Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
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Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani B por betear esta historia.
"Francamente, querida, me importa un bledo".
Lo que el viento se llevó
Perdidward
Ella era… su… maldición, su belleza estaba fuera de este mundo.
Mi hermana me codeó entonces, molestándome hasta la mierda cuando empezó a hablar.
Lo sé, ¿cierto?
—Bella, este es mi hermano; Edward. Edward, esta es tu nueva recepcionista; Bella
Um… ¿qué?
~Um… sí, sí, sí.
¿Recepcionista?
La diosa habló en ese momento.
—¡Hola!
Vaya, otra muy alegre. Maravilloso.
Pero Dios mío, era… preciosa.
JANE. JANE. JANE. JANE.
Cierto. La mujer que amaba.
La dios-Bella continuó, sonriendo brillantemente.
—Gusto en conocerte, doctor Cullen.
Santo Dios, ella era… hummm…
¡HABLA!
Cierto.
Me obligué a sonreír.
—Igualmente.
»¿Veo que las cosas cambiaron aquí? —añadí, dedicándole una pequeña sonrisa a Bella antes de mirar a Híper. Sí, ella estaba detrás de esto.
Jodida metiche.
—Mmhmm, pero culpa a Jasper y Alice, por favor —dijo Bella, sonriendo mientras acomodaba a la niña en su regazo y se ponía de pie—. Apenas hace dos días me dijeron que no sabías que yo estaba trabajando aquí.
Eso lo explicaba.
—Ya veo —asentí, riéndome una vez antes de lanzarle una mirada de enojo a Alice—. Pues confío en su criterio, aunque no sé por qué mi hermana… que es estilista… debería estar aquí para decidir.
Híper sostuvo mi mirada de enojo con una de indiferencia, y de verdad deseaba tener a Jasper aquí para apoyarme, pero… ¡deténganse ahí!
Entonces, Jasper la contrató.
¡Carajo!
Mi lucha de miradas con Alice terminó cuando escuché un grito ahogado. Y me quedé ahí parado… abriendo la boca como un maldito pez cuando Bella censuró sus palabras por la niña que al parecer le acababa de jalar el cabello.
Luché contra la urgencia de burlarme mientras Bella se obligaba expertamente a sonreír para la niña. Aunque creía que no había logrado mantener mi diversión muy bien escondida.
De verdad era un regalo para la vista.
—¿Quieres ayuda, Bella? —escuché a mi hermana reírse entonces.
Bella nos miró y maldición, nos lanzó una mirada de enojo.
Esa mirada fue… endemoniadamente sexy.
Solo decía.
Pero… no pude contener mi risa cuando Bella nos enseñó el dedo… usando su dedo anular.
Maldita sea.
—Pues me alegra poder divertirlos —ladró Bella, alejando a la niña de su cabello—. Alice, ve a cortar el cabello de alguien. Doctor Cullen, un placer conocerte y todas esas mie-les…
Oh, esto era divertido…
—… Bienvenido de Londres, tu primer paciente llegará a las ocho y media, y el historial ya está en el contenedor afuera de tu oficina.
Diciendo eso, se fue dando pisotones con la niña hacia el comedor.
Y yo me quedé en una bruma.
O sea, en serio perdido.
—Así que… ¿qué opinas?
Me giré hacia Híper. La fulminé con la mirada.
—No me mires así. ¡Es perfecta, Edward!
—Francamente, querida hermana, no me importa ni un puto bledo.
—Maldición, ¿qué te pasó? —murmuró, sacudiendo la cabeza—. Olvídalo. Sé exactamente qué pasó… o quién.
—Corre antes de que yo te corte el cabello, hermana —dije con furia.
Salió corriendo.
Mierdecilla obediente.
Suspiré para mí, sacudí la cabeza para despejarla y luego avancé hacia mi oficina con mis mierdas y, efectivamente, el historial de mi siguiente paciente estaba en el contenedor de la puerta.
Necesitaba hablar con Jasper, era seguro. Así que después de dejar todas mis cosas adentro, me dirigí a su oficina, y por suerte no tenía ningún paciente en ese momento.
—Bienvenido, hombre. —Jazz sonrió, dándome una palmada en la espalda mientras me hacía un gesto para entrar.
—Gracias —respondí, sentándome frente a él.
Y no, jamás me verán tomar asiento en su sofá.
Alice era mi hermanita.
Final de la historia.
—¿Supongo que quieres una explicación? —preguntó Jazz, sonriéndome tímidamente mientras tomaba asiento detrás de su escritorio.
—No, ¿qué te hizo pensar eso, Jazz? —respondí secamente—. ¡Por supuesto que quiero una jodida explicación, hombre!
»¿Qué tan grande fue la parte que jugó mi hermana en esto? —añadí, porque tenía una idea bastante buena.
Puede que mi polla estuviera más suave que un dulce de algodón en este momento, pero los verdaderos debiluchos eran Jasper y Emmett. Esos dos nunca podían decirle que no a sus esposas.
Todos eran unos cabrones.
~Al menos ellos pueden follar.
Jódete.
~¡No puedo! Creí que ya habíamos establecido eso.
Luché contra un gruñido.
—Cálmate, Edward, ¿de acuerdo? —Jasper se rio entre dientes, alzando las manos a modo de rendición—. Ali y Rose encontraron el currículum de Bella en una base de datos, y la llamaron… le pidieron que viniera aquí.
¿Así que Bella ni siquiera había aplicado para el maldito trabajo? ¿Ellas la rastrearon?
Dios.
—Cuéntame de ella —suspiré, poniendo cómodo mi culo porque no me iría hasta que lo supiera todo.
Entonces Jasper pasó los siguientes diez minutos desvariando sobre lo jodidamente maravillosa que era esta chica alegre, y tuve que admitir que su currículum era impresionante a pesar de no tener experiencia.
A lo que se reducía, era que Bella Swan era increíble con los niños y la gente ya la quería.
Pero Cristo, era de Arizona. ¿Y vino hasta acá solo por un trabajo?
Ah, bueno. No era mi vida.
—Así que ahí lo tienes —dijo Jazz—. Es muy buena, Edward, y lo verás muy pronto.
Asentí pensativo…
—¿Qué edad tiene? —pregunté con curiosidad, porque parecía muy joven.
—Uh… um, no recuerdo —respondió Jazz, muy inquieto de repente—. Pero uh, ya casi llega tu paciente… te diré después, ¿sí?
Um, ¿bien?
¿Me perdí de algo aquí?
Se paró entonces y fue mi señal para irme… al parecer.
—Planearemos una noche de chicos pronto, ¿eh? —dijo Jasper mientras me acompañaba a la salida.
Qué cabrón raro.
De cualquier jodida manera, asentí y me dirigí a mi oficina para ponerme la filipina… también temía, no, no temía, ¿de dónde carajos había salido esa palabra? En fin, también vería a Jane esa noche cuando regresara de Seattle.
~Vaya, en serio estás sacando las cosas de quicio.
¡Cállate!
