Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /

Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por betear esta historia.


"¡Está vivo, está vivo!"

Frankenstein

Despiertaward

—Por supuesto, señora Denali. Solo vigile su temperatura, y si empieza a tener fiebre, tráigala de nuevo —dije, acompañando a la señora Denali y a su pequeña Tanya hacia recepción—. Tiene mi número para emergencias, ¿cierto? —pregunté después, sonriendo cuando Rose llevó a Tanya con Bella.

—Sí, muchísimas gracias, doctor Cullen.

—No es nada —le dije, girándome para ver a Bella acuclillada junto a Tanya con un bote de paletas.

~¡Ese culo! ¡SMACK!

Suspiré internamente, completamente confundido con la forma en que estaba reaccionando a esta híper chica, porque de verdad era un reflejo de la personalidad de Alice, y no me agradaba la gente alegre. Nunca me gustó lo animado. Pero mi traicionera polla parecía apreciar la vista.

Mis meditaciones… internas… se vieron interrumpidas cuando vi lo emocionada que estaba Bella al tener sonriendo a la pequeñita, y eso me causaba cosas.

Qué es eso, me pregunté al frotarme el pecho.

—Parece ser maravillosa su nueva recepcionista —comentó la señora Denali, sonriendo cuando Bella sacó la lengua para enseñar cómo las paletas se la pintaban.

Suspiré de nuevo y asentí una vez, porque tenía razón. Igual que Jasper. Bella era verdaderamente maravillosa con los niños y ya había logrado que muchos pequeños llorosos rieran y gritaran con su… personalidad.

Y hacía varias cosas a la vez. La forma en que podía concentrarse en los niños mientras que hacía otros trabajos me confundía de verdad, porque su concentración estaba de verdad con los niños.

Había sido testigo de todo esto en las últimas cuatro horas.

Cuando Tanya eligió las dos paletas que quería, ya estaba sonriendo adorablemente mientras caminaba hacia su madre, y después de despedirnos, me quedé un poco aturdido mientras me dirigía al comedor.

Había una mierda rara pasando dentro de mí y no lo entendía para nada.

~Porque eres jodidamente idiota, jodidamente idiota…

Cierra. La. Boca…

Me concentré en la comida. Comida, sí, podía concentrarme en eso. No me estaba concentrando en Bella ni en los otros. Solo estaba ahí sentado, comiéndome mi jodidamente maravillosa ensalada de atún. ¿Qué demonios les pasó a los cortes de carne? ¿A la grasosa hamburguesa? No, en lugar de eso estábamos siendo saludables con atún.

Al carajo con los peces.

Al carajo con los jodidos peces.

~Y la gente dice que estás amargado.

Suspiré.

Suspiraba mucho.

—Entondes, Eddie, ¿qué piendad de Bella? —escuché a mi muy sofisticado hermano preguntar con la boca llena de comida. Luché contra la urgencia de rodarle los ojos mientras contemplaba mi respuesta porque ¿qué podía decir? Sin embargo, no importó, porque Bella respondió por mí.

—Oh, él y yo nos estamos llevando muy bien —dijo despectivamente—. Dos segundos después de conocernos, él ya se estaba riendo de mi intenso dolor.

Maldición, esta mujer era graciosa. Aparte de la hiperactividad, claro, y sí, sí existía esa palabra.

—¿Intenso? —pregunté, alzándole una ceja mientras mi boca sufría un espasmo.

~Sí, hablando de sentir espasmos, jefe…

—Sí —dijo Bella—. La niña más linda del mundo era un demonio. Intentó arrancarme la cabellera.

Dios, estaba muy metida en lo que decía.

—Sí, ¿acaso no son encantadores los pequeños? —me reí entre dientes, tan divertido como el resto de la mesa.

—Por supuesto que sí. Te atraen con engaños, y cuando menos lo esperas, atacan —respondió Bella, todavía mirándome con seriedad, lo que solo hizo que esta mierda fuera más graciosa.

—Entonces, ¿no eres fan de los niños? Parece que te gustan —me reí.

—No, en serio amo un montón a los niños. Vivo por ellos. Pero son cositas escurridizas y tienes que tener cuidado. —Hablaba muy en serio, y algo incómodo se agitó dentro de mí—. Sé que cuando tenga hijos, los entrenaré bien.

