Apenas lo vio pasar, salió corriendo detrás de él. Kakashi llevaba su traje ANBU e iba caminando solo, como siempre. Fuyuki también estaba sola, aunque era solo por hacer tiempo. Más tarde se juntaría con Miho y Gai y no sólo iba a aprovechar para invitar a Kakashi, sino para poner en marcha su plan para el fin de semana. Kakashi se aislaba cada vez más de todo y ella ponía su empeño de forma más intensa con cada intento de él de separarse de la sociedad: ella no lo permitiría. Lo atrapó por la espalda, colgándose de su cuello y deteniendo su paso.
—¿No puedes actuar como alguien normal? —dijo él cerrando los ojos.
—El muerto se ríe del degollado —se burló ella apoyando su cabeza en el hombro de él— en una hora me veré con Gai y Miho y tú vendrás conmigo —le avisó con una sonrisa.
—Estoy ocupado.
—Claro que no.
—Tengo que ver al Hokage —dijo él de mala gana.
—Una razón más para que vayas con nosotros: esas reuniones son la mar de aburridas —se quejó ella en su lugar. Kakashi la vio por el rabillo de su único ojo y empezó a caminar de nuevo a pesar de que ella estaba encima de él, no parecía representar ningún problema.
—Tengo una misión. No iré.
—Estoy segura que vendrás. No dejarías a una hermosa dama como yo plantada. Me romperías el corazón y no volvería a hablarte nunca más —amenazó con toda su energía.
Él sonrió.
—Quiero ver qué lo intentes —la retó él. No la creía capaz de algo como eso. Kakashi sí era capaz de hacerlo, de ignorar al mundo y no volver a tratar con ninguno, pero Fuyuki… ella era demasiado social, demasiado apegada a las personas y sobre todo, quería estar con ellos. Y no había nada que la detuviera, en lo absoluto. En cambio, él no podía decir lo mismo de su vida.
Fuyuki lo soltó y se puso delante de él con una seguridad que desbordaba de su ser y lo señaló:
—Verás como cumplo con todo lo que me propongo —aseveró y le sonrió dando un salto y tomando su brazo— ahora, vamos.
Ambos se dirigieron a la torre del Hokage. Fuyuki fue sacándole conversación a Kakashi durante todo el camino, algo bastante común en ella. Aunque era difícil hablar con él, ella no se rendía. Por el contrario, cada piedra en el camino servía para fortalecerla más y más. El ANBU no podía entender esa actitud de la mujer y él estaba seguro de no tener la fortaleza para hacer algo como eso.
«¿Será suficiente?» se preguntó mientras la veía a ella. Siempre le decía que lo quería y que haría todo por él, pero ¿era el amor suficiente para soportar todo? Quería saber sobre eso, pero… no había tenido una vida así. Cuando estuvo su padre fueron sus años más felices, pero luego… todo se había desvanecido como la niebla en la mañana.
Fueron hasta la sala central que daba al jardín de la torre. El Hokage estaba esperando a Kakashi en esa habitación.
—Ya puedes ir a casa —le dijo él.
—¿Por qué? Pienso entrar contigo.
—Pero, las misiones ANBU son confidenciales —le dijo estupefacto de esa determinación que veía en sus ojos. De nuevo, esa sensación de estar dispuesta a todo por él lo hacían dudar.
—No te preocupes —le sonrió— será rápido. Sólo tengo que pedirle un favor.
Esa palabra: favor. A Kakashi no le sonaba del todo bien viniendo de ella. No le había preguntado qué es lo que traía entre manos en el camino porque pensaba que sólo iba a acompañarlo hasta ahí sin más razones ni otra cosa en mente.
Lo tomó de la muñeca y ambos entraron a la habitación. El Hokage se quitó la pipa de la boca exhalando el humo del tabaco y los saludó a ambos. Fuyuki volteó a ver a Kakashi y se adelantó a él. Hizo una reverencia y mantuvo sus manos en su regazo, firme y determinada a conseguir lo que quería.
—Hokage-sama —dijo ella en tono dulce y moderado. Y ahí estaba de nuevo esa alerta que le decía que algo se traía entre manos— quisiera pedirle un favor: si es posible, no mande a mi Kakashi-kun lejos este fin de semana.
