro al de él— ahora ya no desapareceré de nuevo.

—Me gusta como suena eso.

Acortaron la distancia entre sus labios y se besaron, un beso tierno y perfecto, que iniciaría algo nuevo para los dos.


[1] Kajiyashiki 鍛冶屋 es un apellido muy, pero muy inusual. Según un censo hecho en Japón, tan sólo hay cuarenta personas que tienen este apellido.

¡Hola, gente linda! Tarde pero llegué con el segundo día. En esta ocasión, era escribir sobre cualquier AU y como hacía tiempo quería explotar a Kakashi como miembro de alguna fuerza de seguridad, aproveché este momento.

Espero que lo hayan disfrutado.

¡Un abrazo!