Se lo miraba incomodo. Estaba durmiendo, pero no paraba quieto en la cama. Sus sueños eran pesados, oscuros. Luchaba siempre contra los mismos demonios, una y otra vez estaban ahí. Los que no había podido salvar; a quienes había asesinado con sus propias manos también. De nuevo, la voz de ella y su mirada adolorida, esa que tantas pesadillas le causaba en las noches. Kakashi veía su mirada triste y cansada, compungida de un dolor físico que lo atravesaba a él también y pronunciaba su nombre, lento, cortado con sus últimas fuerzas antes de escupir sangre y caer en su brazo. Su mano había quedado atorada en su pecho por culpa del ataque. Su chidori era preciso y mortal… y ahora, su mano estaba en su cuerpo, un cuerpo inerte, que jamás iba a volver a tener vida.
Se despertó de un golpe, agitado y cubierto en sudor. Se miró las manos cubiertas de sangre y corrió hacia el lavamanos y estuvo largo rato frotando sus manos debajo del agua con tal desesperación que parecía estar a punto de llorar. Se secó las manos y se cambió de ropa para salir. No iba a dormir, otra noche más que no podría descansar. Sus pesadillas, ese ser horrible en que se había convertido con el pasar de los años: Kakashi mata amigos, el sobrenombre que le daban y que él sabía, lo tenía más que merecido. Él mismo era un monstruo, un ser que no debería estar vivo, pero por alguna razón, siempre escapaba a las garras de la muerte. Siempre eran los demás que eran alcanzados por la parca y él… seguía ahí.
Eran casi las tres de la madrugada. La luna se veía grande en el cielo y corría una brisa fresca que no inmutó al ninja. Sólo siguió andando en medio de la noche. Durante la misión había sido lo mismo, aunque gracias a la guardia que debían hacer, podía saltarse un rato las horas de sueño y escapar de sus pesadillas: así ellos no tenían forma de alcanzarlo. Cerró los ojos y suspiró desde lo profundo de su corazón: quería dejar escapar sus miedos, aunque parecían tan arraigados en él que se enquistaban y echaban raíces. Y le dolía y lo oprimía. Había pocos momentos donde lograba que esa sensación desapareciera, pero estaba fuera de su control.
—Debí haber traído un libro —dijo con las manos en los bolsillos y al mirar al frente, vio la puerta de una casa. No era cualquier casa, era la puerta de la casa de Fuyuki. Él no recordaba haber tomado el camino hacia ella, pero había llegado. Parecía que sus pies tenían vida propia, aunque él tenía esa cosa, eso que no le iba a permitir aceptar que la quería ver.
Volteó y decidió irse, pero al dar tres pasos, se detuvo y miró detrás de sí y volvió sobre sus pasos a tocar su puerta. Golpeó dos veces y luego, una más.
—Olvídalo. Ella tiene el sueño pesado —dijo con una pizca de decepción y al estar yéndose, sintió la puerta abrirse.
—¿Quién…? —preguntó frotándose los ojos, en un intento de espabilar y ver mejor. Tenía el cabello desarreglado y la camisola que se caía hacia un lado dejando ver un poco más de piel por el bretel caído— ¡¿Kakashi-kun?! ¿Qué haces aquí? Se supone que ibas a llegar mañana y yo iba a ir a recibirt… —dijo atolondrada al ver al ninja en frente de ella, pero se detuvo cuando Kakashi la abrazó— -te —terminó la palabra y antes de preguntar nada más, correspondió el abrazo.
Él no supo por qué al verla su primera reacción fue querer abrazarla. Apenas la vio en la puerta, ya estaba rodeando su cuerpo sin poder pensar un poco en ello. Odiaba parecerse a ella en eso. Fuyuki era impulsiva, él no. Pero a veces, cuando ella estaba cerca, tenía alguna reacción así, totalmente descontrolada y sin pensarlo. Y él, como el ninja analítico que era, no podía permitirse eso. Pero cuando la tenía en sus brazos, cuando sentía su perfume y calidez, se olvidaba de eso. Detrás del ninja estaba él que no era más que un simple hombre sin un rumbo seguro en la vida.