A Kakashi se le erizó toda la piel del cuerpo cuando la escuchó, perdiendo la compostura que tenía hasta ese momento. El Hokage se movió ligeramente para ver detrás de ella al ninja.
—¿Tu Kakashi? —repitió el ANBU avergonzado. Le había costado un montón decirlo sin sonrojarse, ¡y ella estaba como si nada! Hasta volteó y le sonrió, afirmando que era tal y como lo había dicho.
—¿Y a qué se debe esa petición? —preguntó el líder de la aldea con una sonrisa jocosa en el rostro. La estaba pasando bien, demasiado bien con la situación tan hilarante que tenía en frente de él. No sólo había hecho sonrojar a Kakashi, sino por un momento, había visto que esa expresión de pez muerto se había desvanecido de su rostro y eso, le hizo bien al Hokage.
—Tengo planes con él el fin de semana. Iremos a una bonita posada. Ambos sabemos que Kakashi-kun no se toma en serio el descanso, así que yo me encargaré de eso —contó su gran plan con tal entusiasmo que era contagioso, el único que seguía estando en contra era el involucrado en ello.
—No dije que sí.
—Dijiste que no harías nada el fin de semana —rebatió Fuyuki sin ánimos de cancelar su plan de salir con él todo el fin de semana.
—Fuyuki —dijo con voz cansada, pero sin quitar la expresión feliz que tenía. Ella dejó la discusión con Kakashi para después, ya habría tiempo de convencerlo, pero primero, tenía que conseguir el tiempo— no puedo prometerte nada —eso desilusionó a la muchacha y alivió a Kakashi— pero —dijo haciendo que ambos prestaran especial atención a lo próximo que tenía que decir al respecto— haré todo lo posible para que tus planes no se vean interrumpidos.
El ninja pensó que el Hokage iba a apoyarlo y quiso intervenir, pero en cuanto vio que Fuyuki se arrojó a abrazarlo, sus prioridades cambiaron súbitamente. Incluso el Hokage se había sorprendido de semejante hazaña, no cualquiera lo abrazaba, mucho menos siendo el líder de la aldea, pero a ella no solían importarle ese tipo de cosas.
—¡Gracias! —exclamó feliz la muchacha— me encargaré de hacer un postre delicioso para usted —dijo ella al soltarlo y volver a reverenciarlo— me retiro entonces. Kakashi-kun, te veo al rato con Gai —le recordó de la salida que tendrían y esperaba encontrarlo ahí. Pero ya estaba mucho más que feliz por todo lo conseguido ese día.
—Como recomendación, no coma nada de lo que ella prepare —advirtió Kakashi después de que ella se retiró.
—Deberías sentirte más agradecido. Tu novia es muy linda —dijo el Hokage volviendo a poner tabaco en su pipa y encendiéndola.
—Ella no es mi… —sabía que era una discusión perdida, así que se ahorró los argumentos y se resignó— sí.
No podía negar que Fuyuki era bonita. Y no sólo eso, era muy atenta y siempre estaba al pendiente de que estuviera bien. De que comiera o descansara, incluso, era la primera en darse cuenta de que estaba triste o se sentía mal y eso no era algo común con las demás personas. Kakashi se consideraba excelente ocultando sus emociones hasta que llegaba ella.
Tardó unos minutos más en la reunión con el Hokage. Le dio una misión para ir a recibir un tratado con el país de las rocas. En palabras de él, no debía ser un problema, pero podía suceder. El país del arroz tenía interés en detener cualquier tratado con las rocas, así que había que ser extremadamente cauteloso con lo que se hacía con ellos. Habían optado hacerlo por medio de mensajeros precisamente para no involucrar en una batalla física a los lideres de ninguna de las naciones. Y Kakashi era uno de los ninjas más inteligentes y rápidos para una situación como esa. Además, quería alejarlo un poco de aquellas misiones más complicadas y que involucraban su lado más sanguinario.
Una corriente de viento fría levantaba las hojas caídas del suelo y traía consigo el olor a tierra mojada típico de una lluvia que se avecinaba. Kakashi cerró su ojo y sintió la frescura contra su piel y se dispuso ir a su casa a prepararse para la misión… pero se detuvo. La voz de ella volvía a su cabeza intentando convencerlo de ir a pasar el rato con sus amigos. Lo ignoró y siguió su camino y de nuevo, el cargo de conciencia volvió a detenerlo. Esas palabras que ella le había dicho: "me romperás el corazón" hacían eco en su cabeza.