Niños. Niños. Niños.

~¡Espasmo, espasmo, espasmo!

Umm… mierda.

Sonreí instintivamente. De forma enorme.

—Parece que quieres toda una camada.

—¿Una camada? —cuestionó sacudiendo la cabeza—. Miel, no. Estoy hablando de un enorme ejército de niños.

Ella quería hijos… muchos.

Asentí para cambiar el tema lo más pronto posible, porque esa mierda se sentía… algo.

—¿Miel? Sabes que no hay niños aquí, ¿cierto?

Bella me alzó una ceja.

—¿Acaso no conoces a tu propio hermano?

—Touché. —Sonreí… y guiñé.

¿Guiñé? ¡Qué carajos!

—Aunque —continúe, desesperado por salir de aquí—, no estoy seguro que seas lo suficientemente mayor para maldecir. Quiero decir, parecías más encantada con las paletas que la pequeña Tanya, y ella tiene cinco años.

Y Dios, ¿qué pasaba con mi sonrisa permanente estando cerca de esta chica? Lo que necesitaba era salir de aquí para intentar descifrar las mierdas que estaban pasando conmigo.

Bella me lanzó una mirada de enojo juguetona y me amenazó:

No debes bromear sobre las chupaditas. Puede que sea nueva aquí, pero no me da miedo ponerme firme, y acabas de llegar muy lejos, señor… demasiado.

~¿Chupaditas? Oh, Dios mío… espasmo…

Me reí, incapaz de contenerme, pero también estaba muy consciente de lo que mi polla… pensaba… cerca de esta chica, porque siendo honesto… lo estaba sintiendo. La agitación… el… espasmo.

—¿Chupaditas? Jesús —me reí—. Me alegra que no uses ese término frente a los niños.

—¿Qué? ¿Estás diciendo que no debería acercarme a un niño y ofrecerle una chupadita? —Bella también se estaba riendo y, oh mi jodido Dios, ¡¿qué le pasaba a mi polla?!

~¡Estoy vivo, estoy vivo!

—No, creo que eso está mal visto —me reí entre dientes, obligándome a actuar indiferente ante la guerra interna que se estaba desarrollando en mí—. Al menos en niños.

¡¿Qué carajos acababa de decir?! ¡¿Al menos en niños?!

—¿En adultos no? —bromeó con voz seductora, inclinándose hacia enfrente.

~¡ESPASMO!

Dejé de reírme.

Empezaba el juego.

—Depende de a quién se lo ofrezcas —me escuché decir.

No me negaría, pensé mientras veía a la mujer frente a mí. Siendo honesto, era malditamente sexy. O sea, jodidamente… fuera de este mundo sexy. Y sí, sentía eso. Por eso… me refería a mi polla. Poniéndose cada vez más y más dura… por este pedacito de mujer. Una mujer que no solo era preciosa y pecaminosamente sexy, sino también maravillosa con los niños… y oh jodido Dios, sus ojos… sus ojos cafés… tan malditamente hermosos.

Pero se veían más que hermosos ahora. Justo ahora, eran adictivos, y sentí mi respiración agitarse conforme el aire se volvía más denso. Denso con lujuria.

Carajo.

Estaba duro. Sólido como roca.

Sentí la punta de mi lengua salir para mojar mi labio, y ahogué un gemido cuando Bella miró el movimiento.

Juraba por Dios que estaba, carajo, goteando mientras la veía morderse ese delicioso labio inferior suyo. Quería hacerlo por ella.

Tragué con fuerza.

Lo que quería… era… carajo, tomarla. Con fuerza. Repetidamente. Inclinarla sobre mi escritorio. Embestir en ella. Hacerla gemir mi nombre.

Hacerla gritarlo.

Hacerla gritarlo ruidosamente.

—¡EDDIIEEE!

No, no, no, ¡así no sonaría en absoluto!

~Creo que acabo de morir, hombre.

Mierda. Mierda. Mierda. Solo estábamos Bella y yo en el comedor.

Me estremecí y tomé bocanadas de aire mientras regresaba a… la realidad, y fue entonces que lo comprendí. Había… cruzado una enorme línea.

JANE. JANE. JANE. JANE.

~Jodido ujuuu.

Se escuchó un repiqueteo. De tacones.