—Kakashi-kun —pronunció su nombre acariciando su cabello— ¿te sientes bien?
Él, recobrando su lucidez, se separó de ella, pero mantuvo sus manos en sus hombros y al ver que casi se veía su pecho, levantó el bretel de la camisola y lo acomodó. Se iba a sentir mucho más cómodo de esa manera si estaba con ella.
—¡No me digas! —exclamó ella con tanta seguridad que lo asustó— me extrañaste tanto que no podías esperar a mañana para verme ¿no es así? —su voz sonaba emocionada y podía ver sus ojos brillar en la oscuridad de la noche. Fuyuki cerró los puños conteniendo su entusiasmo y saltó encima de él sin contenerse en lo absoluto. Kakashi la sostuvo dando media vuelta por el impulso de la muchacha para no perder el equilibrio y la sostuvo de la cintura. Era pequeña y le parecía sumamente frágil, teniendo especial cuidado con ella.
—Yo… no dije eso —dijo él sonrojado, evitando hacer contacto visual.
—No lo dijiste, pero viniste a verme en la madrugada y eso es mucho más que suficiente como para alentar a mi encantado corazón —respondió ella con más confianza que antes y estuvo a punto de soltarse y bajar, pero él la detuvo.
—Estás descalza —señaló y la llevó al interior de la vivienda una vez más, entonces, la dejó en el suelo y apenas lo hizo, ella lo jaló al interior de la casa, cerrando la puerta tras de él.
—¡Oye! ¿Qué haces? —preguntó preocupado.
—Viniste a casa, no vas a irte a esta hora de la noche. Vas a dormir conmigo —y con una sonrisa brillante, tomó el brazo derecho de Kakashi entre los suyos, apretándolo contra sus pechos y poniéndolo más incómodo de lo que ella solía hacerlo sólo con su presencia.
—¡Y-yo no vine a eso!
—Mojigato —dijo con frustración— ¿y a qué viniste? —preguntó sin soltarlo. Kakashi estaba semi encorvado gracias a la diferencia de altura entre ambos y cómo ella lo tenía sujeto, casi dejando sus rostros a la misma altura.
Él tragó saliva y miró hacia otro lado. Se rascó la nuca ¿qué iba a decirle? ¿Qué tuvo una pesadilla y sin darse cuenta había llegado a su casa? ¿Qué ella le daba tranquilidad? Que, por alguna extraña razón, Fuyuki se había vuelto su refugio, aquel que le daba el calor de hogar, la tranquilidad y seguridad que le hacía falta en su vida. Había descubierto que lo era, ella y no había nadie más. Pero no podía admitirlo. Era aquella que lo ayudaba sin darse cuenta de lo importante que era estar en su vida y sólo eso. Y le daba miedo también, porque su vida y todo indicaba que podía perderla. Era Kakashi el sangre fría, el mata amigos, el que infundía miedo en ANBU, el del sharingan, el terror de sus enemigos… y de sus amigos.
—Me voy —sentenció Kakashi soltándose de ella y se dirigió a la puerta y al instante, se vio en el suelo, después de haber sido tacleado por ella.
—No voy a permitir que te vayas cuando apenas has llegado. Ni siquiera me has dicho por qué has venido —le dijo sentándose en su espalda. Él se apoyó sobre sus antebrazos, levantando a la mujer en su espalda y miró por encima de su hombro: la expresión de frustración que tenía ella no tenía nombre.
—Bájate, por favor.
—¿Te quedarás?
—Lo haré. Ahora, baja —dijo tras un largo suspiro. Ella sonrió y se puso de cuclillas a su lado con una bella sonrisa en el rostro y ahora, era Kakashi quien se encontraba totalmente vencido por una mujer. Ni siquiera era una ninja excepcional. Fuyuki destacaba por su herencia de sangre: el hyoton, pero le gustaba más la magia que las batallas, así que era difícil definirla en el mundo ninja.