«¿Por qué te metes así en mi cabeza?» se preguntó cambiando su rumbo. Fue al puesto donde se reunirían a buscarla. Gai apenas lo vio salió a saludar a su eterno rival y a pedirle un nuevo duelo para poner a prueba sus habilidades. Ya que había asistido, tendrían tiempo y un buen entretenimiento para pasar el rato. Sin embargo, Kakashi lo ignoró y dirigió su mirada hacia Fuyuki.
—No puedo quedarme. Tengo una misión que cumplir.
—¿Volverás pronto? —preguntó Fuyuki. Sabía que era una perfecta excusa para evitar socializar, pero si algo le había sorprendido para bien es que él había ido a avisarles que no estaría presente. Fuyuki se sintió feliz al igual que Gai. El Kakashi de siempre habría faltado sin decir nada a ninguno de los dos.
—Si no hay complicaciones, sí —respondió él volteando para irse.
—Entonces, apenas regreses, tendremos un encuentro —dijo Gai dándole una palmada en la espalda.
Kakashi asintió y se fue a su casa a prepararse para volver a salir.
El clima empeoró con el correr de las horas. Lo que había sido una ventisca ahora se convirtió en una tormenta. Aún así, el deber de los ninjas estaba por encima de cualquier obstáculo. El clima era lo de menos para ellos, debían cumplir con su misión a como diera lugar, Kakashi no iba a ser la excepción. Él podría haber llevado a alguien más. El Hokage le había permitido tener a algún otro acompañante. Él era líder de la división, podría haber llevado a quien quisiera, pero no lo hizo. Sólo se bastaba y se sobraba para pedir compañía en una misión tan sencilla.
Llegó temprano al punto de encuentro y se resguardó de la lluvia entre las ramas de un árbol, esperando ver algún tipo de movimiento en los alrededores. Él tenía un excelente olfato, pero en esta ocasión, eso no iba a servirle a causa de la lluvia, así que tendría que valerse de su vista (reducida por su único ojo) y su oído. El sharingan era útil en las batallas, pero al no ser un Uchiha, desactivarlo era imposible, así que lo cubría con su bandana para no gastar energía de manera innecesaria.
El viento comenzó a soplar de nuevo, mojándolo aún más sin importar que estaba a resguardo del agua. Kakashi estaba alerta, esperando al enviado, cuando vio una sombra de soslayo. Volteó y siguió sus pasos y de pronto, saltó y volteó en el aire sacando un kunai y deteniendo un ataque de otra persona. Había dos personas, podía haber un tercero, pero debía concentrarse en ellos primero. Kakashi cambió de mano el kunai y sacó otro atacando al que estaba tras de sí. Luego, destapó su sharingan y acumuló chakra en su mano derecha y corrió hacia ambos, atacando al primero directo en el pecho, se lo quitó de encima con una rapidez inhumana y atacó al siguiente que a causa del miedo, no reaccionó a tiempo.
Los cuerpos quedaron tendidos en el suelo mientras la lluvia seguía cayendo. Kakashi miró su chaleco manchado con sangre tapándose el ojo una vez más, pero sintió el silbido del viento y se quitó del camino, aunque el kunai llegó a rozar su mejilla haciendo una pequeña cortada: todavía quedaba una tercera persona. El ANBU sólo quitó el kunai que había quedado en el árbol y saltó de rama en rama hasta llegar a la altura de donde provenía el ataque. Hizo una serie de sello de manos y la tierra se elevó haciendo murallas nuevas cubriendo los arboles que los rodeaban: ahora no podría escapar de él. Apretó el kunai en su mano y sacó uno más. Kakashi saltó hacia el árbol del frente, lanzando el kunai. El enemigo atacó directo a Kakashi que dejó una abertura para herir su pecho y entonces, cambió a un tronco: era un jutsu de sustitución. Así, Kakashi apareció detrás suyo y le cortó la garganta. La sangre había salpicado a su cuerpo y su mascara incluso, pero no le dio importancia.
Al estar en el suelo, examinó los cuerpos de las víctimas: todos tenían una bandana del país del arroz, pero uno de ellos era un renegado ¿tan lejos eran capaces de llegar por impedir la alianza?
Regresó al punto de encuentro y se paró sobre una roca.
—Ya puedes salir —le dijo al enviado del país de las rocas. Él lo había sentido antes, pero no tenía razón para hacerlo salir cuando la batalla no estaba ganada.
El hombre se asomó de su escondite y se puso de pie de un salto. No era cualquier ninja: era Kakashi el sangre fría el que iba a recibirlo. Todo el mundo conocía lo sanguinario que era el ninja y lo poderoso que se volvía con su sharingan. Miró debajo de su impermeable y sacó un pergamino con manos temblorosas que le entregó al ANBU.
—Pronto tendrán noticias de la aldea —fue todo lo que le dijo al recibirlo. Lo guardó y se marchó de ahí.
La lluvia no aminoraba, por el contrario, se había convertido en una tormenta. Fuyuki no tenía fascinación por los truenos, pero podía soportarlos si sabía que Kakashi iba a estar con bien. Llegó a la casa de él con la comida ya hecha. Pensaba que al menos, podría esperarlo con una cena caliente después de su misión. Él le había dicho que no tardaría, así que ella lo iba a esperar el tiempo que fuera necesario.
Miró por la ventana un largo rato antes de volver a la mesita de centro que usaba para la cena. La casa de Kakashi era enorme, pero no tenía mucho. Después de la muerte de su padre, todo había quedado tal cuál, como si no hiciera falta nada más. Fuyuki quería poner un sofá en la sala, pero él se negaba: no hacia falta. así que se sentó en el suelo y se apoyó sobre la mesa. Más que regresar pronto, esperaba que regresara a salvo, sin más fantasmas que lo atormentaran que cuando salió de la aldea. Pensando en ello, apoyó la cabeza sobre sus brazos y se quedó dormida esperándolo.
Estaba cerca y si había algo que le parecía sospechoso era ver luces en su casa. Él recordaba haber apagado todo antes de marcharse. Aún así, entró con cautela. Se quitó los zapatos y el impermeable cuando entró y anunció su llegada. Hacia años que no había nadie que le diera la bienvenida, pero él aún así llegaba y lo hacía. Era una costumbre que no quería perder a pesar de su soledad.
Fue a su habitación a buscar una toalla y fue cuando la vio: acostada sobre la mesa del comedor. Miró sobre la encimera y se encontró con varias bolsas y se volvió a preguntar por qué hacia ese tipo de cosas. Se acercó a ella y le tocó el hombro. Su piel húmeda y fría le causó un escalofrío que hizo despertar a Fuyuki.
—Tiene que poner calefacción —murmuró somnoliente irguiéndose.
—La casa está bien así —dijo Kakashi y la hizo brincar del susto. Apenas intentaba espabilar y él le hablaba de esa manera. Fuyuki podría haberle gritado por no ser más sutil con una dama, pero le preocupó más la cantidad de sangre que había en su ropa.
—¿Estás herido? Déjame…
—No es mío —respondió frío y se puso de pie— sólo tengo un raspón— advirtió el rasguño de su mejilla— iré a cambiarme. Vuelve a casa —pidió dirigiéndose a su habitación. Buscaría ropa y se daría un baño, eso le daría tiempo a la mujer para irse.
Ella lo vio alejarse con tristeza. No imaginaba todas las cosas que debía pasar Kakashi en cada una de sus misiones. Odiaba que fueran confidenciales, odiaba que él no se abriera con ella por causa de ello. Quería preguntarle, pero sabía que eso sólo haría que él se retrajera aun más en su duro caparazón. No tenía forma de llegar, pero no se iba a rendir a alcanzarlo. Ella conocía a Kakashi, sabía que ese no era él, no siempre fue de esa manera y no quería que siguiera dejando ganar a su lado más oscuro, aquel que lo hacia sentir tan mal y lo destruía poco a poco.
Puso a calentar la comida y esperó a que él saliera de tomar la ducha. Dejó todo preparado. Hizo té verde con limón y se sirvió una taza esperando que él llegara.
Kakashi llegó como a los quince minutos.
—Seguro tienes hambre, así que tienes una cena muy variada y té caliente. Ven —le dijo señalando el almohadón del otro lado de la mesa. Fuyuki sonrió y sirvió la comida en los platos, luego, le sirvió té y esperó a que se sentara.
—¿Por qué haces esto? —preguntó Kakashi sin moverse de su lugar.
—Porque acabas de llegar de una misión complicada y debes alimentarte adecuadamente.