Kakashi se quitó los zapatos y apenas lo hizo, Fuyuki lo tomó de la muñeca jalándolo por el pasillo escaleras arriba.
—¡Oye! ¿A dónde me llevas?
—A mi habitación, por supuesto. Son las tres de la mañana, quiero dormir —dijo después de dar un bostezo.
—No dormiré contigo.
—Claro que sí ¿dónde más lo harías? —preguntó con total confianza mirando de soslayo antes de llegar a su habitación. Acomodó la cama de nuevo y sacó a su peluche de la cama, dejándolo en la silla de su escritorio, acomodándolo con cuidado. Él observó con cuidado su habitación. Nunca había estado ahí. Ella siempre iba a su casa, siempre lo seguía, pero él no lo hacía y aunque había llegado a su casa, nunca había llegado tan lejos como hasta ahora.
Se quedó un rato mirando a su alrededor cuando ella lo sacó de su ensoñación jalándolo del brazo hacia el frente, quedando encorvado y con las manos sobre el colchón, de no haberlo hecho, hubiese estado a punto de besarla. Kakashi se sintió nervioso, arrepintiéndose de haber llegado, todo esto, la situación y ella lo ponían ansioso y lo hacían sentirse tonto: no sabía cómo actuar con ella.
—Vamos, es tarde. Acuéstate —le dijo quitando la manta y haciéndole lugar en la cama y ante el sonrojo que tenía en las mejillas y las orejas, Fuyuki sonrió con picardía— pero si quieres intentar algo más —lo rodeó con sus brazos por el cuello y se acercó tanto a su rostro que él casi sintió que rozaba sus labios a través de la máscara. Su corazón retumbaba en sus orejas de lo fuerte que eran sus latidos y él, sólo atinó a tirarla en el colchón sosteniendo sus muñecas, quedando encima de ella— eres más atrevido de lo que pensaba —dijo con voz seductora levantando su pie y recorriendo la pierna de Kakashi provocándole un escalofrío.
—V-vamos a dormir —dijo casi en un susurro aflojando el agarre y acomodándose a su lado, tapándose los ojos con el dorso de su brazo.
Ella sonrió y se acomodó sobre su pecho. Kakashi espió por debajo de su brazo. Ella era tan descarada que se había acomodado encima de él sin ningún tipo de problema ni una reacción por lo de recién.
—Descansa —le deseó ella tomando el brazo de Kakashi y colocándolo alrededor de su cintura. Ella no iba a ser la única que iba a abrazarlo ¡Quería que él también lo hiciera!
Él le deseó buenas noches y al poco rato, la sintió más relajada, así que asumió que se había quedado dormida. Y eso le dio un respiro de todo lo que había sucedido en la noche. Había salido de su casa buscando tranquilidad y había alborotado todos sus sentidos en unos pocos minutos con ella. La miró dormir tan placida y se preguntó cómo lo hacía. Aunque debía aceptar que no se sentía mal tenerla a su lado. Era cálido y el perfume que ella tenia y el de sus sabanas era agradable, lo suficiente como para hacerlo sentir cómodo a pesar de estar compartiendo la cama con una mujer. Cerró los ojos y se quedó dormido apenas lo hizo.
Esa noche no tuvo pesadillas.
¡Hola, gente linda! Tarde, pero llego con el tercer día de la #Kakashiweek, pero seguro. Este año voy mejor que el anterior, a decir verdad, aunque me gustaría llegar con un dibujo por capítulo, creo que lo subiré a todos cuando termine de escribir los fics.
Este día corresponde al tres y elegí "monstruo interior" debido a la pésima imagen que tenía Kakashi en su época de ANBU y todo el mambo que había en su cabeza. Me pareció un momento perfecto para meter a Fuyuki ya que le hacía falta alguien que pudiera ser capaz de ayudarlo a pasar ese mal momento y calmarlo.
Espero les haya gustado.
¡Un abrazo!