—No me refiero a eso —aseveró poniéndose de cuclillas en frente de ella. Fuyuki alzó la mirada. Su ojo oscuro se posó sobre ella, escrutándola con la mirada, intentando averiguar más sobre ella sólo con eso. Pero ni usando su sharingan iba a poder ver más allá. Había cosas que él no entendía y no existían jutsus capaces de descubrirlos.
Ella sonrió, tomó la toalla que tenía en el cuello y la levantó cubriendo su cabeza para secar su cabello y evitar que aquellas gotas siguieran rodando y lo mojaran.
—La razón por la que hago todo esto es porque me importas —dijo ella con calma— sé que para ti es difícil dejar a alguien entrar en tu vida. Para mí no lo es y siempre vas a tener el lugar más grande en mi corazón. No importa si te toma tiempo, yo voy a estar siempre para ti.
«Porque no tienes idea de lo mucho que te amo» pensó Fuyuki, pero no lo dijo. Sabia que sólo con eso iba a dejarlo bastante complicado como para ir por más. Poco a poco lo conseguiría.
Las palabras golpearon a Kakashi fuerte y certera. Odiaba que ella fuera tan tenaz y paciente. Tenía esperanza que él la dejaría entrar y no la culpaba después de sus pequeñas victorias. Entendía que se envalentonara de esa manera y siguiera delante como si pudiera conquistar al mundo sólo con su sonrisa y su entusiasmo ¿por qué no iba a conseguirlo? A él lo había conquistado, aunque jamás lo admitiría. Lo más seguro para ella era rendirse y marcharse lejos, así tendría una vida prospera y feliz… y tenía miedo de que se marchara y tuviera una vida prospera y feliz lejos de él. Sin pensarlo, la abrazó y ella lo reconfortó con sus brazos y luego, bajó su máscara un poco y debajo de su oreja, le dejó un chupetón. Kakashi se separó de ella de golpe, con las mejillas y las orejas rojas de la vergüenza.
—¿Por qué hiciste eso?
—Vi mi oportunidad y la aproveché —confesó feliz— todavía tenemos todo un fin de semana para ir más lejos —gateó a él y quedó casi encima suyo. Esa cercanía hacia latir tan rápido el corazón de Kakashi que le dolía el pecho y lo dejaba sin opciones para actuar, así que la tomó de los hombros y la alejó de él.
—Cenemos. Se enfriará —dijo cambiando el tema y sentándose en su lugar. Tomó los palillos y probó el pescado. Ella se quedó viéndolo un momento antes de sumarse a comer con él— la posada —rompió el silencio después de un momento— ¿dónde es?
Fuyuki saltó emocionada de su lugar. Y se echó a abrazarlo al instante siguiente. No sólo había aceptado de buena gana ir con ella, sino que se estaba interesando en su viaje de fin de semana.
—¡Oye! Tranquilízate —pronunció con dificultad por la vergüenza que sentía cada vez que ella hacia algo así. Podría hacerlo cien veces y seguiría sin acostumbrarse a ello.
—¡No puedo! No sabes lo feliz que me hace que aceptes mi compañía. Te mostraré el itinerario de nuestro viaje ¡Te encantará! —se levantó para ir a la entrada y encontrar su bolso, pero Kakashi la detuvo.
—Está bien. No hay apuro —dijo mirando hacia otro lado y ella sintió que su corazón se inundaba de ternura cuando lo veía en esa actitud. Kakashi era adorable sonrojado. Entonces, se dejó caer a su lado y lo abrazó. A él le tomó un instante antes de reaccionar y corresponderle.
Todavía no estaba seguro de estar haciendo las cosas bien ni sabía cómo iba a manejar los peligros que había alrededor suyo. Pero no quería alejarla, aunque sabía que era lo mejor, por una vez en su vida, quería ser egoísta y disfrutar de su compañía.
¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Vengo bien estos días que ya voy con el día cuatro de la semana y toca elegir entre dos el cumpleaños de Kakashi y día libre. Como ya escribí en otras ocasiones de su cumpleaños (pueden leer "El mejor regalo" uno de mis fics favoritos de esta pareja), así que opté por el día libre. Y terminé dibujito también. Iré subiendo los que faltan de a poco, pero seguro.
Espero que lo hayan disfrutado.
¡Un abrazo!
